Lo que le falta al tiempo.

No sabéis lo mucho que me cuesta levantarme por las mañanas, siempre me ha pasado igual. Siempre he sido un poco vampiro, desde pequeña me ha gustado mucho más la noche que el día. Prefería leer por la noche, incluso estudiar después de cenar… Ahora, aunque el trabajo prefiero hacerlo durante el día, es verdad que nunca tengo prisa por acostarme. Me encanta ver la tele hasta bien tarde o leer un buen libro mientras la calle se queda en silencio y claro, por las mañanas, no hay quien me despegue de las sábanas. Ha sonado la alarma durante más de media hora, he preparado una gran taza de café  y aquí empieza mi miércoles… Aquí empieza lo que hoy te quería contar. 

El otro día, publiqué un relato, Los ojos de Margarita, que me dio muchas sonrisas, que me disteis muchas sonrisas, porque gustó mucho. Obviamente, cuando escribo un relato, lo que escribo en él es ficción, pero creo que  cuando uno escribe es inevitable regalarle algo de sí mismo a alguno de los personajes. En este caso, la frase con la que empezaba la historia podía hablar perfectamente de mi misma. No me gustan las historias de amores imposibles.

A través del cine, la televisión y la literatura, nos hemos acostumbrado a que nos encanten las historias de amor más complicadas, aquellos personajes que encuentran mil y una dificultades para poder amarse con total libertad y tranquilidad, esos personajes que parece que nunca van a conseguir estar juntos y que, al final, como toda buena historia de amor, consiguen reencontrarse para no separarse jamás. En la vida real, la verdad es que me gustan las historias bien distintas.

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Supongo que es la edad, las experiencias en la piel y las vivencias aferradas ya para siempre en el corazón, pero no me gustan las historias de amores imposibles y sufrimiento aunque tengan un final feliz. Una de mis películas favoritas es El diario de Noah y en ella hay una frase que dice “discutían todo el tiempo, pero tenían algo en común, estaban locos el uno por el otro…“. Muchísimas veces he visto esta frase mencionada por niñas a través de las redes sociales y seguro que en algún momento del pasado quise hacerla mía, ahora pienso que es un horror, aunque adore la historia de Allie y Noah.  ¿Cómo se puede ser feliz con alguien con quien discutes todo el tiempo? La vida real no es una película, ni una novela, las cosas no van a ser maravillosas porque sí, nosotros tenemos que hacer que las cosas sean maravillosas, nosotros somos lo únicos con el poder de elegir cómo van a ser nuestros días y de qué forma queremos vivirlos. No defiendo un amor cómodo. No me gustan, tampoco, esas historias en las que no existe un amor puro, pasional y verdadero, y en la que los protagonistas se aferran a la rutina y a la comodidad y aceptan así su forma de vida. Cada uno es libre de elegir sus días, pero estas historias tampoco me convencen, al menos, no para vivirlas.

El amor, desde la pasión, la confianza y el respeto, es lo más maravilloso del mundo, y se puede alcanzar la felicidad plena y absoluta. Existirán las discusiones, porque somos seres humanos, simplemente por eso, pero mientras no existan las faltas de respeto, las historias podrán ser maravillosas. Quizás es la edad, pero a mi me gustan las historias de amor puro y verdadero que son capaces de transmitirte paz y tranquilidad emocional. No me gustan las historias de amores imposibles. Hay historias de amor tormentosas y otras dolorosas desde el silencio…

El verano pasado, por mi cumpleaños, mi mejor amiga me regaló a Cometo, mi perro (el mejor regalo que me han hecho y me harán en toda mi vida) y además me regaló un libro, un libro que hasta hace unos meses no empecé a leer. Lo devoré en cuestión de días y me enamoré de él, de sus historia y sus personajes. Con Ángela Becerra y sus palabras en Lo que le falta al tiempo, me trasladé a las calles de París para vivir una historia de amor llena de arte, locura, deseo e irracionalidad.

Mazarine es una joven estudiante de pintura que vive sola en el Barrio Latino de París. En su casa encierra un valioso secreto que ha sido conservado a través de generaciones y puede cambiar el rumbo del arte. Su mundo se verá conmocionado por la aparición en su vida de Cádiz, un maduro genio de la pintura, creador de un mo vimiento revolucionario que despierta en ella una pasión sin límites”. 

