¡Que empiece la aventura!

Desde el 17 de agosto sin actualizar… No debería tener excusa, pero la tengo. Estuve en casa. No recuerdo la última vez que pasé tanto tiempo en l’Olleria, seguramente aquello fue antes de irme a vivir a Elche… Desde entonces, todo en mi vida cambió, aunque siempre he guardado las cosas esenciales de ella, pero a mi alrededor todo empezó a ser distinto. Septiembre es, para mí, como un año nuevo, donde, tras el verano, alguna aventura nueva empieza. En el septiembre de hace diez años dejé mi pueblo y mis calles para empezar a estudiar periodismo en la ciudad de las palmeras, ciudad a la que, casualmente, mañana vuelvo unos días, después de demasiados meses sin visitarla, porque el sábado se casa una de mis amigas más especiales, porque nos hacemos mayores y porque ya sonrío al pensar en toda la gente que me voy a reencontrar desde el momento que el ave me deje en la estación de Alicante. Entonces, te paras a analizarlo todo un segundo y te das cuenta que la vida pasa demasiado rápido y lo que más me reconforta es mirar hacia atrás, mirarme ahora y decir: me gusta, no ha sido nada fácil, pero lo que ahora mismo veo, me gusta, y es más, quiero que mi futuro sea todavía mejor. Vivir con esa ilusión cada día, es el motor que me hace sentir las cosas de forma tan intensa, os lo prometo.

Un septiembre también, de hace ya cinco años, me vine a vivir a Madrid, con una maleta cargada de sueños, de los cuales algunos fueron pisoteados bastante fuerte, pero supieron escaparse y resurgir… ¡Ay, Madrid! La ciudad que me ha dado tantas, tantas cosas, la ciudad que me ha visto crecer, que me ha regalado momentos mágicos, que me ha regalado ilusiones, cafés en solitario, amigos esenciales, tardes de silencio, días de mucho ruido, la ciudad que me ha regalado el amor, en todos los sentidos. Cuando estaba en l’Olleria, hace sólo unas semanas, no quería que agosto se acabase, quería alargarlo más y de hecho, lo hice. Me daba pena dejar atrás a mi familia, el olor de mi casa o a mis amigas de siempre, pero una vez volví aquí, hace sólo unos días, entendí lo mucho que lo había echado de menos. Estoy completamente enamorada de esta ciudad de la que no quiero marcharme, al menos, en mucho tiempo… En verdad, hace tanto que no vengo por aquí, que hoy te quería contar muchas cosas…

Este podría ser un septiembre también especial, de hecho, lo es. Lo único que si intentas mirar un poco al mundo que nos envuelve, te das cuenta lo podrida que está la sociedad y lo podridos que están algunos seres humanos… Entonces, tienes ganas de volver hacia atrás y encerrarte en casa y un segundo después quieres salir a gritar y a decirles a todos esos que se creen con derecho a limitar a los demás, que no lo pueden hacer, que no queremos que lo hagan. Vivimos en un mundo que cada día me da más asco y vergüenza, donde los seres humanos son tratados como objetos sin importancia para los que son capaces de prohibirles la entrada en un país como si fuesen verdaderos delincuentes, o donde un periodista es capaz de tirar al suelo a una persona en el peor momento de su vida, solamente por captar una imagen… Vivimos en un país donde se persigue a un animal por la calle, con lanzas en la mano, como si de la prehistoria se tratase, para torturarlo hasta que agonice, para maltratarlo hasta matarlo, por pura diversión… Y no, por favor, ya no quiero oír la palabra tradición. Entonces me duele el alma, y me duele el corazón… Y tengo náuseas, lo prometo, y siento rabia, impotencia, dolor, asco… Y me enfado, me enfado mucho.

Hoy, tras tanta reivindicación en las redes sociales y tantas lágrimas al ver las noticias, he decidido que yo quería volver a Lo Que Te Quería Contar con una buena noticia. Porque septiembre es un mes especial, es un nuevo año, y es el comienzo de muchas cosas… Y septiembre de 2015 es el inicio de mis sueños hechos realidad, de mi mayor aventura, de la ilusión de mi vida y de algo que muchísimos de vosotros, sin ni si quiera conocerme, habéis vivido con muchas ganas durante meses, al otro lado de la pantalla. Septiembre de 2015 es el pistoletazo de salida… Y hoy, me hace especial ilusión enseñaros a “mi primer hijo”. Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos va a estar en breve en vuestras manos. Ahora mismo, se está buscando el lugar ideal para hacer su presentación en Madrid y a partir de ahí, podréis acariciarlo con calma, recorrer cada una de sus páginas y hacer que nos sintamos, si cabe, más cerca.

Os presento, muy emocionada, la portada de mi libro, una portada que me encantó al cien por cien en el momento que la vi, cuando supe que los chicos de Círculo Rojo habían hecho una elección perfecta, simbolizando con algo tan sencillo como nuestras manos, todo lo que este libro guarda: amor, desamor, ilusión, sueños, dolor, tristeza, amistad… Una imagen que abarca cualquiera de mis historias, que sabéis de sobra que también son vuestras. Necesitaba volver así, con fuerza, para contrarrestar, al menos por un segundo, todo lo que está pasando ahí fuera…. Me muero por saber qué os parece, me muero por que lo tengáis en vuestras manos o por que me acompañéis el día que lo presente…. Aquí os la dejo, toda vuestra…

Portada de Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos... ¡Espero que os guste!

Portada de Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos… ¡Espero que os guste!

Os iré informando de todos los detalles la presentación a través de mis redes sociales, a través de mi perfil en Twitter y mi página de Facebook… Ahora sí, amigos… ¡Que empiece la aventura!

Buenas noches desde Madrid, la ciudad que te enamora y te atrapa para siempre.

Lorena.

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Infiel.

Vengo con una semana de retraso. Los que me seguís en mis redes sociales, sabéis que la semana pasada me escapé unos días a mi casa y por eso no hubo post el martes anterior. Me fui tres días que como bien podréis imaginar supieron a muy poco, pero exprimí mi tiempo al máximo. Estuve con mis amigas, con mi familia, en casa de mis abuelos, fui a comer a la playa, paseé por las calles de l’Olleria, aproveché para recoger a mi prima Marta del colegio… pequeños detalles que, al final, son los que a mí, al menos, me dan la vida. Es cierto, también, que prometí que aplazaba el post para el fin de semana, pero al volver a Madrid, un catarro se apoderó de mí y en mis ratos libres sólo necesitaba un sofá, una manta y un caldo bien caliente. Así que, por fin, hoy, me vuelvo a reencontrar con vosotros, y os aseguro que os he echado de menos.

Hoy te quería contar algo de lo que me he dado cuenta hace algún tiempo. Para muchos de vosotros, los relatos son vuestra parte favorita del blog, y he de decir, como ya he dicho otras veces, que también son la mía. Me gusta tanto escribirlos e inventarlos, como reencontrarme con ellos un tiempo después, me gusta, sobre todo, ver vuestra respuesta ante ellos, los sentimientos que os han provocado, hasta dónde os han hecho viajar por vuestra memoria y vuestra reflexión, me gusta que os sintáis, de vez en cuando, identificados con ellos y me gusta que rescatéis frases que cuando las leo en vuestros mensajes o vuestros tweets es cuando me doy cuenta de lo bien que suenan, porque las habéis hecho vuestras, y sin ninguna duda, de una forma mágica e inconsciente, hemos conectado.

Cuando invento alguna historia, es inevitable no escribir sobre el amor, y en esta semana, que se acerca San Valentín, es imposible no ver mensajes publicitarios llenos de corazones y amor por todas partes. Yo, a pesar de ser muy romántica, no soy mucho de celebrar esta fecha, no por nada, sino porque es algo que está impuesto y que me hacía mucha ilusión, quizás, con quince años, pero ya no. (Menos mal que no me ha pasado lo mismo con el día de los Reyes Magos!).

He de reconocer que no soy de celebrar San Valentín, no soy de hacer regalos, ni de esperar recibirlos, seguramente saldré a cenar, pero como cualquier otro día, como algo normal, no me esforzaré en tener que hacerlo porque el calendario lo indica. Al final, eso acaba pareciéndome algo incómodo.  He de reconocer que, a pesar de ello, me gusta que haya un día dedicado al amor, como me gusta que haya un día dedicado a la lucha contra el cáncer, un día contra la violencia de género, un día de la sonrisa… Porque es importante que se dediquen días a algo que forma parte de nuestra historia, de nuestra sociedad, o de nosotros como personas. Es bonito que se celebre San Valentín y me encanta que haya gente que lo viva con ilusión y prepare su celebración como algo especial, sólo espero que quien así lo viva, se acuerde de vivirlo de esta misma forma el resto del año, porque, al final, es lo que enriquecerá nuestro corazón y acabará siendo importante en nuestras vidas.

Una vez, hace mucho, mi amigo Pepe me dijo que era una luchadora en el amor, y aunque ahora lo recordemos entre risas, razón no le faltaba. El amor es uno de los ingredientes esenciales en mi vida, y aunque ya haya dedicado algún post a hablar de ello, creo que es bueno recordarlo de vez en cuando. El amor nos complementa desde que no somos conscientes de ello, desde el amor de tu madre que es la primera persona a la que te aferras cuando comienzas el minuto cero de tu historia, el resto de tu familia, hasta el amor de los amigos que irán pasando por tu lado a lo largo de la vida. El amor de tu pareja acabará de formarte como persona en un punto exacto de tu vida. Supongo que los chicos que han pasado por mi vida, de los que alguna vez me he enamorado, me han enseñado muchas cosas. Algunas de ellas, cosas que sé que nunca más querré que se repitan, y otras que rescataré y seguiré haciendo una y mil veces, pero, sin duda, me han dado eso: aprendizaje y momentos que me han hecho crecer y acabar de crear mi personalidad, mi actitud y mi posición frente a las relaciones y el amor, y aunque algunos se queden para siempre en la memoria y otros hayan sido olvidados hace tanto que ni me acuerdo, forman parte de mí como mujer, de mi historia y mis sentimientos.

