OTra vez

Lo vi hace unos días y todavía me sale una sonrisa cuando lo recuerdo. No lo puedo evitar. De hecho, me pasé la mayor parte del tiempo llorando… Muchos no entenderéis nada de todo esto, simplemente, porque ya crecisteis más … Sigue leyendo

Hay un amigo en mí…

Hoy llego tarde, pero llego… En primer lugar, creo que debo avisaros de que a partir de ahora no sé si mi día fijo para publicar será los martes, como hasta el momento. Os explico por qué. Ahora, con mi nuevo trabajo, me paso el día pegada al ordenador y eso hace que, a veces, acabe un poco saturada o simplemente que tenga otras cosas que hacer y no pueda quedarme más horas junto a él. No obstante, lo que tengo claro es que voy a seguir estando con vosotros una vez a la semana, y ojalá me organice y puedan ser más. No sabéis lo feliz que me siento cada vez que nos contamos historias…

Tras el relato de la semana pasada que tanto os gustó y que creo que se convierte en uno de mis favoritos desde ya, hoy vengo con algo mucho más simple pero no menos importante. A veces, la tele nos regala cosas muy bonitas y ayer fue una de esas noches en las que Antena 3 quiso alegrarme el final de julio… Top Story es, sin ninguna, mi película Disney favorita. Cuando era más pequeña adoraba La Cenicienta, La Sirenita y Aladdín, pero desde que conocí a Buddy, Buzz y sus compañeros supe que se habían ganado, con fuerza, mi corazón. Toy Story 2 siempre me recordará a mi hermano Alex, él era muy pequeño cuando salió a la venta y se (nos) la compramos, ¡le encantaba! Se pasaba el día viéndola, una y otra vez, y yo, que sólo quería estar a su lado y mimarle, la veía con él… Nos diferencian 12 años de edad, así que podéis imaginar cómo me moría de amor por él… Sin ninguna duda, Toy Story 3 ya me pilló mayor, pero la viví con la misma ilusión y hoy, te lo quería contar.

Recuerdo que fui a verla al cine, yo todavía vivía en Elche, pero había venido a pasar el fin de semana a Madrid. ¡Tenía tantas ganas de conocer sus nuevas aventuras! Pues bien, cargada de palomitas y refrescos, fui a verla en 3D si no recuerdo mal… ¡Me encantó! Es que me encantó tanto que lloré mucho con el final… Sí, como una niña pequeña. Ya sabéis que soy muy sensible y de lágrima muuuy fácil. La he visto más veces, por supuesto, pero anoche me di cuenta que hacía demasiado tiempo que no lo hacía. La disfruté como el primer día… ¡Es una auténtica obra de arte! ¿Cómo puede haber tanta magia, tantas risas y tantos valores concentrados en aproximadamente dos horas? Lloré de nuevo cuando Andy se despedía de Buddy, Buzz, Jessie, Perdigón, Rex, El señor y la Señora Patata o Slinki… y no lloré porque me acordase de aquellas Barbies que tanto me gustaban o aquellas muñecas que me hacían creerme madre con poco más de seis años… Lloré, como imagino que habéis llorado con ella todos a los que os haya pasado, por las cosas que tiene la vida… Por esa maravilla de darnos cosas que nos hacen felices y un día, de repente, quitárnoslas. Bien sea porque nos hemos hecho mayores, porque hay que cambiar de vida o porque simplemente la vida se acaba… ¿Os dais cuenta que todo lo que tenemos algún día se irá? Todo, absolutamente todo… Y entonces, miré a Cometo, que estaba dormido a mi lado en el sofá, y pensé en la maldad del ser humano.

No sé si alguna vez os he contado algo muy curioso que me pasa (seguro que no soy la única). Cuando de repente pasa algo, ese algo me lleva a pensar en otra cosa, y esa cosa en otra… y así, en cuestión de segundos, puedo pensar en, por ejemplo, diez cosas distintas, donde la primera no tiene nada que ver con la última… Cadena de pensamientos, lo llamo yo. Pues ayer, mi cadena de pensamientos no fue muy extensa, pero de repente pensé en todas esas imágenes que estoy viendo estos días en las redes sociales de tantos, tantísimos, perros que necesitan casas de acogida, de tantos, tantísimos perros que son abandonados por sus dueños por un sinfín de excusas hipócritas y vacías de sentimientos, desde una separación matrimonial a las ganas de irse de vacaciones… pero, ¿en qué asco de mundo vivimos? Os prometo que se me parte el alma y me lleno de rabia cuando pienso en esas cosas. Cuando me regalaron a Cometo, creo que tardé medio segundo en quererle (bueno, quizás un poco más, porque al principio no daba crédito ante tal maravillosa sorpresa), y creo que me fueron suficientes un par de horas para saber que no quería separarme nunca de su lado, para saber que nos íbamos a querer con todas nuestras fuerzas, a acompañar en mil historias, en el tiempo, en los espacios, en las alegrías y las penas y que entre nosotros, de repente, se había creado un vínculo de unión tan sumamente fuerte que creo que sólo son capaces de entender las personas que conviven con una mascota. A veces, le miro y sé que sólo le hace falta hablar, pero es que ni si quiera necesito que me hable para entenderle, en su mirada puedo ver si está cansado, si está triste o si tiene ganas de jugar… Él tampoco entiende mi idioma y os aseguro que conoce mejor que nadie cada uno de mis estados de ánimo. Sabe cuando estoy triste, cuando estoy feliz, cuando necesito que se acurruque a mi lado o cuando necesito un rato de silencio… Os prometo que lo sabe, y os prometo que lo sabe mucho mejor que la mayoría de seres humanos que me rodean, es algo tan mágico y especial que es difícil de explicar.

No puedo entender cómo pueden existir seres humanos que abandonen a sus mascotas, no puedo entender cómo hay personas que pagan una barbaridad de dinero por asesinar a un león en peligro de extinción y que eso se permita, como no entiendo vivir en un país donde maltratar a un animal en medio de una plaza sea catalogado por muchos como “cultura” o “tradición”. Entonces, una vez más, me avergüenzo del planeta en el que vivo… Bueno, me avergüenzo de las personas que viven en él y pienso que ojalá pudiésemos parecernos, sólo un poquito, a ellos. Nosotros, que supuestamente somos “el animal racional”, nosotros que destrozamos el mundo en el que vivimos… Hoy, paseando por el parque (todavía con la resaca Disney de ayer), tarareaba en mi cabeza la conocida canción de Toy Story… y cuando me he escuchado (sin cantar en voz alta, lo prometo) decir: Hay un amigo en mí…” he mirado a Cometo y he entendido que hay muy pocos amigos como él, y eso que tengo la suerte de rodearme de amigos maravillosos, fieles e incondicionales a los que quiero con todo mi corazón.

Por favor, que los padres lo metan en la conciencia de sus hijos, que la educación cambie, que el ser humano aprenda las bases cuando todavía las puede absorber sin poner pegas… Quiero ver un mundo en el que el abandono o maltrato de un animal nos parezca una salvajada a todos y no sólo a unos cuantos, quiero vivir en un mundo donde la irracionalidad del ser humano se castigue y se corrija. Ellos nunca nos fallan, y nosotros les fallamos demasiado. Ojalá vosotros penséis exactamente como yo, en otros temas me da igual, pero en este: ojalá.

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Buenas noches, amigos.

Lorena.

Bajo Sospecha.

