La vuelta al cole depende de ti

Madrid hoy ha amanecido totalmente gris y envuelto por una lluvia que iba siendo ya más que necesaria. Poco ha durado, la verdad, pero parece que, por fin, el calor asfixiante ha pasado y que el otoño, tímidamente, va asomándose por la ventana. Atrás quedan los días de playa y las vacaciones (al menos para mí) y, sin ninguna duda, la rutina va cobrando su forma y un claro ejemplo de ello es la vuelta al cole. Niños y niñas cargados de ilusiones, mochilas, libros nuevos y reencuentros con amigos, llenan las aulas de todo nuestro país y en una fecha tan señalada para ellos es esencial hacer hincapié en algo que realmente me preocupa y que hoy te quería contar… 

No soy madre (bueno madre perruna sí, claro, pero no es el caso), pero tengo primos pequeños, hijos de amigas y niños a los que quiero muchísimo y a los que no me gustaría ver sufrir por nada del mundo. Siempre he pensado que no puede haber nada peor para unos padres que el sufrimiento de sus hijos y aunque haya miles de campañas contra el bullying, desgraciadamente, este tema está a la orden del día, ¿qué podemos hacer frente a eso?

Justo ayer vi un vídeo que alguien compartía en Facebook denunciando el acoso a un niño en el baño de su colegio, sólo era uno el que atacaba, pero varios los que grababan y reían, siendo cómplices de un acoso y un trauma que a mí me encogió el corazón.

Nosotros, los adultos, tenemos el poder de que la vuelta al cole cambie. Creo que sería esencial que los niños vean en su casa el claro ejemplo de tolerancia y que los padres, desde bien pequeños, les acostumbren a no ver diferencias en los demás. Por ejemplo, sé que el día que tenga hijos, ellos crecerán rodeados de chicos que tienen novio, de chicas que tienen novia, y de parejas compuestas por hombres y mujeres porque yo tengo amigos homosexuales, amigas lesbianas y amigos heterosexuales por igual e intentaré desde que sean pequeños que eso sea lo más natural para ellos, que entiendan que el amor es libertad y que hay niños que tienen dos papás, dos mamás o un padre y una madre y entre ellos no hay ninguna diferencia.

Si acostumbramos a nuestros hijos, primos, hermanos, alumnos, si hablamos con ellos y les explicamos que no hay niños raros, que todos somos iguales, que todas las familias valen, quizás ellos lo vean como algo tan normal que no se preocupen en buscar la diferencia. No hay ningún niño que sea inferior por ser más tímido, más bajito, por estar más gordito o más delgado, por llevar gafas, porque le guste jugar con muñecas, por tener otra cultura o por haber nacido en una familia diferente a la nuestra. La educación es esencial y aunque en esta sociedad quedan muchos pasos gigantes por dar, nosotros y nuestros descendientes somos el futuro para mejorarla y ahí es donde tenemos que actuar. Los más pequeños vuelven al cole pero la forma en la que vuelvan, por supuesto, depende de ti, de mí, de nosotros. 

El bullying es un tema que me preocupa muchísimo, de verdad, y ya lo reflejé en un relato que forma parte de mi libro Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos y estoy segura que quienes ya lo hayáis leído os habéis acordado de inmediato de A Todo Cerdo Le Llega Su San Martín. Por favor, que el respeto, la tolerancia, la diversidad y la educación estén por encima de todo. Nos lo merecemos, se lo merecen.

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

 

Septiembre.

Con el calor tan asfixiante que hace en Madrid (y me consta que en otros puntos de nuestro país), casi no apetece ni salir a la calle. Por alguna extraña razón, cuando volví hace sólo una semana, di por finalizado el verano, pero qué equivocada estaba. Lo que no podemos negar es que septiembre tiene el poder de poner un punto y final, de tener ese sabor a año nuevo que tan apetecible puede resultarnos, al menos a mí. Me gustan las cosas nuevas y, sin ninguna duda, mi vida se enfrenta a un montón de ellas.

En los últimos meses (prácticamente en el último año), además de tener un poco abandonado el blog, me han pasado un montón de cosas que han cambiando el rumbo de mis días, algunas muy bonitas, otras no tanto, pero os aseguro que he cogido, para que se queden conmigo, sólo las buenas experiencias de cada una de ellas. Este ha sido un verano distinto y, de un modo u otro, muy bonito. El mes de agosto lo he pasado entero con mi familia en el campo, entre el silencio de los árboles y la piscina, entre el cariño del hogar, entre las páginas de un libro del que hoy, por supuesto, os tengo que hablar. Hoy, te lo quería contar…

Los que lleváis tiempo aquí ya me vais conociendo un poco y sabéis, casi al mismo nivel que lo saben mis amigos, que leer es la gran pasión de mi vida. Por eso, cuando alguien tiene que hacerme un regalo sabe que hay algo que nunca puede fallar. En julio de 2015 (sí, he tardado un año en cogerlo y devorarlo), mi amiga Rebeca decidió regalarme por mi cumple su libro favorito y aunque por alguna extraña razón lo dejé un poco apartado, ahora sé que él esperó a ser rescatado de mi estantería justo hasta que hubiese llegado el momento perfecto para que nos conociésemos, porque no pude presentarme a Sira Quiroga en un momento más crucial de mi vida…

Quizás algunos, al leer su nombre, ya sabéis que voy a hablaros de El Tiempo Entre Costuras porque quiénes lo hayan leído, estoy segura, no lo olvidarán jamás. Sólo me hicieron falta unos días para conocer la historia de su protagonista de principio a fin, para recorrer las calles de un Madrid gris y triste o para viajar a Tánger y Tetuán y saborear el aroma de sus calles, visualizar el color de sus casas o acariciar la tela de la ropa de sus personajes. Sira Quiroga se ganó mi respeto y mi amor en cuestión de pocas páginas, ¡qué maravilla de mujer! Valiente, guerrera, luchadora, con miedos, por supuesto, pero con la fortaleza de afrontarlos y, sobre todo, superarlos. Marcus Logan consiguió robarme el corazón incluso a mí y la maldad de Ramiro me partió el alma en dos. Una historia llena de magia, vida, almas y personalidades totalmente distintas, personajes históricos vistos desde otro punto de vista, una historia capaz de conquistar a cualquier ser humano, una historia a la que María Dueñas supo darle vida de la forma más exquisita.