Llega un momento, en el que sólo necesitas una cosa del amor: que te dé paz. Hace casi tres años que sentí por primera vez una unión indescriptible con otra persona y entonces empezamos una aventura juntos: la aventura de ser amigos, de querernos, cuidarnos, protegernos, entender nuestros más y nuestros menos, la aventura de arrancarnos sonrisas, de dar abrazos en silencio, de secar lágrimas, de apoyar sueños, de respetarnos, de entregarnos toda la confianza del mundo, de darnos libertad, de crear complicidad, de aprender a convivir, a crecer, y a recorrer el tiempo cogidos de la mano… Eso es para mí el amor. Así, tan simple y fuerte cada día, todo el año, y no solamente porque se acerque el 14 de febrero.

En las historias que escribo tengo el poder de decidir qué quiero que les suceda a cada uno de los personajes, me gusta ponerles dificultades que no querría en mi vida real, y me gusta hacerles sufrir para regalarles, algunas veces, un final feliz. En el tiempo y la vida, aprendes a vivir con el amor bueno y el amor malo, porque el malo, aunque no lo quieras, lo conocerás. El amor malo es aquel que hace daño y hace llorar, el que no sale bien o ni si quiera empieza con buen pie, el que ahoga y mata, hasta que llega el que sonríe y salva, y eso, amigos míos, siempre pasa.

Hace tiempo me di cuenta que en muchas de mis historias escribo sobre amores imposibles, sobre infidelidades y sobre historias que aparentemente son perfectas pero acaban siendo algo totalmente roto en pedazos. Esas historias existen, y aunque no nos gusten, nos cuesta menos implicarnos en ellas, porque sabemos que hablan sobre la vida misma, sobre las rutinas, sobre las pasiones, sobre las vidas estancadas y las ilusiones momentáneas, sobre la pasión olvidada y la recién estrenada, sobre el renacer…  Sobre historias que quizás alguna vez hemos vivido, sobre historias que quizás algún día viviremos, sobre historias que han vivido nuestros amigos, o sobre historias que aún de lejos, te resultan familiares. Hace poco me topé de nuevo con una película que hacía muchos años que no veía. La disfruté en silencio y cuando terminó, pensé que ojalá la hubiese escrito yo. Porque a mí me gusta escribir sobre el amor, en todas sus variedades, sobre el amor bueno y el amor malo, sobre el que da paz y el que hace daño.

Dirigida por Adrian Lyne, Infiel se estrenó en el año 2002. Edward (Richard Gere) y Connie Summer (Diane Lane) son el matrimonio perfecto: tienen dinero, un buen trabajo, un hijo al que adoran y una casa preciosa a las afueras de Nueva York. Un día, por pura casualidad, Connie conoce en el centro a Paul (Olivier Martinez), un joven francés que colecciona libros y que resulta ser muy atractivo. Entre ellos empieza una fuerte relación de pasión y juego que acabará destrozando la vida de todos.

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No es una película que vería cada día, pero me gustó verla de nuevo. No es la película más apropiada para recomendar en la maravillosa semana del amor, pero me apetecía hablar de ella. Si no la habéis visto, ya sabéis.

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Para los más románticos, os diré algo que me acaba de llegar ahora mismo en un mensaje de whatsapp. Me lo envía mi tía Ivana, que me conoce bien y sabe que es una de mis favoritas. Esta noche, en Nova, podremos disfrutar de El diario de Noah, que quienes me lleváis leyendo mucho tiempo, ya sabéis que es una historia que me apasiona. Una película que siempre me emociona, que nunca me canso de ver y para mí, una de las películas de amor más bonitas de la historia. Además, está basada en un hecho real y eso hace creer, aún más, en las historias mágicas, en el amor que puede doler y salvar a la vez, aunque tenga que esperar mucho tiempo.  Esa sí me habría gustado, de verdad, escribirla yo. Es más, esa me habría, incluso, encantado vivirla. 😉

A veces, el amor duele, a veces es maravilloso, y a veces nos hace volvernos completamente locos.

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

¡Te lo cuento, por fin!

Empiezo a escribir esto y ya estoy emocionada, me emociono por toda la ilusión que hay dentro de mí, y porque sé que en el momento que acabe este post y le dé a “publicar” esto que hoy te quería contar ya será una realidad, una realidad a voces, que es mía desde hace meses y ahora será nuestra.

Este va a ser un post cargado de ganas, de ilusión, de esfuerzo, de sueños, de esperanza, de cariño, de creer en uno mismo, consecuencia de que otros hayan creído en mí, un post dónde empieza una aventura, la aventura más importante de mi vida. Hoy, por fin, os puedo contar que ha empezado la maquetación de MI PRIMER LIBRO (necesitaba ponerlo en mayúsculas, porque lo estoy gritando llena de felicidad!) y que en un par de meses aproximadamente estará en vuestras manos.

Hace unos meses que todo esto se está cocinando, a fuego lento, para que todo salga bien. Con cuidado y calma, sin prisa, pero sin pausa. “Me olvidé decir te quiero y otros relatos cortos” será mi primer “hijo”, mi sueño hecho realidad, mis historias acariciadas, páginas con mis letras, con mis relatos y mis palabras… Y viene de la mano de la editorial Círculo Rojo.

En él, he recopilado mis relatos favoritos más uno inédito.

Muchas veces, muchos de vosotros me habéis dicho a través de las redes sociales lo mucho que os gustaría tener mis historias en un libro, en vuestra casa, en vuestras manos… Y no sabéis lo que yo me moría porque eso ocurriese de verdad. Hace unas semanas, un buen amigo me preguntó por qué iba a publicar algo que ya estaba en internet, mi respuesta fue sencilla: porque yo adoro las nuevas tecnologías, pero creo en la magia del papel y quiero formar parte de ella.

Durante estos últimos meses he vivido momentos de muchísima emoción, que me han hecho enormemente feliz, también he pasado miedo, he tenido dudas… pero sobre todo, he tenido ganas (y muchas!). Me habría encantado contaros algo tan simple cómo que había ido a registrar mi obra a la propiedad intelectual, como artista, como escritora, y algo tan normal, a mí ya me hacía muy feliz.

He esperado hasta que la maquetación empezase, porque aquí es donde de verdad arranca todo, y ojalá pudieseis ver mi cara ahora mismo, mientras os cuento esto, y ojalá pudiese ver yo la vuestra mientras lo leéis…

A medida que pasan los días, me emociono más, porque veo cómo este proyecto va cobrando forma, cómo se está construyendo, cómo se está haciendo con tanto cariño y no puedo dejar de sonreír.

La portada del libro todavía no se ha diseñado y no sabéis las ganas que tengo de verla! No puedo parar de imaginar cómo será, pero sé que la profesionalidad de los diseñadores de Círculo Rojo harán que sea justo lo que yo habría querido que fuese.

De momento, no os puedo contar mucho más. El libro estará en papel y también en versión digital para aquellos que tengan e-book, se venderá a nivel nacional y también a nivel internacional a través de Amazon, pero de todo esto ya iremos hablando. Tenemos tiempo.

Os puedo contar también que la presentación del libro será en Madrid (todavía no sé cuándo, ni dónde), y por supuesto, algo haré también en l’Olleria (no habrá nada que me haga más feliz!).

No pretendo que mi libro sea un best seller, ni si quiera ganar mucho dinero con ello, mis pies están bien pegados a la Tierra… Yo sólo quiero hacer mis sueños realidad, quiero luchar por mis ilusiones y me da igual a cuánta gente llegar, sólo quiero que a aquellos a los que llegue, aquellos que acaricien el libro y huelan su papel, que pasen sus páginas y descubran mis relatos o los vuelvan a releer, lo hagan con el corazón, lo hagan despacio y lo saboreen bien…

Quiero dar las gracias a mis amigos más cercanos y a mi familia, que me apoyaron incondicionalmente desde el minuto cero, desde que supieron esta noticia, que creen en mis sueños como si fuesen suyos y que se han emocionado tanto  como yo con esta aventura… Gracias infinitas, no puedo ser más afortunada por teneros.

Pero, sobre todo, quiero dar las gracias a las personas que sin haberme visto nunca, sentís que me conocéis a través de las palabras y no habéis dudado ni un segundo en mostrarme vuestras ganas por saber de qué se trataba este proyecto que me traía entre manos y que todavía no os podía contar, gracias por vuestros mensajes deseándome suerte, por vuestras ganas y vuestro cariño, no tendré tiempo para agradeceros la buena energía que me dais, y lo mucho que habéis aportado para que crea que esto podía ser posible. Ahora lo es. Gracias y mil millones de gracias.

Ahora sí, queridos, empieza la aventura. “Me olvidé decir te quiero y otros relatos cortos” es mío, pero por encima de todas las cosas, es por y para vosotros…

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Buenas noches, amigos.

Lorena.

Me gusta…

Hoy vengo con prisa. No porque no me apetezca quedarme un buen rato con vosotros, sino porque necesito exprimir el tiempo al máximo para mí. El egoísmo es algo innato, ya lo sabéis, pero estoy segura que me entenderéis.

Hoy te quería contar que la Navidad es mi época favorita del año… Seguro que algunos de vosotros ya lo sabéis, porque lo he mencionado en alguna de mis redes sociales y porque el año pasado seguro que ya os hablé de esto.

La Navidad es para mí un momento de reencontrarme con los de siempre, de volver a casa, de que todo el mundo vuelva, es un momento de reencuentros, de familia y de amigos… Y a mí me encanta. Tengo la suerte de tener una familia maravillosa que cada vez que vengo a casa no me deja sola ni un momento, que organizan reuniones para que yo sea feliz viéndoles a todos a mi alrededor. Pero estas fechas, inevitablemente, despiertan en mí una ternura infinita.

Me encanta decorar mi casa, montar el árbol, sacar esas cajas que reposan en silencio durante todo el año dentro de un armario, guardando brillos, colores, renos y algún que otro Papá Noel en distintos tamaños y versiones. Me encanta el momento de comprar regalos… Preparar detalles para todas las personas a las que quiero, envolver los paquetes, escribir postales y seguir enviándolas con su sello y sobre, olvidándome, al menos por una vez, que los e-mails existen.

