OTra vez

Lo vi hace unos días y todavía me sale una sonrisa cuando lo recuerdo. No lo puedo evitar. De hecho, me pasé la mayor parte del tiempo llorando… Muchos no entenderéis nada de todo esto, simplemente, porque ya crecisteis más … Sigue leyendo

Inuit, esos músicos de verdad…

He de confesar que estoy muy nerviosa. Como bien sabéis, el 25 de noviembre (sí, dentro de 3 días) presento Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos en la librería Cervantes (c/Pez, 27), en el céntrico barrio de Malasaña, en Madrid. Presentación a la que estáis invitadísimos todos y que estará llena de sorpresas, libros, cariño y risas… Pero hoy no vengo a hablar de mí. Hoy vengo a hablar de la música, porque no he encontrado mejor forma de empezar un domingo, y porque no conozco a nadie que sepa vivir sin ella.

Hoy te quería contar que mi amigo Mario es uno de esos músicos de verdad, y el por qué de esta afirmación lo iréis entendiendo a lo largo de este post. Pero empecemos por el principio. Todo esto se remonta al 2003 o 2004, no lo recuerdo bien. Él entró en un conocido programa de televisión y yo le conocí a través de él. Quienes me conocen, saben que OT caló muy fuerte en mí, bueno es que Operación Triunfo caló hondo en toda una generación, marcando un antes y un después en la historia de la tele de nuestro país. Su primera edición me pilló con sólo 13 años y claro, fui el objetivo perfecto para entrar dentro de ese fenómeno fan al que, por supuesto, no me quise resistir, y es que yo, siempre he sido muy fan. Mario estuvo en la tercera edición, la última de Televisión Española, por entonces, sólo éramos unos niños, el de Zaragoza, yo de Valencia… Pero la vida, mucho tiempo después, nos convirtió en grandes amigos.

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Nos conocimos por casualidad bastante antes de que yo llegase a Madrid y cuando me instalé en sus calles, él era una de las pocas personas que conocía en esta ciudad. Puedo decir, muy orgullosa y agradecida, que fue uno de esos amigos que me “salvaron la vida” (al menos la social) en esos primeros meses de soledad en la capital. Nos convertimos en muy buenos amigos y compartimos muchas horas de risas, cafés, historias… Y música. Nunca había conocido a nadie que insistiese tanto por conseguir sus sueños, y quizás, de algún modo, consiguió contagiarme su ilusión para luchar, un tiempo después, por los míos, quién sabe. Cuando ni si quiera sabía cómo pagaría las facturas a final de mes, él lo seguía teniendo claro: quería vivir de la música, quería vivir de las canciones, de las melodías, de los conciertos. Y, así, cada mañana, se despertaba y se sentaba con su guitarra frente al ordenador, a componer, a ver, día tras día, cómo se agotaba la esperanza, y cómo, quizás, nadie les daría una oportunidad. Y digo les, porque por aquel entonces, Mario, Toño, Jimmy y Siddartha ya se habían embarcado en el grupo que iba a dar forma a sus sueños y en el grupo que, tarde o temprano, debía hacer que el mundo conociese lo que ellos hacían, música de verdad, de esa que se crea con la ilusión, el esfuerzo, el talento y la magia… como ingredientes principales. Y Inuit, cocinando a fuego lento y sin descanso, hace sólo una semana presentaba su segundo trabajo discográfico, y yo, mientras les escuchaba entre la gente y sus aplausos, me acordé de todo esto y no pude ser más feliz.

Tras ganar un concurso en el estudio TAF de Móstoles, Inuit veía cómo su sueño se iba haciendo realidad y, así, grabaron su primer disco, que tuvo como consecuencia un montón de bolos y conciertos que les ha llevado a recorrer las carreteras de nuestro país. Ellos siguen soñando con algo tan básico y esencial como vivir de lo que saben hacer, de esa pasión que les acelera el corazón, de la música, de esa misma música que el resto de la humanidad tampoco sabemos vivir sin ella. Sin rendirse ni un segundo, llega su nuevo trabajo, Correr Despacio, que se presentó la semana pasada en El Perro De La Parte de Atrás del Coche, una sala de conciertos en Malasaña. Entre amigos, conocidos y las seguidoras de su banda, nos regalaron un concierto increíble, en el que el trabajo bien hecho fue la pieza esencial de ese puzzle que ellos mismos han ido montando.

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Mis ganas de comerme el mundo, Fue un placer, Perfeccionándome, No te escondas y ¿Dónde estás?, son los nuevos temas que componen este proyecto, del cual encontraréis toda la información en su web Inuit.es o en sus redes sociales como Facebook (Inuit) o Twitter (@inuitoficial). Os recomiendo seguirles, porque a pesar de que llevan muchos años dándole duro a todo esto, luchando contra un mundo que cada vez es más complicado, os aseguro que su camino no ha hecho más que empezar, además, tuve la suerte de ir con Sergio a verles (que él de música entiende un buen rato) y al salir sólo me dijo: “¡Son muy buenos!”, y yo afirmé: “Y luchadores”.

Ya sabéis que me enamoro del arte, que me encantan las personas que lo convierten en su forma de vida. Me gustan mucho las personas que luchan por sus sueños, saltando cada obstáculo y, sobre todo, me gusta la gente que trabaja poniendo tanta pasión y consigue, como no puede ser de otro modo, que el resultado final sea, simplemente, brillante. ¡Felicidades y mucha mierda, Inuit!

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Feliz domingo, amigos.

Lorena.

¡Qué orgullosa estoy de ti!

Esta semana he tenido que cambiar el jueves por el martes. Como muchos ya sabéis, el martes fue el Día de Reyes en España y por lo tanto fue festivo, así que lo dediqué a vivirlo con ilusión tras abrir regalos, a ver pelis y a comer mucho roscón… Ayer tuve que asimilar la vuelta a la rutina después de las Navidades y hoy, por fin, estoy aquí con vosotros.

Ayer por la mañana publiqué en mi Twitter que el post llegaba hoy. Lo que no podía imaginar es que el día de ayer acabaría siendo tan feo para el mundo. Es necesario que comparta con vosotros mi conmoción, mi dolor y mi impotencia ante lo ocurrido en el periódico Francés Charlie Hebdo. Como bien dije en mi página de Facebook anoche, el periodismo se basa en el derecho a informar y el derecho a ser informados. El humor forma parte de los seres humanos y la religión y el fanatismo son opcionales en la forma de vida y, a veces, acaban siendo algo totalmente enfermizo. No sabéis la tristeza que tengo. Se ha atentado contra una profesión y sobre todo contra un derecho como es la libertad de expresión.

Ahora sí, hoy te quería contar que la exitosa serie de Disney Channel, Violetta, ha empezado su gira mundial de conciertos y lo ha hecho en Madrid, y claro, no me lo podía perder.

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Hace poco más de un año, ya pude disfrutar del espectáculo en esta ciudad, en el mismo lugar, y sabéis que para mí fue algo muy especial. Este año, si cabe, lo ha sido más.

Unos días antes del concierto me reencontraba con uno de mis mejores amigos, con mi “hermanito” pequeño, ese hermano que he elegido en la vida. Diego y todo el elenco de Violetta, acababan de llegar a Madrid para empezar los ensayos de la esperada gira. Disfruté de él durante esos días, disfrutamos de ponernos al día, de parar el tiempo, de recordar momentos, de contarnos nuevos sueños… Y una vez más, entendimos que la distancia no ha cambiado nada entre nosotros.

El domingo por la mañana, mi otro “hermano” elegido, David, y yo, desayunamos al sol en una terraza al lado del Palacio de los Deportes, mientras esperábamos a nuestro amigo Marc. El día era espectacular, y el sol había salido sonriente para recibir el espectáculo en su ciudad. Entramos cuando sólo faltaban diez minutos para que empezase todo. Con las luces todavía encendidas pudimos comprobar, una vez más, el poder de masas del fenómeno Violetta. El Barclaycad Center estaba completamente lleno. Pista y todas y cada una de sus gradas estaban completas, llenas de niños y niñas llenos de ilusión, padres sonrientes y orgullosos, camisetas, globos, diademas, bolsos, vestidos y un sinfin de complementos de la serie y cientos de pancartas con fotos y nombres de sus ídolos adornaban el recinto. Miramos al escenario, uno de nuestros mejores amigos era parte de eso y en sólo unos minutos iba a estar aclamado y adorado por miles de personas. Sonreímos.

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David Laguía, Marc Suárez y yo

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David, Marc y yo

Se apagaron las luces… ¡Y comenzó el show!

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No podemos olvidar que Violetta Live es un concierto para que sobre todo disfruten los niños, pero es tan grande y espectacular el montaje que lleva que es imposible que no impacte también a los mayores. Juego de luces, escenas en las pantallas, vestuarios… Ni un solo detalle podía dejarte indiferente. Música, sonrisas, sueños… Magia. Eso es lo que se respiró ahí dentro. Desde nuestros asientos bailamos las canciones y aplaudimos con fuerza y enormemente orgullosos las actuaciones de Diego, que no podía estar más guapo.

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Por supuesto, la estrella indiscutible del show es Martina Stoessel, que encarna a Violetta, la protagonista de la historia en la ficción. Dulce y emocionada, se ganó un poco más el corazón de todas esas niñas que sueñan con su música y sueñan ser como ella. (Sigo sorprendiéndome al ver el “boom” que se ha creado con esta serie).

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Si el arranque de gira estaba siendo especial de por sí, para Diego Domínguez y Alba Rico, los dos españoles de la serie, era muy emotivo poder estar en su país y arrancar aquí esta nueva aventura. Así lo mostraron y compartieron con su público desde el escenario.

