Los sueños, sueños son.

Empezar el martes ya directamente con vosotros, supongo que va a suponer una buena dosis de energía para todo el día, y eso me gusta. Me hace muy feliz sentarme a contaros alguna historia.

Los que seguís mi página de Facebook (lo que te quería contar) o mi Instagram personal (@lorenacorcoles), habréis visto que sí, una vez más, me estoy perdiendo entre las páginas de La Sombra del Viento. En varias ocasiones os he hablado de este libro, cómo lo descubrí, cómo lo acaricié por primera vez y cómo le declaré amor eterno a Daniel, uno de sus personajes principales. Supongo que al igual que nunca nos cansamos de ver nuestra película favorita, o igual que vemos siempre que echan en la tele alguno de esos clásicos románticos que pasen los años que pasen y los veas las veces que los veas, siempre te apetece, sentarte en el sofá y volver a disfrutarlos, a mí me pasa igual con este libro. Ya no sé cuántas veces lo he leído, pero sé que nunca dejaré de hacerlo. Cada vez que me sumerjo entre sus páginas, que acompaño a Julián, Penélope, Daniel, Bea o a Fermín Romero de Torres a pasear por aquella antigua Barcelona, gris y con el alma destrozada, con olor a miedo y muerte en cada una de sus calles, me encuentro conmigo misma. Siento paz y sonrío… En el libro hay una gran frase que dice: “Los libros son espejos: sólo se ve dentro lo que uno ya lleva dentro“. Supongo que cada vez que lo leo, algo nuevo despierta en mí, o porque quizás, la primera vez que visité El Cementerio de los Libros Olvidados, a principios de 2004, le entregué, sin ser consciente, cual enamorada, un trozo de mi alma para siempre.

Hoy no quería hablaros de la Sombra del Viento, aunque me hace muy feliz saber que muchos lo habéis leído, dejadme, solamente, insistir a los que todavía no lo han hecho. Es una auténtica obra maestra que, creo, debe leerse, al menos, una vez en la vida.

Pero hoy lo que te quería contar va más allá de las páginas de esta novela. Hoy quiero hablarte de los sueños, aunque en otras ocasiones te he hablado de ellos, pero creo que es necesario que nos volvamos a reencontrar, de vez en cuando, con este tema. Sobre todo, quiero aprovechar para recordárselo a todas esas adolescentes o jóvenes que me leen cada semana, porque están empezando prácticamente a caminar “solos” ante la vida, empezarán pronto a conocer la madurez y tendrán que tomar decisiones que les harán elegir caminos profesionales y formas de vida… Y creo que, sobre todas estas decisiones, deben priorizar los sueños y las ilusiones de cada uno.

Del mismo libro del que os acabo de hablar, rescato otra frase que me encanta: “Lo difícil no es ganar dinero sin más. Lo difícil es ganarlo haciendo algo a lo que valga la pena dedicarle la vida.” Creo que no hay nada más cierto. Lo que está claro es que todos tenemos sueños, anhelos y objetivos de futuro, esa es la magia del ser humano: las ilusiones y los deseos, qué queremos ser y cómo vamos a conseguirlo. Lo que está claro es que aquellas metas que te propongas no van a ir a buscarte hasta tu casa, pero tú si saldrás a la calle y lucharás para encontrarlas.

No quiero ni pretendo ser ejemplo de nada, ni para nadie. Pero me gustaría compartir con vosotros un poco de mí. Tengo un trabajo que no me disgusta, pero no me apasiona. Es un trabajo que me da una situación laboral muy estable, y un sueldo fijo cada mes con el que tengo que pagar un alquiler y vivir una vida que me apetece y me hace feliz, pero a mí lo que realmente me apasiona es esto; sentarme frente a un ordenador y dejar que los dedos traduzcan solos lo que mi mente va imaginando y pensando, sin que yo tenga tiempo, prácticamente de reaccionar. Trabajé mientras estudiaba y con eso y las becas que recibía pasé mis cinco años en la facultad. Ahora, si miro hacia atrás y pienso que han pasado casi diez años desde aquello, sé que hay que hacer las cosas de otra forma, porque ha pasado el tiempo y porque mi vida necesita encontrar ese camino y ese trabajo que realmente  me llene como persona.

Como bien sabéis (aunque esté tardando un poco más de lo previsto), en poco tiempo sale a la venta mi primer libro: Me olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos. Con ello quiero deciros que nadie me ha regalado nada, que he buscado la forma de hacer realidad mis sueños, que he trabajado desde siempre, aunque no me gustase mi trabajo, pero he sido realista y he sabido que la vida vale dinero, aún así, tras mi jornada laboral, he buscado alternativas y he buscado y encontrado otros caminos que realmente me llenan ese vacío profesional que durante mucho tiempo tuve. Está claro que me he encontrado por el camino con gente maravillosa que me ha sonreído y me ha acompañado a conseguirlos, con su apoyo y su magia, y otra gente que no lo ha hecho, pero supongo que, al final, los que me siguen acompañando son los primeros.

No sé cómo ni donde acabará esta historia, si saldrá bien o saldrá mal, pero lo que sé es que es de vital importancia intentarlo. Si no lo intentas, no sabes si vas a ganas o a perder. Perder da fuerzas y ganar te hace querer más, y en la actitud y las ganas está la clave para conseguir aquello que deseamos, sea en el ámbito profesional o personal, desde elegir cómo queremos llevar el camino de nuestro trabajo y cómo buscaremos alternativas si este no nos hace feliz a cómo haremos que sea nuestra vida fuera de él, de qué amigos nos rodearemos y cuánta felicidad necesitaremos que nos dé nuestra pareja. Recordad siempre que vida sólo hay una, y yo, al menos, estoy dispuesta a exprimirla al máximo. ¿Qué vas a hacer tú?

Nunca es tarde y eso es una realidad. Da igual dónde estés o cómo estés y la edad que tengas, si tienes ganas de conseguir algo, y pones el empeño y la lucha necesarios, lo vas a conseguir. Yo creo en la capacidad del ser humano y creo que es capaz de conseguir absolutamente todo lo que se proponga, aunque a veces me decepcione, si no creyese en el ser humano, estaría totalmente perdida.

Descubrí el claro ejemplo de todo esto que os digo hace relativamente poco. Lo descubrí hace menos de tres años, porque fue Sergio quien me presentó esta película de la cual me enamoré la primera vez y la cual ya he disfrutado unas cuantas veces. Million Dollar Baby es una de esas obras del cine (aunque basada en una novela) que te dan una lección de vida, que te hacen mirarte y pensar: ¿qué hago aquí? y, ¿por qué no voy a buscar aquello que quiero llegar a ser?

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Dirigida por Clint Eastwood, quien también participó en la producción, compuso la banda sonora e interpretó uno de los papeles principales, Million Dollar Baby se estrena en el año 2004 y consigue ser galardonada con más de cuarenta premios nacionales e internacionales, entre los que destacan cuatros premios Óscar, incluyendo mejor película, mejor director, mejor actriz principal y mejor actor secundario.  Además de Eastwood, protagonizan la película Hilary Swank y Morgan Freeman (quienes recibieron el Óscar a mejor actriz y mejor actor por estos papeles).