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Me gusta el 22 de diciembre, ese día en el que sabes que no te va a tocar la lotería, pero la compras porque quieres optar a la improbabilidad. Me gusta despertarme y pasar esa mañana pendiente de los números premiados, me gusta tener la ilusión y desear con fuerza que me toque algo. Me gusta acabar la mañana y ver que sigo teniendo exactamente lo mismo, y entonces sonrío y pienso lo afortunada que soy un año más, por tener a mi familia, por saber que volvemos a estar todos juntos y que nos acompaña la salud. Me gusta pensar que los premios se han ido a las casas dónde los necesitaban, que han devuelto la ilusión y las ganas a aquellos que las tenían olvidadas, porque se las habían robado.

Me sigo poniendo nerviosa cuando después de la cena de Nochebuena toca repartir y recibir regalos, aunque ya haya llegado a ese punto en el que vivo con más ilusión lo primero. Me gusta cantar villancicos, que hagamos sobremesas de horas, que nos riamos y todos pensemos en silencio lo afortunados que somos, los pocos bienes materiales que tenemos y lo millonarios que somos en todo lo demás, en lo esencial, aquello que como bien dijo un viejo amigo, es invisible a los ojos.

Me gusta salir con mis amigas esa noche, y reencontrarme con toda la gente de mi pueblo, a los que veo cada vez que vengo y a los que pasan muchos meses hasta el siguiente reencuentro. Me gusta levantarme muerta de sueño el día de Navidad y me gusta volver a reunirme con los mismos, dormir después la siesta al lado de mi abuelo en el sofá o irme a pasar la tarde al cine con mis primos.

Me gustan las tardes en el sofá, con la manta y el “brasero” debajo de la mesa, me gustan las pelis que son clásicos en estas fechas, que suelen ser aquellas que formaron parte de mi infancia, como Mujercitas, Cariño, he encogido a los niños, Vaya Santa Claus o Eduardo Manostijeras…

Hoy vengo con prisa porque os escribo desde l’Olleria, desde donde soy muy feliz cada vez que vengo, desde dónde me hace feliz pasear por las calles y cruzarme con sonrisas y gente de siempre. Sólo voy a estar aquí unos días, así que necesito olvidarme del ordenador, pasar fugazmente por las redes y dejarme mimar por las personas más importantes de mi vida.

No quería dejar de pasar a saludaros, a agradeceros todo lo que hacéis por mí, siempre estaré agradecida a todos y cada uno de vosotros, desde los que leéis en silencio a todos los que comentáis, compartís y me ayudáis a llegar a tanta gente…. La semana que viene hablaremos de 2014, y de los sueños que vendrán en 2015.

Gracias… Gracias infinitas. Os mando un abrazo enorme, todos mis buenos deseos para estos días y todos los que vienen. Gracias por formar parte de mi aventura y gracias por dejarme ser parte de la vuestra.

Exprimid los buenos momentos, aquellos que habéis vuelto a casa, como el anuncio de televisión, o como yo, disfrutad de lo que no podéis disfrutar en vuestros día a día. No os olvidéis de vivir con ilusión y saborear los te quiero, los pronunciados y escuchados…

24-05

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¡Felices fiestas, amigos!

¡Bon Nadal!

Lorena.

Quiero despertar.

Si os digo la verdad, hoy no sabía sobre qué escribir. Llevo varios días con un resfriado que se me ha llevado las energías y quien sabe si quizás en cada estornudo se haya ido también la inspiración…

Hoy te quería contar que mis compañeros del colegio son muy especiales para mí. Con ellos crecí y con ellos tengo la suerte de, todavía hoy, conservar una amistad maravillosa. Quienes me conocen saben que mis sueños son dignos de guión de película americana, mi imaginación es capaz de desvariar y rozar los límites más extremos y lo mejor es que siempre, al despertar, me acuerdo perfectamente de lo que he soñado… Sólo lo olvido cuando han pasado varias horas o varios días. Mis amigos del colegio y yo tenemos un grupo de whatsapp bastante activo en el que seguimos contandonos nuestros proyectos y compartiendo nuestros recuerdos. Hace una semana, más o menos, les escribí a las cinco de la madrugada para decirles que me había despertado llorando de una pesadilla en la que ellos eran los protagonistas. Hoy, he querido convertir ese sueño, adaptando detalles a mi historia, en un relato.

Casual y desgraciadamente, estos últimos días, un trágico accidente de autobús protagoniza las portadas de la prensa de nuestro país. A veces, creo que no somos conscientes de la cantidad de vidas que se cobra la carretera y en la mayoría de los casos, los accidentes son consecuencia de la irresponsabilidad del ser humano.

Aquí te dejo esta historia, para leer despacito, como siempre….

*Per a la classe C, per continuar siguent companys d’aventures més enllà de l’espai i el temps… ;)*

QUIERO DESPERTAR.

Hay momentos en los que quieres cerrar los ojos con fuerza, con tanta fuerza que al despertar nada siga igual, que todo haya cambiado, que todo haya pasado, que los miedos y el dolor sean una mentira, que sean una pesadilla de la que poder despertar. Hay veces, que por mucho que cierres los ojos con fuerza y por mucho que desees que todo haya cambiado, cuando los abres sientes que el dolor aprieta con más ganas y que la realidad te va a consumir, que la pesadilla es real.

Crecimos juntos. Cuando los años pasan y miras hacia atrás sabes que tus compañeros del colegio siempre serán una parte imborrable de tu vida, aquellos con los que tantos años, tantas horas y tantos momentos pasaste, aquellos con los que soñaste, con los que inventaste historias o con los que te peleaste, aquellos con los que celebraste cumpleaños y a los que les prometiste que siempre estarías a su lado… La mayoría de las veces, nuestros compañeros del colegio se quedan como un recuerdo bonito en la memoria, algunos de ellos te acompañan a lo largo de los años como ese “amigo de toda la vida”, pero desgraciadamente, cuando crecemos tomamos caminos tan distintos que pocas veces es fácil seguir conservándoles más allá de unos bonitos momentos almacenados en la mente, como fotografías en blanco y negro.

Hace más o menos cinco años, Rosana nos escribió un e-mail de esos en grupo para preguntarnos qué había sido de nuestras vidas, para contarnos que ella iba a salir del país por mucho tiempo para estudiar un doctorado y le había entrado la nostalgia, para intentar que nos volviésemos a reunir y nos pusiésemos al día en todo. Conseguimos reunirnos la mayoría, fuimos felices de volver a sentarnos, de contarnos cómo nos habían tratado los días, cómo habían sido nuestras épocas universitarias y cómo eran nuestras vidas de adultos. En aquel reencuentro reímos sin parar, nos dimos cuenta que habíamos cambiado, pero algo dentro de cada uno de nosotros seguía igual: el cariño que nos teníamos los unos a los otros.

Hicimos oficiales aquellas quedadas, dos veces al año, en Navidad y en verano, aprovechando las vacaciones en las que siempre volvíamos a casa los que nos habíamos ido hacía ya unos cuantos años. Nuestras vidas eran muy distintas, estaban los que todavía vivían en el pueblo y los que no, los que habían ido a la universidad y los que no, los que ya eran padres y los que no. Entre nosotros, varios músicos, un pintor, una psicóloga, una periodista, una peluquera, una esteticista, una bióloga, una militar, un empresario… Nuestros sueños nos habían llevado bien lejos y compartirlos en el tiempo era todo un privilegio.

Hace seis meses, a Joan se le ocurrió la idea de organizar un viaje juntos, nosotros, sin parejas, sin hijos, sin trabajos, un viaje dedicado a nuestros recuerdos, un viaje inolvidable que seguramente no habíamos podido hacer jamás. Cuando teníamos diez años habíamos viajado a Toledo, una semana y todo gratis, gracias a un concurso que habíamos ganado, y aunque con el tiempo, aquel nos seguía pareciendo uno de los viajes más bonitos de nuestra vida, la idea de hacer una escapada todos juntos empezó a gustarnos. Los destinos se barajaron entre mil posibilidades, desde un fin de semana en Benidorm, hasta unos días en Praga. Iba a ser difícil cuadrar agendas y presupuestos, pero no era imposible. La idea se nos fue tanto de las manos que acabamos contratando el viaje de nuestros sueños: ocho días en el caribe. Como si de una excursión de fin de curso se tratase, vivimos los preparativos como auténticos adolescentes, incluso hicimos mecheros y vendimos lotería para sacar algo de dinero. La situación era tan surrealista…

Convertimos nuestra ilusión en una realidad. Viajamos desde Valencia hasta Madrid en autobús para coger el avión que nos llevaría a las mejores playas de México. Iba a ser inolvidable. Nuestro viaje había salido de una locura, y sabíamos que las locuras son las cosas más divertidas de la vida.

Aquel viaje nos cambió la vida.

Ya no existían los niños que habíamos sido, pero convertidos en adultos, fuimos capaces de crear una convivencia maravillosa y hacer de cada momento algo indescriptible. Creo que a ninguno se nos había olvidado el amor que nos teníamos los unos a los otros, pero si algo allí creció, fue eso, el amor y el cariño. La felicidad de desconectar de la vida real, de la rutina, la felicidad de revivir momentos, la felicidad de compartir algo inolvidable y lo mágico de hacerlo con personas con las cuales unos años antes no lo habríamos imaginado.

Nos dedicamos a hacer excursiones, a ser turistas en estado puro, pero no nos olvidamos de relajarnos, de bañarnos en las playas, de comer libremente en los hoteles, de beber durante todo el día…

En algún momento quisimos volver a ser quienes fuimos, revivir amores que nunca vivieron… La última noche, entre risas, bailes y copas, se me ocurrió decirle a Javi que siempre me había gustado. No sé por qué lo hice, mi vida y mi pareja seguirían estando ahí cuando bajase del avión de vuelta. Me dejé llevar por el momento, por la situación y el estado de mi mente y cuerpo. Él se reía y me abrazaba para bailar. Nos reíamos y nos dejábamos abrazar y encontramos en salir a tomar el aire la excusa perfecta para perder la cabeza. Nunca nos habíamos besado y aquella noche nos besamos cómo si supiésemos que nunca más nos podríamos besar. Nos besamos como adolescentes, con esa pasión y ganas, pero con el miedo que a veces tienen los adultos. Nos dejamos llevar y nos habríamos dejado llevar mucho más allá si no hubiese sido porque escuchamos a Marc, Paco y Jose, tambaleándose a nuestras espaldas. Sólo cuando me separé de sus labios sentí la culpa sobre mí y me arrepentí de lo que había hecho.