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Nosotros sabíamos que Diego estaba enormemente feliz, estaba disfrutando desde ahí arriba y nosotros estábamos disfrutando con él en medio del público. Madrid fue su ciudad adoptiva, su segunda casa, donde vivió años muy importantes de su vida justo antes de irse a Argentina.

Al acabar el concierto, pudimos reunirnos con él para abrazarle muy fuerte, para aplaudirle, para despedirnos hasta dentro de unos meses y para recordarle, una vez más, lo orgullosos que estamos de él y lo grande que es en todo lo que hace. Diego es un luchador y perseguidor de sueños, ya lo sabéis, y no podía tener una recompensa más grande. Violetta acaba en unos meses, pero estoy segura que su carrera profesional, que empezó hace ya muchos años pese a su corta edad, no va a dejar de sorprenderle, ni de sorprendernos. (Eres grande, hermano!)

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Marc, Diego, David y yo

Aunque no estuve allí, no puedo dejar de mencionar el que fue uno de los mejores días de su vida. Violetta Live aterrizó hace un par de días en Zaragoza, la ciudad de Diego, su tierra, su casa y su gente. Un día inolvidable para él. Su familia y sus amigos entre un público donde el calor de sus paisanos le llegó al corazón. Se emocionó (y mucho) al ver el cariño de toda su ciudad y se siente muy, muy orgulloso de todos ellos.

“Estar en Zaragoza y sentirme querido por doce mil personas que gritaban mi nombre… Sentir que estaba en el lugar dónde había nacido, estar con mi familia y mi abuela… Fue uno de los días más bonitos de mi vida, sin duda”. Me dijo Diego.

Ya sabéis que Violetta Live acaba de arrancar, todavía quedan algunos conciertos en España antes de que vayan a viajar por Europa y posteriormente por toda Latinoamérica. Si tenéis la oportunidad, no dejéis de ir a verles. Nunca olvidaré la cara de ilusión de los niños que estaban allí. David, Marc y yo nunca olvidaremos la cara de Paula y de su madre, para quienes aquel día fuimos sus Reyes Magos y a las que sabemos que hicimos muy, muy felices.

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David, Martina, Marc y yo

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Marc, Samu, David y yo

Me quedé con las ganas de que todo el público cantase “Chachi Piruli…”, pero me tendré que esperar a volver a verle y cantárselo entre amigos y risas… Aun así, no sabéis lo bonito y mágico que fue ver un lugar tan emblemático de Madrid a reventar de gente y ver a una de las personas más importantes de tu vida sobre el escenario. Me sigo emocionando.

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Gracias Diego, por ser como eres, por seguir siendo quien eras. Por tu sonrisa constante y tus sueños ansiosos, por tu magia… Déjame gritar… ¡Qué orgullosa estoy de ti! Te queremos hasta el infinito. Ya lo sabes. Mucha suerte en esta nueva gira y hasta pronto, hermanito.

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Buenas tardes, amigos.

Lorena.

David Bisbal lo ha vuelto a hacer.

Lo ha vuelto a hacer. Como suele hacerlo siempre.

Lo ha vuelto a hacer, con los nervios de una primera vez, con la emoción de muchos conciertos a la espalda y un público que no deja de entregarse… David Bisbal ha vuelto a llenar El Palacio de los Deportes de Madrid y ha vuelto a emocionar a miles de personas. No quise perdérmelo y hoy, te lo quería contar.

Siempre he defendido que si ha llegado tan lejos, además de por su talento, ha sido por la pasión que siente y pone en su trabajo, por sus ganas constantes y sus sueños intactos, a pesar del tiempo y los éxitos.

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Hace unos meses, os hablaba de uno de sus conciertos, en este mismo escenario, con su recién estrenada gira que le ha llevado por todo nuestro país y gran parte de latinoamérica. Os contaba cómo él había puesto banda sonora a muchos momentos de mi vida y cómo yo, seguía disfrutando sus conciertos no de la misma forma, pero sí con el mismo sentimiento que hace ya unos cuantos años.

Un fin de gira siempre es algo especial, para el artista y su público, para ambos es una pequeña despedida, un hasta pronto, una despedida llena de música, color y una pequeña sensación de tristeza cubierta de felicidad, un sabor agridulce que prácticamente no tiene ni una pizca de amargo. Él estaba emocionado, estaba feliz. Rodeado de amigos, de su familia y de quince mil personas que no quisieron dejar de acompañarle en un concierto tan especial y único.

El BarClaycard Center fue llenándose poco a poco, sin prisa… pero no cabía nadie más a las ocho en punto. Se apagaron las luces y empezó el espectáculo.

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En esta nueva etapa musical en la que ha dejado atrás sus inolvidables patadas o sus miles de vueltas, un David Bisbal elegante y carismático abría la noche con Tú y Yo, una de las canciones más sonadas de su último trabajo discográfico, que lleva el mismo nombre. Más de dos horas de música, luces, bailes, emociones y palabras de cariño en las que no faltaron, por supuesto, los temas de este disco ni otros que ya se han convertido para sus seguidores en unos clásicos. Ave María, Silencio, Bulería, Torre de Babel, Esclavo de sus Besos, Diez mil maneras o Si pero no, entre otras, fueron capaces de poner a todo el mundo en pie, desde las gradas hasta la pista nadie dejó de bailar y disfrutar de los momentos más animados…

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El concierto, por supuesto, tuvo sus momentos de romanticismo, de baladas, de nostalgia y de canciones que todos, alguna vez, hemos hecho protagonistas de alguna de nuestras historias. Dígale, Amar es lo que quiero, El ruido o Culpable… fueron, sin duda, momentos muy especiales de la noche.

Era un concierto especial y por ello, no quiso dejar de invitar a dos artistas y amigos a compartir escenario y público con él. La italiana Emma Marrone y el puertorriqueño Luis Fonsi, marcaron dos momentos estelares de la noche. Disfrutaron e hicieron disfrutar, y no hay nada más mágico que eso.

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Es imposible no mencionar uno de los momentos más bonitos del concierto, casi al final, cuando el almeriense, completamente emocionado, casi no podía hablar y consiguió dedicarle una de sus canciones más bonitas, Mi Princesa, a la que era aquella noche, y es siempre, su fan más especial, a quién él citó cómo el gran amor de su vida, su hija Ella, que no dudó en saludar divertida y mandar besos a un público que fue testigo de aquella auténtica y verdadera declaración de amor, seguramente la más pura que sea capaz de sentir el ser humano.

Si hay un motivo por el que David Bisbal me produzca tanta admiración, por supuesto es su voz, su increíble y espectacular voz. Con el tiempo, sin ninguna duda, se ha hecho cada vez más grande sobre el escenario y estoy segura que cualquier persona, le guste su música más o menos, sería capaz de emocionarse y disfrutar de uno de sus conciertos.

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Más allá de su música, no podemos negar que es una persona que se hace querer y respetar. Creo que ya lo he dicho alguna vez, pero nunca he visto a nadie tratar con tanto cariño a los medios de comunicación, a sus fans, o destacar la importancia que sus músicos tienen en su escenario y su vida. Él es así, siempre tiene un segundo más, una sonrisa dispuesta y unas palabras de agradecimiento y eso, amigos míos, le facilita el trabajo a cualquiera.

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Para mí, la aventura de este disco, empezó en los cines Callao, hace ya unos cuantos meses, cuando junto a María Valverde, Kike Maíllo y demás protagonistas, presentó el mediometraje Tú y Yo. Os dejo la entrevista que hicimos para La Caja de Música, que es una de mis favoritas.

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Hace más de trece años que le vimos por primera vez en televisión, con la inocencia pegada en la mirada y los sueños sin ser capaces de soñar todo lo que el destino le tenía preparado. Hoy, David Bisbal sigue derrochando simpatía, humildad y pasión por lo que hace. Quizás porque no se olvida de aquel joven que recorría Andalucía de la mano de la orquesta Expresiones, quizás no olvida a aquel joven que trabajaba en un vivero y le cantaba a las plantas, o quizás, simplemente, es porque es consciente de que tiene un trabajo diferente al de muchos otros, pero no deja de ser un trabajo por el que luchar y al que entregarse. Mientras siga derrochando estos valores y siga viviendo su carrera con nervios, emoción y entrega, mientras siga asombrándose cuando reciba un premio o siga soñando con tanta fuerza,  creo que seguirá siendo mágico para todos aquellos que le siguen.

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No puedo dejar de dedicarles este post a las dos Lydias (la rubia y la morena), a MZ y a Patri, porque de un modo u otro, bajo aquel escenario y aquellas luces, vivimos este concierto con la misma ilusión que cuando teníamos quince años, porque esta es la magia de la música y porque nosotras nos conocemos de la vida.

Enhorabuena a David, a los increíbles músicos que le acompañan y a Universal por poner tanto cariño en un proyecto que acaba siendo algo tan grande.

Nos vemos pronto…. Seguro.

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Todas las imágenes son de la página oficial de Facebook de David Bisbal.

Feliz tarde, amigos.

Lorena.

 

No lo podía evitar.

Hoy me he despertado pensando que debía anunciar que a pesar de ser martes, un nuevo post tendría que esperar… Iba a aplazarlo hasta mañana, pero finalmente, he podido organizarme para sentarme con vosotros una semana más. Con la resaca de descanso de estos días de puente maravillosos en los que he aprovechado para estar con mi gente, para pasear bajo las luces de Navidad de Madrid, para dormir sin prisa y comer con calma… Vuelvo con un post que ya sé que no os va a emocionar.Hoy no toca un post de esos que mueven los sentimientos, de esos en los que me comentáis que habéis llorado, que habéis reído, que os ha hecho viajar, recordar… Porque el post de hoy sólo es una opinión sobre un artículo que se ha publicado en un medio de comunicación, con él sólo espero que me entendáis, que me comentéis qué opináis sobre estos temas, que hablemos y debatamos…  Hoy, te lo quería contar.

