La Habitación

Cada vez que oigo decir “La Habitación” me es inevitable acordarme de esa preciosa canción de Vega que llegó a mi vida cuando sólo era una adolescente. Esa canción que me hizo sonreír y llorar durante años y que todavía hoy me llega al alma cuando suena en mi radio…

La Habitación de la que habrás oído hablar estos días, seguro, es esa película que se ha llevado grandes premios como Globo de Oro o el Óscar a Mejor Actriz para Brie Larson, que está brillante. Hoy es de esta obra de arte de la que quiero hablar, hoy te lo quería contar…

Quienes me conocen bien saben que los casos de secuestros me traumatizan de verdad, me duelen en el alma y me producen escalofríos. Estos hechos hacen que me pregunte durante mucho tiempo qué impulsa a un ser humano a creerse con el derecho de robarle a una persona su vida, de robar a esa persona de la vida de quienes la rodean y de robar la libertad de alguien, bajo el sufrimiento y el dolor. No lo puedo entender. Me supera, me parte el corazón. ¿Qué derecho tiene nadie de robarle un hijo a sus padres? ¿Qué derecho? Es algo tan salvaje que se escapa de mi mente y lo triste es que es algo que se repite cada día en cualquier rincón del mundo. La irracionalidad del ser humano, una vez más.

Últimamente veo muchas películas, porque me encanta ver películas (aunque mi amiga Valeria crea que no). Es cierto que no suelo ir mucho al cine, que soy más de disfrutar del séptimo arte en casa, con el sofá y la manta, es un placer absoluto para mí. Mi mejor opción (y si es con chocolate o helado, mejor, para qué negarlo). No obstante, no significa que no me guste, de vez en cuando, el plan de disfrutarlo a lo grande, en una pantalla inmensa que te hace estar más cerca de la historia, si cabe, con unas palomitas, un refresco y una sala llena de desconocidos (bueno, “llena”). Cuando vi el tráiler de La Habitación supe que necesitaba verla, asocié de inmediato la historia a un caso real que vio la luz hace unos años y no me equivoqué. La película, basada en la novela de Emma Donoghue que lleva el mismo nombre, hace referencia a la terrible historia de Elisabeth Fritzl, la austriaca que estuvo secuestrada durante 24 años por su padre, con siete hijos como una de las consecuencias. Aterrador. La historia llevada al cine es mucho más light, pero no menos dolorosa, sobre todo, porque han cuidado hasta el mínimo detalle y porque la interpretación de sus protagonistas es tan brutal que hace que se te vaya encogiendo el corazón a medida que la historia avanza y te deshaces entre sonrisas tristes y lágrimas.

Jacob Tremblay, el pequeño actor que da vida a Jack, es el ángel y alma de la película, sin desprestigiar, bajo ningún concepto, el trabajo de Larson. Os prometo que lloré tanto viendo su historia… Viviendo, como si fuese mío, el sufrimiento de ese encierro, el horror de cada noche y admirando a una madre llena de fuerza para hacer que, a pesar de todo, su hijo crezca inmensamente feliz, olvidando que vive encerrado en unos escasos metros cuadrados. Salí del cine con el corazón encogido, lo tuve así durante días… Y esa es la magia del arte, la de crear historias que se te quedan dentro, que te remueven las entrañas, que te hacen preguntarte aunque sea durante segundos por qué la vida, a veces, es tan jodidamente jodida. Y entonces te das cuenta que no puedes quejarte, que tienes todo para ser feliz, que tienes suerte, que eres libre…

Por favor, no dejéis de verla. Disfrutad con ellos del dolor y la felicidad, de la buena energía que las personas son capaces de desprender, a pesar de cómo es su vida. Disfrutad la experiencia de vivir una de esas historias que se te clavan dentro, de esas que aunque pase el tiempo, siempre te removerán el corazón… ¡Es maravillosa!

Buenas noches, amigos.

Lorena.

 

 

 

 

Infiel.

Vengo con una semana de retraso. Los que me seguís en mis redes sociales, sabéis que la semana pasada me escapé unos días a mi casa y por eso no hubo post el martes anterior. Me fui tres días que como bien podréis imaginar supieron a muy poco, pero exprimí mi tiempo al máximo. Estuve con mis amigas, con mi familia, en casa de mis abuelos, fui a comer a la playa, paseé por las calles de l’Olleria, aproveché para recoger a mi prima Marta del colegio… pequeños detalles que, al final, son los que a mí, al menos, me dan la vida. Es cierto, también, que prometí que aplazaba el post para el fin de semana, pero al volver a Madrid, un catarro se apoderó de mí y en mis ratos libres sólo necesitaba un sofá, una manta y un caldo bien caliente. Así que, por fin, hoy, me vuelvo a reencontrar con vosotros, y os aseguro que os he echado de menos.

Hoy te quería contar algo de lo que me he dado cuenta hace algún tiempo. Para muchos de vosotros, los relatos son vuestra parte favorita del blog, y he de decir, como ya he dicho otras veces, que también son la mía. Me gusta tanto escribirlos e inventarlos, como reencontrarme con ellos un tiempo después, me gusta, sobre todo, ver vuestra respuesta ante ellos, los sentimientos que os han provocado, hasta dónde os han hecho viajar por vuestra memoria y vuestra reflexión, me gusta que os sintáis, de vez en cuando, identificados con ellos y me gusta que rescatéis frases que cuando las leo en vuestros mensajes o vuestros tweets es cuando me doy cuenta de lo bien que suenan, porque las habéis hecho vuestras, y sin ninguna duda, de una forma mágica e inconsciente, hemos conectado.

Cuando invento alguna historia, es inevitable no escribir sobre el amor, y en esta semana, que se acerca San Valentín, es imposible no ver mensajes publicitarios llenos de corazones y amor por todas partes. Yo, a pesar de ser muy romántica, no soy mucho de celebrar esta fecha, no por nada, sino porque es algo que está impuesto y que me hacía mucha ilusión, quizás, con quince años, pero ya no. (Menos mal que no me ha pasado lo mismo con el día de los Reyes Magos!).

He de reconocer que no soy de celebrar San Valentín, no soy de hacer regalos, ni de esperar recibirlos, seguramente saldré a cenar, pero como cualquier otro día, como algo normal, no me esforzaré en tener que hacerlo porque el calendario lo indica. Al final, eso acaba pareciéndome algo incómodo.  He de reconocer que, a pesar de ello, me gusta que haya un día dedicado al amor, como me gusta que haya un día dedicado a la lucha contra el cáncer, un día contra la violencia de género, un día de la sonrisa… Porque es importante que se dediquen días a algo que forma parte de nuestra historia, de nuestra sociedad, o de nosotros como personas. Es bonito que se celebre San Valentín y me encanta que haya gente que lo viva con ilusión y prepare su celebración como algo especial, sólo espero que quien así lo viva, se acuerde de vivirlo de esta misma forma el resto del año, porque, al final, es lo que enriquecerá nuestro corazón y acabará siendo importante en nuestras vidas.

Una vez, hace mucho, mi amigo Pepe me dijo que era una luchadora en el amor, y aunque ahora lo recordemos entre risas, razón no le faltaba. El amor es uno de los ingredientes esenciales en mi vida, y aunque ya haya dedicado algún post a hablar de ello, creo que es bueno recordarlo de vez en cuando. El amor nos complementa desde que no somos conscientes de ello, desde el amor de tu madre que es la primera persona a la que te aferras cuando comienzas el minuto cero de tu historia, el resto de tu familia, hasta el amor de los amigos que irán pasando por tu lado a lo largo de la vida. El amor de tu pareja acabará de formarte como persona en un punto exacto de tu vida. Supongo que los chicos que han pasado por mi vida, de los que alguna vez me he enamorado, me han enseñado muchas cosas. Algunas de ellas, cosas que sé que nunca más querré que se repitan, y otras que rescataré y seguiré haciendo una y mil veces, pero, sin duda, me han dado eso: aprendizaje y momentos que me han hecho crecer y acabar de crear mi personalidad, mi actitud y mi posición frente a las relaciones y el amor, y aunque algunos se queden para siempre en la memoria y otros hayan sido olvidados hace tanto que ni me acuerdo, forman parte de mí como mujer, de mi historia y mis sentimientos.