A las doce del mediodía, nos encontramos todos en la recepción del hotel. Todos sabían lo que había sucedido, aunque nadie se atreviese a decir nada. Me sentí inmadura e irresponsable, quería morirme de vergüenza y me dije a mi misma que tenía que olvidar que aquello había sucedido. No fui capaz de mirarle a la cara, ni le volví a dirigir la palabra, quizás así podría borrar mi error.

Siempre tuve mucha facilidad para dormir en cualquier medio de transporte y ya había pasado todo el camino de ida durmiendo en el avión, pero esta vez, mi conciencia me lo impedía. A mi lado, Pepi i Jenni dormían plácidamente, combatiendo los estragos que el alcohol había dejado en sus cuerpos la noche anterior. Mientras intentaba leer una revista que no me interesaba lo más mínimo, Javi se me acercó sonriendo para preguntarme si podíamos hablar.

-Lo siento, no quiero hablar. Es mejor que no hablemos. Siento mucho lo que pasó ayer.

-Sólo venía a decirte que no quiero que te preocupes por nada, por mi parte está todo olvidado. Lo que ha pasado en Riviera Maya, se queda en Riviera Maya.

Asentí sin ni si quiera mirarle, pude ver de reojo su cara de indignación y cómo volvía hacia su asiento.

Aquellas doce horas de vuelo se me hicieron eternas, sólo quería llegar a España y que los días pasasen. Es más, quería tardar mucho tiempo en volver a verle, tanto que el olvido ya se hubiese apoderado de mis recuerdos sobre esa noche.

Por otro lado, me era inevitable sonreír. Habían sido unos días maravillosos, habíamos sido muy, muy felices todos. Habíamos viajado en el tiempo y habíamos fortalecido hasta el infinito nuestra amistad del presente.

Cuando llegamos al aeropuerto de Madrid el autobús que nos llevaría de nuevo a Valencia ya nos estaba esperando. En el fondo, aunque todos nos habríamos quedado con aquella maravillosa vida que habíamos tenido en el paraíso, teníamos ganas de ver a nuestras familias, a nuestros perros, y en al caso de algunos, a sus hijos.

La noche guardaba el silencio de la carretera. Me senté en el fondo del autobús, porque por alguna extraña razón siempre me gustaba ir en esa parte. La mayoría se volvieron a dormir en este trayecto… Pasamos por un pueblo pequeño, lleno de luces, en silencio y con frío, con el tostado de nuestra piel y el olor a coco y mar en las maletas, me pareció tan bonito que busqué unos ojos despiertos cerca de mí. Llorenç también miraba por la ventana y me sonrió cuando le dije que aquel pueblo me parecía precioso… No sé si llegué a terminar la frase… No sé muy bien qué pasó después… Escuche un golpe fuerte, empecé a sentir cómo todo a nuestro alrededor se desordenaba, empecé a escuchar gritos de los que dormían y sentí como el autobús empezaba a dar vueltas infinitas… No soy capaz de recordar con claridad.

Lo siguiente que recuerdo es que me desperté en el suelo, rodeada de cristales, de sangre y silencio. No había llantos, ni gritos, ni ruido. Un pitido fuerte penetraba en mis oídos… Quise levantarme, pero no tenía fuerzas. Tenía miedo, mucho miedo. No sé cuánto tiempo pasó hasta que vi a Alex acercarse a mí, arrastrándose por el suelo, fui capaz de incorporarme y decirle que estaba bien. Estaba llena de sangre, me dolía todo el cuerpo, seguramente tenía el brazo roto, pero estaba viva y eso era suficiente como para sentir que estaba bien.

Escuché voces, vi luces de otros coches que se habían detenido, escuché sirenas y supe que las ambulancias corrían rompiendo el silencio de aquella noche y los sueños de aquel viaje… No fui capaz de ponerme de pie hasta que dos médicos me ayudaron a ello, aun así, el silencio me parecía demasiado fuerte…

No les había visto a casi ninguno de ellos. Los vi cuando consiguieron ponerme de pie, los vi tumbados en el suelo, los vi muertos… Me desplomé en ese mismo instante y me desperté en el hospital. Había sobrevivido. Yo era una superviviente. Superviviente de un trágico accidente. Cuando abrí los ojos vi a mi madre, llorando desconsoladamente, vi a mi marido y no me atrevía a preguntar qué había pasado realmente.

Ruth, Álex, Lorena y yo habíamos sido los únicos supervivientes. El conductor se había dormido al volante.

No quería moverme de aquella cama, ni de aquel hospital, no era capaz de ser feliz por seguir con vida, no era capaz de asimilar que aquello no era una pesadilla. La imagen de sus cuerpos, en el suelo, sin vida, me perseguirá cada vez que cierre los ojos el resto de mi vida. Mis amigos, mis amigos de siempre, con quienes compartí sueños, juguetes y peleas, con los que me burlé del paso del tiempo, con los que me volví a reunir, con los que hice el viaje más maravilloso de mi vida… Javi, a quien había deseado no volver a ver en mucho tiempo… Todos ellos ya no estaban, ya no estarían jamás, por la imprudencia de un conductor, por no saber parar a tiempo, por dejarse llevar por el cansancio y el sueño. Mis compañeros, mis amigos…

Hay momentos en los que quieres cerrar los ojos con fuerza, con tanta fuerza que al despertar nada siga igual, que todo haya cambiado, que todo haya pasado, que los miedos y el dolor sean una mentira, que sean una pesadilla de la que poder despertar.

Hay veces, que por mucho que cierres los ojos con fuerza y por mucho que desees que todo haya cambiado, cuando los abres sientes que el dolor aprieta con más ganas y que la realidad te va a consumir, que la pesadilla es real.

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Buenas noches, amigos.

Lorena.

El miedo.

Cuando salgo de Madrid, me gusta desconectar de todo. Aparezco menos en las redes sociales, y apago el ordenador. He estado unos días en mi casa, en mi pueblo, entre sus calles y mi gente, con reencuentros, con cariño y sonrisas, y he sido muy feliz. Ya estoy de vuelta, en la ciudad y aquí, con una historia nueva que te quería contar.

Traigo nuevo post, que ya tocaba, y viene en forma de relato… Para que leáis despacito, para que el miedo no se apodere de vosotros y para que intentéis arriesgar y luchar en la vida por aquello que deseáis… Muchas veces, como le pasa a la protagonista, no somos capaces de afrontarlo.

El miedo

Suena una canción triste de fondo, lenta, suave y melancólica, de esas en las que es esencial que reine el silencio, para que sólo se la escuche a ella, para que entre dentro de ti, para que la vivas y la sientas.

Me miro al espejo mientras voy borrando con un trozo de algodón embadurnado de leche limpiadora la apariencia de mi rostro. Voy quitando poco a poco la capa que me cubre, la capa de belleza y fortaleza, de mujer guerrera y valiente y siento cómo me voy quedando desnuda. Veo cómo reaparecen mis pecas, escondidas, camufladas, cómo salen tímidamente, cómo me cubren el rostro, y las voy recorriendo una a una, dejándolas libres, sabiendo que son parte de mí.

Voy borrando poco a poco el rojo pasión que cubre mis labios, ese rojo permanente que ha estado ahí durante todo el día, dueño de sonrisa imborrable y de tristeza escondida. Lo voy borrando y observo mis labios, pienso en todos esos besos que han regalado y pienso en todos esos besos que le quedan por regalar, en aquellos besos que siempre serán recordados o aquellos que se olvidaron sólo unas horas después… Pienso en esos besos que nunca han dado y esos besos que nunca darán. Esbozo una sonrisa y siento una lágrima juguetona y triste llegar hasta mi boca. Me observo y tengo miedo. Me tiemblan las manos. No sé si lo estoy haciendo bien o lo estoy haciendo mal, y la incertidumbre, en la mayoría de los casos, me mata. Me observo y me pregunto quién soy, quien quiero ser y pienso que no importa lo que piensen los demás. Hace mucho tiempo que eso dejó de darme miedo.

La canción ha acabado, pero el silencio sigue reinando, y acordes con mi vida, siguen sonando las baladas, las canciones lentas y melancólicas, de historias con finales tristes o de historias que ni si quiera han tenido un principio…
Oigo el sonido del vino caer contra el cristal, una copa más, he escogido un buen vino, porque hoy es día de eso, de tomar un buen vino en silencio y pensar… Con la música de fondo.

Siempre he querido solucionar el mundo, siempre he querido ganar y siempre he querido tener más. Nunca he sabido conformarme, siempre he regalado amor y siempre he sido un poco egoísta, siempre he sido una luchadora y siempre he tenido muchas aspiraciones profesionales, siempre he conseguido todo aquello que me he propuesto y nunca he tenido miedo. Nunca. Hasta que le conocí. Y ahora, de nuevo.
El silencio invade mi casa y mi vida, el silencio y la soledad son necesarias a lo largo de la vida, siempre que se necesiten y siempre que no hagan daño. Hoy el silencio duele, y la soledad también. Y yo, que nunca he sido de llorar, hoy lloro. Lloro mucho.

Nos conocimos hace tiempo, hace unos años que a mí me parecen toda una vida, por todo lo vivido y por el amor regalado. Dafne quiso celebrar su despedida de soltera en Ibiza, por todo lo alto, durante días en los que reímos, comimos, bebimos y nos divertimos como si se nos fuese a acabar la vida. Cuando estás con tus amigas, las de siempre, las que te conocen de verdad, las que te explican en qué te estás equivocando y lo hacen con cariño, las que sienten tus éxitos como los suyos, cuando todo eso ocurre, una no puede estar más feliz. Estábamos en uno de los mejores hoteles de la isla. La verdad, que hacía muchos años que no nos dedicábamos unos días a nosotras solas, a recordar viejos momentos y a brindar por los que todavía están por llegar. La vida nos ha tratado con cuidado, como nosotras la hemos tratado a ella, y a ninguna nos ha ido nada mal. Una de las noches, una de esas noches en las que el cuerpo sigue pidiendo más, conocimos a un grupo de chicos con los que compartimos risas y poco más. Al día siguiente nos los volvimos a encontrar. Sin ni si quiera saber cómo, ni por qué, Álvaro y yo compartimos sonrisas y miradas esquivas, y cuando nos pusimos a hablar, nos dimos cuenta que teníamos más cosas en común de las que habríamos imaginado. Casualmente era actor, y yo trabajaba para una agencia de actores. Le di mi tarjeta y le dije que se pusiese en contacto conmigo, le ayudaría en todo lo que estuviese en mis manos.

