Semaforismos y Garabatonías, hechos por amor.

 

¡Por fin viernes! No sabéis lo muchísimo que necesito unas vacaciones que están a punto de comenzar. Necesito paz y organización en mi mente para poder llevar a cabo el que seguramente vaya a ser el proyecto más bonito de mi vida del que poco a poco, cuando vaya cobrando forma, os iré hablando. Hoy vengo a hablaros de dos personas con las que estuve hace un par de días.

Hace ya mucho tiempo, creo que en mi primer año en Madrid, en uno de esos momentos en los que el amor hace un roto tan grande en el corazón que sientes que te duele el alma, una amiga me presento a Zahara (@Zaharapop) a través de una canción. Con las ganas se convirtió durante muchas noches en la melodía de mis lágrimas y en la voz del dolor que no era capaz de pronunciar. Esa canción es para mí una obra de arte y se convirtió en una de mis favoritas, lo sigue siendo a día de hoy, cuando el amor ya no duele. Porque el arte, sigue siendo arte. Me enteré que Zahara acababa de publicar un pequeño libro lleno de frases, con ilustraciones de Rebeca Khamlichi (@RebecaKhamlichi) y me puse en contacto con ellas para que nos sentasemos a hablar y me contasen las historias que envolvían este proyecto. Hoy te lo quería contar.

Nos reunimos en Lolina, un café vintage en pleno corazón de Malasaña, uno de mis rincones favoritos de esta ciudad. La entrevista estuvo llena de anécdotas, de risas y energía positiva, porque esta entrevista ha sido, para mí, un auténtico regalo. Cuando uno se encuentra delante de un artista, de un artista de verdad, la magia que envuelve el momento es indescriptible. Primero, porque el artista es capaz de transmitir su humildad y  su sabiduría y segundo, porque es capaz de transmitir el amor hacia su trabajo, sin ni si quiera ser consciente de ello. Yo tuve la suerte de sentarme frente a dos artistas increíbles. Dos mujeres luchadoras, fuertes, llenas de sueños y sobre todo llenas de amor por todas y cada una de las cosas que hacen. Esta entrevista es para ponerse cómodo y disfrutar, porque es larga, porque han habido muchas cosas que no han cabido y miles que no podían dejar de estar.

Semaforismos y Garabatonías ya está en mis manos y va a formar parte de mí. Una única edición de 500 pequeñas libretas llenas de frases, con una ilustración única en cada una de ellas, hecha sobre el papel, para ti, para mí, para todos aquellos que estén dispuestos a pagar diez euros simbólicos por algo excepcional. Gracias a Zahara y a Rebeca, por contagiarme de sus ilusiones y sus ganas, de sus letras y sus dibujos, por hacer que a partir de ahora los semáforos en rojo me parezcan una oportunidad para reflexionar, y los garabatos mientras se habla por teléfono, un sentimiento que plasmar. Gracias infinitas a Alba Artero (@bita_arte), por acompañarme y ser la mejor fotógrafa del mundo. Gracias chicas, por ser desde ya, parte de aquello que yo quería contar.

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Lo Que Te Quería Contar. En primer lugar, Zahara y Rebeca, bienvenidas a Lo Que Te Quería Contar. Es un placer teneros aquí.

Zahara, Rebeca: Gracias a ti.

LQTQC. “Semaformismos y Garabatonías” es el proyecto que habéis hecho juntas y claro, hay que empezar por esta pregunta. ¿Qué son los semaformismos y qué son las garabatonías?

Z: Los semaforismos como tal son poesías mínimas, yo tengo un blog (zaharapop.blogspot.com.es) que utilizo como folio en blanco, porque además siempre que empiezo a escribir lo tengo que publicar, a veces escribía algún poema o relato más largo y otras veces cositas muy cortas. Las empecé a publicar con el simbolito de hashtag (#) y en una de ellas puse: “Semaforismos: conclusión a la que llegas en un semaforo en rojo”. Me parecían que todas ellas eran un poco esto, pensamientos y conclusiones en un momento de espera, y que luego sigue tu vida y se quedan ahí como apartadas. Algunos son frases que he utilizado en mis canciones, algunos tienen un punto más de humor, otros más picantes o sexuales… Porque en una canción hay cosas que es más brusco decir, y aquí, sin embargo, puedes escribir. Era algo que tenía en el blog, y de repente, una editorial me propuso editarlo. Yo, respeto mucho a los escritores y a los poetas, y me parecía demasiado para mí, entonces dije que si esto se sacaba, se tenía que convertir en otra cosa, no iba a ser un libro de poesía mínima. Entonces fue cuando decidí, con Rebeca, crear esta libreta. Cada semaforismo aparece debajo de cada página en una libreta en la que cada uno podrá escribir luego lo que quiera. Las garabatonías son los garabatos que uno hace mientras habla por teléfono. Yo dibujo muy mal y entonces quise que estos dibujos los hiciese una artista con la que yo confiase y  pensé en Rebeca Khamlichi. Sus garabatos son obras de arte. Sólo hemos hecho una edición de 500 cuadernos y ella dibuja uno en cada uno de ellos.

R: Mis garabatonías dependen siempre del estado de ánimo. Cada una de ellas es una pieza única, tengo una que es sobre una experiencia que tuvimos muy negativa, en la que casi sufrimos un accidente de avión, por ejemplo. He ido dibujando cosas que nos han ido pasando. La idea es poder hacer luego una exposición con los 500 dibujos, que he ido fotografiandolos a medida que los he ido haciendo… Los libros están hechos, pero los dibujos se están creando. En la feria del libro, los iba haciendo a medida que la cola avanzaba y los lectores llegaban a nosotras. Hay de todo, desde corazones, barcos, extraterrestres, calaveras, mariposas… Los semaforismos son ideas geniales. Ella no lo ve, porque al fin y al cabo, son ideas suyas, pero son verdaderas genialidades. Muchas veces no le damos valor a lo que hacemos, pero ella ha creado algo muy grande.

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LQTQC. Vosotras ya habíais trabajado juntas, ¿verdad?

R: Sí, en las ilustraciones. Esto surge de una idea y un momento loco en el que yo me pongo a dibujar frases de sus canciones. He usado muchísimas veces las canciones de Zahara para pintar, escuchaba una misma canción una y otra vez para pintar un sólo cuadro.

Z: Un día se nos ocurrió la idea de ilustrar las frases y nos pareció un proyecto muy guay. Hemos hecho dos series, la primera en la que ella me dibujaba a mí como con la canción o lo que le inspiraba la canción sobre mí. Luego hizo una serie de tres corazones con tres frases, las tres son frases que puedes decirle a alguien, y son : “Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos”, “Mi lado favorito de la cama eres tú” y “Todo lo que llevas puesto déjalo en el comedor y quédate sólo con el resto que queda en tu corazón”. Son reproducciones que hacemos para el Mercado Central del Diseño, donde Rebeca está cada primer fin de semana de cada mes. También hemos vendido los originales, y todos los originales los tienen personas muy especiales.

R: Es un proyecto muy curioso porque unes dos cosas que no están, a primera vista, muy relacionadas. La gente que es amante de la música, el arte no es una cosa que le llame tanto la atención, y la gente que es más de arte tampoco es la música lo que más les llama la atención. Hemos hecho que seguidores de una hayan descubierto a la otra.

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LQTQC. ¿Hay posibilidad de ampliar esta edición de 500, o cuando se acabe, “fin”?

R: Creo que yo no he hecho 500 dibujos originales en mi vida (risas). Es mucho trabajo psicológico, porque cuando estoy sola, por ejemplo, y tengo que hacer 30 seguidos, a veces, se acaban las ideas.

Z: Quizás en un futuro sí reedito los semaforismos. De hecho, ya tengo algunos para el siguiente libro. Aquí hay 83 porque es el año en el que nací y los metros del General Sherman, el árbol más grande del mundo, que además hablo de él en una canción. Siempre busco el metalenguaje, que haya información dentro de la información. Nada de lo que hago es al azar. Quizás uniría estos ya editados, con algunos más y buscaría el sentido de ese número, pero ya lo haría sola. A Rebeca le pediría la portada, claro, y ya. (Risas).

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LQTQC. Tras haber estado en varias ferias del libro, ¿Habéis encontrado un público objetivo definido?

Z: Yo sabía que gran parte de ellos iban a ser lectores del blog. Muchas veces me preguntaban cuándo publicaría y en realidad, creo que esto ha sido más pensando en ellos, en esos fans que me quieren tanto y quieren algo más. Ahora mismo, estoy parada en el ámbito musical, estoy preparando mi próximo disco y esto me parecía algo bonito que ofrecer en este momento de espera. En este semáforo en rojo de la vida, regalarles un poquito de mí.

R: Es más bien un regalo. Es un regalo porque ella ha sacado la timidez de sus ideas, que aunque le parezcan pequeñas, repito, son genialidades y además cuentan con el esfuerzo de dibujar para que se lleven algo especial.

Z: Nosotras esto lo hemos hecho por amor, por el amor que nos tenemos nosotras, por el amor que tenemos a nuestros fans… Tenemos mucha ilusión, a pesar de estar quemadas por muchas cosas, seguimos teniendo ilusión. Diez euros es algo simbólico, el dinero se saca de otras cosas.

LQTQC. Zahara, tú que nos tienes tan acostumbrados a la música. ¿Qué diferencia hay entre firmar un libro y firmar un disco?

Z: La verdad que el primero fue complicado. Me daba mucha vergüenza. Pero se me pasó, porque Rebeca ha estado siempre a mi lado. He vivido cada feria del libro como una “fiesta de cumpleaños”, nada era por obligación. Siempre pongo una dedicatoria pensando en lo que estoy firmando, siempre intento que esté relacionado, o incluso muchas veces firmo relacionado con el dibujo que ha hecho ella.

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LQTQC. Vivimos en una época ligada totalmente a la tecnología en la que incluso los libros electrónicos han cobrado protagonismo. ¿Vosotras sois de las que tenéis un ebook en casa o sois fieles al papel?

R: Yo tengo el ipad y se pueden leer libros, pero jamás he leído un libro ahí. Soy fiel al papel y además soy de acumular muchos libros. Me encantan los dibujos anatómicos y tengo muchísimos libros de medicina, por ejemplo. Tengo una grandísima colección.

