La verbena de Alma en Pena.

Me está gustando esto de empezar el día con vosotros… A pesar del calor, ahora mismo corre un airecito por mi casa maravilloso, tengo mi té verde preparado y las ganas de comerme el martes a bocaos. No os podéis imaginar las ganas que tengo de escaparme a la playa, cada vez que salgo a la calle en Madrid y siento este calor, pienso lo mucho, muchísimo, que echo de menos el mar, mi tierra y mi casa.

Y claro, hablando de verano, de calor y de playa… Me es inevitable pensar en la ropa y los complementos de estas fechas. Aunque este blog no esté muy relacionado con la moda, no puedo dejar de confesaros que ella me apasiona, me encanta estar al tanto de las tendencias y saber cuáles son las prendas top de la temporada y aunque mi estilo no es muy estricto porque suelo combinar un poco de todo, supongo que tengo un estilo actual que seguramente aunque yo no sea muy consciente, me define ante los demás, y  claro, he de confesar que, al final, siempre acabo picando en las prendas más aclamadas de cada colección, pero bueno, supongo que eso nos es un poco inevitable a todas.

Como amante de la moda, de vez en cuando, me gusta dejarle un espacio en este blog y más si se trata de Alma en Pena.

IMG_6822

Los que me leéis desde hace tiempo, no necesitáis que os presente a esta maravillosa firma. Los que habéis llegado hace poco y no la conocéis, estoy segura que después de este post y ver las fotos, os vais a enamorar de sus diseños.

Hace sólo unas semanas, asistí al evento de la presentación de la colección primavera/verano 2015 de Alma en Pena. Es mi tercer evento con la firma, y es uno de mis preferidos cada temporada, sin ninguna duda. De la mano de Nboca Comunicación (www.nboca.es) , organizaron una fiesta maravillosa dónde el buen ambiente,las flores, las guirnaldas, los colores, las luces y la alegría del verano daban forma a una especie de verbena que no pudo obtener un mejor resultado.

IMG_6903

IMG_6865

IMG_6902

IMG_6900-2

Música en directo de la mano de Showpai, comida y bebida excelente de la mano de Sobejano Catering y un sin fin de sandalias, cuñas, zapatillas y tacones decoraban el local en pleno Malasaña (mi barrio favorito de Madrid).

IMG_6825

Arancha Martí, Sara Sálamo y Patrick

almaenpena_96

Vanesa Romero y Mónica, de Alma en Pena. Imagen de la web de la firma.

almaenpena_86

Víctor, de Sobejano Catering. Imagen de la web de la firma.

almaenpena_61

Vanesa Romero y Showpai de fondo. Imagen de la web de la firma.

Como ya os he contado otras veces, Alma en Pena es una firma para una mujer fuerte y con fuerza. La firma, cuya seña de identidad son las piedras y brillantes para vestir nuestros pies, se supera  más cada temporada, si cabe. Cuando veo sus zapatos, pienso en una mujer actual, valiente, trabajadora, luchadora, todoterreno, que vive el día a día con ganas, con mil cosas que hacer, que trabaja, que le gusta salir y pararse a tomar un café o una cerveza con amigos, que necesita ir cómoda para llevar este ritmo y sobre todo, necesita ir elegante, sofisticada y sentirse única. Este es el tipo de mujer que me gusta y el tipo de mujer a la que me imagino con unos Alma en Pena en sus pies.

IMG_6867

Mónica de Alma en Pena con las actrices Sara Sálamo y Arancha Martí.

IMG_6860

Arancha Martí

IMG_6851

Sara Sálamo

IMG_6907

IMG_6904

Pero la firma va más allá, y está dispuesta a vestir a mujeres de todo tipo, basándose siempre, desde mi punto de vista, en la elegancia, la comodidad y la originalidad.

Numerosos medios de comunicación estuvieron allí para no perderse ni un detalle de esta colección, y numerosas revistas de moda hablaron después sobre el maravilloso evento.

Por supuesto, el evento contó con la presencia de la actriz Vanesa Romero, que es imagen de la firma y estuvo allí posando para la prensa y disfrutando de la fiesta de principio a fin.

11786_nt_2

La actriz Vanesa Romero posando para los medios.

11786_nt_4

Yo acudí con mis amigos, las maravillosas actrices Sara Sálamo y Arancha Martí, Patricio Rodriguez y Rebeca Marcos, y fue una tarde maravillosa.

IMG_6844

FullSizeRender-14

Arancha, Patrick, Sara y yo, con Carmen Barrios de Nboca Comunicación.

IMG_6897

Rebeca, Patrick y yo con Ana y Carmen, de Nboca, y Mónica, de Alma en Pena.

almaenpena_54

Sara, Arancha, Patrick y yo.

IMG_6909

Supongo que cuando las cosas se hacen con tanto gusto, tanto cariño y tanta profesionalidad, nada puede salir mal, ¿verdad? Así que una vez más, mil felicidades a Alma en Pena y Nboca Comunicación por dejar el listón tan alto… ¡Nos vemos en la próxima!

Por supuesto, yo ya tengo mis Alma en Pena para pisar con fuerza este verano… Y tú, ¿te vas a quedar sin ellos? No te puedes perder su web porque te vas a enamorar, además cuentan con una tienda online donde sus zapatos pueden llegar hasta donde estés. www.almaenpena.es 

IMG_6821

FullSizeRender-13

Feliz martes, amigos.

Lorena.

Anuncios

Semaforismos y Garabatonías, hechos por amor.

 

¡Por fin viernes! No sabéis lo muchísimo que necesito unas vacaciones que están a punto de comenzar. Necesito paz y organización en mi mente para poder llevar a cabo el que seguramente vaya a ser el proyecto más bonito de mi vida del que poco a poco, cuando vaya cobrando forma, os iré hablando. Hoy vengo a hablaros de dos personas con las que estuve hace un par de días.