Ante todo, voy a recalcar que no vengo a cuestionar ni criticar la profesionalidad de nadie a la hora de hacer su trabajo, sólo quiero hablar de algo que he estado pensando estos días y sobre lo que finalmente me he decidido a escribir.

A finales de la semana pasada, mi amigo Oscar me envió unos pantallazos por whatsapp. En una conocida página web habían publicado un artículo en los que se hablaba de la vida actual de algunos que fueron niños prodigio de nuestro país. Por supuesto, salía Bom Bom Chip. No dudé en compartirlo en mis redes sociales, añadiendo y dándole todo el protagonismo a Cometo, mi perro, que aparecía en la publicación, y no porque fuese niño prodigio, no. Cometo salía en brazos de Sergio, vestido el perro de Papá Noel, muy acertado para la fecha, y me hizo mucha gracia.

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En el artículo se describía brevemente qué había sido de María Isabel (“Antes muerta que sencilla”), Bom Bom Chip o los hijos del doctor Nacho Martín en Médico de Familia, entre otros. En el caso de los actores de la conocida serie de Telecinco, las imágenes de su actualidad, eran imágenes de apariciones públicas que ellos habían hecho recientemente. En el caso de Bom Bom Chip no. ¿Por qué? Porque no las hay. ¿Por qué? Porque Bom Bom Chip no ha querido volver a aparecer en ningún programa de televisión, ni en ningún medio de comunicación. ¿Por qué? Porque estamos hablando de algo que sucedió hace más de veinte años, algo que por supuesto les emociona recordar, algo que guardan con muchísimo cariño, algo que marcó sus vidas, su infancia, pero algo que forma parte del pasado, porque a día de hoy, sus vidas están alejadas de todo aquello, y aquello sólo es un precioso recuerdo.

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Quienes me conocen, saben que he sido la fan más fan de Bom Bom Chip y como tal, si no les conociese, también me encantaría saber que ha sido de ellos con los años… Claro que sí, pero me habría gustado saber realmente qué ha sido de ellos y sobre todo si ellos estuviesen dispuestos a que se supiese. En el artículo, en ningún momento se les falta al respeto, ni mucho menos, se les ha tratado con “cariño” y se ha intentado escribir sobre sus profesiones actuales. ¿La pena? Que se hayan basado sólo en perfiles de Facebook para ello y se hayan alejado un poco de la realidad.

Está claro que para escribir este tipo de artículo no vas a hacer la investigación periodística de tu vida, porque yo tampoco la haría, pero al menos, habría intentado documentarme, dedicarle unas cuantas horas, intentar hablar con ellos , contrastar información… Al menos, es lo que me enseñaron mis profesores en la facultad.

Lo que más me ha sorprendido de todo, y por ello, estoy aquí sentada, es el origen de las fotos de la actualidad de Bom Bom Chip. Dos de esas fotos (las de Sergio, claro) están publicadas por mí en nuestros Facebooks personales y privados. No tenemos a quién ha escrito el artículo entre nuestros amigos en esta red social, y las fotos no son públicas, no creo que se hayan encontrado en Google, la verdad. Sólo es curiosidad saber cómo han llegado hasta ellas. Le escribí dos veces a través de twitter al periodista que firmaba el artículo, sólo por curiosidad, de verdad. Dos tweets que no tuvieron respuesta y estoy casi segura que leyó.

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Tanto Twitter como Instagram son redes sociales que tengo abiertas y sé que cualquier información o foto que suba ahí está al alcance de todo el mundo, sé que muchas fotos de Sergio se pueden coger directamente de ahí, pero por eso subo lo que quiero y lo que me apetece compartir con gente a la que no conozco de nada. Aunque me haga gracia que mi perro esté en un medio de comunicación, es verdad que las dos fotos que se han publicado son personales y ambas muy familiares. ¿De verdad perdemos toda nuestra intimidad cuando subimos algo a internet? ¿Aunque sea para compartirlo con nuestros amigos más cercanos?

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El caso de María Isabel va más allá. Ayer, a través de Twitter, me di cuenta que tanto ella, como sus fans, estaban muy, muy enfadados por este artículo. El calificativo “choni” es un calificativo despectivo que a nadie nos haría gracia que nos adjudicasen, como no le ha hecho ningún tipo de gracia a ella. Podría haber sido un artículo gracioso y ha sido un artículo que ha hecho daño. De su foto en Eurojunior pasaron a una foto de ella detrás de la barra de un bar de copas. No pasaría nada si fuese camarera, es un trabajo muy, muy digno y sacrificado y la verdad, muy poco valorado, pero al parecer no lo es y, además, la foto tiene varios años. Al parecer aquella niña tan graciosa que nos hizo bailar al son de “Antes muerta que sencilla”, sigue en la actualidad luchando y persiguiendo sus sueños y al parecer, entre sus proyectos más inmediatos está el lanzamiento de un nuevo trabajo discográfico. Creo que no habría costado nada preguntarle, por lo que he visto, tiene mucha actividad e interacción en su cuenta personal de Twitter y no creo que le hubiese importado responder a un par de preguntas con tal de que posteriormente se publicase algo que ella considerase ajustado a su realidad.

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De verdad, no he venido a cuestionar el trabajo de nadie, porque no soy quién para hacerlo, por supuesto. Simplemente he dado mi opinión sobre cómo yo habría hecho las cosas. Si he decidido escribir este post es porque no es la primera vez que se escribe sobre la vida actual de los chicos de Bom Bom Chip sin ningún tipo de información más allá de cuatro características de algún perfil en alguna red social.  Hace unos meses descubrí un blog en el que publicaban un post muy similar a esto, un antes y un después de muchos niños que habían pasado hacía años por la pequeña pantalla, y no daba crédito a lo que leía, ninguna información era verídica. Aquel post sí era horrible de verdad. Insisto en que en este artículo en ningún momento se les falta el respeto, ni nada por el estilo, simplemente he pensado en nuestra intimidad como usuarios de internet, de todos y cada uno de nosotros, también los que estáis leyendo esto y le he dado muchas vueltas, pero finalmente he sabido que escribir sobre ello era algo que no podía evitar. 

Del artículo por el que hoy escribo, he de decir que sí es cierto que de todos ellos, sólo Sergio sigue dedicándose a la música, es un gran guitarrista (yo entiendo poco de música, pero sé lo que comentan los músicos que le oyen tocar), tiene un grupo de latin jazz, sí, Obatalá, entre cuyos músicos también está el actor Víctor Elías. Además, tiene entre manos un proyecto musical increíble sobre el cual ojalá muy pronto me deje entrevistarle y os lo pueda contar todo.

Sergio, José Luis, Cristina, Estela y Rebeca siempre serán los niños de Bom Bom Chip, pero estos niños hoy son adultos que trabajan y viven alejados de la televisión y el espectáculo. Vuelvo a repetir que siguen guardando aquellos años entre sonrisas y anécdotas con mucho, muchísimo, cariño, y que a día de hoy, todos y cada uno de ellos son personas sencillas, humildes, profesionales en lo suyo y sobre todo, son personas maravillosas. Si algún día deciden contar realmente cómo son sus vidas veinte años después, lo harán, pero por favor, que la gente pare de inventar trabajos y profesiones y que paren de subir sus fotos personales.

Esta imagen está subida a mi Instagram desde hace meses, así que es publica desde hace mucho. Os la dejo porque estoy segura que a muchos os va a hacer ilusión, y porque cuando se publicó, ellos estaban de acuerdo.

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De izquierda a derecha: José Luis, Cristina, Rebeca, yo, Estela y Sergio.

Feliz martes y “comienzo de semana”, amigos.

Lorena.

Suena una canción…

He de reconocer que tenía ganas de un otoño de verdad, de los de sacar abrigos y bufandas, gorros de lana y sombreros, de esos otoños en los que los días libres quieres estar en el sofá, abrazada a la manta, con una peli de fondo o un buen libro entre las manos… Con el frío tras la ventana y el placer absoluto de hacerle frente de este modo. Parece que, por fin, el frío ha llegado de forma permanente a Madrid y parece que va a quedarse con fuerza… Ayer fue una tarde de lluvia que dediqué a leer. Hoy un día nublado, con un tímido sol asomando, con un frío penetrante en la calle… Y me gusta verlo desde dentro, con el olor a café y Cometo a mi lado durmiendo.

Hoy te quería contar algo que me pasó hace unas semanas, a primera hora del día, mientras iba en el autobús…

Cómo muchos ya sabéis, además de la literatura, una de las grandes pasiones de mi vida es la música, mi mayor frustración siempre será no cantar bien (de hecho, Sergio dice que soy la persona que peor canta del mundo. Se pasa, ¿no?) 🙂 Creo que la música es una gran pasión de la vida de la mayoría de las personas. Escuchamos música desde el momento en el que nacemos y de forma inevitable e inconsciente empieza a formar parte de nuestra vida… Con el paso de los años, habrá diferentes tipos de música que elegirás como compañera de momentos, de felicidad y de lamentos.

Siempre he dicho y supongo que diré, porque así lo siento,  que mi canción favorita es La Fuerza del Corazón, de Alejandro Sanz. Quizás porque llegó hace muchos años a mí de una manera muy fuerte, quizás porque sólo era una niña y fue la primera canción en la que me paré detenidamente a entender su letra y dejar, sin límites, que me emocionase. Hay otras canciones que jamás me cansaré de escuchar como El Ruido, de David Bisbal, que es relativamente joven o En el Muelle de San Blas, de Maná. Hay canciones que escucharás en un momento determinado de tu vida y aunque estés años sin volver a saber de ellas, en el momento que vuelvan a aparecer te harán sonreír o te emocionarán.

