La Habitación

Cada vez que oigo decir “La Habitación” me es inevitable acordarme de esa preciosa canción de Vega que llegó a mi vida cuando sólo era una adolescente. Esa canción que me hizo sonreír y llorar durante años y que todavía hoy me llega al alma cuando suena en mi radio…

La Habitación de la que habrás oído hablar estos días, seguro, es esa película que se ha llevado grandes premios como Globo de Oro o el Óscar a Mejor Actriz para Brie Larson, que está brillante. Hoy es de esta obra de arte de la que quiero hablar, hoy te lo quería contar…

Quienes me conocen bien saben que los casos de secuestros me traumatizan de verdad, me duelen en el alma y me producen escalofríos. Estos hechos hacen que me pregunte durante mucho tiempo qué impulsa a un ser humano a creerse con el derecho de robarle a una persona su vida, de robar a esa persona de la vida de quienes la rodean y de robar la libertad de alguien, bajo el sufrimiento y el dolor. No lo puedo entender. Me supera, me parte el corazón. ¿Qué derecho tiene nadie de robarle un hijo a sus padres? ¿Qué derecho? Es algo tan salvaje que se escapa de mi mente y lo triste es que es algo que se repite cada día en cualquier rincón del mundo. La irracionalidad del ser humano, una vez más.

Últimamente veo muchas películas, porque me encanta ver películas (aunque mi amiga Valeria crea que no). Es cierto que no suelo ir mucho al cine, que soy más de disfrutar del séptimo arte en casa, con el sofá y la manta, es un placer absoluto para mí. Mi mejor opción (y si es con chocolate o helado, mejor, para qué negarlo). No obstante, no significa que no me guste, de vez en cuando, el plan de disfrutarlo a lo grande, en una pantalla inmensa que te hace estar más cerca de la historia, si cabe, con unas palomitas, un refresco y una sala llena de desconocidos (bueno, “llena”). Cuando vi el tráiler de La Habitación supe que necesitaba verla, asocié de inmediato la historia a un caso real que vio la luz hace unos años y no me equivoqué. La película, basada en la novela de Emma Donoghue que lleva el mismo nombre, hace referencia a la terrible historia de Elisabeth Fritzl, la austriaca que estuvo secuestrada durante 24 años por su padre, con siete hijos como una de las consecuencias. Aterrador. La historia llevada al cine es mucho más light, pero no menos dolorosa, sobre todo, porque han cuidado hasta el mínimo detalle y porque la interpretación de sus protagonistas es tan brutal que hace que se te vaya encogiendo el corazón a medida que la historia avanza y te deshaces entre sonrisas tristes y lágrimas.

Jacob Tremblay, el pequeño actor que da vida a Jack, es el ángel y alma de la película, sin desprestigiar, bajo ningún concepto, el trabajo de Larson. Os prometo que lloré tanto viendo su historia… Viviendo, como si fuese mío, el sufrimiento de ese encierro, el horror de cada noche y admirando a una madre llena de fuerza para hacer que, a pesar de todo, su hijo crezca inmensamente feliz, olvidando que vive encerrado en unos escasos metros cuadrados. Salí del cine con el corazón encogido, lo tuve así durante días… Y esa es la magia del arte, la de crear historias que se te quedan dentro, que te remueven las entrañas, que te hacen preguntarte aunque sea durante segundos por qué la vida, a veces, es tan jodidamente jodida. Y entonces te das cuenta que no puedes quejarte, que tienes todo para ser feliz, que tienes suerte, que eres libre…

Por favor, no dejéis de verla. Disfrutad con ellos del dolor y la felicidad, de la buena energía que las personas son capaces de desprender, a pesar de cómo es su vida. Disfrutad la experiencia de vivir una de esas historias que se te clavan dentro, de esas que aunque pase el tiempo, siempre te removerán el corazón… ¡Es maravillosa!

Buenas noches, amigos.

Lorena.

 

 

 

 

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David Bisbal lo ha vuelto a hacer.

Lo ha vuelto a hacer. Como suele hacerlo siempre.

Lo ha vuelto a hacer, con los nervios de una primera vez, con la emoción de muchos conciertos a la espalda y un público que no deja de entregarse… David Bisbal ha vuelto a llenar El Palacio de los Deportes de Madrid y ha vuelto a emocionar a miles de personas. No quise perdérmelo y hoy, te lo quería contar.

