Queremos luchar con ellas.

Durante estos días he estado casi sin conexión a internet, el wifi de casa había dejado de funcionar y los datos en mi móvil estaban totalmente agotados… He pasado unos días bastante desconectada de mis redes sociales. No he podido actualizar mi página de Facebook del blog, no podía ver fotos en Instagram y apenas podía publicar algún tweet… he de reconocer que lo he echado de menos. Nos quejamos por vivir en una sociedad totalmente ligada a las nuevas tecnologías, y nos parece triste que nuestras vidas sean tan dependientes de las redes sociales, de los mensajes instantáneos y de internet… Pero nos guste o no, para muchos, (claro está que más para unos que para otros), estas herramientas son parte de nuestro trabajo, nuestro día a día, nuestra fuente de información y nuestra interacción con personas a las que no podemos ver. Sea bueno o malo, yo necesitaba “volver”.

Temía que llegase el martes y no poder actualizar, pero la buena suerte ha estado de mi lado y ayer, por fin, pudieron venir a arreglar la conexión de casa, y yo, como cada martes, estoy aquí para escribir sobre algo que te quería contar…

Esta mañana, al abrir Twitter e Instagram me he dado cuenta que hoy era un día marcado con fuerza en el calendario, un día de dolor, de rabia, de impotencia, de dar la mano, de secar lágrimas, de mostrarnos enfadados con algunas personas y regalarles una sonrisa a otras cuantas. Día internacional contra la violencia de género. Qué sensación tan agridulce… Es muy triste que la violencia de género forme parte de nuestra sociedad, de este mundo tan raro y loco que nos rodea… Y es confortable saber que haya un día contra ella, oficialmente declarado y a nivel mundial… Eso significa que el tema nos preocupa, nos importa, y que queremos luchar contra él… Hoy y cada día.

Una vez, hace mucho tiempo, cuando era adolescente, estaba cenando con unos amigos y con el que en aquel entonces era mi novio. Yo tendría unos diecisiete años… Estábamos en la terraza de un centro comercial, en un conocido restaurante, en la mesa de al lado, un grupo de gente más mayor cenaba también. Había una niña, tendría unos cinco años más o menos, soy una persona a la que le encantan los niños y siempre que tengo a alguno cerca me es inevitable saludarles o hablar con ellos. La niña me preguntó si el chico que estaba a mi lado era mi novio, le dije que sí, a lo que ella me respondió Y te pega?, me quedé paralizada y horrorizada. Le dije que no, que los novios no pegan. Aquella pequeña conversación se grabó a fuego en mi memoria y cada vez que la recuerdo me muero de pena y me pregunto qué era lo que veía ella en su casa para plantear aquello con total normalidad…

Recuerdo perfectamente que el año pasado escribí ya sobre esto y recuerdo que os recomendé Te doy mis ojos, una película española que trata este tema y que a mí me impactó mucho en mi adolescencia. Recuerdo perfectamente cómo unos días después recibí un e-mail de una lectora que me contaba lo mucho que había llorado leyendo el post, por haber sido víctima del maltrato, por haber sido una víctima de la violencia de género y por haberse sentido identificada con mis palabras. Recuerdo que me daba las gracias y recuerdo que a mí se me encogió el corazón…

Hace unos meses vi en las noticias el caso de una joven que había recibido una brutal paliza de su exnovio, creo recordar que ambos eran menores de edad. Cuando pienso en estas cosas, pienso el miedo que me provoca el ser humano. Tendemos a pensar que sólo las mujeres son maltratadas, porque por lo general, conocemos muchos más casos de víctimas femeninas que masculinas, pero no podemos olvidarnos que también muchos de ellos sufren el maltrato físico y psicológico contra el cual hoy levantamos la voz. No sé si alguno de vosotros vio un vídeo que se compartió durante varios días en Facebook… En él, dos actores interpretaban una fuerte y violenta discusión en plena calle. Cuando la agredida era la mujer, otros hombres y mujeres la defendían. Cuando la víctima era el hombre, ni una sola persona se paró a defenderle. Es más, la gente se reía. Cuando vi ese video entendí que tenemos un problema en cuanto al concepto de violencia de género y entendí que las noticias nos han acostumbrado a que sólo ellas son víctimas, y no es así. Empecemos también a cambiar eso.