Llega un momento, en el que sólo necesitas una cosa del amor: que te dé paz. Hace casi tres años que sentí por primera vez una unión indescriptible con otra persona y entonces empezamos una aventura juntos: la aventura de ser amigos, de querernos, cuidarnos, protegernos, entender nuestros más y nuestros menos, la aventura de arrancarnos sonrisas, de dar abrazos en silencio, de secar lágrimas, de apoyar sueños, de respetarnos, de entregarnos toda la confianza del mundo, de darnos libertad, de crear complicidad, de aprender a convivir, a crecer, y a recorrer el tiempo cogidos de la mano… Eso es para mí el amor. Así, tan simple y fuerte cada día, todo el año, y no solamente porque se acerque el 14 de febrero.

En las historias que escribo tengo el poder de decidir qué quiero que les suceda a cada uno de los personajes, me gusta ponerles dificultades que no querría en mi vida real, y me gusta hacerles sufrir para regalarles, algunas veces, un final feliz. En el tiempo y la vida, aprendes a vivir con el amor bueno y el amor malo, porque el malo, aunque no lo quieras, lo conocerás. El amor malo es aquel que hace daño y hace llorar, el que no sale bien o ni si quiera empieza con buen pie, el que ahoga y mata, hasta que llega el que sonríe y salva, y eso, amigos míos, siempre pasa.

Hace tiempo me di cuenta que en muchas de mis historias escribo sobre amores imposibles, sobre infidelidades y sobre historias que aparentemente son perfectas pero acaban siendo algo totalmente roto en pedazos. Esas historias existen, y aunque no nos gusten, nos cuesta menos implicarnos en ellas, porque sabemos que hablan sobre la vida misma, sobre las rutinas, sobre las pasiones, sobre las vidas estancadas y las ilusiones momentáneas, sobre la pasión olvidada y la recién estrenada, sobre el renacer…  Sobre historias que quizás alguna vez hemos vivido, sobre historias que quizás algún día viviremos, sobre historias que han vivido nuestros amigos, o sobre historias que aún de lejos, te resultan familiares. Hace poco me topé de nuevo con una película que hacía muchos años que no veía. La disfruté en silencio y cuando terminó, pensé que ojalá la hubiese escrito yo. Porque a mí me gusta escribir sobre el amor, en todas sus variedades, sobre el amor bueno y el amor malo, sobre el que da paz y el que hace daño.

Dirigida por Adrian Lyne, Infiel se estrenó en el año 2002. Edward (Richard Gere) y Connie Summer (Diane Lane) son el matrimonio perfecto: tienen dinero, un buen trabajo, un hijo al que adoran y una casa preciosa a las afueras de Nueva York. Un día, por pura casualidad, Connie conoce en el centro a Paul (Olivier Martinez), un joven francés que colecciona libros y que resulta ser muy atractivo. Entre ellos empieza una fuerte relación de pasión y juego que acabará destrozando la vida de todos.

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No es una película que vería cada día, pero me gustó verla de nuevo. No es la película más apropiada para recomendar en la maravillosa semana del amor, pero me apetecía hablar de ella. Si no la habéis visto, ya sabéis.

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Para los más románticos, os diré algo que me acaba de llegar ahora mismo en un mensaje de whatsapp. Me lo envía mi tía Ivana, que me conoce bien y sabe que es una de mis favoritas. Esta noche, en Nova, podremos disfrutar de El diario de Noah, que quienes me lleváis leyendo mucho tiempo, ya sabéis que es una historia que me apasiona. Una película que siempre me emociona, que nunca me canso de ver y para mí, una de las películas de amor más bonitas de la historia. Además, está basada en un hecho real y eso hace creer, aún más, en las historias mágicas, en el amor que puede doler y salvar a la vez, aunque tenga que esperar mucho tiempo.  Esa sí me habría gustado, de verdad, escribirla yo. Es más, esa me habría, incluso, encantado vivirla. 😉

A veces, el amor duele, a veces es maravilloso, y a veces nos hace volvernos completamente locos.

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

Queremos luchar con ellas.

Durante estos días he estado casi sin conexión a internet, el wifi de casa había dejado de funcionar y los datos en mi móvil estaban totalmente agotados… He pasado unos días bastante desconectada de mis redes sociales. No he podido actualizar mi página de Facebook del blog, no podía ver fotos en Instagram y apenas podía publicar algún tweet… he de reconocer que lo he echado de menos. Nos quejamos por vivir en una sociedad totalmente ligada a las nuevas tecnologías, y nos parece triste que nuestras vidas sean tan dependientes de las redes sociales, de los mensajes instantáneos y de internet… Pero nos guste o no, para muchos, (claro está que más para unos que para otros), estas herramientas son parte de nuestro trabajo, nuestro día a día, nuestra fuente de información y nuestra interacción con personas a las que no podemos ver. Sea bueno o malo, yo necesitaba “volver”.

Temía que llegase el martes y no poder actualizar, pero la buena suerte ha estado de mi lado y ayer, por fin, pudieron venir a arreglar la conexión de casa, y yo, como cada martes, estoy aquí para escribir sobre algo que te quería contar…

Esta mañana, al abrir Twitter e Instagram me he dado cuenta que hoy era un día marcado con fuerza en el calendario, un día de dolor, de rabia, de impotencia, de dar la mano, de secar lágrimas, de mostrarnos enfadados con algunas personas y regalarles una sonrisa a otras cuantas. Día internacional contra la violencia de género. Qué sensación tan agridulce… Es muy triste que la violencia de género forme parte de nuestra sociedad, de este mundo tan raro y loco que nos rodea… Y es confortable saber que haya un día contra ella, oficialmente declarado y a nivel mundial… Eso significa que el tema nos preocupa, nos importa, y que queremos luchar contra él… Hoy y cada día.

Una vez, hace mucho tiempo, cuando era adolescente, estaba cenando con unos amigos y con el que en aquel entonces era mi novio. Yo tendría unos diecisiete años… Estábamos en la terraza de un centro comercial, en un conocido restaurante, en la mesa de al lado, un grupo de gente más mayor cenaba también. Había una niña, tendría unos cinco años más o menos, soy una persona a la que le encantan los niños y siempre que tengo a alguno cerca me es inevitable saludarles o hablar con ellos. La niña me preguntó si el chico que estaba a mi lado era mi novio, le dije que sí, a lo que ella me respondió Y te pega?, me quedé paralizada y horrorizada. Le dije que no, que los novios no pegan. Aquella pequeña conversación se grabó a fuego en mi memoria y cada vez que la recuerdo me muero de pena y me pregunto qué era lo que veía ella en su casa para plantear aquello con total normalidad…

Recuerdo perfectamente que el año pasado escribí ya sobre esto y recuerdo que os recomendé Te doy mis ojos, una película española que trata este tema y que a mí me impactó mucho en mi adolescencia. Recuerdo perfectamente cómo unos días después recibí un e-mail de una lectora que me contaba lo mucho que había llorado leyendo el post, por haber sido víctima del maltrato, por haber sido una víctima de la violencia de género y por haberse sentido identificada con mis palabras. Recuerdo que me daba las gracias y recuerdo que a mí se me encogió el corazón…

Hace unos meses vi en las noticias el caso de una joven que había recibido una brutal paliza de su exnovio, creo recordar que ambos eran menores de edad. Cuando pienso en estas cosas, pienso el miedo que me provoca el ser humano. Tendemos a pensar que sólo las mujeres son maltratadas, porque por lo general, conocemos muchos más casos de víctimas femeninas que masculinas, pero no podemos olvidarnos que también muchos de ellos sufren el maltrato físico y psicológico contra el cual hoy levantamos la voz. No sé si alguno de vosotros vio un vídeo que se compartió durante varios días en Facebook… En él, dos actores interpretaban una fuerte y violenta discusión en plena calle. Cuando la agredida era la mujer, otros hombres y mujeres la defendían. Cuando la víctima era el hombre, ni una sola persona se paró a defenderle. Es más, la gente se reía. Cuando vi ese video entendí que tenemos un problema en cuanto al concepto de violencia de género y entendí que las noticias nos han acostumbrado a que sólo ellas son víctimas, y no es así. Empecemos también a cambiar eso.