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Mazarine, la protagonista, se convierte desde el principio en mi personaje favorito. Es sensible, solitaria, mística, dulce, valiente, atrevida, artista… Está completamente loca. Se enamora locamente de Cádiz, su profesor, un aclamado y reconocido pintor a nivel mundial que accederá a darle clases y a trabajar con ella. Él, casado con una fotógrafa de éxito, no podrá resistirse a la pasión que arde entre sus manos y la piel de la joven aprendiz. Una historia de amor imposible, complicada que se agravará a medida que avanza la trama y aparecen nuevos personajes en ella. Una historia de amor de locura, de miedo, de traición, de deseo, de silencios, de reproches…. Una historia de amor que me encantó descubrir a través de las páginas pero de la cual no me gustaría ser la protagonista. Demasiado sufrimiento. Querer amar y tener que hacerlo en silencio, ser un secreto, ser una sombra, sentir dolor al dar un beso seguido por la esperanza de una caricia, una contradicción de sentimientos, una inestabilidad emocional de la que no quiero ser nunca víctima. Una historia llena de historia, de historia del arte, con un tema principal sobre el cual girará el amor de los personajes, un tema principal relacionado con la religión y sus misterios, un secreto que podría cambiar la historia de muchos años de creencias.

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Lo que le falta al tiempo es una de esas novelas que te atrapa, que te hace viajar y soñar, sufrir y desear, con un final impactante. Una de esas novelas que yo, desde Lo que te quería contar, te recomiendo que leas. Aprovechad ahora que viene el verano, que los días son más largos, que llegan las vacaciones, que la noche invita a quedarse despierto y perdeos entre sus páginas, entre sus letras, entre la locura de Mazarine y la irracionalidad de Cádiz, entre el amor de dos artistas, completamente locos.

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Feliz día, amigos.

Lorena.

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Vida sólo tengo esta.

El padre de mi amiga Sara es escritor y hace unas semanas publicó un post en su blog que me hizo reflexionar sobre cosas en las que suelo pensar cada día. Hablaba de la importancia de perseguir los sueños y dedicarse realmente a lo que uno quiere. Entonces existe mi debate moral… Está claro que todo el mundo quiere dedicarse a lo que más le gusta, pero en la mayoría de los casos, y en esta situación económica y social, las oportunidades y los contextos son bastante complicados. No obstante, también sé que uno debe perseguir sin rendimiento aquello que desea para, al menos, llegar lo más cerca posible.

Mi pasión es escribir, y de algún modo, la estoy llevando a cabo compartiendo aquí mis palabras y mis pensamientos. Con esto soy feliz, pero seguramente no es suficiente. Esto no me da para vivir, y obviamente, tengo otro trabajo que ocupa la mayor parte de mi tiempo. No es el trabajo de mi vida, pero claro, es el trabajo que me da un sueldo cada mes, y ahora, lamentablemente, eso es todo un lujo y las circunstancias nos han obligado a tener que dar las gracias. Podría ir más allá, podría sacar tiempo de donde no hay y escribir un libro, moverme de editorial en editorial e intentar que alguien me diese una oportunidad. Podría hacerlo, debería hacerlo, pero no tengo tiempo. Tengo que trabajar, y las horas libres que me quedan las necesito para mí, porque soy persona, sólo por eso.

Ojalá todos pudiesemos dedicarnos realmente a lo que queremos, porque eso significaría que sabríamos amar nuestra profesión, que lo que hacemos nos gusta y seguro que lo haríamos mejor, y de este modo, estoy segura, las cosas nos irían bien. Al menos, mucho más bien de lo que nos van en estos momentos. Formaríamos un mundo, o un país, que ama lo que hace, y el trabajo hecho con dedicación y vocación sólo trae consecuencias positivas. ¿Os imagináis, por ejemplo, cómo nos iría a todos si los políticos amasen su trabajo y su labor fuese la de dedicarse al pueblo?

Algún día buscaré tiempo de dónde no lo hay para poder llevar a cabo mis sueños en su máxima potencia. Algún día tiene que suceder y más me vale que ese día sea más bien pronto que tarde, porque al fin y al cabo, no sé cuánto tiempo me queda, como no lo sabes tú.

Hoy te quería contar un pensamiento que me persigue desde hace demasiados años… La muerte. A veces, intento no pensar en ella, porque es absurdo que uno se pase la vida pensando en la muerte, cuando sabe a ciencia cierta, que la muerte llegará. Es mejor que, al menos, en la vida no esté muy presente. Pero en mi caso lo está. Lamentablemente, la vida sólo es algo en lo que estamos de paso. De hecho, es en lo único en lo que vamos a estar de paso. Es curioso, ¿verdad?. Este será el único día que viva exactamente como lo estoy viviendo. Nunca más volveré a cumplir todos los años que he cumplido y nunca más podré volver atrás.