Será inevitable a lo largo de mi vida que cualquier canción de Bom Bom Chip me arranque una sonrisa, por ser la BSO de mi infancia y por formar parte de mi madurez… Me pasará igual, como te pasará a ti, que sonreiré cuando escuche una canción del verano que me recuerde a mi adolescencia, a aquellas noches en las que la bailé con mis amigas, con la inocencia de la juventud y las ganas en la pista… Habrán canciones que siempre serán especiales, que reflejarán un primer amor, un amor soñado, un amor imposible o un amor olvidado y que cuando vuelvan a ti, te harán pararte unos segundos y asentir.

Hay canciones que siempre me harán quedarme en silencio, por las lágrimas que derramé con ellas en algún momento de mi vida, como Con Las Ganas, de Zahara o A Tientas, de Vega. Habrá canciones que te recordarán a amigos que pasaron por tu vida y ya no están, y otras que te recordarán a esos amigos que siempre estarán… Esa es la magia de la música, que vive contigo el paso de los años, que marca momentos y circunstancias, lugares y personas, que tiene el poder de hacer que miles de personas, en todo el mundo, puedan sentirse identificadas… Porque al final, como siempre digo, no somos tan distintos.

Hace un par de semanas, un lunes a primera hora, sonó una canción en el autobús, que me quitó el sueño de repente para arrancarme una sonrisa, para viajar en mi vida y emocionarme de la forma más bonita…

Soy la mayor de tres hermanos y aunque les quiero a los dos por igual, la diferencia de edad con cada uno de ellos ha hecho en el tiempo que vivamos cosas muy distintas. Miguel nació cuando yo estaba a punto de cumplir dos años y se convirtió en mi primer amigo. Con él compartí mis juguetes, mis peleas, mis risas, mis aficiones y nuestras diferencias… De pequeño, le encantaba hacerme rabiar. Todavía recuerdo el disgusto que me llevé cuando le cortó el pelo a una de mis Barbies… Crecimos juntos, teniendo casi la misma edad y eso, con los años, nos permitió compartir muchas, muchas cosas bonitas, amigos, secretos y experiencias.

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Miguel y yo. 1991.

Alex llegó como un auténtico regalo. Nació cuando yo estaba a punto de cumplir los doce años y se convirtió en mi juguete, en mi aire y mi vida. Doce años de diferencia que me hicieron disfrutarle de una forma muy especial… le bañé, le di biberones, le llevé de la mano en la playa, le acompañé en su primer día de guardería y de colegio, le ayudé a hacer deberes, le disfracé en carnaval, le conté cuentos y le quise proteger y dar todo lo bueno que podía haber en mí…

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Alex y yo. 2001.

Hace un par de semanas, un lunes a primera hora, sonó Sólo tú de Paula Rojo, mientras yo iba en el autobús… Me quitó el sueño para arrancarme una sonrisa, para viajar en mi vida y emocionarme de la forma más bonita… Como muchos de vosotros, a Paula la conocí a través de la televisión en la primera edición de La Voz, su dulzura y su ukelele hicieron que no pasase desapercibida para nadie… Allí, en su primera actuación, pidió cantar un trozo de esta canción, que había compuesto para su hermano pequeño, y desde ese momento me enamoró. Mucho tiempo después, tuve la oportunidad de entrevistarla para La Caja de Música, cuando su éxito ya era una evidencia y sus sueños seguían tan intactos y con tantas ganas como el primer día… Eso la hace especial. Si tuviese que describirla con una palabra sería magia, y esa magia es la que lleva a sus canciones, a su música y a nuestros corazones…

Aquella mañana de lunes, al escuchar su canción, la cual había oído ya muchas veces, me detuve y pensé que hacía mucho que no me volvía a encontrar con esa letra, me fue inevitable sonreír, porque tuve la oportunidad de viajar  por mi vida… Y en cada verso pensé en Alex, en lo pequeño que era la primera vez que le vi cuando sólo tenía unos minutos de vida, pensé en todos los años en los que se dormía conmigo en la cama, en todas aquellas tardes juntos, en nuestros paseos de la mano, en sus fiestas del colegio o sus fiestas de cumpleaños, en su dulzura, en su inocencia… Sentí la canción de una forma muy especial…

Alex ya tiene quince años y es más alto que yo. Me fue imposible no emocionarme, ver, una vez más, lo rápido que corre el tiempo y me sentí feliz por haberle dicho y decirle siempre, a él y a todas las personas importantes de mi vida, lo mucho que las quiero…

Alex y yo. pechón, Cantabria. 2014

Alex y yo. Pechón, Cantabria. 2014

Como en la canción, antes de conocerle, me hice mil preguntas sobre cómo sería, o cómo serían nuestros días..y “ahora lo sé, sólo pregunto el por qué, cómo en apenas segundos cuando te vi la cara, te comencé a querer… Y sólo tú, haces que llore riendo, haces que ría llorando y me pregunto cómo algo tan pequeño puede invadir la caja de mis recuerdos, los que ya apenas recuerdo si tú no estás en ellos… Sólo tú.”

Hoy, que hace una semana que volví a Madrid después de pasar unos días en casa, me he recordado lo afortunada que soy por tener una familia como la que tengo… Y me he acordado de aquel lunes en el autobús en el que Paula Rojo me hizo viajar por mis recuerdos y me emocionó.

Miguel, Álex y yo. 2014.

Miguel, Álex y yo. 2014.

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La vida, sin ninguna duda, no tendría sentido sin la música… Y ahora te toca a ti, ¿Cuál es tu canción favorita?

Feliz tarde, amigos.

Lorena.

Volverá…

Creo que septiembre nos trae más o menos las mismas sensaciones a todos… Sobre todo cuando somos niños, septiembre significa que empieza el curso y se acabó el verano. Empieza el año, y el curso escolar es quien decide dónde empieza y cuándo acaba.

Ayer Madrid estaba otra vez llena de gente, corriendo de arriba a abajo, con la prisa en la piel y la depresión post vacacional en la mirada. Dejar atrás las vacaciones no deja buen sabor de boca, pero hay que mirar el lado positivo y saber que con la vuelta a la rutina empiezan nuevos proyectos, nuevas metas y nuevas cosas y eso siempre debe hacernos felices.

Empieza uno de esos meses que llevan consigo el pistoletazo de salida, o la señal de meta que se encuentra al final. Para mí, es el mes que protagoniza los cambios más importantes de mi vida. Hace nueve años que fui a vivir a Elche, que empezaba mi vida universitaria y una de las etapas más bonitas que viviré jamás. En unas semanas, hace cuatro años que me trasladé a Madrid y aunque los primeros meses fueron muy difíciles… ¡Qué poco me costó enamorarme de esta ciudad! Madrid significó otra etapa crucial, de madurez, de amigos incondicionales, de mucha vida social y muchos retos profesionales. Cuatro años se dicen pronto, pero en ellos guardo miles de momentos que hoy me hacen ser quien soy, vivir como quiero vivir y estar dónde y con quienes quiero estar.

Hace nueve años que no vivo en mi pueblo, cerca de las personas más importantes de mi vida, nueve años sin mi día a día en l’Olleria, sin mi familia y mis amigos de siempre. Me sigue sorprendiendo cómo, nueve años después, cada vez que estoy allí, siento que no ha pasado el tiempo y es que tu verdadero hogar siempre sabrá esperarte, con las mismas cosas y el mismo aroma que cuando lo dejaste.

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Esta semana, como muchos sabéis, he estado en las fiestas de mi pueblo. Ojalá os pudiese transmitir a cada uno de vosotros lo importantes que son las fiestas de Moros i Cristians para mí. Las he vivido desde dentro desde muy pequeña y no he dejado de celebrarlas ni un solo año de mi vida. Hace cuatro años que no formo parte de mi filà, Les Popeluses, pero cada vez que voy, ellas me siguen recibiendo con una sonrisa y hacen que me sienta siempre en mi casa. (Gràcies!)

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La música, los trajes, las luces, la pólvora, la elegancia, la historia, las emociones, las risas, los reencuentros, el buen rollo, la amistad… Esos son los ingredientes de mis fiestas, y ellas forman parte de mi cultura y mi historia.

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Mi amiga Patri no se ha separado de mi lado ni un segundo y eso me ha hecho muy feliz… Nos hemos reído tanto, hemos tenido tanto tiempo para nosotras que todo el estrés que mi mente llevaba durante meses acumulando ha desaparecido, al menos, de momento.

Pero, ¿sabéis qué? Hacía mucho, mucho tiempo que no me iba tan triste de mi pueblo. La verdad que no sé muy bien por qué, quizás este viaje ha sido especial. He visto a mucha gente importante de mi vida, he disfrutado mucho de cada reencuentro, de cada sonrisa, de todas y cada una de esas personas que se han alegrado de verme tanto como yo de verlas a ellas… Las personas de mi vida.

No puedo dejar de dar las gracias (infinitas) a las personas con las que no había hablado nunca y se acercaron para decirme que me leen y me siguen, ¡qué sensación tan bonita!

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En una de esas noches de fiesta me pasó algo curioso que hoy te quería contar. Mi amiga Sonia me presentó a su novio y al presentarnos, le dijo “Ella es la chica a la que le encanta Carlos Ruiz Zafón” y claro, tuve que sonreir.
No nos faltó conversación y por unos momentos volvimos a pasear por el Cementerio de los Libros Olvidados, bajamos a la calle Santa Ana y subimos en tranvía hasta la Avenida del Tibidabo. Sé que cada cierto tiempo os hablo de Ruiz Zafón, mi escritor favorito, que os he dicho ya lo mucho que adoro la Sombra del Viento y el amor incondicional que siento por Daniel Sempere, uno de sus protagonistas. Me apetecía recordaros lo importantes que son los libros en nuestras vidas, cómo la magia de la literatura hace que conviertas a unos personajes en parte de tu vida y acaben siendo protagonistas de una conversación en una noche de fiesta, en un rincón cualquiera.

