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Lo vi hace unos días y todavía me sale una sonrisa cuando lo recuerdo. No lo puedo evitar. De hecho, me pasé la mayor parte del tiempo llorando… Muchos no entenderéis nada de todo esto, simplemente, porque ya crecisteis más … Sigue leyendo

Alex Martinez: “Tengo mucho camino por recorrer”.

¡Ya estamos en el ecuador de la semana y eso nos encanta a todos! Mañana jueves y sólo queda el último empujón, nos plantamos en el viernes casi sin darnos cuenta. A mí, a veces, me asusta que el tiempo pase tan rápido.

Hoy os traigo un nuevo post en forma de entrevista. Estuve con el actor Alex Martinez y hoy te lo quería contar….

Alex Martinez nace el 28 de septiembre de 1991 en Palma de Mallorca, es el segundo de cuatro hermanos, y desde muy joven ha tenido claro que quería darle vida a sus sueños y tenía clara cual era su pasión: la interpretación. Con sólo 15 años, aparece por primera vez en televisión, en un pequeño papel en la serie autonómica Laberint de Passions. Tras varios papeles pequeños y dando vida a varios personajes, su gran oportunidad llega cuando pasa a formar parte del reparto de una serie que seguro todos conocéis, Física o Química, que emitió Antena 3, que se estrenó en frebero de 2008 y duró hasta junio de 2011.

En busca de oportunidades y de dedicarse plenamente a esta profesión, Alex se instala en Madrid, donde no deja de estudiar interpretación. Tras haber trabajado en series de renombre como Bandolera o Isabel, sigue pensando que la formación es una base esencial y por ello, no deja de estudiar.

Tras varias semanas, intentando ponernos de acuerdo, me reuní con Alex hace unos días en una terraza del centro de Madrid. Alex Martinez es un joven lleno de humildad, con una sonrisa siempre dispuesta, constante y profesional, con las ideas muy claras y con una madurez que sorprende a su edad. Alex es un actor con muchísimos sueños y muchísimas ganas de trabajar, de aprender constantemente de esta profesión a la que ha decidido dedicarle gran parte de su vida. No os perdáis todo lo que me quiso contar, porque estoy segura que os va a encantar…

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LQTC. Alex, bienvenido a Lo Que Te Quería Contar y mil gracias por estar aquí. Es un placer.
ALEX MARTINEZ. El placer es mío guapa, ¡al fin nos ponemos de acuerdo para la entrevista!

LQTC. Hace ya unos años, decides dejar tu Mallorca natal para trasladarte a Madrid en busca de tus sueños, ¿qué supuso este cambio para ti?
A.M. Supuso una nueva etapa en mi vida, supuso dejar atrás familia y amigos. Fué un momento duro pero necesario. La verdad que miro al pasado con muchísima nostálgia, pero estoy contento de haber tomado esa decisión y estar aquí hoy en día porque me permite hacer lo que realmente quiero.

LQTC. Eres una persona que siempre ha dado mucha importancia a la formación. De hecho, sé que a día de hoy sigues formándote y dando clases de interpretación. ¿Por qué es tan importante para ti?
A.M. Porque creo que a parte del talento natural que pueda tener un actor, esta profesión es una contínua búsqueda de emociones, de sensaciones, de herramientas que consigan sacar lo más puro de ti, para poder plasmarlo en los personajes que interpretes, para darles verdad. Creo que nunca paras de formarte como actor, porque siempre encuentras algo nuevo.

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LQTC. Laberint de Passions, Yo soy Bea, Doctor Mateo, La pecera de Eva… Pero, sin duda, tu personaje de Salva en Fisica o Química marcó un antes y un después en tu carrera. ¿Cómo y en qué cambió tu vida a nivel personal y profesional a partir de ese momento?
A.M. Pues mucho, mucho, la verdad… Salva me dio fama y la oportunidad de tener un personaje fijo en televisión y posteriormente poder seguir trabajando. Recuerdo esa etapa con muchísimo cariño y nostalgia… a nivel personal me colocó en un lugar donde no había estado antes, inevitablemente moldea un poco a la gente que tienes a tu alrededor, pero, sin duda fui, muy feliz.