Hace ya mucho tiempo, creo que en mi primer año en Madrid, en uno de esos momentos en los que el amor hace un roto tan grande en el corazón que sientes que te duele el alma, una amiga me presento a Zahara (@Zaharapop) a través de una canción. Con las ganas se convirtió durante muchas noches en la melodía de mis lágrimas y en la voz del dolor que no era capaz de pronunciar. Esa canción es para mí una obra de arte y se convirtió en una de mis favoritas, lo sigue siendo a día de hoy, cuando el amor ya no duele. Porque el arte, sigue siendo arte. Me enteré que Zahara acababa de publicar un pequeño libro lleno de frases, con ilustraciones de Rebeca Khamlichi (@RebecaKhamlichi) y me puse en contacto con ellas para que nos sentasemos a hablar y me contasen las historias que envolvían este proyecto. Hoy te lo quería contar.

Nos reunimos en Lolina, un café vintage en pleno corazón de Malasaña, uno de mis rincones favoritos de esta ciudad. La entrevista estuvo llena de anécdotas, de risas y energía positiva, porque esta entrevista ha sido, para mí, un auténtico regalo. Cuando uno se encuentra delante de un artista, de un artista de verdad, la magia que envuelve el momento es indescriptible. Primero, porque el artista es capaz de transmitir su humildad y  su sabiduría y segundo, porque es capaz de transmitir el amor hacia su trabajo, sin ni si quiera ser consciente de ello. Yo tuve la suerte de sentarme frente a dos artistas increíbles. Dos mujeres luchadoras, fuertes, llenas de sueños y sobre todo llenas de amor por todas y cada una de las cosas que hacen. Esta entrevista es para ponerse cómodo y disfrutar, porque es larga, porque han habido muchas cosas que no han cabido y miles que no podían dejar de estar.

Semaforismos y Garabatonías ya está en mis manos y va a formar parte de mí. Una única edición de 500 pequeñas libretas llenas de frases, con una ilustración única en cada una de ellas, hecha sobre el papel, para ti, para mí, para todos aquellos que estén dispuestos a pagar diez euros simbólicos por algo excepcional. Gracias a Zahara y a Rebeca, por contagiarme de sus ilusiones y sus ganas, de sus letras y sus dibujos, por hacer que a partir de ahora los semáforos en rojo me parezcan una oportunidad para reflexionar, y los garabatos mientras se habla por teléfono, un sentimiento que plasmar. Gracias infinitas a Alba Artero (@bita_arte), por acompañarme y ser la mejor fotógrafa del mundo. Gracias chicas, por ser desde ya, parte de aquello que yo quería contar.

la foto-125

la foto-123

la foto-124

Lo Que Te Quería Contar. En primer lugar, Zahara y Rebeca, bienvenidas a Lo Que Te Quería Contar. Es un placer teneros aquí.

Zahara, Rebeca: Gracias a ti.

LQTQC. “Semaformismos y Garabatonías” es el proyecto que habéis hecho juntas y claro, hay que empezar por esta pregunta. ¿Qué son los semaformismos y qué son las garabatonías?

Z: Los semaforismos como tal son poesías mínimas, yo tengo un blog (zaharapop.blogspot.com.es) que utilizo como folio en blanco, porque además siempre que empiezo a escribir lo tengo que publicar, a veces escribía algún poema o relato más largo y otras veces cositas muy cortas. Las empecé a publicar con el simbolito de hashtag (#) y en una de ellas puse: “Semaforismos: conclusión a la que llegas en un semaforo en rojo”. Me parecían que todas ellas eran un poco esto, pensamientos y conclusiones en un momento de espera, y que luego sigue tu vida y se quedan ahí como apartadas. Algunos son frases que he utilizado en mis canciones, algunos tienen un punto más de humor, otros más picantes o sexuales… Porque en una canción hay cosas que es más brusco decir, y aquí, sin embargo, puedes escribir. Era algo que tenía en el blog, y de repente, una editorial me propuso editarlo. Yo, respeto mucho a los escritores y a los poetas, y me parecía demasiado para mí, entonces dije que si esto se sacaba, se tenía que convertir en otra cosa, no iba a ser un libro de poesía mínima. Entonces fue cuando decidí, con Rebeca, crear esta libreta. Cada semaforismo aparece debajo de cada página en una libreta en la que cada uno podrá escribir luego lo que quiera. Las garabatonías son los garabatos que uno hace mientras habla por teléfono. Yo dibujo muy mal y entonces quise que estos dibujos los hiciese una artista con la que yo confiase y  pensé en Rebeca Khamlichi. Sus garabatos son obras de arte. Sólo hemos hecho una edición de 500 cuadernos y ella dibuja uno en cada uno de ellos.

R: Mis garabatonías dependen siempre del estado de ánimo. Cada una de ellas es una pieza única, tengo una que es sobre una experiencia que tuvimos muy negativa, en la que casi sufrimos un accidente de avión, por ejemplo. He ido dibujando cosas que nos han ido pasando. La idea es poder hacer luego una exposición con los 500 dibujos, que he ido fotografiandolos a medida que los he ido haciendo… Los libros están hechos, pero los dibujos se están creando. En la feria del libro, los iba haciendo a medida que la cola avanzaba y los lectores llegaban a nosotras. Hay de todo, desde corazones, barcos, extraterrestres, calaveras, mariposas… Los semaforismos son ideas geniales. Ella no lo ve, porque al fin y al cabo, son ideas suyas, pero son verdaderas genialidades. Muchas veces no le damos valor a lo que hacemos, pero ella ha creado algo muy grande.