En uno de mis post, “Te querré siempre, Daniel Sempere”, que podéis encontrar en el apartado de “libros y literatura”, ya os hablaba de todo esto.

Siempre me hará feliz hablar de Ruiz Zafón, siempre encontraré en él la forma más dulce de sonreír o la más silenciosa de llorar, porque él y sus palabras sólo son magia… de la de verdad.

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“Barcelona, 1957. Daniel Sempere y su amigo Fermín, los héroes de La Sombra del Viento, regresan de nuevo a la aventura para afrontar el mayor desafío de sus vidas. Justo cuando todo empezaba a sonreírles, un inquietante personaje visita la librería de Sempere y amenaza con desvelar un terrible secreto que lleva enterrado dos décadas en la oscura memoria de la ciudad. Al conocer la verdad, Daniel comprenderá que su destino le arrastra inexorablemente a enfrentarse con la mayor de las sombras: la que está creciendo en su interior”.

Así me recibió la contraportada de El Prisionero del Cielo cuando se publicó en 2011. Este fue el tercer libro de la serie El Cementerio de los Libros Olvidados, el cuarto y último aún está por llegar y os podréis imaginar las ganas que tengo de saborearlo y devorarlo entre mis manos y mis ojos. La Sombra del Viento, El Juego del Angel y El Prisionero del cielo, publicados en este orden en 2005, 2008 y 2011, relativamente, forman un ciclo de novelas unidas entre sí a través de personajes e hilos argumentales que tienden puentes narrativos y temáticos, aunque cada uno de ellos cuenta con una historia cerrada e independiente, que podrás entender perfectamente si leer solamente uno de ellos (por supuesto, debes leer los tres).

Mi ejemplar me lo regalaron mis abuelos, en Navidad, con su dedicatoria y firma, como siempre hacen.

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Sin ninguna duda, el primero es el más especial, pero el tercero puedo decir que me pareció brillante. Volver con los mismos personajes ya fue para mí algo muy emotivo, poder reencontrame con sus vidas después de tanto tiempo y ayudarles a descubrir una historia mágica que estoy segura no deja a nadie indiferente.

Ruiz Zafón sabe escribir magia, sabe hacer de la palabra un absoluto y verdadero placer, no podéis dejar de leerle, por favor. Sólo espero que no tarde en volver.

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Mil besos con la depresión post vacacional en la mirada y las ganas en los dedos.

Gracias por estar siempre.

Buenas noches, amigos.
Lorena.

PD. Lo prometido es deuda: Volverá…

Semaforismos y Garabatonías, hechos por amor.

 

¡Por fin viernes! No sabéis lo muchísimo que necesito unas vacaciones que están a punto de comenzar. Necesito paz y organización en mi mente para poder llevar a cabo el que seguramente vaya a ser el proyecto más bonito de mi vida del que poco a poco, cuando vaya cobrando forma, os iré hablando. Hoy vengo a hablaros de dos personas con las que estuve hace un par de días.

Hace ya mucho tiempo, creo que en mi primer año en Madrid, en uno de esos momentos en los que el amor hace un roto tan grande en el corazón que sientes que te duele el alma, una amiga me presento a Zahara (@Zaharapop) a través de una canción. Con las ganas se convirtió durante muchas noches en la melodía de mis lágrimas y en la voz del dolor que no era capaz de pronunciar. Esa canción es para mí una obra de arte y se convirtió en una de mis favoritas, lo sigue siendo a día de hoy, cuando el amor ya no duele. Porque el arte, sigue siendo arte. Me enteré que Zahara acababa de publicar un pequeño libro lleno de frases, con ilustraciones de Rebeca Khamlichi (@RebecaKhamlichi) y me puse en contacto con ellas para que nos sentasemos a hablar y me contasen las historias que envolvían este proyecto. Hoy te lo quería contar.

Nos reunimos en Lolina, un café vintage en pleno corazón de Malasaña, uno de mis rincones favoritos de esta ciudad. La entrevista estuvo llena de anécdotas, de risas y energía positiva, porque esta entrevista ha sido, para mí, un auténtico regalo. Cuando uno se encuentra delante de un artista, de un artista de verdad, la magia que envuelve el momento es indescriptible. Primero, porque el artista es capaz de transmitir su humildad y  su sabiduría y segundo, porque es capaz de transmitir el amor hacia su trabajo, sin ni si quiera ser consciente de ello. Yo tuve la suerte de sentarme frente a dos artistas increíbles. Dos mujeres luchadoras, fuertes, llenas de sueños y sobre todo llenas de amor por todas y cada una de las cosas que hacen. Esta entrevista es para ponerse cómodo y disfrutar, porque es larga, porque han habido muchas cosas que no han cabido y miles que no podían dejar de estar.

Semaforismos y Garabatonías ya está en mis manos y va a formar parte de mí. Una única edición de 500 pequeñas libretas llenas de frases, con una ilustración única en cada una de ellas, hecha sobre el papel, para ti, para mí, para todos aquellos que estén dispuestos a pagar diez euros simbólicos por algo excepcional. Gracias a Zahara y a Rebeca, por contagiarme de sus ilusiones y sus ganas, de sus letras y sus dibujos, por hacer que a partir de ahora los semáforos en rojo me parezcan una oportunidad para reflexionar, y los garabatos mientras se habla por teléfono, un sentimiento que plasmar. Gracias infinitas a Alba Artero (@bita_arte), por acompañarme y ser la mejor fotógrafa del mundo. Gracias chicas, por ser desde ya, parte de aquello que yo quería contar.

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Lo Que Te Quería Contar. En primer lugar, Zahara y Rebeca, bienvenidas a Lo Que Te Quería Contar. Es un placer teneros aquí.

Zahara, Rebeca: Gracias a ti.

LQTQC. “Semaformismos y Garabatonías” es el proyecto que habéis hecho juntas y claro, hay que empezar por esta pregunta. ¿Qué son los semaformismos y qué son las garabatonías?

Z: Los semaforismos como tal son poesías mínimas, yo tengo un blog (zaharapop.blogspot.com.es) que utilizo como folio en blanco, porque además siempre que empiezo a escribir lo tengo que publicar, a veces escribía algún poema o relato más largo y otras veces cositas muy cortas. Las empecé a publicar con el simbolito de hashtag (#) y en una de ellas puse: “Semaforismos: conclusión a la que llegas en un semaforo en rojo”. Me parecían que todas ellas eran un poco esto, pensamientos y conclusiones en un momento de espera, y que luego sigue tu vida y se quedan ahí como apartadas. Algunos son frases que he utilizado en mis canciones, algunos tienen un punto más de humor, otros más picantes o sexuales… Porque en una canción hay cosas que es más brusco decir, y aquí, sin embargo, puedes escribir. Era algo que tenía en el blog, y de repente, una editorial me propuso editarlo. Yo, respeto mucho a los escritores y a los poetas, y me parecía demasiado para mí, entonces dije que si esto se sacaba, se tenía que convertir en otra cosa, no iba a ser un libro de poesía mínima. Entonces fue cuando decidí, con Rebeca, crear esta libreta. Cada semaforismo aparece debajo de cada página en una libreta en la que cada uno podrá escribir luego lo que quiera. Las garabatonías son los garabatos que uno hace mientras habla por teléfono. Yo dibujo muy mal y entonces quise que estos dibujos los hiciese una artista con la que yo confiase y  pensé en Rebeca Khamlichi. Sus garabatos son obras de arte. Sólo hemos hecho una edición de 500 cuadernos y ella dibuja uno en cada uno de ellos.

R: Mis garabatonías dependen siempre del estado de ánimo. Cada una de ellas es una pieza única, tengo una que es sobre una experiencia que tuvimos muy negativa, en la que casi sufrimos un accidente de avión, por ejemplo. He ido dibujando cosas que nos han ido pasando. La idea es poder hacer luego una exposición con los 500 dibujos, que he ido fotografiandolos a medida que los he ido haciendo… Los libros están hechos, pero los dibujos se están creando. En la feria del libro, los iba haciendo a medida que la cola avanzaba y los lectores llegaban a nosotras. Hay de todo, desde corazones, barcos, extraterrestres, calaveras, mariposas… Los semaforismos son ideas geniales. Ella no lo ve, porque al fin y al cabo, son ideas suyas, pero son verdaderas genialidades. Muchas veces no le damos valor a lo que hacemos, pero ella ha creado algo muy grande.

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LQTQC. Vosotras ya habíais trabajado juntas, ¿verdad?

R: Sí, en las ilustraciones. Esto surge de una idea y un momento loco en el que yo me pongo a dibujar frases de sus canciones. He usado muchísimas veces las canciones de Zahara para pintar, escuchaba una misma canción una y otra vez para pintar un sólo cuadro.

Z: Un día se nos ocurrió la idea de ilustrar las frases y nos pareció un proyecto muy guay. Hemos hecho dos series, la primera en la que ella me dibujaba a mí como con la canción o lo que le inspiraba la canción sobre mí. Luego hizo una serie de tres corazones con tres frases, las tres son frases que puedes decirle a alguien, y son : “Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos”, “Mi lado favorito de la cama eres tú” y “Todo lo que llevas puesto déjalo en el comedor y quédate sólo con el resto que queda en tu corazón”. Son reproducciones que hacemos para el Mercado Central del Diseño, donde Rebeca está cada primer fin de semana de cada mes. También hemos vendido los originales, y todos los originales los tienen personas muy especiales.