¡Qué bonitos son los domingos cuando no se tiene prisa! Y los domingos, son más bonitos aún cuando una está de vacaciones y sabe que tiene que preparar maletas.

Como bien os dije a través de la página de Facebook, este es el segundo post de la semana y hoy te quería contar por qué. El blog se cierra durante unos días en los que salgo fuera de España, me voy de viaje y voy a estar desconectada (seguro que no lo puedo evitar y hago alguna aparición por alguna red social, sobre todo por Instagram!), voy a desconectar de la rutina, del ordenador, del whatsapp, de los e-mails y de todo en general… Para hacer millones de fotos, morirme de frío y patear de arriba a abajo las calles de Nueva York. Por eso estoy aquí, reencontrándome contigo, como adelanto o sustitución del martes que viene.

Hoy estoy plenamente feliz, ayer me reencontré con personas muy importantes de mi vida que hacía meses que no veía, hoy tengo a amigos esenciales como invitados para comer y presentarles el plato típico de l’Olleria, mi casa está en silencio, el arroz está en el horno y os aseguro que ahora mismo estoy respirando paz.

Creo que una vez ya os hablé de lo mucho que me impactan y me afectan las desapariciones de las personas, lo mucho que me impacta que haya seres humanos que se crean con el derecho de poder poseer a una persona, arrancarla de su vida, de su familia y de su entorno, lo mucho que me impacta que haya seres humanos que crean que pueden violar a una mujer, a una niña o a un niño, lo mucho que me impacta que secuestren a niños como si de un objeto se tratase… Estos temas me producen el mayor de los horrores, me producen un miedo descomunal y una impotencia infinita.

Sin embargo, y estoy segura que no es por masoquismo, me encantan las películas de desapariciones y secuestros, de suspense, de detectives y héroes… Seguramente porque todas ellas, aún con su sabor agridulce, tienen un final feliz. Supongo que me gusta ver ganas a los buenos y que en cada una de esas historias de ficción me gusta ver que ojalá la realidad se ajustase a ella, que los malos fuesen siempre los que pierden y que las historias trágicas acaben con una recompensa al final: salvar a las víctimas.

Seguramente, los que me seguís en Twitter sabéis que Mentes Criminales es una de mis series favoritas. Os aseguro que me paso cada capítulo con tensión en el cuerpo, con rechazo hacia los asesinos y con unas ganas increíbles de que el equipo de análisis de conducta del FBI resuelva el caso. Esta serie me gusta por cómo un grupo de especialistas pueden llegar hasta un asesino sólo a través de las señales que va dejando en sus asesinatos, cómo desarrollan un perfil psicológico que les conduce a frenar una serie de asesinatos que en muchos casos se han producido durante décadas por una misma persona.

El martes pasado, lejos de parecerse a la serie que acabo de mencionar, pero al fin y al cabo, con una temática muy similar, Antena 3 estrenaba el que ya ha anunciado que ha sido el estreno más visto de la temporada. Una nueva serie de policías, de víctimas y verdugos.

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Mientras la anunciaban, ya sabía que no me la podía perder, sólo esperaba que no me decepcionase y he de reconocer que, al menos, el primer capítulo me encantó. Bajo Sospecha ha llegado pisando fuerte, y aunque he de añadir algunos peros, he de reconocer que me mantuvo con la intriga y los nervios a flor de piel durante su emisión.

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Bajo Sospecha, narra la investigación de los dos policías designados al caso, Víctor (Yon González) y Laura (Blanca Romero), y su superior, el comisario Casas (Lluis Homar) en la desaparición de una niña. El día de su primera comunión, Alicia Vega, una niña de 7 años, desaparece sin dejar rastro. Tras dos semanas de intensa búsqueda, la policía solo tiene una cosa en claro: el culpable es uno de los invitados a la ceremonia y miembro de la familia de la niña. Los agentes Víctor y Laura se hacen pasar por matrimonio y se infiltran en el pueblo con el objetivo de acercarse a la familia Vega y al resto de sospechosos. Mientras ellos dos permanecen en la sombra, el comisario Casas es la parte oficial de la investigación y la única persona que conoce la verdadera identidad de nuestros protagonistas. Tras la desaparición de Alicia Vega, la vida no volverá a ser igual para ninguno de ellos. Laura y Víctor no se conocían antes de ser enviados al pueblo y… la primera impresión es clara. Son el día y la noche. Laura es firme, ordenada y siempre se ciñe a las normas. Víctor es impulsivo, caradura y está dispuesto a lo que sea para descubrir la verdad. Dos personalidades opuestas condenadas a entenderse y hacerse pasar por una pareja enamorada. El tiempo juega en su contra y encontrar al culpable resultará más complicado de lo que ellos imaginaban. Y es que la familia de la pequeña ha tejido una red de secretos difícil de desenmarañar para llegar a la verdad. Una verdad que supondrá un auténtico impacto en las vidas de la familia Vega, pero también en la de los agentes infiltrados.”

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Mi primer “pero” es, quizás, por correr demasiado rápido, ya que tanto en el primer capítulo cómo en el avance del siguiente se dan demasiadas pistas al espectador sobre dónde está la niña, sólo espero que sepan tratar bien esta trama, para seguir manteniéndonos en vilo. Los actores están maravillosos y sin ninguna duda, ahora mismo, quienes vimos el inicio de la serie desdes nuestro sofá, sospechamos de todos y cada uno de los miembros de la familia Vega. Parece que todos tienen algo que esconder y que nadie es inocente. ¡Qué intriga!

Sin ninguna duda, tengo que destacar dos trabajos que me parecieron espectaculares. Yon González, que siempre me gusta, y sobre todo, el trabajo de Alicia Borrachero, que interpreta a la madre de la niña. ¡Qué papelón! Está increíble, inmejorable.

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Veré el segundo capítulo cuando vuelva de viaje, pero no podía dejar de contaros esto, porque aquellos que no la visteis, todavía estáis a tiempo. Esta serie acaba de empezar y estoy segura que viene pisando fuerte. Los que visteis el primer capítulo, contadme qué os pareció.

Nos leemos muy, muy pronto, pero ahora sí que sí… ¡¡LO QUE TE QUERÍA CONTAR, CIERRA POR VACACIONES!!

Os echaré de menos.

Feliz domingo, amigos.

Lorena.

No lo podía evitar.

Hoy me he despertado pensando que debía anunciar que a pesar de ser martes, un nuevo post tendría que esperar… Iba a aplazarlo hasta mañana, pero finalmente, he podido organizarme para sentarme con vosotros una semana más. Con la resaca de descanso de estos días de puente maravillosos en los que he aprovechado para estar con mi gente, para pasear bajo las luces de Navidad de Madrid, para dormir sin prisa y comer con calma… Vuelvo con un post que ya sé que no os va a emocionar.Hoy no toca un post de esos que mueven los sentimientos, de esos en los que me comentáis que habéis llorado, que habéis reído, que os ha hecho viajar, recordar… Porque el post de hoy sólo es una opinión sobre un artículo que se ha publicado en un medio de comunicación, con él sólo espero que me entendáis, que me comentéis qué opináis sobre estos temas, que hablemos y debatamos…  Hoy, te lo quería contar.

Ante todo, voy a recalcar que no vengo a cuestionar ni criticar la profesionalidad de nadie a la hora de hacer su trabajo, sólo quiero hablar de algo que he estado pensando estos días y sobre lo que finalmente me he decidido a escribir.