La vida pasa demasiado rápido, por eso yo, intento siempre ser muy positiva, exprimir todo lo bueno, olvidarme de lo malo. Elegir a los buenos amigos, a los que quiero que se queden en este camino, cuidar el amor verdadero y disfrutar de mi familia cada vez que les veo. Por eso intento llevar a cabo mis sueños, y por eso sé que no quiero que se me quede nada en el tintero. Intento decirles a las personas que me importan lo mucho que las quiero, intento demostrarlo, y siento si a veces no lo consigo. Intento sonreír ante las dificultades y descubrir cada día algo nuevo. Y  a veces, me muero de rabia. Me muero de rabia ante las injusticias, ante los problemas innecesarios, los problemas sociales y económicos que de forma externa hunden al ser humano. Por supuesto hablo de muchos de nosotros, de nuestros familiares o nuestros vecinos, pero hablo mucho más de todos los que mueren de hambre o ven sangre en las personas que más quieren a consecuencia de una guerra. Esta es nuestra única vida, es también su única vida, y es demasiado injusto que se tenga que sufrir tanto.

La muerte marcó mi vida demasiado pronto. El cáncer visitó a una persona muy importante de mi vida cuando yo sólo era una adolescente y él sólo tenía unos años más que yo. Éramos prácticamente unos niños, llenos de vida, de risas, de sueños y de ilusiones. Yo vi como la ilusión de una persona desaparecía y cómo esa persona quiso mantener la sonrisa hasta el último momento. Vi como se apagó la luz de una familia y cómo la vida daba golpes tan duros que te hacía plantearte qué habías hecho mal, o si en algún momento le habías debido algo. No. Simplemente era un hecho desolador que nos había tocado vivir, una enfermedad que cada día está más presente y a la que empecé a temer con todas mis fuerzas.

Estoy segura que conoces a alguien que haya tenido cáncer, estoy segura que has visto a alguien luchar con todas sus fuerzas contra esta enfermedad, estoy segura que conoces a alguien que ha perdido la batalla y ojalá conozcas a varios que la hayan ganado con fuerza. Yo conozco a vencedores y vencidos, pero eso no quita mis miedos. Para que la vida fuese perfecta, debería ser tal y como la plantean. Desarrollarte como persona, crecer, madurar, envejecer y al final, irte, morir. Pero sólo al final. No en mitad de la vida, que vida sólo tengo esta. Y yo quiero vivirla con muchas ganas, y quiero alcanzar mis sueños, y quiero reír envejeciendo y quiero que el tiempo que me queda, ese que no sé cuánto es, sea mucho tiempo, sólo eso.

Hay películas que no son aptas para quienes han sufrido de cerca una experiencia parecida, porque el cine, como cualquier obra de arte, llega tan dentro del alma que a veces es insoportable. De la mano de Javier Fesser, Camino llegó a los cines en el año 2008, y os aseguro que es la película con la que más he llorado en toda mi vida.

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Basada en la vida de Alexia González-Barros, que falleció a los 14 años tras una lucha de diez meses contra el cáncer, Nerea Camacho (Merecidísima ganadora en la XXIII edición del Goya como actriz revelación) da vida a Camino, una niña llena de vida, de alegría, esperanza y sueños, que descubre a la vez aspectos esenciales en la vida como el amor, la amistad o la felicidad, contrastados con el dolor y la enfermedad. La vida de la pequeña, basada en una educación estrechamente vinculada a la religión y procedente de una familia del Opus Dei, se transmite llena de ilusión hasta el final, mostrando sus sueños llenos de color que son capaces de hacerle frente a la oscuridad de cada una de las puertas que se cierran a su paso. La familia González-Barros quiso desvincularse de la película, afirmando que muchos aspectos ni si quiera ocurrieron en la realidad. Ojalá todos esos hechos que no ocurrieron fuesen aquellos que abrazan a la religión desde la más pura irracionalidad, como el sentimiento de la madre que, pese al dolor, se siente orgullosa porque su hija ha sido elegida por Dios, o el aplauso de curas y enfermeras en el momento en el que la niña fallece.