Z: Yo tengo uno. Cuando me lo regalaron me dijeron: “esto quizás lo odias”, y es cierto que es muy cómodo y demás, pero acabo yendo a la librería a comprar un libro. Soy de dejarme los hombros sujetando el libro en la cama, me gusta pasar páginas, poder tocar el papel.

LQTQC. ¿Creéis que la gente lee lo suficiente?

Z: Creo que esto es muy parecido a la música. Cada vez hay más diferencia entre el que vende y el que no. De repente, el que vende se convierte en un best seller y hay cientos de ediciones y, en cambio, hay libros muy buenos que no pasan de la primera edición. Muy pocas veces esto tiene que ver con el talento. Hay mucha gente que le gusta leer, pero no se preocupa por leer. A mí me encanta leer, hay veces que leo un libro por semana, a veces dos y a veces medio, pero leo constantemente. Parece que ahora con el movimiento hipster se ha puesto muy de moda el leer, pero sigues viendo que es un sector muy pequeño. No hay una educación familiar en los niños para que ese niño crezca leyendo. En mi casa, por ejemplo, yo no recuero a mis padres viendo la tele, les recuerdo leyendo, y yo tengo miles de cuentos infantiles. Un niño que no ve en su casa un libro, es muy difícil que vea esto como algo interesante.

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LQTQC. Imagino que vosotras habéis aprovechado el tirón de las RRSS y vuestro alcance en ellas para promocionar este libro. ¿Habéis sentido el apoyo suficiente por parte de medios de comunicación o creéis que para muchos artistas la única opción es la auto promoción?

Z: En general, creo que la mayoría de los artistas se basan en la auto promoción. Yo lo empecé a hacer hace ocho años sin ser consciente de que lo estaba haciendo. Me comunicaba con mis fans a través de My Space y me di cuenta que eso repercutía en que venía más gente a verme. Esto lo hemos promocionado nosotras, la editorial habrá hecho su trabajo, los medios que se han interesado han sido sobre todo los medios de Úbeda, porque es verdad que se preocupan mucho por todo lo que hago y es muy bonito sentir el apoyo de tu gente. La auto promoción es esencial y lo seguiré haciendo. Pero por un lado, esto me da rabia, porque hay personas que por esto se llevan una comisión, intermediarios que este es su trabajo, y no hablo de mí personalmente, pero muchas veces aprovechan que no es necesario porque los artistas ya movemos nuestra gente gracias a las redes. Creo que todos debemos trabajar juntos.

LQTQC. Muchísimos lectores se estarán preguntando… ¿Cuándo llega el próximo disco de Zahara?

Z: El año que viene. Hasta que no he parado de tocar, no he empezado a escribir. Tengo ya canciones compuestas, de hecho, está practicamente acabado el disco. Ahora viene todo el proceso posterior, todo lo que no depende de mí. Búsqueda de discográfica, productor, grabación del disco, promoción… De aquí a que lo grabe, seguiré haciendo canciones, algunas seguro que todavía no están compuestas, otras que igual se caen… Lo que queda ya no depende tanto de mí, pero me muero de ganas. Estoy trabajando mucho, me gusta hacer las cosas bien. No sigo patrones comerciales, no puedo sacar un disco porque toque, quiero sacar un disco cuando diga “este disco me encanta”, necesito estar segura de que lo que estoy haciendo es lo mejor que he hecho hasta el momento.

LQTQC. ¿Y los próximos proyectos de Rebeca?

R: No se pueden contar (Risas). Soy súper maniática, me da mucho terror contar los proyectos por si se gafan. Conté un proyecto que me hacía muchísima ilusión y finalmente se cayó y ya decidí no volver a contar nada. Me muero por contarlo, pero son tan molones y me hacen tanta ilusión que, de momento, me lo tengo que callar.

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LQTQC. Hemos hablado mucho de vuestro libro, y en Lo Que Te Quería contar siempre se da mucha importancia a los recuerdos porque creo que es uno de los tesoros más valiosos que poseemos los seres humanos. ¿Cuál es el primer libro que recordáis de vuestra vida?

Z: El primer libro que recuerdo formaba parte de una colección de una editorial de cuentos infantiles y juveniles, recuerdo que venían con un casette y podías tanto leer como escuchar el cuento. Mi favorito era sobre un gato negro que vivía en una casa con una señora mayor, y a mí me ponía muy triste porque siempre pensaba que al gato le iba a pasar algo malo. De hecho, cuando yo tenía unos ocho años, le escribí un cuento a mi padre sobre gatos.

R: No recuerdo el primer libro, recuerdo cuentos, pero es verdad que el primer libro que me impactó porque me encantó se llamaba “Los Cretinos”. La historia iba de un matrimonio que todo el rato se hacían putadas el uno al otro. Había una parte que me encantaba, en la que ella se apoyaba en un bastón y él cada día le cortaba un centímetro al bastón para hacerle creer que estaba encogiendo y que iba a desaparecer. Ellos eran horrorosos. (Risas).

LQTQC. ¿Y vuestro libro favorito?

Z: Además de ficción, me gusta mucho leer libros de antropología, divulgación científica, ensayos… Hay un libro que recomiendo a todo el mundo que ojalá yo hubiese descubierto mucho más joven, porque me habría ayudado a entender muchas cosas. La autora, Louann Brizendine, es una neurobiologa y el libro se llama “El cerebro femenino”, también escribió sobre el masculino. Habla sobre la diferencia de géneros y cómo somos hormonalmente distintos. Habla de cómo entendernos, comprendernos y querernos. Además es súper ameno.

R: Yo no te puedo decir un libro favorito, pero hay uno que he leído varias veces, sé que a mucha gente no le gusta y yo no consigo entender. Es un ensayo de David Foster Wallace. Le mandaron a hacer un artículo para una revista de moda sobre un crucero de lujo y se acabó convirtiendo en un libro impresionante que se llama “Algo supuestamente divertido que nunca más volveré a hacer” y es increíble ver cómo le entró la obsesión por cosas muy simples, simplemente por no tener nada que hacer, sólo tenía que disfrutar del crucero. De verdad me parece muy, muy interesante.

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LQTQC. ¿Sobre qué tema nunca escribiría Zahara y sobre qué tema nunca dibujaría Rebeca?

R: No dibujaría nada sexual nunca. Estéticamente no me interesa absolutamente nada. No he pintado nada sexual en mi vida. En cambio, si fuese escultora creo que esculpiría cuerpos desnudos y lo disfrutaría mucho, pero en la pintura no me atrae nada.

Z: Yo nunca escribiría sobre música. No daría mi opinión sobre nada de mi propio gremio, porque le tengo mucho respeto. Ni desde el punto de vista crítico, ni crónico. Escribiría sobre lo que la música me hace sentir. Escribo sobre muchas cosas, algunas sólo las escribo y otras las canto y ahí tengo mucha libertad, porque hay cosas que escritas son muy simples y cantadas son muy fuertes, o al revés, cosas que puedes escribir y que jamás quedaría bien en una canción. Hay gente que sabe mucho sobre música, yo sé de lo que siento con la música, sé que me vuelve loca y que es mi vida, pero jamás escribiría sobre ella.

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LQTQC. Y para ir terminando, ¿un sueño que os quede por cumplir?

R: Como sueño prioritario a corto plazo: adoptar más galgos, y un sueño a lo bestia sería que nos concienciásemos todos. Somos un país que hemos avanzado en muchas cosas pero que tenemos todavía una crueldad con los animales que es inaceptable para el año en el que estamos. Seguimos haciendo cosas sin sentido y eso me entristece muchísimo.

Z: Mi sueño es seguir haciendo cosas, soy incapaz de proyectarme en nada. No me planteo nada por si luego no pasa. Para mí, la decepción es la enfermedad más destructiva, así que voy por la vida sin esperar mucho de ella y así todo lo que va sucediendo me lo llevo como una sorpresa maravillosa. Quiero seguir haciendo cosas y no perder la creatividad, ese es mi sueño.

LQTQC. Muchísimas gracias chicas, muchísima suerte en todos vuestros proyectos y os espero aquí siempre que tengáis algo que contar.

Z, R: Muchas gracias a ti.

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 Feliz viernes, amigos.

Lorena.

 

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David Bisbal: “¡Buenas noches, mi Madrid!”

Después de una semana de locura, de no parar, de muchísimo trabajo y las energías agotadas, por fin llega el domingo para darme el descanso que tanto necesitaba.

El jueves por la noche, David Bisbal, conquistaba Madrid con su gira Tu y Yo, con El Palacio de los Deportes completamente lleno y con la energía que le caracteriza. Yo estuve allí y hoy, te lo quería contar.

Como muchos de vosotros, la primera vez que vi a David fue en un programa de televisión en el que él participaba, yo tenía unos trece años y viví aquel fenómeno televisivo de forma muy intenta. Es verdad que, ahora, con el tiempo en la espalda,  recuerdo aquellos momentos, aquel primer disco o aquella primera gira con una sonrisa y miles de recuerdos bonitos. El tiempo pasa y un concierto no se vive igual cuando tienes 14 años que cuando tienes 27, para mí, ya es casi imposible imaginar las muchas horas de cola que antes hacía para poder estar en la primera fila, pero lo que sí es cierto, que cuando un artista te gusta, la magia y la ilusión de un directo, se viven de la misma forma, aunque llegues al recinto del concierto sólo una hora antes de que empiece el espectáculo.

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Tras su gira acústica, de la que acabé locamente enamorada, me costaba asimilar volver a ver al David de siempre, al de las patadas y las volteretas… Efectivamente, incluso en este nuevo formato, al que siempre habíamos estado acostumbrados, aunque lleno de energía, encontramos a un Bisbal más tranquilo sobre el escenario, pero con la misma fuerza de siempre. De los discos del cantante, uno de mis favoritos es Sin Mirar Atrás, el trabajo anterior a su gira acústica.  Tu y Yo no se queda corto. David Bisbal cuenta con un equipo de trabajo que cuida al detalle cada uno de sus pasos y eso se nota. El directo, por supuesto, fue increíble.