Los primeros mensajes fueron más bien cordiales, y dos semanas después de haber vuelto de Ibiza, vino a verme a Barcelona, porque le había conseguido una entrevista con la directora de la agencia, para ver si encajaba en nuestro perfil y saber si podríamos llevar su trabajo e intentar darle oportunidades en un mundo cada vez más complicado. Álvaro conquistaba solamente con sonreír, pero sólo bastaban diez minutos a su lado para quedar totalmente enganchada a él, a su risa y su sentido del humor, a su desparpajo y humildad. No tenía un trabajo fijo y su economía no sobrepasaba los límites de la supervivencia mensual, así que le invité a quedarse en mi casa. A las afueras de Barcelona, tenía un piso maravilloso en el que sentía que me sobraba espacio, así que podía ocupar la habitación de invitados siempre que lo desease.

Llegó un martes por la tarde y su entrevista sería al día siguiente. Le recogí en la Estació de Sants y fuimos en coche hasta mi casa. He de reconocer que me ponía nerviosa tener a un hombre tan guapo a mi lado, pero como siempre, guardé la compostura y me disfracé de distanciamiento y cierto aire de frialdad. Preparé una cena básica para no llevar a confusiones y le dije que teníamos que descansar, nos esperaba un día largo a la mañana siguiente. Le dejé toallas limpias y puse unas sábanas que olían a limpieza y soledad sobre la que iba a ser su cama, le deseé buenas noches y caí rendida entre mis almohadas.

La reunión fue mejor de lo que pensamos y a la directora de la agencia le encantó. Pronto se organizó una sesión de fotos para crear su imagen de presentación para nuestra web, y le aseguramos que en menos de lo que esperaba, estaría trabajando. Se sentía completamente agradecido, estaba feliz e ilusionado, sus ojos brillaban de entusiasmo y eso hacía que resultase más apetecible. Intentaba mantenerme distante y ser una mujer profesional, decliné su invitación para cenar y le dije que prepararíamos cualquier cosa en mi casa. Preparé una ensalada y compré un par de pizzas, me obligó a abrir una botella de vino y me hizo brindar varias veces para celebrar el futuro que le habían prometido y que yo, en cierto modo, le había presentado. Dos botellas de vino cayeron rendidas a nuestros pies y el calor y las risas llenaron de color mi casa. Me miró a los ojos y no pude decir nada. Me besó con fuerza y me dejé besar. Nos tambaleamos hasta mi cama y le dejé desnudarme con pasión, le quité la camiseta con fuerza e hice el amor como si fuese la última vez de mi vida.

Pasamos cinco días conviviendo en mi casa, entre sexo y risas, y tras la sesión de fotos y trámites finalizados, volvió a su casa, un pequeño pueblo de Castellón, al menos, hasta que consiguiese su primer trabajo.

Durante las semanas siguientes nos dedicamos a enviarnos dos tipos de e-mails, los profesionales por parte de la agencia y los personales llenos de “te echo de menos” y “me muero por volver a verte…”. Nunca había mezclado lo profesional con lo personal, pero poco a poco, la historia se me fue yendo de las manos. Un mes después, tuve que llamarle para anunciarle que iba a hacer su primer casting para una obra de teatro muy importante en Barcelona. Aquella fue la segunda vez que le vi y aunque en la agencia creían que se hospedaba en un hostal del centro, esta segunda vez, también se instaló en mi casa. Le ayudé a repasar el guion y a preparar aquella prueba que tanta ilusión le hacía. El papel fue suyo. Tenía un talento indiscutible y un carisma que no dejaba a nadie indiferente. Supe desde el primer momento que iba a llegar muy lejos.

Los ensayos empezaban un mes después y me pidió que le ayudase a buscar piso. En un principio, le dije que podía quedarse en casa y entonces me di cuenta que ya estaba locamente enamorada de él. Fue entonces cuando me escribió un correo que cambió mi vida y mis ilusiones. Pedía perdón no sé cuántas veces, tantas, que yo ya no las alcanzaba a leer. Se le había olvidado contarme que llevaba cuatro años con su chica y que aunque yo le gustaba muchísimo y conmigo había pasado los mejores momentos de su vida, ella había decidido trasladarse con él a su nueva aventura y que él no tenía valor para decirle que no. Lloré tanto, de rabia y traición que me prometí que esa sería la última vez que lloraría por un hombre. Durante unas semanas mi estado de ánimo cambió, estaba triste, desolada y no quería volver a verle nunca más. Por desgracia, comenzábamos a trabajar juntos y le vería más de lo que hubiese deseado. Intenté, una vez más, separar lo personal de lo profesional, y una vez más, no supe. En la agencia todo el mundo hablaba de su talento, de lo guapo y bueno que era y yo tragaba en silencio un dolor que no era capaz de argumentar con lógica. Tres meses después, el día del estreno, la conocí. Era tímida y dulce y aunque entendí que ella no tenía la culpa, la odié con todas mis fuerzas. No supe llevar la situación y me fui consumiendo poco a poco, los días se me hicieron tan insoportables que decidí pedir un traslado en la agencia e irme a trabajar a la sede que teníamos en Madrid. Era buena y respetada en mi trabajo. Mucho. Al mes y medio me vi instalada en la capital de nuestro país, mirando de lejos su éxito y deseando que no volviésemos a coincidir, empezando mi vida de cero, de la forma más cobarde: llena de miedo.

Nunca me he vuelto a enamorar de nadie como me enamoré de él. Él, con quien sólo compartí una pequeña parte de mi vida, unos días, unas semanas o unos meses, nada comparado a todos los años que llevaba sobre la espalda. Pero a veces, hay historias que entran tan fuertes que se quedan, de un modo u otro, para siempre dentro de ti. Pensé que no volvería a confiar en nadie y lo hice, volví a querer y renací. Me centré en mi trabajo, en nuevas amistades y no dejé de estar, aún en la distancia, con las amistades de siempre. Con el tiempo, volví a tener ilusión y ganas y yo, que estaba en contra del matrimonio y toda esa parafernalia, me casé tres años después y mi matrimonio duró apenas seis meses, porque nunca fui capaz de volver a querer de verdad. Me casé con un chico normal, con un trabajo normal, mientras veía, en la sombra, cómo la carrera de Álvaro iba creciendo, cómo le iban adorando, y cómo se le habían relacionado un sinfín de relaciones tras dejar a su novia de siempre. Le seguía odiando cada vez que le veía en la prensa o la televisión, y a pesar, de seguir trabajando en mi misma agencia, cada vez que venía a Madrid, me las apañaba para no coincidir con él. Nunca me había gustado perder y sabía que jamás podría perdonarle.

No dejamos de ser simplemente seres humanos, que no somos capaces de controlar absolutamente todo, que nos equivocamos y cometemos errores.

Hace un par de meses, acudí al teatro con unas amigas, nos habían invitado a un estreno, y allí, entre los invitados, sin querer, mi corazón se paró cuando le vi a lo lejos. Quise irme en aquel mismo instante y me reí de mí misma, por no ser capaz de aguantar algo que había pasado hacía ya demasiados años. Me quedé. Intenté no estar pendiente, no saber ni dónde se sentaba, ni con quién hablaba, pero estaba tan nerviosa que empecé a encontrarme mal de verdad. Conseguí aguantar hasta el final de la obra y antes de que la gente empezase a salir, me excusé y me fui a la puerta para coger el primer taxi que pasase. La Gran Vía iluminada, ella que siempre vive y sonríe, pero aquella noche a mí me pareció triste y apagada.

Horas después recibí un mensaje. Me había visto y quería volver a verme. No contesté, pero a él la vida ya le había concedido el poder de creerse capaz de tener todos sus caprichos, de no aceptar un no por respuesta y creer que podía con todo lo que se propusiese. Como yo lo creía de mí misma, como siempre lo había creído, menos cuando le conocí a él. En varias ocasiones me citó en sitios distintos, desde cualquier cafetería hasta la habitación de un hotel, sin obtener respuesta, sin obtener mi presencia. Él sabía dónde podría encontrarme, pero le gustaba jugar y yo no se lo iba a permitir.

Empecé a recibir flores en la agencia. El primer día fueron seis, los años que llevábamos sin vernos, y cada semana se sumaba una más, como el paso del tiempo. La situación empezaba a ahogarme, y aunque me muriese por verle, le odiaba con todas mis fuerzas y jamás iba a darle ni una sola oportunidad.

Esta tarde, al salir por la puerta, un coche flamante me esperaba. Un conductor sonriente me hacía señas para que me acercase y él esperaba en el asiento trasero con una tímida sonrisa en los labios, donde he querido leer un “lo siento”. Iba a pasar de largo, pero he sabido que la situación no podía alargarse más. Sin pronunciar palabra, he abierto la puerta y me he sentado dentro. Le he visto asentir, con tristeza en los ojos y ha intentado acariciarme la mano. La he quitado bruscamente y le he indicado yo al chofer dónde quería ir. No podía ir a ningún hotel, ni aparecer en cualquier sitio, por desgracia, la prensa vive pegada a sus talones y salir en ella sería lo último que yo querría en mi vida. Hemos venido a mi casa, un pequeño apartamento en el barrio Salamanca, y él me ha seguido sin decir palabra. He cerrado la puerta a sus espaldas, mientras me temblaba la vida, y he servido dos copas de vino sin ser capaz de mirarle a la cara. Le he indicado con un gesto que se sentase en el sofá y le he dicho que tenía media hora para explicarme el porqué de todo en las últimas semanas.

