Invierno de cobardía.

Diciembre siempre ha sido de mis favoritos, siempre lo fue. Diciembre es un mes agridulce, de despedidas y cosas buenas, de dejar atrás todo lo que hemos vivido durante un año y de guardar con fuerza todo aquello que queremos conservar en el siguiente. Diciembre me sabe a sueños, a algunos cumplidos, a otros que no, pero sobre todo, me sabe a sueños por cumplir, a los que vienen con ganas, a los que vas calentando para empezar en enero a darles la explosión y la forma que necesitan para seguir viviendo o, más bien, para empezar a vivir. Diciembre, a pesar de gustarme tanto, también me produce tristeza, por la necesidad de asimilar lo rápido que pasa el tiempo, por asimilar que ha pasado un año más, que queda uno menos, empezar diciembre es empezar el principio del fin.

Diciembre sabe a Navidad y reencuentros, a mi época favorita del año, a frío y luces de colores, a corazones alegres y ciudades encendidas.

Diciembre me gusta mucho y hoy te lo quería contar… Para estrenar el mes de la lotería y las cartas a Papá Noel, he creído que lo mejor era hacerlo con un relato, que ya sabemos que son nuestros favoritos, los tuyos y los míos…

Leed despacito, como siempre, y que los diciembres, aunque lleguen tan rápido, lleguen durante muchos, muchos años…

Invierno de cobardía.

No sabía qué le gustaba más del frío, si el olor a castañas en la calle o el chocolate caliente abrazado bajo una taza entre las manos, tras la ventana. Lo que sabía es que le gustaban las historias de amor, las buenas y las malas, las experiencias de la vida, los juegos de dos, las derrotas y las batallas vencidas… Aquel invierno arrojaba suspiros de nostalgia, de miedo y frustración. Aquel invierno iba a ser un invierno de cobardía, o quizás no.

Le gustaba el chocolate y odiaba el café, le gustaba la música clásica y odiaba la música pop, le gustaba leer en silencio y odiaba los lugares con mucho ruido… Siempre fue de polos opuestos, de blanco y negro, nunca entendió los tonos grises. Le gustaban las personas educadas, solía querer más a los animales que a los seres humanos, pero en su infinita esperanza por creer que el ser humano también podía ser bueno en exceso, le gustaba creer en los demás, confiar en el resto, entregar su corazón y recibir los corazones de otros, con tacto y con cuidado, para no hacer daño y que la vida jamás se lo pudiese devolver, porque ella sabía que la vida lo devolvía todo, hasta el último centavo de un gesto de maldad y que tarde o temprano acabamos sintiendo el daño que hemos provocado, ella no quería eso, no le apetecía sufrir en este paso tan fugaz por el mundo. Le gustaba disfrutar de los pequeños detalles, rodearse de buenos amigos, le gustaba elegirlos bien, le gustaba el dolor de tripa cuando llevas mucho rato riendo, le gustaban las risas y los caramelos, creía en un mundo mejor porque necesitaba pensar que era posible, se negaba a admitir que el mundo en el que vivía estuviese tan lleno de desgracias, de cosas tan malas que sólo el ser humano, con años y siglos de historias y hazañas había ido creando. Siempre creyó que los infieles se arrepentirían de mentir y de hacer daño, y que todos los que hacían llorar a otros volverían algún día para pedir perdón.

Esas cosas nunca solían suceder, pero a ella le gustaba creer que era posible.

Una vez, hace ya mucho tiempo, le habían jurado amor eterno, un amor de ese que se promete con la mirada y con el roce de los labios, de ese que entra suave por el oído y no te deja tener ninguna duda sobre él. Le prometieron cuidarla siempre, no dejar que nunca le sucediese nada malo. Le prometieron preparar chocolate los domingos por la mañana, aunque fuese a las dos de la tarde, le prometieron una vida con dificultades y realidades, pero a la que se haría frente cogidos de la mano, juntos para siempre. Creyó en aquellas palabras, en aquellas caricias y aquellos besos durante días, durante meses y durante años. Se entregó en silencio a noches de pasión, a días de discusiones, a momentos felices, a días de lágrimas, entregó su cuerpo y su alma a la vida misma, a una historia de dos, a una relación que creía que era lo mejor que tenía…

Un día, le fallaron.

Encontró un papel al que no le habría prestado importancia si no hubiese sido porque estaba en el bolsillo de un pantalón que iba a meter en la lavadora, tuvo que cogerlo y se sintió estúpida al ver cómo le temblaban las manos. Creía conocerlo absolutamente todo de él, y se sentía ridícula por dudar que aquella tarjeta de hotel, de la que nunca había oído hablar, no tendría una explicación. Durante horas estuvo dándole vueltas a una cuestión que la estaba matando por dentro mientras se negaba con una sonrisa, era imposible que él hubiese estado en aquel hotel, era imposible que él pudiese tener una amante, era imposible todo aquello que se le pasaba por la mente… Finalmente, y sin saber por qué, actuó con normalidad y no levantó la voz, se convenció tanto de no levantarla que fue incapaz de dejarla susurrar. Prefirió callar que dudar. Su corazón, sin querer, estaba cambiando, y su cabeza empezó a observar hechos que nunca antes había sido capaz de asimilar… Reuniones hasta tarde, cenas con amigos, mañanas de tenis sólo para chicos… Ausencias aparentemente justificadas que ella ya no creía.

