Volverá…

Creo que septiembre nos trae más o menos las mismas sensaciones a todos… Sobre todo cuando somos niños, septiembre significa que empieza el curso y se acabó el verano. Empieza el año, y el curso escolar es quien decide dónde empieza y cuándo acaba.

Ayer Madrid estaba otra vez llena de gente, corriendo de arriba a abajo, con la prisa en la piel y la depresión post vacacional en la mirada. Dejar atrás las vacaciones no deja buen sabor de boca, pero hay que mirar el lado positivo y saber que con la vuelta a la rutina empiezan nuevos proyectos, nuevas metas y nuevas cosas y eso siempre debe hacernos felices.

Empieza uno de esos meses que llevan consigo el pistoletazo de salida, o la señal de meta que se encuentra al final. Para mí, es el mes que protagoniza los cambios más importantes de mi vida. Hace nueve años que fui a vivir a Elche, que empezaba mi vida universitaria y una de las etapas más bonitas que viviré jamás. En unas semanas, hace cuatro años que me trasladé a Madrid y aunque los primeros meses fueron muy difíciles… ¡Qué poco me costó enamorarme de esta ciudad! Madrid significó otra etapa crucial, de madurez, de amigos incondicionales, de mucha vida social y muchos retos profesionales. Cuatro años se dicen pronto, pero en ellos guardo miles de momentos que hoy me hacen ser quien soy, vivir como quiero vivir y estar dónde y con quienes quiero estar.

Hace nueve años que no vivo en mi pueblo, cerca de las personas más importantes de mi vida, nueve años sin mi día a día en l’Olleria, sin mi familia y mis amigos de siempre. Me sigue sorprendiendo cómo, nueve años después, cada vez que estoy allí, siento que no ha pasado el tiempo y es que tu verdadero hogar siempre sabrá esperarte, con las mismas cosas y el mismo aroma que cuando lo dejaste.

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Esta semana, como muchos sabéis, he estado en las fiestas de mi pueblo. Ojalá os pudiese transmitir a cada uno de vosotros lo importantes que son las fiestas de Moros i Cristians para mí. Las he vivido desde dentro desde muy pequeña y no he dejado de celebrarlas ni un solo año de mi vida. Hace cuatro años que no formo parte de mi filà, Les Popeluses, pero cada vez que voy, ellas me siguen recibiendo con una sonrisa y hacen que me sienta siempre en mi casa. (Gràcies!)

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La música, los trajes, las luces, la pólvora, la elegancia, la historia, las emociones, las risas, los reencuentros, el buen rollo, la amistad… Esos son los ingredientes de mis fiestas, y ellas forman parte de mi cultura y mi historia.

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Mi amiga Patri no se ha separado de mi lado ni un segundo y eso me ha hecho muy feliz… Nos hemos reído tanto, hemos tenido tanto tiempo para nosotras que todo el estrés que mi mente llevaba durante meses acumulando ha desaparecido, al menos, de momento.

Pero, ¿sabéis qué? Hacía mucho, mucho tiempo que no me iba tan triste de mi pueblo. La verdad que no sé muy bien por qué, quizás este viaje ha sido especial. He visto a mucha gente importante de mi vida, he disfrutado mucho de cada reencuentro, de cada sonrisa, de todas y cada una de esas personas que se han alegrado de verme tanto como yo de verlas a ellas… Las personas de mi vida.

No puedo dejar de dar las gracias (infinitas) a las personas con las que no había hablado nunca y se acercaron para decirme que me leen y me siguen, ¡qué sensación tan bonita!

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En una de esas noches de fiesta me pasó algo curioso que hoy te quería contar. Mi amiga Sonia me presentó a su novio y al presentarnos, le dijo “Ella es la chica a la que le encanta Carlos Ruiz Zafón” y claro, tuve que sonreir.
No nos faltó conversación y por unos momentos volvimos a pasear por el Cementerio de los Libros Olvidados, bajamos a la calle Santa Ana y subimos en tranvía hasta la Avenida del Tibidabo. Sé que cada cierto tiempo os hablo de Ruiz Zafón, mi escritor favorito, que os he dicho ya lo mucho que adoro la Sombra del Viento y el amor incondicional que siento por Daniel Sempere, uno de sus protagonistas. Me apetecía recordaros lo importantes que son los libros en nuestras vidas, cómo la magia de la literatura hace que conviertas a unos personajes en parte de tu vida y acaben siendo protagonistas de una conversación en una noche de fiesta, en un rincón cualquiera.