Siempre he defendido que si ha llegado tan lejos, además de por su talento, ha sido por la pasión que siente y pone en su trabajo, por sus ganas constantes y sus sueños intactos, a pesar del tiempo y los éxitos.

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Hace unos meses, os hablaba de uno de sus conciertos, en este mismo escenario, con su recién estrenada gira que le ha llevado por todo nuestro país y gran parte de latinoamérica. Os contaba cómo él había puesto banda sonora a muchos momentos de mi vida y cómo yo, seguía disfrutando sus conciertos no de la misma forma, pero sí con el mismo sentimiento que hace ya unos cuantos años.

Un fin de gira siempre es algo especial, para el artista y su público, para ambos es una pequeña despedida, un hasta pronto, una despedida llena de música, color y una pequeña sensación de tristeza cubierta de felicidad, un sabor agridulce que prácticamente no tiene ni una pizca de amargo. Él estaba emocionado, estaba feliz. Rodeado de amigos, de su familia y de quince mil personas que no quisieron dejar de acompañarle en un concierto tan especial y único.

El BarClaycard Center fue llenándose poco a poco, sin prisa… pero no cabía nadie más a las ocho en punto. Se apagaron las luces y empezó el espectáculo.

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En esta nueva etapa musical en la que ha dejado atrás sus inolvidables patadas o sus miles de vueltas, un David Bisbal elegante y carismático abría la noche con Tú y Yo, una de las canciones más sonadas de su último trabajo discográfico, que lleva el mismo nombre. Más de dos horas de música, luces, bailes, emociones y palabras de cariño en las que no faltaron, por supuesto, los temas de este disco ni otros que ya se han convertido para sus seguidores en unos clásicos. Ave María, Silencio, Bulería, Torre de Babel, Esclavo de sus Besos, Diez mil maneras o Si pero no, entre otras, fueron capaces de poner a todo el mundo en pie, desde las gradas hasta la pista nadie dejó de bailar y disfrutar de los momentos más animados…

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El concierto, por supuesto, tuvo sus momentos de romanticismo, de baladas, de nostalgia y de canciones que todos, alguna vez, hemos hecho protagonistas de alguna de nuestras historias. Dígale, Amar es lo que quiero, El ruido o Culpable… fueron, sin duda, momentos muy especiales de la noche.

Era un concierto especial y por ello, no quiso dejar de invitar a dos artistas y amigos a compartir escenario y público con él. La italiana Emma Marrone y el puertorriqueño Luis Fonsi, marcaron dos momentos estelares de la noche. Disfrutaron e hicieron disfrutar, y no hay nada más mágico que eso.

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Es imposible no mencionar uno de los momentos más bonitos del concierto, casi al final, cuando el almeriense, completamente emocionado, casi no podía hablar y consiguió dedicarle una de sus canciones más bonitas, Mi Princesa, a la que era aquella noche, y es siempre, su fan más especial, a quién él citó cómo el gran amor de su vida, su hija Ella, que no dudó en saludar divertida y mandar besos a un público que fue testigo de aquella auténtica y verdadera declaración de amor, seguramente la más pura que sea capaz de sentir el ser humano.

Si hay un motivo por el que David Bisbal me produzca tanta admiración, por supuesto es su voz, su increíble y espectacular voz. Con el tiempo, sin ninguna duda, se ha hecho cada vez más grande sobre el escenario y estoy segura que cualquier persona, le guste su música más o menos, sería capaz de emocionarse y disfrutar de uno de sus conciertos.

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Más allá de su música, no podemos negar que es una persona que se hace querer y respetar. Creo que ya lo he dicho alguna vez, pero nunca he visto a nadie tratar con tanto cariño a los medios de comunicación, a sus fans, o destacar la importancia que sus músicos tienen en su escenario y su vida. Él es así, siempre tiene un segundo más, una sonrisa dispuesta y unas palabras de agradecimiento y eso, amigos míos, le facilita el trabajo a cualquiera.