A finales de la semana pasada, mi amigo Oscar me envió unos pantallazos por whatsapp. En una conocida página web habían publicado un artículo en los que se hablaba de la vida actual de algunos que fueron niños prodigio de nuestro país. Por supuesto, salía Bom Bom Chip. No dudé en compartirlo en mis redes sociales, añadiendo y dándole todo el protagonismo a Cometo, mi perro, que aparecía en la publicación, y no porque fuese niño prodigio, no. Cometo salía en brazos de Sergio, vestido el perro de Papá Noel, muy acertado para la fecha, y me hizo mucha gracia.

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En el artículo se describía brevemente qué había sido de María Isabel (“Antes muerta que sencilla”), Bom Bom Chip o los hijos del doctor Nacho Martín en Médico de Familia, entre otros. En el caso de los actores de la conocida serie de Telecinco, las imágenes de su actualidad, eran imágenes de apariciones públicas que ellos habían hecho recientemente. En el caso de Bom Bom Chip no. ¿Por qué? Porque no las hay. ¿Por qué? Porque Bom Bom Chip no ha querido volver a aparecer en ningún programa de televisión, ni en ningún medio de comunicación. ¿Por qué? Porque estamos hablando de algo que sucedió hace más de veinte años, algo que por supuesto les emociona recordar, algo que guardan con muchísimo cariño, algo que marcó sus vidas, su infancia, pero algo que forma parte del pasado, porque a día de hoy, sus vidas están alejadas de todo aquello, y aquello sólo es un precioso recuerdo.

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Quienes me conocen, saben que he sido la fan más fan de Bom Bom Chip y como tal, si no les conociese, también me encantaría saber que ha sido de ellos con los años… Claro que sí, pero me habría gustado saber realmente qué ha sido de ellos y sobre todo si ellos estuviesen dispuestos a que se supiese. En el artículo, en ningún momento se les falta al respeto, ni mucho menos, se les ha tratado con “cariño” y se ha intentado escribir sobre sus profesiones actuales. ¿La pena? Que se hayan basado sólo en perfiles de Facebook para ello y se hayan alejado un poco de la realidad.

Está claro que para escribir este tipo de artículo no vas a hacer la investigación periodística de tu vida, porque yo tampoco la haría, pero al menos, habría intentado documentarme, dedicarle unas cuantas horas, intentar hablar con ellos , contrastar información… Al menos, es lo que me enseñaron mis profesores en la facultad.

Lo que más me ha sorprendido de todo, y por ello, estoy aquí sentada, es el origen de las fotos de la actualidad de Bom Bom Chip. Dos de esas fotos (las de Sergio, claro) están publicadas por mí en nuestros Facebooks personales y privados. No tenemos a quién ha escrito el artículo entre nuestros amigos en esta red social, y las fotos no son públicas, no creo que se hayan encontrado en Google, la verdad. Sólo es curiosidad saber cómo han llegado hasta ellas. Le escribí dos veces a través de twitter al periodista que firmaba el artículo, sólo por curiosidad, de verdad. Dos tweets que no tuvieron respuesta y estoy casi segura que leyó.

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Tanto Twitter como Instagram son redes sociales que tengo abiertas y sé que cualquier información o foto que suba ahí está al alcance de todo el mundo, sé que muchas fotos de Sergio se pueden coger directamente de ahí, pero por eso subo lo que quiero y lo que me apetece compartir con gente a la que no conozco de nada. Aunque me haga gracia que mi perro esté en un medio de comunicación, es verdad que las dos fotos que se han publicado son personales y ambas muy familiares. ¿De verdad perdemos toda nuestra intimidad cuando subimos algo a internet? ¿Aunque sea para compartirlo con nuestros amigos más cercanos?

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El caso de María Isabel va más allá. Ayer, a través de Twitter, me di cuenta que tanto ella, como sus fans, estaban muy, muy enfadados por este artículo. El calificativo “choni” es un calificativo despectivo que a nadie nos haría gracia que nos adjudicasen, como no le ha hecho ningún tipo de gracia a ella. Podría haber sido un artículo gracioso y ha sido un artículo que ha hecho daño. De su foto en Eurojunior pasaron a una foto de ella detrás de la barra de un bar de copas. No pasaría nada si fuese camarera, es un trabajo muy, muy digno y sacrificado y la verdad, muy poco valorado, pero al parecer no lo es y, además, la foto tiene varios años. Al parecer aquella niña tan graciosa que nos hizo bailar al son de “Antes muerta que sencilla”, sigue en la actualidad luchando y persiguiendo sus sueños y al parecer, entre sus proyectos más inmediatos está el lanzamiento de un nuevo trabajo discográfico. Creo que no habría costado nada preguntarle, por lo que he visto, tiene mucha actividad e interacción en su cuenta personal de Twitter y no creo que le hubiese importado responder a un par de preguntas con tal de que posteriormente se publicase algo que ella considerase ajustado a su realidad.

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De verdad, no he venido a cuestionar el trabajo de nadie, porque no soy quién para hacerlo, por supuesto. Simplemente he dado mi opinión sobre cómo yo habría hecho las cosas. Si he decidido escribir este post es porque no es la primera vez que se escribe sobre la vida actual de los chicos de Bom Bom Chip sin ningún tipo de información más allá de cuatro características de algún perfil en alguna red social.  Hace unos meses descubrí un blog en el que publicaban un post muy similar a esto, un antes y un después de muchos niños que habían pasado hacía años por la pequeña pantalla, y no daba crédito a lo que leía, ninguna información era verídica. Aquel post sí era horrible de verdad. Insisto en que en este artículo en ningún momento se les falta el respeto, ni nada por el estilo, simplemente he pensado en nuestra intimidad como usuarios de internet, de todos y cada uno de nosotros, también los que estáis leyendo esto y le he dado muchas vueltas, pero finalmente he sabido que escribir sobre ello era algo que no podía evitar. 

Del artículo por el que hoy escribo, he de decir que sí es cierto que de todos ellos, sólo Sergio sigue dedicándose a la música, es un gran guitarrista (yo entiendo poco de música, pero sé lo que comentan los músicos que le oyen tocar), tiene un grupo de latin jazz, sí, Obatalá, entre cuyos músicos también está el actor Víctor Elías. Además, tiene entre manos un proyecto musical increíble sobre el cual ojalá muy pronto me deje entrevistarle y os lo pueda contar todo.

Sergio, José Luis, Cristina, Estela y Rebeca siempre serán los niños de Bom Bom Chip, pero estos niños hoy son adultos que trabajan y viven alejados de la televisión y el espectáculo. Vuelvo a repetir que siguen guardando aquellos años entre sonrisas y anécdotas con mucho, muchísimo, cariño, y que a día de hoy, todos y cada uno de ellos son personas sencillas, humildes, profesionales en lo suyo y sobre todo, son personas maravillosas. Si algún día deciden contar realmente cómo son sus vidas veinte años después, lo harán, pero por favor, que la gente pare de inventar trabajos y profesiones y que paren de subir sus fotos personales.

Esta imagen está subida a mi Instagram desde hace meses, así que es publica desde hace mucho. Os la dejo porque estoy segura que a muchos os va a hacer ilusión, y porque cuando se publicó, ellos estaban de acuerdo.

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De izquierda a derecha: José Luis, Cristina, Rebeca, yo, Estela y Sergio.

Feliz martes y “comienzo de semana”, amigos.

Lorena.

Queremos luchar con ellas.