Narra la historia de Frankie Dunn, un veterano entrenador de boxeo ya al final de su carrera, y sus esfuerzos por ayudar a una boxeadora, llamada Maggie Fitzgerald, a llegar hasta lo más alto, aunque entrenar a una mujer esté contra sus criterios. Maggie tiene 31 años y trabaja como camarera. Eso no la hace feliz, ella tiene un sueño y una meta: quiere ser una gran boxeadora, quiere ser reconocida y quiere viajar por el mundo. En el camino hacia su sueño, se encuentra con muchas personas que no creen en ella, pero aunque algunas veces flaquea, la esencia de todo es que ella cree en sí misma y no va a parar hasta conseguirlo.

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Su sueño se convierte en una realidad y se convierte en una aclamada y conocida boxeadora, una mujer con éxito, fama y dinero que la llevarán a encontrarse con la peor de las decepciones: el egoísmo e interés de su propia familia. A veces, los sueños salen mal, y un fatídico golpe cambiará la vida de Maggie para siempre. No os voy a desvelar el final, aunque supongo que muchos lo conocéis, pero los que no, quiero que disfrutéis de esta película y luchéis por aquello que deseáis.

A veces los sueños cumplidos pueden torcerse y podemos encontrar un final que no hubiésemos deseado ni en nuestra peores pesadillas, pero aún así, en algún momento, ese sueño te hará completamente feliz y te dará una felicidad absoluta que el no haber luchado por él no podrá darte jamás.

De mi libro os diré que estamos eligiendo la portada y que muy pronto os traeré novedades. Gracias a los que me decís que tenéis muchas ganas de tenerlo en vuestras manos, no os imagináis las ganas que tengo yo.

” La magia de librar batallas más allá de lo humanamente soportable se basa en lo mágico que resulta arriesgarlo todo por un sueño que nadie más alcanza a ver excepto tú.”
Million Dollar Baby

Luchad siempre.

Feliz martes, amigos.

Lorena.

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19 de marzo.

Parecía que la primavera había llegado a Madrid… Dejamos a un lado los abrigos y nos lanzamos todos a la calle. Las terrazas estaban llenas, el sol, incluso, picaba un poquito y a la gente se la veía feliz. No es una novedad para nadie que el sol y el buen clima nos llenan de alegría, las personas están más felices, sienten más energía y eso se respira en el ambiente. Sabíamos que no podíamos hacernos ilusiones, siempre pasa. Aunque nos guste el invierno, los abrigos, las mega-bufandas, los gorritos y el café bien caliente, como de todo en la vida, nos acabamos cansando de él. Nos pasa lo mismo con el verano, lo cogemos siempre con más fuerza, pero cuando ya llevamos meses con shorts, mini vestidos y sandalias tenemos ganas de ponernos los jerseys y chaquetones. A mí, al menos, me ocurre con cada estación y cada año de mi vida. ¿A vosotros no os pasa? El ser humano es así, inconformista por naturaleza, siempre se cansa de aquello que tiene, aunque lo adore.

Efectivamente, la llegada del calor era una falsa alarma. Aunque las temperaturas han subido, estos días el cielo gris ha vuelto a cubrir Madrid, las terrazas vuelven a estar vacías y la gente sigue llevando sus abrigos. A mí, si os soy sincera, no me disgusta del todo. Adoro los días grises, los días de frío y también los de lluvia. Son mi excusa perfecta para quedarme en casa, para estar en pijama, para poder ver películas que me encantan, para taparme con la manta y comer palomitas o chocolate.  Hoy es uno de esos días. 🙂

Estos días no dejo de ver fotos de mis amigos y conocidos de siempre en las redes sociales, todo el mundo se ha acercado hasta Valencia capital para disfrutar de las fallas y creo que soy a la única (o de las pocas) valenciana que no le gustan las fallas (perdonadme, es que no les acabo de pillar la gracia). En las fotos de mis amigos, veía felicidad y fiesta, lamentablemente cada vez que veo las noticias no me ocurre lo mismo, porque claro, en las noticias destacan (y menos mal que lo destacan) la actitud lamentable de una alcaldesa que me avergüenza hasta lo más profundo de mi ser. No voy a hablar de esto, al menos en este post, pero no podía dejar de mencionarlo. 😉

Mientras algunos disfrutan las fallas, hoy me he acordado que pasado mañana es fiesta, el 19 de marzo, el día que termina esa fiesta, el día de la cremà y además un festivo nacional con motivo de San José (en este país es que somos muy devotos), y ese mismo día se celebra el día del padre y para mí, siempre ha sido un día muy especial (no por el tema religioso, claro).

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Con el Día del Padre me pasa un poco lo mismo que con San Valentín. No soy de pensar qué regalo voy a comprar para que resulte un día especial. Creo que el hecho de no comprar, lo hace más especial. Ahora os lo explico.

Hace sólo unos días, publicaba mi artículo quincenal en Bface Magazine y justo hablábamos de esto. Para este tipo de ocasiones, creo que es mucho más especial poder hacer un regalo “no material”, como por ejemplo, escribir una carta bonita y regalarle una foto en la que aparezcáis los dos, hacer un álbum con miles de recuerdos de toda una vida juntos, dedicar una canción, preparar un buen desayuno o una comida especial, o simplemente hacer algo con él que hace años que no has hecho y que os encantaba: desde un paseo en bici a una tarde en el cine. Está claro que los padres se merecen ser mimados durante todo el año, por todos los mimos incondicionales que ellos nos dan a lo largo de la vida, pero si hay un día oficial para ellos, al menos, durante ese día, deben ser protagonistas sin ningún tipo de condición. Estoy segura que muchos padres se lo merecen, y digo muchos porque también estoy segura que no todos.

Hace muchos años que no puedo celebrar el 19 de marzo con mi familia, porque nunca coincido en casa, pero para mí siempre ha sido algo especial, comida en casa de mi abuela, larga sobremesa, risas, unión y felicidad.

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Aún recuerdo aquellos años en los que en el colegio estábamos durante días preparando alguna anualidad para el día del padre, y recuerdo en especial, una que hice. Era una especie de tablita sobre la que iba un vaso (realmente era un cilindro de cartón), cubierto de mitades de pinzas de madera, tanto la tableta como el vaso, y era un vaso para poner bolis y sobre la tableta poder apoyar una pequeña libreta dónde escribir cualquier cosa. La verdad es que no era una maravilla, pero por alguna extraña razón lo recuerdo, quizás porque recuerdo el momento en el que se lo regalé, llena de ilusión, a mi abuelo. Pero realmente, ¿sabéis de dónde viene la fiesta del Día del Padre?

La fiesta del Día del Padre, nació en Estados Unidos a raíz de la gratitud de una hija, Sonora Smart Dodd, hacia su padre, un veterano de la guerra civil estadounidense llamado Henry Jackson Smart. La esposa de Henry falleció al dar a luz a su sexto hijo y él cuidó y educó a sus hijos sin ayuda y con todo el cariño del mundo en una granja del estado de Washington.