_MG_6680

LQTQC. Vosotras ya habíais trabajado juntas, ¿verdad?

R: Sí, en las ilustraciones. Esto surge de una idea y un momento loco en el que yo me pongo a dibujar frases de sus canciones. He usado muchísimas veces las canciones de Zahara para pintar, escuchaba una misma canción una y otra vez para pintar un sólo cuadro.

Z: Un día se nos ocurrió la idea de ilustrar las frases y nos pareció un proyecto muy guay. Hemos hecho dos series, la primera en la que ella me dibujaba a mí como con la canción o lo que le inspiraba la canción sobre mí. Luego hizo una serie de tres corazones con tres frases, las tres son frases que puedes decirle a alguien, y son : “Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos”, “Mi lado favorito de la cama eres tú” y “Todo lo que llevas puesto déjalo en el comedor y quédate sólo con el resto que queda en tu corazón”. Son reproducciones que hacemos para el Mercado Central del Diseño, donde Rebeca está cada primer fin de semana de cada mes. También hemos vendido los originales, y todos los originales los tienen personas muy especiales.

R: Es un proyecto muy curioso porque unes dos cosas que no están, a primera vista, muy relacionadas. La gente que es amante de la música, el arte no es una cosa que le llame tanto la atención, y la gente que es más de arte tampoco es la música lo que más les llama la atención. Hemos hecho que seguidores de una hayan descubierto a la otra.

_MG_6661

LQTQC. ¿Hay posibilidad de ampliar esta edición de 500, o cuando se acabe, “fin”?

R: Creo que yo no he hecho 500 dibujos originales en mi vida (risas). Es mucho trabajo psicológico, porque cuando estoy sola, por ejemplo, y tengo que hacer 30 seguidos, a veces, se acaban las ideas.

Z: Quizás en un futuro sí reedito los semaforismos. De hecho, ya tengo algunos para el siguiente libro. Aquí hay 83 porque es el año en el que nací y los metros del General Sherman, el árbol más grande del mundo, que además hablo de él en una canción. Siempre busco el metalenguaje, que haya información dentro de la información. Nada de lo que hago es al azar. Quizás uniría estos ya editados, con algunos más y buscaría el sentido de ese número, pero ya lo haría sola. A Rebeca le pediría la portada, claro, y ya. (Risas).

_MG_6611

_MG_6614

LQTQC. Tras haber estado en varias ferias del libro, ¿Habéis encontrado un público objetivo definido?

Z: Yo sabía que gran parte de ellos iban a ser lectores del blog. Muchas veces me preguntaban cuándo publicaría y en realidad, creo que esto ha sido más pensando en ellos, en esos fans que me quieren tanto y quieren algo más. Ahora mismo, estoy parada en el ámbito musical, estoy preparando mi próximo disco y esto me parecía algo bonito que ofrecer en este momento de espera. En este semáforo en rojo de la vida, regalarles un poquito de mí.

R: Es más bien un regalo. Es un regalo porque ella ha sacado la timidez de sus ideas, que aunque le parezcan pequeñas, repito, son genialidades y además cuentan con el esfuerzo de dibujar para que se lleven algo especial.

Z: Nosotras esto lo hemos hecho por amor, por el amor que nos tenemos nosotras, por el amor que tenemos a nuestros fans… Tenemos mucha ilusión, a pesar de estar quemadas por muchas cosas, seguimos teniendo ilusión. Diez euros es algo simbólico, el dinero se saca de otras cosas.

LQTQC. Zahara, tú que nos tienes tan acostumbrados a la música. ¿Qué diferencia hay entre firmar un libro y firmar un disco?

Z: La verdad que el primero fue complicado. Me daba mucha vergüenza. Pero se me pasó, porque Rebeca ha estado siempre a mi lado. He vivido cada feria del libro como una “fiesta de cumpleaños”, nada era por obligación. Siempre pongo una dedicatoria pensando en lo que estoy firmando, siempre intento que esté relacionado, o incluso muchas veces firmo relacionado con el dibujo que ha hecho ella.

_MG_6641

LQTQC. Vivimos en una época ligada totalmente a la tecnología en la que incluso los libros electrónicos han cobrado protagonismo. ¿Vosotras sois de las que tenéis un ebook en casa o sois fieles al papel?

R: Yo tengo el ipad y se pueden leer libros, pero jamás he leído un libro ahí. Soy fiel al papel y además soy de acumular muchos libros. Me encantan los dibujos anatómicos y tengo muchísimos libros de medicina, por ejemplo. Tengo una grandísima colección.

Z: Yo tengo uno. Cuando me lo regalaron me dijeron: “esto quizás lo odias”, y es cierto que es muy cómodo y demás, pero acabo yendo a la librería a comprar un libro. Soy de dejarme los hombros sujetando el libro en la cama, me gusta pasar páginas, poder tocar el papel.

LQTQC. ¿Creéis que la gente lee lo suficiente?

Z: Creo que esto es muy parecido a la música. Cada vez hay más diferencia entre el que vende y el que no. De repente, el que vende se convierte en un best seller y hay cientos de ediciones y, en cambio, hay libros muy buenos que no pasan de la primera edición. Muy pocas veces esto tiene que ver con el talento. Hay mucha gente que le gusta leer, pero no se preocupa por leer. A mí me encanta leer, hay veces que leo un libro por semana, a veces dos y a veces medio, pero leo constantemente. Parece que ahora con el movimiento hipster se ha puesto muy de moda el leer, pero sigues viendo que es un sector muy pequeño. No hay una educación familiar en los niños para que ese niño crezca leyendo. En mi casa, por ejemplo, yo no recuero a mis padres viendo la tele, les recuerdo leyendo, y yo tengo miles de cuentos infantiles. Un niño que no ve en su casa un libro, es muy difícil que vea esto como algo interesante.