Quizás sabéis que la novela tuvo tanto éxito que Antena 3 decidió llevarla a la pequeña pantalla y cuando cerré su última página decidí que también quería verla en esta versión. Siempre que veo una película o una serie basada en un libro que me ha gustado tanto como este, sé que nada podrá ser igual pero en contra de mis prejuicios he de admitir que la adaptación televisiva es una auténtica gozada. He visto ya todos los capítulos y sé que nadie podría haberle dado vida a Sira (y a Arish) como lo hizo Ariana Ugarte. Qué dulzura, qué elegancia, qué fortaleza… ¡Inmensa! Rosalinda Fox y su vitalidad, Dolores y su bondad, La Matutera y su atrevimiento, doña Manuela y su saber estar, Manuel Da Silva y su sonrisa envenenada, Marcus Logan y su amor incondicional (interpretado por un Peter Vives brillante), han sido encarnados tal y como los había imaginado y nada ha podido ser más especial que disfrutarles también de este modo, ¡qué pasada!

Septiembre siempre supo a año nuevo y no encuentro mejor momento para que, si todavía no conoces esta historia ni a sus personajes, corras a cualquier librería y te hagas con un ejemplar de El Tiempo Entre Costuras porque estoy segura que te enamorarás. Si por lo contrario, ya conoces la historia, estaré más que encantada de saber qué te pareció y si te enamoraste de sus páginas tanto como yo.

He vuelto, y esta vez para quedarme.

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

 

Nada que decir (y tanto que contar…)

No hay nada que me parezca más bonito y mágico que las casualidades, ni nada que me guste más que la gente que tiene ilusión y pone todo su empeño por conseguir hacer de sus sueños el marcapasos de su … Sigue leyendo

Inuit, esos músicos de verdad…

He de confesar que estoy muy nerviosa. Como bien sabéis, el 25 de noviembre (sí, dentro de 3 días) presento Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos en la librería Cervantes (c/Pez, 27), en el céntrico barrio de Malasaña, en Madrid. Presentación a la que estáis invitadísimos todos y que estará llena de sorpresas, libros, cariño y risas… Pero hoy no vengo a hablar de mí. Hoy vengo a hablar de la música, porque no he encontrado mejor forma de empezar un domingo, y porque no conozco a nadie que sepa vivir sin ella.

Hoy te quería contar que mi amigo Mario es uno de esos músicos de verdad, y el por qué de esta afirmación lo iréis entendiendo a lo largo de este post. Pero empecemos por el principio. Todo esto se remonta al 2003 o 2004, no lo recuerdo bien. Él entró en un conocido programa de televisión y yo le conocí a través de él. Quienes me conocen, saben que OT caló muy fuerte en mí, bueno es que Operación Triunfo caló hondo en toda una generación, marcando un antes y un después en la historia de la tele de nuestro país. Su primera edición me pilló con sólo 13 años y claro, fui el objetivo perfecto para entrar dentro de ese fenómeno fan al que, por supuesto, no me quise resistir, y es que yo, siempre he sido muy fan. Mario estuvo en la tercera edición, la última de Televisión Española, por entonces, sólo éramos unos niños, el de Zaragoza, yo de Valencia… Pero la vida, mucho tiempo después, nos convirtió en grandes amigos.

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Nos conocimos por casualidad bastante antes de que yo llegase a Madrid y cuando me instalé en sus calles, él era una de las pocas personas que conocía en esta ciudad. Puedo decir, muy orgullosa y agradecida, que fue uno de esos amigos que me “salvaron la vida” (al menos la social) en esos primeros meses de soledad en la capital. Nos convertimos en muy buenos amigos y compartimos muchas horas de risas, cafés, historias… Y música. Nunca había conocido a nadie que insistiese tanto por conseguir sus sueños, y quizás, de algún modo, consiguió contagiarme su ilusión para luchar, un tiempo después, por los míos, quién sabe. Cuando ni si quiera sabía cómo pagaría las facturas a final de mes, él lo seguía teniendo claro: quería vivir de la música, quería vivir de las canciones, de las melodías, de los conciertos. Y, así, cada mañana, se despertaba y se sentaba con su guitarra frente al ordenador, a componer, a ver, día tras día, cómo se agotaba la esperanza, y cómo, quizás, nadie les daría una oportunidad. Y digo les, porque por aquel entonces, Mario, Toño, Jimmy y Siddartha ya se habían embarcado en el grupo que iba a dar forma a sus sueños y en el grupo que, tarde o temprano, debía hacer que el mundo conociese lo que ellos hacían, música de verdad, de esa que se crea con la ilusión, el esfuerzo, el talento y la magia… como ingredientes principales. Y Inuit, cocinando a fuego lento y sin descanso, hace sólo una semana presentaba su segundo trabajo discográfico, y yo, mientras les escuchaba entre la gente y sus aplausos, me acordé de todo esto y no pude ser más feliz.

Tras ganar un concurso en el estudio TAF de Móstoles, Inuit veía cómo su sueño se iba haciendo realidad y, así, grabaron su primer disco, que tuvo como consecuencia un montón de bolos y conciertos que les ha llevado a recorrer las carreteras de nuestro país. Ellos siguen soñando con algo tan básico y esencial como vivir de lo que saben hacer, de esa pasión que les acelera el corazón, de la música, de esa misma música que el resto de la humanidad tampoco sabemos vivir sin ella. Sin rendirse ni un segundo, llega su nuevo trabajo, Correr Despacio, que se presentó la semana pasada en El Perro De La Parte de Atrás del Coche, una sala de conciertos en Malasaña. Entre amigos, conocidos y las seguidoras de su banda, nos regalaron un concierto increíble, en el que el trabajo bien hecho fue la pieza esencial de ese puzzle que ellos mismos han ido montando.

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Mis ganas de comerme el mundo, Fue un placer, Perfeccionándome, No te escondas y ¿Dónde estás?, son los nuevos temas que componen este proyecto, del cual encontraréis toda la información en su web Inuit.es o en sus redes sociales como Facebook (Inuit) o Twitter (@inuitoficial). Os recomiendo seguirles, porque a pesar de que llevan muchos años dándole duro a todo esto, luchando contra un mundo que cada vez es más complicado, os aseguro que su camino no ha hecho más que empezar, además, tuve la suerte de ir con Sergio a verles (que él de música entiende un buen rato) y al salir sólo me dijo: “¡Son muy buenos!”, y yo afirmé: “Y luchadores”.

Ya sabéis que me enamoro del arte, que me encantan las personas que lo convierten en su forma de vida. Me gustan mucho las personas que luchan por sus sueños, saltando cada obstáculo y, sobre todo, me gusta la gente que trabaja poniendo tanta pasión y consigue, como no puede ser de otro modo, que el resultado final sea, simplemente, brillante. ¡Felicidades y mucha mierda, Inuit!

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Feliz domingo, amigos.

Lorena.