A Sonora Smart Dodd se le ocurrió la idea de celebrar el Día del Padre mientras escuchaba un sermón del Día de la Madre en 1909. Al principio propuso el 5 de junio, fecha del cumpleaños del señor Smart, pero la elección de la fecha no prosperó.

La idea de instituir un ‘Día del Padre’, sin embargo, sí que fue ganando aceptación. En 1924 el presidente Calvin Coolidge apoyó la idea de establecer un día nacional del padre, y en 1966 el presidente Lyndon Johnson firmó una proclamación que declaraba el tercer domingo de junio como el Día del Padre en Estados Unidos.

La celebración se extendió rápidamente a Europa, América Latina, Asia y África como una manera de homenajear a los padres y reconocer su papel en la crianza y la educación de sus hijos.”

Estoy segura que el 19 de marzo es un día especial para muchos, para los que son padres y sobre todo para los que son padrazos. Un día muy especial para los padres primerizos. Un día muy especial para los padres con niños pequeños que sacan de su escondite, cual tesoro, la manualidad que han preparado en el colegio. Un día muy especial para aquellos padres con hijos más mayores que les demuestran lo orgullosos que se sienten de ellos, y entonces, quizás, son más conscientes de lo bien que lo han hecho, ese y cada uno de los días. Un día muy especial para los hijos que quieren sorprender, o simplemente agradecer un año más. Un día muy especial para las madres, para aquellas que pueden sentirse inmensamente orgullosas de la elección que hicieron, del hombre que escogieron para crear su familia. Un día muy especial para aquellos hombres que han criado a los hijos de sus parejas como si fuesen los suyos propios. Un día que sabrán hacer especial todos aquellos que por alguna razón tienen a sus padres lejos. Un día muy especial para todos aquellos que seguro, rendirán un pequeño homenaje a esos padres que no están, que ya no estarán, pero que se quedarán para siempre, de una forma u otra.

Hoy te quería contar que cuando esta mañana he pensado que pasado mañana es el día del padre ha sido inevitable acordarme de mi abuelo, al que sólo hace un par de semanas que no veo y al que echo de menos cada día que estoy lejos. He pensado cómo es él, tan bueno, tan noble, incapaz de levantar la voz, tan dulce, tan amable, tan risueño, tan elegante, tan tranquilo, tan entregado… Pienso en cómo ha educado a sus hijas y cómo se ha volcado con todos y cada uno de sus nietos y sé que no he podido tener más suerte. Él sabe lo orgullosa que estoy de él, porque se lo he dicho muchas veces, pero por alguna extraña razón, los seres humanos tenemos ese punto de estupidez en el que a las personas más importantes de nuestras vidas nos cuesta más repetirles lo mucho que las queremos, seguramente porque damos por hecho que lo saben.

Hoy quería dedicarle este post a todos esos padres que han sabido estar de forma incondicional, que han dado biberones y han cambiado pañales, que han ayudado a hacer deberes, que han leído cuentos, que han enseñado a nadar y montar en bici, a todos esos padres que han aprendido a peinar, que han dado baños y han preparado cenas, a todos esos padres que han dado consejos, que han sabido escuchar, que se han preocupado, a todos esos padres que se entregan de forma incondicional cada día, para dar lo mejor de sí mismos, a todos esos padres… GRACIAS.

Y cómo no, este post va dedicado a todos esos hijos que habéis pensado en vuestros padres cuando habéis leído todo esto. No os olvidéis de recordarles, y no sólo el 19 de marzo, lo importantes que son en vuestras vidas. (Si no habéis visto este video, que ya se ha convertido en viral, en el que una niña escribe una carta a su padre, os aseguro que os va a encantar: https://www.youtube.com/watch?v=J06M7ziYJ74)

Este post va dedicado, sobre todas las cosas, a mi abuelo, por ser el mejor padre del mundo. Al que siempre, de forma eterna, le dedicaré esta canción que un día escribió Alejandro Sanz:

“Con tu sonrisa de medio lao cuántos te quiero te habrás callao, cuántas cosas de chiquillo aún conservas en los bolsillos. Con tu eterno cigarrillo, con tu ojera y tu descuido. La más bella de las danzas es tu cojera al caminar. Imagino que engordaste para que el alma te entrase. Imagino que tus canas son recuerdos en tus bodas de plata.

Con ni sonrisa de medio lao cuántos te quiero me habré callao. Tú me diste el primer brillo, me sacaste de un bolsillo. Frágil como una pelusa, como una inocente excusa, en una arruga de tu abrigo me sentía protegido.

No eres sólo aquel que firma en el libro de familia. Ni eres el silencio en el sofá, viendo un partido en zapatillas. Eres mucho más, eres ese amigo que me dio vida, y eres ese amigo que me dio vida.

Por eso no quiero dejarte aparcao, por eso no puedo seguir callao, hoy que al fin me he dado cuenta que me sumabas de tu resta.

Y, déjame por esta noche ser las manos que te arropen. Y, déjame que te regale un abrigo nuevo en condiciones. Y, déjame gritar que orgulloso estoy de ti, y que eres ese amigo que me dio vida, y eres ese amigo que me dio vida. 

Ese que es mi amigo, me dio la vida”

 

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Sólo quedan dos días para que sea 19 de marzo. ¿Vais a preparar algo especial?

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

 

Suena una canción…

He de reconocer que tenía ganas de un otoño de verdad, de los de sacar abrigos y bufandas, gorros de lana y sombreros, de esos otoños en los que los días libres quieres estar en el sofá, abrazada a la manta, con una peli de fondo o un buen libro entre las manos… Con el frío tras la ventana y el placer absoluto de hacerle frente de este modo. Parece que, por fin, el frío ha llegado de forma permanente a Madrid y parece que va a quedarse con fuerza… Ayer fue una tarde de lluvia que dediqué a leer. Hoy un día nublado, con un tímido sol asomando, con un frío penetrante en la calle… Y me gusta verlo desde dentro, con el olor a café y Cometo a mi lado durmiendo.

Hoy te quería contar algo que me pasó hace unas semanas, a primera hora del día, mientras iba en el autobús…

Cómo muchos ya sabéis, además de la literatura, una de las grandes pasiones de mi vida es la música, mi mayor frustración siempre será no cantar bien (de hecho, Sergio dice que soy la persona que peor canta del mundo. Se pasa, ¿no?) 🙂 Creo que la música es una gran pasión de la vida de la mayoría de las personas. Escuchamos música desde el momento en el que nacemos y de forma inevitable e inconsciente empieza a formar parte de nuestra vida… Con el paso de los años, habrá diferentes tipos de música que elegirás como compañera de momentos, de felicidad y de lamentos.

Siempre he dicho y supongo que diré, porque así lo siento,  que mi canción favorita es La Fuerza del Corazón, de Alejandro Sanz. Quizás porque llegó hace muchos años a mí de una manera muy fuerte, quizás porque sólo era una niña y fue la primera canción en la que me paré detenidamente a entender su letra y dejar, sin límites, que me emocionase. Hay otras canciones que jamás me cansaré de escuchar como El Ruido, de David Bisbal, que es relativamente joven o En el Muelle de San Blas, de Maná. Hay canciones que escucharás en un momento determinado de tu vida y aunque estés años sin volver a saber de ellas, en el momento que vuelvan a aparecer te harán sonreír o te emocionarán.