R: Es un proyecto muy curioso porque unes dos cosas que no están, a primera vista, muy relacionadas. La gente que es amante de la música, el arte no es una cosa que le llame tanto la atención, y la gente que es más de arte tampoco es la música lo que más les llama la atención. Hemos hecho que seguidores de una hayan descubierto a la otra.

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LQTQC. ¿Hay posibilidad de ampliar esta edición de 500, o cuando se acabe, “fin”?

R: Creo que yo no he hecho 500 dibujos originales en mi vida (risas). Es mucho trabajo psicológico, porque cuando estoy sola, por ejemplo, y tengo que hacer 30 seguidos, a veces, se acaban las ideas.

Z: Quizás en un futuro sí reedito los semaforismos. De hecho, ya tengo algunos para el siguiente libro. Aquí hay 83 porque es el año en el que nací y los metros del General Sherman, el árbol más grande del mundo, que además hablo de él en una canción. Siempre busco el metalenguaje, que haya información dentro de la información. Nada de lo que hago es al azar. Quizás uniría estos ya editados, con algunos más y buscaría el sentido de ese número, pero ya lo haría sola. A Rebeca le pediría la portada, claro, y ya. (Risas).

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LQTQC. Tras haber estado en varias ferias del libro, ¿Habéis encontrado un público objetivo definido?

Z: Yo sabía que gran parte de ellos iban a ser lectores del blog. Muchas veces me preguntaban cuándo publicaría y en realidad, creo que esto ha sido más pensando en ellos, en esos fans que me quieren tanto y quieren algo más. Ahora mismo, estoy parada en el ámbito musical, estoy preparando mi próximo disco y esto me parecía algo bonito que ofrecer en este momento de espera. En este semáforo en rojo de la vida, regalarles un poquito de mí.

R: Es más bien un regalo. Es un regalo porque ella ha sacado la timidez de sus ideas, que aunque le parezcan pequeñas, repito, son genialidades y además cuentan con el esfuerzo de dibujar para que se lleven algo especial.

Z: Nosotras esto lo hemos hecho por amor, por el amor que nos tenemos nosotras, por el amor que tenemos a nuestros fans… Tenemos mucha ilusión, a pesar de estar quemadas por muchas cosas, seguimos teniendo ilusión. Diez euros es algo simbólico, el dinero se saca de otras cosas.

LQTQC. Zahara, tú que nos tienes tan acostumbrados a la música. ¿Qué diferencia hay entre firmar un libro y firmar un disco?

Z: La verdad que el primero fue complicado. Me daba mucha vergüenza. Pero se me pasó, porque Rebeca ha estado siempre a mi lado. He vivido cada feria del libro como una “fiesta de cumpleaños”, nada era por obligación. Siempre pongo una dedicatoria pensando en lo que estoy firmando, siempre intento que esté relacionado, o incluso muchas veces firmo relacionado con el dibujo que ha hecho ella.

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LQTQC. Vivimos en una época ligada totalmente a la tecnología en la que incluso los libros electrónicos han cobrado protagonismo. ¿Vosotras sois de las que tenéis un ebook en casa o sois fieles al papel?

R: Yo tengo el ipad y se pueden leer libros, pero jamás he leído un libro ahí. Soy fiel al papel y además soy de acumular muchos libros. Me encantan los dibujos anatómicos y tengo muchísimos libros de medicina, por ejemplo. Tengo una grandísima colección.

Z: Yo tengo uno. Cuando me lo regalaron me dijeron: “esto quizás lo odias”, y es cierto que es muy cómodo y demás, pero acabo yendo a la librería a comprar un libro. Soy de dejarme los hombros sujetando el libro en la cama, me gusta pasar páginas, poder tocar el papel.

LQTQC. ¿Creéis que la gente lee lo suficiente?

Z: Creo que esto es muy parecido a la música. Cada vez hay más diferencia entre el que vende y el que no. De repente, el que vende se convierte en un best seller y hay cientos de ediciones y, en cambio, hay libros muy buenos que no pasan de la primera edición. Muy pocas veces esto tiene que ver con el talento. Hay mucha gente que le gusta leer, pero no se preocupa por leer. A mí me encanta leer, hay veces que leo un libro por semana, a veces dos y a veces medio, pero leo constantemente. Parece que ahora con el movimiento hipster se ha puesto muy de moda el leer, pero sigues viendo que es un sector muy pequeño. No hay una educación familiar en los niños para que ese niño crezca leyendo. En mi casa, por ejemplo, yo no recuero a mis padres viendo la tele, les recuerdo leyendo, y yo tengo miles de cuentos infantiles. Un niño que no ve en su casa un libro, es muy difícil que vea esto como algo interesante.

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LQTQC. Imagino que vosotras habéis aprovechado el tirón de las RRSS y vuestro alcance en ellas para promocionar este libro. ¿Habéis sentido el apoyo suficiente por parte de medios de comunicación o creéis que para muchos artistas la única opción es la auto promoción?

Z: En general, creo que la mayoría de los artistas se basan en la auto promoción. Yo lo empecé a hacer hace ocho años sin ser consciente de que lo estaba haciendo. Me comunicaba con mis fans a través de My Space y me di cuenta que eso repercutía en que venía más gente a verme. Esto lo hemos promocionado nosotras, la editorial habrá hecho su trabajo, los medios que se han interesado han sido sobre todo los medios de Úbeda, porque es verdad que se preocupan mucho por todo lo que hago y es muy bonito sentir el apoyo de tu gente. La auto promoción es esencial y lo seguiré haciendo. Pero por un lado, esto me da rabia, porque hay personas que por esto se llevan una comisión, intermediarios que este es su trabajo, y no hablo de mí personalmente, pero muchas veces aprovechan que no es necesario porque los artistas ya movemos nuestra gente gracias a las redes. Creo que todos debemos trabajar juntos.

LQTQC. Muchísimos lectores se estarán preguntando… ¿Cuándo llega el próximo disco de Zahara?

Z: El año que viene. Hasta que no he parado de tocar, no he empezado a escribir. Tengo ya canciones compuestas, de hecho, está practicamente acabado el disco. Ahora viene todo el proceso posterior, todo lo que no depende de mí. Búsqueda de discográfica, productor, grabación del disco, promoción… De aquí a que lo grabe, seguiré haciendo canciones, algunas seguro que todavía no están compuestas, otras que igual se caen… Lo que queda ya no depende tanto de mí, pero me muero de ganas. Estoy trabajando mucho, me gusta hacer las cosas bien. No sigo patrones comerciales, no puedo sacar un disco porque toque, quiero sacar un disco cuando diga “este disco me encanta”, necesito estar segura de que lo que estoy haciendo es lo mejor que he hecho hasta el momento.

LQTQC. ¿Y los próximos proyectos de Rebeca?

R: No se pueden contar (Risas). Soy súper maniática, me da mucho terror contar los proyectos por si se gafan. Conté un proyecto que me hacía muchísima ilusión y finalmente se cayó y ya decidí no volver a contar nada. Me muero por contarlo, pero son tan molones y me hacen tanta ilusión que, de momento, me lo tengo que callar.

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LQTQC. Hemos hablado mucho de vuestro libro, y en Lo Que Te Quería contar siempre se da mucha importancia a los recuerdos porque creo que es uno de los tesoros más valiosos que poseemos los seres humanos. ¿Cuál es el primer libro que recordáis de vuestra vida?

Z: El primer libro que recuerdo formaba parte de una colección de una editorial de cuentos infantiles y juveniles, recuerdo que venían con un casette y podías tanto leer como escuchar el cuento. Mi favorito era sobre un gato negro que vivía en una casa con una señora mayor, y a mí me ponía muy triste porque siempre pensaba que al gato le iba a pasar algo malo. De hecho, cuando yo tenía unos ocho años, le escribí un cuento a mi padre sobre gatos.

R: No recuerdo el primer libro, recuerdo cuentos, pero es verdad que el primer libro que me impactó porque me encantó se llamaba “Los Cretinos”. La historia iba de un matrimonio que todo el rato se hacían putadas el uno al otro. Había una parte que me encantaba, en la que ella se apoyaba en un bastón y él cada día le cortaba un centímetro al bastón para hacerle creer que estaba encogiendo y que iba a desaparecer. Ellos eran horrorosos. (Risas).

LQTQC. ¿Y vuestro libro favorito?

Z: Además de ficción, me gusta mucho leer libros de antropología, divulgación científica, ensayos… Hay un libro que recomiendo a todo el mundo que ojalá yo hubiese descubierto mucho más joven, porque me habría ayudado a entender muchas cosas. La autora, Louann Brizendine, es una neurobiologa y el libro se llama “El cerebro femenino”, también escribió sobre el masculino. Habla sobre la diferencia de géneros y cómo somos hormonalmente distintos. Habla de cómo entendernos, comprendernos y querernos. Además es súper ameno.

R: Yo no te puedo decir un libro favorito, pero hay uno que he leído varias veces, sé que a mucha gente no le gusta y yo no consigo entender. Es un ensayo de David Foster Wallace. Le mandaron a hacer un artículo para una revista de moda sobre un crucero de lujo y se acabó convirtiendo en un libro impresionante que se llama “Algo supuestamente divertido que nunca más volveré a hacer” y es increíble ver cómo le entró la obsesión por cosas muy simples, simplemente por no tener nada que hacer, sólo tenía que disfrutar del crucero. De verdad me parece muy, muy interesante.

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LQTQC. ¿Sobre qué tema nunca escribiría Zahara y sobre qué tema nunca dibujaría Rebeca?

R: No dibujaría nada sexual nunca. Estéticamente no me interesa absolutamente nada. No he pintado nada sexual en mi vida. En cambio, si fuese escultora creo que esculpiría cuerpos desnudos y lo disfrutaría mucho, pero en la pintura no me atrae nada.

