Hasta siempre, Robin Williams.

A veces tienes esa necesidad de encender el ordenador y escribir. Lo que te quería contar hoy se pone en marcha por una noticia muy triste que ha conmocionado a la cultura, al arte y a las personas en todo el mundo.

Anoche, echando un vistazo a Twitter poco antes de dormir, miles de usuarios escribían y se hacía eco sobre el fallecimiento del actor Robin Williams. No me lo podía creer… Él fue uno de mis actores favoritos de todos los tiempos… Y me morí de pena.

Es curioso como a veces, sin conocer a alguien, puedes llegar a sentir tanto cariño por esa persona. A Robin Williams le quería mucha, muchísima gente. En cuestión de minutos, las redes sociales se llenaron de fotos suyas, de frases que se hicieron míticas en sus películas y mensajes de amor que demostraron lo grande que fue su trabajo.

Anoche sentí que una parte de mi infancia se iba con él… Yo he crecido con sus películas, como muchos de vosotros, los que me leéis, toda esa generación que hemos crecido acostumbrados a verle en nuestras pantallas, en muchas de nuestras películas favoritas. Muchos de nosotros hemos crecido con esa sonrisa mágica y esa mirada transparante que cautivó a miles de niños a través de varios personajes que ya son clásicos en el cine.

¿Cómo no íbamos a quererle? Si con él compartimos risas, ternura y lágrimas… Y esas cosas, al fin y al cabo, son las que nos hacen estar llenos de vida.

En la historia de mi vida hay muchas películas que vería miles de veces sin cansarme jamás, una de ellas es Señora Doubtfire, recuerdo cuando era niña lo mucho que me gustaba, lo mucho que me reía en la escena en la que se tuvo que hacer una mascarilla con nata o lo mucho que sufría en aquella cena, en dos mesas distintas, en un mismo restaurante, siendo él un rato y siendo ella en otros. Otra de mis películas favoritas de siempre es, sin ninguna duda, Jumanji. Jumanji forma parte de toda una generación, de todos aquellos que sufrimos la desaparición de Alan Parrish y su aparición muchos años después acompañado de monos, mosquitos gigantes, aventuras y un cazador… Vi Jumanji en el cine y me enamoré de ella. Recuerdo que el día antes de que saliese a la venta en VHS, mi madre fue a la tienda a pedir que me reservasen una cinta. La tuve en mis manos desde el primer día de su lanzamiento, y aquel día decidí invitar a medio colegio a casa a verla… Recuerdo a muchos niños sentados en el suelo de mi salón, niños a los que sólo conocía de vista, eran amigos de amigos, y sonrío de pensar la paciencia que tenía mi madre.

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El hombre bicentenario, Hook, El club de los poetas muertos, Patch Adams, Jack, Flubber… o Retratos de una obsesión (que me encantaba), entre otras muchas. Le recuerdo en todas y cada una de ellas y es inevitable no emocionarse. Se nos ha ido uno de los actores más grandes, pero su mirada y su magia permanecerán eternas en cada uno de sus trabajos, en cada uno de sus personajes.

Desde el principio de su carrera, Williams luchó con gran esfuerzo por conservar su personalidad única como humorista y para convertirse, al mismo tiempo, en un excelente actor de carácter. Tenía claro que no debía perder sus cualidades propias, pero que necesitaba dominar la interpretación para ser alguien en el mundo del cine. Consiguió realizar su objetivo. Considerado un actor de gran versatilidad tanto en comedia como en drama, gana finalmente el tardío reconocimiento de la Academia, que le otorga el Óscar por su actuación en Good Will Hunting, filmada en 1997.

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No se han confirmado las causas de la muerte, pero se habla de suicidio. La vida más allá de la pantalla, no deja de ser vida, y los actores no dejan de ser seres humanos… Alguien que ha hecho y hará soñar y sonreír a miles de personas en todo el mundo ha decidido, supuestamente, quitarse la vida, y a mi se me parte el corazón.