Y le quise ver mil veces…

Reconozco mi poca vergüenza. Os prometo que la reconozco, que no tengo excusas, sólo falta de tiempo…

El otoño ha llegado con fuerza a Madrid y si os digo la verdad, a mí me gusta tener que ir sacando ya alguna que otra chaqueta del armario, la chupa de cuero, los botines o los pantalones largos. Esta mañana he empezado mi lunes trabajando desde aquí, mi ciudad adoptiva, que cada día me tiene más enamorada (aunque parezca imposible) y la terminaré trabajando desde Italia, con una compañía inmejorable y eso, además de que no puede sonar mejor, es una auténtica gozada. A estas horas he decidido prepararme un té verde calentito, mientras el fresquito golpea la ventana y yo me reencuentro con vosotros. ¿De qué forma? Pues a través de un relato… No he encontrado otro modo. Es lo único que hoy necesitaba y os quería contar…

Leed despacio, como siempre, acurrucaos en el sofá y dejar, por unos minutos, de lado la realidad.


 

Y le quise ver mil veces…

Aquel día le vi, y fue casi sin querer, pero fue inevitable. Le vi. Y eso que aquella mañana mi amiga Sofía me había advertido de lo que iba a suceder. Ella sabía que yo saldría de casa y que le iba a ver, y yo negaba, y me reía y le decía que no, que tenía otros planes, que no me iba a cruzar con él… Que no iba a hacer por cruzarme con él. Pero lo hice, como lo llevaba haciendo durante meses…

Nos habíamos conocido muchos años atrás. Habíamos coincidido en una academia de verano de esas a las que van los pringados que, de un modo u otro, necesitan tener una obligación para levantarse cada mañana y estudiar para septiembre. Nos caíamos bien, es que eso se notó desde el principio. Por aquel entonces, él tenía novia y yo… Yo no tenía absolutamente nada. A ver, pongámonos en situación… Compartimos unas clases particulares en una academia, un verano, nada más (¿qué más da si tenía novia o no?). Si digo que no me fijé en él, miento. ¿Quién no se fijaba en él? Era prácticamente imposible. No sé muy bien si por esos ojos verdes, si por esa piel tostada, si por ese pelo despeinado o por esa chulería que le hacía irremediablemente adorable (y apetecible). Compartimos risas y buenos momentos, después, obviamente, cada uno siguió su vida. Es más, creo que él se fue de la ciudad… Bueno, no lo creo. Lo sé. Se fue a estudiar fuera y no le volví a ver hasta que no pasaron dos años, en una noche de viernes, por pura casualidad. Los dos nos alegramos de vernos, es verdad. Se notó, incluso desde lejos. Nos dimos un abrazo, nos regalamos las sonrisas que se regalan aquellos que hace tiempo que no se ven y se caen bien y estuvimos un rato charlando, entre risas, entre tonterías y complicidad (imposible negarlo). Dijimos de tomar un café, algún día, ya nos llamaríamos, si eso…

Pues me llamó. Me llamó al día siguiente y acepté. Lo que iba a ser un café se convirtió en horas y horas de cañas, de risas, de miradas, de parar el tiempo, de olvidarse del planeta, de paseos sin objetivo, sin lugar de destino, de entrar a cualquier bar, de no mirar alrededor, de comernos con los ojos y divertirnos… Sobre todo eso. Y me besó. Y yo he de reconocer que aquel beso me gustó, no sé muy bien si me gustó de verdad o si fueron las cañas de más, pero me gustó, aunque casi ni lo recuerde. Después de ahí, creo que no hablamos mucho más, y no porque no nos hubiese gustado aquella tarde… Es más, creo que los dos decidimos guardarla como una tarde especial en nuestros recuerdos y dejarla ahí, bien conservada, para no estropearla… A veces, hay cosas que pasan en un momento concreto y deben quedarse así, como si las guardases dentro de una cajita y mucho tiempo después la volvieses a abrir, para mirar que sigue igual y sonreír y saber que el tiempo no ha estropeado absolutamente nada. Es difícil, pero a veces, hay cosas que deben pasar así. Creo que alguna vez nos volvimos a escribir, cada muchos meses, un qué tal estás o un hoy por casualidad me he acordado de ti… Sin más. Dos frases cordiales llenas de cariño (y pasión) cada cierto tiempo. Y así, durante cuatro años más.

Yo habría seguido tranquilamente con mi vida, con mi rutina, con mi casa y mi pareja. Habría seguido con la tranquilidad, respirando la paz en mi zona de confort. Habría seguido así mucho tiempo, habría seguido así para siempre y seguramente habría sido cobarde, ¿verdad? O quizás aburrida, o quizás jamás habría descubierto que se puede estar mejor. Bueno, olvidemos la última frase, porque realmente siempre se puede estar mejor, y peor, así que a veces, es mejor quedarse como uno está, pero es que otras veces… Es que otras veces el destino te manda una señal y sabes que todo tiene que cambiar, aunque te vuelvas completamente loca.

Cuatro años después nos encontramos en un bar, él con un grupo de amigos solteros y depredadores y yo con un grupo de amigas guapas y divertidas. Obvio, no fue difícil entablar conversación, ni si quiera alargarla a unas horas, ni si quiera acabar todos juntos de copas y fiesta por el centro de la ciudad… Y aquella noche nos reímos, como lo habíamos hecho cuatro años atrás, y nos mirábamos y sabíamos que ocurría algo, algo inexplicable, algo que nadie podía entender, aunque todos lo viesen, seguramente, más claro que nosotros… Insistimos en decirnos que no nos habíamos echado de menos y, entre risas, incluso que habernos reencontrado había sido el error del fin de semana. Y resulta ser que aquel error nos llevó a querer vernos prácticamente cada día.

A medida que le veía a él, mi  rutina se desmoronaba, mi zona de confort se iba haciendo pequeña y empezaba a ahogarme. Cada vez que le veía quería salir corriendo y decirle que me llevase de bar en bar, a tomarnos unas cañas, a reírnos y a besarnos como aquel día en el que sólo queríamos tomar un café. Pero no lo hicimos, nunca lo hicimos. Porque no nos besamos, ni una sola vez. Compartimos muchos cafés, muchas risas y compartimos una complicidad que de forma egoísta nos iba uniendo cada vez más. Una complicidad que pedía a gritos que nos abrazásemos, que nos apretásemos fuerte las manos y que apostasemos por aquello que sentíamos, que era lo que, realmente, nos estaba manteniendo vivos. Y sentíamos miedo, sin decirlo. Porque nunca se lo dije. A veces, no es necesario decirlo. Supongo que me lo leía en la mirada, como yo leía en la suya que quería que fuese suya, sólo suya, para siempre, de nadie más…

Hubo un día en el que no podía más. Llevaba viéndole meses, fingiendo que era mi mejor amigo, fingiendo que era su mejor amiga, fingiendo que no nos queríamos devorar, arrancar la ropa a mordiscos, tocarnos el alma con las manos y desgastarnos los labios y la piel a besos… No podía quitarlo de mi cabeza y sólo sonreía si él me escribía un mensaje. Tenía un problema, un verdadero problema. Aquel día le vi. Y fue casi sin querer, pero fue inevitable. Me había prometido no escribirle, no verle, distanciarme. No hacer daño a quien creía en mí, hacer caso a la razón… Pero, inevitablemente, yo siempre fui más del corazón. Le vi con la excusa de darle algo, su libro favorito, en edición limitada que lo había encontrado por casualidad, cuando se habían agotado todos los ejemplares y yo estuve semanas para comprar uno. Y sólo nos dimos un abrazo, y le sentí temblar como temblaba yo. Y entonces, sólo entonces, supe que había dos caminos: salir corriendo para siempre o quedarme y arriesgar. Pero joder, alguien saldría herido, y yo, sólo yo, sería la culpable.