LQTC.Poco después llegó Bandolera y posteriormente Isabel. Es muy difícil en los tiempos que corren tener tanto trabajo, y supongo que te sientes muy afortunado por ello. Pero, ¿en algún momento has sentido que no era suficiente?
A.M. Si, ahora que no tengo trabajo siento que no es suficiente jaja. Esto va por etapas, hay veces que tienes mas o menos proyectos, hay temporadas largas sin nada y otras con mucho. En general si es verdad que me siento afortunado, pero también es verdad que soy bastante ambicioso y quiero más, creo que acabo de empezar en esto y tengo mucho camino por recorrer.

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LQTC. Hablamos de dos series de época que ahora están tan de moda, a nivel personal, ¿qué te ha aportado trabajar en una época tan distinta a la tuya?
A.M. Te permite descubrir lugares o hechos históricos que nunca hubieras pensado vivir, o recrear. Utilizar otro lenguaje… en fin, es una experiencia. Pero siendo sinceros, tengo ganas de hacer algo actual.

LQTC. Si no hubiese sido Salva, ni Jairo ni el rey Boabdil, ¿qué personakes te habría gustado ser en cada una de esas series?
A.M. Uf… complicado, porque una vez tienes adjudicado el personaje que te toca hacer no piensas en los otros y a Salva, Jairo y Boabdil les tengo mucho cariño, creo que nos los cambiaría por ninguno.

LQTC. Tu personaje en Isabel, aunque la serie continúa, acabó hace algún tiempo. ¿qué proyectos tiene ahora mismo Alex Martínez?
A.M. Pues en Marzo terminé de grabar Las ovejas no pierden el tren, de Alvaro Fernandez Armero, que se entrenará supongo que a finales de este año. Es un papel de reparto, mas que nada es el detonante de una de las historias principales, pero es mi primer papel en cine y la verdad que muy contento, una experiencia nueva. Y nada, ahora mismo esperando a ver que sale.

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LQTC. Y, ¿qué me dices del teatro?
A.M. He hecho teatro pero nunca a nivel profesional, siempre han sido muestras de clase. La verdad que si que me gustaría subirme a un escenario. Es verdad que da mucho respeto, pero tiene una magia especial.

LQTC. ¿Cómo es tu día a día en Madrid?
A.M. Pues basicamente voy a clase, quedo con mis amigos, salgo de fiesta, veo películas, hago ejercicio… Pues la vida de un chico joven, vaya… no tiene mucho misterio. Si que es verdad que cuando tengo trabajo tengo menos tiempo libre, por eso ahora que no tengo nada aprovecho.

LQTC. ¿Crees que en algún momento volverás a vivir en Mallorca?
A.M. Es algo que nunca se sabe, la vida da muchas vueltas, pero mi idea es seguir aquí todo el tiempo que pueda y seguir trabajando. Me gusta volver a Mallorca, pero de vacaciones.

LQTC. ¿Qué crees que le falta a tu vida?
A.M. ¡Una buena novia y más trabajo!

LQTC. ¿Eres feliz, Alex?
A.M. Cuando tenga lo anterior lo seré más (risas).

LQTC. Y para finalizar, cuéntame. ¿Con qué sueña Alex Martinez?
A.M. Pues con poder vivir de lo que me gusta, con ser feliz y hacer felices a los que me rodean.

LQTC. Mil gracias por haber compartido este rato y estas palabras con nosotros, Alex. Que vengan muchos más éxitos y que nos volvamos a ver pronto.

A.M. Muchas gracias a ti.

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Feliz miércoles, amigos.

Lorena.

Recuerdos.

¡Qué bien sientan los sábados! Hoy me he levantado tras apagar el despertador cada cinco minutos durante más de una hora (siempre lo hago), porque me resistía a despegarme de la almohada… Tras desayunar con mi mejor amiga y dejarla en el sofá viendo la tele, hoy estoy feliz porque me sé que me espera un día muy bonito.

Muchos sabéis lo importantes que son para mí los recuerdos, soy una persona muy sensible y me encanta tenerlos almacenados, ordenados y recurrir a ellos para viajar en el espacio y el tiempo. Supongo que os lo habré dicho alguna vez, pero una de mis cosas favoritas de la vida es la capacidad que tienen los olores para transportarte a un momento y a un lugar determinado. Sin esperarlo, de repente, sientes ese aroma que te hace viajar a tu infancia en un segundo y eres capaz de revivir a través de tus recuerdos exactamente lo que viviste mucho tiempo atrás. El otro día, hablaba con Miriam y Raquel, dos amigas, sobre los recuerdos de nuestra infancia y les contaba lo teatrera que era yo, lo mucho que me gustaba ser la protagonista de todo y a la vez, lo excesivamente sensible que resultaba ser para mi edad. Entonces les hablé de dos momentos que tengo grabados en la mente y el alma, dos momentos en los que recuerdo haber llorado de felicidad absoluta cuando no tenía más de siete años… Hoy te lo quería contar.