Esta mañana he perdido a mi marido y a mi mejor amigo mientras que el mundo ha perdido a uno de sus más queridos artistas y una de sus mejores personas. Tengo el corazón hecho pedazos“, declaraba su esposa.

Hoy siento mucha pena… Hoy el arte, el cine y la cultura lloran… LLoran mucho, y mi alma cruje.

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“Tanta paz lleves como risas nos dejas, Robin Williams”.

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Gracias por todo, señor Williams. Hasta siempre.

Feliz martes, amigos.
Lorena.

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Cosas de Tríos.

Me gusta el teatro, la verdad es me gusta mucho. Me gusta poder disfrutar de la interpretación, así, tan de cerca, tan de verdad. Me gusta ver a los actores, acercándote a la historia hasta conseguir que te adentres en ella, me gusta escuchar las risas de los espectadores, me gusta ver los aplausos y las caras llenas de satisfacción de los protagonistas al recibirlos.

La Sala Nada es un espacio teatral alternativo que se sitúa en la calle Santa Ana, número 6, en pleno corazón de La Latina. Hace poco más de una semana, mis amigas de Valencia venían a pasar el fin de semana a Madrid, y aprovechando que unos amigos están haciendo una obra de teatro, no pude encontrar mejor plan para ofrecerles a ellas. La Sala Nada es un espacio más bien pequeño que casi podría pasar desapercibido en la calle, pero como las mejores cosas, el encanto está totalmente en el interior. Qué sitio tan bonito… Alternativo, moderno, diferente. No sabría decir si es un lugar muy propio de Madrid o si parece que lo hayan cogido de Barcelona para traerlo aquí, o si quizás es un poco de aquí y de allí y quizás por eso resulta tan especial. Cuando entramos, mis amigas y yo nos miramos, y con esa complicidad en las miradas que sólo tienes con tus amigas, sabíamos que todas pensábamos lo mismo: ¡Nos encantaba el lugar!

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Como venía siendo costumbre en la Grecia clásica, Cosas de tríos, se nos presenta en un formato de varias obras con el mismo hilo argumental. En este caso, el total de tres obras que se estrenarán en distintos espacios temporales (marzo, abril y mayo) será la historia final y completa.

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Jaime, (Alex Casademunt) es un joven actor que no asimila su fracaso profesional y está convencido de que el papel de su vida está al caer, es más, sigue alimentando su ilusión gracias a un trabajo que tuvo hace ya demasiados años. Mónica (Clara Climent), su chica, acaba de recibir una oferta de trabajo desde Chile y sabe que no puede dejar escapar esta oportunidad… Su ilusión, por su puesto, es que su novio la acompañe en esta nueva aventura. Él, por su lado, está preparando el casting para un nuevo trabajo y cree que no es el momento idóneo para marcharse tan lejos, tan lejos de su casa y sus oportunidades. La diferencia de opiniones, como siempre, acaba en tomar una decisión que cambiará la historia de esta pareja.

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Luismi (Luisber Santiago) y Tomás (Víctor Elías) son los mejores amigos de Jaime. Son unos personajes en toda regla, peculiares y con unas personalidades bastante curiosas. Su objetivo: ligar, y cuanto más mejor. Tomás no entiende porque Luismi tiene tanto éxito entre las mujeres y tiene un plan que hasta el momento no sabemos si es por venganza o cuál es su finalidad. Preocupados por la situación de su amigo con Mónica, deciden actuar e intentar ayudarles y, claro, la idea que ellos plantean os aseguro que no es la mejor solución. Lo que han planeado parece que cobra forma y sigue hacia adelante, pero lo que pasará no lo sabremos hasta que empiece la segunda parte de esta historia.