Será inevitable a lo largo de mi vida que cualquier canción de Bom Bom Chip me arranque una sonrisa, por ser la BSO de mi infancia y por formar parte de mi madurez… Me pasará igual, como te pasará a ti, que sonreiré cuando escuche una canción del verano que me recuerde a mi adolescencia, a aquellas noches en las que la bailé con mis amigas, con la inocencia de la juventud y las ganas en la pista… Habrán canciones que siempre serán especiales, que reflejarán un primer amor, un amor soñado, un amor imposible o un amor olvidado y que cuando vuelvan a ti, te harán pararte unos segundos y asentir.

Hay canciones que siempre me harán quedarme en silencio, por las lágrimas que derramé con ellas en algún momento de mi vida, como Con Las Ganas, de Zahara o A Tientas, de Vega. Habrá canciones que te recordarán a amigos que pasaron por tu vida y ya no están, y otras que te recordarán a esos amigos que siempre estarán… Esa es la magia de la música, que vive contigo el paso de los años, que marca momentos y circunstancias, lugares y personas, que tiene el poder de hacer que miles de personas, en todo el mundo, puedan sentirse identificadas… Porque al final, como siempre digo, no somos tan distintos.

Hace un par de semanas, un lunes a primera hora, sonó una canción en el autobús, que me quitó el sueño de repente para arrancarme una sonrisa, para viajar en mi vida y emocionarme de la forma más bonita…

Soy la mayor de tres hermanos y aunque les quiero a los dos por igual, la diferencia de edad con cada uno de ellos ha hecho en el tiempo que vivamos cosas muy distintas. Miguel nació cuando yo estaba a punto de cumplir dos años y se convirtió en mi primer amigo. Con él compartí mis juguetes, mis peleas, mis risas, mis aficiones y nuestras diferencias… De pequeño, le encantaba hacerme rabiar. Todavía recuerdo el disgusto que me llevé cuando le cortó el pelo a una de mis Barbies… Crecimos juntos, teniendo casi la misma edad y eso, con los años, nos permitió compartir muchas, muchas cosas bonitas, amigos, secretos y experiencias.

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Miguel y yo. 1991.

Alex llegó como un auténtico regalo. Nació cuando yo estaba a punto de cumplir los doce años y se convirtió en mi juguete, en mi aire y mi vida. Doce años de diferencia que me hicieron disfrutarle de una forma muy especial… le bañé, le di biberones, le llevé de la mano en la playa, le acompañé en su primer día de guardería y de colegio, le ayudé a hacer deberes, le disfracé en carnaval, le conté cuentos y le quise proteger y dar todo lo bueno que podía haber en mí…

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Alex y yo. 2001.

Hace un par de semanas, un lunes a primera hora, sonó Sólo tú de Paula Rojo, mientras yo iba en el autobús… Me quitó el sueño para arrancarme una sonrisa, para viajar en mi vida y emocionarme de la forma más bonita… Como muchos de vosotros, a Paula la conocí a través de la televisión en la primera edición de La Voz, su dulzura y su ukelele hicieron que no pasase desapercibida para nadie… Allí, en su primera actuación, pidió cantar un trozo de esta canción, que había compuesto para su hermano pequeño, y desde ese momento me enamoró. Mucho tiempo después, tuve la oportunidad de entrevistarla para La Caja de Música, cuando su éxito ya era una evidencia y sus sueños seguían tan intactos y con tantas ganas como el primer día… Eso la hace especial. Si tuviese que describirla con una palabra sería magia, y esa magia es la que lleva a sus canciones, a su música y a nuestros corazones…

Aquella mañana de lunes, al escuchar su canción, la cual había oído ya muchas veces, me detuve y pensé que hacía mucho que no me volvía a encontrar con esa letra, me fue inevitable sonreír, porque tuve la oportunidad de viajar  por mi vida… Y en cada verso pensé en Alex, en lo pequeño que era la primera vez que le vi cuando sólo tenía unos minutos de vida, pensé en todos los años en los que se dormía conmigo en la cama, en todas aquellas tardes juntos, en nuestros paseos de la mano, en sus fiestas del colegio o sus fiestas de cumpleaños, en su dulzura, en su inocencia… Sentí la canción de una forma muy especial…

Alex ya tiene quince años y es más alto que yo. Me fue imposible no emocionarme, ver, una vez más, lo rápido que corre el tiempo y me sentí feliz por haberle dicho y decirle siempre, a él y a todas las personas importantes de mi vida, lo mucho que las quiero…

Alex y yo. pechón, Cantabria. 2014

Alex y yo. Pechón, Cantabria. 2014

Como en la canción, antes de conocerle, me hice mil preguntas sobre cómo sería, o cómo serían nuestros días..y “ahora lo sé, sólo pregunto el por qué, cómo en apenas segundos cuando te vi la cara, te comencé a querer… Y sólo tú, haces que llore riendo, haces que ría llorando y me pregunto cómo algo tan pequeño puede invadir la caja de mis recuerdos, los que ya apenas recuerdo si tú no estás en ellos… Sólo tú.”

Hoy, que hace una semana que volví a Madrid después de pasar unos días en casa, me he recordado lo afortunada que soy por tener una familia como la que tengo… Y me he acordado de aquel lunes en el autobús en el que Paula Rojo me hizo viajar por mis recuerdos y me emocionó.

Miguel, Álex y yo. 2014.

Miguel, Álex y yo. 2014.

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La vida, sin ninguna duda, no tendría sentido sin la música… Y ahora te toca a ti, ¿Cuál es tu canción favorita?

Feliz tarde, amigos.

Lorena.

Juntos, podremos con todo.

No se puede negar que hay días malos, malísimos, en los que no tienes fuerzas para nada. Una vez al mes me pongo enferma, muy enferma, por un tema que sólo a las mujeres nos acontece. Hoy he sido incapaz de moverme del sofá en todo el día pero ahora, aprovechando que me encuentro un poquito mejor, he decidido que os quería regalar a vosotros este momento de fuerza y sentarme frente al ordenador, os quería regalar a vosotros este inicio de semana.

El sábado publiqué una foto en mi página de Facebook, y grité a los cuatro vientos el derecho fundamental que tienen los seres humanos a amar y ser amados. Les dediqué mis palabras a mis amigas, a las que están enamoradas de una mujer y a mis amigos, los que están enamorados de un hombre, les quise mostrar mi apoyo incondicional, mi respeto y todo mi amor a todas esas personas que han tenido que sufrir el rechazo social a lo largo de la historia, y a quienes, a día de hoy, lo siguen sufriendo. Era el día del orgullo gay, y para mí, el amor está por encima de cualquier sexo o condición sexual, el amor es una de las cosas más bonitas de la vida y sabéis que yo, romántica empedernida, no podía dejar de abrazar con mis palabras al colectivo homosexual para que siga recorriendo con fuerza un camino de respeto e igualdad.