Aquella noche volví a casa, y ni el abrazo de mi gata me dio el calor que yo esperaba. Encontré mi casa, mi hogar, completamente vacío, desangelado, frío. Miré a la persona que más había querido jamás, a quien más me había querido, y me pregunté cuánto tiempo hacía que habíamos dejado de estar enamorados y le abracé en silencio. Y lloré, lloré mucho. Y no nos hicieron falta las palabras, porque hacía mucho que lo nuestro no funcionaba, porque hacía demasiado que sólo éramos amigos… Y nos hicimos daño. Claro que nos lo hicimos y nos echamos de menos, y seguramente lo haremos el resto de nuestras vidas… Pero, a veces, el destino te manda una señal, y te pone a prueba, y tu eliges cómo jugar, qué hacer, si arriesgar o quedarte cómodo, sin más.

Y yo arriesgué. Y le llamé. Y le vi. Y sólo me hizo falta abrazarle para sentir que ya nada era igual, que todo había cambiado, en cuestión de segundos, que ahora podía ser verdad, que podíamos tener la oportunidad de intentarlo, sin saber si saldría bien o saldría mal… Y me vio llorar, y lo entendió todo. Y me besó. Aquel día me besó. Me volvió a besar, como hacía años que no lo hacía nadie, como si el mundo se acabase allí mismo, y me abrazó y supe que no quería que me soltase jamás… Y tuvimos que intentarlo.

Y pasaron los años. No sólo cuatro, pasaron ocho, y diez… Y un día nos casamos, rodeados de amigos, en una fiesta divertida, sin excentricidades ni extravagancias. Fue una ceremonia bonita, llena de cariño, de pasión y de mucho amor… Y tuvimos dos hijos, y son maravillosos, con los ojos de su padre y la mirada de su madre. Y los miro, y entonces sé que lo hice bien y que hay veces que, simplemente, la vida te manda una señal, un aviso, de la forma que sea… Por un encuentro casual, un tropiezo o una canción. Hay caminos que aunque no los quieras recorrer, si están en tu destino, acabarás por perderte en ellos. Y le vi, y menos mal que le vi. Y que le quise ver mil veces…

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Buenas noches, amigos.

Lorena.

¡Que empiece la aventura!

Desde el 17 de agosto sin actualizar… No debería tener excusa, pero la tengo. Estuve en casa. No recuerdo la última vez que pasé tanto tiempo en l’Olleria, seguramente aquello fue antes de irme a vivir a Elche… Desde entonces, todo en mi vida cambió, aunque siempre he guardado las cosas esenciales de ella, pero a mi alrededor todo empezó a ser distinto. Septiembre es, para mí, como un año nuevo, donde, tras el verano, alguna aventura nueva empieza. En el septiembre de hace diez años dejé mi pueblo y mis calles para empezar a estudiar periodismo en la ciudad de las palmeras, ciudad a la que, casualmente, mañana vuelvo unos días, después de demasiados meses sin visitarla, porque el sábado se casa una de mis amigas más especiales, porque nos hacemos mayores y porque ya sonrío al pensar en toda la gente que me voy a reencontrar desde el momento que el ave me deje en la estación de Alicante. Entonces, te paras a analizarlo todo un segundo y te das cuenta que la vida pasa demasiado rápido y lo que más me reconforta es mirar hacia atrás, mirarme ahora y decir: me gusta, no ha sido nada fácil, pero lo que ahora mismo veo, me gusta, y es más, quiero que mi futuro sea todavía mejor. Vivir con esa ilusión cada día, es el motor que me hace sentir las cosas de forma tan intensa, os lo prometo.

Un septiembre también, de hace ya cinco años, me vine a vivir a Madrid, con una maleta cargada de sueños, de los cuales algunos fueron pisoteados bastante fuerte, pero supieron escaparse y resurgir… ¡Ay, Madrid! La ciudad que me ha dado tantas, tantas cosas, la ciudad que me ha visto crecer, que me ha regalado momentos mágicos, que me ha regalado ilusiones, cafés en solitario, amigos esenciales, tardes de silencio, días de mucho ruido, la ciudad que me ha regalado el amor, en todos los sentidos. Cuando estaba en l’Olleria, hace sólo unas semanas, no quería que agosto se acabase, quería alargarlo más y de hecho, lo hice. Me daba pena dejar atrás a mi familia, el olor de mi casa o a mis amigas de siempre, pero una vez volví aquí, hace sólo unos días, entendí lo mucho que lo había echado de menos. Estoy completamente enamorada de esta ciudad de la que no quiero marcharme, al menos, en mucho tiempo… En verdad, hace tanto que no vengo por aquí, que hoy te quería contar muchas cosas…

Este podría ser un septiembre también especial, de hecho, lo es. Lo único que si intentas mirar un poco al mundo que nos envuelve, te das cuenta lo podrida que está la sociedad y lo podridos que están algunos seres humanos… Entonces, tienes ganas de volver hacia atrás y encerrarte en casa y un segundo después quieres salir a gritar y a decirles a todos esos que se creen con derecho a limitar a los demás, que no lo pueden hacer, que no queremos que lo hagan. Vivimos en un mundo que cada día me da más asco y vergüenza, donde los seres humanos son tratados como objetos sin importancia para los que son capaces de prohibirles la entrada en un país como si fuesen verdaderos delincuentes, o donde un periodista es capaz de tirar al suelo a una persona en el peor momento de su vida, solamente por captar una imagen… Vivimos en un país donde se persigue a un animal por la calle, con lanzas en la mano, como si de la prehistoria se tratase, para torturarlo hasta que agonice, para maltratarlo hasta matarlo, por pura diversión… Y no, por favor, ya no quiero oír la palabra tradición. Entonces me duele el alma, y me duele el corazón… Y tengo náuseas, lo prometo, y siento rabia, impotencia, dolor, asco… Y me enfado, me enfado mucho.