Durante estos días he estado casi sin conexión a internet, el wifi de casa había dejado de funcionar y los datos en mi móvil estaban totalmente agotados… He pasado unos días bastante desconectada de mis redes sociales. No he podido actualizar mi página de Facebook del blog, no podía ver fotos en Instagram y apenas podía publicar algún tweet… he de reconocer que lo he echado de menos. Nos quejamos por vivir en una sociedad totalmente ligada a las nuevas tecnologías, y nos parece triste que nuestras vidas sean tan dependientes de las redes sociales, de los mensajes instantáneos y de internet… Pero nos guste o no, para muchos, (claro está que más para unos que para otros), estas herramientas son parte de nuestro trabajo, nuestro día a día, nuestra fuente de información y nuestra interacción con personas a las que no podemos ver. Sea bueno o malo, yo necesitaba “volver”.

Temía que llegase el martes y no poder actualizar, pero la buena suerte ha estado de mi lado y ayer, por fin, pudieron venir a arreglar la conexión de casa, y yo, como cada martes, estoy aquí para escribir sobre algo que te quería contar…

Esta mañana, al abrir Twitter e Instagram me he dado cuenta que hoy era un día marcado con fuerza en el calendario, un día de dolor, de rabia, de impotencia, de dar la mano, de secar lágrimas, de mostrarnos enfadados con algunas personas y regalarles una sonrisa a otras cuantas. Día internacional contra la violencia de género. Qué sensación tan agridulce… Es muy triste que la violencia de género forme parte de nuestra sociedad, de este mundo tan raro y loco que nos rodea… Y es confortable saber que haya un día contra ella, oficialmente declarado y a nivel mundial… Eso significa que el tema nos preocupa, nos importa, y que queremos luchar contra él… Hoy y cada día.

Una vez, hace mucho tiempo, cuando era adolescente, estaba cenando con unos amigos y con el que en aquel entonces era mi novio. Yo tendría unos diecisiete años… Estábamos en la terraza de un centro comercial, en un conocido restaurante, en la mesa de al lado, un grupo de gente más mayor cenaba también. Había una niña, tendría unos cinco años más o menos, soy una persona a la que le encantan los niños y siempre que tengo a alguno cerca me es inevitable saludarles o hablar con ellos. La niña me preguntó si el chico que estaba a mi lado era mi novio, le dije que sí, a lo que ella me respondió Y te pega?, me quedé paralizada y horrorizada. Le dije que no, que los novios no pegan. Aquella pequeña conversación se grabó a fuego en mi memoria y cada vez que la recuerdo me muero de pena y me pregunto qué era lo que veía ella en su casa para plantear aquello con total normalidad…

Recuerdo perfectamente que el año pasado escribí ya sobre esto y recuerdo que os recomendé Te doy mis ojos, una película española que trata este tema y que a mí me impactó mucho en mi adolescencia. Recuerdo perfectamente cómo unos días después recibí un e-mail de una lectora que me contaba lo mucho que había llorado leyendo el post, por haber sido víctima del maltrato, por haber sido una víctima de la violencia de género y por haberse sentido identificada con mis palabras. Recuerdo que me daba las gracias y recuerdo que a mí se me encogió el corazón…

Hace unos meses vi en las noticias el caso de una joven que había recibido una brutal paliza de su exnovio, creo recordar que ambos eran menores de edad. Cuando pienso en estas cosas, pienso el miedo que me provoca el ser humano. Tendemos a pensar que sólo las mujeres son maltratadas, porque por lo general, conocemos muchos más casos de víctimas femeninas que masculinas, pero no podemos olvidarnos que también muchos de ellos sufren el maltrato físico y psicológico contra el cual hoy levantamos la voz. No sé si alguno de vosotros vio un vídeo que se compartió durante varios días en Facebook… En él, dos actores interpretaban una fuerte y violenta discusión en plena calle. Cuando la agredida era la mujer, otros hombres y mujeres la defendían. Cuando la víctima era el hombre, ni una sola persona se paró a defenderle. Es más, la gente se reía. Cuando vi ese video entendí que tenemos un problema en cuanto al concepto de violencia de género y entendí que las noticias nos han acostumbrado a que sólo ellas son víctimas, y no es así. Empecemos también a cambiar eso.

De todos modos, sea él o ella, me preocupa mucho que esto siga existiendo, me preocupa que un ser humano que ha confiado en otro, que le ha regalado su amor, su tiempo, su cuerpo y sus besos, acabe siendo víctima de malos tratos de esa persona que una vez le hacía sonreír, esa persona que ahora le produce miedo. Creo que no somos conscientes del gran número de personas que son víctimas de este tipo de abuso. Me preocupa, me da rabia, me repugna, me da miedo.

Me da asco el ser humano que se cree superior y más fuerte que otro como para agredirle físicamente o machacarle psicológicamente . Me da mucha, mucha pena, la gente que tiene miedo a levantar la voz, que se autoconvence en que todo pasará, en que los malos días son sólo una mala racha y cuando pasan los años, se sienten tan destruidos que son incapaces de pedir ayuda. Hoy y cada día creo que debemos gritar que estamos con todas y cada una de esas víctimas, que no están solas, y que además hay muchas asociaciones y organizaciones que las van a ayudar de una forma incondicional. Por suerte, es una de las pocas cosas que funcionan en este país.

dia-internacional-contra-la-violencia-de-generoUna vez más, necesito recalcar la importancia de que nos queramos mucho a nosotros mismos, que nos queramos más que a nadie, sin egoísmo, sólo por autoestima, que nos sintamos fuertes, que no soportemos ni una mínima falta de respeto… Porque el amor, el amor bueno, no duele, no grita, no golpea, no insulta, no hace llorar de impotencia, no intimida, no te hace sentir inferior… El amor bueno no duele jamás, y cuando duele, es cuando nosotros mismos debemos pensar que nos merecemos algo mucho mejor, sin miedos.

Hace un año os hablé de Te doy mis ojos, y hoy os quiero hablar de una película que vi hace muchos, muchos años y que aún recuerdo bastante bien, seguramente por lo mucho que me impactó. Dirigida por Joseph Ruben,  Durmiendo con su enemigo se estrena en febrero de 1991. Laura Burney (Julia Roberts) es una joven casada con un maduro y destacado asesor financiero, Martin Burney (Patrick Bergin). Laura y Martin viven en una preciosa casa frente al mar y parecen el matrimonio perfecto. Más allá de las apariencias, el amor que Martin siente por Laura se convierte en una obsesión enfermiza y la maltrata constantemente. Una tarde, mientras la pareja sale con un vecino a pasear en yate, les sorprende una tormenta y ella cae al mar, donde desaparece.

Mientras todos la dan por muerta, Laura ha fingido su caída para salvar su vida y empezar de cero. Se traslada a otra ciudad, cambia de identidad y conoce a un hombre del que acaba enamorada.  Ben es un profesor de Artes Dramáticas que ayudará a Laura a volver a creer en sí misma, mientras tanto y por una casualidad, Martin descubrirá que su mujer sigue viva y no parará hasta encontrarla.

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Como bien sabéis, la realidad supera la ficción y la violencia de género forma parte de la vida de demasiadas personas. Gritemos con ellas, no están solas, hoy el 016 (teléfono de atención a malos tratos) inundaba las redes sociales, que las víctimas no lo olviden ni un sólo día. No están solas,  esta lucha es de todos y queremos luchar con ellas.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

 

Muertos de hambre.