En uno de mis post, “Te querré siempre, Daniel Sempere”, que podéis encontrar en el apartado de “libros y literatura”, ya os hablaba de todo esto.

Siempre me hará feliz hablar de Ruiz Zafón, siempre encontraré en él la forma más dulce de sonreír o la más silenciosa de llorar, porque él y sus palabras sólo son magia… de la de verdad.

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“Barcelona, 1957. Daniel Sempere y su amigo Fermín, los héroes de La Sombra del Viento, regresan de nuevo a la aventura para afrontar el mayor desafío de sus vidas. Justo cuando todo empezaba a sonreírles, un inquietante personaje visita la librería de Sempere y amenaza con desvelar un terrible secreto que lleva enterrado dos décadas en la oscura memoria de la ciudad. Al conocer la verdad, Daniel comprenderá que su destino le arrastra inexorablemente a enfrentarse con la mayor de las sombras: la que está creciendo en su interior”.

Así me recibió la contraportada de El Prisionero del Cielo cuando se publicó en 2011. Este fue el tercer libro de la serie El Cementerio de los Libros Olvidados, el cuarto y último aún está por llegar y os podréis imaginar las ganas que tengo de saborearlo y devorarlo entre mis manos y mis ojos. La Sombra del Viento, El Juego del Angel y El Prisionero del cielo, publicados en este orden en 2005, 2008 y 2011, relativamente, forman un ciclo de novelas unidas entre sí a través de personajes e hilos argumentales que tienden puentes narrativos y temáticos, aunque cada uno de ellos cuenta con una historia cerrada e independiente, que podrás entender perfectamente si leer solamente uno de ellos (por supuesto, debes leer los tres).

Mi ejemplar me lo regalaron mis abuelos, en Navidad, con su dedicatoria y firma, como siempre hacen.

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Sin ninguna duda, el primero es el más especial, pero el tercero puedo decir que me pareció brillante. Volver con los mismos personajes ya fue para mí algo muy emotivo, poder reencontrame con sus vidas después de tanto tiempo y ayudarles a descubrir una historia mágica que estoy segura no deja a nadie indiferente.

Ruiz Zafón sabe escribir magia, sabe hacer de la palabra un absoluto y verdadero placer, no podéis dejar de leerle, por favor. Sólo espero que no tarde en volver.

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Mil besos con la depresión post vacacional en la mirada y las ganas en los dedos.

Gracias por estar siempre.

Buenas noches, amigos.
Lorena.

PD. Lo prometido es deuda: Volverá…

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Al encuentro de Mr. Banks.

Me parece que este verano os tengo y os voy a tener muy acostumbrados a las idas y venidas… Perdonadme, pero es que no paro y eso me hace muy feliz. El verano es para eso, para no dejar de moverte, para ir a los lugares que te gustan, para reencontrarte con la gente que quieres, para salir, para reír, para disfrutar del día hasta el final de la tarde, para apurar los suspiros de felicidad en la calle.

Estuve en Madrid unos días y volví el fin de semana a l’Olleria. Como habréis visto los que estáis en Instagram, para irme de boda y vivir un fin de semana maravilloso reencontrándome con toda mi familia, con todos esos primos y tíos a los que no suelo ver, y ha sido precioso. He sido muy feliz.
Reencontrarme con mi familia hizo que los recuerdos se pronunciasen en sonrisas, tuvimos la suerte y la capacidad de viajar en el tiempo a través de ellos y como siempre pasa en estos eventos, tuvimos que emocionarnos mucho al echar de menos a todos aquellos que no están.