De todos modos, sea él o ella, me preocupa mucho que esto siga existiendo, me preocupa que un ser humano que ha confiado en otro, que le ha regalado su amor, su tiempo, su cuerpo y sus besos, acabe siendo víctima de malos tratos de esa persona que una vez le hacía sonreír, esa persona que ahora le produce miedo. Creo que no somos conscientes del gran número de personas que son víctimas de este tipo de abuso. Me preocupa, me da rabia, me repugna, me da miedo.

Me da asco el ser humano que se cree superior y más fuerte que otro como para agredirle físicamente o machacarle psicológicamente . Me da mucha, mucha pena, la gente que tiene miedo a levantar la voz, que se autoconvence en que todo pasará, en que los malos días son sólo una mala racha y cuando pasan los años, se sienten tan destruidos que son incapaces de pedir ayuda. Hoy y cada día creo que debemos gritar que estamos con todas y cada una de esas víctimas, que no están solas, y que además hay muchas asociaciones y organizaciones que las van a ayudar de una forma incondicional. Por suerte, es una de las pocas cosas que funcionan en este país.

dia-internacional-contra-la-violencia-de-generoUna vez más, necesito recalcar la importancia de que nos queramos mucho a nosotros mismos, que nos queramos más que a nadie, sin egoísmo, sólo por autoestima, que nos sintamos fuertes, que no soportemos ni una mínima falta de respeto… Porque el amor, el amor bueno, no duele, no grita, no golpea, no insulta, no hace llorar de impotencia, no intimida, no te hace sentir inferior… El amor bueno no duele jamás, y cuando duele, es cuando nosotros mismos debemos pensar que nos merecemos algo mucho mejor, sin miedos.

Hace un año os hablé de Te doy mis ojos, y hoy os quiero hablar de una película que vi hace muchos, muchos años y que aún recuerdo bastante bien, seguramente por lo mucho que me impactó. Dirigida por Joseph Ruben,  Durmiendo con su enemigo se estrena en febrero de 1991. Laura Burney (Julia Roberts) es una joven casada con un maduro y destacado asesor financiero, Martin Burney (Patrick Bergin). Laura y Martin viven en una preciosa casa frente al mar y parecen el matrimonio perfecto. Más allá de las apariencias, el amor que Martin siente por Laura se convierte en una obsesión enfermiza y la maltrata constantemente. Una tarde, mientras la pareja sale con un vecino a pasear en yate, les sorprende una tormenta y ella cae al mar, donde desaparece.

Mientras todos la dan por muerta, Laura ha fingido su caída para salvar su vida y empezar de cero. Se traslada a otra ciudad, cambia de identidad y conoce a un hombre del que acaba enamorada.  Ben es un profesor de Artes Dramáticas que ayudará a Laura a volver a creer en sí misma, mientras tanto y por una casualidad, Martin descubrirá que su mujer sigue viva y no parará hasta encontrarla.

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Como bien sabéis, la realidad supera la ficción y la violencia de género forma parte de la vida de demasiadas personas. Gritemos con ellas, no están solas, hoy el 016 (teléfono de atención a malos tratos) inundaba las redes sociales, que las víctimas no lo olviden ni un sólo día. No están solas,  esta lucha es de todos y queremos luchar con ellas.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

 

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Hoy me cruje el alma…

Hoy el día comenzaba triste, el 11 de marzo será un día triste para siempre en la memoria de nuestro país. Como bien os contaba esta mañana en mi página de Facebook, hoy iba en el metro y observaba a las personas. Observar a las personas en silencio es curioso, en el metro todo el mundo viaja solo y de vez en cuando observo y me pregunto, me imagino cómo serán sus vidas, me pregunto si serán felices o no. Es asombroso poder ver en la cara de un extraño su estado de ánimo, o quizás sólo el estado que aparenta tener, porque al final resulta que las apariencias son eso, apariencias.