De todos modos, sea él o ella, me preocupa mucho que esto siga existiendo, me preocupa que un ser humano que ha confiado en otro, que le ha regalado su amor, su tiempo, su cuerpo y sus besos, acabe siendo víctima de malos tratos de esa persona que una vez le hacía sonreír, esa persona que ahora le produce miedo. Creo que no somos conscientes del gran número de personas que son víctimas de este tipo de abuso. Me preocupa, me da rabia, me repugna, me da miedo.

Me da asco el ser humano que se cree superior y más fuerte que otro como para agredirle físicamente o machacarle psicológicamente . Me da mucha, mucha pena, la gente que tiene miedo a levantar la voz, que se autoconvence en que todo pasará, en que los malos días son sólo una mala racha y cuando pasan los años, se sienten tan destruidos que son incapaces de pedir ayuda. Hoy y cada día creo que debemos gritar que estamos con todas y cada una de esas víctimas, que no están solas, y que además hay muchas asociaciones y organizaciones que las van a ayudar de una forma incondicional. Por suerte, es una de las pocas cosas que funcionan en este país.

dia-internacional-contra-la-violencia-de-generoUna vez más, necesito recalcar la importancia de que nos queramos mucho a nosotros mismos, que nos queramos más que a nadie, sin egoísmo, sólo por autoestima, que nos sintamos fuertes, que no soportemos ni una mínima falta de respeto… Porque el amor, el amor bueno, no duele, no grita, no golpea, no insulta, no hace llorar de impotencia, no intimida, no te hace sentir inferior… El amor bueno no duele jamás, y cuando duele, es cuando nosotros mismos debemos pensar que nos merecemos algo mucho mejor, sin miedos.

Hace un año os hablé de Te doy mis ojos, y hoy os quiero hablar de una película que vi hace muchos, muchos años y que aún recuerdo bastante bien, seguramente por lo mucho que me impactó. Dirigida por Joseph Ruben,  Durmiendo con su enemigo se estrena en febrero de 1991. Laura Burney (Julia Roberts) es una joven casada con un maduro y destacado asesor financiero, Martin Burney (Patrick Bergin). Laura y Martin viven en una preciosa casa frente al mar y parecen el matrimonio perfecto. Más allá de las apariencias, el amor que Martin siente por Laura se convierte en una obsesión enfermiza y la maltrata constantemente. Una tarde, mientras la pareja sale con un vecino a pasear en yate, les sorprende una tormenta y ella cae al mar, donde desaparece.

Mientras todos la dan por muerta, Laura ha fingido su caída para salvar su vida y empezar de cero. Se traslada a otra ciudad, cambia de identidad y conoce a un hombre del que acaba enamorada.  Ben es un profesor de Artes Dramáticas que ayudará a Laura a volver a creer en sí misma, mientras tanto y por una casualidad, Martin descubrirá que su mujer sigue viva y no parará hasta encontrarla.

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Como bien sabéis, la realidad supera la ficción y la violencia de género forma parte de la vida de demasiadas personas. Gritemos con ellas, no están solas, hoy el 016 (teléfono de atención a malos tratos) inundaba las redes sociales, que las víctimas no lo olviden ni un sólo día. No están solas,  esta lucha es de todos y queremos luchar con ellas.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

 

Sueños rotos…

He de reconocer que hoy me ha hecho especial ilusión encontrarme en Twitter una mención de una persona diciéndome que por fin era martes y por fin llegaba nuevo post. Es cierto que, aunque me gustaría poder sentarme tranquilamente frente al ordenador mucho más tiempo, no puedo, y el martes se ha convertido en un encuentro casi sagrado entre mis historias nuevas y vosotros.  A ver si poco a poco consigo ordenar un poco mis horas y puedo venir a contaros algo más a menudo… (Las buenas noticias siguen ahí, y os aseguro que ya queda muy, muy poco para que sepáis qué es ese proyecto tan importante que tengo entre manos).

A medida que nos hacemos mayores y  adquirimos nuevas experiencias, empezamos a valorar cosas que siempre tuvimos y nunca apreciamos como se merecían… Y esas, son las cosas más simples de la vida, como sentarte en el sofá a ver una película con tus padres, como abrazar a la persona que amas en silencio durante un buen rato, como reencontrarte con amigos en un café sin prisa, dejando de lado el teléfono, o como ir a comer a casa de tus abuelos… Esta mañana subía una foto de Mr. Wonderful a mi página de Facebook que decía: “No es más rico el que más tiene, sino el que encuentra aquello que necesita”, y no hay nada más cierto. Tengamos más o tengamos menos, lo esencial de la vida es apreciar con todas nuestras fuerzas las cosas buenas, las que realmente tienen importancia, las que suelen aparentar ser las más simples y las que cuando pase el tiempo, serán las que más recordaremos. Hace mucho tiempo que adquirí ésta como mi forma de vida, la de quedarme con lo bueno y echar lo malo fuera, es sencillo y realmente gratificante. Normalmente, cuando tomas esta decisión es tras una gran decepción.

Hoy te quería contar que para mí hay tres tipos de personas: las que creen querer a los demás más que a sí mismas, las que admiten que se quieren a sí mismas más que a los demás y las que se quieren tanto a sí mismas que no son capaces de querer a los demás, y he de decir que no soporto a estas últimas.

Creo que no hay nada más importante que el amor propio, quererse a uno mismo es esencial para vivir con fuerza, seguridad y felicidad, es el paso básico para conseguir el respeto, el amor y la verdadera amistad. El ser humano es egoísta por naturaleza y aunque muchas veces nos cuentes aceptarlo que eso también forma parte de nosotros, es así. El egoísmo, como todo, tiene límites, y en la personalidad de cada uno está controlarlos o sobrepasarlos… Quererse a sí  mismo es casi tan importante como querer a los demás. Cuidar de las personas que te quieren es de vital importancia para conservarlas. Como dice Jorge Drexler “cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra forma….”, la vida no deja de ser un juego constante, un intercambio de cosas, y cuidar y querer a las personas que te cuidan y quieren simplemente es un feed back de sentimientos y cariño.

Hay personas despistadas, que no son capaces de entregar tanto como otras, pero mientras eso sea fruto del despiste y no de la maldad, siempre serán queridas y perdonadas. El problema, para mí, lo tienen aquellas personas que se quieren tanto, tantísimo, a sí mismas, que intentan querer a los demás, pero en el fondo, su egoísmo no les permite actuar con transparencia y naturalidad, y realmente, ese tipo de personas, además de producirme rechazo, me dan pena. Jamás podré entender a esas personas que no son capaces de alegrarse por algo bueno que les ocurra a los demás y sobre todo a aquellas que no son capaces de alegrarse por algo bueno que les ocurra a la gente que les importa, o alguna vez les importó. Hay gente que no es capaz de soportar que la gente de su alrededor sea más feliz que ellos mismos, aunque intenten vender su felicidad y su sonrisa. No hay nada más triste.

Por suerte, hay otras personas infinitamente buenas y por eso mismo, en nuestras manos está rodearnos sólo de ese tipo de gente. Elegir bien. Es crucial que aquellos que te rodeen te quieran de una forma sana, incondicional, limpia, pura… Es crucial mantener y cuidar a los amigos que jamás te van a fallar, a esos a los que no les importará lo ocupado que estés, a los que aunque lleven mucho tiempo sin verte, te harán sentir que sólo han pasado cinco minutos desde la última vez, es crucial querer, cuidar y conservar a aquellos que te hacen sentir especial, a los que te dan confianza con la mirada a la hora de hablar, a esos que jamás te van a juzgar, a los que te enseñarán lo que haces mal simplemente para que aprendas, jamás para reprochar, a esos que llorarán contigo todas tus penas y celebrarán contigo cada uno de tus éxitos como si fuesen suyos. Eso, amigos míos, son los amigos de verdad.

Estos días han sido unos días muy bonitos, de esos de amigos de verdad, de reencuentros con gente a la que veo todos los días y reencuentros con gente a la que llevaba meses sin ver. Estoy muy orgullosa de mis amigos, de esas personas a las que con el tiempo y las experiencias, he elegido como compañeros de vida, como guardianes de secretos, como mi otra familia… Estoy muy orgullosa de que ellos me hayan elegido a mi también y que me dejen ser, como lo hacen, parte de sus vidas.