Me gusta el otoño, me recuerda y no sé muy bien por qué a mis años en el colegio, a hojas que empiezan a cambiar de color en los árboles, a tonos amarillos y marrones…. Y ya sabéis que todo lo que venga acompañado de recuerdos, me resultará especial.

Hace un par de semanas, unos amigos vinieron a cenar a casa. David, Diego y Kirian son actores. El caso de kirian, del que muy pronto hablaremos con calma en el blog, es un caso particular porque cuando os diga quién es lo vais a recordar al instante. Le hemos visto crecer en televisión en una de las series más largas y conocidas de nuestro país, empezó siendo un niño y ha trabajado en la profesión prácticamente toda su vida. Hace años que no consigue trabajo. En la cena, en la sobremesa y en la tertulia, también estaba Sergio, actor y músico, al que muchos ya conocéis. Nos juntamos un grupo de buenos amigos y sobre todo, un grupo de personas que aman el arte y no se rinden ante los sueños, y hoy te lo quería contar,

De las personas que nos reunimos, dos viven un buen momento profesional, uno de ellos es protagonista de una serie que se emite en medio mundo y el otro no deja de tocar y vivir de su música, pero nos fue inevitable hablar de cómo se encontraban la mayoría de las personas, muchos de nuestros amigos y conocidos, que quieren entregar su vida al arte. En este país, nos encontramos, desde hace mucho tiempo, en un momento lamentable en el que ni jóvenes ni mayores tienen oportunidad de desarrollar sus capacidades y vivir de su verdadera vocación y profesión.

Si te preguntan a qué te dedicas y dices que eres médico, abogado, psicólogo o profesor… Nadie va a dudar de tu capacidad, y no quiero decir con esto que estos sectores tengan el trabajo más fácil ahora mismo, para nada, sólo quiero explicar que esas profesiones son aceptadas sin cuestionar hasta qué punto eres médico, abogado, psicólogo o profesor. En cambio, cuando vives en una sociedad que entiende el arte como ocio y cuando vives en un país dónde el gobierno intenta machacar la cultura, acabas cuestionando la capacidad de profesionalidad de una persona que te dice que es actor, músico, escritor, pintor, diseñador  o director de cine… Y al final, han hecho que lo cuestionemos, que lo infravaloremos y que entremos en ese bucle de mentes  vacías, aletargadas y lamentables.

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La mayoría de las personas vivimos equivocadas cuando creemos que un actor es sólo aquel que sale en televisión, que un músico es aquel que llena estadios y vende millones de discos, que un pintor es aquel que murió hace años y ahora se expone en las mejores salas de todo el mundo, que un director de cine es aquel que revienta las expectativas en taquilla, que un diseñador es aquel que llena su pase en la Fashion Week y vende sus obras a un precio inalcanzable en las mejores tiendas del mundo o que un escritor es el que vende miles de libros y consigue una cola inmensa en El Corte Inglés ante miles de personas que esperan llevarse su ejemplar firmado a casa. Estamos muy, muy equivocados.

Conozco a muchísimos actores que trabajan en teatro, que no tienen miles de seguidores en las redes sociales pero viven de su trabajo, conozco a músicos que tocan en bares donde no hay más de veinte personas pero componen y son, seguramente, mucho más buenos que algunos que llenan estadios, conozco pintores que venden cuadros y pueden vivir de eso, directores que quizás no han conseguido ser millonarios con su trabajo, pero no por ello dejan de hacerlo, diseñadores de moda que venden sus prendas a precios asequibles a pesar de ser verdaderas obras de arte y conozco a escritores que llevan media vida escribiendo sin vender miles de libros.

Pero lo que es peor aún, conozco a muchísimos actores, músicos, pintores, directores, diseñadores o escritores que tienen que trabajar en muchas otras cosas más allá de su vocación (porque hablamos de vocación, señores) para conseguir poder pagar un alquiler, pagar unas facturas y poder tener una vida normal. ¿Cuántos de ellos trabajan de camareros en un bar, o de dependientes en una tienda de ropa? Así como miles y miles de jóvenes licenciados, con la esperanza casi destruida de que sus años por la facultad sólo les va a servir por el conocimiento que han adquirido y guardarán como un pequeño tesoro en su cabeza, porque ponerlo en práctica, desgraciadamente, está complicado.

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Hace poco alguien me dijo una frase que se me grabó a fuego en la memoria (y en el corazón): “Son muy pocos puestos de trabajo para muchos candidatos…”. Esto es España y esto me llena de tristeza y desesperación.

Mi amiga, la diseñadora Laura Daluna, compartió en su Facebook un video y no dudó en mencionarme, porque al verlo, supo que me iba a encantar. Me conoce bien y no se equivocaba. Quiero que veáis este video, con la cabeza y el corazón, y quiero que todos aquellos que aún tengáis los sueños intactos no dejéis que os los rompan. A los que tenéis los sueños arañados, sabéis que siempre hay tiritas y que con ganas e ilusión, nunca vamos a dejar que acaben con nosotros… Somos unos muertos de hambre, pero nuestras almas están muy bien alimentadas.

Feliz comienzo de semana, amigos.

Lorena,

Hasta siempre, Robin Williams.

A veces tienes esa necesidad de encender el ordenador y escribir. Lo que te quería contar hoy se pone en marcha por una noticia muy triste que ha conmocionado a la cultura, al arte y a las personas en todo el mundo.

Anoche, echando un vistazo a Twitter poco antes de dormir, miles de usuarios escribían y se hacía eco sobre el fallecimiento del actor Robin Williams. No me lo podía creer… Él fue uno de mis actores favoritos de todos los tiempos… Y me morí de pena.

Es curioso como a veces, sin conocer a alguien, puedes llegar a sentir tanto cariño por esa persona. A Robin Williams le quería mucha, muchísima gente. En cuestión de minutos, las redes sociales se llenaron de fotos suyas, de frases que se hicieron míticas en sus películas y mensajes de amor que demostraron lo grande que fue su trabajo.

Anoche sentí que una parte de mi infancia se iba con él… Yo he crecido con sus películas, como muchos de vosotros, los que me leéis, toda esa generación que hemos crecido acostumbrados a verle en nuestras pantallas, en muchas de nuestras películas favoritas. Muchos de nosotros hemos crecido con esa sonrisa mágica y esa mirada transparante que cautivó a miles de niños a través de varios personajes que ya son clásicos en el cine.

¿Cómo no íbamos a quererle? Si con él compartimos risas, ternura y lágrimas… Y esas cosas, al fin y al cabo, son las que nos hacen estar llenos de vida.

En la historia de mi vida hay muchas películas que vería miles de veces sin cansarme jamás, una de ellas es Señora Doubtfire, recuerdo cuando era niña lo mucho que me gustaba, lo mucho que me reía en la escena en la que se tuvo que hacer una mascarilla con nata o lo mucho que sufría en aquella cena, en dos mesas distintas, en un mismo restaurante, siendo él un rato y siendo ella en otros. Otra de mis películas favoritas de siempre es, sin ninguna duda, Jumanji. Jumanji forma parte de toda una generación, de todos aquellos que sufrimos la desaparición de Alan Parrish y su aparición muchos años después acompañado de monos, mosquitos gigantes, aventuras y un cazador… Vi Jumanji en el cine y me enamoré de ella. Recuerdo que el día antes de que saliese a la venta en VHS, mi madre fue a la tienda a pedir que me reservasen una cinta. La tuve en mis manos desde el primer día de su lanzamiento, y aquel día decidí invitar a medio colegio a casa a verla… Recuerdo a muchos niños sentados en el suelo de mi salón, niños a los que sólo conocía de vista, eran amigos de amigos, y sonrío de pensar la paciencia que tenía mi madre.