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Para mí, la aventura de este disco, empezó en los cines Callao, hace ya unos cuantos meses, cuando junto a María Valverde, Kike Maíllo y demás protagonistas, presentó el mediometraje Tú y Yo. Os dejo la entrevista que hicimos para La Caja de Música, que es una de mis favoritas.

https://www.youtube.com/watch?v=KuccJpcq2IA

Hace más de trece años que le vimos por primera vez en televisión, con la inocencia pegada en la mirada y los sueños sin ser capaces de soñar todo lo que el destino le tenía preparado. Hoy, David Bisbal sigue derrochando simpatía, humildad y pasión por lo que hace. Quizás porque no se olvida de aquel joven que recorría Andalucía de la mano de la orquesta Expresiones, quizás no olvida a aquel joven que trabajaba en un vivero y le cantaba a las plantas, o quizás, simplemente, es porque es consciente de que tiene un trabajo diferente al de muchos otros, pero no deja de ser un trabajo por el que luchar y al que entregarse. Mientras siga derrochando estos valores y siga viviendo su carrera con nervios, emoción y entrega, mientras siga asombrándose cuando reciba un premio o siga soñando con tanta fuerza,  creo que seguirá siendo mágico para todos aquellos que le siguen.

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No puedo dejar de dedicarles este post a las dos Lydias (la rubia y la morena), a MZ y a Patri, porque de un modo u otro, bajo aquel escenario y aquellas luces, vivimos este concierto con la misma ilusión que cuando teníamos quince años, porque esta es la magia de la música y porque nosotras nos conocemos de la vida.

Enhorabuena a David, a los increíbles músicos que le acompañan y a Universal por poner tanto cariño en un proyecto que acaba siendo algo tan grande.

Nos vemos pronto…. Seguro.

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Todas las imágenes son de la página oficial de Facebook de David Bisbal.

Feliz tarde, amigos.

Lorena.

 

Suena una canción…

He de reconocer que tenía ganas de un otoño de verdad, de los de sacar abrigos y bufandas, gorros de lana y sombreros, de esos otoños en los que los días libres quieres estar en el sofá, abrazada a la manta, con una peli de fondo o un buen libro entre las manos… Con el frío tras la ventana y el placer absoluto de hacerle frente de este modo. Parece que, por fin, el frío ha llegado de forma permanente a Madrid y parece que va a quedarse con fuerza… Ayer fue una tarde de lluvia que dediqué a leer. Hoy un día nublado, con un tímido sol asomando, con un frío penetrante en la calle… Y me gusta verlo desde dentro, con el olor a café y Cometo a mi lado durmiendo.

Hoy te quería contar algo que me pasó hace unas semanas, a primera hora del día, mientras iba en el autobús…

Cómo muchos ya sabéis, además de la literatura, una de las grandes pasiones de mi vida es la música, mi mayor frustración siempre será no cantar bien (de hecho, Sergio dice que soy la persona que peor canta del mundo. Se pasa, ¿no?) 🙂 Creo que la música es una gran pasión de la vida de la mayoría de las personas. Escuchamos música desde el momento en el que nacemos y de forma inevitable e inconsciente empieza a formar parte de nuestra vida… Con el paso de los años, habrá diferentes tipos de música que elegirás como compañera de momentos, de felicidad y de lamentos.

Siempre he dicho y supongo que diré, porque así lo siento,  que mi canción favorita es La Fuerza del Corazón, de Alejandro Sanz. Quizás porque llegó hace muchos años a mí de una manera muy fuerte, quizás porque sólo era una niña y fue la primera canción en la que me paré detenidamente a entender su letra y dejar, sin límites, que me emocionase. Hay otras canciones que jamás me cansaré de escuchar como El Ruido, de David Bisbal, que es relativamente joven o En el Muelle de San Blas, de Maná. Hay canciones que escucharás en un momento determinado de tu vida y aunque estés años sin volver a saber de ellas, en el momento que vuelvan a aparecer te harán sonreír o te emocionarán.

Será inevitable a lo largo de mi vida que cualquier canción de Bom Bom Chip me arranque una sonrisa, por ser la BSO de mi infancia y por formar parte de mi madurez… Me pasará igual, como te pasará a ti, que sonreiré cuando escuche una canción del verano que me recuerde a mi adolescencia, a aquellas noches en las que la bailé con mis amigas, con la inocencia de la juventud y las ganas en la pista… Habrán canciones que siempre serán especiales, que reflejarán un primer amor, un amor soñado, un amor imposible o un amor olvidado y que cuando vuelvan a ti, te harán pararte unos segundos y asentir.