He querido ver en él el arrepentimiento, pero no me lo he creído. Me ha jurado que nunca ha dejado de pensar en mí y que al haberme visto aquella noche en el teatro se había dado cuenta que tenía que luchar hasta que no le quedasen fuerzas para que yo le diese otra oportunidad. Le he escuchado en silencio, con mi mirada clavada en la suya, con una frialdad y entereza que no me creía ni yo, con los labios rojos y unos tacones de aguja que me dan el poder de una mujer fuerte, y esconden el dolor y la tristeza que hay dentro de mí. Le he visto llorar, y he visto en mi sofá, la escena que he deseado ver durante muchos años de mi vida. No le he dejado ni rozarme, aunque me moría por besarle, desnudarle y entregarme en cuerpo y alma a él, entregarle mi vida y mis ganas, como ya hice una vez. Cuando ha terminado su discurso, sollozando como un niño, al que me he dado cuenta que el éxito y la fama, hacen muy infeliz, al que me he dado cuenta que le faltan las cosas más básicas de la vida como amigos y cariño, le he invitado a marcharse. Le he explicado que ha conseguido que le escuchase, pero le he dicho que no quería volver a tener ningún tipo de relación con él. No quiero ser su amiga y no quiero tenerle en mi vida, lo he dicho mientras mi voz interior gritaba: ¡Cásate conmigo ahora mismo!

Le he visto salir, con su copa de vino intacta sobre la mesa, con los ojos inundados en un mar de lágrimas, que nunca sabré si eran ciertas o no. A veces, no somos tan fuertes como nos gusta aparentar, y yo sólo sé que he sentido miedo. Miedo a volver a ser traicionada por la única persona a la que he amado en toda mi vida. Miedo a volver a tener y volver a perder, miedo a arriesgar y no ganar, miedo a volverme a sentir vacía. Miedo a volver a tocar sus labios o besar su espalda desnuda, miedo a volver a abrazarle y querer que el mundo se pare. Miedo a no volver a saber vivir sin él, miedo a volver a entregarme, miedo a volver a despertar junto a él, miedo a compartir sus sueños… Y aunque realmente es lo único que deseo, el miedo, a veces, no nos deja elegir bien.

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Buenas tardes, amigos.

Lorena.

Siempre fui de imaginar historias…

Tras unos días nublados y de lluvia, parece que el sol vuelve a salir por Madrid… El calor, que se ha marchado casi sin despedirse, ya no está, pero si os digo la verdad a mí este tiempo de chaquetas finas y, todavía, vaqueros cortos me gusta mucho.

Hace unos días encendí el ordenador y encontré fotografias de hace unos cuantos años, de mi vida en Elche, de las que ya eran escapadas a l’Olleria, incluso de mis amigos del colegio… de mi gente de siempre. Eso me hizo sonreir, ya sabéis lo mucho que me gustan esas cosas. Me gusta reencontrarme con los recuerdos y desde muy pequeña me ha encantado ver fotos. A veces, cuando iba a casa de mis amigas, veía sus álbumes familiares, siempre me ha gustado observar imágenes en las que muchas veces no conocía a las personas que aparecían en ellas. Es una buena oportunidad para imaginar, para tratar de inventar o saber qué pasaba en aquel momento… Siempre fui de imaginar historias.

Estos días, quizás, estoy un poco nostálgica. No sé si ha sido por esas fotos, pero una vez más, he sido consciente de lo rápido que pasa el tiempo, y a veces, incluso me da miedo preguntarme qué he hecho o qué he dejado de hacer. Éstas, en cambio, son preguntas esenciales para saber qué metas quiero cumplir o qué cosas hay que hacer antes de que el tiempo se nos haya ido, de verdad, de las manos y la vida haya corrido tanto que muchas cosas ya no estén a nuestro alcance. Como siempre os digo, los sueños están ahí para perseguirlos, para luchar por ellos y las personas que nos rodean, cuando tienes una edad, son las personas que nosotros queremos que nos rodeen, y esas son para mí las cosas más importantes de la vida. A dónde quiero llegar y con quién quiero hacerlo.

Me siento feliz, bien acompañada en la vida y con unos sueños aún por estrenar. De hecho, viene algo tan importante y bonito que me muero de ganas por contaróslo pero que hasta, al menos, dentro de unas semanas, me voy a tener que guardar. Algo que sé que va a cambiar, al menos, mis ganas y mis días y algo que sé que a muchos de vosotros os va a hacer mucha ilusión, porque los que estamos aquí somos luchadores y perseguidores de sueños, y siempre tenemos algo que queríamos contar…

Como bien sabéis los que me seguís en mis redes sociales, tras publicar el post sobre El Prisionero del Cielo, tuve la necesidad de volver a sacarlo de la estantería y volver a perderme entre sus páginas de la mano de Daniel y Fermín, mis personajes favoritos. Cuando lo terminé (sólo tardé unos días en devorarlo), supe que tenía que volver a leer el que había sido para mí, el más flojo de los tres: El Juego del Ángel. Me gustó más que nunca. Así que si sois amantes de Ruiz Zafón y de su saga del Cementerio de los Libros Olvidados, haceros ese pequeño regalo y favor y releerlos en este orden. Vais a entender muchas cosas y lo vais a disfrutar mucho más.

Como si fuese parte de esta historia, hace unos días me pasó algo curioso. Venía del parque, de pasear con Cometo, cuando al entrar en mi portal vi en la papelera donde acaban agonizando los muchos papeles de propaganda que dejan en nuestros buzones, un libro solitario.

Yo, que amo los libros hasta el punto que la mayoría de vosotros ya conocéis, no daba crédito a ello. Alguien me dijo una vez que hay que leer todo, incluso las etiquetas del detergente, nunca sabremos si algo es bueno o malo si no lo leemos. No creo que aquel fuese un libro malo, y si lo era, quién lo había dejado ahí ni si quiera lo sabía. El libro estaba intacto, olía a nuevo y agonizaba en aquel pequeño espacio verde sin entender por qué ese debía ser su destino. No estaba en medio de pasadizos llenos de estanterías infinitas bajo una gran cúpula, no estaba en mi querido Cementerio de Los Libros Olvidados, pero lo que tenía claro es que él no se iba a quedar ahí.

Esta mañana, al acercarme a mi pequeña estantería antes de tomar el café para elegir quién iba a ser mi nuevo acompañante de horas y sueños, lo he visto ahí, donde lo dejé, con otros que al igual que él, mueren de ganas por ser acariciados, abiertos y devorados, y he sabido que merecía la oportunidad que alguien le había negado.

No he querido buscar en internet sobre él, no sé si me gustará o no, pero El Hombre Sin Rostro y yo hoy empezamos nuestra aventura y muy pronto os contaré qué tal lo hemos pasado juntos.

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Feliz martes, amigos.

Lorena.

Volverá…

Creo que septiembre nos trae más o menos las mismas sensaciones a todos… Sobre todo cuando somos niños, septiembre significa que empieza el curso y se acabó el verano. Empieza el año, y el curso escolar es quien decide dónde empieza y cuándo acaba.

Ayer Madrid estaba otra vez llena de gente, corriendo de arriba a abajo, con la prisa en la piel y la depresión post vacacional en la mirada. Dejar atrás las vacaciones no deja buen sabor de boca, pero hay que mirar el lado positivo y saber que con la vuelta a la rutina empiezan nuevos proyectos, nuevas metas y nuevas cosas y eso siempre debe hacernos felices.

Empieza uno de esos meses que llevan consigo el pistoletazo de salida, o la señal de meta que se encuentra al final. Para mí, es el mes que protagoniza los cambios más importantes de mi vida. Hace nueve años que fui a vivir a Elche, que empezaba mi vida universitaria y una de las etapas más bonitas que viviré jamás. En unas semanas, hace cuatro años que me trasladé a Madrid y aunque los primeros meses fueron muy difíciles… ¡Qué poco me costó enamorarme de esta ciudad! Madrid significó otra etapa crucial, de madurez, de amigos incondicionales, de mucha vida social y muchos retos profesionales. Cuatro años se dicen pronto, pero en ellos guardo miles de momentos que hoy me hacen ser quien soy, vivir como quiero vivir y estar dónde y con quienes quiero estar.

Hace nueve años que no vivo en mi pueblo, cerca de las personas más importantes de mi vida, nueve años sin mi día a día en l’Olleria, sin mi familia y mis amigos de siempre. Me sigue sorprendiendo cómo, nueve años después, cada vez que estoy allí, siento que no ha pasado el tiempo y es que tu verdadero hogar siempre sabrá esperarte, con las mismas cosas y el mismo aroma que cuando lo dejaste.

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Esta semana, como muchos sabéis, he estado en las fiestas de mi pueblo. Ojalá os pudiese transmitir a cada uno de vosotros lo importantes que son las fiestas de Moros i Cristians para mí. Las he vivido desde dentro desde muy pequeña y no he dejado de celebrarlas ni un solo año de mi vida. Hace cuatro años que no formo parte de mi filà, Les Popeluses, pero cada vez que voy, ellas me siguen recibiendo con una sonrisa y hacen que me sienta siempre en mi casa. (Gràcies!)

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La música, los trajes, las luces, la pólvora, la elegancia, la historia, las emociones, las risas, los reencuentros, el buen rollo, la amistad… Esos son los ingredientes de mis fiestas, y ellas forman parte de mi cultura y mi historia.

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Mi amiga Patri no se ha separado de mi lado ni un segundo y eso me ha hecho muy feliz… Nos hemos reído tanto, hemos tenido tanto tiempo para nosotras que todo el estrés que mi mente llevaba durante meses acumulando ha desaparecido, al menos, de momento.

Pero, ¿sabéis qué? Hacía mucho, mucho tiempo que no me iba tan triste de mi pueblo. La verdad que no sé muy bien por qué, quizás este viaje ha sido especial. He visto a mucha gente importante de mi vida, he disfrutado mucho de cada reencuentro, de cada sonrisa, de todas y cada una de esas personas que se han alegrado de verme tanto como yo de verlas a ellas… Las personas de mi vida.

No puedo dejar de dar las gracias (infinitas) a las personas con las que no había hablado nunca y se acercaron para decirme que me leen y me siguen, ¡qué sensación tan bonita!