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El hombre bicentenario, Hook, El club de los poetas muertos, Patch Adams, Jack, Flubber… o Retratos de una obsesión (que me encantaba), entre otras muchas. Le recuerdo en todas y cada una de ellas y es inevitable no emocionarse. Se nos ha ido uno de los actores más grandes, pero su mirada y su magia permanecerán eternas en cada uno de sus trabajos, en cada uno de sus personajes.

Desde el principio de su carrera, Williams luchó con gran esfuerzo por conservar su personalidad única como humorista y para convertirse, al mismo tiempo, en un excelente actor de carácter. Tenía claro que no debía perder sus cualidades propias, pero que necesitaba dominar la interpretación para ser alguien en el mundo del cine. Consiguió realizar su objetivo. Considerado un actor de gran versatilidad tanto en comedia como en drama, gana finalmente el tardío reconocimiento de la Academia, que le otorga el Óscar por su actuación en Good Will Hunting, filmada en 1997.

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No se han confirmado las causas de la muerte, pero se habla de suicidio. La vida más allá de la pantalla, no deja de ser vida, y los actores no dejan de ser seres humanos… Alguien que ha hecho y hará soñar y sonreír a miles de personas en todo el mundo ha decidido, supuestamente, quitarse la vida, y a mi se me parte el corazón.

Esta mañana he perdido a mi marido y a mi mejor amigo mientras que el mundo ha perdido a uno de sus más queridos artistas y una de sus mejores personas. Tengo el corazón hecho pedazos“, declaraba su esposa.

Hoy siento mucha pena… Hoy el arte, el cine y la cultura lloran… LLoran mucho, y mi alma cruje.

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“Tanta paz lleves como risas nos dejas, Robin Williams”.

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Gracias por todo, señor Williams. Hasta siempre.

Feliz martes, amigos.
Lorena.

Duele, pero aceptamos.

La verdad que nunca he sido de madrugar mucho, ni en verano, ni en invierno, pero es cierto que cuando hace frío, estar bajo las sabanas es algo que alargaría durante toda la mañana. En verano, me gusta el aire fresquito que entra a primera hora de la mañana, tener que levantarme a bajar la persiana y seguir durmiendo hasta que mi cuerpo dice basta. Hoy ha sido uno de esos días, sin mucha prisa por levantarme, y me gusta.

Sabéis que soy una persona que muchas veces se enfada con el mundo, sufro y me da mucha rabia ver cómo los seres humanos destrozamos el mundo en el que vivimos, cómo destrozamos nuestros valores y derechos y cómo, muchísimas veces, nos pisoteamos los unos a los otros.

Hoy te quería contar algo que me pasó hace unos días… Eran sobre las nueve de la mañana, café en la mano, salí del Starbucks de Callao, en Madrid, cuando vi como una de las camareras, con un aspirador pequeñito, de esos de mano, se lo acercaba a la cara a un señor que estaba sentado en el suelo, en la puerta de su establecimiento, medio dormido y pidiendo dinero. Él, como es lógico, se sobresaltó con el ruido del aspirador y la camarera empezó a reirse a carcajadas diciéndole a una de sus compañeras “‘¡Lo he asustado!“. No sabéis la pena que me produjo esa escena. ¿Cómo no iba a asustarle si a las nueve de la mañana vamos todos medio dormidos por la calle? ¿Cómo podía reírse de esa forma de una persona que bastante tristeza tendrá por tener que dormir en la calle?

Avancé la Gran Vía con el corazón en un puño… Habían pasado más de 5 minutos y miré el reloj, tenía tiempo de sobra. Di media vuelta y volví a Callao. Justo cuando llegué encontré a la misma camarera entrando por la puerta y la llamé con un, “Perdona…“, ella, con una sonrisa, me quiso atender.

Le expliqué que había dado media vuelta sólo para decirle lo mal que me había parecido su actitud, que me había parecido cruel y cobarde. Ella, me pidió mil veces perdón y me explicó que conocía al hombre en cuestión, que siempre estaba en la puerta y a veces, incluso, le daban agua (Oh! Gracias.), me dijo que lo del aspirador había sido una broma entre ellos, que no podía dejarle estar en su puerta, pero que si no hubiese “confianza” no lo habría hecho así. Me pidió perdón si esa era la imagen que había dado y me agradeció que hubiese vuelto para decírselo. Le expliqué que efectivamente había causado muy mala imagen, como persona y como empleada de ese establecimiento, pero sobre todo, como lo primero. Su gesto y sus risas me habían parecido muy crueles y le dije que estaba cansada de que los seres humanos veamos cosas que nos parecen mal y nos callemos la boca.

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Me fui más tranquila. Si era verdad su historia o no, no lo sé, pero al menos, lo que pude hacer por mi parte lo hice. ¿Sabéis qué pasa? Que he llegado a un punto en mi vida en el que las injusticias sociales (y son muchas) me hacen daño en el corazón, como estoy segura que a ti te pasa. Lo que me duele realmente es que hayamos aceptado a vivir con ese dolor.

Estoy segura que nos duele a todos (quiero pensar que a todos) que haya guerras en el mundo y niños muriendo de hambre… Nos duele, pero lo aceptamos porque creemos que no podemos hacer nada. Nos duele que haya políticos que nos roban y nos recortan derechos, eso nos enciende la sangre y nos llena de rabia, pero aceptamos que eso existe y creemos que no podemos hacer nada. Nos duele que haya niños maltratados y violados en el mundo, en nuestro país, o al otro lado del planeta, nos duele mucho, pero aceptamos que eso existe y creemos que no podemos hacer nada. Nos duele que cada día se abandonen animales, que haya racismo, que exista el maltrato físico a las personas… Hay miles de cosas que nos duelen, pero hemos acabado aceptando que existen y hemos acabado aceptando no podemos luchar contra ellas.

Muchas historias nos duelen cada día, porque las vemos en las noticias, las leemos en la prensa o las vemos en televisión, pero su disfunción narcotizante han hecho que nos acostumbremos a verlas, a saber que existen y nuestra mente ha acabado aceptando que eso forma parte de nuestro mundo, aunque nos llene de sufrimiento.

Me duele vivir en un mundo así. Me duele vivir en un mundo dónde los seres humanos tenemos la capacidad de solucionar los problemas, porque sólo nosotros tenemos esa capacidad y ver que no hacemos nada. No es que no hagamos nada por las cosas que pasan en un país a millones de quilómetros, es que no hacemos nada por las cosas que pasan en nuestra misma ciudad. Somos egoístas por naturaleza y conformistas por costumbre, y eso me da muchísima pena.
Tenemos la capacidad de cambiar el mundo, ese poder sólo es nuestro, así que sólo faltan ganas y unión para intentar mejorar las cosas, sólo eso, porque una vez más tengo que recordar una de mis frases favoritas, que una vez escribió Alejandro Sanz: “Si la gente supiese lo fácil que es trabajar codo con codo, en vez de a codazos…”

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Feliz lunes, amigos.
Lorena.

Al encuentro de Mr. Banks.