Una mañana de sábado decidió seguirle, primero andando, callejeando, dando vueltas sin sentido, hasta coger un taxi. El nombre del hotel reflejaba en el cristal del coche cómo una llama de fuego, de las que queman y hacen daño, de las que carbonizan en alma y derriten los sueños. Se quedó en silencio y contempló el reencuentro. Era guapa, más joven que ella, quizás. Un beso y un abrazo que le parecieron no haber recibido jamás de forma igual, unas sonrisas envenenadas, una traición que ya no podía ser silenciada.

Fue incapaz de humillarse, de gritar y pelear, de escupir por su boca todo lo que pensaba, se llenó de dignidad, el odio se convirtió en fuerza, en frialdad, recogió sus cosas y dejó una nota. Justo al salir, con las maletas cargadas y la impotencia en los ojos, se encontró con aquel que le había prometido un amor eterno. Él no entendía dónde iba, y ella le explicó que tenía que marcharse, que tenía prisa y que cuando subiese a casa lo entendería. No le dejó abrazarla, ni besarla, ni retenerla, ni pedirle explicaciones, no le dejó pronunciar palabra. Le gustó dejarle allí, de pie con la duda, con el miedo y la incomprensión. Una nota le esperaba reposando en la mesa del salón. Le contaba que ella se había enamorado de otra persona, que llevaba años engañándole y que lo sentía, pero el amor que sentía por él sólo había sido una fachada de apariencia, que seguramente nunca le había querido de verdad. Le deseó suerte en la vida y le pidió que jamás intentase ponerse en contacto con ella, le pidió disculpas de forma cordial y le dijo que ahora podía empezar ella su verdadera vida. Ni un beso, ni un te quiero. Era la carta más fría y cruel que se había escrito en la vida.

Jamás volvió a verle. Le odió durante mucho, mucho tiempo, todavía hoy cree que le seguirá odiando de por vida. Jamás supo si aquella mujer había sido siempre la misma, o si las quedadas en aquel hotel habían sido con mujeres distintas. Ella tenía la fuerza y la capacidad de empezar de cero, de sobrevivir, de crear una vida con cosas sinceras y de verdad. Se instaló en un hostal durante unos días, hasta encontrar un pequeño apartamento dónde sentirse cómoda. Una vez quedó finalizada su nueva casa, desempaquetada la pequeña mudanza, y tener todos los detalles colocados en su sitio, se metió en la cama durante siete días, en los que lloró sin parar y descargó la rabia, en los que le maldijo y le deseó todo el desamor del mundo y en los que se juró a sí misma que ni un sólo hombre más la haría llorar, es más, se juró no dejar que nadie le volviese a prometer nada relacionado con la palabra amar…

Ella siempre fue de blanco o negro, nunca entendió los tonos grises, y su extremo en todas las decisiones de su vida, la llevaron a convertirse en una persona solitaria y triste. Se rodeó de amigos que le arrancaban risas, pero en cada una de sus sonrisas, los ojos de tristeza hacían de sombra enfermiza. La gente que la quería intentó ayudarla, intentó que volviese a ser la misma, la de los extremos, la del blanco o negro, pero la que sonreía de verdad, la que reía a carcajadas y la que creía en el amor y las personas. A ella le habían arrancado el alma.

Llevaba meses coincidiendo con él, siempre a la misma hora, en la misma parada de metro, en el mismo andén. Era alto y delgado, guapo, distraído y parecía simpático. Tenía el pelo oscuro y siempre iba un poco despeinado, escuchaba música con unos cascos y siempre llevaba un maletín. Vestía elegante y discreto. Jamás se admitió que empezaba a despertarle curiosidad, ni si quiera se lo contó a nadie. A veces intercambiaban miradas y ella rápidamente las esquivaba. Una vez, él hizo el amago de saludarla con una sonrisa, a lo que ella asintió sin despegar los labios, sin dejar que hiciesen ninguna mueca, con frialdad y miedo. Sabía que él la miraba, y ella no era capaz de volver la cabeza para confirmarlo. No quería acercarse a él y quería dejar de sentirse estúpida por la gracia que le provocaba aquel desconocido. Sin querer, empezó a sentir cómo se miraba dos o tres veces en el espejo antes de salir de casa, quería sentirse guapa. Un lunes por la mañana, a la misma hora de siempre, él no estaba. Empezó a ponerse nerviosa y dejó pasar el metro, no pasaba nada si esperaba al siguiente. Miraba de reojo las escaleras, esperando verle bajar corriendo, por haber llegado tarde a aquella cita diaria que les venía reuniendo desde hacía mucho tiempo. El metro llegó y él no apareció. Subió al metro y se odió a sí misma, por aquellos sentimientos que tenía y que se había prometido hacía mucho tiempo que no volvería a tener. Ni martes, ni miércoles. No estaba. Pensó que quizás había cambiado de trabajo, que quizás había decidido coger otra línea de metro para no tener que cruzársela… O lo que es peor, pensó que le podría haber pasado algo. El jueves se olvidó del tema, pensó que era mejor así, no quería que le gustara, porque no iba a permitir que ningún impulso la hiciese acercarse a él, pero cuando bajó al andén, ahí estaba, como siempre, con su maletín y sus cascos y entonces ella sintió como además de su boca, su corazón sonreía. Se sintió aliviada y se alegró de volver a verle. No hizo ningún gesto, y no se lo demostró.