El primero que recuerdo fue en la noche de reyes. En mi pueblo, la cabalgata pasa sobre las seis o siete de la tarde y cuando acaba todos los niños corren a sus casas a abrir los regalos que Melchor, Gaspar y Baltasar les han dejado con cariño y cuidado. En Madrid, por ejemplo, los reyes magos llegan mientras duermes y los regalos se abren a la mañana siguiente. Aquella noche, tras la cabalgata mi hermano Miguel y yo llegamos a casa emocionados, nerviosos e ilusionados. Cuando entramos en el salón vimos que debajo del árbol sólo había carbón (del dulce, eso sí) y no quiero imaginarme la cara que pusimos… Lo que sé es que lloramos muchísimo, seguramente durante unos segundos que yo recuerdo eternos, hasta que mi abuela dijo que acababa de escuchar un ruido en la habitación y cuando fuimos, las dos camas que la protagonizaban estaban llenas de cajas y regalos, recuerdo miles de regalos, muchísimos, y lloramos de felicidad… No habíamos sido tan malos.

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Otro de los recuerdos que guardo, de emoción convertida en lágrimas de felicidad también se remonta a una Navidad. Cuando era pequeña, Televisión Española emitía una serie que se llama Celia, de la cual sólo se emitieron seis capítulos pero cuya serie protagonizó mi infancia y todavía la recuerdo con muchísimo cariño. Adaptada a la televisión por la escritora Carmen Martín Gaite y dirigida por José Luis Borau,  la serie fue estrenada en el año 1993 en la 1 de TVE y estaba basada en los libros de Elena Fortún, que se habían publicado sobre los años 30.

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Cristina Cruz Mínguez daba vida a Celia, una niña traviesa de rizos dorados perteneciente a una familia de la alta burguesía madrileña. Celia vivía en uno de los barrios más prestigiosos de Madrid y en sus historias podíamos ver un reflejo de la España de los años 30, los cambios y clases sociales del momento y los conflictos ideológicos de la época. Celia era una niña preciosa, traviesa, amante de los libros y los cuentos y con una cabeza llena de sueños y ganas de acabar con las desigualdades del mundo. Un padre bueno y sensible (Pedro Díez del Corral) y una madre estirada que la adoraba (interpretada por una joven y preciosa Ana Duato) prueban mil formas y varias niñeras para intentar controlar a la niña, pero tras sus intentos fallidos, deciden internarla en un colegio de monjas donde las travesuras de Celia no cesarán. En el capítulo seis, Hasta la vista, las niñas preparan la función de fin de curso y todas están felices por dejar atrás los pupitres y marcharse a la playa a pasar el verano con sus familias. Todas, menos Celia que se ha enterado que sus padres se van a trabajar a China y ella no irá. El capitulo acaba cuando la pequeña conoce a los dueños de un circo que dan la vuelta al mundo para presentar su espectáculo y decide escapar con ellos para ir a buscar a su familia… Un “continuará…” fue el punto final de una serie cuyos capítulos, a día de hoy, aún me sé de memoria.

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La serie fue cancelada por problemas económicos de TVE y en el año 2009 fue reestrenada en la página web de Radio Televisión Española, donde se pueden ver íntegros los seis capítulos que marcaron mi infancia. Antes de esto, muchos años antes, cuando yo todavía era una niña, decidieron lanzar los seis capítulos en VHS acompañados por los seis libros de Elena Fortún sobre Celia (aunque las historias no coincidían con los capítulos y por eso a mí esos libros no terminaron de convencerme) y si algo tenía claro, es que yo los quería.

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De pequeña leía absolutamente todo lo que se cruzase en mi camino, a veces, cuando ya no había qué leer, abría la agenda telefónica que mi abuela guardaba en el primer cajón del mueble donde posaba elegante el teléfono y leía los nombres de las personas que ahí permanecían apuntadas. Lo descubrí en la última página. “Celia, Televisión Española” y un número de teléfono. Habían llamado para comprarme los videos. No aguanté mi emoción y le dije a mi madre que la había descubierto, pero ella, con esas técnicas que a veces los adultos tienen para convencer a los niños, me hizo creer que habían llamado para regalárselo a la sobrina de mi tío, y que lamentablemente ese regalo no era para mí. Me lo creí, aún con toda mi rabia e incomprensión, me creí que los vídeos de Celia no estarían en mis manos.