Le acompañan unos músicos impecables, y sentí mucha emoción al ver a Ludovico, el guitarrista que le acompaña, sentí emoción por la gran admiración que mi novio siente hacia este hombre, con el que ha tenido oportunidad de dar clases. Y sabía que si hubiese estado allí conmigo, lo habría disfrutado tanto como yo. Ludovico es un grande, y de eso no hay ninguna duda.

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Lydia es periodista, valenciana afincada en Madrid como yo, y hace años, por una casualidad de la vida, nos conocimos de forma “indirecta” gracias a Bisbal. Fui al concierto con ella y con Andrea, otra amiga, y la magia de la música, de los recuerdos y de la felicidad, se apoderaron de nosotras desde el primer momento.

Las luces, el sonido, todos y cada uno de los detalles audiovisuales hicieron que la puesta en escena fuese realmente impresionante. Recuerdo que una vez, hace años, leí algo que decía, más o menos, que David Bisbal no había cumplido su sueño, porque su sueño habría sido vivir, simplemente, encima de un escenario, tener un disco, y dedicarse a la música. David Bisbal no ha cumplido su sueño, porque ha conseguido algo con lo que estoy segura jamás se hubiese atrevido a soñar. Es indiscutible que es uno de los artistas españoles con más alcance internacional, es una auténtica estrella que ya convierte en oro todo aquello que se atreve a tocar. Le miraba en el escenario y pensaba que él ya estaba acostumbrado a esto, a llenar estadios y cantar para miles de personas en todo el mundo, pero a mí me es inevitable acordarme de sus inicios, de su inocencia, de su sorpresa ante todo, y me fue inevitable pensar en las veces que él echará la vista atrás y se verá en su Almería, en su orquesta Expresiones, y creo, a ciencia cierta, que se sigue emocionando y sorprendiendo por todo lo que está pasando, unos cuantos años después.

Las canciones de su nuevo disco con fragmentos del mediometraje Tu y Yo que protagonizó junto a la actriz María Valverde, fueron sin duda, los protagonistas de la noche. No faltaron, por supuesto, sus canciones más sonadas como Ave María, Al.Andalus, Lloraré las penas o Quién me iba a decir, que hicieron poner en pie y bailar a todo el Palacio de los Deportes. Uno de los momentos más emotivos fue el turno de Dígale, cantada por el público. Todavía se me ponen los pelos de punta.

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La noche, además, tuvo sorpresas, como el momento en el que David compartió escenario con India Martínez, la portuguesa Cuca, o Pablo López al piano. El momento con Pablo fue uno de los más emotivos de la noche, además de por ellos dos, por la canción que interpretaron. El Ruido es, para mí, la canción más bonita que tiene Bisbal en toda su discografía. Compuesta por mi querida Vega, esa canción es simplemente una obra de arte.

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Vega no podía dejar de formar parte de este nuevo trabajo, y en Tu y Yo, ha dejado su huella componiendo No Amanece y Culpable, las que son, para mí, las canciones más bonitas de este disco. Culpable es la balada por excelencia y por lo que he podido ir leyendo por las RRSS, la favorita por los seguidores del cantante. Culpable es una canción, que simplemente es magia. Gracias Vega, gracias siempre, por hacer de las emociones más puras, las canciones más bellas…

Como todo en este blog, porque es mi blog, y aquí, inevitablemente, expongo mis puntos de vista sobre las cosas, este post está vacío de objetividad, porque no sé ser objetiva en este tema, porque salí completamente emocionada de ese concierto, con las emociones a flor de piel, y porque el viernes, cuando me desperté, seguía con la misma energía. Pero, amigos míos, esa es, sin ninguna duda, la magia de la música.

Me encantan los conciertos, y creo que cualquier amante de la música disfruta de un directo. Es cierto que los conciertos de David son para mí más especiales, porque son emociones, porque son recuerdos y porque son las canciones que forman parte de la banda sonora de mi vida.

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Su música podrá gustarte más o podrá gustarte menos, pero creo que la mayoría podremos coincidir en que David Bisbal es un tío muy majo. Cuando te dedicas a esto, acabas conociendo o tratando a muchos artistas y con el corazón en la mano, y sólo aquí desde la objetividad,  creo que pocos son los que absolutamente siempre están dispuestos a regalar una sonrisa. David Bisbal es así. No he visto a nadie más agradecido y atento con los medios de comunicación, así como con sus seguidores o todas las personas que se le acercan para mostrarle su cariño o simpatía, y creo que eso, amigos míos, es digno de admirar. Muchos pensaréis que eso forma parte de su trabajo, y soy de las que piensa que en parte sí y en parte no. Un artista se debe a su público, está claro, pero un artista, ante todo, es persona y las personas a veces tenemos días malos en los que no nos apetece ser simpáticos o no nos apetece sonreír, pero parece que muchas veces nos olvidamos de esto.

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Disfruté del concierto con la misma ilusión que lo hacía cuando tenía quince años, porque una vez estás ahí, te das cuenta que el tiempo, frente a la música, no ha pasado.

He tenido la oportunidad de poder compartir momentos muchas veces con él, pero sin duda, uno de los más bonitos de los últimos años fue hace sólo unos meses, cuando acudí con La Caja de Música a la premiere del mediometraje Tu y Yo que se celebró en los cines Callao de Madrid.

La música tiene esa magia infinita que es crear un lenguaje universal y hacer que las sonrisas y las lágrimas sean entendidas por millones de personas. Porque la vida, no tendría sentido sin la música.

Enhorabuena a David Bisbal y a todo su equipo por la maravillosa noche que nos regalaron en Madrid, enhorabuena por los éxitos más que merecidos, por ser una persona que nunca se cansa de trabajar…

Sin ningunda duda… ¡Viva la música!

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Feliz domingo, amigos.

Lorena.

Los ojos de Margarita.

Esta mañana me he levantado dando los buenos días en mi página de Facebook, anunciando que hoy venía con nuevo post y que vendría en forma de relato. También hablaba de mi necesidad y mis ganas de un cambio político y social en este país. LLevo todo el día tumbada en el sofá, malísima de la tripa, con dolor de piernas y brazos y con la sensación de no tener fuerza ni en los dedos, pero lo prometido es deuda y si yo he prometido un relato, un relato tiene que haber.

Por lo general, los relatos son de vuestros posts favoritos. Tanto, que a veces siento mucha presión a la hora de escribirlos, por si no cumplo vuestras expectativas o por si resulta que acaba siendo malo… Os dejo una nueva historia, para que hagáis como siempre quiero que hagáis, para que la leáis despacito, para que saboreéis las palabras y nos olvidemos durante un ratito de nuestras preocupaciones y nuestras vidas…. Que no paren las letras.

 

Los ojos de Margarita. 

Me resultan demasiado tristes las historias de amores imposibles. Me producen tanta tristeza que a veces prefiero no escucharlas, o no conocerlas. Me da pena la gente que ama de verdad y no consigue estar con la persona a la que desea. A veces, me planteo lo rápido que pasa el tiempo y me pregunto qué hemos hecho para que corra tan deprisa, me pregunto si nos hemos detenido a saborear de verdad la vida, o si simplemente nos hemos pasado la mayor parte de ella sufriendo por unas cosas u otras. Mi padre me dijo una vez que el ser humano es así, que no sabe disfrutar sin más, que la vida nos pone obstáculos para que aprendamos a sobrevivir, a ser fuertes, a superar problemas, miedos y desgracias. A mí, desde pequeño, eso me ha asustado mucho.

Me miro las manos y todavía no soy consciente de que todo ha pasado, las arrugas me recorren la piel, las manchas y los lunares son sólo las manchas de un viejo que lleva corbata y un pañuelo de tela guardado siempre en el bolsillo. Inexplicablemente, hay un momento en tu vida en el que sabes que ya no queda mucho tiempo. El paso de los años es importante en esta idea, por supuesto, pero es verdad cuando sabes que con ochenta años aún te queda toda una vida y cuando sabes que la vida se está acabando… Hace meses que tengo un fuerte dolor en el pecho y los médicos lo sentenciaron como un cáncer de pulmón que me va a arrebatar los suspiros en cuestión de semanas, o meses. Miro a mi alrededor y creo que he podido y he hecho todo lo mejor que he sabido, pero también creo que he tenido un sufrimiento aferrado al alma desde hace demasiados años.

Todavía es pronto, siento que aún tengo muchas cosas por vivir, tengo muchas cosas por hacer y sé que ya no hay remedio. Mi nieta mayor, Patricia, está a punto de dar a luz a su primer hijo, mi primer bisnieto y yo eso no me lo quiero perder. A veces, lloro por la noche porque tengo miedo. A mi edad todavía existe el miedo. Me siento afortunado por conservar mi salud mental en perfecto estado, por ser capaz de recordar cada momento de mi vida. María, mi esposa, murió hace más de una década, dejando a su familia sin el pilar que la sostenía. Mis hijos y nietos vienen a visitarme y mi hija Paquita no deja de cocinar para mí ni un sólo día. Es una santa, una mujer buena y noble, con una vida feliz y un marido que la cuida y la quiere. Era la que más unida estaba a su madre y sé que nunca ha podido, ni podrá, superar su pérdida.

Por alguna extraña razón, llevo varios días soñando con unos días que quedan tan atrás que ahora dudo si de verdad han existido o si los sueños me confunden. En cuestión de segundos sé que fue real, porque todavía recuerdo sus ojos y puedo sentir su aroma. Y eso, también eso, me asusta.

La vida en el pueblo era una vida humilde y tranquila. Sólo tenía siete años cuando oí a mi madre gritar. A mi padre, hombre bueno y trabajador donde los hubiese, lo acababan de encontrar muerto en el campo, mientras labraba la tierra. Un accidente me dijeron que había sido, años después supe que le habían pegado un tiro por tener una ideología distinta a la de sus asesinos, por querer luchar por sus derechos y buscar un futuro mejor para los suyos. Desde niño, acudía a la iglesia sólo para oír el viejo piano que tenía don Raimundo, el párroco de mi pueblo. Una noche, él se presentó en casa y habló con mi madre en la cocina, susurraban y llegué a entender que hablaban de mí, de mi futuro como músico y de mis dotes para ello. Tenía quince años cuando dejé a mi madre y a mis hermanos solos en el pueblo y me trasladé a Valencia capital a vivir con mi tía Remedios, que se había casado con un hombre rico y respetado. Gracias a los contactos de mi tío, al que yo no soportaba, empecé a estudiar música y a dar clases particulares a hijos y vecinos de sus amigos. Con el dinero que ahorraba, conseguía ayudar a mi familia y ser feliz trabajando en lo que más me gustaba.