Hoy, tras tanta reivindicación en las redes sociales y tantas lágrimas al ver las noticias, he decidido que yo quería volver a Lo Que Te Quería Contar con una buena noticia. Porque septiembre es un mes especial, es un nuevo año, y es el comienzo de muchas cosas… Y septiembre de 2015 es el inicio de mis sueños hechos realidad, de mi mayor aventura, de la ilusión de mi vida y de algo que muchísimos de vosotros, sin ni si quiera conocerme, habéis vivido con muchas ganas durante meses, al otro lado de la pantalla. Septiembre de 2015 es el pistoletazo de salida… Y hoy, me hace especial ilusión enseñaros a “mi primer hijo”. Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos va a estar en breve en vuestras manos. Ahora mismo, se está buscando el lugar ideal para hacer su presentación en Madrid y a partir de ahí, podréis acariciarlo con calma, recorrer cada una de sus páginas y hacer que nos sintamos, si cabe, más cerca.

Os presento, muy emocionada, la portada de mi libro, una portada que me encantó al cien por cien en el momento que la vi, cuando supe que los chicos de Círculo Rojo habían hecho una elección perfecta, simbolizando con algo tan sencillo como nuestras manos, todo lo que este libro guarda: amor, desamor, ilusión, sueños, dolor, tristeza, amistad… Una imagen que abarca cualquiera de mis historias, que sabéis de sobra que también son vuestras. Necesitaba volver así, con fuerza, para contrarrestar, al menos por un segundo, todo lo que está pasando ahí fuera…. Me muero por saber qué os parece, me muero por que lo tengáis en vuestras manos o por que me acompañéis el día que lo presente…. Aquí os la dejo, toda vuestra…

Portada de Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos... ¡Espero que os guste!

Portada de Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos… ¡Espero que os guste!

Os iré informando de todos los detalles la presentación a través de mis redes sociales, a través de mi perfil en Twitter y mi página de Facebook… Ahora sí, amigos… ¡Que empiece la aventura!

Buenas noches desde Madrid, la ciudad que te enamora y te atrapa para siempre.

Lorena.

Quiero

¡Ay, amigos! La verdad es que estos días, entre estar en casa (porque sí, me he venido un mes entero a mi pueblo y ni recordaba la última vez que había paso aquí tanto tiempo), entre tanto trabajo y demás… se me van los días sin actualizar el blog. Supongo, que cuando pase el verano todo será diferente. Hoy es día de reencontrarnos, para empezar así la semana y quiero hacerlo en forma de relato, porque no se me ocurre mejor forma de estar juntos, y hoy, que mi amiga Alba me ha pedido que lo haga, te lo quería contar. Un relato que habla de los sentimientos del ser humano en general porque todos, alguna vez, nos hemos enamorado con tanta fuerza que nos ha sido imposible que nos respondan de la misma manera… y todo, de un modo u otro, acabamos viviendo las mismas historias.

Leed despacio, como siempre…


QUIERO

Quiero que te duela la tripa como me duele a mí cuando pienso en ti, cuando pienso en aquella primera vez que nos vimos o cuando pienso en todas las que, casi por casualidad, nos hemos cruzado en la vida. Quiero que recuerdes aquel día en el que nuestras miradas se cruzaron por primera vez, aquel día en el que alguien pronunció nuestros nombres e hizo de nosotros una presentación oficial, para pasar de desconocidos a ser conocidos de forma cordial. Quiero que recuerdes aquella noche de verano, en la playa, entre música y sonrisas, en la que bailamos sin parar y bebimos juntos alguna copa de más. Quiero que te acuerdes de la ropa que llevaba, de aquel vestido de flores que  cubría con suavidad mi piel. Quiero que recuerdes cómo me mirabas o las primeras palabras que compartimos, quiero que las grabes a fuego en tu memoria y que cada vez que recuerdes esos instantes, una sonrisa tonta se apodere de tu cara. Quiero que recuerdes el momento en el que me pediste mi número de teléfono y que recuerdes aquel primer mensaje que nos encendió el corazón. Quiero que recuerdes esas noches, en las que nos pasábamos horas escribiéndonos, hasta que la fuerza de nuestros ojos por cerrarse se resistía a nuestras ganas, esas noches en las que te quedabas dormido con la pantalla del teléfono encendida, que se apagaba al mismo tiempo que nosotros, sin querer, nos quedábamos dormidos. Quiero que recuerdes cuándo me preguntaste si estaba disponible aquel martes por la tarde, en el que nuestra primera cita marcaría con fuerza el calendario y nuestras vidas.

Quiero que recuerdes el primer café, los nervios de la primera vez, la falta de palabras y las ganas de hablar sin parar. Quiero que recuerdes las ganas de los besos y la vergüenza que te impedía darlos. Quiero que recuerdes aquella primera cena, en la que una hamburguesa en aquel rinconcito de Madrid, pareció el mejor manjar y la velada más romántica. Quiero que recuerdes la primera cerveza, la primera de muchas que acompañaron a todas y cada una de las mariposas que revolotearon en nuestros estómagos. Quiero que recuerdes cada una de las risas a medias, donde temblaban los labios y la voz, donde las miradas se sostenían con la misma fuerza que tenían nuestros corazones por aquel entonces. Quiero que recuerdes el primer paseo por el parque o la primera vez que quisimos hacer un picnic en el Retiro. Quiero que recuerdes la primera vez que patinamos por Madrid Río y me cogiste de la mano, prometiendo que no me soltarías jamás. Quiero que recuerdes el primer helado que compartimos en La Puerta del Sol, paseando hasta la Plaza Mayor y sintiendo que el mundo se paraba y que todo a nuestro alrededor desaparecía. Quiero que recuerdes la primera vez que subiste a casa y te puse aquel disco que tanto me gustaba y que tanto detestabas, aquel disco que aceptaste con una sonrisa y aquel disco por el te burlaste de la música que me apasionaba. Quiero que recuerdes aquella noche en la que decidiste que te quedarías a dormir.

Quiero que recuerdes la primera vez que hicimos el amor, en la que me acariciaste como si mi piel fuese a desaparecer bajo tus dedos. Quiero que recuerdes cada uno de los besos con los que me recorriste el cuerpo y me erizaste el alma. Quiero que recuerdes cada uno de nuestros despertares, entre miradas cómplices y besos, en los que las sábanas eran nuestras mejores aliadas y nada más tenía importancia. Quiero que recuerdes los te quiero porque sí, sin importar el día ni el lugar. Quiero que recuerdes, porque yo todavía no soy capaz de recordarlo, qué fue lo que te impulsó a desaparecer, poco a poco, de mi vida. Quiero que recuerdes qué era lo que te pasaba por la mente cuando no te apetecía escribirme un mensaje o cuando cualquier excusa era suficiente para impedir que nos volviésemos a ver. Quiero que recuerdes si te preguntaste si yo estaría llorando en mi habitación. Quiero que recuerdes si alguna vez me echaste de menos y si alguna vez te preguntaste si la que te echaba de menos era yo. Quiero que recuerdes cuándo fue el momento en el que te fijaste en otra persona y en el que otros besos llenaron tus labios de ilusión. Quiero que recuerdes si alguna vez volviste a mirar a alguien cómo me miraste a mí, si volviste a hacer rabiar, entre sonrisas, a alguien como lo hiciste conmigo, o simplemente, si alguien te llenó de felicidad como yo te llené a ti, o como tú me llenaste a mí.

