Quiero despertar.

Si os digo la verdad, hoy no sabía sobre qué escribir. Llevo varios días con un resfriado que se me ha llevado las energías y quien sabe si quizás en cada estornudo se haya ido también la inspiración…

Hoy te quería contar que mis compañeros del colegio son muy especiales para mí. Con ellos crecí y con ellos tengo la suerte de, todavía hoy, conservar una amistad maravillosa. Quienes me conocen saben que mis sueños son dignos de guión de película americana, mi imaginación es capaz de desvariar y rozar los límites más extremos y lo mejor es que siempre, al despertar, me acuerdo perfectamente de lo que he soñado… Sólo lo olvido cuando han pasado varias horas o varios días. Mis amigos del colegio y yo tenemos un grupo de whatsapp bastante activo en el que seguimos contandonos nuestros proyectos y compartiendo nuestros recuerdos. Hace una semana, más o menos, les escribí a las cinco de la madrugada para decirles que me había despertado llorando de una pesadilla en la que ellos eran los protagonistas. Hoy, he querido convertir ese sueño, adaptando detalles a mi historia, en un relato.

Casual y desgraciadamente, estos últimos días, un trágico accidente de autobús protagoniza las portadas de la prensa de nuestro país. A veces, creo que no somos conscientes de la cantidad de vidas que se cobra la carretera y en la mayoría de los casos, los accidentes son consecuencia de la irresponsabilidad del ser humano.

Aquí te dejo esta historia, para leer despacito, como siempre….

*Per a la classe C, per continuar siguent companys d’aventures més enllà de l’espai i el temps… ;)*

QUIERO DESPERTAR.

Hay momentos en los que quieres cerrar los ojos con fuerza, con tanta fuerza que al despertar nada siga igual, que todo haya cambiado, que todo haya pasado, que los miedos y el dolor sean una mentira, que sean una pesadilla de la que poder despertar. Hay veces, que por mucho que cierres los ojos con fuerza y por mucho que desees que todo haya cambiado, cuando los abres sientes que el dolor aprieta con más ganas y que la realidad te va a consumir, que la pesadilla es real.

Crecimos juntos. Cuando los años pasan y miras hacia atrás sabes que tus compañeros del colegio siempre serán una parte imborrable de tu vida, aquellos con los que tantos años, tantas horas y tantos momentos pasaste, aquellos con los que soñaste, con los que inventaste historias o con los que te peleaste, aquellos con los que celebraste cumpleaños y a los que les prometiste que siempre estarías a su lado… La mayoría de las veces, nuestros compañeros del colegio se quedan como un recuerdo bonito en la memoria, algunos de ellos te acompañan a lo largo de los años como ese “amigo de toda la vida”, pero desgraciadamente, cuando crecemos tomamos caminos tan distintos que pocas veces es fácil seguir conservándoles más allá de unos bonitos momentos almacenados en la mente, como fotografías en blanco y negro.

Hace más o menos cinco años, Rosana nos escribió un e-mail de esos en grupo para preguntarnos qué había sido de nuestras vidas, para contarnos que ella iba a salir del país por mucho tiempo para estudiar un doctorado y le había entrado la nostalgia, para intentar que nos volviésemos a reunir y nos pusiésemos al día en todo. Conseguimos reunirnos la mayoría, fuimos felices de volver a sentarnos, de contarnos cómo nos habían tratado los días, cómo habían sido nuestras épocas universitarias y cómo eran nuestras vidas de adultos. En aquel reencuentro reímos sin parar, nos dimos cuenta que habíamos cambiado, pero algo dentro de cada uno de nosotros seguía igual: el cariño que nos teníamos los unos a los otros.

Hicimos oficiales aquellas quedadas, dos veces al año, en Navidad y en verano, aprovechando las vacaciones en las que siempre volvíamos a casa los que nos habíamos ido hacía ya unos cuantos años. Nuestras vidas eran muy distintas, estaban los que todavía vivían en el pueblo y los que no, los que habían ido a la universidad y los que no, los que ya eran padres y los que no. Entre nosotros, varios músicos, un pintor, una psicóloga, una periodista, una peluquera, una esteticista, una bióloga, una militar, un empresario… Nuestros sueños nos habían llevado bien lejos y compartirlos en el tiempo era todo un privilegio.