_MG_6645

LQTQC. Imagino que vosotras habéis aprovechado el tirón de las RRSS y vuestro alcance en ellas para promocionar este libro. ¿Habéis sentido el apoyo suficiente por parte de medios de comunicación o creéis que para muchos artistas la única opción es la auto promoción?

Z: En general, creo que la mayoría de los artistas se basan en la auto promoción. Yo lo empecé a hacer hace ocho años sin ser consciente de que lo estaba haciendo. Me comunicaba con mis fans a través de My Space y me di cuenta que eso repercutía en que venía más gente a verme. Esto lo hemos promocionado nosotras, la editorial habrá hecho su trabajo, los medios que se han interesado han sido sobre todo los medios de Úbeda, porque es verdad que se preocupan mucho por todo lo que hago y es muy bonito sentir el apoyo de tu gente. La auto promoción es esencial y lo seguiré haciendo. Pero por un lado, esto me da rabia, porque hay personas que por esto se llevan una comisión, intermediarios que este es su trabajo, y no hablo de mí personalmente, pero muchas veces aprovechan que no es necesario porque los artistas ya movemos nuestra gente gracias a las redes. Creo que todos debemos trabajar juntos.

LQTQC. Muchísimos lectores se estarán preguntando… ¿Cuándo llega el próximo disco de Zahara?

Z: El año que viene. Hasta que no he parado de tocar, no he empezado a escribir. Tengo ya canciones compuestas, de hecho, está practicamente acabado el disco. Ahora viene todo el proceso posterior, todo lo que no depende de mí. Búsqueda de discográfica, productor, grabación del disco, promoción… De aquí a que lo grabe, seguiré haciendo canciones, algunas seguro que todavía no están compuestas, otras que igual se caen… Lo que queda ya no depende tanto de mí, pero me muero de ganas. Estoy trabajando mucho, me gusta hacer las cosas bien. No sigo patrones comerciales, no puedo sacar un disco porque toque, quiero sacar un disco cuando diga “este disco me encanta”, necesito estar segura de que lo que estoy haciendo es lo mejor que he hecho hasta el momento.

LQTQC. ¿Y los próximos proyectos de Rebeca?

R: No se pueden contar (Risas). Soy súper maniática, me da mucho terror contar los proyectos por si se gafan. Conté un proyecto que me hacía muchísima ilusión y finalmente se cayó y ya decidí no volver a contar nada. Me muero por contarlo, pero son tan molones y me hacen tanta ilusión que, de momento, me lo tengo que callar.

_MG_6617

LQTQC. Hemos hablado mucho de vuestro libro, y en Lo Que Te Quería contar siempre se da mucha importancia a los recuerdos porque creo que es uno de los tesoros más valiosos que poseemos los seres humanos. ¿Cuál es el primer libro que recordáis de vuestra vida?

Z: El primer libro que recuerdo formaba parte de una colección de una editorial de cuentos infantiles y juveniles, recuerdo que venían con un casette y podías tanto leer como escuchar el cuento. Mi favorito era sobre un gato negro que vivía en una casa con una señora mayor, y a mí me ponía muy triste porque siempre pensaba que al gato le iba a pasar algo malo. De hecho, cuando yo tenía unos ocho años, le escribí un cuento a mi padre sobre gatos.

R: No recuerdo el primer libro, recuerdo cuentos, pero es verdad que el primer libro que me impactó porque me encantó se llamaba “Los Cretinos”. La historia iba de un matrimonio que todo el rato se hacían putadas el uno al otro. Había una parte que me encantaba, en la que ella se apoyaba en un bastón y él cada día le cortaba un centímetro al bastón para hacerle creer que estaba encogiendo y que iba a desaparecer. Ellos eran horrorosos. (Risas).

LQTQC. ¿Y vuestro libro favorito?

Z: Además de ficción, me gusta mucho leer libros de antropología, divulgación científica, ensayos… Hay un libro que recomiendo a todo el mundo que ojalá yo hubiese descubierto mucho más joven, porque me habría ayudado a entender muchas cosas. La autora, Louann Brizendine, es una neurobiologa y el libro se llama “El cerebro femenino”, también escribió sobre el masculino. Habla sobre la diferencia de géneros y cómo somos hormonalmente distintos. Habla de cómo entendernos, comprendernos y querernos. Además es súper ameno.

R: Yo no te puedo decir un libro favorito, pero hay uno que he leído varias veces, sé que a mucha gente no le gusta y yo no consigo entender. Es un ensayo de David Foster Wallace. Le mandaron a hacer un artículo para una revista de moda sobre un crucero de lujo y se acabó convirtiendo en un libro impresionante que se llama “Algo supuestamente divertido que nunca más volveré a hacer” y es increíble ver cómo le entró la obsesión por cosas muy simples, simplemente por no tener nada que hacer, sólo tenía que disfrutar del crucero. De verdad me parece muy, muy interesante.

_MG_6623

LQTQC. ¿Sobre qué tema nunca escribiría Zahara y sobre qué tema nunca dibujaría Rebeca?

R: No dibujaría nada sexual nunca. Estéticamente no me interesa absolutamente nada. No he pintado nada sexual en mi vida. En cambio, si fuese escultora creo que esculpiría cuerpos desnudos y lo disfrutaría mucho, pero en la pintura no me atrae nada.

Z: Yo nunca escribiría sobre música. No daría mi opinión sobre nada de mi propio gremio, porque le tengo mucho respeto. Ni desde el punto de vista crítico, ni crónico. Escribiría sobre lo que la música me hace sentir. Escribo sobre muchas cosas, algunas sólo las escribo y otras las canto y ahí tengo mucha libertad, porque hay cosas que escritas son muy simples y cantadas son muy fuertes, o al revés, cosas que puedes escribir y que jamás quedaría bien en una canción. Hay gente que sabe mucho sobre música, yo sé de lo que siento con la música, sé que me vuelve loca y que es mi vida, pero jamás escribiría sobre ella.