Hay canciones que siempre me harán quedarme en silencio, por las lágrimas que derramé con ellas en algún momento de mi vida, como Con Las Ganas, de Zahara o A Tientas, de Vega. Habrá canciones que te recordarán a amigos que pasaron por tu vida y ya no están, y otras que te recordarán a esos amigos que siempre estarán… Esa es la magia de la música, que vive contigo el paso de los años, que marca momentos y circunstancias, lugares y personas, que tiene el poder de hacer que miles de personas, en todo el mundo, puedan sentirse identificadas… Porque al final, como siempre digo, no somos tan distintos.

Hace un par de semanas, un lunes a primera hora, sonó una canción en el autobús, que me quitó el sueño de repente para arrancarme una sonrisa, para viajar en mi vida y emocionarme de la forma más bonita…

Soy la mayor de tres hermanos y aunque les quiero a los dos por igual, la diferencia de edad con cada uno de ellos ha hecho en el tiempo que vivamos cosas muy distintas. Miguel nació cuando yo estaba a punto de cumplir dos años y se convirtió en mi primer amigo. Con él compartí mis juguetes, mis peleas, mis risas, mis aficiones y nuestras diferencias… De pequeño, le encantaba hacerme rabiar. Todavía recuerdo el disgusto que me llevé cuando le cortó el pelo a una de mis Barbies… Crecimos juntos, teniendo casi la misma edad y eso, con los años, nos permitió compartir muchas, muchas cosas bonitas, amigos, secretos y experiencias.

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Miguel y yo. 1991.

Alex llegó como un auténtico regalo. Nació cuando yo estaba a punto de cumplir los doce años y se convirtió en mi juguete, en mi aire y mi vida. Doce años de diferencia que me hicieron disfrutarle de una forma muy especial… le bañé, le di biberones, le llevé de la mano en la playa, le acompañé en su primer día de guardería y de colegio, le ayudé a hacer deberes, le disfracé en carnaval, le conté cuentos y le quise proteger y dar todo lo bueno que podía haber en mí…

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Alex y yo. 2001.

Hace un par de semanas, un lunes a primera hora, sonó Sólo tú de Paula Rojo, mientras yo iba en el autobús… Me quitó el sueño para arrancarme una sonrisa, para viajar en mi vida y emocionarme de la forma más bonita… Como muchos de vosotros, a Paula la conocí a través de la televisión en la primera edición de La Voz, su dulzura y su ukelele hicieron que no pasase desapercibida para nadie… Allí, en su primera actuación, pidió cantar un trozo de esta canción, que había compuesto para su hermano pequeño, y desde ese momento me enamoró. Mucho tiempo después, tuve la oportunidad de entrevistarla para La Caja de Música, cuando su éxito ya era una evidencia y sus sueños seguían tan intactos y con tantas ganas como el primer día… Eso la hace especial. Si tuviese que describirla con una palabra sería magia, y esa magia es la que lleva a sus canciones, a su música y a nuestros corazones…

Aquella mañana de lunes, al escuchar su canción, la cual había oído ya muchas veces, me detuve y pensé que hacía mucho que no me volvía a encontrar con esa letra, me fue inevitable sonreír, porque tuve la oportunidad de viajar  por mi vida… Y en cada verso pensé en Alex, en lo pequeño que era la primera vez que le vi cuando sólo tenía unos minutos de vida, pensé en todos los años en los que se dormía conmigo en la cama, en todas aquellas tardes juntos, en nuestros paseos de la mano, en sus fiestas del colegio o sus fiestas de cumpleaños, en su dulzura, en su inocencia… Sentí la canción de una forma muy especial…

Alex ya tiene quince años y es más alto que yo. Me fue imposible no emocionarme, ver, una vez más, lo rápido que corre el tiempo y me sentí feliz por haberle dicho y decirle siempre, a él y a todas las personas importantes de mi vida, lo mucho que las quiero…

Alex y yo. pechón, Cantabria. 2014

Alex y yo. Pechón, Cantabria. 2014

Como en la canción, antes de conocerle, me hice mil preguntas sobre cómo sería, o cómo serían nuestros días..y “ahora lo sé, sólo pregunto el por qué, cómo en apenas segundos cuando te vi la cara, te comencé a querer… Y sólo tú, haces que llore riendo, haces que ría llorando y me pregunto cómo algo tan pequeño puede invadir la caja de mis recuerdos, los que ya apenas recuerdo si tú no estás en ellos… Sólo tú.”