Durante todo el día estuvo pensando que todo estaba bajo control, que le podía seguir viendo cada mañana. Segundos después se decía a sí misma qué habría pasado si realmente ya no le hubiese vuelto a ver, se preguntó qué habría sentido si realmente hubiese sabido que le había ocurrido algo y supo que ya no habría querido sentirse guapa por las mañanas. Supo que ya no querría estar en ese andén y supo que habría lamentado no haber intentado hablar nunca con él.

El viernes pidió un chocolate caliente, que sujetaba entre las manos bajo el frío de la primera hora del día. Se metió en la estación de tren y bajó las escaleras. Antes de asomarse al andén, se observó a sí misma, observó sus recuerdos, sus miedos y sus dudas y decidió quitarse todo eso de encima, decidió tirarlo a una papelera que vio cerca, y decidió que quería volver a creer en las personas, a creer que en el mundo existían las personas buenas, se quitó las dudas y la tristeza, cargó con la sonrisa y con las ganas. Dejó salir, poco a poco, la felicidad en su mirada y sintió que aquella mañana, estaba más guapa que nunca. Se puso a su lado. al lado del chico del maletín y los cascos y le sonrió. Vio cómo a él se le iluminaba la mirada y cómo se quitaba los auriculares. El metro estaba llegando y entonces ella le dijo:

-¿Tienes algo que hacer esta tarde?

Vio su sonrisa y supo que ya no tenía miedo.

La vida nos regala malas experiencias, nos pone a personas que no se van a quedar con nosotros en el tiempo, nos presenta a personas que nos hacen daño, pero también a otras que nos querrán siempre. La vida nos da una de cal y una de arena, una de blanco y una de negro, eso siempre. Pero los tonos grises, la mayoría de las veces, también están presentes, y entre la felicidad absoluta y la destrucción conviven la confianza, los miedos y las dudas, pero la vida es eso, un aprendizaje, nuevas cosas y nuevas oportunidades.

Aquel podía haber sido un invierno de cobardía, pero no lo fue.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

 

 

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Semaforismos y Garabatonías, hechos por amor.

 

¡Por fin viernes! No sabéis lo muchísimo que necesito unas vacaciones que están a punto de comenzar. Necesito paz y organización en mi mente para poder llevar a cabo el que seguramente vaya a ser el proyecto más bonito de mi vida del que poco a poco, cuando vaya cobrando forma, os iré hablando. Hoy vengo a hablaros de dos personas con las que estuve hace un par de días.

Hace ya mucho tiempo, creo que en mi primer año en Madrid, en uno de esos momentos en los que el amor hace un roto tan grande en el corazón que sientes que te duele el alma, una amiga me presento a Zahara (@Zaharapop) a través de una canción. Con las ganas se convirtió durante muchas noches en la melodía de mis lágrimas y en la voz del dolor que no era capaz de pronunciar. Esa canción es para mí una obra de arte y se convirtió en una de mis favoritas, lo sigue siendo a día de hoy, cuando el amor ya no duele. Porque el arte, sigue siendo arte. Me enteré que Zahara acababa de publicar un pequeño libro lleno de frases, con ilustraciones de Rebeca Khamlichi (@RebecaKhamlichi) y me puse en contacto con ellas para que nos sentasemos a hablar y me contasen las historias que envolvían este proyecto. Hoy te lo quería contar.

Nos reunimos en Lolina, un café vintage en pleno corazón de Malasaña, uno de mis rincones favoritos de esta ciudad. La entrevista estuvo llena de anécdotas, de risas y energía positiva, porque esta entrevista ha sido, para mí, un auténtico regalo. Cuando uno se encuentra delante de un artista, de un artista de verdad, la magia que envuelve el momento es indescriptible. Primero, porque el artista es capaz de transmitir su humildad y  su sabiduría y segundo, porque es capaz de transmitir el amor hacia su trabajo, sin ni si quiera ser consciente de ello. Yo tuve la suerte de sentarme frente a dos artistas increíbles. Dos mujeres luchadoras, fuertes, llenas de sueños y sobre todo llenas de amor por todas y cada una de las cosas que hacen. Esta entrevista es para ponerse cómodo y disfrutar, porque es larga, porque han habido muchas cosas que no han cabido y miles que no podían dejar de estar.