Y tanto pensar en la amistad, en la gente buena y mala, en el egoísmo y en la decepción… Me he acordado de una película que descubrí hace muchos años, cuando todavía era una niña, que me impactó demasiado. Brokedown Palace (Sueños Rotos en castellano) es una película dramática protagonizada por Claire Danes y Kate Beckinsale. Dirigida por Jonathan Kaplan y escrita por David Arata fue estrenada a nivel mundial entre 1999 y 2000. El film se centra en el sufrimiento de dos estadounidenses en un país extranjero sumando como ingrediente de transfondo la amistad, la esperanza y los sueños truncados.

Alice (Claire Danes) es impulsiva e imprudente, mientras Darlene (Kate Beckinsale) es más reservada. Han terminado el instituto y deciden hacer un viaje exótico que jamás olvidarán. Mientras sus padres creen que sus hijas están en Hawaii, las dos jóvenes, aventureras y llenas de ilusión, se encuentran en Bangkok, Tailandia. Allí, sus vidas cambian para siempre cuando conocen Nick (Daniel Lapaine), un joven  y atractivo australiano del cual ambas se enamoran. El joven, decide querer pasar la noche con Darlene y ante los celos de Alice, ninguna de las dos jóvenes imaginan que sus sueños están a punto de romperse para siempre. Su destino y sus vidas cambian en el momento en el que van a regresar a Estados Unidos y son detenidas por las autoridades por por portar drogas en su equipaje. Lejos de su casa, de sus familias y en pésimas condiciones, la historia transcurre en una cárcel mientras luchan por intentar probar su inocencia antes de que sea demasiado tarde. El final, en medio de la fortaleza de una amistad incondicional, no te dejará indiferente. Recuerdo lo mucho que lloré… Y al pensar en el egoísmo del ser humano, me ha sido inevitable acordarme de aquella película que, si no has visto, tienes que ver.

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Buenas noches, amigos.

Lorena.

Boyhood (Momentos de una vida)

Me faltan horas al día… ¿No os pasa? Recuerdo cuando era pequeña y escuchaba aquello de que a medida que te haces mayor, el tiempo pasa mucho más rápido, y es verdad. Claro, a medida que creces, las obligaciones en ti también lo hacen, nuestra cabeza está a mil cosas a la vez: nuestra casa, nuestro trabajo, nuestros hobbies, nuestras quedadas con amigos… A veces, siento que me falta mucho tiempo para mí misma y sobre todo, me falta mucho, muchísimo tiempo para escribir. Necesito escribir más, mucho más.

De vez en cuando, es importante que nos dediquemos un día a nosotros mismos, a mimarnos, a ser felices, porque eso nos llenará de paz y eso hará que estemos más contentos con el resto del mundo.

Hace un par de semanas lo hice. Dormí sin prisa, comí mi comida favorita, leí, vi mi peli favorita y mi mente estaba totalmente relajada…

Hay tantas pelis buenas que pueden alegrarte el día…

Creo, sin embargo, que hay muy pocas películas que se basen en una vida real, en la vida de la mayoría de las personas, en la vida de alguien que no vive una gran historia de amor, que no sufre un grave accidente o no tiene una enfermedad. En la mayoría de los casos, el cine trata temas que existen en la vida real, claro, pero siempre con esa pizca de emoción que necesitamos ver en la gran pantalla, ese melodrama que nos hará quedarnos sin lágrimas o esa historia que nos hará soñar y querer vivir una igual.

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Hace justo una semana, estuve en el Matadero de Madrid disfrutando de la premiere de Boyhood (Momentos de una vida), una película que ha tardado doce años en rodarse, así que como mínimo, sabía que me iba a parecer interesante. Doce años y sólo 39 días de rodaje para crear una historia de verdad, para que los personajes de la trama no fuesen sustituidos por otros en el paso del tiempo, para que cada uno de ellos avanzase a través de la cámara como lo hacían en sus vidas cotidianas.

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Dirigida por Richard Linklater, la película se centra en la historia de Mason (Ellar Coltrane), un niño de seis años al que acompañaremos por el recorrido de su vida, le veremos crecer y descubriremos con él la adolescencia: la primera borrachera, el primer beso, el primer amor, la primera ruptura, las discusiones con su hermana, la relación con sus padres, sus amigos, los que van y los que vienen…

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Unos padres divorciados y una hermana mayor son sus compañeros de vida, aunque a lo largo de la historia encontraremos otros personajes y otras nuevas familias que formarán parte de su vida.

Fin. No hay más. Es una vida normal, como la de muchos chicos que se mudan de ciudad, que llegan nuevos a un instituto, que hacen nuevos amigos, que se enamoran y se decepcionan… No hay ni si quiera un mínimo punto en el que la historia se ponga excesivamente emocionante, es una trama lineal porque es como si alguien hubiese estado grabando tu vida (¿Te lo imaginas?).

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Sinceramente, a mí se me hizo un poco larga, pero es verdad, que también me parece un proyecto muy, muy interesante aunque no innovador porque todos sabemos que se han grabado otros documentales de este tipo, pero quizás presentarlo como una película más sin el apodo de documental, y basada en la ficción, es lo diferente en este caso.

Sí, se me hizo larga y es verdad, pero no por ello es una película que no recomendaría. Al contrario, creo que es importante para el espectador acercarse de este modo a una vida normal a través del séptimo arte, porque esto le va a hacer empatizar de una forma muy especial con los personajes y va ayudarle a reír o emocionarse en algunas escenas.

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Si tenéis la oportunidad, tenéis que verla, y sobre todo, no olvidéis nunca de cuidaros a vosotros mismos. Uno debe quererse, mimarse y cuidarse, aunque haya gente dispuesta a hacerlo. Hazme caso y dedícate un día para hacer las cosas que más te gustan, en una soledad voluntaria que traerá paz a tu mente y a tu alma.

Disfrutad del martes y tened siempre ganas de comeros la vida!!!!

Buenos días, amigos.

Lorena.

Al encuentro de Mr. Banks.

Me parece que este verano os tengo y os voy a tener muy acostumbrados a las idas y venidas… Perdonadme, pero es que no paro y eso me hace muy feliz. El verano es para eso, para no dejar de moverte, para ir a los lugares que te gustan, para reencontrarte con la gente que quieres, para salir, para reír, para disfrutar del día hasta el final de la tarde, para apurar los suspiros de felicidad en la calle.

Estuve en Madrid unos días y volví el fin de semana a l’Olleria. Como habréis visto los que estáis en Instagram, para irme de boda y vivir un fin de semana maravilloso reencontrándome con toda mi familia, con todos esos primos y tíos a los que no suelo ver, y ha sido precioso. He sido muy feliz.
Reencontrarme con mi familia hizo que los recuerdos se pronunciasen en sonrisas, tuvimos la suerte y la capacidad de viajar en el tiempo a través de ellos y como siempre pasa en estos eventos, tuvimos que emocionarnos mucho al echar de menos a todos aquellos que no están.

A veces, me da miedo hacerme mayor y olvidarme de algunos recuerdos. Creo que alguna vez ya os he hablado de esto, pero a mí me encanta recordar algo que alguien me dijo una vez: todos nuestros recuerdos permanecen en nuestra memoria, sólo que algunos son recuerdos dormidos que sólo despiertan cuando un hecho puntual sucede. Un olor, una canción o un lugar que son capaces de despertar ese recuerdo enterrado y transportarte a aquel momento en el que aquello sucedió.
Por supuesto, habrá mil momentos de mi vida que no recuerde, pero los que recuerdo supongo que son los más importantes y quiero recordarlos siempre.
Los veranos de mi infancia fueron tan, tan bonitos. Era feliz con muy poco, porque quienes estaban a mi alrededor hacían que con eso fuese más que suficiente. Recuerdo las tardes en el pequeño coche de mi abuelo, un Seat Fura color rojo que hoy en fotos me sigue sacando una sonrisa. En ese coche iba a la piscina, todas las tardes, porque mientras mi madre trabajaba, mi abuelo me traía y me llevaba, a la piscina, al campo de mis tíos, a jugar con mis amigas… Donde fuese. Él, sin duda, ha sido el mejor padre que la vida me podía haber dado.