_MG_6694

LQTQC. Y para ir terminando, ¿un sueño que os quede por cumplir?

R: Como sueño prioritario a corto plazo: adoptar más galgos, y un sueño a lo bestia sería que nos concienciásemos todos. Somos un país que hemos avanzado en muchas cosas pero que tenemos todavía una crueldad con los animales que es inaceptable para el año en el que estamos. Seguimos haciendo cosas sin sentido y eso me entristece muchísimo.

Z: Mi sueño es seguir haciendo cosas, soy incapaz de proyectarme en nada. No me planteo nada por si luego no pasa. Para mí, la decepción es la enfermedad más destructiva, así que voy por la vida sin esperar mucho de ella y así todo lo que va sucediendo me lo llevo como una sorpresa maravillosa. Quiero seguir haciendo cosas y no perder la creatividad, ese es mi sueño.

LQTQC. Muchísimas gracias chicas, muchísima suerte en todos vuestros proyectos y os espero aquí siempre que tengáis algo que contar.

Z, R: Muchas gracias a ti.

_MG_6674

 

 Feliz viernes, amigos.

Lorena.

 

Mermelada de naranja.

Hoy me apetecía rescatar un relato que escribí hace un tiempo, o no hace tanto… Hoy te quería contar una historia que un día imaginé y plasmé en palabras. Léela despacito, para saborear los rincones, los momentos y el dulce sabor de la mermelada…

 

MERMELADA DE NARANJA

Cuando llegaba el frío siempre le pasaba lo mismo. Siempre le había pasado, y en cierto modo le gustaba. El frío la ponía nostálgica, y en el fondo, no le resultaba nada malo. Con el frío llegaban los días grises, las calles congeladas, los parques vacíos, las noches silenciosas, las farolas encendidas, los cafés calientes, el olor a castañas, la calle callada, la soledad detestada. Los días de invierno también le regalaban los momentos que más adoraba, los momentos desnudos, frente al pincel y las sombras, los momentos de sueños, de emociones plasmadas.

El despertador había sonado hacía ya un buen rato y como vieja y fiel costumbre lo había apagado. Era domingo. Por fin era domingo. Se levantó de la cama y miró la hora. Tenía tiempo. Puso la cafetera en marcha y abrió la ventana. El sol se escondía, tímido, entre el frío de las calles. Encendió un cigarro y se quedó en silencio. Esta ciudad le gustaba. Le había gustado desde el primer momento, se había sentido atrapada y se había dejado atrapar, sentía que la ciudad era suya y que ella, sobe todo, también le pertenecía. El silencio y el frío. La nostalgia y los recuerdos. No habían sido unos meses fáciles y sabía que cuando llegase el invierno, se derrumbaría en segundos… Pero hoy era domingo.

El abrigo marrón se lo regaló Irene, su mejor amiga, y la bufanda oscura la había comprado hacía años, en un mercadillo cualquiera cuando paseaba con Carlos, su fiel confidente. Ambas prendas serían perfectas para acompañarla. Bajó rápido hasta la plaza y torció por  la calle Colón hasta llegar a la esquina con la calle Valverde, y ahí se quedó. No sabía muy bien por qué lo hacía, no sabía con qué fin, ni por qué motivo, pero lo volvió a hacer, un domingo más, en lo que ya se había convertido una rutina. Ella odiaba la rutina, siempre la había odiado. Cuando escuchó el sonido del portal se distrajo mirando el escaparate de una tienda de animales mientras las piernas le temblaban… Sintió su sonrisa y vio su mirada sin ni siquiera darse la vuelta, y sintió como  caminaba, casi rozando su espalda. Él no se había dado cuenta que ella estaba ahí, ni si quiera el perro que siempre le acompañaba. Ella, la que estaba ahí, la que pasaba desapercibida,  domingo tras domingo, para verle salir.

Una vez concluida la acción, decidió volver a casa. Estaba cansada, y quizás más triste que nunca. Sentía rabia, incluso sentía dolor. ¿Se podía sentir más dolor del que ya había sentido? Pues sí, ella lo sentía. No había sido un domingo bueno, y seguramente la culpa era del frío y de los días de invierno. Cambió su ruta habitual, porque no estaba siendo un domingo cualquiera y al sentir el dulce olor del pan recién hecho de la panadería de madera que coronaba aquella calle tan estrecha, se detuvo a mirar el escaparate y no tuvo más remedio que sonreír. Mermelada de naranja. Allí estaba, posando tranquila y reluciente en unos frascos pequeños de cristal que aseguraban que era casera. La bombardearon los recuerdos, los bonitos y viejos, y decidió comprar una. Se llevó una barra de pan recién horneada y decidió mimarse aquel día. Con el café que quedaba y el olor del pan que se había impregnado en su casa, se quito la ropa y empezó a pintar, mientras comía mermelada, se encendía cigarrillos y dejaba el pincel bailar.