Quiero que cuando suene tu móvil corras a mirarlo, esperando que quien te haya escrito sea yo. Quiero que mires, de vez en cuando, mi última conexión y que cada vez que me veas en línea, desees con todas tus fuerzas verlo convertido en un escribiendo… que te acelere el corazón. Quiero que si no lo hago, lo hagas tú, que me escribas y quieras sacarme una sonrisa, que quieras volver a ser tú quien me haga sonreír. Quiero que te inventes cualquier excusa para saber de mí, que le hagas una foto a tu cena o compartas conmigo una foto cada vez que veas el mar. Quiero que se te ocurra cualquier tontería que a mí me alegre el día, quiero que lo hagas cada día. Quiero que tengas ganas de luchar por mí y que te dé igual todo lo que haya llegado nuevo a mi vida. Quiero que entiendas que sigo pensando en ti cada vez que me voy a dormir y que si sueño contigo cada noche, no es por pura casualidad. Quiero que te mueras por llamarme y decirme que me vuelves a necesitar, que me echas de menos y que tarde o temprano necesitarás gritar que quieres volver a dormir abrazado a mi piel, a mi respiración, a mi aliento y al aroma de mi piel. Quiero que te pasen todas y cada una de estas cosas, porque son las que me pasan a mí.

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Buenas tardes, amigos.

 

Lorena.

 

Hay un amigo en mí…

Hoy llego tarde, pero llego… En primer lugar, creo que debo avisaros de que a partir de ahora no sé si mi día fijo para publicar será los martes, como hasta el momento. Os explico por qué. Ahora, con mi nuevo trabajo, me paso el día pegada al ordenador y eso hace que, a veces, acabe un poco saturada o simplemente que tenga otras cosas que hacer y no pueda quedarme más horas junto a él. No obstante, lo que tengo claro es que voy a seguir estando con vosotros una vez a la semana, y ojalá me organice y puedan ser más. No sabéis lo feliz que me siento cada vez que nos contamos historias…

Tras el relato de la semana pasada que tanto os gustó y que creo que se convierte en uno de mis favoritos desde ya, hoy vengo con algo mucho más simple pero no menos importante. A veces, la tele nos regala cosas muy bonitas y ayer fue una de esas noches en las que Antena 3 quiso alegrarme el final de julio… Top Story es, sin ninguna, mi película Disney favorita. Cuando era más pequeña adoraba La Cenicienta, La Sirenita y Aladdín, pero desde que conocí a Buddy, Buzz y sus compañeros supe que se habían ganado, con fuerza, mi corazón. Toy Story 2 siempre me recordará a mi hermano Alex, él era muy pequeño cuando salió a la venta y se (nos) la compramos, ¡le encantaba! Se pasaba el día viéndola, una y otra vez, y yo, que sólo quería estar a su lado y mimarle, la veía con él… Nos diferencian 12 años de edad, así que podéis imaginar cómo me moría de amor por él… Sin ninguna duda, Toy Story 3 ya me pilló mayor, pero la viví con la misma ilusión y hoy, te lo quería contar.

Recuerdo que fui a verla al cine, yo todavía vivía en Elche, pero había venido a pasar el fin de semana a Madrid. ¡Tenía tantas ganas de conocer sus nuevas aventuras! Pues bien, cargada de palomitas y refrescos, fui a verla en 3D si no recuerdo mal… ¡Me encantó! Es que me encantó tanto que lloré mucho con el final… Sí, como una niña pequeña. Ya sabéis que soy muy sensible y de lágrima muuuy fácil. La he visto más veces, por supuesto, pero anoche me di cuenta que hacía demasiado tiempo que no lo hacía. La disfruté como el primer día… ¡Es una auténtica obra de arte! ¿Cómo puede haber tanta magia, tantas risas y tantos valores concentrados en aproximadamente dos horas? Lloré de nuevo cuando Andy se despedía de Buddy, Buzz, Jessie, Perdigón, Rex, El señor y la Señora Patata o Slinki… y no lloré porque me acordase de aquellas Barbies que tanto me gustaban o aquellas muñecas que me hacían creerme madre con poco más de seis años… Lloré, como imagino que habéis llorado con ella todos a los que os haya pasado, por las cosas que tiene la vida… Por esa maravilla de darnos cosas que nos hacen felices y un día, de repente, quitárnoslas. Bien sea porque nos hemos hecho mayores, porque hay que cambiar de vida o porque simplemente la vida se acaba… ¿Os dais cuenta que todo lo que tenemos algún día se irá? Todo, absolutamente todo… Y entonces, miré a Cometo, que estaba dormido a mi lado en el sofá, y pensé en la maldad del ser humano.

No sé si alguna vez os he contado algo muy curioso que me pasa (seguro que no soy la única). Cuando de repente pasa algo, ese algo me lleva a pensar en otra cosa, y esa cosa en otra… y así, en cuestión de segundos, puedo pensar en, por ejemplo, diez cosas distintas, donde la primera no tiene nada que ver con la última… Cadena de pensamientos, lo llamo yo. Pues ayer, mi cadena de pensamientos no fue muy extensa, pero de repente pensé en todas esas imágenes que estoy viendo estos días en las redes sociales de tantos, tantísimos, perros que necesitan casas de acogida, de tantos, tantísimos perros que son abandonados por sus dueños por un sinfín de excusas hipócritas y vacías de sentimientos, desde una separación matrimonial a las ganas de irse de vacaciones… pero, ¿en qué asco de mundo vivimos? Os prometo que se me parte el alma y me lleno de rabia cuando pienso en esas cosas. Cuando me regalaron a Cometo, creo que tardé medio segundo en quererle (bueno, quizás un poco más, porque al principio no daba crédito ante tal maravillosa sorpresa), y creo que me fueron suficientes un par de horas para saber que no quería separarme nunca de su lado, para saber que nos íbamos a querer con todas nuestras fuerzas, a acompañar en mil historias, en el tiempo, en los espacios, en las alegrías y las penas y que entre nosotros, de repente, se había creado un vínculo de unión tan sumamente fuerte que creo que sólo son capaces de entender las personas que conviven con una mascota. A veces, le miro y sé que sólo le hace falta hablar, pero es que ni si quiera necesito que me hable para entenderle, en su mirada puedo ver si está cansado, si está triste o si tiene ganas de jugar… Él tampoco entiende mi idioma y os aseguro que conoce mejor que nadie cada uno de mis estados de ánimo. Sabe cuando estoy triste, cuando estoy feliz, cuando necesito que se acurruque a mi lado o cuando necesito un rato de silencio… Os prometo que lo sabe, y os prometo que lo sabe mucho mejor que la mayoría de seres humanos que me rodean, es algo tan mágico y especial que es difícil de explicar.