Muchas veces os he hablado de lo feliz que fui, y es que ojalá todos los niños pudiesen tener una infancia feliz, ricos o pobres, simplemente que todos tuviesen las necesidades básicas y mucha, mucha felicidad.
Si viajo a mi infancia, hay una protagonista indiscutible con la que pasaba horas y horas desde el otro lado de la televisión. Mary Poppins, entre otros personajes de ficción, fue una de mis favoritas cuando fui niña, y una de mis favoritas en el paso del tiempo.

MaryPoppins

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Hace unos meses, una tarde de frío tuve un “antojo” inmenso de comer chocolate y ver la película de la niñera más bonita del mundo. Me fui al Fnac, me compré el DVD y me di uno de esos caprichos simples que pueden llegar a hacerte enormemente feliz. Hacía mucho tiempo que no veía la película, pero no dejé de sonreír y sorprenderme al recordar las canciones a la perfección y saberme, todavía, muchos diálogos de memoria. Por eso son tan importantes los recuerdos, los dormidos o no, por esa capacidad de hacerte viajar en el tiempo, por esa capacidad de recorrer tu vida desde un punto concreto y hacerte feliz.

Hace relativamente poco, vi un anuncio en televisión sobre una película enlazada directamente con Mary Poppins, y se me ocurrió pronunciar en voz alta que la quería ver. Como muchos ya sabéis, me suelen tener muy mimada y por mi cumpleaños, uno de los regalos de Sergio fue el DVD de Al encuentro de Mr. Banks.
Con el anuncio, no sé por qué, pensé que esto sería una continuación de la película, que me encontraría con Jane y Michael Banks de mayores y que sabría qué había sucedido en sus vidas cuando Mary Poppins volvió a salir de ellas, pero lo que encontré fue mucho mejor.

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Sin ninguna duda, esta película está hecha por y para aquellos que soñaron con la magia de Mary, aquellos que quisieron recoger sus juguetes y el desastre de su habitación dando palmadas y cantando canciones, aquellos que quisieron subir las escaleras sentados en las barandillas, ser capaces de saltar dentro de un dibujo pintado sobre la acera del parque, aquellos que quisieron dar vida a los caballos de un tiovivo, tomar jarabe para la tos de colores y sabores sorprendentes, aquellos que sabían que con un poco de azúcar todo pasaría mejor o aquellos que saben que supercalifragilisticoespialidoso suena extravagante, raro y espantoso, pero que si lo dices con soltura sonará armonioso… Al encuentro de Mr. Banks es una película dedicada a todos ellos, a todos nosotros, a todos los que nos hemos hecho mayores pero seguimos guardando una sonrisa y mucho amor a la niñera que sacaba miles de cosas de un bolso que aparentemente estaba vacío.

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Mary Poppins

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Tom Hanks y Emma Thompson protagonizan la historia sobre el origen de Mary Poppins, uno de los clásicos de Disney más querido de todos los tiempos. Dirigida por John Lee Hancock, descubrimos la historia de cómo Mary Poppins llegó a la gran pantalla y a las televisiones de muchas generaciones alrededor de todo el mundo.
Walt Disney (Tom Hanks) les prometió hace muchos años a sus hijas que conseguiría llevar al cine la historia de su cuento favorito, y tras veinte años intentando adquirir los derechos del querido libro de P.L Travers (Emma Thompson) consigue reunirse con la obstinada escritora para liberar todos sus miedos, todos los recuerdos que guarda de su infancia y dejar a May Poppins en libertad para contagiar de magia a miles de niños y convertirse, con el tiempo, en una de las historias más entrañables de la historia del cine.

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Nos emocionaremos en el viaje en el tiempo que la escritora de Mary Poppins hace a través de sus recuerdos, nos emocionaremos descubriendo cuál es la verdadera historia que esconde la historia que nosotros conocemos y nos emocionaremos viendo, paso a paso, cómo se fueron ultimando los detalles antes de lanzar la historia al cine, o como se crearon las canciones que posteriormente se convirtieron en parte de la BSO de nuestras vidas.

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Estoy segura que a todos nosotros, los recuerdos de nuestra infancia nos arrancan una sonrisa. Tanto a aquellos a los que los juegos protagonistas de sus días estaban correteando en la calle, con cuerdas y pocas cosas materiales, con risas y muchos años de por medio, como a aquellos que ya hemos crecido en un tiempo totalmente ligado a la tecnología. Nuestra infancia es sólo nuestra y consigue arrancarnos una sonrisa, porque la inocencia de los niños, incluso en aquellos niños que sufren, consigue guardar en la memoria las cosas bonitas que nos hicieron felices.
Si además de ser nostálgico y sonreír al viajar en el tiempo, al recordar las meriendas que te preparaba tu abuela, las tardes de verano en la calle, la piscina o la playa, las risas y los juegos, si además de todo eso, fuiste un gran admirador de Mary Poppins, te pido por favor que te regales una tarde de mimos. Prepárate tu merienda favorita, cómprate el helado que más te guste y vete al encuentro de Mr. Banks, la historia para todos aquellos que ya nos hemos hecho mayores.

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Feliz tarde, amigos.
Lorena.

Bajo la misma estrella…

 

Me despedí de Madrid justo una noche antes de mi cumpleaños. He estado de vacaciones. Necesitaba desconectar del mundo entero (y aún así no me resistí a subir alguna foto a mi Instagram). Llevaba unas semanas con una presión mental demasiado fuerte y nada buena, necesitaba desconectar de todo y todos, por eso no he escrito nada estos días, he tenido, incluso, la mayor parte del tiempo el teléfono desconectado (muy raro en mí).

Me encanta celebrar mi cumpleaños, lo celebro durante días, porque ese año ya no se repite y porque nunca más volveré a cumplir 27 años (si me pongo negativa, no sé si cumpliré los 28, como no lo sabes tú). Me gusta reunir a mis amigos y a mi familia, me gusta ver junto a mí a las personas a las que quiero y ver cómo reímos, nos abrazamos y nos queremos… Lo hacemos cada vez que nos vemos, pero ya os digo que mi cumpleaños es especial para mí. Me llenaron de felicidad (y de regalos). Sergio esperó al último momento de la última celebración para sacar sus regalos… El último venía con una nota “No puedo escribir un libro por ti, pero si puedo ayudarte a plasmarlo… Te quiero” Y dentro del paquete venía mi nuevo juguete, con el que hoy os escribo. Después me instalé junto al mar y dejé descansar la mente, me llené de paz y de energía, me olvidé del trabajo, del ruido y del tráfico de Madrid.

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De vez en cuando, me gusta leer libros sobre adolescentes… Supongo que siempre habrá algo en mí de aquella adolescente que fui. A nuestro adolescente interior le tenemos marginado. Nos encanta decir que aún queda algo del niño que fuimos, nos produce ternura y una sonrisa, en cambio, nunca reconocemos que queda algo de adolescentes en nosotros, porque es la época tonta, el paso entre la infancia y la madurez y reconocer que guardamos algo de eso nos pone la etiqueta de no estar preparados para presentarnos al mundo como verdaderos adultos. Soy una persona adulta y madura (creo), pero espero que siempre haya en mí algo de la niña y la adolescente que fui.

En mi adolescencia fui muy feliz, muchísimo. Ya no sé si es que siempre he sido feliz o es que, pasado el tiempo, sólo soy capaz de recordar y guardar las cosas buenas. Creo que más bien es lo segundo y creo que es algo bastante importante que todos deberíamos hacer.

El primer amor llega en la adolescencia y eso es indiscutible (aunque seguramente no el verdadero), pero todos creímos en algún momento que éramos las personas más adultas del mundo cuando sólo teníamos quince años y que jamás podríamos volver a querer tanto como queríamos a ese chico o chica que nos volvía completamente locos. Ese chico o chica por el que después lloramos, por supuesto, y creímos que el dolor era tan grande que jamás podríamos superarlo. Sonríes, ¿verdad? Porque al final lo superamos, y porque no somos tan distintos.