Cuando era niña y aún vivía en el pueblo, preparaba con su abuela la mermelada de naranja. La ayudaba a pelar la fruta, a quitar toda la piel blanca para que ni un sólo amago de amargo llegase al final, troceaban la pulpa y cortaban la piel en tiras muy finas… Le encantaba mezclar el azúcar y ver como se bañaba y hervía la naranja troceada. Su abuela decía que el truco era no dejarla sola ni un momento, mimarla junto al fuego lento y remover con delicadeza. No pudo tener una infancia más bonita. No pudo sentir más amor que el que le había regalado esa mujer, que ejerció de madre sin poner ni una sola pega. Su abuela… Su abuela que tan pronto se fue y tantas preguntas le dejó sin responder…

Siete años atrás había llegado a Madrid. Tras terminar sus estudios de historia del arte, decidió instalarse en un barrio céntrico de la ciudad, dónde vivían los bohemios y soñadores, dónde el arte era sagrado y las ilusiones estaban intactas. Llegó a aquel barrio porque Carlos, su fiel confidente, lo conocía bien. Se habían conocido en una beca Erasmus, y él la convenció para trasladarse a Madrid, dónde los sueños eran posibles y las oportunidades inmediatas. Esta ciudad le había dado los mejores momentos de su vida, las mejores amistades y también las mejores oportunidades. Había tenido trabajos de todo tipo… pero su trabajo favorito se encerraba entre las paredes de su casa, dónde podía pintar con libertad y desnudarse, en todos los sentidos, frente al lienzo y el pincel. Lo de pintar desnuda tenía sus razones, y todo empezó en aquellos primeros meses en el corazón de Malasaña…

Carlos se relacionaba con el modernismo puro de Madrid. Artistas de todo tipo, y soñadores profesionales. Carlos llevaba meses enamorado de un chico que era actor e insistió mucho en que ella le acompañase aquella noche, a una fiesta cualquiera que cambiaría su vida para siempre, aunque en ese mismo instante ni si quiera lo sabía. Risas, gente joven, alcohol y drogas, desfilaban sonrientes entre la humareda de cigarros que se consumían como almas… y entre esa multitud, salió un chico a saludarla con un “Llevo observándote desde que has llegado…”. Le ofreció un cigarro, y al encender aquel mechero, consumió su vida sin saberlo. Jaime era diseñador de interiores y conquistador profesional.

Aquella fiesta acabó de madrugada, Jaime se ofreció a acompañarla a casa. Ella le invitó a pasar, y allí, en aquel sofá rodeado de lienzos y pinturas, se desnudaron con la mayor pasión que habían conocido jamás. Hicieron el amor hasta quedarse sin fuerzas y al despertar le pidió que pintase, desnuda, para él. Pronto se hicieron inseparables. Los besos, las caricias inimaginables, las risas en la cama, los abrazos interminables, la complicidad inagotable, los viajes de ensueño, los mejores restaurantes, las presentaciones oficiales, los regalos inalcanzables… Todo era perfecto y esa perfección encajó de forma perfecta en una burbuja que no podía ser real. Jaime tenía buenos contactos y en pocos meses consiguió que muchos amigos quisieran comprar cuadros. Cuadros que ella pintaba, desnuda, en su pequeño estudio de Malasaña. Entre el dinero que eso le proporcionaba y el trabajo que había conseguido a media jornada en uno de los mejores museos de la ciudad, ella vivía perfectamente, sin excesos ni necesidades.

Jaime la quería con todas sus fuerzas. Se moría por ella. No podía existir amor más puro, más bueno, más noble… No podía haber mujer más perfecta, ni hombre más maravilloso. Sus vidas estaban totalmente compactadas y nada ni nadie podría separarles jamás. Con el tiempo llegaron los enfados, los celos imperdonables, las faltas de respeto, los gritos desagradables… Pero ella los olvidaba cada mañana al despertarse. Irene la observaba desde hacía tiempo y sabía que algo no iba bien, pero ella lo negaba. Su relación era perfecta y no había capacidad para cuestionarla.

-Mirate, no eres feliz. Y tu lo sabes. Mira tus cuadros, míralos bien… Sabes que no eres tú la que los está pintando…

Oídos sordos. Esa había sido su mejor faceta desde hacía, al menos, un año. No importaban las lágrimas, ni los ojos hinchados encadenados al llanto, él la quería y ella a él también. Una noche de enero, de esas de frío y silencio, discutieron tanto que él se fue dando un portazo. Ella lloraba y le suplicaba que se quedase, que podrían arreglarlo. Luís sólo era un viejo amigo y no había nada malo en aquel mensaje de “Qué tal te va todo?”. Y no, no había nada malo. Ni en aquel mensaje, ni en cualquier otro. El portazo retumbó en todo en edificio, tras el fuerte sonido, el silencio se abrazó al llanto y al mensaje siguiente que Jaime escribió: “Esto se ha acabado”.

Era inevitable y ella lo sabía. Se tenía que acabar. No eran felices y ambos lo sabían. Los celos les destrozaron, la desconfianza marchitó su relación y aún así, ella le seguía amando… Sintió como las piernas se le aflojaban, como el corazón se le aceleraba y como después de varias horas, las lágrimas ni salían… Le llamó miles de veces, llamó a un teléfono que jamás se descolgó. Por primera vez en su vida se sentía sola, derrotada y destruida. En los últimos dos años su vida se había centrado en él y ahora no le quedaban fuerzas para acudir a nadie. No sabría cómo explicarlo, ni a quién hacerlo. Sólo había alguien que no fallaría. A pesar del tiempo.

Carlos se presentó en su casa en menos de una hora y la estuvo consolando toda la noche. Le repetía mil y una vez que era lo mejor que podía haberle pasado, que había dejado de ser ella misma, y que algo bueno, seguro, estaría por venir… Carlos decidió ahorrarse los comentarios y rumores de la gente, que decían que Jaime había estado desde el principio con otras mujeres, entre música, alcohol, drogas y fiestas modernistas a las que ella, normalmente, no acudía. No había consuelo… Las lágrimas de aquella noche se alargaron a los días, a las semanas y los meses. No tenía fuerzas para ir al museo y pocas veces conseguía pintar algo en condiciones. Los encargos de cuadros disminuyeron notablemente y su vacío sólo se refugiaba en volver a casa, bajo el calor de su hogar, los consejos de su abuela y las tardes de mermelada de naranja.