Z: Yo nunca escribiría sobre música. No daría mi opinión sobre nada de mi propio gremio, porque le tengo mucho respeto. Ni desde el punto de vista crítico, ni crónico. Escribiría sobre lo que la música me hace sentir. Escribo sobre muchas cosas, algunas sólo las escribo y otras las canto y ahí tengo mucha libertad, porque hay cosas que escritas son muy simples y cantadas son muy fuertes, o al revés, cosas que puedes escribir y que jamás quedaría bien en una canción. Hay gente que sabe mucho sobre música, yo sé de lo que siento con la música, sé que me vuelve loca y que es mi vida, pero jamás escribiría sobre ella.

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LQTQC. Y para ir terminando, ¿un sueño que os quede por cumplir?

R: Como sueño prioritario a corto plazo: adoptar más galgos, y un sueño a lo bestia sería que nos concienciásemos todos. Somos un país que hemos avanzado en muchas cosas pero que tenemos todavía una crueldad con los animales que es inaceptable para el año en el que estamos. Seguimos haciendo cosas sin sentido y eso me entristece muchísimo.

Z: Mi sueño es seguir haciendo cosas, soy incapaz de proyectarme en nada. No me planteo nada por si luego no pasa. Para mí, la decepción es la enfermedad más destructiva, así que voy por la vida sin esperar mucho de ella y así todo lo que va sucediendo me lo llevo como una sorpresa maravillosa. Quiero seguir haciendo cosas y no perder la creatividad, ese es mi sueño.

LQTQC. Muchísimas gracias chicas, muchísima suerte en todos vuestros proyectos y os espero aquí siempre que tengáis algo que contar.

Z, R: Muchas gracias a ti.

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 Feliz viernes, amigos.

Lorena.

 

David Bisbal: “¡Buenas noches, mi Madrid!”

Después de una semana de locura, de no parar, de muchísimo trabajo y las energías agotadas, por fin llega el domingo para darme el descanso que tanto necesitaba.

El jueves por la noche, David Bisbal, conquistaba Madrid con su gira Tu y Yo, con El Palacio de los Deportes completamente lleno y con la energía que le caracteriza. Yo estuve allí y hoy, te lo quería contar.

Como muchos de vosotros, la primera vez que vi a David fue en un programa de televisión en el que él participaba, yo tenía unos trece años y viví aquel fenómeno televisivo de forma muy intenta. Es verdad que, ahora, con el tiempo en la espalda,  recuerdo aquellos momentos, aquel primer disco o aquella primera gira con una sonrisa y miles de recuerdos bonitos. El tiempo pasa y un concierto no se vive igual cuando tienes 14 años que cuando tienes 27, para mí, ya es casi imposible imaginar las muchas horas de cola que antes hacía para poder estar en la primera fila, pero lo que sí es cierto, que cuando un artista te gusta, la magia y la ilusión de un directo, se viven de la misma forma, aunque llegues al recinto del concierto sólo una hora antes de que empiece el espectáculo.

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Tras su gira acústica, de la que acabé locamente enamorada, me costaba asimilar volver a ver al David de siempre, al de las patadas y las volteretas… Efectivamente, incluso en este nuevo formato, al que siempre habíamos estado acostumbrados, aunque lleno de energía, encontramos a un Bisbal más tranquilo sobre el escenario, pero con la misma fuerza de siempre. De los discos del cantante, uno de mis favoritos es Sin Mirar Atrás, el trabajo anterior a su gira acústica.  Tu y Yo no se queda corto. David Bisbal cuenta con un equipo de trabajo que cuida al detalle cada uno de sus pasos y eso se nota. El directo, por supuesto, fue increíble.

Le acompañan unos músicos impecables, y sentí mucha emoción al ver a Ludovico, el guitarrista que le acompaña, sentí emoción por la gran admiración que mi novio siente hacia este hombre, con el que ha tenido oportunidad de dar clases. Y sabía que si hubiese estado allí conmigo, lo habría disfrutado tanto como yo. Ludovico es un grande, y de eso no hay ninguna duda.

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Lydia es periodista, valenciana afincada en Madrid como yo, y hace años, por una casualidad de la vida, nos conocimos de forma “indirecta” gracias a Bisbal. Fui al concierto con ella y con Andrea, otra amiga, y la magia de la música, de los recuerdos y de la felicidad, se apoderaron de nosotras desde el primer momento.

Las luces, el sonido, todos y cada uno de los detalles audiovisuales hicieron que la puesta en escena fuese realmente impresionante. Recuerdo que una vez, hace años, leí algo que decía, más o menos, que David Bisbal no había cumplido su sueño, porque su sueño habría sido vivir, simplemente, encima de un escenario, tener un disco, y dedicarse a la música. David Bisbal no ha cumplido su sueño, porque ha conseguido algo con lo que estoy segura jamás se hubiese atrevido a soñar. Es indiscutible que es uno de los artistas españoles con más alcance internacional, es una auténtica estrella que ya convierte en oro todo aquello que se atreve a tocar. Le miraba en el escenario y pensaba que él ya estaba acostumbrado a esto, a llenar estadios y cantar para miles de personas en todo el mundo, pero a mí me es inevitable acordarme de sus inicios, de su inocencia, de su sorpresa ante todo, y me fue inevitable pensar en las veces que él echará la vista atrás y se verá en su Almería, en su orquesta Expresiones, y creo, a ciencia cierta, que se sigue emocionando y sorprendiendo por todo lo que está pasando, unos cuantos años después.

Las canciones de su nuevo disco con fragmentos del mediometraje Tu y Yo que protagonizó junto a la actriz María Valverde, fueron sin duda, los protagonistas de la noche. No faltaron, por supuesto, sus canciones más sonadas como Ave María, Al.Andalus, Lloraré las penas o Quién me iba a decir, que hicieron poner en pie y bailar a todo el Palacio de los Deportes. Uno de los momentos más emotivos fue el turno de Dígale, cantada por el público. Todavía se me ponen los pelos de punta.

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La noche, además, tuvo sorpresas, como el momento en el que David compartió escenario con India Martínez, la portuguesa Cuca, o Pablo López al piano. El momento con Pablo fue uno de los más emotivos de la noche, además de por ellos dos, por la canción que interpretaron. El Ruido es, para mí, la canción más bonita que tiene Bisbal en toda su discografía. Compuesta por mi querida Vega, esa canción es simplemente una obra de arte.

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Vega no podía dejar de formar parte de este nuevo trabajo, y en Tu y Yo, ha dejado su huella componiendo No Amanece y Culpable, las que son, para mí, las canciones más bonitas de este disco. Culpable es la balada por excelencia y por lo que he podido ir leyendo por las RRSS, la favorita por los seguidores del cantante. Culpable es una canción, que simplemente es magia. Gracias Vega, gracias siempre, por hacer de las emociones más puras, las canciones más bellas…

Como todo en este blog, porque es mi blog, y aquí, inevitablemente, expongo mis puntos de vista sobre las cosas, este post está vacío de objetividad, porque no sé ser objetiva en este tema, porque salí completamente emocionada de ese concierto, con las emociones a flor de piel, y porque el viernes, cuando me desperté, seguía con la misma energía. Pero, amigos míos, esa es, sin ninguna duda, la magia de la música.

Me encantan los conciertos, y creo que cualquier amante de la música disfruta de un directo. Es cierto que los conciertos de David son para mí más especiales, porque son emociones, porque son recuerdos y porque son las canciones que forman parte de la banda sonora de mi vida.

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Su música podrá gustarte más o podrá gustarte menos, pero creo que la mayoría podremos coincidir en que David Bisbal es un tío muy majo. Cuando te dedicas a esto, acabas conociendo o tratando a muchos artistas y con el corazón en la mano, y sólo aquí desde la objetividad,  creo que pocos son los que absolutamente siempre están dispuestos a regalar una sonrisa. David Bisbal es así. No he visto a nadie más agradecido y atento con los medios de comunicación, así como con sus seguidores o todas las personas que se le acercan para mostrarle su cariño o simpatía, y creo que eso, amigos míos, es digno de admirar. Muchos pensaréis que eso forma parte de su trabajo, y soy de las que piensa que en parte sí y en parte no. Un artista se debe a su público, está claro, pero un artista, ante todo, es persona y las personas a veces tenemos días malos en los que no nos apetece ser simpáticos o no nos apetece sonreír, pero parece que muchas veces nos olvidamos de esto.

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Disfruté del concierto con la misma ilusión que lo hacía cuando tenía quince años, porque una vez estás ahí, te das cuenta que el tiempo, frente a la música, no ha pasado.

He tenido la oportunidad de poder compartir momentos muchas veces con él, pero sin duda, uno de los más bonitos de los últimos años fue hace sólo unos meses, cuando acudí con La Caja de Música a la premiere del mediometraje Tu y Yo que se celebró en los cines Callao de Madrid.

La música tiene esa magia infinita que es crear un lenguaje universal y hacer que las sonrisas y las lágrimas sean entendidas por millones de personas. Porque la vida, no tendría sentido sin la música.

Enhorabuena a David Bisbal y a todo su equipo por la maravillosa noche que nos regalaron en Madrid, enhorabuena por los éxitos más que merecidos, por ser una persona que nunca se cansa de trabajar…

Sin ningunda duda… ¡Viva la música!

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Feliz domingo, amigos.

Lorena.

Los ojos de Margarita.

Esta mañana me he levantado dando los buenos días en mi página de Facebook, anunciando que hoy venía con nuevo post y que vendría en forma de relato. También hablaba de mi necesidad y mis ganas de un cambio político y social en este país. LLevo todo el día tumbada en el sofá, malísima de la tripa, con dolor de piernas y brazos y con la sensación de no tener fuerza ni en los dedos, pero lo prometido es deuda y si yo he prometido un relato, un relato tiene que haber.