Semaforismos y Garabatonías ya está en mis manos y va a formar parte de mí. Una única edición de 500 pequeñas libretas llenas de frases, con una ilustración única en cada una de ellas, hecha sobre el papel, para ti, para mí, para todos aquellos que estén dispuestos a pagar diez euros simbólicos por algo excepcional. Gracias a Zahara y a Rebeca, por contagiarme de sus ilusiones y sus ganas, de sus letras y sus dibujos, por hacer que a partir de ahora los semáforos en rojo me parezcan una oportunidad para reflexionar, y los garabatos mientras se habla por teléfono, un sentimiento que plasmar. Gracias infinitas a Alba Artero (@bita_arte), por acompañarme y ser la mejor fotógrafa del mundo. Gracias chicas, por ser desde ya, parte de aquello que yo quería contar.

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Lo Que Te Quería Contar. En primer lugar, Zahara y Rebeca, bienvenidas a Lo Que Te Quería Contar. Es un placer teneros aquí.

Zahara, Rebeca: Gracias a ti.

LQTQC. “Semaformismos y Garabatonías” es el proyecto que habéis hecho juntas y claro, hay que empezar por esta pregunta. ¿Qué son los semaformismos y qué son las garabatonías?

Z: Los semaforismos como tal son poesías mínimas, yo tengo un blog (zaharapop.blogspot.com.es) que utilizo como folio en blanco, porque además siempre que empiezo a escribir lo tengo que publicar, a veces escribía algún poema o relato más largo y otras veces cositas muy cortas. Las empecé a publicar con el simbolito de hashtag (#) y en una de ellas puse: “Semaforismos: conclusión a la que llegas en un semaforo en rojo”. Me parecían que todas ellas eran un poco esto, pensamientos y conclusiones en un momento de espera, y que luego sigue tu vida y se quedan ahí como apartadas. Algunos son frases que he utilizado en mis canciones, algunos tienen un punto más de humor, otros más picantes o sexuales… Porque en una canción hay cosas que es más brusco decir, y aquí, sin embargo, puedes escribir. Era algo que tenía en el blog, y de repente, una editorial me propuso editarlo. Yo, respeto mucho a los escritores y a los poetas, y me parecía demasiado para mí, entonces dije que si esto se sacaba, se tenía que convertir en otra cosa, no iba a ser un libro de poesía mínima. Entonces fue cuando decidí, con Rebeca, crear esta libreta. Cada semaforismo aparece debajo de cada página en una libreta en la que cada uno podrá escribir luego lo que quiera. Las garabatonías son los garabatos que uno hace mientras habla por teléfono. Yo dibujo muy mal y entonces quise que estos dibujos los hiciese una artista con la que yo confiase y  pensé en Rebeca Khamlichi. Sus garabatos son obras de arte. Sólo hemos hecho una edición de 500 cuadernos y ella dibuja uno en cada uno de ellos.

R: Mis garabatonías dependen siempre del estado de ánimo. Cada una de ellas es una pieza única, tengo una que es sobre una experiencia que tuvimos muy negativa, en la que casi sufrimos un accidente de avión, por ejemplo. He ido dibujando cosas que nos han ido pasando. La idea es poder hacer luego una exposición con los 500 dibujos, que he ido fotografiandolos a medida que los he ido haciendo… Los libros están hechos, pero los dibujos se están creando. En la feria del libro, los iba haciendo a medida que la cola avanzaba y los lectores llegaban a nosotras. Hay de todo, desde corazones, barcos, extraterrestres, calaveras, mariposas… Los semaforismos son ideas geniales. Ella no lo ve, porque al fin y al cabo, son ideas suyas, pero son verdaderas genialidades. Muchas veces no le damos valor a lo que hacemos, pero ella ha creado algo muy grande.

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LQTQC. Vosotras ya habíais trabajado juntas, ¿verdad?

R: Sí, en las ilustraciones. Esto surge de una idea y un momento loco en el que yo me pongo a dibujar frases de sus canciones. He usado muchísimas veces las canciones de Zahara para pintar, escuchaba una misma canción una y otra vez para pintar un sólo cuadro.

Z: Un día se nos ocurrió la idea de ilustrar las frases y nos pareció un proyecto muy guay. Hemos hecho dos series, la primera en la que ella me dibujaba a mí como con la canción o lo que le inspiraba la canción sobre mí. Luego hizo una serie de tres corazones con tres frases, las tres son frases que puedes decirle a alguien, y son : “Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos”, “Mi lado favorito de la cama eres tú” y “Todo lo que llevas puesto déjalo en el comedor y quédate sólo con el resto que queda en tu corazón”. Son reproducciones que hacemos para el Mercado Central del Diseño, donde Rebeca está cada primer fin de semana de cada mes. También hemos vendido los originales, y todos los originales los tienen personas muy especiales.

R: Es un proyecto muy curioso porque unes dos cosas que no están, a primera vista, muy relacionadas. La gente que es amante de la música, el arte no es una cosa que le llame tanto la atención, y la gente que es más de arte tampoco es la música lo que más les llama la atención. Hemos hecho que seguidores de una hayan descubierto a la otra.