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Cosas de Tríos es una obra que dura 40 minutos y al espectador, sin duda, se le hacen cortos y eso es maravilloso. Desde el minuto cero las risas están aseguradas, es una historia fresca, divertida, cercana y con una interpretación maravillosa que a mí, personalmente, me sorprendió muy gratamente.

Cosas de Tríos os espera los viernes, los sábados y los domingos en la Sala Nada de Madrid, y yo os la recomiendo cien por cien. Es una obra hecha con ilusión y trabajo, y eso siempre se nota a la hora de ver los resultados. Cosas tan curiosas como las dos voces que es capaz de poner Luismi o que el politono de Jaime sea “Mi música es tu voz” (la que fue la BSO de la primera edición de Operación Triunfo, de la que él fue participante) os harán reír, sin dudarlo.

En Madrid hay muchos espacios teatrales, hay muchísima gente que se dedica a la interpretación y muchísimos jóvenes (y no tan jóvenes) que viven de su sueño y su esfuerzo por hacer que el teatro sea su forma de vida. Seguramente es por eso por lo que tanto me gustan las salas pequeñas, las obras como ésta. Los actores de Cosas de Tríos son personas conocidas en el mundo de la televisión, pero aún así las cosas no son fáciles para nadie. Vivimos en una situación donde no hace falta que os recuerde que la cultura se está convirtiendo en un lujo a los que muchas personas no pueden acceder, y esto no son caprichos. Todos deberíamos tener la oportunidad de disfrutar de ella, así como todos los que la ofrecen deberían poder hacer de ésta su forma de vida. Necesitamos consumir cultura, y os aseguro que el teatro es una de las cosas más mágicas y maravillosas de las que jamás uno se puede arrepentir de disfrutar. Las entradas para esta obra cuestan solamente diez euros (cinco si eres estudiante), así que si estáis en Madrid o tenéis pensado venir a pasar unos días, no olvidéis que más allá de Gran Vía, los grandes teatros y los musicales más conocidos, hay muchos rincones de esta ciudad que cuentan con un encanto y unos profesionales maravillosos. A los que estáis fuera no os preocupéis, porque Cosas de Tríos también se va de gira… Podéis seguir informados a través de sus cuentas personales en Twitter o siguiendo en esta misma red social y en Facebook a la Sala Nada.

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Victor, Luisber, Alex y Clara… ¡Enhorabuena y mucho éxito!

Feliz martes, amigos.

Lorena.

Entre risas y aplausos… La llamada.

Como bien sabéis, soy sensible por naturaleza. Me emociono con millones de cosas, me duelen otros millones de cosas más y suelo llorar una vez al día. Soy muy feliz, y eso también me hace llorar a veces. Muchas veces lloro por el dolor ajeno, por historias y personas que no conozco, pero de las cuales conozco alguna historia y sé que la vida a veces ni es justa, ni fácil.  Muchas veces lloro de alegría, también por personas a las que no conozco absolutamente de nada, pero de las cuales conozco alguna historia, algún sueño, y veo cómo lo consiguen. Me gusta mucho que la gente consiga lo que desea… Y sobretodo, me gusta porque esa gente, en la mayoría de los casos, ha luchado para ver sus sueños hechos realidad. Ha puesto ilusión, esfuerzo, constancia y sobre todo, muchas ganas.

Ahora mismo, nos encontramos en una situación dónde las cosas son difíciles, y dónde todos los sectores se ven muy afectados, y uno de ellos es el arte, la cultura, que tanto deberíamos cuidar y proteger mientras quienes tienen el poder intentan derribarla. La literatura, es una de las grandes pasiones de mi vida. Leer y escribir son cosas esenciales para mí, porque me gusta leer y contar historias. También me gusta escucharlas, y cómo no, verlas. Sin saber muy bien cómo, Madrid me ha regalado muchos, muchos amigos a los que adoro que se dedican a la interpretación, que al igual que yo, pero de otro modo distinto, cuentan historias que no les pertenecen y saben hacer suyas. Quizás por eso nos entendemos bien. En estos últimos tres años, he vivido el amor por actuar muy de cerca, y eso me ha hecho valorarlo y quererlo más. Ver todas las caras que envuelven ese maravilloso mundo, que parece fácil desde el otro lado del televisor, o desde debajo de un escenario, pero que lleva muchas horas y años de sacrificio y dedicación. Incluso conlleva muchos momentos de éxito, y muchos meses sin trabajo. Es el sabor agridulce de un trabajo complicado en cuanto a estabilidad, y gratificante y mágico para quien lo ama de verdad.