A veces, me da miedo hacerme mayor y olvidarme de algunos recuerdos. Creo que alguna vez ya os he hablado de esto, pero a mí me encanta recordar algo que alguien me dijo una vez: todos nuestros recuerdos permanecen en nuestra memoria, sólo que algunos son recuerdos dormidos que sólo despiertan cuando un hecho puntual sucede. Un olor, una canción o un lugar que son capaces de despertar ese recuerdo enterrado y transportarte a aquel momento en el que aquello sucedió.
Por supuesto, habrá mil momentos de mi vida que no recuerde, pero los que recuerdo supongo que son los más importantes y quiero recordarlos siempre.
Los veranos de mi infancia fueron tan, tan bonitos. Era feliz con muy poco, porque quienes estaban a mi alrededor hacían que con eso fuese más que suficiente. Recuerdo las tardes en el pequeño coche de mi abuelo, un Seat Fura color rojo que hoy en fotos me sigue sacando una sonrisa. En ese coche iba a la piscina, todas las tardes, porque mientras mi madre trabajaba, mi abuelo me traía y me llevaba, a la piscina, al campo de mis tíos, a jugar con mis amigas… Donde fuese. Él, sin duda, ha sido el mejor padre que la vida me podía haber dado.

Muchas veces os he hablado de lo feliz que fui, y es que ojalá todos los niños pudiesen tener una infancia feliz, ricos o pobres, simplemente que todos tuviesen las necesidades básicas y mucha, mucha felicidad.
Si viajo a mi infancia, hay una protagonista indiscutible con la que pasaba horas y horas desde el otro lado de la televisión. Mary Poppins, entre otros personajes de ficción, fue una de mis favoritas cuando fui niña, y una de mis favoritas en el paso del tiempo.

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Hace unos meses, una tarde de frío tuve un “antojo” inmenso de comer chocolate y ver la película de la niñera más bonita del mundo. Me fui al Fnac, me compré el DVD y me di uno de esos caprichos simples que pueden llegar a hacerte enormemente feliz. Hacía mucho tiempo que no veía la película, pero no dejé de sonreír y sorprenderme al recordar las canciones a la perfección y saberme, todavía, muchos diálogos de memoria. Por eso son tan importantes los recuerdos, los dormidos o no, por esa capacidad de hacerte viajar en el tiempo, por esa capacidad de recorrer tu vida desde un punto concreto y hacerte feliz.

Hace relativamente poco, vi un anuncio en televisión sobre una película enlazada directamente con Mary Poppins, y se me ocurrió pronunciar en voz alta que la quería ver. Como muchos ya sabéis, me suelen tener muy mimada y por mi cumpleaños, uno de los regalos de Sergio fue el DVD de Al encuentro de Mr. Banks.
Con el anuncio, no sé por qué, pensé que esto sería una continuación de la película, que me encontraría con Jane y Michael Banks de mayores y que sabría qué había sucedido en sus vidas cuando Mary Poppins volvió a salir de ellas, pero lo que encontré fue mucho mejor.

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Sin ninguna duda, esta película está hecha por y para aquellos que soñaron con la magia de Mary, aquellos que quisieron recoger sus juguetes y el desastre de su habitación dando palmadas y cantando canciones, aquellos que quisieron subir las escaleras sentados en las barandillas, ser capaces de saltar dentro de un dibujo pintado sobre la acera del parque, aquellos que quisieron dar vida a los caballos de un tiovivo, tomar jarabe para la tos de colores y sabores sorprendentes, aquellos que sabían que con un poco de azúcar todo pasaría mejor o aquellos que saben que supercalifragilisticoespialidoso suena extravagante, raro y espantoso, pero que si lo dices con soltura sonará armonioso… Al encuentro de Mr. Banks es una película dedicada a todos ellos, a todos nosotros, a todos los que nos hemos hecho mayores pero seguimos guardando una sonrisa y mucho amor a la niñera que sacaba miles de cosas de un bolso que aparentemente estaba vacío.