Hoy, viendo las noticias, he visto algo que ha pasado este fin de semana en el metro de Barcelona. Un joven asiático era agredido y su agresión era grabada en video y colgada en la red a modo de trofeo, simplemente por ser de otra raza. Según han comentado en los informativos, el agresor, ya detenido, aireaba con orgullo en sus RRSS su afín con la ideología nazi.

No sabéis cómo me duelen estas cosas. De verdad, no os lo podéis imaginar. No puedo sentir más que dolor cuando leo o escucho alguna discriminación social en alguna etapa de la historia, bien sea por racismo o por condición sexual. Me duele porque no entiendo qué pasó por la cabeza de miles de personas a lo largo de los siglos. No entiendo esa necesidad de hacer daño extremo a los demás, esa necesidad de apuntar y castigar las diferencias de las personas, porque para mí la diversidad siempre ha sido la verdadera riqueza de los seres humanos, de la historia y de la vida. Jamás podré entender a quién le puede molestar una persona por su color de piel o los rasgos de sus ojos, jamás podré entender a aquellos a los que les molesta que un hombre bese a otro hombre o que una mujer coja la mano de una mujer, pero lo que no consigo entender, más si cabe, es que esto en pleno siglo XXI, donde parece que todos somos racionales y coherentes, libres y con una buena educación a nuestra espalda, estas cosas sigan sucediendo. Me muero de pena, os lo prometo.

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Desde que llegué a Madrid, es verdad que la mayoría de mis amigos son homosexuales y es algo que veo con la mayor naturalidad del mundo. A veces, me cuestiono si lo veo normal desde que estoy acostumbrada y porque ese es mi día a día y sólo un segundo después me doy cuenta que obviamente no. Creo que desde pequeña, incluso cuando no había salido del pueblo, nunca hice diferencias entre tendencias sexuales, siempre, incluso siendo una niña, para mí el amor y la felicidad de las personas estaba por encima de todo esto.

Hace un año, más o menos por estas fechas, se inauguraba este blog, con el que tantas alegrías me estáis dando, y uno de mis primeros post, fue sobre el orgullo gay en Madrid y sobre Federico García Lorca, a quien fusilaron por ser homosexual. Siempre he sentido la necesidad de defender las injusticias sociales y jamás he sido de las que piensa qué voy a conseguir con ello, si yo sólo soy una entre millones, pero la unión, amigos míos, hace la fuerza, y si todos luchamos por estas injusticias, como se ha hecho muchas veces a lo largo de la historia, seguiremos consiguiendo el progreso y la evolución constante que seguimos viviendo. Hay mucho camino por recorrer, pero juntos lo conseguiremos.

El tema del racismo y el nazismo es algo que, sin ninguna duda, rompe todos los esquemas de mi mente como persona. Soy incapaz de ver una película o leer un libro sobre la II Guerra Mundial y no acabar llorando a mares de pura rabia, incomprensión y dolor. Uno de los libros que más me impactó en mi adolescencia fue El Diario de Ana Frank.

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Este libro recoge la historia contada en primera persona, a través de sus diarios personales (un total de tres cuadernos), de la niña judía Ana Frank entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944, dónde relata su historia como adolescente y los dos años durante los cuales tuvo que ocultarse de los nazis en Amsterdam durante la Segunda Guerra Mundial. 

Oculta con su familia y otra familia judía (los Van Daan), en una buhardilla de unos almacenes de Amsterdam durante la ocupación nazi de Holanda. Ana Frank, con trece años, cuenta en su diario, al que llamó «Kitty», la vida del grupo. Ayudados por varios empleados de la oficina, permanecieron durante más de dos años en el achterhuis (conocido como «la casa de atrás») hasta que, finalmente, fueron delatados y detenidos.  El 4 de agosto de 1944, unos vecinos (se desconocen los nombres) delatan a los ocho escondidos en “la casa de atrás”. Además del Diario escribió varios cuentos que han sido publicados paulatinamente desde 1960. Su hermana, Margot Frank, también escribió un diario, pero nunca se encontró ningún rastro de éste.

El 4 de agosto de 1944, una comisión de agentes de la Gestapo al mando del SS Oberscharführer Karl Silberbauer, detienen a todos los ocupantes y son llevados a diferentes campos de concentración.

Después de permanecer durante un tiempo en los campos de concentración de Westerbork en Holanda y Auschwitz en Polonia, Ana y su hermana mayor, Margot, fueron deportadas a Bergen-Belsen, donde ambas murieron durante una epidemia de tifus entre finales de febrero y mediados de marzo de 1945 (el tifus fue causado por la extrema falta de higiene en el campo de concentración). Edith Holländer (madre de Margot y Ana) muere de inanición en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Su padre, Otto Frank, fue el único de los escondidos que sobrevivió a los campos de concentración. Cuando regresó a Ámsterdam, Miep Gies, una de las personas que les había ayudado durante su estancia en el anexo, le entregó el diario contenido en cinco libros y un cúmulo de hojas sueltas que su hija había escrito mientras estaban escondidos. En 1947 según el deseo de Ana, su padre decide publicar el diario y, desde entonces, se ha convertido en uno de los libros más leídos en todo el mundo.

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ANA FRANK LA NACION

Vivimos en una época en la que en nuestra educación y formación académica se nos muestra la triste realidad que forma parte de la historia de nuestro mundo y me consuela saber que la mayoría de personas sentimos total rechazo y repudiación hacia toda aquella irracionalidad que vivieron los judíos, hacia toda aquella barbarie nazi, y hacia todas aquellas vidas y sueños asesinados en los campos de concentración. Pero, dentro de este consuelo, me duele el alma cada vez que veo en las noticias un indicio de esta irracionalidad y esta locura, cada vez que sé que en nuestros tiempos y en nuestras ciudades, en nuestro país o en nuestro mundo, se siguen dando casos, por suerte ya minoritarios, en los que el racismo, nazismo o la homofobia siguen cobrando protagonismo. Porque no entiendo la mente de algunos seres humanos, porque no entiendo a algunas personas, porque seguiré sintiendo dolor mientras el respeto y la libertad no sean conceptos reales.

Quizás hoy estoy muy sensible, quizás la rabia por lo que he visto en las noticias me ha ayudado a escribir este post en este día en el que no podía ni moverme del sofá, quizás hoy es uno de esos días en los que estoy muy enfadada con el mundo…

Juntos, cogidos de la mano, podremos con todo. No lo olvidéis nunca.

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

Mil millones de GRACIAS.

Hoy el martes viene con la sensación de ser jueves, mañana damos por finalizada una semana muy corta y nos vamos de puente! Yo, que me he querido adelantar, ya vengo de desconectar unos días en un pequeño y maravilloso paraíso como es el norte de España, en mi página de Facebook compartí una foto preciosa del lugar donde he pasado los últimos días, alejada de todo y dedicándolos para mí y los míos.