Hace poco hablaba de la TV MOVIE de los Niños Robados. Te hablaba de monjas y de Macarena García… Hoy vuelven a ser protagonistas de mi post, pero por algo totalmente distinto.

Hoy te quería contar una historia que estoy segura que ni los propios protagonistas recuerdan. Hace unos meses, una noche cualquiera en un bar cualquiera de Madrid, estaba con unos amigos y entre el grupo de gente que éramos estaban Javier Calvo y Javier Ambrossi, a los que conocía por primera vez, por esos amigos en común que nos unían. Aquella noche, ellos me hablaron de La LLamada. Me hablaron de un musical que se iba a estrenar en el hall del Teatro Lara, del cual eran directores  y cuya protagonista sería Macarena García, que recientemente había ganado el Goya 2013 a Mejor Actriz Revelación por Blancanieves. El musical, que contaba con pocos recursos pero con un pequeño y maravilloso elenco, me lo presentaron con muchas ganas e ilusión. Y eso, como ya os he dicho, nunca falla. La historia se basaría en un campamento de monjas, dónde a una de las protagonistas se le aparecería Dios por las noches, cantándole canciones de Whitney Houston. Además de ello, habría una banda de rock tocando en directo. Buena pinta tenía, sin ninguna duda. Y prometí ir. Las entradas se agotaban casi todos los días, y por unas cosas u otras, al final no pude ver la obra. Sabía que volverían a representarla unos meses después, así que esta vez no fallaría.

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Hace justo un mes, se presentaba ante la prensa el retorno del musical y esta vez sobre el escenario principal. Acudí a la cita de prensa con mis compañeros de La Caja de Música, dónde pude ver quince minutos de la obra y entonces supe que necesitaba verla.

Madrid, por suerte, es una ciudad con mucha vida cultural. No sólo las obras de más renombre acarician los teatros de la ciudad. Hay muchísimos actores, muchísimos escenarios y muchísimas historias en los teatros de las calles paralelas dispuestos a emocionarte y hacerte soñar. El viernes pasado, por fin, fui a ver La Llamada.

Si te digo la verdad, tenía un poco de miedo. Había puesto grandes expectativas en el musical, y le había prometido a quién me acompañaba que le iba a encantar. Tenía miedo a decepcionarme, a pesar de haber leído muchas críticas buenas. Mi acompañante es actor, entiende de interpretación mucho más que yo y sabía que él iba a ser mucho más crítico, y quizás temía más su opinión que la mía, porque la obra la había elegido yo. Pero, ¿sabéis que nos pasó? Que reímos a carcajadas, sin descanso. Y fue maravilloso.

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María (Macarena García) y Susana (Andrea Ros) son dos adolescentes comunes, que quieren divertirse, salir de fiesta, bailar y hacer locuras. Además, su consolidada amistad está combinada por su amor a la música y su sueño de crear un grupo de electro-latino. Ambas son extrovertidas, risueñas, llenas de vida y locura… Aunque todo cambia cuando María empieza a tener un comportamiento extraño, que Susana no entiende y que ella no es capaz de confesar. Ve a Dios (Richard Collins-Moore) , cada noche, vestido de traje y cantándole canciones de esa negra que murió, cuyo nombre no consigue recordar…