Por lo general, los relatos son de vuestros posts favoritos. Tanto, que a veces siento mucha presión a la hora de escribirlos, por si no cumplo vuestras expectativas o por si resulta que acaba siendo malo… Os dejo una nueva historia, para que hagáis como siempre quiero que hagáis, para que la leáis despacito, para que saboreéis las palabras y nos olvidemos durante un ratito de nuestras preocupaciones y nuestras vidas…. Que no paren las letras.

 

Los ojos de Margarita. 

Me resultan demasiado tristes las historias de amores imposibles. Me producen tanta tristeza que a veces prefiero no escucharlas, o no conocerlas. Me da pena la gente que ama de verdad y no consigue estar con la persona a la que desea. A veces, me planteo lo rápido que pasa el tiempo y me pregunto qué hemos hecho para que corra tan deprisa, me pregunto si nos hemos detenido a saborear de verdad la vida, o si simplemente nos hemos pasado la mayor parte de ella sufriendo por unas cosas u otras. Mi padre me dijo una vez que el ser humano es así, que no sabe disfrutar sin más, que la vida nos pone obstáculos para que aprendamos a sobrevivir, a ser fuertes, a superar problemas, miedos y desgracias. A mí, desde pequeño, eso me ha asustado mucho.

Me miro las manos y todavía no soy consciente de que todo ha pasado, las arrugas me recorren la piel, las manchas y los lunares son sólo las manchas de un viejo que lleva corbata y un pañuelo de tela guardado siempre en el bolsillo. Inexplicablemente, hay un momento en tu vida en el que sabes que ya no queda mucho tiempo. El paso de los años es importante en esta idea, por supuesto, pero es verdad cuando sabes que con ochenta años aún te queda toda una vida y cuando sabes que la vida se está acabando… Hace meses que tengo un fuerte dolor en el pecho y los médicos lo sentenciaron como un cáncer de pulmón que me va a arrebatar los suspiros en cuestión de semanas, o meses. Miro a mi alrededor y creo que he podido y he hecho todo lo mejor que he sabido, pero también creo que he tenido un sufrimiento aferrado al alma desde hace demasiados años.

Todavía es pronto, siento que aún tengo muchas cosas por vivir, tengo muchas cosas por hacer y sé que ya no hay remedio. Mi nieta mayor, Patricia, está a punto de dar a luz a su primer hijo, mi primer bisnieto y yo eso no me lo quiero perder. A veces, lloro por la noche porque tengo miedo. A mi edad todavía existe el miedo. Me siento afortunado por conservar mi salud mental en perfecto estado, por ser capaz de recordar cada momento de mi vida. María, mi esposa, murió hace más de una década, dejando a su familia sin el pilar que la sostenía. Mis hijos y nietos vienen a visitarme y mi hija Paquita no deja de cocinar para mí ni un sólo día. Es una santa, una mujer buena y noble, con una vida feliz y un marido que la cuida y la quiere. Era la que más unida estaba a su madre y sé que nunca ha podido, ni podrá, superar su pérdida.

Por alguna extraña razón, llevo varios días soñando con unos días que quedan tan atrás que ahora dudo si de verdad han existido o si los sueños me confunden. En cuestión de segundos sé que fue real, porque todavía recuerdo sus ojos y puedo sentir su aroma. Y eso, también eso, me asusta.

La vida en el pueblo era una vida humilde y tranquila. Sólo tenía siete años cuando oí a mi madre gritar. A mi padre, hombre bueno y trabajador donde los hubiese, lo acababan de encontrar muerto en el campo, mientras labraba la tierra. Un accidente me dijeron que había sido, años después supe que le habían pegado un tiro por tener una ideología distinta a la de sus asesinos, por querer luchar por sus derechos y buscar un futuro mejor para los suyos. Desde niño, acudía a la iglesia sólo para oír el viejo piano que tenía don Raimundo, el párroco de mi pueblo. Una noche, él se presentó en casa y habló con mi madre en la cocina, susurraban y llegué a entender que hablaban de mí, de mi futuro como músico y de mis dotes para ello. Tenía quince años cuando dejé a mi madre y a mis hermanos solos en el pueblo y me trasladé a Valencia capital a vivir con mi tía Remedios, que se había casado con un hombre rico y respetado. Gracias a los contactos de mi tío, al que yo no soportaba, empecé a estudiar música y a dar clases particulares a hijos y vecinos de sus amigos. Con el dinero que ahorraba, conseguía ayudar a mi familia y ser feliz trabajando en lo que más me gustaba.

Conocí a Margarita una tarde de enero. A las cinco estuve puntual en su casa para dar su primera clase de piano. Por aquel entonces, las mujeres de cuna alta, se refinaban a través de la música y finos vestidos de seda que cosían para ellas. La piel, pálida y delicada se escondía bajo una melena aterciopelada de color caoba y en su cara dos ojos verde esmeralda daban luz a aquella estancia. Jamás había visto nada igual, ni mujer más bella, ni mirada más pura. Supe que iba a enamorarme de ella hasta el fin de mis días. Semana a semana fuimos compartiendo melodías, notas y aprendizaje. Era inteligente, divertida, risueña y atrevida. Una tarde, antes de marcharme me preguntó si estaba libre la tarde siguiente y asentí.

Nos encontramos a las cuatro en la Estació del Nord y paseamos por las calles del centro mientras sus padres creían que ella estaba merendando churros con chocolate en casa de una de sus amigas. Tarde a tarde, fuimos haciendo de los encuentros nuestra rutina, y de la rutina nuestras vidas. No nos cogíamos de la mano por la calle, pero reíamos y compartíamos nuestros sueños. La besé por primera vez en una de nuestras clases. La besé durante muchos meses, en el cuello y en los labios, le acaricié el pelo, la piel, las piernas y los secretos. La hice mía tantas veces como la soledad nos lo permitía… Me miraba fijamente a los ojos y yo me perdía en ese mar que me regalaba su mirada. Margarita era el amor, Margarita era mi vida.

Una tarde, al llegar a casa, mi tío me esperaba fumando una pipa al lado de la ventana, mientras mi tía Remedios sollozaba en el sofá. Tenía las maletas listas y no querían volver a verme nunca más. El padre de Margarita, un empresario de renombre y con el poder de tener a toda la ciudad comiendo de su mano, había intentado organizar el matrimonio de su hija, cuando ésta se negó y dijo que ya estaba enamorada. Llamó a mi tío y le aseguró que le arruinaría los negocios y su fortuna si no me hacía desaparecer, juró matarme con sus manos si me veía. A mí, un chico de pueblo, de campo, a cuyo padre habían asesinado por pertenecer a un bando político y no a otro, a mí, a un pobre profesor de piano. No supe qué decir, me volví cobarde y me ahogué en el miedo. Cogí mis cosas y miré a mi tía, alcancé a ver en sus labios un “lo siento” empapado por las lágrimas que corrían en forma de cascada. Me fui de allí.

Durante dos tardes esperé en la puerta de la estación, a las cuatro en punto, como tantas otras veces. Al tercer día volví al pueblo. Me rendí a los tres días, me rendí por amor, por cobardía y por su bienestar. Ella no podría ser feliz conmigo, tenía pocos bienes que ofrecerle, ella estaba en otro mundo, en uno inalcanzable en el que yo sólo entraba para servirle, un mundo donde se aprendía a tocar el piano porque lo marcaba la sociedad y el estatus, un mundo en el que se fabricaban vestidos de seda a medida.

Años me costó superar aquello. A través de mi madre, que seguía hablando con mi tía, a quien nunca más volví a ver, me enteré que Margarita estuvo destrozada, que estuvo meses encerrada, llorando, sin comer, sin ganas de nada. Me enteré que con el tiempo se había casado con un amigo de la infancia, que la amaba, que la hacía feliz y la cuidaba. Me enteré que había sido madre cuando yo ya tenía a Juan, mi segundo hijo.

María fue una buena mujer, era maestra y adoraba el arte. Le encantaba escucharme tocar el piano, aunque a mí cualquier melodía, después de mis años en Valencia capital, me resultaba triste. Fuimos un matrimonio muy feliz. Me quiso con todo su corazón y yo la quise todo lo que pude. La respeté, la cuidé y juntos formamos una familia maravillosa, de gente buena, honrada y trabajadora.

No me gusta escuchar historias de amores imposibles, siempre me ponen muy triste.

Inexplicablemente, llega un momento en tu vida en el que sabes que no queda mucho tiempo. Te planteas qué has hecho mal, qué has hecho bien, y por qué el tiempo y los años han corrido tan deprisa.

Esta mañana, le he pedido a mi hija Paquita que coja el coche y me lleve hasta Valencia capital. Me enteré hace años que había heredado el señorial piso del cetro donde vivía con sus padres, donde tantas tardes de clases de piano compartimos, donde la besé una y mil veces y donde hice el amor como, lamentablemente, no recuerdo haber vuelto a hacer nunca.

Me miro las manos y todavía no soy consciente de que todo ha pasado, las arrugas recorren mi piel y me atrevo a entrar en ese edificio dónde observo un sólo nombre en el buzón. Margarita Martínez. Sólo su nombre. El de nadie más.

Mi hija Paquita ha aprovechado para hacer unas compras en la ciudad y yo he cogido el elegante ascensor hasta el piso tres. El portón de madera y pomo dorado aguarda en silencio. El timbre suena como si no hubiese pasado el tiempo. Tras la puerta abierta una mujer con cabellos blancos, elegante, distinguida, firme, serena, preciosa. Las arrugas le besan las mejillas y un sello imborrable ilumina su cara. Sus ojos verde esmeralda y el mar que en ellos habita me miran en silencio y se llenan de lágrimas. Sólo soy capaz de pronunciar a media voz, con el llanto en el pecho: Margarita

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Buenas noches, amigos.

Lorena.