Hoy vuelvo con un nuevo post lleno de agradecimientos. Marcel Proust decía: “Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma” y yo no puedo estar más de acuerdo. No hay nada más maravilloso que ser agradecidos y no podemos sentirnos más afortunados cuando tenemos motivos para dar las gracias. No me gusta la gente que se pasa la vida recalcando sus esfuerzos, todos hacemos esfuerzos cuando queremos conseguir algo, si fuese fácil, no resultaría tan excitante. Sin embargo, me gusta y mucho la gente que da las gracias.

Por ejemplo, lo primero que hago cuando me compro un CD (Sí, soy de las que todavía va a la tienda a comprar el CD) es abrir el libreto que lo acompaña con las letras de las canciones y buscar los agradecimientos… Cuando compro música, compro música de alguien que me gusta y descubrir algo por lo que se siente agradecido es una forma distinta de conocer al artista al que admiras. Es muy triste que haya personas que no tengan la necesidad de dar las gracias, cuando las gracias se pueden dar muchas veces a lo largo de todo el día… A la chica del supermercado que te acaba de cobrar, al chico de una tienda de ropa que te acaba de atender, al camarero que te acaba de servir el café… Pero, ¿y a todas las personas que no están haciendo su trabajo y hacen cosas por ti, simplemente por que te quieren?

Como bien sabéis muchos, Lo Que te Quería Contar es un blog  que ha estado arropado, abrazado y mimado desde el minuto cero… Y yo, ante eso, no tengo suficientes GRACIAS ni suficiente tiempo para darlas… Porque son eternas.

¿Cómo puedo agradecer yo que haya tanta, tantísima, gente que comparta mis palabras sin pedir nada a cambio? Esta gente sólo lo hace por ayudarme a conseguir sueños, lo hacen para que llegue a todas las personas posibles y lo hacen porque creen en mí… Y creedme que no hay palabras de agradecimiento suficientes.

Hoy quiero acercarme a cada uno de vosotros, y que me perdonen de ante mano aquellos a los que posiblemente me olvidaré…

Mil millones de GRACIAS a mis amores Zara (mi Cometa del alma), Xandrita, Gabri, Mireia, Marta, Patrick… que comparten todos y cada uno de mis posts en sus muros de Facebook para que todos sus contactos sepan que ha habido algo nuevo que quería contar, mil millones de GRACIAS a mi hermanito Diego (mi chachi) que tiene la capacidad de llegar a miles y miles de personas de todo el mundo a través de Twitter y ha hecho que mi blog llegue a tantos rincones y a tantas personas que gracias a él me adoran y me siguen, mil millones de GRACIAS a mi amigo Angel Capel, que no ha dejado de apostar por mí y repetirle a sus miles de seguidores que lean mi blog, mil millones de GRACIAS a mis amores Rebe, Alba (MJDMV), María Paula y mi brother David que sin pedir nada a cambio han retwitteado los posts y han repetido mil veces que creen en mí… mil millones de GRACIAS a mi querida amiga Sara Sálamo que directamente ha enlazado su cuenta oficial de Twitter a mi blog para que cada post salte ante sus miles de seguidores, mil millones de GRACIAS a la diseñadora Laura Daluna que me sorprendió el día del libro presentándome ante sus seguidores y recomendando mis relatos, mil millones de GRACIAS a los que en algún momento han compartido mis posts, mis enlaces, mis palabras, a los que me han mencionado y han pedido a la gente que me lea y siga, mil millones de GRACIAS a todos los que habéis invitado a vuestros amigos de Facebook a darle “me gusta” a mi página…

Y si todo esto me llena de orgullo y amor, imaginad como me siento cada vez que lo hacen personas que no me conocen absolutamente de nada, que sólo saben de mí a través de las redes sociales, del blog y las palabras… No puedo sentirme más orgullosa, querida y agradecida… mil millones de GRACIAS a Merche y su cuenta oficial del club de fans de Diego por mencionar cada post, mil millones de GRACIAS a Inma por compartir y comentar siempre, por hacer sus reflexiones de cada post y siempre tener palabras bonitas para mí, mil millones de GRACIAS a Sandra Torre y a Vichi por emocionarse y compartirlo conmigo, por compartir mis letras con todos los suyos y querer desconectar del mundo a través de este blog, mil millones de GRACIAS a Daniela por darme su opinión siempre y darme los buenos días cada mañana con un mensaje positivo y lleno de amor, mil millones de GRACIAS a la página en Twitter de Violetta en Venezuela, por hacerme llegar a tanta gente, mil millones de GRACIAS a todas esas niñas que desde Rusia apoyan incondicionalmente cada cosa que hago o escribo, mil millones de GRACIAS a los que me hacéis llegar a Brasil, Colombia, Mexico, Argentina, Chile, Italia… Gracias infinitas a todos, a todos los que alguna vez habéis interactuado conmigo, a todos los que alguna vez me habéis querido escribir y contarme vuestras historias, a todos y cada uno los que me habéis dado vuestra opinión sobre un post, tanto en Facebook como en Twitter, a todos y cada uno de los que me leéis desde el silencio y GRACIAS también a los que no os gusta y no lo decís, porque no podemos gustar a todo el mundo y seguro que también hay muchos de esos… Me olvido a muchos, seguro, pero sentíos reflejados en estas palabras, porque os aseguro que todos los que las leéis formáis parte de esto y yo sólo puedo dar las GRACIAS e intentar dar de mí mediante las letras, todo lo que recibo de vosotros.

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Hace casi una semana se celebró el día del libro, y como podéis imaginar es un día que me fascina, siempre me ha gustado que la gente potencie la literatura y me encanta que haya un día oficial en el que todo el mundo tome a los libros como los verdaderos protagonistas, ya sólo me queda la esperanza que todos aquellos que siguen el llamado postureo en las redes sociales leyesen de verdad todos aquellos libros que subieron en forma de imagen.

Os adelantaba en el anterior post que había sido cómplice de algo que estaba pasando en la biblioteca de l’Olleria aquel día y hoy te lo quería contar. 

Unas semanas antes, me contaron que para la diada de Sant Jordi, la biblioteca de l’Olleria había organizado una serie de actividades, las librerías del pueblo montarían stands en la calle y la gente pasaría por allí a comprar y compartir el dia del llibreMe propusieron ser cómplice de una sorpresa para la gente de mi pueblo y a mi no me pudo hacer más ilusión. Junto a un relato del autor Angel Cano Mateu, uno de mis relatos sería editado e impreso y se regalaría a todo aquel que participase en las actividades o comprase libros aquel día. Me parecía una idea maravillosa y para la ocasión elegí un relato ya publicado aquí en el blog; El juego prohibido, la pasión y la mentira (lo encontraréis en el apartado de “relatos”).

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No tardé en recibir mensajes, fotos y sonrisas a través de mi teléfono de la gente que me quiere, de los que me conocen bien y de los que no me conocen tanto, pero la gente de mi pueblo se alegraba por mí y todos ellos querían compartir la felicidad conmigo, no hay nada más bonito que eso. Siempre digo, y siempre diré, que mientras una sola persona se emocione con algo que yo escriba, me daré por satisfecha… No os imagináis lo bonita que es la sensación cuando alguien me dice que tiene los pelos de punta tras uno de mis posts, que ha llorado o que ha viajado por sus recuerdos y se ha emocionado… No hay nada, absolutamente nada, más gratificante que eso. Por eso no me canso de dar las GRACIAS, por eso sé que si todo ser humano se dedicase a hacer lo que realmente le gusta viviríamos en un mundo mucho más fácil.