Conocí a Margarita una tarde de enero. A las cinco estuve puntual en su casa para dar su primera clase de piano. Por aquel entonces, las mujeres de cuna alta, se refinaban a través de la música y finos vestidos de seda que cosían para ellas. La piel, pálida y delicada se escondía bajo una melena aterciopelada de color caoba y en su cara dos ojos verde esmeralda daban luz a aquella estancia. Jamás había visto nada igual, ni mujer más bella, ni mirada más pura. Supe que iba a enamorarme de ella hasta el fin de mis días. Semana a semana fuimos compartiendo melodías, notas y aprendizaje. Era inteligente, divertida, risueña y atrevida. Una tarde, antes de marcharme me preguntó si estaba libre la tarde siguiente y asentí.

Nos encontramos a las cuatro en la Estació del Nord y paseamos por las calles del centro mientras sus padres creían que ella estaba merendando churros con chocolate en casa de una de sus amigas. Tarde a tarde, fuimos haciendo de los encuentros nuestra rutina, y de la rutina nuestras vidas. No nos cogíamos de la mano por la calle, pero reíamos y compartíamos nuestros sueños. La besé por primera vez en una de nuestras clases. La besé durante muchos meses, en el cuello y en los labios, le acaricié el pelo, la piel, las piernas y los secretos. La hice mía tantas veces como la soledad nos lo permitía… Me miraba fijamente a los ojos y yo me perdía en ese mar que me regalaba su mirada. Margarita era el amor, Margarita era mi vida.

Una tarde, al llegar a casa, mi tío me esperaba fumando una pipa al lado de la ventana, mientras mi tía Remedios sollozaba en el sofá. Tenía las maletas listas y no querían volver a verme nunca más. El padre de Margarita, un empresario de renombre y con el poder de tener a toda la ciudad comiendo de su mano, había intentado organizar el matrimonio de su hija, cuando ésta se negó y dijo que ya estaba enamorada. Llamó a mi tío y le aseguró que le arruinaría los negocios y su fortuna si no me hacía desaparecer, juró matarme con sus manos si me veía. A mí, un chico de pueblo, de campo, a cuyo padre habían asesinado por pertenecer a un bando político y no a otro, a mí, a un pobre profesor de piano. No supe qué decir, me volví cobarde y me ahogué en el miedo. Cogí mis cosas y miré a mi tía, alcancé a ver en sus labios un “lo siento” empapado por las lágrimas que corrían en forma de cascada. Me fui de allí.

Durante dos tardes esperé en la puerta de la estación, a las cuatro en punto, como tantas otras veces. Al tercer día volví al pueblo. Me rendí a los tres días, me rendí por amor, por cobardía y por su bienestar. Ella no podría ser feliz conmigo, tenía pocos bienes que ofrecerle, ella estaba en otro mundo, en uno inalcanzable en el que yo sólo entraba para servirle, un mundo donde se aprendía a tocar el piano porque lo marcaba la sociedad y el estatus, un mundo en el que se fabricaban vestidos de seda a medida.

Años me costó superar aquello. A través de mi madre, que seguía hablando con mi tía, a quien nunca más volví a ver, me enteré que Margarita estuvo destrozada, que estuvo meses encerrada, llorando, sin comer, sin ganas de nada. Me enteré que con el tiempo se había casado con un amigo de la infancia, que la amaba, que la hacía feliz y la cuidaba. Me enteré que había sido madre cuando yo ya tenía a Juan, mi segundo hijo.

María fue una buena mujer, era maestra y adoraba el arte. Le encantaba escucharme tocar el piano, aunque a mí cualquier melodía, después de mis años en Valencia capital, me resultaba triste. Fuimos un matrimonio muy feliz. Me quiso con todo su corazón y yo la quise todo lo que pude. La respeté, la cuidé y juntos formamos una familia maravillosa, de gente buena, honrada y trabajadora.

No me gusta escuchar historias de amores imposibles, siempre me ponen muy triste.

Inexplicablemente, llega un momento en tu vida en el que sabes que no queda mucho tiempo. Te planteas qué has hecho mal, qué has hecho bien, y por qué el tiempo y los años han corrido tan deprisa.

Esta mañana, le he pedido a mi hija Paquita que coja el coche y me lleve hasta Valencia capital. Me enteré hace años que había heredado el señorial piso del cetro donde vivía con sus padres, donde tantas tardes de clases de piano compartimos, donde la besé una y mil veces y donde hice el amor como, lamentablemente, no recuerdo haber vuelto a hacer nunca.

Me miro las manos y todavía no soy consciente de que todo ha pasado, las arrugas recorren mi piel y me atrevo a entrar en ese edificio dónde observo un sólo nombre en el buzón. Margarita Martínez. Sólo su nombre. El de nadie más.

Mi hija Paquita ha aprovechado para hacer unas compras en la ciudad y yo he cogido el elegante ascensor hasta el piso tres. El portón de madera y pomo dorado aguarda en silencio. El timbre suena como si no hubiese pasado el tiempo. Tras la puerta abierta una mujer con cabellos blancos, elegante, distinguida, firme, serena, preciosa. Las arrugas le besan las mejillas y un sello imborrable ilumina su cara. Sus ojos verde esmeralda y el mar que en ellos habita me miran en silencio y se llenan de lágrimas. Sólo soy capaz de pronunciar a media voz, con el llanto en el pecho: Margarita

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Buenas noches, amigos.

Lorena.

Barco a Venus…

Me gustan los domingos en los que no se tiene prisa… Mi intención era dormir hoy hasta que mi cuerpo aguantase, tenía la esperanza de pasarme toda la mañana entre las sábanas y abrir los ojos tras haber dormido muchas horas. En contra de mis expectativas, a las diez de la mañana mis ojos se han abierto como platos y entre eso y que mi perro me estaba diciendo que ya era la hora de salir, adiós a mis planes de dormir hasta las tantas… En fin, será la edad, que ya no perdona.

Hoy te quería contar una cosa que me pasa siempre… Es verdad, que cuando vivía en el pueblo era muy difícil ver a un vagabundo o a un “yonkie” en la calle, y en el momento que te trasladas a una ciudad grande, lamentablemente eso se ve a diario. Y el lamentablemente no es por mí, sino por ellos, por sus vidas y sus familias… A mí lo único que me produce es dolor en el corazón y siempre me preguntó que historia esconderán sus vidas, qué les habrá llevado hasta ese punto y ese extremo… Cuando veo a personas totalmente consumidas por las drogas, el alcohol o la mala vida, siempre me digo lo mismo “En algún momento de su vida fueron niños, fueron inocentes y fueron felices”, y siempre que voy con alguien, intento explicarle esa sensación y esos sentimientos. Aunque alguno de ellos haya tenido una vida tormentosa incluso desde la infancia, seguro que en algún momento, aunque sea efímero, han sido felices. Me doy cuenta la importancia que tiene andar siempre por un camino correcto, y no me olvido que incluso en los caminos correctos hay miles errores que debemos cometer, porque así debe ser la vida, y así somos los seres humanos. Nos equivocamos, rectificamos, nos volvemos a equivocar… El problema viene cuando los límites se sobrepasan y los caminos correctos o no correctos se convierten en una pesadilla, y a mí el tema de la drogodependencia siempre me ha causado terror.

El viernes viví una noche llena de emociones, de sentimientos, de lágrimas y risas en el musical de Hoy No Me Puedo Levantar.

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Aún recuerdo el día en el que mi amiga Andrea me dijo que se iba a presentar al casting para el papel de María, la protagonista. Fui de las primeras y pocas personas en saberlo, y aquellos días pasamos juntas muchos, muchos nervios. En las pruebas, en la espera de la respuesta, en la emoción, en la duda, en la felicidad que sentíamos… Lo viví tan intensamente que una noche hasta lo soñé. En aquel sueño aparecía el cartel  y entre los personajes yo veía a Andrea, algo me decía que ese papel iba a ser suyo, se lo merecía. Poco después, los sueños fueron una realidad y Andrea no sólo protagonizaba la entrada de uno de los teatros más importantes de Madrid, sino que su cara aparecía en grande en autobuses, paradas de metro y medios de comunicación, era María, protagonista del musical con las canciones de Mecano. Recuerdo entre risas las tardes en su casa, cuando ya había empezado los ensayos, con el calor del verano y la felicidad en la mirada, cantándome estrofas o enseñándome bailes… Estaba feliz, muy, muy feliz. Este viernes se despedía de María, de su papel en el musical, de todos estos meses, de sus compañeros, de sus emociones, de su escenario, de su público… Era su última función y creo que todos los que la queremos y estábamos allí lo vivimos de una forma muy intensa.

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Cuando la vi cantar, cuando la vi actuar, confirmé que ese papel era suyo. Era una María fantástica. Su dulce voz, su magia sobre el escenario, su sonrisa… Ese papel llevaba su nombre. Sé que vivió una noche muy emotiva, ahora lo sé porque lo he hablado con ella, pero incluso allí, desde lejos, entre el público sabía cuando ella estaba llorando de emoción, de verdad, más allá de las exigencias del guión. Me acompañaba Sergio y él ha trabajado mucho tiempo con Andrea y la quiere tanto como yo, y fue maravilloso poder compartir juntos la emoción que sentíamos al verla sobre el escenario. No sé si me emocionó más con su “Lía” o con “Hijo de la luna”… Estuvo brillante y creo que podría escribir muchas palabras y seguiría diciendo que no tengo las suficientes para describirlo.

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“La última función fue demasiado emocionante. Ver a todos mis compañeros pendientes de mí, cambiando textos y bailes para demostrarme su amor, me llenó de amor y tristeza a la vez. Me dio mucha pena pensar que nunca volveré a eso, a ese escenario, con esa gente que me quiere, con esas canciones y esos bailes…” Andrea Guasch.