-Vuelve a casa… Vuelve aquí, al pueblo, con tu familia… En Madrid estás muy sola…

Pero no volvió, decidió querer ser fuerte y seguir con las oportunidades que sabía que esta ciudad le había brindado, y descubrir todas las que todavía desconocía. Con el tiempo, aprendió a convivir con el dolor, con la ausencia y el recuerdo de quién no merecía ser recordado. Aprendió a sonreír por cosas simples y a ver lo positivo en cada esquina de su vida. Volvió a desnudarse frente al lienzo, y empezó a recuperar una ilusión que había enterrado demasiado rápido. Sólo había una cosa que tenía clara: el amor no existía, y no existiría jamás.

Aquel domingo estaba triste y ella sabía que gran parte de culpa la tenían el frío y el invierno. En medio de tantos recuerdos, del café enfriado, del pan delicioso y de la mermelada de naranja recién comprada, sonrió en silencio. Su abuela la había dejado hacía sólo unos meses y ese desayuno, y ese cuadro que pintaba a base de rabia, eran suyos. De las dos. Empezó a reír a carcajadas. Todos estos recuerdos le habían devuelto un detalle que jamás podría relacionar con Jaime. La mermelada de naranja. Jamás la había comido con él, y por alguna extraña razón, jamás le había hablado de aquellos años de infancia, entre fogones y azúcar dónde preparaba aquella delicia en compañía de su abuela…

Jaime había desaparecido de su vida hacía poco más de cinco años, sabía por terceras personas que ahora vivía en Italia, con una modelo de la que se había enamorado un verano de estos en Ibiza. Jaime había desaparecido de su vida, pero consiguió arrancarle gran parte de su alma. No había vuelto a creer en el amor. Bueno, no del todo. En todo este tiempo había conocido muchos chicos. Su vida social se había incrementado con creces y cada vez se había sentido más feliz. De los chicos había decidido guardar los besos momentáneos, los abrazos efímeros y las caricias ocasionales. No quería compromisos. No creí, ni quería creer en nadie. No creería jamás. Estaba feliz como estaba. Tenía su trabajo, sus amigos, sus amigas, sus risas, sus pinceles, sus cuadros que de vez en cuando vendía, que otras veces exponía en el Retiro o el Palacio Real, dónde todo el mundo se asombraba y la felicitaba, y con lo que ella tenía suficiente.

Poco antes de empezar el verano, un domingo cualquiera, estaba con unas amigas tomando unos vinos en la plaza, cuando le dio un vuelco el corazón  y cuyo hecho habría negado hasta el último instante si alguien se lo hubiese preguntado. Vio cómo él se dirigía hacia la calle Colón y sin pensarlo dos veces se levantó de la silla y le siguió hasta comprobar que torcía por la calle Valverde y se metía en el segundo portal. Cuando volvió a la mesa, justificó su improvisaba huída diciendo a sus amigas que le había parecido ver a una antigua amiga de la facultad, pero que se había confundido. Por suerte, nadie notó nada y la conversación que tenían a medias siguió su ritmo. Conversación que ella jamás llegó a escuchar. No podía creer lo que acababa de pasar.

Cuando tenía ocho años, sus tíos la llevaron de vacaciones a un pequeño pueblo de Cantabria. Allí, pasó una de las mejores vacaciones de su vida, donde hizo muchos amigos con los que jugaba de forma incansable y donde sólo fue feliz. Hugo, por aquel entonces, tenía 12 años, y se juntaba con los mayores. Era el hermano de Elena y ambos eran nietos de la mujer que vivía en la casa continua a la que ellos habían alquilado. Durante dos semanas vio a Hugo cada día. Durante más de veinte años le guardó en sus sueños. No le había vuelto a ver jamás, ni si quiera guardaba una foto suya, pero estaba segura que recordaba cada rasgo de su cara y no necesitaba ni si quiera cerrar los ojos para conseguirlo. Hacía años que no pensaba en él, pero incluso en la adolescencia seguía recordando lo mucho que le gustaba. No cabían dudas, aquel chico, con camiseta blanca, vaqueros cortos y zapatillas que acababa de cruzar la plaza tecleando la pantalla de su móvil y acompañado por un bull dog francés, era él. No sabía cómo, ni por qué, pero ese chico le acababa de encender el corazón y le había devuelto el trozo de alma que le faltaba. ¿Pero qué estaba diciendo? Ella no creía en el amor, y pensaba mantenerse fiel a sus ideas hasta el fin de sus días.

Cada domingo, sobre la una del mediodía, se paseaba por el barrio y no volvía a casa hasta encontrarselo paseando con su perro. Habían pasado seis meses desde la primera vez que le vio y en esos seis meses, veintiséis domingos le había visto sonreír por una calle u otra  en pleno corazón de Madrid. Ni una, ni si quiera una vez de esas veintiséis, él se había dado cuenta que ella estaba ahí. Hoy volvía a ser domingo, le había vuelto a ver, y por primera vez en tanto tiempo sentía rabia y tristeza, por primera vez en mucho tiempo volvía a comer pan con mermelada de esa que cocinaba con su abuela. Odiaba el amor, y no estaba enamorada.