Por las mañanas la gente va en silencio, cabizbaja, tienen sueño y sabes que la mayoría han madrugado por obligación, van a trabajar, van a clase, o quizás al médico… Casi todos van pegados al móvil, algunos sujetan libros y los leen, otros duermen. Algunos sonríen, otros visten mala cara desde bien temprano. Hoy observaba a la gente en el metro, mientras leía lo que la gente escribía en Twitter… Todos amanecíamos haciendo mención al 11 de marzo, a aquel 11M del que ya han pasado diez años. He levantado la cabeza y he vuelto a observar,  por un segundo he querido imaginar aquella mañana, a aquellas personas que madrugaban para ir a estudiar o para ir a trabajar, me he observado dentro de ese metro y he sabido que yo podría haber estado allí, como podrías haber estado tu, como podríamos haber estado todos. Y es que al final, de un modo u otro, todos estuvimos.

Hace diez años, en Madrid se vivió el mayor atentado terrorista de la historia de España. 192 muertos, 1.858 heridos… 2.050 familias destrozadas, amigos sin consuelo… Un país entero con el corazón roto, y el alma gritando de rabia. Hace diez años la violencia estuvo por encima de los ciudadanos, de las personas, de los que allí estaban y los que no… La irracionalidad se cargó de fuerza y el dolor penetró en nuestras vidas. Diez años después todos seguimos levantando la voz, haciendo ruido sobre esa impotencia que aún sentimos, diez años después seguimos deseando que aquello no fuese real, queriendo que no hubiesen motivos para estar recordando, para que haya imágenes, canciones o frases de ánimo sobre una tragedia que nos dejó rotos, sin aliento y sin palabras.

MADRID/ATENTADOS

He observado a la gente y por un segundo he querido imaginar aquella mañana, pero no he sido capaz de imaginar el dolor de las víctimas, de sus padres, de sus hermanos, de sus hijos, de sus abuelos, de sus parejas, de sus primos, de sus tíos, de sus vecinos, de sus compañeros, de sus profesores, de sus amigos… Y he querido gritar de rabia. ¿Qué derecho creen tener aquellos que arrancan vidas?

11M

La mañana ha pasado con calma, Madrid está llena de sol y las calles, aún con frío, invitan a la primavera, la gente sonríe, a pesar de los recuerdos y la rabia, parecía un día bueno…

Cuando he salido de trabajar he visto varias notificaciones en Twitter y no daba crédito a lo que leía. Parece que el 11 de marzo está condenado al dolor y las malas noticias.

Que la televisión apueste por la música siempre me va a parecer bien. Me gustan los programas dónde se valora la ilusión y el talento de las personas. La Voz ha sido uno de los programas de televisión de mayor éxito y audiencia de los últimos años, y su versión para niños era más que deseada. Desde que empezó La Voz Kids hace sólo unas semanas, he estado cada jueves pegada a la pantalla y mi Twitter es testigo de cómo me he emocionado en cada una de las galas… Los niños tienen esa inocencia que a los adultos nos falta, y algunos niños tienen ese arte que algunos adultos no tendremos nunca. En ese programa se ha visto un derroche de talento increíble, unas voces maravillosas y sobre todo se ha visto mucha ilusión, sonrisas sinceras y esfuerzos por demostrar que los sueños se pueden hacer realidad. Iraila nos enamoró con su incontrolable emoción cuando se puso a llorar al descubrir que los tres coaches (Rosario, Malú y David Bisbal) se habían dado la vuelta al escuchar su voz, deseando tenerla en su equipo y poder trabajar con ella. Iraila demostraba ternura y desparpajo, y emocionada y fuerte, llena de vida, nos deleitó con una voz enorme en un cuerpo pequeñito interpretando a la perfección el Diamonds de Rihanna.

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Iraila todavía no ha aparecido en las batallas de La Voz Kids, grabadas ya desde hace tiempo, y lamentablemente no podrá ver su actuación. El cáncer, con el que llevaba luchando desde hacía cuatro años, le ha vencido la batalla. Una batalla injusta, una batalla que no debería atreverse a luchar contra las personas y mucho menos contra los niños.