Hace seis meses, a Joan se le ocurrió la idea de organizar un viaje juntos, nosotros, sin parejas, sin hijos, sin trabajos, un viaje dedicado a nuestros recuerdos, un viaje inolvidable que seguramente no habíamos podido hacer jamás. Cuando teníamos diez años habíamos viajado a Toledo, una semana y todo gratis, gracias a un concurso que habíamos ganado, y aunque con el tiempo, aquel nos seguía pareciendo uno de los viajes más bonitos de nuestra vida, la idea de hacer una escapada todos juntos empezó a gustarnos. Los destinos se barajaron entre mil posibilidades, desde un fin de semana en Benidorm, hasta unos días en Praga. Iba a ser difícil cuadrar agendas y presupuestos, pero no era imposible. La idea se nos fue tanto de las manos que acabamos contratando el viaje de nuestros sueños: ocho días en el caribe. Como si de una excursión de fin de curso se tratase, vivimos los preparativos como auténticos adolescentes, incluso hicimos mecheros y vendimos lotería para sacar algo de dinero. La situación era tan surrealista…

Convertimos nuestra ilusión en una realidad. Viajamos desde Valencia hasta Madrid en autobús para coger el avión que nos llevaría a las mejores playas de México. Iba a ser inolvidable. Nuestro viaje había salido de una locura, y sabíamos que las locuras son las cosas más divertidas de la vida.

Aquel viaje nos cambió la vida.

Ya no existían los niños que habíamos sido, pero convertidos en adultos, fuimos capaces de crear una convivencia maravillosa y hacer de cada momento algo indescriptible. Creo que a ninguno se nos había olvidado el amor que nos teníamos los unos a los otros, pero si algo allí creció, fue eso, el amor y el cariño. La felicidad de desconectar de la vida real, de la rutina, la felicidad de revivir momentos, la felicidad de compartir algo inolvidable y lo mágico de hacerlo con personas con las cuales unos años antes no lo habríamos imaginado.

Nos dedicamos a hacer excursiones, a ser turistas en estado puro, pero no nos olvidamos de relajarnos, de bañarnos en las playas, de comer libremente en los hoteles, de beber durante todo el día…

En algún momento quisimos volver a ser quienes fuimos, revivir amores que nunca vivieron… La última noche, entre risas, bailes y copas, se me ocurrió decirle a Javi que siempre me había gustado. No sé por qué lo hice, mi vida y mi pareja seguirían estando ahí cuando bajase del avión de vuelta. Me dejé llevar por el momento, por la situación y el estado de mi mente y cuerpo. Él se reía y me abrazaba para bailar. Nos reíamos y nos dejábamos abrazar y encontramos en salir a tomar el aire la excusa perfecta para perder la cabeza. Nunca nos habíamos besado y aquella noche nos besamos cómo si supiésemos que nunca más nos podríamos besar. Nos besamos como adolescentes, con esa pasión y ganas, pero con el miedo que a veces tienen los adultos. Nos dejamos llevar y nos habríamos dejado llevar mucho más allá si no hubiese sido porque escuchamos a Marc, Paco y Jose, tambaleándose a nuestras espaldas. Sólo cuando me separé de sus labios sentí la culpa sobre mí y me arrepentí de lo que había hecho.

A las doce del mediodía, nos encontramos todos en la recepción del hotel. Todos sabían lo que había sucedido, aunque nadie se atreviese a decir nada. Me sentí inmadura e irresponsable, quería morirme de vergüenza y me dije a mi misma que tenía que olvidar que aquello había sucedido. No fui capaz de mirarle a la cara, ni le volví a dirigir la palabra, quizás así podría borrar mi error.

Siempre tuve mucha facilidad para dormir en cualquier medio de transporte y ya había pasado todo el camino de ida durmiendo en el avión, pero esta vez, mi conciencia me lo impedía. A mi lado, Pepi i Jenni dormían plácidamente, combatiendo los estragos que el alcohol había dejado en sus cuerpos la noche anterior. Mientras intentaba leer una revista que no me interesaba lo más mínimo, Javi se me acercó sonriendo para preguntarme si podíamos hablar.

-Lo siento, no quiero hablar. Es mejor que no hablemos. Siento mucho lo que pasó ayer.

-Sólo venía a decirte que no quiero que te preocupes por nada, por mi parte está todo olvidado. Lo que ha pasado en Riviera Maya, se queda en Riviera Maya.

Asentí sin ni si quiera mirarle, pude ver de reojo su cara de indignación y cómo volvía hacia su asiento.

Aquellas doce horas de vuelo se me hicieron eternas, sólo quería llegar a España y que los días pasasen. Es más, quería tardar mucho tiempo en volver a verle, tanto que el olvido ya se hubiese apoderado de mis recuerdos sobre esa noche.

Por otro lado, me era inevitable sonreír. Habían sido unos días maravillosos, habíamos sido muy, muy felices todos. Habíamos viajado en el tiempo y habíamos fortalecido hasta el infinito nuestra amistad del presente.