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Custodiadas por dos monjas con actitud totalmente antagónica, serán castigadas tras haberlas pillado en una de sus escapadas nocturnas. Milagros (Belén Cuesta) es una monja joven, que te hará reír con ternura, te emocionará y sacará tu lado más sensible. Inocente, dulce y comprensiva, su cabeza está llena de dudas que no se atreve a pronunciar en voz alta. Por otro lado, Bernarda (Gracia Olayo) es una monja estricta, de carácter fuerte que te arrancará las carcajadas desde la imposición y el respeto, y que te descubrirá que todo ser humano tiene un lado sensible por descubrir…

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Canciones originales, música en directo y una mezcla de sentimientos y valores que no dejarán a nadie indiferente. A los ateos les hará reír sin parar, sin revelarse al pensar que están viendo una obra que habla de religión y fe. A los más creyentes, por otro lado, les arrancará las mismas risas, porque se habla de la religión desde el respeto y la originalidad. Exquisita es la interpretación de las actrices y el actor. Salí realmente fascinada con cada uno de ellos, y también mi acompañante, al que le gustó mucho más de lo que él mismo esperaba. Nos sorprendió mucho la faceta de cantantes de Andrea y Macarena, que están brillantes las dos. La LLamada es una de esas obras que hay que ver. Un musical al alcance de todos, con entradas por sólo 18 euros, en uno de los teatros más importantes de Madrid. Mientras ríes te emocionarás con temas como la amistad, el respeto, el amor, la incertidumbre, la homosexualidad y la fe. Podéis seguir todas sus noticias en su Twitter oficial: @lallamada_ y disfrutar de la obra los viernes a las 22.30h, los sábados a las 23.30h y los domingos a las 20.30h.

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“La llamada es un sueño”, Andrea Ros.

Siempre insisto en la ilusión, los sueños y la persecución de ellos, pero ya veis que es realmente importante que uno luche por lo que realmente desea. No podemos quedarnos de brazos cruzados y esperar que nuestros objetivos vengan a buscarnos. Corren tiempos difíciles y todos lo sabemos, por eso ahora, con más ganas que nunca, debemos luchar por lo que queremos, por lo que deseamos, haciendo el camino para llegar a nuestra meta. Si nos ponen la zancadilla, la saltaremos, y si nos caemos, nos levantaremos siempre con una sonrisa… Si quieres, todo llega. Id a ver La llamada, dejad que os empape la risa, que os entren las ganas de cantar, de gritar, de saltar y de luchar… Apoyad el arte, haced fuerza para respaldar la cultura. No os rindáis jamás.

Yo ya he sentido la llamada. Y tú, ¿a qué esperas? La vida es más bonita si la vivimos entre risas y aplausos…

Buenas noches, amigos.

Lorena.

Cielo de colores y sonrisas.

Hoy me he despertado con un montón de nubes grises corriendo y jugando al otro lado de mi ventana. Las sábanas luchaban para despegarse de mi piel mientras yo las agarraba con fuerza. Es domingo, y los domingos están para correr sin prisa, y elegir cuándo te quieres despertar. Los domingos grises, además, son para abrazarte a la cama, al sofá, poner una buena película y ver el frío, ahí fuera, pasar. Y entonces, me he acordado de una de mis películas favoritas y de una historia que ocurrió hace unos días…

 

Hoy te quería contar que un día de esta semana, por pura casualidad, conocí a dos señoras que se ganaron mi amor y mi simpatía. Desde bien niña, las personas mayores me han causado una ternura desmesurada, y si además, cuentan con un pelo blanco coronando esa cabeza llena de tiempo y sabiduría, todavía más. Un día de esta semana conocí a dos señoras que acariciaban los 80 y 83 años respectivamente. Ambas, entre risas, se empeñaron en enseñarme sus documentaciones para corroborar una edad, que a simple vista, casi parecía imposible. Bien vestidas y perfumadas, con sus joyas, sus bolsos favoritos y sus labios besados de carmín, reían a carcajadas y se divertían como si el tiempo les hubiese devuelto su juventud en un suspiro. Estas señoras eran cuñadas y amigas, vivían en Ibiza y estaban en Madrid pasando unos días. Se habían empeñado en ganarle la batalla a sus tacones y recorrerse el centro de la ciudad de tienda en tienda, buscando la última moda y trasladarla desde la capital hasta su maravillosa isla, la isla bonita.