Me parece que este verano os tengo y os voy a tener muy acostumbrados a las idas y venidas… Perdonadme, pero es que no paro y eso me hace muy feliz. El verano es para eso, para no dejar de moverte, para ir a los lugares que te gustan, para reencontrarte con la gente que quieres, para salir, para reír, para disfrutar del día hasta el final de la tarde, para apurar los suspiros de felicidad en la calle.

Estuve en Madrid unos días y volví el fin de semana a l’Olleria. Como habréis visto los que estáis en Instagram, para irme de boda y vivir un fin de semana maravilloso reencontrándome con toda mi familia, con todos esos primos y tíos a los que no suelo ver, y ha sido precioso. He sido muy feliz.
Reencontrarme con mi familia hizo que los recuerdos se pronunciasen en sonrisas, tuvimos la suerte y la capacidad de viajar en el tiempo a través de ellos y como siempre pasa en estos eventos, tuvimos que emocionarnos mucho al echar de menos a todos aquellos que no están.

A veces, me da miedo hacerme mayor y olvidarme de algunos recuerdos. Creo que alguna vez ya os he hablado de esto, pero a mí me encanta recordar algo que alguien me dijo una vez: todos nuestros recuerdos permanecen en nuestra memoria, sólo que algunos son recuerdos dormidos que sólo despiertan cuando un hecho puntual sucede. Un olor, una canción o un lugar que son capaces de despertar ese recuerdo enterrado y transportarte a aquel momento en el que aquello sucedió.
Por supuesto, habrá mil momentos de mi vida que no recuerde, pero los que recuerdo supongo que son los más importantes y quiero recordarlos siempre.
Los veranos de mi infancia fueron tan, tan bonitos. Era feliz con muy poco, porque quienes estaban a mi alrededor hacían que con eso fuese más que suficiente. Recuerdo las tardes en el pequeño coche de mi abuelo, un Seat Fura color rojo que hoy en fotos me sigue sacando una sonrisa. En ese coche iba a la piscina, todas las tardes, porque mientras mi madre trabajaba, mi abuelo me traía y me llevaba, a la piscina, al campo de mis tíos, a jugar con mis amigas… Donde fuese. Él, sin duda, ha sido el mejor padre que la vida me podía haber dado.

Muchas veces os he hablado de lo feliz que fui, y es que ojalá todos los niños pudiesen tener una infancia feliz, ricos o pobres, simplemente que todos tuviesen las necesidades básicas y mucha, mucha felicidad.
Si viajo a mi infancia, hay una protagonista indiscutible con la que pasaba horas y horas desde el otro lado de la televisión. Mary Poppins, entre otros personajes de ficción, fue una de mis favoritas cuando fui niña, y una de mis favoritas en el paso del tiempo.

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Hace unos meses, una tarde de frío tuve un “antojo” inmenso de comer chocolate y ver la película de la niñera más bonita del mundo. Me fui al Fnac, me compré el DVD y me di uno de esos caprichos simples que pueden llegar a hacerte enormemente feliz. Hacía mucho tiempo que no veía la película, pero no dejé de sonreír y sorprenderme al recordar las canciones a la perfección y saberme, todavía, muchos diálogos de memoria. Por eso son tan importantes los recuerdos, los dormidos o no, por esa capacidad de hacerte viajar en el tiempo, por esa capacidad de recorrer tu vida desde un punto concreto y hacerte feliz.

Hace relativamente poco, vi un anuncio en televisión sobre una película enlazada directamente con Mary Poppins, y se me ocurrió pronunciar en voz alta que la quería ver. Como muchos ya sabéis, me suelen tener muy mimada y por mi cumpleaños, uno de los regalos de Sergio fue el DVD de Al encuentro de Mr. Banks.
Con el anuncio, no sé por qué, pensé que esto sería una continuación de la película, que me encontraría con Jane y Michael Banks de mayores y que sabría qué había sucedido en sus vidas cuando Mary Poppins volvió a salir de ellas, pero lo que encontré fue mucho mejor.

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Sin ninguna duda, esta película está hecha por y para aquellos que soñaron con la magia de Mary, aquellos que quisieron recoger sus juguetes y el desastre de su habitación dando palmadas y cantando canciones, aquellos que quisieron subir las escaleras sentados en las barandillas, ser capaces de saltar dentro de un dibujo pintado sobre la acera del parque, aquellos que quisieron dar vida a los caballos de un tiovivo, tomar jarabe para la tos de colores y sabores sorprendentes, aquellos que sabían que con un poco de azúcar todo pasaría mejor o aquellos que saben que supercalifragilisticoespialidoso suena extravagante, raro y espantoso, pero que si lo dices con soltura sonará armonioso… Al encuentro de Mr. Banks es una película dedicada a todos ellos, a todos nosotros, a todos los que nos hemos hecho mayores pero seguimos guardando una sonrisa y mucho amor a la niñera que sacaba miles de cosas de un bolso que aparentemente estaba vacío.

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Tom Hanks y Emma Thompson protagonizan la historia sobre el origen de Mary Poppins, uno de los clásicos de Disney más querido de todos los tiempos. Dirigida por John Lee Hancock, descubrimos la historia de cómo Mary Poppins llegó a la gran pantalla y a las televisiones de muchas generaciones alrededor de todo el mundo.
Walt Disney (Tom Hanks) les prometió hace muchos años a sus hijas que conseguiría llevar al cine la historia de su cuento favorito, y tras veinte años intentando adquirir los derechos del querido libro de P.L Travers (Emma Thompson) consigue reunirse con la obstinada escritora para liberar todos sus miedos, todos los recuerdos que guarda de su infancia y dejar a May Poppins en libertad para contagiar de magia a miles de niños y convertirse, con el tiempo, en una de las historias más entrañables de la historia del cine.

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Nos emocionaremos en el viaje en el tiempo que la escritora de Mary Poppins hace a través de sus recuerdos, nos emocionaremos descubriendo cuál es la verdadera historia que esconde la historia que nosotros conocemos y nos emocionaremos viendo, paso a paso, cómo se fueron ultimando los detalles antes de lanzar la historia al cine, o como se crearon las canciones que posteriormente se convirtieron en parte de la BSO de nuestras vidas.

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Estoy segura que a todos nosotros, los recuerdos de nuestra infancia nos arrancan una sonrisa. Tanto a aquellos a los que los juegos protagonistas de sus días estaban correteando en la calle, con cuerdas y pocas cosas materiales, con risas y muchos años de por medio, como a aquellos que ya hemos crecido en un tiempo totalmente ligado a la tecnología. Nuestra infancia es sólo nuestra y consigue arrancarnos una sonrisa, porque la inocencia de los niños, incluso en aquellos niños que sufren, consigue guardar en la memoria las cosas bonitas que nos hicieron felices.
Si además de ser nostálgico y sonreír al viajar en el tiempo, al recordar las meriendas que te preparaba tu abuela, las tardes de verano en la calle, la piscina o la playa, las risas y los juegos, si además de todo eso, fuiste un gran admirador de Mary Poppins, te pido por favor que te regales una tarde de mimos. Prepárate tu merienda favorita, cómprate el helado que más te guste y vete al encuentro de Mr. Banks, la historia para todos aquellos que ya nos hemos hecho mayores.

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Feliz tarde, amigos.
Lorena.

David Bisbal: “¡Buenas noches, mi Madrid!”

Después de una semana de locura, de no parar, de muchísimo trabajo y las energías agotadas, por fin llega el domingo para darme el descanso que tanto necesitaba.