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Entre los protagonistas, dos amigos más forman el elenco del musical. Pude disfrutar de Angy, en su papel de Patricia, que aunque ya sabía que era una artistaza de los pies a la cabeza, verla sobre ese escenario, me emocionó mucho. Angy es una de esas personas guerreras y sensibles a la par, con una sonrisa siempre dispuesta, divertida y con una voz que a nadie puede dejar indiferente. Yo me sigo preguntando dónde le caben ese vozarrón y ese corazón tan grandes que tiene… Divertida y maravillosa. “Hawaii Bombay” nunca me parecerá tan genial después de haberla escuchado en su voz. Ella es grande, muy, muy grande y desde aquí quería recordárselo, para que no lo olvide nunca.

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Xavi Navarro… Sé que no podría haber un Mario mejor que él… La química que los dos protagonistas nos regalaron fue tanta que yo tuve la piel de gallina de forma constante. Xavi es bueno, dulce y carismático. Nunca le había visto actuar, ni cantar, y me sorprendió muy gratamente. Estuvo perfecto y su voz y su sonrisa hicieron que todo fuese muy, muy bonito. Y claro, Xavi con su versión de “Me cuesta tanto olvidarte” fue el culpable de hacer estallar al público entre llantos y silencios que gritaban. Exquisito, perfecto, gigante.

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Y fue en ese momento, en ese en el que nos contaba que entre el cielo y el suelo hay algo con tendencia a quedarse calvo cuando yo me ahogué en lágrimas y me acordé  de todas esas personas que muchas veces veo por la calle y me pregunto por qué han hecho eso con sus vidas y qué les ha llevado a destruirlas así, pensé en que ojalá todos los adolescentes de este país que empiezan a tener curiosidad por las drogas vean este musical, porque sin duda, el papel de Colate interpretado por Adrián Lastra me pareció brutal. Un joven lleno de sueños, de inocencia y felicidad, que deja su pueblo, su vida y su estabilidad por buscar aquello que realmente le hará feliz… Ser músico y poder triunfar. Entre triunfo y movida madrileña, el tonteo con las drogas acaba siendo un juego peligroso y serio y ver el deterioro de una persona, interpretado, repito, de una forma magistral, fue una de las cosas más emotivas e impactantes de toda la función. Porque a mí el tema de la drogodependencia siempre me ha causado terror.

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El musical estará hasta junio en el Arteria Coliseum, en la Gran Vía de Madrid. Creo que es el mejor musical que he visto jamás. Podéis encontrar toda la información aquí.

Un musical para bailar, reír, llorar, cantar y saber más que nunca que no has ido a Venus en un barco….

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“Este musical ha sido muy importante para mí. Ha significado, sobre todo, mucho crecimiento como persona y como actriz”. Andrea Guasch.

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Feliz domingo, amigos!

Lorena.

Hoy me cruje el alma…

Hoy el día comenzaba triste, el 11 de marzo será un día triste para siempre en la memoria de nuestro país. Como bien os contaba esta mañana en mi página de Facebook, hoy iba en el metro y observaba a las personas. Observar a las personas en silencio es curioso, en el metro todo el mundo viaja solo y de vez en cuando observo y me pregunto, me imagino cómo serán sus vidas, me pregunto si serán felices o no. Es asombroso poder ver en la cara de un extraño su estado de ánimo, o quizás sólo el estado que aparenta tener, porque al final resulta que las apariencias son eso, apariencias.

Por las mañanas la gente va en silencio, cabizbaja, tienen sueño y sabes que la mayoría han madrugado por obligación, van a trabajar, van a clase, o quizás al médico… Casi todos van pegados al móvil, algunos sujetan libros y los leen, otros duermen. Algunos sonríen, otros visten mala cara desde bien temprano. Hoy observaba a la gente en el metro, mientras leía lo que la gente escribía en Twitter… Todos amanecíamos haciendo mención al 11 de marzo, a aquel 11M del que ya han pasado diez años. He levantado la cabeza y he vuelto a observar,  por un segundo he querido imaginar aquella mañana, a aquellas personas que madrugaban para ir a estudiar o para ir a trabajar, me he observado dentro de ese metro y he sabido que yo podría haber estado allí, como podrías haber estado tu, como podríamos haber estado todos. Y es que al final, de un modo u otro, todos estuvimos.

Hace diez años, en Madrid se vivió el mayor atentado terrorista de la historia de España. 192 muertos, 1.858 heridos… 2.050 familias destrozadas, amigos sin consuelo… Un país entero con el corazón roto, y el alma gritando de rabia. Hace diez años la violencia estuvo por encima de los ciudadanos, de las personas, de los que allí estaban y los que no… La irracionalidad se cargó de fuerza y el dolor penetró en nuestras vidas. Diez años después todos seguimos levantando la voz, haciendo ruido sobre esa impotencia que aún sentimos, diez años después seguimos deseando que aquello no fuese real, queriendo que no hubiesen motivos para estar recordando, para que haya imágenes, canciones o frases de ánimo sobre una tragedia que nos dejó rotos, sin aliento y sin palabras.

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He observado a la gente y por un segundo he querido imaginar aquella mañana, pero no he sido capaz de imaginar el dolor de las víctimas, de sus padres, de sus hermanos, de sus hijos, de sus abuelos, de sus parejas, de sus primos, de sus tíos, de sus vecinos, de sus compañeros, de sus profesores, de sus amigos… Y he querido gritar de rabia. ¿Qué derecho creen tener aquellos que arrancan vidas?

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La mañana ha pasado con calma, Madrid está llena de sol y las calles, aún con frío, invitan a la primavera, la gente sonríe, a pesar de los recuerdos y la rabia, parecía un día bueno…

Cuando he salido de trabajar he visto varias notificaciones en Twitter y no daba crédito a lo que leía. Parece que el 11 de marzo está condenado al dolor y las malas noticias.

Que la televisión apueste por la música siempre me va a parecer bien. Me gustan los programas dónde se valora la ilusión y el talento de las personas. La Voz ha sido uno de los programas de televisión de mayor éxito y audiencia de los últimos años, y su versión para niños era más que deseada. Desde que empezó La Voz Kids hace sólo unas semanas, he estado cada jueves pegada a la pantalla y mi Twitter es testigo de cómo me he emocionado en cada una de las galas… Los niños tienen esa inocencia que a los adultos nos falta, y algunos niños tienen ese arte que algunos adultos no tendremos nunca. En ese programa se ha visto un derroche de talento increíble, unas voces maravillosas y sobre todo se ha visto mucha ilusión, sonrisas sinceras y esfuerzos por demostrar que los sueños se pueden hacer realidad. Iraila nos enamoró con su incontrolable emoción cuando se puso a llorar al descubrir que los tres coaches (Rosario, Malú y David Bisbal) se habían dado la vuelta al escuchar su voz, deseando tenerla en su equipo y poder trabajar con ella. Iraila demostraba ternura y desparpajo, y emocionada y fuerte, llena de vida, nos deleitó con una voz enorme en un cuerpo pequeñito interpretando a la perfección el Diamonds de Rihanna.

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Iraila todavía no ha aparecido en las batallas de La Voz Kids, grabadas ya desde hace tiempo, y lamentablemente no podrá ver su actuación. El cáncer, con el que llevaba luchando desde hacía cuatro años, le ha vencido la batalla. Una batalla injusta, una batalla que no debería atreverse a luchar contra las personas y mucho menos contra los niños.

No se por qué, llevo todo el día pensando en Iraila, pensando lo injusta que es la vida, lo rápido que un día todo cambia, todo desaparece y todo acaba. He leído en varios artículos que sus padres han pedido que cualquier persona que quiera aportar flores o similar, lo hagan en forma de donativo a Aspanion, la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de la Comunidad Valenciana. Se me ha encogido el pecho al leer su comunicado y que desde su inconsolable dolor pidan que la gente ayude cuando quienes deben ayudar, amigos míos, son los que nos representan y gobiernan, pero por segundos se me había olvidado que son los mismos que nos han recortado la sanidad.

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Llevo todo el día pensando en Iraila y en niños enfermos de cáncer o cualquier otra enfermedad. LLevo todo el día pensando lo jodida e insoportable que se pone a veces la vida y la impotencia que me da. Llevo todo el día pensando el dolor de unas familias que no conozco y en un dolor que no soy capaz de imaginar. Iraila es la imagen de muchos niños que pierden esta injusta batalla, de muchos más que luchan contra una enfermedad que ha llegado sin preguntar, muchos niños que sólo saben luchar con su arma más poderosa: la sonrisa.

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Iraila, donde estés, canta bien fuerte, por todos los que hoy te echan de menos sin conocerte, y sobre todo canta por quienes te han querido y te han acompañado siempre…

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Hoy me cruje el alma, amigos míos. Buenas noches,

Lorena.

Hace días que empecé la cuenta atrás…

Hace días que empecé la cuenta atrás. La Navidad es, sin ninguna duda, mi época favorita del año. Es el momento de volver a casa, de estar con los míos, de preparar pasteles, de comer y hacer sobremesas que podrían ser eternas, es momento de ilusión, de esperanza, de dar gracias a la salud cuando no toca la lotería, el momento de sonreírnos y saber que los problemas, al fin y al cabo, con el tiempo desaparecen. Me encanta decorar mi casa, ver las luces en la calle y escuchar villancicos…

Hoy te quería contar que el otro día paseaba con un amigo por la calle Goya, en el corazón de uno de los barrios más prestigiosos de Madrid. Allí, entre el lujo y la estupidez de muchos, me detuve a mirar el escaparate de una juguetería poco común y cada vez más necesaria. Reconocí algunos juguetes al instante, muchos de ellos eran los juguetes de moda cuando yo era niña. Juguetes que jamás se vendieron, otros de segunda mano, preparados y arreglados con suma elegancia y delicadeza como si acabasen de salir de fábrica… Ninguno de los juguetes superaba los diez euros, y supe que aquella juguetería pretendía ser la ilusión de los pobres en un barrio de ricos. Porque sí, lamentablemente retrocedemos en el tiempo, eso bien lo sabéis, y cada vez la diferencia social es más grande entre los que tienen y los que no. Me alegré de ver aquel escaparate y no me olvidé de todos esos padres que aún así, no pueden pagar diez euros por un juguete. ¿Cómo afronta una familia el gasto de los regalos de Navidad cuando ni si quiera tiene dinero para poder comprar comida o pagar una factura? ¿Cómo le explicas a unos niños que los Reyes Magos este año dejan de ser tan magos y se han quedado pobres? ¿Cómo le explicas a unos niños que vivimos en un país dónde el gobierno nos está quitando hasta la vida? Es injusto tener que explicarlo y más injusto, aún, que tengan que entenderlo. Muchas de esas familias que no pueden comer, no pueden afrontar gastos, y ni se plantean poder comprar juguetes sólo necesitan un trabajo. No creo que ninguno de ellos desee ser rico, ni vivir una vida de lujos, sé que muchos, sólo desean y necesitan un trabajo. Eso que supuestamente es un derecho. Sólo eso.