Cuando llegamos al aeropuerto de Madrid el autobús que nos llevaría de nuevo a Valencia ya nos estaba esperando. En el fondo, aunque todos nos habríamos quedado con aquella maravillosa vida que habíamos tenido en el paraíso, teníamos ganas de ver a nuestras familias, a nuestros perros, y en al caso de algunos, a sus hijos.

La noche guardaba el silencio de la carretera. Me senté en el fondo del autobús, porque por alguna extraña razón siempre me gustaba ir en esa parte. La mayoría se volvieron a dormir en este trayecto… Pasamos por un pueblo pequeño, lleno de luces, en silencio y con frío, con el tostado de nuestra piel y el olor a coco y mar en las maletas, me pareció tan bonito que busqué unos ojos despiertos cerca de mí. Llorenç también miraba por la ventana y me sonrió cuando le dije que aquel pueblo me parecía precioso… No sé si llegué a terminar la frase… No sé muy bien qué pasó después… Escuche un golpe fuerte, empecé a sentir cómo todo a nuestro alrededor se desordenaba, empecé a escuchar gritos de los que dormían y sentí como el autobús empezaba a dar vueltas infinitas… No soy capaz de recordar con claridad.

Lo siguiente que recuerdo es que me desperté en el suelo, rodeada de cristales, de sangre y silencio. No había llantos, ni gritos, ni ruido. Un pitido fuerte penetraba en mis oídos… Quise levantarme, pero no tenía fuerzas. Tenía miedo, mucho miedo. No sé cuánto tiempo pasó hasta que vi a Alex acercarse a mí, arrastrándose por el suelo, fui capaz de incorporarme y decirle que estaba bien. Estaba llena de sangre, me dolía todo el cuerpo, seguramente tenía el brazo roto, pero estaba viva y eso era suficiente como para sentir que estaba bien.

Escuché voces, vi luces de otros coches que se habían detenido, escuché sirenas y supe que las ambulancias corrían rompiendo el silencio de aquella noche y los sueños de aquel viaje… No fui capaz de ponerme de pie hasta que dos médicos me ayudaron a ello, aun así, el silencio me parecía demasiado fuerte…

No les había visto a casi ninguno de ellos. Los vi cuando consiguieron ponerme de pie, los vi tumbados en el suelo, los vi muertos… Me desplomé en ese mismo instante y me desperté en el hospital. Había sobrevivido. Yo era una superviviente. Superviviente de un trágico accidente. Cuando abrí los ojos vi a mi madre, llorando desconsoladamente, vi a mi marido y no me atrevía a preguntar qué había pasado realmente.

Ruth, Álex, Lorena y yo habíamos sido los únicos supervivientes. El conductor se había dormido al volante.

No quería moverme de aquella cama, ni de aquel hospital, no era capaz de ser feliz por seguir con vida, no era capaz de asimilar que aquello no era una pesadilla. La imagen de sus cuerpos, en el suelo, sin vida, me perseguirá cada vez que cierre los ojos el resto de mi vida. Mis amigos, mis amigos de siempre, con quienes compartí sueños, juguetes y peleas, con los que me burlé del paso del tiempo, con los que me volví a reunir, con los que hice el viaje más maravilloso de mi vida… Javi, a quien había deseado no volver a ver en mucho tiempo… Todos ellos ya no estaban, ya no estarían jamás, por la imprudencia de un conductor, por no saber parar a tiempo, por dejarse llevar por el cansancio y el sueño. Mis compañeros, mis amigos…

Hay momentos en los que quieres cerrar los ojos con fuerza, con tanta fuerza que al despertar nada siga igual, que todo haya cambiado, que todo haya pasado, que los miedos y el dolor sean una mentira, que sean una pesadilla de la que poder despertar.

Hay veces, que por mucho que cierres los ojos con fuerza y por mucho que desees que todo haya cambiado, cuando los abres sientes que el dolor aprieta con más ganas y que la realidad te va a consumir, que la pesadilla es real.

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Buenas noches, amigos.

Lorena.

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Mil millones de GRACIAS.

Hoy el martes viene con la sensación de ser jueves, mañana damos por finalizada una semana muy corta y nos vamos de puente! Yo, que me he querido adelantar, ya vengo de desconectar unos días en un pequeño y maravilloso paraíso como es el norte de España, en mi página de Facebook compartí una foto preciosa del lugar donde he pasado los últimos días, alejada de todo y dedicándolos para mí y los míos.