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La biblioteca de l’Olleria, además, organizó un concurso de fotos a través de Instagram en el cual una de mis fotos quedó finalista y cuyo obsequio recogió mi madre orgullosa. Muchas veces me digo a mi misma lo mucho que me gustaría que l’Olleria tan sólo estuviese a media hora de Madrid para poder estar en momentos que lamentablemente me pierdo… El miércoles pasado fue uno de esos días.

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Invité a a gente a enviarme fotos y a compartir conmigo el libro con el relato de Angel y el mío… porque este post quería dedicárselo al día del libro  y a lo feliz que me hizo formar, de algún modo, parte de él… mil millones GRACIAS a todas y cada una de las personas que han querido hacerlo, que quisieron escribirme aquel día para contarme que mi relato impreso estaba en sus manos… Hoy quería que ellos fuesen protagonistas de Lo Que Te Quería Contar, porque la gente que arranca sonrisas merece ser protagonista, al menos en la vida de quienes las reciben.

Moltissimes gràcies a Loreto, Emma, Ania, Lurdes, Angi, Jesús, Patri, Jenni, Sheila, Mireia, Maria Oviedo, Sandra, Maria Albiñana, Rafa, Jose, Julio, Ylenia, Maria, Martina, Sara, Tamara i Valeria, Ivana, Carles, Paco, Maria José, Paco Borràs, Marta, Jordi, Elisa, Julia, Mari i Pepe.

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Muchas GRACIAS a todos, los que estáis de forma incondicional y los que han estado de pasada… Hoy esto es vuestro y las palabras sonríen y bailan.Que no paren las letras, que no paren los sueños…

MOLTES GRÀCIES.

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Imagen de “Elles Audiovisual”

Feliz martes, amigos.

Lorena.

Por amor al arte… (Parte I)

Hace días que una historia me viene rondando la mente, una historia que tenía muchas ganas de plasmar y compartirla con vosotros. Una historia que mi mente, que siempre va más allá de la realidad, ha creado para convertirla en relato. Tendríais que verme… Estoy muerta. He llegado de trabajar y mi cuerpo me pedía a gritos que me tumbase en el sofá, que descansase y me pusiese a leer un rato, pero hoy tenía que escribir. Necesitaba hacerlo.

Voy a aventurarme a hacer algo que no sé si saldrá bien… Os traigo un relato para que lo leáis despacito, como a mí me gusta… Pero sólo os traigo la primera parte. Todavía no sé si lo publicaré en dos partes, o en tres, porque os tengo que confesar que aunque ya sé el final, no he tenido tiempo real para poder terminarlo. Quiero leeros, quiero que me digáis cómo creéis que va a acabar la historia, qué creéis qué va a pasar… Hace unas horas he publicado en Twitter lo mucho que me gusta observar a la gente en el metro, lo mucho que me gusta ver lo diferentes que nos creemos y lo parecidos que realmente somos. Con nuestras preocupaciones, nuestras alegrías, nuestros sueños y nuestras realidades… Quiero saber si al final de verdad no somos tan distintos, quiero saber qué pensáis al leer esta historia y qué imagináis que pasará o qué os gustaría que pasase…. No sé si saldrá bien, no sé  si habrá quien lea esto y no lo encuentre interesante y por ello no lea lo que vendrá más adelante…. Pero me apetecía jugar, y hoy te lo quería contar. 

Poneos cómodos, porque empezamos….

POR AMOR AL ARTE

Estaba nerviosa, claro que lo estaba. Era la primera vez que él iba a ir a su casa, y eso para una chica siempre es algo importante. Todo tenía que estar perfecto, el aroma de la casa tenía que saber a paraíso, la cena preparada, buena música de fondo, la mejor ropa interior, las copas relucientes, las ganas gritando, el alma bailando.
Claro que se había enamorado. De hecho, se había enamorado de tantos chicos que ya no sabía cuál había sido el primero, los había ido olvidando, tachando de una lista que guardaba su mente y que sabía que a él no le hacía gracia que conservara. Sin ninguna duda, él era su gran amor, él que había llegado por casualidad y le estaba regalando los mejores meses de su vida… Él que tanto la quería y tanto la protegía…

Fue puntual, la verdad es que siempre lo era. A las nueve y media, como un clavo, un mensaje en el móvil para que le abriese la puerta. Apareció con su mejor sonrisa y en su mano unos pasteles que anunciaban ser lo más light del postre… Él… tan guapo, tan cariñoso, tan carismático, tan atento, él que tan bien olía…

-Bonita casa… ¿Suelen viajar mucho tus padres?

-La verdad es que no… Tenemos una casa en el norte y es al único sitio al que van, se escapan al menos un fin de semana al mes y eso les hace olvidar toda la rutina. Allí desconectan del mundo y sienten paz…

Se puso a mirar las fotos del salón y sabía que la pregunta estaba al caer. Aquella foto en la que ella estaba sola, riendo en la playa, con el cabello flotando abrazándole la cara, su sonrisa siempre intacta, la luz de sus ojos verdes, la piel tostada… Era preciosa. Siempre lo fue.

-¿Quién es esta chica?

-Lucía… Mi hermana.

-¡Vaya! Nunca me habías dicho que tenías una hermana…

-Murió hace cinco años…- Y aún se le encogía el alma.

-Pequeña… lo siento. No sabía nada, ¿por qué no me lo habías contado nunca?

Nunca hablaba del tema, el dolor era tan fuerte que era imposible sacar el tema. Ellas, tan distintas y tan iguales… Lucía, su hermana mayor, su primera amiga, su mayor confidente, su alma gemela… Lucía que enamoró a todos con su simpatía, con su ternura, tan delicada, tan alocada, tan frágil, tan serena, tan dulce, tan risueña, tan divertida, tan inteligente, tan educada… Lucía era la hermana que todos quieren tener, la amiga que todo el mundo desea, la hija perfecta, la alumna ejemplar, la novia ideal, la chica hecha de sueños que vivía llena de ilusión…

-¿Cómo fue? Era preciosa…

-Se suicidó.

Y claro… El silencio inundó su casa. Inundó su velada, su cena perfecta, su cita idealizada… Se deslizó hasta la cocina y él la siguió… La abrazó despacio, la acarició con ternura, sin decir nada la abrazaba a gritos, diciéndole que no pasaba nada, que él estaba ahí, para salvarla de todo…

Aquella noche fue perfecta. Tras la cena, pusieron música y se sirvieron unas copas… Decidieron hablar… Hablar durante horas, abrir sus almas y sus recuerdos, llegar a conocerse cómo no lo habían hecho nunca… Bebieron toda la noche, entre confesiones y lágrimas, entre risas y caricias, entre besos que acabaron en fuego en la cama… manos entre las piernas, fuerza en los cuerpos, locura… eso era su amor. Locura, locura que sentían el uno por el otro.