Antes de salir de casa sabía que tenía que escoger un libro. Iba a estar unos días relajada y sólo me apetecía perderme entre páginas de papel y alguna historia que no me pertenecía. Me acerqué a las estanterías del pasillo y eché un ojo a unos cuantos que llegaron hace poco, su portada azul me llamó la atención y al leer el título pensé que me sonaba, segundos después supe que me sonaba. La película está ahora mismo en el cine, lo había visto en los carteles del metro. Prometía ser romántico y bonito, así que… ¿por qué no? Lo metí en la maleta.

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Lo leí en dos días. A veces me reía y Sergio me observaba, yo no alzaba la vista, pero de reojo podía ver como él sonreía sólo por mirarme. Era una historia de adolescentes, en la que en momentos veía reflejada a la adolescente que alguna vez fui y de la que espero aún llevar algo dentro. Me pegué a la sombra de Hazel Grace y seguí, a su lado, cada uno de los pasos de la historia que ha protagonizado.

Hazel es una adolescente que tiene cáncer de pulmón. Dos tubos van enganchados siempre a su nariz desde una botella de oxígeno para ayudarla a respirar y alargar, de este modo, su vida. La vida que ella sabe que más pronto que tarde acabará. Hazel está cargada de sueños, es una chica dura y valiente con una sensibilidad poco común. Inteligente, divertida y coherente. Detesta a muchas personas, y quiere mucho a muchas otras. Una de las tardes en las que acude a un grupo de apoyo de adolescentes con cáncer conoce a Augustus, un chico guapísimo que no deja de mirarla. Su media sonrisa, un paquete de tabaco que nunca se fumará y sus ganas de vida, enamorarán a nuestra protagonista y a los que observemos en silencio. Gus es el chico divertido, bueno, detallista y sorprendente que todas quisimos conocer de adolescentes, un chico hecho de sueños que pocas veces encuentras en la vida real (para nuestra tranquilidad, a veces hay suerte y lo encuentras. Existir, existen).

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El daño colateral de esta historia es el cáncer, del que todos vamos a ser “víctimas” a través de estas páginas. Hospitales, enfermeros, familiares detrozados, sueños arrancados, lágrimas, gemidos de dolor, jóvenes, niños, mayores, enfermos, sanos… Todos tienen cabida en una historia que lamentablemente se encuentra en la vida de muchas personas alrededor del mundo. El final ya se anunciaba triste desde la primera página y yo lloré a mares antes de llegar a las últimas diez.

Os invito a leer el libro, sin ninguna duda.

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Efectivamente, lo he hecho y he visto la película.

Nunca un libro se compara con una película, aunque la obra cinematográfica sea buena, el libro es la historia que conseguirás hacer tuya, visualizando a tu antojo cada rasgo de la cara de sus personajes o cada detalle de su habitación. Esa es la magia de la literatura, que tu imaginación y las palabras se funden para dar rienda suelta a tus sueños.

Yo sabía cómo acababa la historia, y desde la mitad de la película empecé a llorar. Al final, todo el cine lloraba. La película me encantó, casi tanto como el libro. La verdad que es buena. La interpretación de los protagonistas es brillante, y aunque al principio me decepcioné un poco porque no eran la Hazel Grace ni el Augustus que yo tenía en mi mente, pero a medida que avanzaba la trama, supe que Shailene Woodley y Ansel Elgort encajaban perfectamente con los protagonistas del libro. Todas las escenas principales de la novela están representadas en la versión cinematográfica, citando frases textuales del libro en la mayoría de los casos y no dejando nada en el tintero. El libro es más profundo, pero eso ya sabéis que pasa siempre.

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Cuando lees un libro así, con una historia como la de Hazel y Gus, sabes que hay amores adolescentes que son eternos, primeros amores que no se suplantarán bajo ningún concepto. En la vida real, a veces, el verdadero amor llega mucho después de la adolescencia, pero aún así te emociona recordar la inocencia con la que lo sentiste. Cuando lees una historia como la de Hazel y Gus, sabes que la vida es demasiado injusta con quien menos lo merece y que los que merecen ser castigados, muchas veces, acaban disfrutando demasiado. El cáncer no entiende de corazones buenos y malos, llega sin más, eligiendo al azar a sus víctimas, a quien lo padecerá y a todos los que lucharán junto al enfermo. El cáncer me da miedo, mucho miedo.

“Llegará un momento en que todos estaremos muertos. Todos nosotros. Llegará un momento en que no habrán seres humanos que quedan para recordar a alguien que alguna vez existió o que nuestra especie nunca hizo nada. ¡No habrá nadie a quien recordar! Ni Aristóteles o Cleopatra, y mucho menos a ti . Todo lo que hicimos y construimos , escribimos , pensamos y descubrimos será olvidado y todo esto habrá sido en vano. Quizá ese momento es muy pronto y tal vez hay millones de años de distancia, pero incluso si sobrevivimos al colapso de nuestro sol, no vamos a sobrevivir para siempre…”

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Buenos días, amigos.

Lorena.

El ser humano es un animal racional, o eso dicen.

Necesité desconectar y no sabéis lo bien que me ha venido… Tener unos días de vacaciones y tomarte los días totalmente para ti y los tuyos es un verdadero placer. Quienes me conocen saben que soy una persona que prácticamente no se separa del teléfono y os aseguro que en estas casi dos semanas que he estado fuera lo he mirado muy poco, y entonces me he dado cuenta que existe más tiempo en el día del que creo, o mejor dicho, el tiempo que hay se puede aprovechar mucho más y mucho mejor de lo que hago y seguramente hacemos. Es curioso, porque todos sabemos que nos hemos convertido en seres totalmente dependientes de la tecnología, y no sé hasta qué punto nos hemos vuelto un poco tontos (muy tontos) con todo esto.

Hace unos días, o quizás unas semanas (no lo sé), el servicio de whatsapp dejó de funcionar unas horas y la gente se volvió loca. ¿Dónde están nuestros límites? Parece que estamos con el móvil y no perdemos nada de nuestro tiempo, porque lo usamos cuando vamos en el metro, mientras andamos por la calle, cuando ya nos tumbamos en el sofá para relajarnos o incluso en la cama antes de dormir… Pero es que también lo usamos cuando estamos en una mesa, tomando algo con unos amigos, o cenando con gente a la que queremos… Y yo, que me considero una de esas personas que lleva a cabo todo esto, soy consciente de que es un verdadero horror.

No decidí mirar el móvil menos de lo habitual, simplemente surgió así… Estos días han sido dedicados para mí, para respirar paz, para reencontrarme con gente a la que no suelo ver, con gente a la que hacía demasiado tiempo que no veía, para conocer nuevas personas y para pasear tranquila por las calles que me han visto crecer… Sonriendo a los de siempre y siendo consciente de que muchos ya no nos reconocemos. Hace demasiados años que me fui de allí.

Cuando vives en un pueblo eres consciente de que a la gente le encanta alimentarse de la vida de los demás. Los que sois de pueblo sé que lo sabéis, y los que no lo sois, estoy segura que me entenderéis… A la gente le preocupa quien está saliendo con quién, qué le ha pasado a este y qué le está preocupando al otro… Lo lamentable, es que la mayoría de las veces, esta preocupación nace de la maldad, del simple “chismorreo”, de la simple necesidad de cotillear que a todos nos persigue… Y es muy triste. Cuando vives en una ciudad, crees que estas cosas no pasan, pero al final, pasan. Los seres humanos somos demasiado parecidos, los de aquí y los de allí, en una ciudad acabas creando un círculo cerrado, que bien podría compararse con un pueblo, y al final, acabas sabiendo sobre la vida de los demás, y la comentas, y te sorprendes, y juzgas. Es cierto que en una ciudad todo es distinto, la mente de las personas es mucho más abierta, y sí en un circulo están hablando de ti, no te preocupa demasiado, porque salir del circulo resulta sencillo… En un pueblo no.