La Navidad es una época que a todos, parece ser, nos ablanda el corazón. Las televisiones se llenan de programas dispuestos a repartir suerte, dinero, regalos e ilusión y la gente, porque todavía queda mucha gente solidaria, participa y aporta lo que puede. Por suerte, hay muchas asociaciones, también, que se dedican a recoger juguetes usados y a repartirlos entre los niños más necesitados. ¿Os acordáis cuándo hace unos años hacíamos esto para niños que vivían en países tercermundistas, muy lejos de aquí?

Esta es la cara triste de la Navidad que cada vez viven más familias en nuestro país. Por suerte, yo tengo una familia que dinero no tiene, pero es millonaria en salud y amor, y eso, es lo que nos mantiene siempre unidos, frente a cualquier problema y cualquier obstáculo, ayudándonos siempre los unos a los otros. Por eso me gusta la Navidad, por eso sigue siendo mi época favorita del año, porque a pesar de las dificultades, todavía conozco a mucha gente que tiene ganas de sonreír, de tener ilusión y no dejar que la economía acabe con sus vidas. ¿Os imagináis a alguno de nuestros políticos no teniendo qué poner en la mesa el día de Nochebuena? ¿Os los imagináis diciéndole a sus hijos que no tienen regalos, o lo que es peor, que este año no podrán ir a Suiza a esquiar? Seguro que os lo imagináis, como lo imagino yo, pero sabemos que aunque debería serlo, no es real. Ojalá, durante un segundo, llegasen a imaginarselo ellos, quizás entonces se pararían a pensar qué es lo que están haciendo mal, o por qué no están haciendo nada bien.

A pesar de los problemas, a pesar de que este año faltará mi hermano en la mesa que resulta que vive fuera de España, porque aquí no se le da oportunidad profesional a los jóvenes, a mí todavía me queda ilusión, y mucha. Yo tengo trabajo e intento ayudar a quienes me rodean y no lo tienen, en todo lo que puedo. A mi la Navidad, por suerte, me sigue pareciendo maravillosa, mi época favorita del año, dónde siempre fui enormemente feliz. Soy capaz de verme de niña, abriendo regalos y pensando lo buena que había sido, porque los Reyes Magos habían accedido a todas mis peticiones. Recuerdo la sonrisa de mi madre, de mis tíos, de mis abuelos o de mi hermano Miguel, recuerdo la ilusión viendo la cabalgata, soñando, esperando, deseando. A pesar de los años, esa ilusión sigue tan viva como siempre. Y para mí la Navidad, desde que soy pequeña, tiene elementos básicos que año tras año me hacen sonreír.

Mujercitas fue llevada al cine en el año 1949. En el año 1994, la película estadounidense vuelve a estrenarse, con otras actrices, de la mano de Gillian Armstrong. Protagonizada por Winona Ryder (nominada al Óscar como Mejor Actriz Principal), Susan Sarandon, Trini Alvarado, Claire Danes y Kirsten Dunst cuenta la historia de Marmee, una madre ejemplar, que se queda sola con sus hijas, sus mujercitas, mientras su marido lucha en el frente en plena guerra civil estadounidense. Valores como la independencia, el amor y la importancia de la familia, son los ingredientes de este film lleno de ternura y sueños. Esta película siempre me ha recordado a la Navidad, y a mi madre, supongo que la descubrí con ella cuando yo era sólo una niña. Hace años que no veo esta película, pero os prometo que cada Navidad me acuerdo de ella, así que creo que llega el momento de volver a sentarme en el sofá y recordarla…

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Otro elemento básico de mi Navidad es la música. No hay nada que me guste más que cantar villancicos con mi familia, entre risas y anécdotas, entre turrones y amor. Pero si hay un villancico que me ha acompañado siempre, desde que soy muy niña, es la Canción de Navidad que Bom Bom Chip estrenó a principios de los años 90. Este grupo musical marcó mi infancia (y ya sabéis muchos que también mi vida), y su canción sobre los reyes magos, la paz mundial y la ilusión de los niños sigue arrancándome una sonrisa cada vez que la escucho. No falla ningún año por estas fechas, os lo aseguro.

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Desde aquí, sólo me queda desearos a todos unas Felices Fiestas, que os llenéis de amor y salud, que sonriáis aunque los tiempos ahí fuera y aquí dentro sean demasiado difíciles, que exprimáis al máximo los momentos con vuestros seres queridos, que vuestras sonrisas sean eternas y que vuestros sueños no dejen de soñar…

Este post se lo quiero dedicar a Sergio, Rebeca y Estela, que supieron ponerle banda sonora a los años más felices de mi vida, que siguen formando parte de mis canciones de Navidad y que han apoyado y leído este blog desde el minuto cero. Gracias…

Yo hace días que empecé la cuenta atrás para volver a casa. Porque la Navidad es, sin ninguna duda, mi época favorita del año.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

El Palacio de los deportes a tus pies…

Os prometo que no me gusta nada estar tantos días sin escribir, así como os prometo que cada día se me ocurren mil cosas que os quiero contar. Os prometo que no tengo tiempo. Estas fechas están llenas de preparativos, y a mí, que me encanta la Navidad, me falta tiempo para todo. Comprar regalos, organizar sorpresas, escribir postales, cenas y comidas con amigos… Todo eso más la cantidad de trabajo que tengo estas semanas me dejan totalmente desconectada. Hoy, por fin, encuentro un ratito para hablaros de un concierto que viví muy de cerca hace sólo una semana…Hoy te lo quería contar.

No os imaginais lo bonitas que están las calles de Madrid en estas fechas… El centro huele a castañas y gofres de chocolate, y las luces llenan las calles de magia entre miles de personas… Ya sabéis que esta ciudad me tiene enamorada. Hace unos cuantos posts, os hablaba de mi amigo Diego, de su carrera profesional, de nuestra amistad, de cómo habíamos llegado a querernos como hermanos y cuánto lo echaba de menos… Cada día, en twitter, recibo muestras de cariño de parte de sus fans, que se han enganchado al blog y que, de un modo u otro, me están acompañando en esta aventura… Muchas esperabais nuestro ansiado reencuentro, y el momento llegó hace sólo una semana. En las redes sociales se hace evidente el boom y la masa de fans que mueve la serie Violetta, pero es cierto que hasta que no lo vi con mis ojos, no fui consciente de la realidad.

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Tras finalizar su gira latinoamericana, el elenco de la serie de Disney Channel han estado recorriendo las ciudades más importantes de España, empezando, de este modo, su gira europea. LLegó el día, y llegó el concierto de Madrid. Diego llevaba semanas diciéndome que le hacía mucha ilusión que fuésemos a verle, pero si os soy sincera pensé que no me iba a dar tiempo porque justo ese día trabajaba. Ese mismo sábado, Diego me envió un mensaje y me dijo que me daba tiempo de sobra, así que dejaba unas invitaciones para que compartiésemos con él el aclamado show. Mi amigo David (uno de los mejores amigos de Diego también) y yo, nos fuimos hasta el Palacio de los Deportes y nada más llegar nos dirigimos a recoger nuestras invitaciones. Permitidme que os cuente algo que me pareció bonito y a la par curioso. Mientras estábamos en las taquillas una chica se me acercó y me llamó por mi nombre. Yo, la reconocí al instante. Era Merche, la chica que lleva una de las páginas de fans de Diego en Twitter. Merche es una gran seguidora del blog y recibo constantemente muestras de cariño por su parte. Aquel día, ella había ganado un meet & great para estar con todo el elenco de la serie, y como sabía que iba a ver a mi Chachi, había traído un regalo para mí. Merche me entregó una carta y un dibujo que había hecho con todo su cariño, y sus palabras me parecieron preciosas y no sabéis lo feliz que soy sabiendo que la gente se emociona con las cosas que yo escribo, por eso, precisamente eso, es lo que me da energía para seguir contando historias, para no parar nunca de contarlas…

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Ya sentados en las gradas, David y yo conocimos a una familia que había venido desde Cádiz, unos padres que habían viajado a Madrid sólo para hacer realidad la ilusión de sus hijas, para que ellas, que no sobrepasaban los diez años de edad, soñasen entre las canciones y las luces, entre los bailes y la ilusión que se respiró en aquel concierto. Les contamos que éramos amigos de Diego, y ya podéis imaginar su emoción… Les prometí que les conseguiría un autógrafo suyo que más tarde les envié por una imagen de whatsapp y con lo que doy fe, ellas fueron muy felices. Y yo más. Diego, que es tan bueno y humilde, no dudó en hacerlo (y más con lo mucho que él ama Andalucía…) Un besazo enorme para Cádiz, porque sé que ahora, ellas también me leen.

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Como bien os decía antes, sabía la gran repercusión que Violetta está causando en todo el mundo… Pero ver el Palacio de los Deportes prácticamente lleno, y ver a uno de mis mejores amigos, a mi hermanito, sobre ese escenario, fue una de las cosas más bonitas que voy a sentir esta Navidad… David y yo nos mirábamos y nos sonreíamos, sobraban las palabras. Estábamos disfrutando y estábamos muy, muy orgullosos de ver a nuestro amigo, al que sólo hace un año estábamos deseando suerte, triunfar. Y triunfar de este modo. El concierto fue un auténtico show, un espectáculo increíble, que estoy segura disfrutaron tanto niños como mayores… El juego de luces, las perfectas coreografías, la incansable energía, el maravilloso vestuario, los diálogos, las canciones… Fue una combinación brutal y perfecta que no dejó a nadie indiferente, y que hizo soñar a miles de niños y niñas que aquel día sólo pensaban en cantar y bailar.