Le había conocido hacía cinco meses, casi por casualidad. María, su mejor amiga, llevaba días diciéndole que aquel chico no paraba de mirarla… Se conocieron en la biblioteca, entre apuntes y libros, en medio de una agotadora época de exámenes… Era verdad. Aunque no quisiera reconocerlo, ella también se había dado cuenta que aquel chico no dejaba de mirarla. Aquella tarde, María tuvo que llevar a su gata al veterinario y salió antes… Ya había anochecido y sabía que sus padres no soportaban que ella llegase tarde.

Lo que le pasó a su hermana les pilló a todos desprevenidos, nunca habrían imaginado que alguien como ella estuviese sufriendo por algo y que ninguno hubiese sido capaz de saberlo. Sentían la culpa de no poder haberla ayudado. Llevaba un tiempo rara, pero ella sabía que era porque estaba enamorada. Había conocido a un chico del cuál no hablaba. Nunca le había contado nada, a ella, que era su hermana pequeña, en quien siempre confiaba. Jamás le había dicho su nombre, nada. Pero le quería, le quería mucho. Desde que estaba con él estaba cambiada, más distante, más defensiva… Y mientras su madre se preocupaba, su padre siempre decía que la dejara, que era joven y eso eran cosas de la edad…. Aquella noche sonó el teléfono… Se había tirado por el puente… al río, sin decirles nada, sin dejar que le dijesen nada. Todavía recuerda el grito desgarrador que salió de la boca de su madre, recuerda como su padre se hizo pequeño en cuestión de segundos y como ella sintió que la vida se acababa. Jamás podrán superarlo, porque esas cosas no se superan, aunque escuchaba a sus padres decir que tenían que ser fuertes porque les quedaba ella, porque tenían que hacerlo por ella, pero ella sabía que sus padres habían muerto aquella noche, bajo aquel puente y las aguas de ese río… En ocasiones efímeras, llegó a odiar a su hermana, odiaba su egoísmo por haberles destrozado la vida, por haberles dejado sin ella, por haberse marchado cuando más felices eran, cuando todo estaba perfecto y no faltaba absolutamente nada… Luego, se arrepentía de esos pensamientosy lloraba durante días… Jamás podría culparla por aquello… Porque estaba segura que su mente le había jugado una mala pasada y si había sido capaz de hacerlo era porque había dejado de ser ella… La echaba mucho de menos. Su casa no volvería a ser la misma, su habitación, todavía intacta, parecía que seguía guardando su perfume y esa magia que la caracterizaba… Aquello era, sin duda, lo más doloroso que podía pasar en la vida.

Cerró los libros. Salió de la biblioteca antes de que fuese más tarde y mientras andaba, bajo el silencio de la noche y acompañada por la tristeza del frío del invierno, sintió como alguien caminaba justo detrás de su espalda… Paró en seco y sintió como una sonrisa, sin sentido, le iluminaba la cara. El chico de la biblioteca, tímido y con una media sonrisa dibujada en los labios, le preguntó por qué se reía… Y a ella le pareció tan divertido que le dijo que pensaba seguirle, pero ya que lo había hecho él, le parecía todo muy fácil.

-Historia del arte…- Dijo él mirando los libros que ella sostenía.

-Por amor al arte…- Dijo ella jugando a hacerse la interesante.

-¿Me dejarás invitarte a un café?

-Mañana a las cinco, en la puerta de la biblioteca.- Dijo tajante. Dio media vuelta y se fue andando tranquilamente mientras sentía como él, con esa tímida sonrisa, la perseguía con la mirada.

Era muy guapo. Era tan guapo que casi no se lo podía creer. Llamó a María y le contó lo sucedido, le pidió, con ese tono de voz cómplice que sólo ponen las amigas de verdad, que no fuese con ella al día siguiente a la biblioteca. Quería estar con él, y quería conocerle… “Estás loca”, le decía a carcajadas.

A las cinco la esperaba en la puerta. Con su pelo despeinado, su abrigo marrón y sus gafas de sol… Era el chico más guapo que había visto jamás. Dicen que sólo se puede creer en el amor a primera vista en el momento en el que te sucede… Lo suyo, aunque tardó varios días de miradas en dar sus frutos, estaba claro que había sido un flechazo, una locura, una historia de amor que todo el mundo desearía tener… Ángel parecía un regalo que alguien le había querido enviar. Con él olvidaba los problemas, las tristezas, y sentía los revuelos en el estomago que la hacían estar viva, llena de sueños, llena de ilusión, de ganas, de fuerza, de risas…

Aquella noche, en su casa, él le había contado cosas que sólo ella conocería… Cosas que se quedarían enterradas en los besos, la comprensión, las penas, las lágrimas, el amor y el alcohol… Le habló de su soledad, de lo solo que se sentía… Sus padre, empresario de éxito, a penas se daba cuenta que tenía un hijo. Todos sus caprichos y gastos materiales estaban solucionados. Absolutamente todos y de todo tipo, pero estaba solo. Solo frente a un mundo que le atemorizaba y ahora que la había encontrado a ella era feliz… Muy feliz.

Al poco tiempo de conocerla, le regaló un viaje a Roma, a ella que estudiaba historia del arte, por amor al arte, su estancia tendría lugar en una suite maravillosa donde todos sus deseos se harían realidad, dónde sólo existirían ellos y el mundo a sus pies… Sus padres, siempre creyeron que estaba con María en casa de unas amigas cerca de la playa pasando el fin de semana. Le dolía en el alma tener que mentirles, pero si hubiesen sabido la verdad no la habrían dejado irse… Ángel no quería que hablase de él a sus padres, temía las relaciones familiares y creía que serían más felices así… Ella, también prefirió ahorrarse las presentaciones oficiales, en su casa se respiraba un ambiente demasiado gris, totalmente justificado, que contagiaba la tristeza y la clavaba a puñales en el alma.

Sin querer hacerlo, era cierto que hacía demasiado tiempo que no pasaba una tarde con María, pero no le gustaba que ella se lo reprochase. A veces pensaba que su amiga sentía celos de verla tan feliz… Sentía ser así, pero el poco tiempo que tenía después de las clases quería pasarlo con él, deseaba estar a su lado, abrazarle, besarle, verle sonreír…

El sol bañaba los pies de la cama y el olor a jazmín entraba por la ventana, en aquella habitación se respiraba paz…. Se respiraba amor. Cuando él se despertó la encontró mirándole, con aquella sonrisa dulce que tenía, con el pelo enlazado bajo una suave trenza, con los ojos llenos de sueños y la vida en los labios… La besó, se besaron. Hicieron el amor con ternura, con una suavidad que pronto estallaba como un volcán en erupción… Sus cuerpos hechos uno, sus piernas cruzadas, él dentro de ella, ella cabalgando sobre él… Ellos, sólo ellos, convertidos en un solo ser.

-Tengo una sorpresa para ti, pequeña…

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Disfrutad mucho todos aquellos que os vayáis de vacaciones por Semana Santa…

Buenas noches, amigos!!!!

Lorena.