Debo reconocer que desde que vivo fuera de mi pueblo, poco me importa lo que opinen los demás. Incluso, bien poco me importa lo que se hable sobre los demás. No sé si es cuestión de vivir en una ciudad, o simplemente es cuestión de personalidad. Quizás es la segunda. Como os he dicho alguna vez, soy una persona con un defecto (o virtud, según se mire) entre otros muchos, y es el de entregarme demasiado  a las personas. Esto me ha dado las mayores decepciones de mi vida, pero sin ninguna duda, también las mayores alegrías, porque cuando alguien se entrega de corazón a los demás, siempre acabarán pesando más las alegrías que los disgustos. Hace tiempo, sin ni si quiera planearlo, me planteé una forma de vida que estaba segura me haría feliz. Aprendí a echar fuera a los que hacen daño y aprendí a quedarme rodeada de quienes me quieren de verdad. Es increíblemente gratificante estar rodeada de las personas que quieres y te quieren, las personas de las cuales no temes si te fallarán, porque sabes que no lo harán,  las que sabes que te abrazarán en los fracasos y te aplaudirán en los éxitos, sin envidia, sin maldad. Y estos días, sin duda, sólo me he rodeado de ese tipo de personas.

Una de estas tardes, entre café y buen humor, tenía una conversación con alguien esencial en mi vida. Una conversación con alguien que sé que me quiere y con quién tras un debate entendí las cosas que nos hacen diferentes,  y lo maravilloso que es que nuestras diferencias no nos distancien. Intentaba explicarle a este alguien que no se puede vivir con rencor, yo al menos, no lo concibo. Creo que soy tan feliz, que no puedo tener rabia hacia otra persona, no puedo odiar a otros, aunque me hayan hecho daño, a esos sólo les tengo pena, y les deseo mucha suerte, porque a la gente mala le hace falta suerte, sólo eso. Con este alguien hablaba de lo rápido que pasa el tiempo, y de lo insano que es vivir a través de él llenos de pensamientos negativos y energías llenas de odio. Decidme, de verdad, ¿para qué sirve eso? En cada uno está la libre elección de perdonar o no, de seguir con su vida y dedicarse sólo a ella o pensar por qué le han hecho tanto daño y pensar que ojalá los culpables paguen ese mal (Todo dentro de unos límites. Si asesinasen a alguien a quien quiero, me pasaría toda mi vida deseándole lo peor a esa persona. Soy persona, no hay más).

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Seamos realistas y no nos equivoquemos, no somos dioses justicieros, dejad que pase el tiempo, que es más viejo y sabio y pondrá todo en su lugar.

Pero claro, el ser humano es así, estamos llenos de sentimientos buenos y malos. Sé que hay personas realmente nobles, pero también creo que el mundo está lleno de salvajes e irracionales y lo difícil es que aprendamos a convivir los unos con los otros. No olvidemos que el ser humano es un animal (racional, dicen algunos), y educados en sociedad, aparentemente podemos ser normales, pero hay cosas innatas que nadie ni nada puede cambiar. José Saramago escribió una frase que tengo que recordarme a menudo: “Aún está por nacer el primer ser humano desprovisto de esa segunda piel a la que llamamos egoísmo”

Este mismo escritor, genio eterno, publicó en 1995 un libro que llegó a mis manos casi una década después. Un libro que me emocionó, que me hizo sufrir, que me hizo llorar y me hizo comprender lo miserables que somos. Ensayo sobre la ceguera relata la historia de una extraña enfermedad que se expande en todo un país. Poco a poco, la gente se va contagiando y se va quedando completamente ciega. Al principio, deciden poner en cuarentena a los primeros enfermos, encerrándoles en un antiguo manicomio abandonado. Los soldados daban órdenes y actuaban de forma inhumana, y a mí siempre me pareció un guiño a la barbarie nazi y a los campos de concentración. Inevitablemente, la ceguera se expande y todo el mundo acaba contagiado. Todo el mundo es ciego y el instinto animal del ser humano por sobrevivir cometerá verdaderas locuras que no somos capaces de imaginar que haríamos. Hay una esperanza entre tanta locura, porque el ser humano, siempre tiene esperanza. Una mujer todavía ve. Ella es la única que puede ver todo lo que ocurre a su alrededor, y tal como en La libertad guiando al pueblo, de Delacroix, ella será la esperanza de los ciegos y los lectores.

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En el año 2008 se estrenó A ciegas, la película basada en la novela y dirigida por Fernando Meirelles. Recuerdo haberla visto y sé que en su momento no me defraudó, pero como siempre, me quedo con el libro.

El ser humano puede llegar a límites inimaginables, y en su vida cotidiana y dentro de la maldad aceptada, la gente no es consciente del daño que puede llegar a hacer, ni si quiera es consciente que de nada sirve hablar de los demás, así como preocuparse de las vidas ajenas, porque quien es realmente feliz no lo necesita.

Seguro que para algunos seré mala, ¿por qué no? Pero a mí lo que me importa es que la gente que me rodea crea que soy buena, que me quiera y se sienta orgullosa de tenerme en su vida. Sólo eso.

Porque como dijo Mecano una vez… “lo que opinen los demás está demás…”

Buenas noches de nuevo, amigos.

Lorena.

Siempre acabamos hablando de amor…

Al final, siempre pasa. Siempre acabamos hablando de amor. Si eres músico acabarás componiendo una canción que hable de amor, si eres escritor acabarás escribiendo sobre una historia que hable de amor, si en tu trabajo no tienes la necesidad de desarrollar ninguna faceta creativa, también acabarás hablando de amor… Y claro, es que siempre pasa.

Hoy te quería contar que el amor es como el pan de cada día, pero sé que eso ya lo sabes. Nos guste más o nos guste menos, estemos enamorados o no lo estemos, el amor siempre será admirado o anhelado, e incluso cuando nos convencemos y queremos odiarle, acabaremos echándole de menos. Muchas veces pienso que hay miles de personas que no están realmente enamoradas. El amor es como el agua, es capaz de adaptarse a la forma que desees darle. Miles de personas serán felices con quienes compartan sus vidas, pero no estarán enamoradas. Y eso, lo pensamos todos. Todos sabemos que nuestro amor es el más fuerte, que nadie quiere como nosotros queremos y que no hay historia más bonita que la nuestra. Todos creemos que queremos cómo nunca antes hemos hecho, y si al final, la historia fracasa, no pasa nada, volveremos a querer cómo nunca habíamos imaginado hacer. Y así es el amor, orgulloso y elegante, caballeroso y cobarde, enternecedor y grosero, seco y adorable, bueno y malo, fugaz y eterno… El amor es capaz de ser todo.

Aunque no estés enamorado, y aunque proclames y grites a los cuatro vientos que no quieres estarlo, te emocionarás cuando escuches una bonita historia de amor, se te encenderá el alma cuando oigas una canción o te saltarán las lágrimas cuando lo veas en el cine. Ese el poder del arte, y la igualdad de los seres humanos. No podemos negarlo. Somos iguales. Cambian los escenarios, los personajes y los cuentos, pero todos somos iguales.

Quizás viene implantado por la sociedad desde que nacemos, o quizás son sentimientos de verdad, pero desde muy pequeña siempre me he sentido enamorada. Lo más curioso es que del niño que me enamoré cuando tenía seis años, hoy es el hombre al que quiero y abrazo cada día, pero ese es otro tema que hoy no debemos tocar.  ¿El amor es para siempre? Y empiezan a reírse de nosotros las opiniones diversas que nos llevarán a los debates… Quizás sí, quizás no. Yo pienso que puede ser, sin ninguna duda. Dicen que el amor sólo puede durar tres años… Mis abuelos fruncirían el ceño al escucharlo, y sonreirían al recordar que llevan juntos desde que tienen doce, queriéndose cada vez más y sabiendo que no es imposible.

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Lo creamos o no, nos gusta pensar que puede serlo. Nos gusta imaginar que hay historias emocionantes que son capaces de viajar en el tiempo y el espacio, de jugar con el destino, y bailar con lo que no son casualidades. Hay una historia que estoy segura conocéis la mayoría. Una historia de amor que traiciona la realidad creando expectativas, una historia de amor que simplemente fue real. “Esas cosas sólo pasan en las películas“, lo habéis escuchado muchas veces, ¿verdad? Pues es mentira. En la vida real también pasa.

Os habéis emocionado con la historia de Allie y Noah, estoy segura. Habéis querido esperar que el amor de vuestra adolescencia vuelva para quedarse para siempre, habéis deseado vivir una historia de amor que os lleve a la locura y habéis soñado con esa casa blanca con ventanas azules que se ha construido para dar vida a vuestros sueños.