No se por qué, llevo todo el día pensando en Iraila, pensando lo injusta que es la vida, lo rápido que un día todo cambia, todo desaparece y todo acaba. He leído en varios artículos que sus padres han pedido que cualquier persona que quiera aportar flores o similar, lo hagan en forma de donativo a Aspanion, la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de la Comunidad Valenciana. Se me ha encogido el pecho al leer su comunicado y que desde su inconsolable dolor pidan que la gente ayude cuando quienes deben ayudar, amigos míos, son los que nos representan y gobiernan, pero por segundos se me había olvidado que son los mismos que nos han recortado la sanidad.

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Llevo todo el día pensando en Iraila y en niños enfermos de cáncer o cualquier otra enfermedad. LLevo todo el día pensando lo jodida e insoportable que se pone a veces la vida y la impotencia que me da. Llevo todo el día pensando el dolor de unas familias que no conozco y en un dolor que no soy capaz de imaginar. Iraila es la imagen de muchos niños que pierden esta injusta batalla, de muchos más que luchan contra una enfermedad que ha llegado sin preguntar, muchos niños que sólo saben luchar con su arma más poderosa: la sonrisa.

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Iraila, donde estés, canta bien fuerte, por todos los que hoy te echan de menos sin conocerte, y sobre todo canta por quienes te han querido y te han acompañado siempre…

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Hoy me cruje el alma, amigos míos. Buenas noches,

Lorena.

25 de noviembre cada día.

No debería existir. Un día como hoy no tendría que ser necesario. Hoy no te quería contar nada, y en verdad te quería contar todo. Te quería contar el dolor que me produce que existan cosas tan injustas en el día a día, tan dolorosas, tan tristes… Te quería contar que ojalá no hubiesen motivos para que el 25 de noviembre fuese el Día Internacional Contra la Violencia de Género. Ojalá no hubiesen motivos, ojalá…

Pero los hay. Los motivos son cifras escalofriantes, son lágrimas y rabia, son rostros, son familias destrozadas, son nombres y apellidos, son sonrisas apagadas, son miradas desconfiadas, son historias con miedo, son vidas arrancadas. Son mujeres, y son víctimas del machismo, de la irracionalidad, de la barbarie, de lo inhumano… Y los motivos de este día existen, y la sociedad concienciada también. Por eso este día, por eso esta fecha que repudia, que rechaza, que odia, que defiende, que lucha, que da la mano, que abraza, que sonríe, que escucha, que entiende, que habla… Por eso hoy es su día. Es un homenaje, es un no estás sola, es un abrazo desconocido, es un miedo que se quiere curar, es una sonrisa que se quiere encender, son unas lágrimas que se quieren borrar, es una cifra que quiere desaparecer, es una familia que quiere sonreír, es una mirada que quiere volver, es una historia sin miedo, es una vida que simplemente quiere vivir.

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En diciembre de 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó este día como el día mundial contra la violencia de género. La propuesta para la fecha la realizó la República Dominicana por el asesinato de las Hermanas Mirabal. Patria Mirabal, Minerva Mirabal y María Teresa Mirabal fueron tres hermanas dominicanas que se opusieron a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y fueron asesinadas el 25 de noviembre de 1960 en una emboscada.

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Muchas veces, mientras ando por Madrid o simplemente cuando voy sentada en el metro, observo a la gente… Y me gusta preguntarme cómo serán sus vidas, si serán felices, si no, si tendrán familia, si estarán enamorados, si viajarán a menudo, si tendrán trabajo, a qué se dedicaran… Me imagino vidas que quizás no les pertenecen, y seguramente detrás de una bufanda, un paraguas o una cabeza cabizbaja existirán historias que simplemente no deberían existir. Se me ponen los pelos de punta cuando leo que en la última década 700 mujeres han sido asesinadas por su pareja o su ex pareja. Y que son ya 43 mujeres asesinadas en los días que corren por el 2013… Me lleno de rabia, de dolor, de impotencia, de incomprensión… Y me resulta terrorífico saber que según un estudio, el 70% de las mujeres experimentan la violencia en algún momento de su vida.