Esta conversación que por pura casualidad tuve con ellas no llegó ni a los cinco minutos de vida, pero me fue suficiente para sonreír y mantenerme con alegría el resto del día. Y no es por nada. pero es que a mí las personas que ríen sin parar, que contagian carcajadas, que desprenden alegría y son capaces de sonreír aunque los años, el tiempo, y las heridas hayan hecho mella en ellas, me enamoran. Y así lo hicieron ellas. Nunca he visto tanta energía concentrada en alguien tan mayor. Y sentí envidia, de la sana y de la buena. Deseé poder ser algún día como ellas, y sonreí porque es bueno saber que aún queda mucha gente con alegría, a pesar de vivir en un país de pandereta.

 

Hoy al despertarme en este día gris y pensar en el cine, la manta y mi sofá, he pensado en Tomates verdes fritos, y por consecuente en estas dos señoras de Ibiza que me robaron el corazón en un rincón cualquiera de Madrid.

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Tomates verdes fritos ha sido, desde que mi memoria es capaz de recordar, una de mis películas favoritas. Una de esas películas que me producen ternura, amor y lágrimas cada vez que la veo. De pequeña solía verla con mi madre, y con el tiempo, intento verla, aunque sea sola, al menos, una vez cada dos años.

Basada en la novela de Fannie Flag, Tomates verdes fritos es llevada al cine en 1991 de la mano de Jon Avnet. En ella se cuenta la historia de Ninny (Jessica Tandy), una anciana que reside en un asilo y que cada día recibe la visita de Evelyn (Kathy Bates), una mujer que se siente totalmente inútil frente al mundo, y frente a su marido. Cada día, Ninny le relata el desarrollo de una historia basada en los años 30, cuyas protagonistas Idgie (Mary Stuart Matersson) y Ruth (Mary-Louise Parker) hacen frente a los problemas y las risas juntas. Como verdaderas luchadoras, mujeres héroes, fuertes y soñadoras, alimentan valores como la amistad, el amor, o la tolerancia frente a temas como el racismo o el machismo. Una película que sin ninguna duda realza y hace un guiño al papel y la figura de la mujer. Evelyn se siente cada vez más enganchada a una historia que no le pertenece y que a medida de los días absorbe hasta sentirla un poco suya, de tal modo que siente la necesidad de convertirse en una mujer distinta a la que es, siente la necesidad de hacerle frente al mundo y no callarse ante nada que no le parezca justo. Se siente alimentada por la personalidad de Idgie, aquella joven que revolucionó a quien se pusiese en su camino, muchos años atrás. Aquella joven que no resulta ser otra que la propia Ninny, la anciana que narra la historia, sentada en un asilo, con los ojos llenos de alegría y entusiasmo y con el olor reciente en la mente de sus adorados tomates verdes fritos.

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Nominada a Globo de Oro, Premios Bafta y a los Premios Óscar, esta película es, sin duda, una buena opción para una tarde de esas en las que te apetece ver buen cine.

Y es que, al fin y al cabo, los días grises tienen esta ventaja, que el cielo está tan blanco que tu eliges de qué colores quieres pintarlo. Yo sin duda, hoy lo visto de colores y sonrisas. 

 

 

Feliz domingo, amigos.

Lorena.

Una copa de vino y sexo en Milán.

Teniendo en cuenta que hace sólo un par de semanas pasé unos días en Milán, seguro que a muchos de mis conocidos este titulo les va a confundir. Tranquilo, no vengo a hablarte de mi viaje, ni de mi romance, que podría, pero no. Vengo a hablarte de lo que más me gusta. De páginas y letras.