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El diario de Noah (The Notebook) fue llevada al cine de la mano de Nick Cassavetes en el año 2004. La historia empieza en una residencia de ancianos, donde un señor le relata a una amiga la historia de dos jóvenes que se enamoraron locamente en el verano de 1940, en Seabrook, Carolina del Sur. Ryan Gosling y Rachael McAdams dan vida a Allie y Noah. Ella, procedente de una familia adinerada de la ciudad y él un chico de campo, que trabaja en una fábrica de madera, darán forma a la historia de amor que ha hecho soñar a miles de espectadores en todo el mundo. Por diferencias sociales, al acabar el verano, sus vidas se ven separadas en contra de su voluntad. Siete años después, el destino les echa una mano y hace que Allie encuentre en el periódico una fotografía de Noah, delante de la casa que siendo unos “niños” le prometió que haría para ella.  Estoy segura que conoces bien la historia, y si no lo haces, no te seguiré contando nada porque quiero que la veas.

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La película recaudó 115.6 millones de dólares y cuenta con 12 premios y 3 nominaciones. Yo me enamoré de ella la primera vez que la vi, en mi piso de estudiante, en el año 2005. La he visto mil veces y sé que la veré mil más. Hace dos días se emitía en un canal de televisión y las redes sociales se hacían eco, una vez más, de lo mucho que le gusta a la gente. Es cierto, que suele gustar más a mujeres que a hombres y una encuesta realizada hace unos años, la sitúa en el número 1 de películas románticas. Pero si aún sabiendo que la mayoría conocéis esta historia, yo he venido a hablaros de ella, es porque más allá de la película, quiero hablaros del libro.

Cada año, por Navidad, mis abuelos me regalan un libro que ellos mismos firman con su puño y letra y que yo guardo como auténticos tesoros. En las navidades de 2008, El Cuaderno de Noah llegó a mis manos. Siempre soy más de las historias de los libros que de las películas, en el cine siempre pienso que se han olvidado de algún detalle que para mi era esencial. En este caso, creo que la película basada en la novela está realmente muy conseguida. No obstante, en el libro encontrarás detalles que no se llevaron a la gran pantalla. Como ver a Allie convertida en toda una artista internacional, o podrás trasladarte a su cocina, dónde ya siendo mayores, cuentan a sus hijos la enfermedad que ella padece.

Traducida a dieciocho idiomas, y conmoviendo a millones de lectores en todo el mundo, El Cuaderno de Noah fue la primera novela de Nicholas Sparks, que no tuvo más que basarse en la historia de amor de los abuelos de su esposa para explicar con exquisita sensibilidad una de las historias de amor más bonitas que he conocido jamás.

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Porque puede ser para siempre, lo sabemos y queremos creerlo. Porque en el fondo, todos somos soñadores profesionales y nos guste o no, estemos enamorados o no, dispuestos a estarlo o no… siempre acabamos hablando de amor. 

Feliz martes, amigos.

Lorena.

Sara Sálamo: “Estoy muy feliz por todo lo que viene”

La belleza de Sara Sálamo, sin ninguna duda, es lo primero que llama la atención de ella. Sin embargo, sólo basta con mirarla un par de segundos para que sus ojos te transmitan la dulzura y humildad que derrocha allá dónde va. Alegre, risueña, divertida, simpática y con un talento indiscutible, la joven actriz ha querido concederme esta entrevista que para mí es un reto personal y profesional, además de un verdadero placer.

Sara Sálamo nació el 20 de enero de 1992 en Santa Cruz de Tenerife. Tras varios años dedicándose a la moda y convirtiéndose en una cara más que conocida en su querida isla, se traslada a Madrid en busca de sus sueños. Dos meses después del estreno de  su primera película, TRES 60, la actriz se encuentra inmersa en nuevos proyectos que no te puedes perder.

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Hoy te quería contar que hace unos días me encontré con Sara en un rinconcito del centro de Madrid. Puntual y con la sonrisa siempre dispuesta, entre café y sencillez, me contó cómo se siente en estos momentos de su vida.

LO QUE TE QUERÍA CONTAR. Buenos días, Sara, y mil gracias por estar aquí. Vamos a retroceder un poquito en el tiempo y a trasladarnos a hace un par de años, cuando llegas a Madrid. Vienes con la idea de estudiar periodismo e interpretación, finalmente qué te hizo decantarte por la segunda?

SARA SÁLAMO. Buenos días, es un placer para mí estar aquí. Vamos a ver… Hubo un momento en el que topé con el cruce de caminos y tuve que tomar una decisión, porque no estaba segura al 100% en ninguna de las dos ideas, así que reflexioné sobre qué era lo que realmente deseaba, y finalmente supe que era la interpretación.

LQTQC. Pronto empiezan los pequeños cameos en series de televisión y tu papel en la serie Arrayán. En algún momento sentiste que estaba yendo todo muy rápido?

SS. Lo sigo sientiendo!! (Risas) Creo que aún me cuesta mucho asimilar que estoy cumpliendo mi sueño y me estoy dedicando a lo que más me gusta…

LQTQC. De pronto, ruedas tu primera película, que se estrenó hace sólo un par de meses. Qué ha significado TRES 60 para ti?

SS. TRES 60 para mí era un reto muy lejano que llegó de sopetón. Es mi bautizo en el cine, y una de las mejores experiencias de mi vida.

LQTQC. Feliz con los resultados?

SS. La verdad es que me hubiera gustado que aguantara un poco más en cines, pero bueno, yo estoy feliz con el trabajo, me llevo una de las mejores experiencias que jamás he vivido y a gente maravillosa.

LQTQC. Hace unos días se anunció tu papel en la nueva serie de Globomedia para Telecinco. Además de ello, sé que estás inmersa en nuevos proyectos… Puedes avanzar algo sobre ellos?

SS. Ahora mismo estoy muy feliz por todo lo que viene… Efectivamente, ahora estoy rodando una nueva serie de Globomedia para Telecinco. Se llama “B&B” (De boca en boca) en la que hay un reparto excepcional y creo que tiene ingredientes que el público espera. Por otro lado, la película REVERSO está en post-producción, en la que tengo un cameo pequeñito, pero es una pasada de película… Y también estoy con el cortometraje “la Rosa del Desierto” que está comprometido con la causa saharaui.

LQTQC. Mucho trabajo, sin ninguna duda. Una vez te encuentras en este punto, sientes o has sentido alguna vez miedo al éxito o a la fama?

SS. No creo que me asuste el éxito o la fama… Quizás lo que más miedo me da es no dar todo lo que puedo o quiero en mi carrera…

LQTC. De todas las experiencias vividas hasta el momento en el mundo de la interpretación, cuál destacarías por encima del resto a nivel personal y profesional?

SS. Cada cual la veo más especial y mágica que la anterior… Por el proyecto, por mi trabajo, por la gente que he conocido… En todas me he sentido como en una nube. Pero todavía no destacaría ninguna en particular. Estoy empezando y me queda mucho que aprender.

LQTC. Además de la interpretación, también te hemos visto posando en varias revistas. Sara Sálamo prefiere ser actriz o modelo?

SS. Me gusta mucho la fotografía, y me siento cómoda en este ámbito. Pero sin duda, la interpretación es lo que más amo. Si sólo pudiera elegir una, me decantaría siempre por la interpretación.

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LQTC. Cómo es tu día a día?

SS. Ahora mismo trabajando mucho y el poco tiempo que queda se lo dedico a la gente que quiero… A pasarlo con mi chico, mis amigos y mis perros, por supuesto (risas).

LQTC. Eres feliz, Sara?

SS. Nunca he sido más feliz. Ahora mismo me siento plena. He conseguido meter una patita en el mundo de la interpretación y ganarme la vida con esto… Tengo un novio genial y amigos excepcionales. Echo mucho de menos a mi familia, pero la distancia me hace quererlos y valorarlos cada día más.

LQTC. Y para terminar, cuéntame. Cuál es tu mayor sueño?

SS. Mi mayor sueño es seguir en este estado de plenitud, con todas las facetas que afectan a mi vida, llenas.

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Feliz martes, amigos.

Lorena.