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LQTQC. ¿Hay posibilidad de ampliar esta edición de 500, o cuando se acabe, “fin”?

R: Creo que yo no he hecho 500 dibujos originales en mi vida (risas). Es mucho trabajo psicológico, porque cuando estoy sola, por ejemplo, y tengo que hacer 30 seguidos, a veces, se acaban las ideas.

Z: Quizás en un futuro sí reedito los semaforismos. De hecho, ya tengo algunos para el siguiente libro. Aquí hay 83 porque es el año en el que nací y los metros del General Sherman, el árbol más grande del mundo, que además hablo de él en una canción. Siempre busco el metalenguaje, que haya información dentro de la información. Nada de lo que hago es al azar. Quizás uniría estos ya editados, con algunos más y buscaría el sentido de ese número, pero ya lo haría sola. A Rebeca le pediría la portada, claro, y ya. (Risas).

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LQTQC. Tras haber estado en varias ferias del libro, ¿Habéis encontrado un público objetivo definido?

Z: Yo sabía que gran parte de ellos iban a ser lectores del blog. Muchas veces me preguntaban cuándo publicaría y en realidad, creo que esto ha sido más pensando en ellos, en esos fans que me quieren tanto y quieren algo más. Ahora mismo, estoy parada en el ámbito musical, estoy preparando mi próximo disco y esto me parecía algo bonito que ofrecer en este momento de espera. En este semáforo en rojo de la vida, regalarles un poquito de mí.

R: Es más bien un regalo. Es un regalo porque ella ha sacado la timidez de sus ideas, que aunque le parezcan pequeñas, repito, son genialidades y además cuentan con el esfuerzo de dibujar para que se lleven algo especial.

Z: Nosotras esto lo hemos hecho por amor, por el amor que nos tenemos nosotras, por el amor que tenemos a nuestros fans… Tenemos mucha ilusión, a pesar de estar quemadas por muchas cosas, seguimos teniendo ilusión. Diez euros es algo simbólico, el dinero se saca de otras cosas.

LQTQC. Zahara, tú que nos tienes tan acostumbrados a la música. ¿Qué diferencia hay entre firmar un libro y firmar un disco?

Z: La verdad que el primero fue complicado. Me daba mucha vergüenza. Pero se me pasó, porque Rebeca ha estado siempre a mi lado. He vivido cada feria del libro como una “fiesta de cumpleaños”, nada era por obligación. Siempre pongo una dedicatoria pensando en lo que estoy firmando, siempre intento que esté relacionado, o incluso muchas veces firmo relacionado con el dibujo que ha hecho ella.

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LQTQC. Vivimos en una época ligada totalmente a la tecnología en la que incluso los libros electrónicos han cobrado protagonismo. ¿Vosotras sois de las que tenéis un ebook en casa o sois fieles al papel?

R: Yo tengo el ipad y se pueden leer libros, pero jamás he leído un libro ahí. Soy fiel al papel y además soy de acumular muchos libros. Me encantan los dibujos anatómicos y tengo muchísimos libros de medicina, por ejemplo. Tengo una grandísima colección.

Z: Yo tengo uno. Cuando me lo regalaron me dijeron: “esto quizás lo odias”, y es cierto que es muy cómodo y demás, pero acabo yendo a la librería a comprar un libro. Soy de dejarme los hombros sujetando el libro en la cama, me gusta pasar páginas, poder tocar el papel.

LQTQC. ¿Creéis que la gente lee lo suficiente?

Z: Creo que esto es muy parecido a la música. Cada vez hay más diferencia entre el que vende y el que no. De repente, el que vende se convierte en un best seller y hay cientos de ediciones y, en cambio, hay libros muy buenos que no pasan de la primera edición. Muy pocas veces esto tiene que ver con el talento. Hay mucha gente que le gusta leer, pero no se preocupa por leer. A mí me encanta leer, hay veces que leo un libro por semana, a veces dos y a veces medio, pero leo constantemente. Parece que ahora con el movimiento hipster se ha puesto muy de moda el leer, pero sigues viendo que es un sector muy pequeño. No hay una educación familiar en los niños para que ese niño crezca leyendo. En mi casa, por ejemplo, yo no recuero a mis padres viendo la tele, les recuerdo leyendo, y yo tengo miles de cuentos infantiles. Un niño que no ve en su casa un libro, es muy difícil que vea esto como algo interesante.

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LQTQC. Imagino que vosotras habéis aprovechado el tirón de las RRSS y vuestro alcance en ellas para promocionar este libro. ¿Habéis sentido el apoyo suficiente por parte de medios de comunicación o creéis que para muchos artistas la única opción es la auto promoción?