No puedo entender cómo pueden existir seres humanos que abandonen a sus mascotas, no puedo entender cómo hay personas que pagan una barbaridad de dinero por asesinar a un león en peligro de extinción y que eso se permita, como no entiendo vivir en un país donde maltratar a un animal en medio de una plaza sea catalogado por muchos como “cultura” o “tradición”. Entonces, una vez más, me avergüenzo del planeta en el que vivo… Bueno, me avergüenzo de las personas que viven en él y pienso que ojalá pudiésemos parecernos, sólo un poquito, a ellos. Nosotros, que supuestamente somos “el animal racional”, nosotros que destrozamos el mundo en el que vivimos… Hoy, paseando por el parque (todavía con la resaca Disney de ayer), tarareaba en mi cabeza la conocida canción de Toy Story… y cuando me he escuchado (sin cantar en voz alta, lo prometo) decir: Hay un amigo en mí…” he mirado a Cometo y he entendido que hay muy pocos amigos como él, y eso que tengo la suerte de rodearme de amigos maravillosos, fieles e incondicionales a los que quiero con todo mi corazón.

Por favor, que los padres lo metan en la conciencia de sus hijos, que la educación cambie, que el ser humano aprenda las bases cuando todavía las puede absorber sin poner pegas… Quiero ver un mundo en el que el abandono o maltrato de un animal nos parezca una salvajada a todos y no sólo a unos cuantos, quiero vivir en un mundo donde la irracionalidad del ser humano se castigue y se corrija. Ellos nunca nos fallan, y nosotros les fallamos demasiado. Ojalá vosotros penséis exactamente como yo, en otros temas me da igual, pero en este: ojalá.

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Buenas noches, amigos.

Lorena.

Fui al teatro… y me reí mucho.

¿Alguien de l’Olleria podría imaginar que en una obra de teatro, en pleno corazón del centro de Madrid, se pronunciase el nombre de nuestro pueblo? Pues ayer pasó… y hoy te lo quería contar.

Hace sólo unas semanas, publicaba aquí una entrevista a David Laguía, Kirian Sánchez y Lucía Ramos para hablar de su obra de teatro: Porno Star. Ayer, por fin, me acerqué con unas amigas a los Teatros Luchana a disfrutar de ellos.

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Ya sabéis lo mucho que me gusta la gente con talento y lo mucho que me gusta la gente con ganas e ilusión. Ayer, sobre el escenario, vi a ocho actores con ganas de comerse el mundo, entregados, locos, divertidos e impecables, representando una obra que es suya, en todos los sentidos. David Laguía, Kirian Sánchez, Lucía Ramos, Belén CE, Rubén Bernal, Mario Alonso, Laura Calero y Marta Wall, bajo la dirección de Darío Facal, son los guionistas, productores y protagonistas de esta comedia que ayer llenó el teatro e hizo ponerse al público en pie.

Si os digo la verdad, tenía grandes expectativas. Algunos de los actores son muy amigos míos, les conozco desde hace años y sé lo mucho que trabajan y luchan por hacer de su vocación su profesión, es obvio que les quiero mucho y que creo en ellos. Sabía que me iban a gustar. Lo cierto es que mis expectativas se superaron con creces, y no sólo es que me gustasen ellos y me gustase el resultado de su trabajo, de su creación y de su esfuerzo; es que me encantaron. Me encantaron a mí y encantaron a todos los que estaban allí, que llenaron el teatro de carcajadas y buena energía.

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Ellos están brillantes, con unos personajes muy peculiares, cada uno con algo especial… Y la obra no puede ser más divertida. Porno Star es una mezcla de locura, humor, diversión y arte, convertida en una explosión de trabajo bien hecho. No puedo estar más orgullosa de ellos. De verdad.

Los recién estrenados Teatros Luchana se encuentran en la calle Luchana, en pleno centro de Madrid, un espacio moderno que estoy segura se convertirá, con el tiempo, en un clásico de la capital. Llegamos bien justas, pero llegamos cuando la gente todavía estaba en la cola para entrar. Buscamos nuestros asientos, se apagaron las luces, nos quedamos en silencio y empezó la función…

Empezó la función y empezó la magia, la magia del teatro, de ver en directo la ficción, de sentir al artista tan cerca, de ver la cara del público, escuchar las risas, sentir los aplausos, mirar las sonrisas en las caras de todos los que estaban ahí… Vi a un público entregado y vi a mis amigos convertidos en otras personas, les vi crecerse, creérselo y les vi disfrutar, y yo fui muy feliz.

Un prostíbulo sin clientes, unas prostitutas muy peculiares, alocadas, divertidas e inocentes. Un proxeneta con ganas de dinero y un chico tontito que acabará sorprendiendo a todos… Un director de cine, una estrella porno y una flamante joven que sueña con ser actriz… Todos ellos en un mismo escenario, con un proyecto en común: rodar una película porno para que sea un éxito y, sobre todo, para que una banda de la mafia rusa no acabe con todos ellos.

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¿Alguien de l’Olleria podría imaginar que en una obra de teatro, en pleno corazón del centro de Madrid, se pronunciase el nombre de nuestro pueblo? Pues ayer pasó… Una conversación entre dos de los personajes, un viaje al pasado, un intento de unir caminos, vidas y destinos… Un lugar y un nombre, y de repente escucho que aquello pasó en l’Ollera y que ella se llamaba Lorena. No pudo hacerme más ilusión y desde aquí quiero darle las gracias a mi querido David Laguía por un gesto tan, tan bonito y tan especial… Que me hizo soltar una carcajada y morir de ilusión. (Gracias brother, gracias y enhorabuena porque no puedes estar más espectacular…)

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Sentimientos, sueños frustrados, muchas risas, un final sorprendente e incluso alguna que otra historia de amor. Porno Star es una locura… pero alguien me enseñó una vez que sólo hay que arrepentirse de las locuras que no se cometen… así que ¡bendita locura!

Aún quedan dos semanas, hasta  30 de junio podéis encontrarles los lunes y martes a las 20:30 en los Teatros Luchana. Estoy segura que os gustará mucho y que, al menos en ese rato, desconectaréis del mundo y de la vida que hay fuera, para adentraros en una historia única que os hará morir de risa… Y reír, amigos míos, alegra y alarga la vida a cualquiera.