La semana transcurrió tranquila. Con el frío y la nostalgia, con los cafés calentitos en el metro, el olor a castañas en la calle y la mermelada sobre la mesa, en forma de recuerdo bonito, triste, como si fuese una canción, una imagen, un olor… Estaba ahí, posando serena. Llegó otro domingo más, y tras la experiencia del anterior, decidió poner punto y final a aquella historia. No tenía sentido. Nada lo tenía. No sabía a qué se dedicaba, no sabía si tendría pareja, si sería gracioso, si sería cordial, si sería bueno, si sería sincero… Ella no creía en el amor, y nada de eso tenía sentido. Enfadada con el mundo, se encerró en casa todo el domingo. Carlos, que nunca fallaba, la visitó con un cargamento de cupcakes para contarle la maravillosa aventura que había tenido la noche anterior con un joven futbolista que pronto llegaría a ser una estrella, o eso creía él. Cuando acabó el día supo que no fue tan malo. Habían pasado seis meses, y ya había acabado. No había necesitado bajar a la calle, esperar verle salir del portal, no había echado de menos nada de todo aquello.

Las semanas pasaron, pasó la Navidad, esa que tanto adoraba y que desde hacía un tiempo tanto odiaba, pasó el frío, la nostalgia, seguían los recuerdos, los pinceles… Y empezaba a llegar el calor. Irene había tenido que volar a Francia urgentemente, su hermana, que vivía desde hacía varios años al sur del país, acababa de dar a luz a una preciosa niña a la que llamaron Dana, así que ella no tuvo más remedio que quedarse cuidando al perro de quien había sido su mejor amiga los últimos casi ocho años.

La tarde sonreía y el sol ya coronaba la ciudad. Las calles volvían a estar llenas de gente y las terrazas volvían a ser escenarios de risas y encuentros. La primavera siempre fue su estación favorita del año. Se puso el vestido verde que tanto le gustaba, unas botas marrones y una chaqueta vaquera que había comprado en una tienda de segunda mano, cogió al perro y decidió bajarse a dar un paseo.  Paseó por todo el centro, estuvo mirando tiendas, observando a la gente pasar, sonriendo a los malhumorados y disfrutando de aquel día. Sin saber por qué, estaba feliz. El dolor del pasado se había difuminado, y quizás el nuevo trabajo que había conseguido hacía tan sólo unas semanas ayudaba bastante en que aquel fuese un buen momento. Decidió sentarse en una de sus terrazas favoritas de Chueca y se puso a leer los mensajes que habían estado sonando en el último rato en su móvil. De repente noto un tirón en su silla, y sintió como los dos perros se entrelazaban en medio de juegos e inocencia. Levantó la cabeza y encontró la misma cara de sorpresa que supuso se reflejaba en la suya, sólo que a ella le volvían a temblar las piernas.

Él le sonrió y le dijo:

-Nos conocemos?

-Creo que no…- pudo balbucear.

-Mmmm… Bueno, no sé, me llamo Hugo.

-Yo soy Marta y me encanta la mermelada de naranja.- dijo con una sonrisa.

la foto-68

Buenas noches, amigos.

Lorena.

Conquistada por el microteatro…

Hoy  quiero empezar el domingo lleno de energía, de cosas positivas y llenando mi mente de las cosas bonitas que me encuentro en esta ciudad.

Hoy te quería contar que la semana pasada salí a cenar con unas amigas y después decidimos ir a ver una obra a microteatro. Nunca había estado allí, pero había oído a muchísima gente hablar de ello. Este es otro de los rinconcitos con encanto que tiene Madrid, en otro de mis barrios favoritos: Malasaña. Microteatro se encuentra en la c/ Loreto y Chicote, nº 9, y si vais en metro podréis bajaros en las paradas de Gran Vía (salida a la calle Fuencarral) o en Callao.

El microteatro es una forma de consumir cultura a un precio asequible para todo el mundo, sin excusas. Son minutos de disfrutar de la magia de la interpretación muy de cerca. Y os digo muy de cerca porque así es. En microteatro no existen los grandes escenarios, ni las cortinas que se abren o se cierran a modo de portero elegante para dar comienzo o fin a una función. Microteatro ofrece 5 funciones, en menos de 15 minutos para menos de 15 personas, por 4 euros cada una. Así de sencillo y así de original.

Entramos a la sala y no me imaginé que el espacio iba a ser tan reducido. Es como estar en una habitación pequeña de tu casa, disfrutando, y creyendo que tú eres el protagonista y que lo que tus ojos están viendo sólo es por y para ti. Escasos centímetros te separan de los actores… y no sabéis lo maravillosa que resulta esa sensación.

La obra que nosotras decidimos ver fue “Ecce mono”, que siento deciros que la pudimos disfrutar en su última función, porque sino, os la recomendaría, sin ninguna duda.

Darío Frías, Juan Martín Gavina y Sara Sálamo nos hicieron reír durante unos minutos. Una obra que hablaba sobre la amistad, el amor, el egoísmo y la traición, haciendo del drama una comedia. Minutos que fueron más que suficientes para apreciar la calidad y el trabajo de los actores que tenemos en nuestro país, las ganas y la ilusión por esta profesión, y sobretodo la importancia de seguir alimentando la cultura, por parte de quien la ofrece y por parte de quien la consume.

Imagen Imagen

Estamos ante una situación social y económica demasiado complicada, en la que muchas veces, muchos de nosotros dejamos la cultura para el final de nuestros gastos. No olvidéis jamás que la cultura no es un capricho, es nuestra forma de vivir y de alimentarnos. Pero de esto, ya hablaremos más adelante.

De momento, si estáis por Madrid, os invito a visitar este espacio cultural, porque estoy segura que no os defraudará. Además, mientras esperáis a que empiece la obra u obras que hayáis decidido ver, podréis estar tomando algo en el propio teatro. Una forma distinta de tomar una copa o cenar, rodeados de un ambiente muy especial.

Imagen

No dudéis en consultar su web para informaros de todo: http://www.teatropordinero.com Disfrutad de la noche madrileña, y enamoraros de la magia del microteatro.

Feliz domingo, amigos.

Lorena.