Hoy, que hace una semana que volví a Madrid después de pasar unos días en casa, me he recordado lo afortunada que soy por tener una familia como la que tengo… Y me he acordado de aquel lunes en el autobús en el que Paula Rojo me hizo viajar por mis recuerdos y me emocionó.

Miguel, Álex y yo. 2014.

Miguel, Álex y yo. 2014.

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La vida, sin ninguna duda, no tendría sentido sin la música… Y ahora te toca a ti, ¿Cuál es tu canción favorita?

Feliz tarde, amigos.

Lorena.

David Bisbal: “¡Buenas noches, mi Madrid!”

Después de una semana de locura, de no parar, de muchísimo trabajo y las energías agotadas, por fin llega el domingo para darme el descanso que tanto necesitaba.

El jueves por la noche, David Bisbal, conquistaba Madrid con su gira Tu y Yo, con El Palacio de los Deportes completamente lleno y con la energía que le caracteriza. Yo estuve allí y hoy, te lo quería contar.

Como muchos de vosotros, la primera vez que vi a David fue en un programa de televisión en el que él participaba, yo tenía unos trece años y viví aquel fenómeno televisivo de forma muy intenta. Es verdad que, ahora, con el tiempo en la espalda,  recuerdo aquellos momentos, aquel primer disco o aquella primera gira con una sonrisa y miles de recuerdos bonitos. El tiempo pasa y un concierto no se vive igual cuando tienes 14 años que cuando tienes 27, para mí, ya es casi imposible imaginar las muchas horas de cola que antes hacía para poder estar en la primera fila, pero lo que sí es cierto, que cuando un artista te gusta, la magia y la ilusión de un directo, se viven de la misma forma, aunque llegues al recinto del concierto sólo una hora antes de que empiece el espectáculo.

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Tras su gira acústica, de la que acabé locamente enamorada, me costaba asimilar volver a ver al David de siempre, al de las patadas y las volteretas… Efectivamente, incluso en este nuevo formato, al que siempre habíamos estado acostumbrados, aunque lleno de energía, encontramos a un Bisbal más tranquilo sobre el escenario, pero con la misma fuerza de siempre. De los discos del cantante, uno de mis favoritos es Sin Mirar Atrás, el trabajo anterior a su gira acústica.  Tu y Yo no se queda corto. David Bisbal cuenta con un equipo de trabajo que cuida al detalle cada uno de sus pasos y eso se nota. El directo, por supuesto, fue increíble.

Le acompañan unos músicos impecables, y sentí mucha emoción al ver a Ludovico, el guitarrista que le acompaña, sentí emoción por la gran admiración que mi novio siente hacia este hombre, con el que ha tenido oportunidad de dar clases. Y sabía que si hubiese estado allí conmigo, lo habría disfrutado tanto como yo. Ludovico es un grande, y de eso no hay ninguna duda.

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Lydia es periodista, valenciana afincada en Madrid como yo, y hace años, por una casualidad de la vida, nos conocimos de forma “indirecta” gracias a Bisbal. Fui al concierto con ella y con Andrea, otra amiga, y la magia de la música, de los recuerdos y de la felicidad, se apoderaron de nosotras desde el primer momento.

Las luces, el sonido, todos y cada uno de los detalles audiovisuales hicieron que la puesta en escena fuese realmente impresionante. Recuerdo que una vez, hace años, leí algo que decía, más o menos, que David Bisbal no había cumplido su sueño, porque su sueño habría sido vivir, simplemente, encima de un escenario, tener un disco, y dedicarse a la música. David Bisbal no ha cumplido su sueño, porque ha conseguido algo con lo que estoy segura jamás se hubiese atrevido a soñar. Es indiscutible que es uno de los artistas españoles con más alcance internacional, es una auténtica estrella que ya convierte en oro todo aquello que se atreve a tocar. Le miraba en el escenario y pensaba que él ya estaba acostumbrado a esto, a llenar estadios y cantar para miles de personas en todo el mundo, pero a mí me es inevitable acordarme de sus inicios, de su inocencia, de su sorpresa ante todo, y me fue inevitable pensar en las veces que él echará la vista atrás y se verá en su Almería, en su orquesta Expresiones, y creo, a ciencia cierta, que se sigue emocionando y sorprendiendo por todo lo que está pasando, unos cuantos años después.