El amor, al menos como yo lo entiendo, y como estoy segura que lo entiendes tú, es algo bonito, que te da felicidad, que te aporta experiencia, sonrisas, enfados tontos, ternura, seguridad, confianza, estabilidad, emoción… Y así debería ser siempre. No puedo imaginar como una mujer  que ha confiado y se ha enamorado de una persona, puede ver o no ver hasta un determinado momento, la violencia de ese hombre hacia ella. El rechazo de una personalidad irracional, que se siente tan sumamente inferior y fracasado, que necesita “dominar” para sentir que está ahí. Y para ese dominio tiene que humillar, golpear, maltratar, violar y sentir que el “poder” es suyo.

Los celos son enfermizos, esto no es una frase hecha, es real. Los celos pueden llegar a ser tan enfermizos que crean historias que no existen, alucinaciones que se alimentan con rabia, y actitudes que viven y evolucionan hasta llegar a destrozar. Hasta matar.  El que es celoso, nunca reconocerá que es un maltratador, ¿por qué? Si no ha pegado a nadie… El maltrato psicológico es uno de los más dolorosos. Es el que se arrastra por el tiempo, en silencio, mientras te va consumiendo. Ese tipo de personas existen, por desgracia, y existen en más casas de las que creemos, y en vidas que seguramente conocemos.

La mujer maltratada debe intentar ser fuerte, levantarse sin miedo, hacerse poco a poco grande y sentir el apoyo de una sociedad que no la va a dejar sola jamás.

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Desgraciadamente, hay historias que tienen que basarse en la realidad para ser contadas y para que muchas veces sean escuchadas… Y entonces me he acordado de una película española que me oprimió el corazón cuando la vi por primera vez hace ya unos cuantos años. Te doy mis ojos fue llevada al cine en el año 2003, de la mano de Icíar Bollaín. Laia Marull da vida a Pilar, una mujer que reside en Toledo y se ve en la obligación de escapar de su casa, en medio de la oscuridad de la noche, con su hijo pequeño, dispuesta a no soportar jamás los malos tratos de su marido. Se refugia en casa de su hermana, y dispuesta a empezar de cero, busca trabajo y se siente feliz y realizada. Luis Tosar encarna a Antonio, el marido de Pilar. El maltratador que va en busca de su esposa pidiéndole una segunda oportunidad, prometiendo que todo va a cambiar y que está dispuesto a ser ayudado por profesionales para modificar su conducta. Pilar y su hijo vuelven a casa, pero las terapias con el psicólogo no son suficientes como para que las humillaciones vuelvan a apoderarse de la personalidad violenta de Antonio. La película acaba como muchas familias y mujeres españolas querrían que acabase la película de su vida. Pilar sale de casa, acompañada por sus compañeras de trabajo, decidida a cerrar la puerta para no volver nunca más.

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Según el director: «Te doy mis ojos cuenta la historia de Pilar y Antonio pero también de quienes los rodean, una madre que consiente, una hermana que no entiende, un hijo que mira y calla, unas amigas, una sociedad y una ciudad como Toledo que añade con su esplendor artístico y su peso histórico y religioso una dimensión más a esta historia de amor, de miedo, de control y de poder.»

Ojalá todas las mujeres que sufren el maltrato diario en sus casas, que sufren la humillación, los golpes, el miedo y la injusticia, consigan decir BASTA YA, consigan salir de sus casas y consigan una vida digna, dónde el amor y la ilusión les devuelvan las ganas y la confianza en sí mismas. Ojalá los políticos se dejen de tanto discurso y ánimo disfrazado, ojalá se apriete la justicia y ojalá todos esos asesinos que han destrozado vidas, sonrisas, almas y corazones no vuelvan a ver jamás la luz del día más allá de los barrotes de una celda. Ojalá no hubiesen motivos para que el 25 de noviembre fuese el día Internacional Contra la Violencia de Género. Pero los hay, y por eso está, y por eso estamos, y por eso gritamos, y por eso nos aliamos, y por eso sufrimos, y por eso apoyamos… Porque estamos en contra de la violencia machista. Porque es 25 de noviembre cada día. 

Buenas noches, amigos.

Lorena.