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En su momento, la oficina de información del Opus Dei afirmó: “esta visión cinematográfica ofrece una visión distorsionada de la fe en Dios, de la vida Cristiana y de la realidad del Opus Dei“. Pues ojalá señores, ojalá hubiese más ficción que realidad en esa historia. Pero ya sabéis que de la iglesia me fío más bien poco, y aunque estoy segura que ningún religioso desea la muerte de un familiar, se me ponen los pelos de punta sólo de imaginar que pudiese existir la más mínima posibilidad de que crean que la muerte es una bendición por haber sido elegidos por Dios para ir con él a un mundo mejor. (Amén)

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Camino es una de esas películas que llegan al alma, que te encogen el corazón y te hacen ver la vida de otro modo, dándole prioridad a la vida por encima de todas las cosas. Los momentos difíciles, al final, pasan. Pero la vida es esta, sólo esta y por eso debemos vivirla disfrutando cada día e intentando sonreír a cualquier obstáculo que se nos ponga. Por eso es importante que disfrutemos de lo que tenemos, que nos rodeemos de quienes queremos y nos alimentemos de cosas buenas, porque con el tiempo, estas serán las cosas que nos acompañen. Perseguid vuestros sueños siempre e intentad alcanzar la felicidad en estado puro. Porque eso, al fin y al cabo, es uno de los mayores placeres de la vida y yo lo hago porque vida, sólo tengo esta.

Feliz día, amigos.

Lorena.

Entre risas y aplausos… La llamada.

Como bien sabéis, soy sensible por naturaleza. Me emociono con millones de cosas, me duelen otros millones de cosas más y suelo llorar una vez al día. Soy muy feliz, y eso también me hace llorar a veces. Muchas veces lloro por el dolor ajeno, por historias y personas que no conozco, pero de las cuales conozco alguna historia y sé que la vida a veces ni es justa, ni fácil.  Muchas veces lloro de alegría, también por personas a las que no conozco absolutamente de nada, pero de las cuales conozco alguna historia, algún sueño, y veo cómo lo consiguen. Me gusta mucho que la gente consiga lo que desea… Y sobretodo, me gusta porque esa gente, en la mayoría de los casos, ha luchado para ver sus sueños hechos realidad. Ha puesto ilusión, esfuerzo, constancia y sobre todo, muchas ganas.

Ahora mismo, nos encontramos en una situación dónde las cosas son difíciles, y dónde todos los sectores se ven muy afectados, y uno de ellos es el arte, la cultura, que tanto deberíamos cuidar y proteger mientras quienes tienen el poder intentan derribarla. La literatura, es una de las grandes pasiones de mi vida. Leer y escribir son cosas esenciales para mí, porque me gusta leer y contar historias. También me gusta escucharlas, y cómo no, verlas. Sin saber muy bien cómo, Madrid me ha regalado muchos, muchos amigos a los que adoro que se dedican a la interpretación, que al igual que yo, pero de otro modo distinto, cuentan historias que no les pertenecen y saben hacer suyas. Quizás por eso nos entendemos bien. En estos últimos tres años, he vivido el amor por actuar muy de cerca, y eso me ha hecho valorarlo y quererlo más. Ver todas las caras que envuelven ese maravilloso mundo, que parece fácil desde el otro lado del televisor, o desde debajo de un escenario, pero que lleva muchas horas y años de sacrificio y dedicación. Incluso conlleva muchos momentos de éxito, y muchos meses sin trabajo. Es el sabor agridulce de un trabajo complicado en cuanto a estabilidad, y gratificante y mágico para quien lo ama de verdad.

Hace poco hablaba de la TV MOVIE de los Niños Robados. Te hablaba de monjas y de Macarena García… Hoy vuelven a ser protagonistas de mi post, pero por algo totalmente distinto.

Hoy te quería contar una historia que estoy segura que ni los propios protagonistas recuerdan. Hace unos meses, una noche cualquiera en un bar cualquiera de Madrid, estaba con unos amigos y entre el grupo de gente que éramos estaban Javier Calvo y Javier Ambrossi, a los que conocía por primera vez, por esos amigos en común que nos unían. Aquella noche, ellos me hablaron de La LLamada. Me hablaron de un musical que se iba a estrenar en el hall del Teatro Lara, del cual eran directores  y cuya protagonista sería Macarena García, que recientemente había ganado el Goya 2013 a Mejor Actriz Revelación por Blancanieves. El musical, que contaba con pocos recursos pero con un pequeño y maravilloso elenco, me lo presentaron con muchas ganas e ilusión. Y eso, como ya os he dicho, nunca falla. La historia se basaría en un campamento de monjas, dónde a una de las protagonistas se le aparecería Dios por las noches, cantándole canciones de Whitney Houston. Además de ello, habría una banda de rock tocando en directo. Buena pinta tenía, sin ninguna duda. Y prometí ir. Las entradas se agotaban casi todos los días, y por unas cosas u otras, al final no pude ver la obra. Sabía que volverían a representarla unos meses después, así que esta vez no fallaría.