Los que me conocen saben que soy melodramática por naturaleza, que la vida me ha regalado con generosidad una sensibilidad que me hace vivir las emociones de una forma intensa. Tanto las buenas, como las malas. Cuando cuento algo bueno, la gente me dice: “Por qué te pasan cosas tan emocionantes?”. No saben que quien las hace emocionantes soy yo al contarlas. Las vivencias no son extraordinarias, son normales, como las de cualquiera. Pero claro, cuando me pasa algo malo, lo paso realmente mal, porque todo me afecta, quizás demasiado. Ya sabes, todo tiene su lado positivo y su lado negativo. Por suerte suelo vestirme con una sonrisa cada mañana y afrontar con alegría cada día.

Conocí a Ana Milán a través de la televisión, como quizás también la conociste tú. Un día alguien debió mencionarla en Twitter, algo hizo que ella se cruzase entre los tweets que leía y empecé a seguirla. Me parece divertida y graciosa. Tiene sentido del humor y las palabras adecuadas para cada momento (claro, además de actriz, también es periodista!).  Sexo en Milán comenzaba a ser un tema de actualidad. Ana Milán se hacía eco de las criticas que recibía de sus seguidores a través de la red social. Parecía atractivo. Me picaba la curiosidad y claro, había que leerlo.

Hoy te quería contar que hay libros que merecen ser leídos con una buena copa de vino. Yo suelo ser de novelas largas, de dramas y misterios, de historias de amor imposibles, de momentos clandestinos y sufrimientos románticos. Pero a veces, es necesario leer para reír. Y para sonreír.

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Sexo en Milán es uno de esos libros que me ha hecho reír, mucho. Para estos días de calor lo ideal es tropezar con un libro fresco, entretenido, divertido y ameno. Estos son los ingredientes principales que se entremezclan con recetas de cocina, amistad y amor, entre las páginas de color rosa que ella nos brinda.

Recuerdo que leí este libro en una de esas épocas tontas que a veces el amor (más bien el desamor) te regala. En una de esas épocas tontas en las que los hombres resultan un problema, y sientes que cuanto más lejos les tengas, más feliz serás. Una de esas épocas en las que necesitas que tus amigas te abracen sin parar, en las que necesitas sentarte en un sofá con ellas a reír y a llorar durante horas, hablando tonterías o intentando solucionar el mundo. Una de esas épocas en las que lo único que necesitas es mimarte. Y encontrarte a ti misma.

Me sumergí en las páginas de Ana Milán y me camuflé entre sus palabras, hasta tal punto que podía sentirlas mías. Me sentí identificada y me vi reflejada en muchas anécdotas, vi reflejadas a mis amigas, vi reflejados sentimientos y entendí que podrán cambiar los personajes y los escenarios, pero al final, no somos tan distintas.

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Recuerdo perfectamente cómo me sentí en el momento que acabé el libro. Me apeteció ponerme unos tacones, pintarme los labios rojos, tomarme una copa y comerme el mundo entero, ahí, en ese mismo instante, y en un momento.   Recuerdo que lo escribí en Twitter, y recuerdo que mi amigo Tomás me contestó: “Hazlo“.

Porque Sexo en Milán es “un libro de chicas, para chicas, que deberían leer los chicos“. 

Al final, las épocas tontas del desamor siempre pasan. Y el amor vuelve, con más fuerza que nunca, de la mano de quien menos te lo esperas. Y entonces te quedas en silencio y sonríes, y cuando besas, sientes que estás besando por primera vez. Porque sí, siempre pasa.

Por si no lo conocías, te presento Sexo en Milán porque hay libros que están hechos para mimarte, y merecen que los leas pensando solamente en ti (a veces no está mal ser un poco egoísta), con una sonrisa y una buena copa de vino.

Buenas noches, amigos.

Lorena.