No sé cuanto tiempo pasó hasta que el día de reyes se volvió a posar en el calendario. Quizás sólo unos días o quizás semanas, los niños tienen esa maravillosa capacidad de no ser conscientes de la magnitud ni la distancia del tiempo y es algo que echo mucho, mucho de menos. Abrí muchos regalos, entre los cuales recuerdo una pulsera de plata con un delfín, libros, muñecas… De pequeña tuve todo lo deseaba. Cuando parecía que los regalos ya habían finalizado, mi madre apareció con una caja grande en el salón de casa de mi tía y yo recuerdo que pesaba mucho… No entendía qué había ahí dentro, ni por qué eso era para mí. Cuando la abrí, me topé con la cara de Celia protagonizando cintas de video, me topé con aquellos libros de colores suaves propios de una niña y no pude ser más feliz… Recuerdo llorar totalmente emocionada, como si de la mayor pena se tratase, pero lloraba de felicidad, de felicidad absoluta y abrazaba fuerte a mi madre porque con sólo seis años descubrí quienes eran los encargados de comprar los regalos de los Reyes Magos y sabía que aquel tesoro que acababa de llegar a mis manos sólo era gracias a ella…

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Durante muchos años vi esos vídeos que aún guardo en casa de mis padres sobre una estantería como un pequeño trofeo, pero os reconozco que más de una vez me escapo a través de internet y Youtube para buscar a Celia, para verla en silencio y recordar lo feliz que fui con ella. Porque lo importante en la vida es saber encontrar de vez en cuando al niño que llevamos dentro, al niño que fuimos y seremos siempre, y sobre todo, lo más importante es saber viajar a través de los recuerdos, porque los recuerdos, amigos, son sólo nuestros.

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Feliz sábado y feliz fin de semana, amigos.

Lorena.

Cuando lo pienso, me duele.

Siempre he sido un poco vampiro. Siempre he sido de escribir por las noches y dormir por el día, aunque últimamente hago más lo contrario, ¿me estaré haciendo mayor? Siempre he sido más de noche que de día, más de verano que de invierno, más de chocolate que de vainilla, más de playa que de montaña, más de salado que de dulce, más de alegrías que de penas, más de series que de programas.

Con el cambio de temperatura de las últimas semanas, estos días ha llegado a mí uno de esos resfriados tontos que te arrancan las fuerzas del cuerpo y la mente, te hacen permanecer inmóvil en el sofá, aferrarte a la manta y beber caldos para recuperar la vida. Y claro, tantas horas de sofá y manta van acompañadas de televisión. De verdad que soy más de series que de programas, pero ayer después de las noticias, empecé a ver un programa que me rompió el alma.

Espera, te he mentido.

Intento ser más de alegrías que de penas, pero no siempre lo consigo. Aún con mi positivismo, creo que suelo llorar una vez al día. Melodramática desde la cuna, y sensible desde antes de existir, siempre hay algo que me emociona y me hace llorar. Pero bueno, dicen que igual de sano es llorar que reír, así que por ahí me salvo. Lamentablemente, en este país, ver las noticias o los programas de televisión, muchas veces e inevitablemente, es sinónimo de llorar.

Hoy te quería contar que ayer lloré viendo un programa de televisión de esos en los que la gente con pocos recursos pide ayuda. Gente con pocos recursos. Son tantos y tantos ahora mismo… ¿Os acordáis cuándo veíamos galas de televisión para recaudar dinero para niños de países tercermundistas? ¿Os acordáis cuando era despectivo ser mileurista? Ahora se recauda dinero para niños españoles, y quien gana mil euros al mes debe dar gracias cada día.

Entre todos es un programa de la uno de TVE, y ayer lo vi por primera vez. Hoy debatía con unas amigas sobre ello, y algunas me decían que no soportaban la dosis de sensacionalismo que se inyecta cada día en programas así. Yo, lamentablemente, sólo pude llorar. Quizás porque no necesito encender la televisión para ver como gente a la que quiero no llega a fin de mes, es más, gente a la que quiero no sabe ni cómo empezar el mes. 400 euros para mantener una familia, y en algunos casos, ni si quiera eso. Pero ese programa me hizo ver como aún queda gente buena en este país… gente realmente buena. Hubieron personas que llamaron para donar 50 euros, una señora llegó a donar tres mil. Llamó mucha gente. Ofrecieron dinero, casas, incluso trabajo. Es lo único que piden la mayoría de estas familias. Trabajo. ¿No era esto un derecho? La mujer que pedía ayuda tenía 5 hijos, y la mayor sólo tenía nueve años. Muchas noches no podían cenar, y os juro que en ningún momento la vi perder la sonrisa. Entre lágrimas, pero con una sonrisa. Volvemos a lo de siempre, ¿en qué país vivimos? ¿Cómo podemos permitir que nuestros representantes vivan en el lujo mientras un país entero está sufriendo? ¿Cuántos padres lloran cada noche por qué no saben que le darán de comer al día siguiente a sus hijos?