Z: En general, creo que la mayoría de los artistas se basan en la auto promoción. Yo lo empecé a hacer hace ocho años sin ser consciente de que lo estaba haciendo. Me comunicaba con mis fans a través de My Space y me di cuenta que eso repercutía en que venía más gente a verme. Esto lo hemos promocionado nosotras, la editorial habrá hecho su trabajo, los medios que se han interesado han sido sobre todo los medios de Úbeda, porque es verdad que se preocupan mucho por todo lo que hago y es muy bonito sentir el apoyo de tu gente. La auto promoción es esencial y lo seguiré haciendo. Pero por un lado, esto me da rabia, porque hay personas que por esto se llevan una comisión, intermediarios que este es su trabajo, y no hablo de mí personalmente, pero muchas veces aprovechan que no es necesario porque los artistas ya movemos nuestra gente gracias a las redes. Creo que todos debemos trabajar juntos.

LQTQC. Muchísimos lectores se estarán preguntando… ¿Cuándo llega el próximo disco de Zahara?

Z: El año que viene. Hasta que no he parado de tocar, no he empezado a escribir. Tengo ya canciones compuestas, de hecho, está practicamente acabado el disco. Ahora viene todo el proceso posterior, todo lo que no depende de mí. Búsqueda de discográfica, productor, grabación del disco, promoción… De aquí a que lo grabe, seguiré haciendo canciones, algunas seguro que todavía no están compuestas, otras que igual se caen… Lo que queda ya no depende tanto de mí, pero me muero de ganas. Estoy trabajando mucho, me gusta hacer las cosas bien. No sigo patrones comerciales, no puedo sacar un disco porque toque, quiero sacar un disco cuando diga “este disco me encanta”, necesito estar segura de que lo que estoy haciendo es lo mejor que he hecho hasta el momento.

LQTQC. ¿Y los próximos proyectos de Rebeca?

R: No se pueden contar (Risas). Soy súper maniática, me da mucho terror contar los proyectos por si se gafan. Conté un proyecto que me hacía muchísima ilusión y finalmente se cayó y ya decidí no volver a contar nada. Me muero por contarlo, pero son tan molones y me hacen tanta ilusión que, de momento, me lo tengo que callar.

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LQTQC. Hemos hablado mucho de vuestro libro, y en Lo Que Te Quería contar siempre se da mucha importancia a los recuerdos porque creo que es uno de los tesoros más valiosos que poseemos los seres humanos. ¿Cuál es el primer libro que recordáis de vuestra vida?

Z: El primer libro que recuerdo formaba parte de una colección de una editorial de cuentos infantiles y juveniles, recuerdo que venían con un casette y podías tanto leer como escuchar el cuento. Mi favorito era sobre un gato negro que vivía en una casa con una señora mayor, y a mí me ponía muy triste porque siempre pensaba que al gato le iba a pasar algo malo. De hecho, cuando yo tenía unos ocho años, le escribí un cuento a mi padre sobre gatos.

R: No recuerdo el primer libro, recuerdo cuentos, pero es verdad que el primer libro que me impactó porque me encantó se llamaba “Los Cretinos”. La historia iba de un matrimonio que todo el rato se hacían putadas el uno al otro. Había una parte que me encantaba, en la que ella se apoyaba en un bastón y él cada día le cortaba un centímetro al bastón para hacerle creer que estaba encogiendo y que iba a desaparecer. Ellos eran horrorosos. (Risas).

LQTQC. ¿Y vuestro libro favorito?

Z: Además de ficción, me gusta mucho leer libros de antropología, divulgación científica, ensayos… Hay un libro que recomiendo a todo el mundo que ojalá yo hubiese descubierto mucho más joven, porque me habría ayudado a entender muchas cosas. La autora, Louann Brizendine, es una neurobiologa y el libro se llama “El cerebro femenino”, también escribió sobre el masculino. Habla sobre la diferencia de géneros y cómo somos hormonalmente distintos. Habla de cómo entendernos, comprendernos y querernos. Además es súper ameno.

R: Yo no te puedo decir un libro favorito, pero hay uno que he leído varias veces, sé que a mucha gente no le gusta y yo no consigo entender. Es un ensayo de David Foster Wallace. Le mandaron a hacer un artículo para una revista de moda sobre un crucero de lujo y se acabó convirtiendo en un libro impresionante que se llama “Algo supuestamente divertido que nunca más volveré a hacer” y es increíble ver cómo le entró la obsesión por cosas muy simples, simplemente por no tener nada que hacer, sólo tenía que disfrutar del crucero. De verdad me parece muy, muy interesante.

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LQTQC. ¿Sobre qué tema nunca escribiría Zahara y sobre qué tema nunca dibujaría Rebeca?

R: No dibujaría nada sexual nunca. Estéticamente no me interesa absolutamente nada. No he pintado nada sexual en mi vida. En cambio, si fuese escultora creo que esculpiría cuerpos desnudos y lo disfrutaría mucho, pero en la pintura no me atrae nada.

Z: Yo nunca escribiría sobre música. No daría mi opinión sobre nada de mi propio gremio, porque le tengo mucho respeto. Ni desde el punto de vista crítico, ni crónico. Escribiría sobre lo que la música me hace sentir. Escribo sobre muchas cosas, algunas sólo las escribo y otras las canto y ahí tengo mucha libertad, porque hay cosas que escritas son muy simples y cantadas son muy fuertes, o al revés, cosas que puedes escribir y que jamás quedaría bien en una canción. Hay gente que sabe mucho sobre música, yo sé de lo que siento con la música, sé que me vuelve loca y que es mi vida, pero jamás escribiría sobre ella.