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En una de esas noches de fiesta me pasó algo curioso que hoy te quería contar. Mi amiga Sonia me presentó a su novio y al presentarnos, le dijo “Ella es la chica a la que le encanta Carlos Ruiz Zafón” y claro, tuve que sonreir.
No nos faltó conversación y por unos momentos volvimos a pasear por el Cementerio de los Libros Olvidados, bajamos a la calle Santa Ana y subimos en tranvía hasta la Avenida del Tibidabo. Sé que cada cierto tiempo os hablo de Ruiz Zafón, mi escritor favorito, que os he dicho ya lo mucho que adoro la Sombra del Viento y el amor incondicional que siento por Daniel Sempere, uno de sus protagonistas. Me apetecía recordaros lo importantes que son los libros en nuestras vidas, cómo la magia de la literatura hace que conviertas a unos personajes en parte de tu vida y acaben siendo protagonistas de una conversación en una noche de fiesta, en un rincón cualquiera.

En uno de mis post, “Te querré siempre, Daniel Sempere”, que podéis encontrar en el apartado de “libros y literatura”, ya os hablaba de todo esto.

Siempre me hará feliz hablar de Ruiz Zafón, siempre encontraré en él la forma más dulce de sonreír o la más silenciosa de llorar, porque él y sus palabras sólo son magia… de la de verdad.

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“Barcelona, 1957. Daniel Sempere y su amigo Fermín, los héroes de La Sombra del Viento, regresan de nuevo a la aventura para afrontar el mayor desafío de sus vidas. Justo cuando todo empezaba a sonreírles, un inquietante personaje visita la librería de Sempere y amenaza con desvelar un terrible secreto que lleva enterrado dos décadas en la oscura memoria de la ciudad. Al conocer la verdad, Daniel comprenderá que su destino le arrastra inexorablemente a enfrentarse con la mayor de las sombras: la que está creciendo en su interior”.

Así me recibió la contraportada de El Prisionero del Cielo cuando se publicó en 2011. Este fue el tercer libro de la serie El Cementerio de los Libros Olvidados, el cuarto y último aún está por llegar y os podréis imaginar las ganas que tengo de saborearlo y devorarlo entre mis manos y mis ojos. La Sombra del Viento, El Juego del Angel y El Prisionero del cielo, publicados en este orden en 2005, 2008 y 2011, relativamente, forman un ciclo de novelas unidas entre sí a través de personajes e hilos argumentales que tienden puentes narrativos y temáticos, aunque cada uno de ellos cuenta con una historia cerrada e independiente, que podrás entender perfectamente si leer solamente uno de ellos (por supuesto, debes leer los tres).

Mi ejemplar me lo regalaron mis abuelos, en Navidad, con su dedicatoria y firma, como siempre hacen.

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Sin ninguna duda, el primero es el más especial, pero el tercero puedo decir que me pareció brillante. Volver con los mismos personajes ya fue para mí algo muy emotivo, poder reencontrame con sus vidas después de tanto tiempo y ayudarles a descubrir una historia mágica que estoy segura no deja a nadie indiferente.

Ruiz Zafón sabe escribir magia, sabe hacer de la palabra un absoluto y verdadero placer, no podéis dejar de leerle, por favor. Sólo espero que no tarde en volver.

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Mil besos con la depresión post vacacional en la mirada y las ganas en los dedos.

Gracias por estar siempre.

Buenas noches, amigos.
Lorena.

PD. Lo prometido es deuda: Volverá…

Al encuentro de Mr. Banks.

Me parece que este verano os tengo y os voy a tener muy acostumbrados a las idas y venidas… Perdonadme, pero es que no paro y eso me hace muy feliz. El verano es para eso, para no dejar de moverte, para ir a los lugares que te gustan, para reencontrarte con la gente que quieres, para salir, para reír, para disfrutar del día hasta el final de la tarde, para apurar los suspiros de felicidad en la calle.

Estuve en Madrid unos días y volví el fin de semana a l’Olleria. Como habréis visto los que estáis en Instagram, para irme de boda y vivir un fin de semana maravilloso reencontrándome con toda mi familia, con todos esos primos y tíos a los que no suelo ver, y ha sido precioso. He sido muy feliz.
Reencontrarme con mi familia hizo que los recuerdos se pronunciasen en sonrisas, tuvimos la suerte y la capacidad de viajar en el tiempo a través de ellos y como siempre pasa en estos eventos, tuvimos que emocionarnos mucho al echar de menos a todos aquellos que no están.

A veces, me da miedo hacerme mayor y olvidarme de algunos recuerdos. Creo que alguna vez ya os he hablado de esto, pero a mí me encanta recordar algo que alguien me dijo una vez: todos nuestros recuerdos permanecen en nuestra memoria, sólo que algunos son recuerdos dormidos que sólo despiertan cuando un hecho puntual sucede. Un olor, una canción o un lugar que son capaces de despertar ese recuerdo enterrado y transportarte a aquel momento en el que aquello sucedió.
Por supuesto, habrá mil momentos de mi vida que no recuerde, pero los que recuerdo supongo que son los más importantes y quiero recordarlos siempre.
Los veranos de mi infancia fueron tan, tan bonitos. Era feliz con muy poco, porque quienes estaban a mi alrededor hacían que con eso fuese más que suficiente. Recuerdo las tardes en el pequeño coche de mi abuelo, un Seat Fura color rojo que hoy en fotos me sigue sacando una sonrisa. En ese coche iba a la piscina, todas las tardes, porque mientras mi madre trabajaba, mi abuelo me traía y me llevaba, a la piscina, al campo de mis tíos, a jugar con mis amigas… Donde fuese. Él, sin duda, ha sido el mejor padre que la vida me podía haber dado.

Muchas veces os he hablado de lo feliz que fui, y es que ojalá todos los niños pudiesen tener una infancia feliz, ricos o pobres, simplemente que todos tuviesen las necesidades básicas y mucha, mucha felicidad.
Si viajo a mi infancia, hay una protagonista indiscutible con la que pasaba horas y horas desde el otro lado de la televisión. Mary Poppins, entre otros personajes de ficción, fue una de mis favoritas cuando fui niña, y una de mis favoritas en el paso del tiempo.

MaryPoppins

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Hace unos meses, una tarde de frío tuve un “antojo” inmenso de comer chocolate y ver la película de la niñera más bonita del mundo. Me fui al Fnac, me compré el DVD y me di uno de esos caprichos simples que pueden llegar a hacerte enormemente feliz. Hacía mucho tiempo que no veía la película, pero no dejé de sonreír y sorprenderme al recordar las canciones a la perfección y saberme, todavía, muchos diálogos de memoria. Por eso son tan importantes los recuerdos, los dormidos o no, por esa capacidad de hacerte viajar en el tiempo, por esa capacidad de recorrer tu vida desde un punto concreto y hacerte feliz.

Hace relativamente poco, vi un anuncio en televisión sobre una película enlazada directamente con Mary Poppins, y se me ocurrió pronunciar en voz alta que la quería ver. Como muchos ya sabéis, me suelen tener muy mimada y por mi cumpleaños, uno de los regalos de Sergio fue el DVD de Al encuentro de Mr. Banks.
Con el anuncio, no sé por qué, pensé que esto sería una continuación de la película, que me encontraría con Jane y Michael Banks de mayores y que sabría qué había sucedido en sus vidas cuando Mary Poppins volvió a salir de ellas, pero lo que encontré fue mucho mejor.

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Sin ninguna duda, esta película está hecha por y para aquellos que soñaron con la magia de Mary, aquellos que quisieron recoger sus juguetes y el desastre de su habitación dando palmadas y cantando canciones, aquellos que quisieron subir las escaleras sentados en las barandillas, ser capaces de saltar dentro de un dibujo pintado sobre la acera del parque, aquellos que quisieron dar vida a los caballos de un tiovivo, tomar jarabe para la tos de colores y sabores sorprendentes, aquellos que sabían que con un poco de azúcar todo pasaría mejor o aquellos que saben que supercalifragilisticoespialidoso suena extravagante, raro y espantoso, pero que si lo dices con soltura sonará armonioso… Al encuentro de Mr. Banks es una película dedicada a todos ellos, a todos nosotros, a todos los que nos hemos hecho mayores pero seguimos guardando una sonrisa y mucho amor a la niñera que sacaba miles de cosas de un bolso que aparentemente estaba vacío.

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Mary Poppins

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Tom Hanks y Emma Thompson protagonizan la historia sobre el origen de Mary Poppins, uno de los clásicos de Disney más querido de todos los tiempos. Dirigida por John Lee Hancock, descubrimos la historia de cómo Mary Poppins llegó a la gran pantalla y a las televisiones de muchas generaciones alrededor de todo el mundo.
Walt Disney (Tom Hanks) les prometió hace muchos años a sus hijas que conseguiría llevar al cine la historia de su cuento favorito, y tras veinte años intentando adquirir los derechos del querido libro de P.L Travers (Emma Thompson) consigue reunirse con la obstinada escritora para liberar todos sus miedos, todos los recuerdos que guarda de su infancia y dejar a May Poppins en libertad para contagiar de magia a miles de niños y convertirse, con el tiempo, en una de las historias más entrañables de la historia del cine.

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Nos emocionaremos en el viaje en el tiempo que la escritora de Mary Poppins hace a través de sus recuerdos, nos emocionaremos descubriendo cuál es la verdadera historia que esconde la historia que nosotros conocemos y nos emocionaremos viendo, paso a paso, cómo se fueron ultimando los detalles antes de lanzar la historia al cine, o como se crearon las canciones que posteriormente se convirtieron en parte de la BSO de nuestras vidas.

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Estoy segura que a todos nosotros, los recuerdos de nuestra infancia nos arrancan una sonrisa. Tanto a aquellos a los que los juegos protagonistas de sus días estaban correteando en la calle, con cuerdas y pocas cosas materiales, con risas y muchos años de por medio, como a aquellos que ya hemos crecido en un tiempo totalmente ligado a la tecnología. Nuestra infancia es sólo nuestra y consigue arrancarnos una sonrisa, porque la inocencia de los niños, incluso en aquellos niños que sufren, consigue guardar en la memoria las cosas bonitas que nos hicieron felices.
Si además de ser nostálgico y sonreír al viajar en el tiempo, al recordar las meriendas que te preparaba tu abuela, las tardes de verano en la calle, la piscina o la playa, las risas y los juegos, si además de todo eso, fuiste un gran admirador de Mary Poppins, te pido por favor que te regales una tarde de mimos. Prepárate tu merienda favorita, cómprate el helado que más te guste y vete al encuentro de Mr. Banks, la historia para todos aquellos que ya nos hemos hecho mayores.

