Inuit, esos músicos de verdad…

He de confesar que estoy muy nerviosa. Como bien sabéis, el 25 de noviembre (sí, dentro de 3 días) presento Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos en la librería Cervantes (c/Pez, 27), en el céntrico barrio de Malasaña, en Madrid. Presentación a la que estáis invitadísimos todos y que estará llena de sorpresas, libros, cariño y risas… Pero hoy no vengo a hablar de mí. Hoy vengo a hablar de la música, porque no he encontrado mejor forma de empezar un domingo, y porque no conozco a nadie que sepa vivir sin ella.

Hoy te quería contar que mi amigo Mario es uno de esos músicos de verdad, y el por qué de esta afirmación lo iréis entendiendo a lo largo de este post. Pero empecemos por el principio. Todo esto se remonta al 2003 o 2004, no lo recuerdo bien. Él entró en un conocido programa de televisión y yo le conocí a través de él. Quienes me conocen, saben que OT caló muy fuerte en mí, bueno es que Operación Triunfo caló hondo en toda una generación, marcando un antes y un después en la historia de la tele de nuestro país. Su primera edición me pilló con sólo 13 años y claro, fui el objetivo perfecto para entrar dentro de ese fenómeno fan al que, por supuesto, no me quise resistir, y es que yo, siempre he sido muy fan. Mario estuvo en la tercera edición, la última de Televisión Española, por entonces, sólo éramos unos niños, el de Zaragoza, yo de Valencia… Pero la vida, mucho tiempo después, nos convirtió en grandes amigos.

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Nos conocimos por casualidad bastante antes de que yo llegase a Madrid y cuando me instalé en sus calles, él era una de las pocas personas que conocía en esta ciudad. Puedo decir, muy orgullosa y agradecida, que fue uno de esos amigos que me “salvaron la vida” (al menos la social) en esos primeros meses de soledad en la capital. Nos convertimos en muy buenos amigos y compartimos muchas horas de risas, cafés, historias… Y música. Nunca había conocido a nadie que insistiese tanto por conseguir sus sueños, y quizás, de algún modo, consiguió contagiarme su ilusión para luchar, un tiempo después, por los míos, quién sabe. Cuando ni si quiera sabía cómo pagaría las facturas a final de mes, él lo seguía teniendo claro: quería vivir de la música, quería vivir de las canciones, de las melodías, de los conciertos. Y, así, cada mañana, se despertaba y se sentaba con su guitarra frente al ordenador, a componer, a ver, día tras día, cómo se agotaba la esperanza, y cómo, quizás, nadie les daría una oportunidad. Y digo les, porque por aquel entonces, Mario, Toño, Jimmy y Siddartha ya se habían embarcado en el grupo que iba a dar forma a sus sueños y en el grupo que, tarde o temprano, debía hacer que el mundo conociese lo que ellos hacían, música de verdad, de esa que se crea con la ilusión, el esfuerzo, el talento y la magia… como ingredientes principales. Y Inuit, cocinando a fuego lento y sin descanso, hace sólo una semana presentaba su segundo trabajo discográfico, y yo, mientras les escuchaba entre la gente y sus aplausos, me acordé de todo esto y no pude ser más feliz.

Tras ganar un concurso en el estudio TAF de Móstoles, Inuit veía cómo su sueño se iba haciendo realidad y, así, grabaron su primer disco, que tuvo como consecuencia un montón de bolos y conciertos que les ha llevado a recorrer las carreteras de nuestro país. Ellos siguen soñando con algo tan básico y esencial como vivir de lo que saben hacer, de esa pasión que les acelera el corazón, de la música, de esa misma música que el resto de la humanidad tampoco sabemos vivir sin ella. Sin rendirse ni un segundo, llega su nuevo trabajo, Correr Despacio, que se presentó la semana pasada en El Perro De La Parte de Atrás del Coche, una sala de conciertos en Malasaña. Entre amigos, conocidos y las seguidoras de su banda, nos regalaron un concierto increíble, en el que el trabajo bien hecho fue la pieza esencial de ese puzzle que ellos mismos han ido montando.

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Mis ganas de comerme el mundo, Fue un placer, Perfeccionándome, No te escondas y ¿Dónde estás?, son los nuevos temas que componen este proyecto, del cual encontraréis toda la información en su web Inuit.es o en sus redes sociales como Facebook (Inuit) o Twitter (@inuitoficial). Os recomiendo seguirles, porque a pesar de que llevan muchos años dándole duro a todo esto, luchando contra un mundo que cada vez es más complicado, os aseguro que su camino no ha hecho más que empezar, además, tuve la suerte de ir con Sergio a verles (que él de música entiende un buen rato) y al salir sólo me dijo: “¡Son muy buenos!”, y yo afirmé: “Y luchadores”.

Ya sabéis que me enamoro del arte, que me encantan las personas que lo convierten en su forma de vida. Me gustan mucho las personas que luchan por sus sueños, saltando cada obstáculo y, sobre todo, me gusta la gente que trabaja poniendo tanta pasión y consigue, como no puede ser de otro modo, que el resultado final sea, simplemente, brillante. ¡Felicidades y mucha mierda, Inuit!

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Feliz domingo, amigos.

Lorena.

Arte, moda, Oysho y Madrid.

El día ha amanecido como siempre lo hace, con una sonrirsa. A pesar de su apariencia gris y su actitud fría, él sonríe complaciente. Es viernes, y sabe que a todo el mundo gusta. Tras una mañana de mucho lío, por fin me siento frente al ordenador para decirte que anoche estuve en la Pop-up Gallery de Oysho que se celebró en la calle Hermosilla de Madrid. Una de mis tiendas favoritas se convirtió ayer en una auténtica galería de arte, y en arte y moda no pude encontrar una combinación mejor.