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LQTQC. Y para ir terminando, ¿un sueño que os quede por cumplir?

R: Como sueño prioritario a corto plazo: adoptar más galgos, y un sueño a lo bestia sería que nos concienciásemos todos. Somos un país que hemos avanzado en muchas cosas pero que tenemos todavía una crueldad con los animales que es inaceptable para el año en el que estamos. Seguimos haciendo cosas sin sentido y eso me entristece muchísimo.

Z: Mi sueño es seguir haciendo cosas, soy incapaz de proyectarme en nada. No me planteo nada por si luego no pasa. Para mí, la decepción es la enfermedad más destructiva, así que voy por la vida sin esperar mucho de ella y así todo lo que va sucediendo me lo llevo como una sorpresa maravillosa. Quiero seguir haciendo cosas y no perder la creatividad, ese es mi sueño.

LQTQC. Muchísimas gracias chicas, muchísima suerte en todos vuestros proyectos y os espero aquí siempre que tengáis algo que contar.

Z, R: Muchas gracias a ti.

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 Feliz viernes, amigos.

Lorena.

 

Nuestros sueños, amigos, son sólo nuestros.

¡Por fin sábado! Hoy es uno de esos días que voy a coger con ganas…El té de frutos rojos deja su aroma por toda la habitación y yo me siento frente al ordenador para hablaros de unas historias que ni si quiera son mías, pero creo que es necesario que conozcáis.

Podríamos hablar, de nuevo, de la persecución de los sueños. Ultimamente, es una moda establecida que la gente mande mensajes positivos, que enmarque fotos con frases gritando que el día va a ser estupendo, o que puedes comerte el mundo, si quieres. Una vez más, nos damos cuenta que todos somos excesivamente parecidos. A todos nos encantan esos mensajes. Nos encanta dar consejos de felicidad y nos encanta creer que podemos ser realmente felices, porque como bien sabéis, la esperanza es lo último que se pierde.

Sí es cierto, que las cosas en este país parecen cada vez más feas. Sólo necesitamos echar un vistazo a un periódico, o ponernos a ver un día las noticias de la televisión. La información que nos rodea es realmente lamentable, y no lo son los informadores, lo es el contenido. El otro día escuchaba la noticia de un matrimonio de 80 años que en menos de un mes van a ser expropiados, les van a quitar su casa. ¿Cuándo vives en un país así, puedes sentir otra cosa que no sea vergüenza? ¿Si se atreven a destruir la vida de unos ancianos, que siempre han sido reyes merecedores de respeto, cómo no lo van a hacer con los jóvenes a los que muchas veces no han tomado en serio? Pensé en todos nosotros, en toda nuestra generación, pensé en todos los niños que van a crecer y convertirse en adultos y pensé en lo negro que se les presenta el panorama. A mí lo que más rabia me da en este país, en esta situación económica y social es que no todos estamos en las mismas condiciones. Ricos y pobres han existido siempre, ya no podemos hacer nada frente a eso. El problema es cuando unos cuantos se hacen ricos a causa de los pobres. Ahí, amigos míos, radica el problema y la irracionalidad de todo lo que estamos viviendo. Tenemos unos políticos llenos de corrupción, de sonrisas frías frente a las cámaras, de falsedad, de despreocupación a los que les encanta decir que las cosas se van a solucionar mientras nos roban, mientras siguen con sus vidas caras y dejan que miles de niños en nuestro país sean víctimas de la desnutrición. Vergüenza, rabia, impotencia. Sólo puedo decir eso.

Si ante las cosas vitales, básicas, a las que tenemos derecho, nos estamos quedando desnudos… ¿Cómo se van a ocupar de nuestros sueños? Pues de nuestros sueños, señores, nos ocuparemos nosotros, que para eso son nuestros. El poder de las redes sociales no encuentra fronteras, y cada vez son más los jóvenes que apuestan por buscar ahí una salida, y demostrar ahí sus capacidades, sus ilusiones y su arte.

Mi amiga Alba es una de esas personas que la vida ha querido regalarle al mundo, es la bondad pura en forma de ser humano. Alba es ternura, es dulzura, es delicadeza, es amor, es una dulce fragancia, es una sonrisa sincera y un abrazo puro… Y mientras escribo estas cosas, me doy cuenta lo afortunada que soy teniéndola en mi vida. Instagram es una de las redes sociales más populares actualmente. La gracia consiste en subir una foto, ponerle un título y esperar que tus seguidores le den me gusta o no. En Instagram nos hemos acostumbrado a ver la vida de las personas en fotos, qué comen, a dónde viajan, qué ropa han comprado o cuáles son sus cafeterías favoritas… Muchos artistas han escogido Instagram como escenario de sus trabajos. Miles son los fotógrafos que llegan a todo el mundo a través de esta aplicación de móvil, miles son las personas que muestran su trabajo en imágenes, y Alba es una de ellas. Lo curioso es que Alba no es fotográfa, pero utiliza la fotografía como portada de unos microcuentos que son, sinceramente, maravillosos. Hace unas semanas que decidió empezar con esta aventura y yo, observándola en silencio, entre “me gusta” y comentarios de la gente, sabía que tarde o temprano necesitaría hablar de ella y lo que crea con sus manos.