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Feliz tarde, amigos.
Lorena.

Mil millones de GRACIAS.

Hoy el martes viene con la sensación de ser jueves, mañana damos por finalizada una semana muy corta y nos vamos de puente! Yo, que me he querido adelantar, ya vengo de desconectar unos días en un pequeño y maravilloso paraíso como es el norte de España, en mi página de Facebook compartí una foto preciosa del lugar donde he pasado los últimos días, alejada de todo y dedicándolos para mí y los míos.

Hoy vuelvo con un nuevo post lleno de agradecimientos. Marcel Proust decía: “Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma” y yo no puedo estar más de acuerdo. No hay nada más maravilloso que ser agradecidos y no podemos sentirnos más afortunados cuando tenemos motivos para dar las gracias. No me gusta la gente que se pasa la vida recalcando sus esfuerzos, todos hacemos esfuerzos cuando queremos conseguir algo, si fuese fácil, no resultaría tan excitante. Sin embargo, me gusta y mucho la gente que da las gracias.

Por ejemplo, lo primero que hago cuando me compro un CD (Sí, soy de las que todavía va a la tienda a comprar el CD) es abrir el libreto que lo acompaña con las letras de las canciones y buscar los agradecimientos… Cuando compro música, compro música de alguien que me gusta y descubrir algo por lo que se siente agradecido es una forma distinta de conocer al artista al que admiras. Es muy triste que haya personas que no tengan la necesidad de dar las gracias, cuando las gracias se pueden dar muchas veces a lo largo de todo el día… A la chica del supermercado que te acaba de cobrar, al chico de una tienda de ropa que te acaba de atender, al camarero que te acaba de servir el café… Pero, ¿y a todas las personas que no están haciendo su trabajo y hacen cosas por ti, simplemente por que te quieren?

Como bien sabéis muchos, Lo Que te Quería Contar es un blog  que ha estado arropado, abrazado y mimado desde el minuto cero… Y yo, ante eso, no tengo suficientes GRACIAS ni suficiente tiempo para darlas… Porque son eternas.

¿Cómo puedo agradecer yo que haya tanta, tantísima, gente que comparta mis palabras sin pedir nada a cambio? Esta gente sólo lo hace por ayudarme a conseguir sueños, lo hacen para que llegue a todas las personas posibles y lo hacen porque creen en mí… Y creedme que no hay palabras de agradecimiento suficientes.

Hoy quiero acercarme a cada uno de vosotros, y que me perdonen de ante mano aquellos a los que posiblemente me olvidaré…

Mil millones de GRACIAS a mis amores Zara (mi Cometa del alma), Xandrita, Gabri, Mireia, Marta, Patrick… que comparten todos y cada uno de mis posts en sus muros de Facebook para que todos sus contactos sepan que ha habido algo nuevo que quería contar, mil millones de GRACIAS a mi hermanito Diego (mi chachi) que tiene la capacidad de llegar a miles y miles de personas de todo el mundo a través de Twitter y ha hecho que mi blog llegue a tantos rincones y a tantas personas que gracias a él me adoran y me siguen, mil millones de GRACIAS a mi amigo Angel Capel, que no ha dejado de apostar por mí y repetirle a sus miles de seguidores que lean mi blog, mil millones de GRACIAS a mis amores Rebe, Alba (MJDMV), María Paula y mi brother David que sin pedir nada a cambio han retwitteado los posts y han repetido mil veces que creen en mí… mil millones de GRACIAS a mi querida amiga Sara Sálamo que directamente ha enlazado su cuenta oficial de Twitter a mi blog para que cada post salte ante sus miles de seguidores, mil millones de GRACIAS a la diseñadora Laura Daluna que me sorprendió el día del libro presentándome ante sus seguidores y recomendando mis relatos, mil millones de GRACIAS a los que en algún momento han compartido mis posts, mis enlaces, mis palabras, a los que me han mencionado y han pedido a la gente que me lea y siga, mil millones de GRACIAS a todos los que habéis invitado a vuestros amigos de Facebook a darle “me gusta” a mi página…

Y si todo esto me llena de orgullo y amor, imaginad como me siento cada vez que lo hacen personas que no me conocen absolutamente de nada, que sólo saben de mí a través de las redes sociales, del blog y las palabras… No puedo sentirme más orgullosa, querida y agradecida… mil millones de GRACIAS a Merche y su cuenta oficial del club de fans de Diego por mencionar cada post, mil millones de GRACIAS a Inma por compartir y comentar siempre, por hacer sus reflexiones de cada post y siempre tener palabras bonitas para mí, mil millones de GRACIAS a Sandra Torre y a Vichi por emocionarse y compartirlo conmigo, por compartir mis letras con todos los suyos y querer desconectar del mundo a través de este blog, mil millones de GRACIAS a Daniela por darme su opinión siempre y darme los buenos días cada mañana con un mensaje positivo y lleno de amor, mil millones de GRACIAS a la página en Twitter de Violetta en Venezuela, por hacerme llegar a tanta gente, mil millones de GRACIAS a todas esas niñas que desde Rusia apoyan incondicionalmente cada cosa que hago o escribo, mil millones de GRACIAS a los que me hacéis llegar a Brasil, Colombia, Mexico, Argentina, Chile, Italia… Gracias infinitas a todos, a todos los que alguna vez habéis interactuado conmigo, a todos los que alguna vez me habéis querido escribir y contarme vuestras historias, a todos y cada uno los que me habéis dado vuestra opinión sobre un post, tanto en Facebook como en Twitter, a todos y cada uno de los que me leéis desde el silencio y GRACIAS también a los que no os gusta y no lo decís, porque no podemos gustar a todo el mundo y seguro que también hay muchos de esos… Me olvido a muchos, seguro, pero sentíos reflejados en estas palabras, porque os aseguro que todos los que las leéis formáis parte de esto y yo sólo puedo dar las GRACIAS e intentar dar de mí mediante las letras, todo lo que recibo de vosotros.

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Hace casi una semana se celebró el día del libro, y como podéis imaginar es un día que me fascina, siempre me ha gustado que la gente potencie la literatura y me encanta que haya un día oficial en el que todo el mundo tome a los libros como los verdaderos protagonistas, ya sólo me queda la esperanza que todos aquellos que siguen el llamado postureo en las redes sociales leyesen de verdad todos aquellos libros que subieron en forma de imagen.

Os adelantaba en el anterior post que había sido cómplice de algo que estaba pasando en la biblioteca de l’Olleria aquel día y hoy te lo quería contar. 

Unas semanas antes, me contaron que para la diada de Sant Jordi, la biblioteca de l’Olleria había organizado una serie de actividades, las librerías del pueblo montarían stands en la calle y la gente pasaría por allí a comprar y compartir el dia del llibreMe propusieron ser cómplice de una sorpresa para la gente de mi pueblo y a mi no me pudo hacer más ilusión. Junto a un relato del autor Angel Cano Mateu, uno de mis relatos sería editado e impreso y se regalaría a todo aquel que participase en las actividades o comprase libros aquel día. Me parecía una idea maravillosa y para la ocasión elegí un relato ya publicado aquí en el blog; El juego prohibido, la pasión y la mentira (lo encontraréis en el apartado de “relatos”).

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No tardé en recibir mensajes, fotos y sonrisas a través de mi teléfono de la gente que me quiere, de los que me conocen bien y de los que no me conocen tanto, pero la gente de mi pueblo se alegraba por mí y todos ellos querían compartir la felicidad conmigo, no hay nada más bonito que eso. Siempre digo, y siempre diré, que mientras una sola persona se emocione con algo que yo escriba, me daré por satisfecha… No os imagináis lo bonita que es la sensación cuando alguien me dice que tiene los pelos de punta tras uno de mis posts, que ha llorado o que ha viajado por sus recuerdos y se ha emocionado… No hay nada, absolutamente nada, más gratificante que eso. Por eso no me canso de dar las GRACIAS, por eso sé que si todo ser humano se dedicase a hacer lo que realmente le gusta viviríamos en un mundo mucho más fácil.

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La biblioteca de l’Olleria, además, organizó un concurso de fotos a través de Instagram en el cual una de mis fotos quedó finalista y cuyo obsequio recogió mi madre orgullosa. Muchas veces me digo a mi misma lo mucho que me gustaría que l’Olleria tan sólo estuviese a media hora de Madrid para poder estar en momentos que lamentablemente me pierdo… El miércoles pasado fue uno de esos días.

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Invité a a gente a enviarme fotos y a compartir conmigo el libro con el relato de Angel y el mío… porque este post quería dedicárselo al día del libro  y a lo feliz que me hizo formar, de algún modo, parte de él… mil millones GRACIAS a todas y cada una de las personas que han querido hacerlo, que quisieron escribirme aquel día para contarme que mi relato impreso estaba en sus manos… Hoy quería que ellos fuesen protagonistas de Lo Que Te Quería Contar, porque la gente que arranca sonrisas merece ser protagonista, al menos en la vida de quienes las reciben.

Moltissimes gràcies a Loreto, Emma, Ania, Lurdes, Angi, Jesús, Patri, Jenni, Sheila, Mireia, Maria Oviedo, Sandra, Maria Albiñana, Rafa, Jose, Julio, Ylenia, Maria, Martina, Sara, Tamara i Valeria, Ivana, Carles, Paco, Maria José, Paco Borràs, Marta, Jordi, Elisa, Julia, Mari i Pepe.

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Muchas GRACIAS a todos, los que estáis de forma incondicional y los que han estado de pasada… Hoy esto es vuestro y las palabras sonríen y bailan.Que no paren las letras, que no paren los sueños…

MOLTES GRÀCIES.

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Imagen de “Elles Audiovisual”

Feliz martes, amigos.

Lorena.