Hoy vuelvo con un nuevo post lleno de agradecimientos. Marcel Proust decía: “Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma” y yo no puedo estar más de acuerdo. No hay nada más maravilloso que ser agradecidos y no podemos sentirnos más afortunados cuando tenemos motivos para dar las gracias. No me gusta la gente que se pasa la vida recalcando sus esfuerzos, todos hacemos esfuerzos cuando queremos conseguir algo, si fuese fácil, no resultaría tan excitante. Sin embargo, me gusta y mucho la gente que da las gracias.

Por ejemplo, lo primero que hago cuando me compro un CD (Sí, soy de las que todavía va a la tienda a comprar el CD) es abrir el libreto que lo acompaña con las letras de las canciones y buscar los agradecimientos… Cuando compro música, compro música de alguien que me gusta y descubrir algo por lo que se siente agradecido es una forma distinta de conocer al artista al que admiras. Es muy triste que haya personas que no tengan la necesidad de dar las gracias, cuando las gracias se pueden dar muchas veces a lo largo de todo el día… A la chica del supermercado que te acaba de cobrar, al chico de una tienda de ropa que te acaba de atender, al camarero que te acaba de servir el café… Pero, ¿y a todas las personas que no están haciendo su trabajo y hacen cosas por ti, simplemente por que te quieren?

Como bien sabéis muchos, Lo Que te Quería Contar es un blog  que ha estado arropado, abrazado y mimado desde el minuto cero… Y yo, ante eso, no tengo suficientes GRACIAS ni suficiente tiempo para darlas… Porque son eternas.

¿Cómo puedo agradecer yo que haya tanta, tantísima, gente que comparta mis palabras sin pedir nada a cambio? Esta gente sólo lo hace por ayudarme a conseguir sueños, lo hacen para que llegue a todas las personas posibles y lo hacen porque creen en mí… Y creedme que no hay palabras de agradecimiento suficientes.

Hoy quiero acercarme a cada uno de vosotros, y que me perdonen de ante mano aquellos a los que posiblemente me olvidaré…

Mil millones de GRACIAS a mis amores Zara (mi Cometa del alma), Xandrita, Gabri, Mireia, Marta, Patrick… que comparten todos y cada uno de mis posts en sus muros de Facebook para que todos sus contactos sepan que ha habido algo nuevo que quería contar, mil millones de GRACIAS a mi hermanito Diego (mi chachi) que tiene la capacidad de llegar a miles y miles de personas de todo el mundo a través de Twitter y ha hecho que mi blog llegue a tantos rincones y a tantas personas que gracias a él me adoran y me siguen, mil millones de GRACIAS a mi amigo Angel Capel, que no ha dejado de apostar por mí y repetirle a sus miles de seguidores que lean mi blog, mil millones de GRACIAS a mis amores Rebe, Alba (MJDMV), María Paula y mi brother David que sin pedir nada a cambio han retwitteado los posts y han repetido mil veces que creen en mí… mil millones de GRACIAS a mi querida amiga Sara Sálamo que directamente ha enlazado su cuenta oficial de Twitter a mi blog para que cada post salte ante sus miles de seguidores, mil millones de GRACIAS a la diseñadora Laura Daluna que me sorprendió el día del libro presentándome ante sus seguidores y recomendando mis relatos, mil millones de GRACIAS a los que en algún momento han compartido mis posts, mis enlaces, mis palabras, a los que me han mencionado y han pedido a la gente que me lea y siga, mil millones de GRACIAS a todos los que habéis invitado a vuestros amigos de Facebook a darle “me gusta” a mi página…

Y si todo esto me llena de orgullo y amor, imaginad como me siento cada vez que lo hacen personas que no me conocen absolutamente de nada, que sólo saben de mí a través de las redes sociales, del blog y las palabras… No puedo sentirme más orgullosa, querida y agradecida… mil millones de GRACIAS a Merche y su cuenta oficial del club de fans de Diego por mencionar cada post, mil millones de GRACIAS a Inma por compartir y comentar siempre, por hacer sus reflexiones de cada post y siempre tener palabras bonitas para mí, mil millones de GRACIAS a Sandra Torre y a Vichi por emocionarse y compartirlo conmigo, por compartir mis letras con todos los suyos y querer desconectar del mundo a través de este blog, mil millones de GRACIAS a Daniela por darme su opinión siempre y darme los buenos días cada mañana con un mensaje positivo y lleno de amor, mil millones de GRACIAS a la página en Twitter de Violetta en Venezuela, por hacerme llegar a tanta gente, mil millones de GRACIAS a todas esas niñas que desde Rusia apoyan incondicionalmente cada cosa que hago o escribo, mil millones de GRACIAS a los que me hacéis llegar a Brasil, Colombia, Mexico, Argentina, Chile, Italia… Gracias infinitas a todos, a todos los que alguna vez habéis interactuado conmigo, a todos los que alguna vez me habéis querido escribir y contarme vuestras historias, a todos y cada uno los que me habéis dado vuestra opinión sobre un post, tanto en Facebook como en Twitter, a todos y cada uno de los que me leéis desde el silencio y GRACIAS también a los que no os gusta y no lo decís, porque no podemos gustar a todo el mundo y seguro que también hay muchos de esos… Me olvido a muchos, seguro, pero sentíos reflejados en estas palabras, porque os aseguro que todos los que las leéis formáis parte de esto y yo sólo puedo dar las GRACIAS e intentar dar de mí mediante las letras, todo lo que recibo de vosotros.