Hoy te quería contar unos microcuentos que no me pertenecen… Estoy segura que tras leerlos, vas a querer ir a Instagram y seguir su cuenta: @microarte_

Poneos cómodos y disfrutad… Aquí os dejo algunos de ellos.

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“Dónde está el límite, ¿qué se puede considerar ilícito? Todos los días apuntaba en un cuaderno las veces que se engañaba al día. Como si de un juego se tratase, ella sabía que esta vez la máxima puntuación era la que le hacía perdedora. Buscó en el diccionario y leyó en alto: “2.m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda lo contrario a lo que desea.” Sabía que le faltaba algo a esa definición… Una especie de moraleja, cuando recurrimos a esa definición lo más probable es que ya esté sucediendo lo contrario a lo que deseas o ya haya sucedido. Decidió cerrar los ojos, dejar de respirar y esperar. Siempre pensó que en último suspiro la mente se llenaría de imágenes reveladoras, respuestas ocultas y reacciones desconocidad. Algo le rozó la espalda y subió a su pierna. Inmediatamente supo qué tenía que hacer, a veces sólo hace falta que alguien apoye  su mano en tu espalda o, en este caso, su pata en la piel para ayudar a calmar escalofríos, para despejar laberintos sin salida.”

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“Tienen vida propia, saben qué piensas y cómo vas a reaccionar. Cuando estás dejando de creer en ellas aparecen y cuando aparecen, sentencian. O, ¿somos nosotros? ¿Necesitamos creer en algo aparentemente ajeno a nuestras decisiones para poder decidir? Ató desesperadamente su vida a ‘las señales del destino’ como fuerza mayor. Si se enamoraba de alguien, y una foto de esa persona se caía de la pared de su habitación, tenía que alejarse de ella. O, ¿quizás eso sólo la ayudaba a decidir sin sentirse desprotegida? Las señales se lo indicaban… No estaba sola en esta decisión. Ya. Cobardía o cierta fe. No ha tenido más miedo en su vida como el que tiene ahora. Porque ahora sigue viendo señales, pero no van en la dirección que ella quiere ir. ¿Quién nos asegura que la decisión que tomamos es la correcta? Nadie. Eso es lo bueno o malo de la vida. Nosotros, al final, somos los que elegimos, ¿no?”

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“No tengo palabras, de corazón, no las tengo…” Martina hundió sus ganas en el abrazo más largo que supo dar. Leticia le había enseñado un lienzo, hecho para ella, para su nuevo escondite de magia y religión sin Dios. Le quería robar toda la tristeza que tenía en las manos, quería romper esa oscuridad que no le dejaba amasar la vida a su gusto. Las lágrimas de Martina eran señales que anunciaban una calle cortada por Leticia. No sabía cómo salir de allí, y sobre todo, no sabía cómo sacarla… Llevaban años dibujándose, una a la otra, fantasías en el cielo, sin querer saber que la solución era crear realidad en la Tierra”.

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“Todos sabían qué ocurría, nadie quería empezar esa guerra. Una guerra llena de dolor. Con abrazos como curas y con recuerdos dolorosos como armas, tiros en el pecho y cortes en la piel. La guerra de las cicatrices abiertas. De la película con final infeliz e inevitable. Las imágenes se mezclaban en la cámara de su interior, en sus sueños. Hospitales, luces cegadoras, sonidos desagradables, palabras que se apagan, lágrimas que nacen y no morirán nunca. Una vida se apaga y nadie hace nada. Y no hay mayor explicación: nadie hace nada porque no hay nada que pueda hacer nadie. Ante el ladrón de sístoles y diástoles, nadie tiene la carta vencedora, nadie tiene un as en la manga ni otro juego al que recurrir. Bajó la mirada  mientras una lágrima recorría su cara, pidió un minuto de silencio completo. de ojos cerrados y lentos latidos. Un minuto de sol en blanco y negro. Un minuto de silencio como homenaje al silencio eterno que se creó en su cuerpo una vez el corazón de su madre dejó de latir.”

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Porque el arte puede estar en las cosas más pequeñas, porque podemos encontrar arte en aquello que nos emocione, que nos transporte, que nos haga soñar. Porque creo que Alba todavía no es consciente del talento que tiene en esa cabecita y en esas manos que traducen lo que su corazón dicta. Porque creo que todos deberíais seguir su cuenta, y deberíais leerla… Con cada historia, con cada emoción, con cada microcuento. Porque me siento afortunada de rodearme de personas como ella. Porque aunque haya quienes se creen con el poder de arrancarnos nuestros derechos y nuestras vidas… Que nunca crean que podrán arrancarnos nuestros sueños. Porque nuestros sueños, amigos, son sólo nuestros.

Feliz sábado,

Lorena.