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Mary Poppins

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Tom Hanks y Emma Thompson protagonizan la historia sobre el origen de Mary Poppins, uno de los clásicos de Disney más querido de todos los tiempos. Dirigida por John Lee Hancock, descubrimos la historia de cómo Mary Poppins llegó a la gran pantalla y a las televisiones de muchas generaciones alrededor de todo el mundo.
Walt Disney (Tom Hanks) les prometió hace muchos años a sus hijas que conseguiría llevar al cine la historia de su cuento favorito, y tras veinte años intentando adquirir los derechos del querido libro de P.L Travers (Emma Thompson) consigue reunirse con la obstinada escritora para liberar todos sus miedos, todos los recuerdos que guarda de su infancia y dejar a May Poppins en libertad para contagiar de magia a miles de niños y convertirse, con el tiempo, en una de las historias más entrañables de la historia del cine.

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Nos emocionaremos en el viaje en el tiempo que la escritora de Mary Poppins hace a través de sus recuerdos, nos emocionaremos descubriendo cuál es la verdadera historia que esconde la historia que nosotros conocemos y nos emocionaremos viendo, paso a paso, cómo se fueron ultimando los detalles antes de lanzar la historia al cine, o como se crearon las canciones que posteriormente se convirtieron en parte de la BSO de nuestras vidas.

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Estoy segura que a todos nosotros, los recuerdos de nuestra infancia nos arrancan una sonrisa. Tanto a aquellos a los que los juegos protagonistas de sus días estaban correteando en la calle, con cuerdas y pocas cosas materiales, con risas y muchos años de por medio, como a aquellos que ya hemos crecido en un tiempo totalmente ligado a la tecnología. Nuestra infancia es sólo nuestra y consigue arrancarnos una sonrisa, porque la inocencia de los niños, incluso en aquellos niños que sufren, consigue guardar en la memoria las cosas bonitas que nos hicieron felices.
Si además de ser nostálgico y sonreír al viajar en el tiempo, al recordar las meriendas que te preparaba tu abuela, las tardes de verano en la calle, la piscina o la playa, las risas y los juegos, si además de todo eso, fuiste un gran admirador de Mary Poppins, te pido por favor que te regales una tarde de mimos. Prepárate tu merienda favorita, cómprate el helado que más te guste y vete al encuentro de Mr. Banks, la historia para todos aquellos que ya nos hemos hecho mayores.

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Feliz tarde, amigos.
Lorena.

Tu viniste, yo me voy.

Empezar las vacaciones siempre trae felicidad. Salir de la rutina es liberarse de muchos quebraderos de cabeza que inevitablemente forman parte del día a día.
Por unos días me alejo de la ciudad hechicera, de su ruido, sus luces, sus prisas y su vida. Y sonrio. No sonrío por alejarme, porque a penas la he dejado y ya la echo de menos. Sonrío por la paz que me produce ir a reencontrarme con los míos. Con la gente que conozco desde que mi memoria es capaz de alcanzar, por saborear durante unos días el dulce olor de mi casa o respirar el aroma de la comida de mi abuela. Esos son los pequeños detalles y las pequeñas cosas que a mi me dan la vida.

Te quería contar que me he acordado, de repente, de una columna de opinión que leí hace muchos años en El País. La escribía Susana Fortes y hablaba de los olores de su infancia, de su abuela y su casa.

Todos soñamos y muchos decidimos perseguir nuestros sueños, por eso nos alejamos de nuestras casas y nuestras familias, no es fácil, pero tomamos la decisión de no conformarnos, de buscar nuestra felicidad en otro lugar, lejos de quienes, al fin y al cabo, son las personas más importantes de nuestra vida. Y nos vamos. Y es entonces, cuando estás lejos, cuando te acuerdas de lo bonitas que son las calles de tu pueblo, de lo mucho que te gusta reír con tu familia o de lo bien que sabe la comida que menos te gustaba.
Recuerdo que leí aquella columna de Fortes cuando aún vivía en mi casa y aún no era consciente de lo mucho que se pueden llegar a echar de menos los olores del día a día. Y con el tiempo, aunque eres verdaderamente feliz luchando por lo que quieres y aquello a lo que aspiras, sabes que la felicidad en estado puro les pertenece a los que te arroparon siempre, desde que naciste. Las calles que te vieron crecer tienen el poder de enamorarte en la distancia como nunca fueron capaces de hacerlo y el lugar de donde vienes te hace saber que no debes olvidarlo. No debes olvidar nunca lo que fuiste, de dónde viniste, ni con quién estuviste.