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Hace casi una semana se celebró el día del libro, y como podéis imaginar es un día que me fascina, siempre me ha gustado que la gente potencie la literatura y me encanta que haya un día oficial en el que todo el mundo tome a los libros como los verdaderos protagonistas, ya sólo me queda la esperanza que todos aquellos que siguen el llamado postureo en las redes sociales leyesen de verdad todos aquellos libros que subieron en forma de imagen.

Os adelantaba en el anterior post que había sido cómplice de algo que estaba pasando en la biblioteca de l’Olleria aquel día y hoy te lo quería contar. 

Unas semanas antes, me contaron que para la diada de Sant Jordi, la biblioteca de l’Olleria había organizado una serie de actividades, las librerías del pueblo montarían stands en la calle y la gente pasaría por allí a comprar y compartir el dia del llibreMe propusieron ser cómplice de una sorpresa para la gente de mi pueblo y a mi no me pudo hacer más ilusión. Junto a un relato del autor Angel Cano Mateu, uno de mis relatos sería editado e impreso y se regalaría a todo aquel que participase en las actividades o comprase libros aquel día. Me parecía una idea maravillosa y para la ocasión elegí un relato ya publicado aquí en el blog; El juego prohibido, la pasión y la mentira (lo encontraréis en el apartado de “relatos”).

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No tardé en recibir mensajes, fotos y sonrisas a través de mi teléfono de la gente que me quiere, de los que me conocen bien y de los que no me conocen tanto, pero la gente de mi pueblo se alegraba por mí y todos ellos querían compartir la felicidad conmigo, no hay nada más bonito que eso. Siempre digo, y siempre diré, que mientras una sola persona se emocione con algo que yo escriba, me daré por satisfecha… No os imagináis lo bonita que es la sensación cuando alguien me dice que tiene los pelos de punta tras uno de mis posts, que ha llorado o que ha viajado por sus recuerdos y se ha emocionado… No hay nada, absolutamente nada, más gratificante que eso. Por eso no me canso de dar las GRACIAS, por eso sé que si todo ser humano se dedicase a hacer lo que realmente le gusta viviríamos en un mundo mucho más fácil.

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La biblioteca de l’Olleria, además, organizó un concurso de fotos a través de Instagram en el cual una de mis fotos quedó finalista y cuyo obsequio recogió mi madre orgullosa. Muchas veces me digo a mi misma lo mucho que me gustaría que l’Olleria tan sólo estuviese a media hora de Madrid para poder estar en momentos que lamentablemente me pierdo… El miércoles pasado fue uno de esos días.

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Invité a a gente a enviarme fotos y a compartir conmigo el libro con el relato de Angel y el mío… porque este post quería dedicárselo al día del libro  y a lo feliz que me hizo formar, de algún modo, parte de él… mil millones GRACIAS a todas y cada una de las personas que han querido hacerlo, que quisieron escribirme aquel día para contarme que mi relato impreso estaba en sus manos… Hoy quería que ellos fuesen protagonistas de Lo Que Te Quería Contar, porque la gente que arranca sonrisas merece ser protagonista, al menos en la vida de quienes las reciben.

Moltissimes gràcies a Loreto, Emma, Ania, Lurdes, Angi, Jesús, Patri, Jenni, Sheila, Mireia, Maria Oviedo, Sandra, Maria Albiñana, Rafa, Jose, Julio, Ylenia, Maria, Martina, Sara, Tamara i Valeria, Ivana, Carles, Paco, Maria José, Paco Borràs, Marta, Jordi, Elisa, Julia, Mari i Pepe.

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Muchas GRACIAS a todos, los que estáis de forma incondicional y los que han estado de pasada… Hoy esto es vuestro y las palabras sonríen y bailan.Que no paren las letras, que no paren los sueños…

MOLTES GRÀCIES.

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Imagen de “Elles Audiovisual”

Feliz martes, amigos.

Lorena.