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Hace justo un mes, se presentaba ante la prensa el retorno del musical y esta vez sobre el escenario principal. Acudí a la cita de prensa con mis compañeros de La Caja de Música, dónde pude ver quince minutos de la obra y entonces supe que necesitaba verla.

Madrid, por suerte, es una ciudad con mucha vida cultural. No sólo las obras de más renombre acarician los teatros de la ciudad. Hay muchísimos actores, muchísimos escenarios y muchísimas historias en los teatros de las calles paralelas dispuestos a emocionarte y hacerte soñar. El viernes pasado, por fin, fui a ver La Llamada.

Si te digo la verdad, tenía un poco de miedo. Había puesto grandes expectativas en el musical, y le había prometido a quién me acompañaba que le iba a encantar. Tenía miedo a decepcionarme, a pesar de haber leído muchas críticas buenas. Mi acompañante es actor, entiende de interpretación mucho más que yo y sabía que él iba a ser mucho más crítico, y quizás temía más su opinión que la mía, porque la obra la había elegido yo. Pero, ¿sabéis que nos pasó? Que reímos a carcajadas, sin descanso. Y fue maravilloso.

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María (Macarena García) y Susana (Andrea Ros) son dos adolescentes comunes, que quieren divertirse, salir de fiesta, bailar y hacer locuras. Además, su consolidada amistad está combinada por su amor a la música y su sueño de crear un grupo de electro-latino. Ambas son extrovertidas, risueñas, llenas de vida y locura… Aunque todo cambia cuando María empieza a tener un comportamiento extraño, que Susana no entiende y que ella no es capaz de confesar. Ve a Dios (Richard Collins-Moore) , cada noche, vestido de traje y cantándole canciones de esa negra que murió, cuyo nombre no consigue recordar…

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Custodiadas por dos monjas con actitud totalmente antagónica, serán castigadas tras haberlas pillado en una de sus escapadas nocturnas. Milagros (Belén Cuesta) es una monja joven, que te hará reír con ternura, te emocionará y sacará tu lado más sensible. Inocente, dulce y comprensiva, su cabeza está llena de dudas que no se atreve a pronunciar en voz alta. Por otro lado, Bernarda (Gracia Olayo) es una monja estricta, de carácter fuerte que te arrancará las carcajadas desde la imposición y el respeto, y que te descubrirá que todo ser humano tiene un lado sensible por descubrir…

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Canciones originales, música en directo y una mezcla de sentimientos y valores que no dejarán a nadie indiferente. A los ateos les hará reír sin parar, sin revelarse al pensar que están viendo una obra que habla de religión y fe. A los más creyentes, por otro lado, les arrancará las mismas risas, porque se habla de la religión desde el respeto y la originalidad. Exquisita es la interpretación de las actrices y el actor. Salí realmente fascinada con cada uno de ellos, y también mi acompañante, al que le gustó mucho más de lo que él mismo esperaba. Nos sorprendió mucho la faceta de cantantes de Andrea y Macarena, que están brillantes las dos. La LLamada es una de esas obras que hay que ver. Un musical al alcance de todos, con entradas por sólo 18 euros, en uno de los teatros más importantes de Madrid. Mientras ríes te emocionarás con temas como la amistad, el respeto, el amor, la incertidumbre, la homosexualidad y la fe. Podéis seguir todas sus noticias en su Twitter oficial: @lallamada_ y disfrutar de la obra los viernes a las 22.30h, los sábados a las 23.30h y los domingos a las 20.30h.

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“La llamada es un sueño”, Andrea Ros.

Siempre insisto en la ilusión, los sueños y la persecución de ellos, pero ya veis que es realmente importante que uno luche por lo que realmente desea. No podemos quedarnos de brazos cruzados y esperar que nuestros objetivos vengan a buscarnos. Corren tiempos difíciles y todos lo sabemos, por eso ahora, con más ganas que nunca, debemos luchar por lo que queremos, por lo que deseamos, haciendo el camino para llegar a nuestra meta. Si nos ponen la zancadilla, la saltaremos, y si nos caemos, nos levantaremos siempre con una sonrisa… Si quieres, todo llega. Id a ver La llamada, dejad que os empape la risa, que os entren las ganas de cantar, de gritar, de saltar y de luchar… Apoyad el arte, haced fuerza para respaldar la cultura. No os rindáis jamás.

Yo ya he sentido la llamada. Y tú, ¿a qué esperas? La vida es más bonita si la vivimos entre risas y aplausos…

Buenas noches, amigos.

Lorena.