Septiembre.

Con el calor tan asfixiante que hace en Madrid (y me consta que en otros puntos de nuestro país), casi no apetece ni salir a la calle. Por alguna extraña razón, cuando volví hace sólo una semana, di por finalizado el verano, pero qué equivocada estaba. Lo que no podemos negar es que septiembre tiene el poder de poner un punto y final, de tener ese sabor a año nuevo que tan apetecible puede resultarnos, al menos a mí. Me gustan las cosas nuevas y, sin ninguna duda, mi vida se enfrenta a un montón de ellas.

En los últimos meses (prácticamente en el último año), además de tener un poco abandonado el blog, me han pasado un montón de cosas que han cambiando el rumbo de mis días, algunas muy bonitas, otras no tanto, pero os aseguro que he cogido, para que se queden conmigo, sólo las buenas experiencias de cada una de ellas. Este ha sido un verano distinto y, de un modo u otro, muy bonito. El mes de agosto lo he pasado entero con mi familia en el campo, entre el silencio de los árboles y la piscina, entre el cariño del hogar, entre las páginas de un libro del que hoy, por supuesto, os tengo que hablar. Hoy, te lo quería contar…

Los que lleváis tiempo aquí ya me vais conociendo un poco y sabéis, casi al mismo nivel que lo saben mis amigos, que leer es la gran pasión de mi vida. Por eso, cuando alguien tiene que hacerme un regalo sabe que hay algo que nunca puede fallar. En julio de 2015 (sí, he tardado un año en cogerlo y devorarlo), mi amiga Rebeca decidió regalarme por mi cumple su libro favorito y aunque por alguna extraña razón lo dejé un poco apartado, ahora sé que él esperó a ser rescatado de mi estantería justo hasta que hubiese llegado el momento perfecto para que nos conociésemos, porque no pude presentarme a Sira Quiroga en un momento más crucial de mi vida…

Quizás algunos, al leer su nombre, ya sabéis que voy a hablaros de El Tiempo Entre Costuras porque quiénes lo hayan leído, estoy segura, no lo olvidarán jamás. Sólo me hicieron falta unos días para conocer la historia de su protagonista de principio a fin, para recorrer las calles de un Madrid gris y triste o para viajar a Tánger y Tetuán y saborear el aroma de sus calles, visualizar el color de sus casas o acariciar la tela de la ropa de sus personajes. Sira Quiroga se ganó mi respeto y mi amor en cuestión de pocas páginas, ¡qué maravilla de mujer! Valiente, guerrera, luchadora, con miedos, por supuesto, pero con la fortaleza de afrontarlos y, sobre todo, superarlos. Marcus Logan consiguió robarme el corazón incluso a mí y la maldad de Ramiro me partió el alma en dos. Una historia llena de magia, vida, almas y personalidades totalmente distintas, personajes históricos vistos desde otro punto de vista, una historia capaz de conquistar a cualquier ser humano, una historia a la que María Dueñas supo darle vida de la forma más exquisita.

Quizás sabéis que la novela tuvo tanto éxito que Antena 3 decidió llevarla a la pequeña pantalla y cuando cerré su última página decidí que también quería verla en esta versión. Siempre que veo una película o una serie basada en un libro que me ha gustado tanto como este, sé que nada podrá ser igual pero en contra de mis prejuicios he de admitir que la adaptación televisiva es una auténtica gozada. He visto ya todos los capítulos y sé que nadie podría haberle dado vida a Sira (y a Arish) como lo hizo Ariana Ugarte. Qué dulzura, qué elegancia, qué fortaleza… ¡Inmensa! Rosalinda Fox y su vitalidad, Dolores y su bondad, La Matutera y su atrevimiento, doña Manuela y su saber estar, Manuel Da Silva y su sonrisa envenenada, Marcus Logan y su amor incondicional (interpretado por un Peter Vives brillante), han sido encarnados tal y como los había imaginado y nada ha podido ser más especial que disfrutarles también de este modo, ¡qué pasada!

Septiembre siempre supo a año nuevo y no encuentro mejor momento para que, si todavía no conoces esta historia ni a sus personajes, corras a cualquier librería y te hagas con un ejemplar de El Tiempo Entre Costuras porque estoy segura que te enamorarás. Si por lo contrario, ya conoces la historia, estaré más que encantada de saber qué te pareció y si te enamoraste de sus páginas tanto como yo.

He vuelto, y esta vez para quedarme.

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

 

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Te querré siempre, Daniel Sempere.

Hoy es uno de esos martes en los que me he levantado con mil cosas que hacer. Mi cabeza ya corría mientras mi cuerpo le pedía a la almohada y a las sábanas que me atrapasen unos minutos más. Con el olor del café y los besos de buenos días he empezado a hacer mil cosas y he pensado en un mensaje que recibí ayer. Pensar en este mensaje me ha hecho trasladarme a hace unos días, cuando un buen amigo citaba en una red social una lista de nombres que habían marcado su vida. Estos nombres eran de profesores y profesoras que encaminaron nuestra educación y nuestra adolescencia, que formaron parte de nuestros pensamientos y decisiones, que formaron parte de nuestros miedos e ilusiones, como alumnos y como personas. Sí, este buen amigo y yo compartimos aula, sillas, sueños y libros, y por tanto, todos estos profesores también son parte de mi vida.