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Cuando acabó el concierto, pudimos pasar a los camerinos, ahí estuvimos con la familia de Diego, que había venido desde Zaragoza… y el momento del reencuentro os lo podéis imaginar. Fue realmente emocionante, teníamos una mezcla de sentimientos… Nervios, emoción, nostalgia, felicidad, admiración… que se fundieron en un abrazo y me hicieron ver, una vez más, que mi Chachi sigue siendo el mismo, ese chico risueño, alegre, que no se cansa de querer a los suyos, y sobretodo, que no se cansa de soñar. Por la noche, nos reunimos unos cuantos amigos para poder cenar con él, en casa, con tranquilidad, para hablar y contarnos todas las historias que nos hemos perdido los últimos meses los unos de los otros… Y la amistad verdadera tiene ese poder especial de hacer real que el tiempo y el espacio no existan, y que las risas y la complicidad siempre sean las mismas.

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Es Navidad, es mi época favorita del año, tengo amigos maravillosos, tengo salud, trabajo, una familia increíble y un hombre que complementa en todos los sentidos… Podría decir que todo es perfecto en mi vida, o quizás es perfecto porque valoro mucho todo lo que tengo, exprimo el lado más positivo y me siento enormemente afortunada por ello, pero es cierto que en ese concierto dónde vi la ilusión de tantos, tantos niños… pensé en todos esos niños que soñaron también con estar ahí y no pudieron porque sus padres no pudieron pagar esas entradas. Una vez más, insisto, la música es cultura, la cultura no es un lujo, la cultura es para todos, y los precios de los espectáculos se quedan al alcance de muy pocos.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

Entre risas y aplausos… La llamada.

Como bien sabéis, soy sensible por naturaleza. Me emociono con millones de cosas, me duelen otros millones de cosas más y suelo llorar una vez al día. Soy muy feliz, y eso también me hace llorar a veces. Muchas veces lloro por el dolor ajeno, por historias y personas que no conozco, pero de las cuales conozco alguna historia y sé que la vida a veces ni es justa, ni fácil.  Muchas veces lloro de alegría, también por personas a las que no conozco absolutamente de nada, pero de las cuales conozco alguna historia, algún sueño, y veo cómo lo consiguen. Me gusta mucho que la gente consiga lo que desea… Y sobretodo, me gusta porque esa gente, en la mayoría de los casos, ha luchado para ver sus sueños hechos realidad. Ha puesto ilusión, esfuerzo, constancia y sobre todo, muchas ganas.

Ahora mismo, nos encontramos en una situación dónde las cosas son difíciles, y dónde todos los sectores se ven muy afectados, y uno de ellos es el arte, la cultura, que tanto deberíamos cuidar y proteger mientras quienes tienen el poder intentan derribarla. La literatura, es una de las grandes pasiones de mi vida. Leer y escribir son cosas esenciales para mí, porque me gusta leer y contar historias. También me gusta escucharlas, y cómo no, verlas. Sin saber muy bien cómo, Madrid me ha regalado muchos, muchos amigos a los que adoro que se dedican a la interpretación, que al igual que yo, pero de otro modo distinto, cuentan historias que no les pertenecen y saben hacer suyas. Quizás por eso nos entendemos bien. En estos últimos tres años, he vivido el amor por actuar muy de cerca, y eso me ha hecho valorarlo y quererlo más. Ver todas las caras que envuelven ese maravilloso mundo, que parece fácil desde el otro lado del televisor, o desde debajo de un escenario, pero que lleva muchas horas y años de sacrificio y dedicación. Incluso conlleva muchos momentos de éxito, y muchos meses sin trabajo. Es el sabor agridulce de un trabajo complicado en cuanto a estabilidad, y gratificante y mágico para quien lo ama de verdad.

Hace poco hablaba de la TV MOVIE de los Niños Robados. Te hablaba de monjas y de Macarena García… Hoy vuelven a ser protagonistas de mi post, pero por algo totalmente distinto.

Hoy te quería contar una historia que estoy segura que ni los propios protagonistas recuerdan. Hace unos meses, una noche cualquiera en un bar cualquiera de Madrid, estaba con unos amigos y entre el grupo de gente que éramos estaban Javier Calvo y Javier Ambrossi, a los que conocía por primera vez, por esos amigos en común que nos unían. Aquella noche, ellos me hablaron de La LLamada. Me hablaron de un musical que se iba a estrenar en el hall del Teatro Lara, del cual eran directores  y cuya protagonista sería Macarena García, que recientemente había ganado el Goya 2013 a Mejor Actriz Revelación por Blancanieves. El musical, que contaba con pocos recursos pero con un pequeño y maravilloso elenco, me lo presentaron con muchas ganas e ilusión. Y eso, como ya os he dicho, nunca falla. La historia se basaría en un campamento de monjas, dónde a una de las protagonistas se le aparecería Dios por las noches, cantándole canciones de Whitney Houston. Además de ello, habría una banda de rock tocando en directo. Buena pinta tenía, sin ninguna duda. Y prometí ir. Las entradas se agotaban casi todos los días, y por unas cosas u otras, al final no pude ver la obra. Sabía que volverían a representarla unos meses después, así que esta vez no fallaría.

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Hace justo un mes, se presentaba ante la prensa el retorno del musical y esta vez sobre el escenario principal. Acudí a la cita de prensa con mis compañeros de La Caja de Música, dónde pude ver quince minutos de la obra y entonces supe que necesitaba verla.

Madrid, por suerte, es una ciudad con mucha vida cultural. No sólo las obras de más renombre acarician los teatros de la ciudad. Hay muchísimos actores, muchísimos escenarios y muchísimas historias en los teatros de las calles paralelas dispuestos a emocionarte y hacerte soñar. El viernes pasado, por fin, fui a ver La Llamada.

Si te digo la verdad, tenía un poco de miedo. Había puesto grandes expectativas en el musical, y le había prometido a quién me acompañaba que le iba a encantar. Tenía miedo a decepcionarme, a pesar de haber leído muchas críticas buenas. Mi acompañante es actor, entiende de interpretación mucho más que yo y sabía que él iba a ser mucho más crítico, y quizás temía más su opinión que la mía, porque la obra la había elegido yo. Pero, ¿sabéis que nos pasó? Que reímos a carcajadas, sin descanso. Y fue maravilloso.

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María (Macarena García) y Susana (Andrea Ros) son dos adolescentes comunes, que quieren divertirse, salir de fiesta, bailar y hacer locuras. Además, su consolidada amistad está combinada por su amor a la música y su sueño de crear un grupo de electro-latino. Ambas son extrovertidas, risueñas, llenas de vida y locura… Aunque todo cambia cuando María empieza a tener un comportamiento extraño, que Susana no entiende y que ella no es capaz de confesar. Ve a Dios (Richard Collins-Moore) , cada noche, vestido de traje y cantándole canciones de esa negra que murió, cuyo nombre no consigue recordar…

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Custodiadas por dos monjas con actitud totalmente antagónica, serán castigadas tras haberlas pillado en una de sus escapadas nocturnas. Milagros (Belén Cuesta) es una monja joven, que te hará reír con ternura, te emocionará y sacará tu lado más sensible. Inocente, dulce y comprensiva, su cabeza está llena de dudas que no se atreve a pronunciar en voz alta. Por otro lado, Bernarda (Gracia Olayo) es una monja estricta, de carácter fuerte que te arrancará las carcajadas desde la imposición y el respeto, y que te descubrirá que todo ser humano tiene un lado sensible por descubrir…

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Canciones originales, música en directo y una mezcla de sentimientos y valores que no dejarán a nadie indiferente. A los ateos les hará reír sin parar, sin revelarse al pensar que están viendo una obra que habla de religión y fe. A los más creyentes, por otro lado, les arrancará las mismas risas, porque se habla de la religión desde el respeto y la originalidad. Exquisita es la interpretación de las actrices y el actor. Salí realmente fascinada con cada uno de ellos, y también mi acompañante, al que le gustó mucho más de lo que él mismo esperaba. Nos sorprendió mucho la faceta de cantantes de Andrea y Macarena, que están brillantes las dos. La LLamada es una de esas obras que hay que ver. Un musical al alcance de todos, con entradas por sólo 18 euros, en uno de los teatros más importantes de Madrid. Mientras ríes te emocionarás con temas como la amistad, el respeto, el amor, la incertidumbre, la homosexualidad y la fe. Podéis seguir todas sus noticias en su Twitter oficial: @lallamada_ y disfrutar de la obra los viernes a las 22.30h, los sábados a las 23.30h y los domingos a las 20.30h.

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“La llamada es un sueño”, Andrea Ros.

Siempre insisto en la ilusión, los sueños y la persecución de ellos, pero ya veis que es realmente importante que uno luche por lo que realmente desea. No podemos quedarnos de brazos cruzados y esperar que nuestros objetivos vengan a buscarnos. Corren tiempos difíciles y todos lo sabemos, por eso ahora, con más ganas que nunca, debemos luchar por lo que queremos, por lo que deseamos, haciendo el camino para llegar a nuestra meta. Si nos ponen la zancadilla, la saltaremos, y si nos caemos, nos levantaremos siempre con una sonrisa… Si quieres, todo llega. Id a ver La llamada, dejad que os empape la risa, que os entren las ganas de cantar, de gritar, de saltar y de luchar… Apoyad el arte, haced fuerza para respaldar la cultura. No os rindáis jamás.

Yo ya he sentido la llamada. Y tú, ¿a qué esperas? La vida es más bonita si la vivimos entre risas y aplausos…

Buenas noches, amigos.

Lorena.

Arte, moda, Oysho y Madrid.

El día ha amanecido como siempre lo hace, con una sonrirsa. A pesar de su apariencia gris y su actitud fría, él sonríe complaciente. Es viernes, y sabe que a todo el mundo gusta. Tras una mañana de mucho lío, por fin me siento frente al ordenador para decirte que anoche estuve en la Pop-up Gallery de Oysho que se celebró en la calle Hermosilla de Madrid. Una de mis tiendas favoritas se convirtió ayer en una auténtica galería de arte, y en arte y moda no pude encontrar una combinación mejor.