Las canciones de su nuevo disco con fragmentos del mediometraje Tu y Yo que protagonizó junto a la actriz María Valverde, fueron sin duda, los protagonistas de la noche. No faltaron, por supuesto, sus canciones más sonadas como Ave María, Al.Andalus, Lloraré las penas o Quién me iba a decir, que hicieron poner en pie y bailar a todo el Palacio de los Deportes. Uno de los momentos más emotivos fue el turno de Dígale, cantada por el público. Todavía se me ponen los pelos de punta.

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La noche, además, tuvo sorpresas, como el momento en el que David compartió escenario con India Martínez, la portuguesa Cuca, o Pablo López al piano. El momento con Pablo fue uno de los más emotivos de la noche, además de por ellos dos, por la canción que interpretaron. El Ruido es, para mí, la canción más bonita que tiene Bisbal en toda su discografía. Compuesta por mi querida Vega, esa canción es simplemente una obra de arte.

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Vega no podía dejar de formar parte de este nuevo trabajo, y en Tu y Yo, ha dejado su huella componiendo No Amanece y Culpable, las que son, para mí, las canciones más bonitas de este disco. Culpable es la balada por excelencia y por lo que he podido ir leyendo por las RRSS, la favorita por los seguidores del cantante. Culpable es una canción, que simplemente es magia. Gracias Vega, gracias siempre, por hacer de las emociones más puras, las canciones más bellas…

Como todo en este blog, porque es mi blog, y aquí, inevitablemente, expongo mis puntos de vista sobre las cosas, este post está vacío de objetividad, porque no sé ser objetiva en este tema, porque salí completamente emocionada de ese concierto, con las emociones a flor de piel, y porque el viernes, cuando me desperté, seguía con la misma energía. Pero, amigos míos, esa es, sin ninguna duda, la magia de la música.

Me encantan los conciertos, y creo que cualquier amante de la música disfruta de un directo. Es cierto que los conciertos de David son para mí más especiales, porque son emociones, porque son recuerdos y porque son las canciones que forman parte de la banda sonora de mi vida.

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Su música podrá gustarte más o podrá gustarte menos, pero creo que la mayoría podremos coincidir en que David Bisbal es un tío muy majo. Cuando te dedicas a esto, acabas conociendo o tratando a muchos artistas y con el corazón en la mano, y sólo aquí desde la objetividad,  creo que pocos son los que absolutamente siempre están dispuestos a regalar una sonrisa. David Bisbal es así. No he visto a nadie más agradecido y atento con los medios de comunicación, así como con sus seguidores o todas las personas que se le acercan para mostrarle su cariño o simpatía, y creo que eso, amigos míos, es digno de admirar. Muchos pensaréis que eso forma parte de su trabajo, y soy de las que piensa que en parte sí y en parte no. Un artista se debe a su público, está claro, pero un artista, ante todo, es persona y las personas a veces tenemos días malos en los que no nos apetece ser simpáticos o no nos apetece sonreír, pero parece que muchas veces nos olvidamos de esto.

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Disfruté del concierto con la misma ilusión que lo hacía cuando tenía quince años, porque una vez estás ahí, te das cuenta que el tiempo, frente a la música, no ha pasado.

He tenido la oportunidad de poder compartir momentos muchas veces con él, pero sin duda, uno de los más bonitos de los últimos años fue hace sólo unos meses, cuando acudí con La Caja de Música a la premiere del mediometraje Tu y Yo que se celebró en los cines Callao de Madrid.

La música tiene esa magia infinita que es crear un lenguaje universal y hacer que las sonrisas y las lágrimas sean entendidas por millones de personas. Porque la vida, no tendría sentido sin la música.

Enhorabuena a David Bisbal y a todo su equipo por la maravillosa noche que nos regalaron en Madrid, enhorabuena por los éxitos más que merecidos, por ser una persona que nunca se cansa de trabajar…

Sin ningunda duda… ¡Viva la música!

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Feliz domingo, amigos.

Lorena.