A mi perdonadme, pero a veces, insisto, programas de este tipo son necesarios para saber que lo que está pasando es real. Tanto los corazones envenenados de los que roban, como los corazones rotos de los que lloran. Y claro, la gente no tiene dinero. Incluso la gente que trabaja, no puede llegar a fin de mes. Si no tienes dinero para llegar a fin de mes, ¿cómo vas a poder pagar 8 euros por una entrada de cine? 

Como muchos sabéis, estos últimos tres días se ha celebrado la Fiesta del Cine. Casi tres mil salas en toda España se han sumado a esta promoción en la que sólo debías registrarte para poder disfrutar del cine por 2,90 euros. La semana pasada entrevisté a varios actores y directores sobre ello, y todos coincidían en que es necesario bajar los precios. La gente no tiene dinero, y la gente no va al cine. Punto. ¿Qué ha pasado? Pues que las salas que hace unas semanas estaban vacías proyectando maravillas, se han vuelto a llenar de color, ilusión y sonrisas. Las redes sociales se han hecho eco de cómo las colas de los cines en toda España eran realmente desbordantes. Señores políticos, a ver si les queda claro… Que no es que a la gente no le guste ver películas en pantallas gigantes, con una calidad maravillosa y un sonido increíble, que no es que no nos guste sentarnos al lado de gente que no conocemos de absolutamente nada para compartir risas o lágrimas por una historia que estamos viendo, que no es que no queramos sentarnos en butacas y disfrutar de las películas… Que no, señores, que no, que se están confundiendo. Que resulta que la gente no va al cine porque no tiene dinero. Porque una familia que tiene varios hijos, no puede permitirse el lujo de pagar 8 euros por cada uno de ellos… Y el error está aquí, señores. En ese 21% que nos han implantado. Que el cine es cultura, y la cultura NO es un lujo, la cultura es necesaria para educarnos, para formarnos e incluso para ilusionarnos.

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Yo de pequeña iba mucho al cine. La primera película que recuerdo haber visto en el cine fue Milagro en la ciudad, pero seguro que ya había ido antes. Iba al cine muchos fines de semana… con mis primos, mis padres, mis tíos… era una niña y sentía esa magia. Era un plan perfecto y a todos nos encantaba. Los cines estaban llenos, y la gente sonreía. Ahora las salas están vacías, y para muchos, ver una película se ha convertido en un capricho que darse de vez en cuando. Y así vamos por mal camino… ¿No deben, de verdad, plantearse las cosas? ¿No es mejor llenar salas cada día por un precio más reducido, que tenerlas vacías? Ya que han decidido retroceder en tantas cosas esenciales, a ver si retroceden por algo que nos beneficie. Dejen de recortarnos la vida y apuesten por facilitarnosla, ya verán como eso también funciona, y seguirán durmiendo tan tranquilos. De verdad, que luchar por el bienestar social no es peligroso.

Hoy me voy a dormir un poco enfadada. Me enfado mucho, ¿no es verdad? Perdonadme. Pero es que cuando pienso en lo que nos estamos convirtiendo, me duele.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

De Madrid a Buenos Aires… Un millón de sueños.

Aunque el calor sigue paseando tranquilamente por las calles de Madrid, las pestañas del otoño empiezan a moverse, saben que ha llegado su momento y tienen ganas de despertar. Quizás es el otoño el que me ha hecho pensar en él, quizás porque en un otoño le conocí y quizás porque en el inicio de un otoño, hace ya un año, se marchó a Buenos Aires.

La cara de Diego Domínguez empezó a resultarnos familiar hace unos cuantos años. Tras el éxito de las primeras ediciones de Operación Triunfo, Gestmusic y TVE lanzaron en 2003 la primera edición de “Eurojunior“.