Me quedo en silencio y sé que yo no estoy tan lejos. Y entonces se me encoge el corazón cuando pienso en esos miles de jóvenes que tienen que emigrar a otros países en busca de una, sólo una, simple oportunidad. Pienso en los miles de jóvenes de mi generación que tienen que “huir” a buscar un trabajo, a aprender un idioma, a empezar de cero, con títulos universitarios, con títulos de post grado, o simplemente con las ganas y la necesidad de tener un trabajo. Todo colgado a la espalda, con una maleta llena de sueños y nostalgia.

Se van del país que hasta hace unos años les brindaba becas y apostaba por ellos, les encendía la sonrisa y les decía que estudiasen y se formasen profesionalmente. Podrían comerse el mundo. Les decían, claro. Y en las palabras de quedaron las promesas y se ahogaron las esperanzas.

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La realidad que nos bombardea no nos brinda una oportunidad. Y muchos se marchan con la ilusión de una nueva vida, otros lloran porque no tienen otra salida. Una vez leí en una red social que alguien decía: “Mar, tierra y aire, esas son las salidas tras acabar la universidad”. Y entonces siento mucha pena. Más que pena siento impotencia. Siento tristeza. Siento rabia ante un gobierno que me ahoga, que ahoga a una generación perfectamente preparada, formada, capacitada. Siento rabia ante un gobierno que está recortando mi sanidad, y por tanto mi vida, y también la tuya. Siento rabia ante un gobierno que recorta mi educación, y ante un gobierno al que pudre la corrupción.

Y al mismo tiempo que pienso en todos los que de van, pienso en todos los que un día vinieron. Gente que al igual que nosotros hacemos ahora, tuvo que dejar su familia, su país, su vida por buscar simplemente un trabajo, al que supuestamente todos tenemos derecho. Recuerdo a arquitectos trabajando de albañiles, o la historia de un médico que aquí trabajaba en la obra en pésimas condiciones. Pienso en la “grave enfermedad” que es la xenofobia, en el veneno de la gente que excluye socialmente a quienes vienen de cualquier otro rincón del mundo. En la irracionalidad de quienes de creen seres superiores por el color de su piel, o en la intolerancia de quien rechaza sin saber que quizás un día la vida dé un giro y las cosas se pongan del revés.

“Nihil novum sub sole” me enseñó mi profesor de latín. No hay nada nuevo bajo el sol. Y es que a muchos de les olvidó que la historia siempre se repite, que sus antepasados tuvieron que emigrar y que sus descendientes también lo harán.
Y en este contexto de xenofobia e injusticia social, quiero recomendarte un libro que leí en la facultad. Cabeza de turco, del periodista alemán Günter Walrraff.
En el libro se narra su propia experiencia, al hacerse pasar por un inmigrante turco, para tener acceso a los peores trabajos en la Alemania Occidental de la década de 1980.
Decidió investigar a fondo las calamidades que los inmigrantes soportan argumentando que “hay que enmascararse para desenmascarar a la sociedad”.

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Quizás a más de uno le vendría bien concienciarse a través de estas páginas. Y a todos los demás, a los que sienten pena por los que deben irse y por los que tuvieron que venir, que por suerte somos la mayoría, estoy segura que os encogerá el corazón y tendréis más ganas que nunca de luchar contra la irracionalidad. Porque siempre, para entender cualquier situación, debemos ponernos en el lugar de los demás. Porque no somos tan distintos, porque al igual que tu viniste, yo me voy.

Ya veis que una no descansa ni si quiera en el momento de desconectar, pero la felicidad de volver a casa, aunque sólo sea por unos días, me ha hecho pensar en la tristeza de quienes no pueden hacerlo, ni saben cuando podrán.

Feliz martes, amigos.

Lorena.