El jueves por la noche, David Bisbal, conquistaba Madrid con su gira Tu y Yo, con El Palacio de los Deportes completamente lleno y con la energía que le caracteriza. Yo estuve allí y hoy, te lo quería contar.

Como muchos de vosotros, la primera vez que vi a David fue en un programa de televisión en el que él participaba, yo tenía unos trece años y viví aquel fenómeno televisivo de forma muy intenta. Es verdad que, ahora, con el tiempo en la espalda,  recuerdo aquellos momentos, aquel primer disco o aquella primera gira con una sonrisa y miles de recuerdos bonitos. El tiempo pasa y un concierto no se vive igual cuando tienes 14 años que cuando tienes 27, para mí, ya es casi imposible imaginar las muchas horas de cola que antes hacía para poder estar en la primera fila, pero lo que sí es cierto, que cuando un artista te gusta, la magia y la ilusión de un directo, se viven de la misma forma, aunque llegues al recinto del concierto sólo una hora antes de que empiece el espectáculo.

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Tras su gira acústica, de la que acabé locamente enamorada, me costaba asimilar volver a ver al David de siempre, al de las patadas y las volteretas… Efectivamente, incluso en este nuevo formato, al que siempre habíamos estado acostumbrados, aunque lleno de energía, encontramos a un Bisbal más tranquilo sobre el escenario, pero con la misma fuerza de siempre. De los discos del cantante, uno de mis favoritos es Sin Mirar Atrás, el trabajo anterior a su gira acústica.  Tu y Yo no se queda corto. David Bisbal cuenta con un equipo de trabajo que cuida al detalle cada uno de sus pasos y eso se nota. El directo, por supuesto, fue increíble.

Le acompañan unos músicos impecables, y sentí mucha emoción al ver a Ludovico, el guitarrista que le acompaña, sentí emoción por la gran admiración que mi novio siente hacia este hombre, con el que ha tenido oportunidad de dar clases. Y sabía que si hubiese estado allí conmigo, lo habría disfrutado tanto como yo. Ludovico es un grande, y de eso no hay ninguna duda.

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Lydia es periodista, valenciana afincada en Madrid como yo, y hace años, por una casualidad de la vida, nos conocimos de forma “indirecta” gracias a Bisbal. Fui al concierto con ella y con Andrea, otra amiga, y la magia de la música, de los recuerdos y de la felicidad, se apoderaron de nosotras desde el primer momento.

Las luces, el sonido, todos y cada uno de los detalles audiovisuales hicieron que la puesta en escena fuese realmente impresionante. Recuerdo que una vez, hace años, leí algo que decía, más o menos, que David Bisbal no había cumplido su sueño, porque su sueño habría sido vivir, simplemente, encima de un escenario, tener un disco, y dedicarse a la música. David Bisbal no ha cumplido su sueño, porque ha conseguido algo con lo que estoy segura jamás se hubiese atrevido a soñar. Es indiscutible que es uno de los artistas españoles con más alcance internacional, es una auténtica estrella que ya convierte en oro todo aquello que se atreve a tocar. Le miraba en el escenario y pensaba que él ya estaba acostumbrado a esto, a llenar estadios y cantar para miles de personas en todo el mundo, pero a mí me es inevitable acordarme de sus inicios, de su inocencia, de su sorpresa ante todo, y me fue inevitable pensar en las veces que él echará la vista atrás y se verá en su Almería, en su orquesta Expresiones, y creo, a ciencia cierta, que se sigue emocionando y sorprendiendo por todo lo que está pasando, unos cuantos años después.

Las canciones de su nuevo disco con fragmentos del mediometraje Tu y Yo que protagonizó junto a la actriz María Valverde, fueron sin duda, los protagonistas de la noche. No faltaron, por supuesto, sus canciones más sonadas como Ave María, Al.Andalus, Lloraré las penas o Quién me iba a decir, que hicieron poner en pie y bailar a todo el Palacio de los Deportes. Uno de los momentos más emotivos fue el turno de Dígale, cantada por el público. Todavía se me ponen los pelos de punta.

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La noche, además, tuvo sorpresas, como el momento en el que David compartió escenario con India Martínez, la portuguesa Cuca, o Pablo López al piano. El momento con Pablo fue uno de los más emotivos de la noche, además de por ellos dos, por la canción que interpretaron. El Ruido es, para mí, la canción más bonita que tiene Bisbal en toda su discografía. Compuesta por mi querida Vega, esa canción es simplemente una obra de arte.

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Vega no podía dejar de formar parte de este nuevo trabajo, y en Tu y Yo, ha dejado su huella componiendo No Amanece y Culpable, las que son, para mí, las canciones más bonitas de este disco. Culpable es la balada por excelencia y por lo que he podido ir leyendo por las RRSS, la favorita por los seguidores del cantante. Culpable es una canción, que simplemente es magia. Gracias Vega, gracias siempre, por hacer de las emociones más puras, las canciones más bellas…

Como todo en este blog, porque es mi blog, y aquí, inevitablemente, expongo mis puntos de vista sobre las cosas, este post está vacío de objetividad, porque no sé ser objetiva en este tema, porque salí completamente emocionada de ese concierto, con las emociones a flor de piel, y porque el viernes, cuando me desperté, seguía con la misma energía. Pero, amigos míos, esa es, sin ninguna duda, la magia de la música.

Me encantan los conciertos, y creo que cualquier amante de la música disfruta de un directo. Es cierto que los conciertos de David son para mí más especiales, porque son emociones, porque son recuerdos y porque son las canciones que forman parte de la banda sonora de mi vida.

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Su música podrá gustarte más o podrá gustarte menos, pero creo que la mayoría podremos coincidir en que David Bisbal es un tío muy majo. Cuando te dedicas a esto, acabas conociendo o tratando a muchos artistas y con el corazón en la mano, y sólo aquí desde la objetividad,  creo que pocos son los que absolutamente siempre están dispuestos a regalar una sonrisa. David Bisbal es así. No he visto a nadie más agradecido y atento con los medios de comunicación, así como con sus seguidores o todas las personas que se le acercan para mostrarle su cariño o simpatía, y creo que eso, amigos míos, es digno de admirar. Muchos pensaréis que eso forma parte de su trabajo, y soy de las que piensa que en parte sí y en parte no. Un artista se debe a su público, está claro, pero un artista, ante todo, es persona y las personas a veces tenemos días malos en los que no nos apetece ser simpáticos o no nos apetece sonreír, pero parece que muchas veces nos olvidamos de esto.

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Disfruté del concierto con la misma ilusión que lo hacía cuando tenía quince años, porque una vez estás ahí, te das cuenta que el tiempo, frente a la música, no ha pasado.

He tenido la oportunidad de poder compartir momentos muchas veces con él, pero sin duda, uno de los más bonitos de los últimos años fue hace sólo unos meses, cuando acudí con La Caja de Música a la premiere del mediometraje Tu y Yo que se celebró en los cines Callao de Madrid.

La música tiene esa magia infinita que es crear un lenguaje universal y hacer que las sonrisas y las lágrimas sean entendidas por millones de personas. Porque la vida, no tendría sentido sin la música.

Enhorabuena a David Bisbal y a todo su equipo por la maravillosa noche que nos regalaron en Madrid, enhorabuena por los éxitos más que merecidos, por ser una persona que nunca se cansa de trabajar…

Sin ningunda duda… ¡Viva la música!

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Feliz domingo, amigos.

Lorena.