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Kirian Sánchez, David Laguía, Belén CE y yo, tras acabar la función.

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David y yo.

Mi más sincera enhorabuena a todos y cada uno de los actores de esta maravillosa obra, porque al final, las cosas hechas con ganas se notan y ellos están insuperables. ¡Muchísimas felicidades y mucho éxito!

Ayer fui al teatro y me reí mucho, así que muchísimas gracias por contagiarnos vuestra energía y vuestra magia.

Que no paren los sueños…

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Con Patri, Sara, Carmen y Sandra, mis chicas guapas, con las que fui a ver la obra.

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

 

No todos los políticos son iguales.

Nos han hecho tanto daño político que no es extraño escuchar a alguien decir “no confío en ningún político“, “no me creo a ninguno” o “todos los políticos son iguales“. Pero no, no todos los políticos son iguales. Yo, que confío en las personas, tengo esperanza y confío en la razón, siempre estoy segura de que hay excepciones, aunque sólo sea para confirmar la regla. Como en cualquier asunto de la vida. Hoy, te lo quería contar.

Ayer por la noche estuve con mi amiga Lydia y justo le dije que no tenía ni idea sobre qué iba a escribir en el post de hoy. A veces, desgraciadamente, las noticias te sorprenden y te dan el tema a tratar. Hoy, cuando me he despertado, mi mejor amigo me había escrito un mensaje en el que me anunciaba la muerte de Pedro Zerolo y me pedía que escribiese sobre él. Me ha invadido la pena, porque a veces, cuando muere alguien que no conoces, pero de quien sin conocer sabes que tiene un gran corazón, la pena llega de forma inevitable. Me he sumergido en mis redes sociales y todo el mundo se hacía eco de la noticia.

MD35. MADRID, 25/10/08.- El secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG del PSOE, Pedro Zerolo, sostiene una pancarta que condena el machismo, durante la manifestación convocada esta tarde en Atocha, Madrid, por una asamblea de hombres para protestar contra la violencia de género. EFE/VÍCTOR LERENA

La muerte no perdona a nadie, es algo que sabemos que existe desde casi el comienzo de nuestra historia, pero es algo para lo que casi nadie estamos preparados nunca. Yo, personalmente, es a lo único que le temo en la vida. Qué cosas.

Cuando muere alguien que ha luchado por el bienestar social como lo hizo Zerolo, es imposible no sentir un vacío inmenso, y entonces, una vez más, te preguntas por qué no existen más personas así, porque el ser humano, en vez de ser lo contrario en su gran mayoría, no se empapa de la fuerza y buena energía de algunos que parece que simplemente fueron enviados para intentar salvar el mundo o, al menos, mejorarlo en todo lo que esté a su alcance.

Como muchos ya sabéis, soy una gran defensora del colectivo homosexual. Muchas de las personas que forman parte esencial en mi vida son homosexuales, pero no por ello respeto cualquier condición sexual. Respeto cualquier condición sexual porque yo creo en el amor y las personas, porque yo amo la libertad y la felicidad y porque todo ser humano tiene derecho a amar, a ser libre y a ser feliz. Estoy segura que somos muchos los que pensamos así. De hecho, quiero pensar que todos los que me leéis pensáis así.

Zerolo lo pensaba, pero no quiso quedarse de brazos cruzados. Él quiso luchar por el amor, por la libertad, por la felicidad, por la igualdad, por los derechos, por las personas y por un mundo más justo en el que todos vamos a convivir. Porque no todos los políticos son iguales.

Hoy, al verle protagonizar tantas noticias, me he encontrado con un sin fin de imágenes suyas. El cáncer le había consumido, le había quitado fuerza a su cuerpo, pero en cada una de las imágenes, todavía sabía conservar una sonrisa fuerte, llena de ilusión y de esperanza, no por él, que ya era consciente que más bien pronto que tarde se iría, sino esperanza por este mundo que nos dejaba y por el que había luchado sin límites mientras había estado por aquí. Hay personas que tienen magia en el alma, y eso, queridos, ni el maldito cáncer lo sabe destruir. Zerolo brillaba, estoy segura que ha brillado hasta el final.

Mi amigo Tomás compartía en Facebook una entrevista que El Mundo publicaba hace casi un año. Una entrevista maravillosa que me ha hecho emocionarme y de la cual, he creído necesario rescatar algún fragmento.

P. No va a renunciar a trabajar…
R. No, nunca. Acabo de proponer en el Ayuntamiento 10 medidas urgentes para luchar contra la pobreza infantil. Quiero trabajar hasta la victoria final. Y si no hay victoria, es que no es el final.
P. Si naciera otra vez… ¿volvería a ser político?
R. Volvería a ser un servidor público con discurso político. De izquierdas, claro.
P. ¿Y cuando escucha: ‘¡los políticos todos a extinguir!’?
R. Hay una enorme desafección y tiene su explicación. Hay algunos políticos que no han entendido su función como un servicio público. Los que así lo entendemos no hemos tenido mayor problema. Pero sí, hay mucho cabreo e indignación y eso hay que corregirlo. En mi caso, la gente conoce mi trabajo y la pulsión suele ser muy positiva. Creo que hay que recuperar la identidad.

Quizás no ha sido una casualidad que junio haya sido el mes de su despedida, de su incansable lucha, de su batalla perdida, pero tantas cosas ganadas… Junio es un mes importante para muchos homosexuales que en el Orgullo Gay saldrán por las calles de Madrid a alzar banderas llenas de colores y a brindar por la libertad y la igualdad, y estoy segura que este año, todos le llevarán en la memoria. Quizás no ha sido casualidad que haya esperado a ver cómo nuestro país vivía unas elecciones con un cambio notable en el enfoque político, en la ideología, en la necesidad de renovarse, en la esperanza y la ilusión… Quizá, quién sabe.

Hoy no hay colores políticos, hoy sólo hay vacío y una tristeza inmensa al ver como la vida, a veces, es excesivamente injusta, y como el cáncer ataca sin elección ni condición. Hoy hay un vacío y una tristeza inmensa por la pérdida de un hombre que luchó por los derechos de las personas, y vio repercusiones sociales gracias a su lucha. Gracias Pedro, muchísimas gracias.

Estoy segura que hoy, incluso aquellos homosexuales que sin sentido se aferran a partidos políticos que rechazan su condición sexual, miran al cielo en silencio, y aunque no se atrevan a pronunciarlo en voz alta, le están dando las gracias.

Hoy, el periodista Isaías Lafuente twitteaba: “En el más allá Pedro Zerolo ya debe estar peleando para que la igualdad sea eterna. DEP”. Yo también lo creo.

Hoy es un día triste, sin ninguna duda.

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Buenas tardes, amigos.

Lorena.