El concurso seguía unas bases similares al anteriormente mencionado, sólo que esta vez los aspirantes a convertirse en triunfadores y obtener una exitosa carrera musical oscilarían entre los 8 y 16 años. Yo recuerdo a Diego en ese programa. Su desparpajo, su carisma, su inocente simpatía, su “Chachi Piruli” o  su “Sinvergüenza” , que hasta los más mayores tarareabamos. Le recuerdo perfectamente. Lo que nunca imaginé es que años después, una ciudad, una tarde cualquiera, y una casualidad nos unirían y harían que ese niño, que ya había crecido, se convirtiese en uno de mis mejores amigos.

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Tras el éxito del grupo infantil que se creó a raíz del programa, 3 + 2, Diego siguió probando suerte en la música y junto a otra de sus compañeras creó “Juego de dos“, un duo musical que finalmente también se disolvió. Sin dejar de lado su pasión musical, empezó a estudiar interpretación y pronto tuvo pequeñas intervenciones en series  de televisión como Física o Química, Aída o El Secreto de Puente Viejo. Pero parecía que no llegaba una oportunidad de verdad, no la que él merecía, hasta el día en que me dijo que había hecho un casting para la serie Violetta (Disney Channel). Supe desde el primer instante que ese papel sería suyo.

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Hoy te quería contar que sólo llevaba poco más de un año en Madrid cuando un domingo de lluvia un amigo me presentó a Diego. Desde el primer instante compartimos risas y complicidad. Sin darme cuenta, al poco tiempo, ya compartíamos una fuerte amistad. Pronto nos unieron las tardes de café, las largas conversaciones, los secretos, las preocupaciones, los miedos… pero sobretodo nos unieron los sueños. Diego es una de esas personas que nunca deja de sonreír, de esas personas que ven el lado positivo de las cosas más negativas, de esas personas que ríen a carcajadas, de esas personas que siempre están dispuestas a ayudar a los demás, y de esas personas que tienen el corazón que podría salvar a medio mundo.

Entre guiones y libros bailaban nuestros sueños, los suyos y los míos. Parecía difícil alcanzarlos, pero sabíamos que si luchábamos por ellos, algún día llegarían. Recuerdo aquella tarde, sentada en un Starbucks en pleno corazón de la ciudad  con nuestro incondicional amigo David, cuando Diego llegó cargado con su guitarra. Venía de hacer un casting para una serie de Disney Channel, y si todo salía bien, se iría a grabarla a Argentina. Le miré y le dije que ese papel era suyo. Estaba totalmente convencida. Había llegado su momento, y yo lo sabía.

Lo demás ocurrió muy rápido. Pronto le confirmaron lo evidente y empezaba nuestra cuenta atrás. En un par de meses volaría hacia Buenos Aires. Sé que aprovechamos cada instante de ese verano, donde manteníamos largas conversaciones sobre cómo iba a ser todo a partir de ese momento, de qué forma iban a cambiar nuestros días y hasta qué punto permitiríamos que cambiase nuestra amistad…

 

Hace un año que Diego se marchó a abrazar sus sueños y sólo le hice prometerme que nada en él cambiaría. La última vez que le vi fue hace tres meses, en su última visita a España, y sonreí al ver que sigue siendo el mismo de siempre. A pesar de la distancia, del tiempo y del éxito.

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Diego recomendó este blog en su cuenta oficial de Twitter hace varias semanas. Desde entonces, no he dejado de recibir visitas, seguidores, y muestras de cariño de sus miles de fans. Y por eso, sentía que este post se lo debía a ellas, porque deben saber que idolatran a una persona que tiene un corazón enorme y la humildad pegada a la piel. Este post se lo debía a Diego, mi “Chachi”, mi hermanito pequeño, porque está dónde se merece. Y este post me lo debía a mí, para no olvidar nunca dónde y cuándo empezamos a soñar.

Diego corona, en forma de póster, la habitación de mi prima pequeña y yo sonrío con nostalgia, porque aunque el éxito profesional casi siempre es un éxito personal, sé que no es fácil vivir a miles de kilómetros de tu familia y de las personas que son el pilar base de tu vida. Pero sé que a pesar de ello, él es feliz. Muy feliz.

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Este post es tuyo, Diego. Es mío. Es de todos los que no nos cansamos de luchar por aquello que queremos alcanzar. Gracias por estar siempre a mi lado, y por no entender nunca de distancias. 

 

Por los sueños que aún nos quedan… Por un millón de sueños.

Lorena.