Muchas veces, muchos de vosotros cuando me escribís, me contáis que a través de mis posts sentís que me conocéis, y la verdad que a medida que pasa el tiempo y os voy contando alguna historia nueva, yo también siento que es así, que yo cuento historias a gente que me “conoce” y a la que poco a poco yo también creo conocer. Como bien sabéis, estoy un poco enfadada con el mundo, un poco bastante, por las pocas oportunidades que se están dando a los jóvenes de nuestro país. En cualquier ámbito, desarrollarse profesionalmente no es fácil, pero si hablamos de arte y de alguien que tiene una capacidad creativa extraordinaria, muchas veces es más complicado aún contar con los medios suficientes para desarrollarla. Por suerte, aún quedan iniciativas y grandes proyectos por parte de algunos, como es el caso de Oysho que apuesta por dar una oportunidad a quien realmente lo merece.

Oysho es desde hace años una de mis tiendas favoritas. Aunque es cierto que en los últimos años su evolución ha sido increíble y cada vez me gusta y me atrapa más, desde que la conocí hace casi ocho años se ha convertido en imprescindible, tanto en mi armario, como en mi vida. Una amiga siempre decía que Zara viste a la mujer por fuera, mientras Oysho lo hace por dentro. Y esa frase siempre me gustó. Pero con el tiempo, Oysho viste a la mujer por dentro y por fuera, incluyendo una serie de complementos de casa increíbles como las mantas, estos últimos inviernos. Por no hablar de su colección gym que me tiene locamente enamorada. Oysho es elegancia, romanticismo, sensibilidad, delicadeza, ternura, frescura, actualidad, sencillez y discreción junto a una mujer moderna, actual, independiente y decidida. Así veo yo la firma, y así es como me gusta identificarme con ella.

Hace unas semanas, Oysho anunciaba en todas sus Redes Sociales, así como en sus tiendas, el concurso de ilustraciones que se acababa de poner en marcha. El ganador sería el encargado de ilustrar una colección cápsula de camisetas de Oysho, que le daría la oportunidad de ver sus propias creaciones dar la vuelta al mundo y, además, se llevaría mil euros en efectivo. Los trabajos finalistas se expondrían en la tienda de la calle Hermosilla de Madrid, convirtiéndola en una auténtica galería de arte y en ese mismo evento se conocería el ganador. Pues el momento llegó y anoche, entre ilustraciones, moda, buena música y excelente comida, se dio cita a bloggers, prensa y demás invitados en una fiesta en la que estuve y hoy te lo quería contar.

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No es la primera vez que Oysho emprende esta iniciativa. Hace un año, aprovechando la reinauguración de la tienda de Gran Vía, también en Madrid, se celebró este mismo certamen.

Los cuadros estaban expuestos por toda la tienda, entre colecciones de ropa, maravillosa corsetería y precioso calzado. Aunque el ganador no se conocería hasta el momento de anunciarlo en la propia fiesta, había una ilustración coronando orgullosa el escaparate, que podía intuir a los más avispados que había sido la gran triunfadora. Una dj se encargó de poner música y diversión en la primera planta de la tienda, camareros incansables se pasearon de arriba a abajo con una gran variedad de comida y bebida que a nadie dejó indiferente.

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Las dependientas, pese a la aglomeración y la mala educación de quienes posaban sus vasos vacíos en las mesas donde estaba expuesta la propia ropa, no perdieron en ningún momento la sonrisa, atendiendo a todo el mundo y ofreciéndose, incluso, a buscar tallas. Y os preguntaréis, es que la gente estaba de fiesta y comprando ropa? Pues sí. Unos días antes, se repartieron en todo Madrid unas Mistery Cards que contenían una cantidad secreta que oscilaba entre los 5 y 100 euros y se podía canjear durante todo el día de ayer en esta tienda. Los invitados, también tenían la suya y aprovecharon la ocasión para usarla en el momento. Y los 100 euros tocaron, doy fe de ello!! (NO, no fue a mí).

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Nuria Riaza, con esta ilustración, que nos regalaron junto a una bolsa de tela, al salir, fue la ganadora del concurso. Pronto veremos sus diseños en una colección de camisetas de Oysho que estoy segura nos van a encantar.

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Ojalá todas las grandes firmas y las grandes empresas, organizasen proyectos de este tipo, porque ahora más que nunca nos tenemos que ayudar los unos a los otros. Hay que fomentar la creatividad, y apoyar a los jóvenes talentos, a los jóvenes emprendedores y a todas esas personas que merecen y necesitan una oportunidad.

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Una no puede acudir a una fiesta de Oysho sin llevar ropa de allí. El vestido que llevo en la imagen es de esta temporada y su precio es 29,99 €, es un vestido básico y aunque ayer lo llevaba combinado con unos tacones, el otro día lo llevaba con unas botas planas y quedaba monísimo también. Yo lo compré en la tienda de Gran Vía, en Madrid, que es la tienda que más frecuento porque tanto la tienda como la atención al cliente me parecen increíbles. Si no lo encuentras en tu tienda más cercana, es importante que recuerdes que Oysho tiene tienda online: http://www.oysho.com, donde puedes encontrar todas sus colecciones y comprar todo lo que quieras en internet, porque te lo mandan de forma gratuita a tu tienda más cercana.

“Las modas pasan, el estilo permanece”. Coco Chanel.

Feliz viernes, amigos!!

Lorena.

De Madrid a Buenos Aires… Un millón de sueños.

Aunque el calor sigue paseando tranquilamente por las calles de Madrid, las pestañas del otoño empiezan a moverse, saben que ha llegado su momento y tienen ganas de despertar. Quizás es el otoño el que me ha hecho pensar en él, quizás porque en un otoño le conocí y quizás porque en el inicio de un otoño, hace ya un año, se marchó a Buenos Aires.

La cara de Diego Domínguez empezó a resultarnos familiar hace unos cuantos años. Tras el éxito de las primeras ediciones de Operación Triunfo, Gestmusic y TVE lanzaron en 2003 la primera edición de “Eurojunior“.

El concurso seguía unas bases similares al anteriormente mencionado, sólo que esta vez los aspirantes a convertirse en triunfadores y obtener una exitosa carrera musical oscilarían entre los 8 y 16 años. Yo recuerdo a Diego en ese programa. Su desparpajo, su carisma, su inocente simpatía, su “Chachi Piruli” o  su “Sinvergüenza” , que hasta los más mayores tarareabamos. Le recuerdo perfectamente. Lo que nunca imaginé es que años después, una ciudad, una tarde cualquiera, y una casualidad nos unirían y harían que ese niño, que ya había crecido, se convirtiese en uno de mis mejores amigos.

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Tras el éxito del grupo infantil que se creó a raíz del programa, 3 + 2, Diego siguió probando suerte en la música y junto a otra de sus compañeras creó “Juego de dos“, un duo musical que finalmente también se disolvió. Sin dejar de lado su pasión musical, empezó a estudiar interpretación y pronto tuvo pequeñas intervenciones en series  de televisión como Física o Química, Aída o El Secreto de Puente Viejo. Pero parecía que no llegaba una oportunidad de verdad, no la que él merecía, hasta el día en que me dijo que había hecho un casting para la serie Violetta (Disney Channel). Supe desde el primer instante que ese papel sería suyo.

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Hoy te quería contar que sólo llevaba poco más de un año en Madrid cuando un domingo de lluvia un amigo me presentó a Diego. Desde el primer instante compartimos risas y complicidad. Sin darme cuenta, al poco tiempo, ya compartíamos una fuerte amistad. Pronto nos unieron las tardes de café, las largas conversaciones, los secretos, las preocupaciones, los miedos… pero sobretodo nos unieron los sueños. Diego es una de esas personas que nunca deja de sonreír, de esas personas que ven el lado positivo de las cosas más negativas, de esas personas que ríen a carcajadas, de esas personas que siempre están dispuestas a ayudar a los demás, y de esas personas que tienen el corazón que podría salvar a medio mundo.

Entre guiones y libros bailaban nuestros sueños, los suyos y los míos. Parecía difícil alcanzarlos, pero sabíamos que si luchábamos por ellos, algún día llegarían. Recuerdo aquella tarde, sentada en un Starbucks en pleno corazón de la ciudad  con nuestro incondicional amigo David, cuando Diego llegó cargado con su guitarra. Venía de hacer un casting para una serie de Disney Channel, y si todo salía bien, se iría a grabarla a Argentina. Le miré y le dije que ese papel era suyo. Estaba totalmente convencida. Había llegado su momento, y yo lo sabía.

Lo demás ocurrió muy rápido. Pronto le confirmaron lo evidente y empezaba nuestra cuenta atrás. En un par de meses volaría hacia Buenos Aires. Sé que aprovechamos cada instante de ese verano, donde manteníamos largas conversaciones sobre cómo iba a ser todo a partir de ese momento, de qué forma iban a cambiar nuestros días y hasta qué punto permitiríamos que cambiase nuestra amistad…

 

Hace un año que Diego se marchó a abrazar sus sueños y sólo le hice prometerme que nada en él cambiaría. La última vez que le vi fue hace tres meses, en su última visita a España, y sonreí al ver que sigue siendo el mismo de siempre. A pesar de la distancia, del tiempo y del éxito.

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Diego recomendó este blog en su cuenta oficial de Twitter hace varias semanas. Desde entonces, no he dejado de recibir visitas, seguidores, y muestras de cariño de sus miles de fans. Y por eso, sentía que este post se lo debía a ellas, porque deben saber que idolatran a una persona que tiene un corazón enorme y la humildad pegada a la piel. Este post se lo debía a Diego, mi “Chachi”, mi hermanito pequeño, porque está dónde se merece. Y este post me lo debía a mí, para no olvidar nunca dónde y cuándo empezamos a soñar.

Diego corona, en forma de póster, la habitación de mi prima pequeña y yo sonrío con nostalgia, porque aunque el éxito profesional casi siempre es un éxito personal, sé que no es fácil vivir a miles de kilómetros de tu familia y de las personas que son el pilar base de tu vida. Pero sé que a pesar de ello, él es feliz. Muy feliz.

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Este post es tuyo, Diego. Es mío. Es de todos los que no nos cansamos de luchar por aquello que queremos alcanzar. Gracias por estar siempre a mi lado, y por no entender nunca de distancias. 

 

Por los sueños que aún nos quedan… Por un millón de sueños.

Lorena.