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Me resulta maravilloso como a pesar de los años, muchos de ellos siguen formando parte de mí, de mis anécdotas, de mis experiencias y mis metas. Siguen dándome consejos, ayudándome en las preocupaciones y sonriéndome en los éxitos… Algunos de estos nombres me arrancaron una sonrisa al leerlos, y hoy, al pensar en ellos, me ha bombardeado la imagen de la portada de mi libro favorito. Supongo que se debe a que sigo asociándolo al momento en el que lo descubrí, o quizás es porque hace demasiado que no lo leo…

Hoy te quería contar algo que te quise contar desde el principio. Era diciembre de 2003, o enero de 2004, no lo recuerdo bien, cuando en una entrevista en televisión alguien habló de La Sombra Del Viento. Al día siguiente, le pregunté a mi profesora de literatura si lo conocía. Me sonrió y me dijo que ya era hora de que me apeteciese leerlo. Al día siguiente me prestó su ejemplar. Hoy, millones de personas lo han leído, pero por aquel entonces, la mayoría de la gente que me rodeaba no había oído hablar de él jamás. Me sentí aventurera y pionera en unas páginas que muchos desconocían, y me enamoré desde su “Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados…” hasta su última frase.

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La magia de la literatura, del cine o de la música, es el idioma universal de sus historias. Siempre encontrarás un reflejo de ti en una canción que te encante, en una película que te apasione o un libro que te emocione. Como quién ve su película favorita a menudo, o quien nunca se cansa de escuchar la canción de su vida, yo nunca me canso de leer La Sombra Del Viento. Lo hago una vez al año. Me gusta reencontrarme con sus personajes, verles de nuevo, imaginar sus días, sus preocupaciones y sus sueños. Me gusta descubrir cosas nuevas en mí cada vez que los veo a ellos.

Quizás he leído libros mejores en mi vida, pero todavía no he sido capaz de descubrirlo, ni reconocerlo, y eso sólo hace que los personajes de Carlos Ruíz Zafón sigan siendo mis favoritos entre todos  y cada uno de los que sigo conociendo a través de otras páginas y otras historias… Si eres de los que aún no lo han leído, sólo puedo decirte que lo hagas, y si ya lo has hecho, estoy segura que sonríes cada vez que recuerdas a Daniel Sempere, Beatriz Aguilar, Julián Carax, Penélope Aldaya o a Fermín Romero de Torres…

La Sombra del Viento imagen sobre el libro

Me enamoré de todos ellos cuando sólo tenía 16 años, pero si alguien me robó el corazón desde la primera vez que le descubrí, fue Daniel. Su personaje, su personalidad, su bondad y su pasión por la lectura, me han hecho muchas veces desear dar un paseo con él por una antigua Barcelona, sentarme a tomar un café en Els Quatre Gats, o andar sin prisa hasta la Avenida del Tibidabo y pararme a observar el palacete que se alza en el número 32. Muchas veces he anhelado no poder perderme entre los pasillos y laberintos del Cementerio de los libros Olvidados, o no poder observar el escaparate de la Librería Sempere e hijos, en la calle Santa Ana. Creo que fue este libro quién me hizo enamorarme de Barcelona… de la Barcelona de calles grises y tiempos fríos. Me gusta la Barcelona actual, pero sueño con la magia de aquellas calles y muero de rabia con las injusticias sociales de aquellos tiempos.

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A La Sombra del Viento le siguieron El Juego del Ángel y El Prisionero del Cielo. Maravillosos ambos, pero inigualables al primero. Todos ellos entremezclan una historia y unos personajes… El desenlace de todo llegará en el cuarto libro, que  Ruíz Zafón todavía no ha publicado.

Hoy pensar en mis profesores favoritos me ha hecho querer perderme de nuevo entre una Barcelona de posguerra, para desear el fracaso del inspector Fumero, y luchar por el bienestar social de unos personajes a los que quiero. Unos personajes que reflejan, sea como sea, la historia de miles de personas que vivieron una época de nuestra historia que no debe ser repetida, pero mucho menos olvidada. Ahora más que nunca, debemos ser fuertes y no permitir que nos hagan retroceder en el tiempo, ni permitir jamás que nos quiten nuestros derechos. Gracias a mi amigo Vicent por recordarme los buenos docentes que tuvimos. Gracias a ellos, por enseñarnos a ser mejores personas e inculcarnos valores esenciales. Gracias a ellos, por permanecer en el tiempo y la distancia, por seguir sonriendo y amando su trabajo, a pesar de que les estén recortando sus vidas.  Gracias a Carlos Ruíz Zafón, por despertar mi alma cada vez que me pierdo entre sus palabras.

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A ti sé que ya te había hablado sobre mi pasión sobre el escritor catalán, pero hoy necesitaba contarte cómo me enamoré de sus personajes, y cómo le juré amor eterno a Daniel Sempere.

Feliz martes, amigos.

Lorena.