Muchas veces, muchos de vosotros cuando me escribís, me contáis que a través de mis posts sentís que me conocéis, y la verdad que a medida que pasa el tiempo y os voy contando alguna historia nueva, yo también siento que es así, que yo cuento historias a gente que me “conoce” y a la que poco a poco yo también creo conocer. Como bien sabéis, estoy un poco enfadada con el mundo, un poco bastante, por las pocas oportunidades que se están dando a los jóvenes de nuestro país. En cualquier ámbito, desarrollarse profesionalmente no es fácil, pero si hablamos de arte y de alguien que tiene una capacidad creativa extraordinaria, muchas veces es más complicado aún contar con los medios suficientes para desarrollarla. Por suerte, aún quedan iniciativas y grandes proyectos por parte de algunos, como es el caso de Oysho que apuesta por dar una oportunidad a quien realmente lo merece.

Oysho es desde hace años una de mis tiendas favoritas. Aunque es cierto que en los últimos años su evolución ha sido increíble y cada vez me gusta y me atrapa más, desde que la conocí hace casi ocho años se ha convertido en imprescindible, tanto en mi armario, como en mi vida. Una amiga siempre decía que Zara viste a la mujer por fuera, mientras Oysho lo hace por dentro. Y esa frase siempre me gustó. Pero con el tiempo, Oysho viste a la mujer por dentro y por fuera, incluyendo una serie de complementos de casa increíbles como las mantas, estos últimos inviernos. Por no hablar de su colección gym que me tiene locamente enamorada. Oysho es elegancia, romanticismo, sensibilidad, delicadeza, ternura, frescura, actualidad, sencillez y discreción junto a una mujer moderna, actual, independiente y decidida. Así veo yo la firma, y así es como me gusta identificarme con ella.

Hace unas semanas, Oysho anunciaba en todas sus Redes Sociales, así como en sus tiendas, el concurso de ilustraciones que se acababa de poner en marcha. El ganador sería el encargado de ilustrar una colección cápsula de camisetas de Oysho, que le daría la oportunidad de ver sus propias creaciones dar la vuelta al mundo y, además, se llevaría mil euros en efectivo. Los trabajos finalistas se expondrían en la tienda de la calle Hermosilla de Madrid, convirtiéndola en una auténtica galería de arte y en ese mismo evento se conocería el ganador. Pues el momento llegó y anoche, entre ilustraciones, moda, buena música y excelente comida, se dio cita a bloggers, prensa y demás invitados en una fiesta en la que estuve y hoy te lo quería contar.

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No es la primera vez que Oysho emprende esta iniciativa. Hace un año, aprovechando la reinauguración de la tienda de Gran Vía, también en Madrid, se celebró este mismo certamen.

Los cuadros estaban expuestos por toda la tienda, entre colecciones de ropa, maravillosa corsetería y precioso calzado. Aunque el ganador no se conocería hasta el momento de anunciarlo en la propia fiesta, había una ilustración coronando orgullosa el escaparate, que podía intuir a los más avispados que había sido la gran triunfadora. Una dj se encargó de poner música y diversión en la primera planta de la tienda, camareros incansables se pasearon de arriba a abajo con una gran variedad de comida y bebida que a nadie dejó indiferente.

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Las dependientas, pese a la aglomeración y la mala educación de quienes posaban sus vasos vacíos en las mesas donde estaba expuesta la propia ropa, no perdieron en ningún momento la sonrisa, atendiendo a todo el mundo y ofreciéndose, incluso, a buscar tallas. Y os preguntaréis, es que la gente estaba de fiesta y comprando ropa? Pues sí. Unos días antes, se repartieron en todo Madrid unas Mistery Cards que contenían una cantidad secreta que oscilaba entre los 5 y 100 euros y se podía canjear durante todo el día de ayer en esta tienda. Los invitados, también tenían la suya y aprovecharon la ocasión para usarla en el momento. Y los 100 euros tocaron, doy fe de ello!! (NO, no fue a mí).

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Nuria Riaza, con esta ilustración, que nos regalaron junto a una bolsa de tela, al salir, fue la ganadora del concurso. Pronto veremos sus diseños en una colección de camisetas de Oysho que estoy segura nos van a encantar.

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Ojalá todas las grandes firmas y las grandes empresas, organizasen proyectos de este tipo, porque ahora más que nunca nos tenemos que ayudar los unos a los otros. Hay que fomentar la creatividad, y apoyar a los jóvenes talentos, a los jóvenes emprendedores y a todas esas personas que merecen y necesitan una oportunidad.

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Una no puede acudir a una fiesta de Oysho sin llevar ropa de allí. El vestido que llevo en la imagen es de esta temporada y su precio es 29,99 €, es un vestido básico y aunque ayer lo llevaba combinado con unos tacones, el otro día lo llevaba con unas botas planas y quedaba monísimo también. Yo lo compré en la tienda de Gran Vía, en Madrid, que es la tienda que más frecuento porque tanto la tienda como la atención al cliente me parecen increíbles. Si no lo encuentras en tu tienda más cercana, es importante que recuerdes que Oysho tiene tienda online: http://www.oysho.com, donde puedes encontrar todas sus colecciones y comprar todo lo que quieras en internet, porque te lo mandan de forma gratuita a tu tienda más cercana.

“Las modas pasan, el estilo permanece”. Coco Chanel.

Feliz viernes, amigos!!

Lorena.