Suena una canción…

He de reconocer que tenía ganas de un otoño de verdad, de los de sacar abrigos y bufandas, gorros de lana y sombreros, de esos otoños en los que los días libres quieres estar en el sofá, abrazada a la manta, con una peli de fondo o un buen libro entre las manos… Con el frío tras la ventana y el placer absoluto de hacerle frente de este modo. Parece que, por fin, el frío ha llegado de forma permanente a Madrid y parece que va a quedarse con fuerza… Ayer fue una tarde de lluvia que dediqué a leer. Hoy un día nublado, con un tímido sol asomando, con un frío penetrante en la calle… Y me gusta verlo desde dentro, con el olor a café y Cometo a mi lado durmiendo.

Hoy te quería contar algo que me pasó hace unas semanas, a primera hora del día, mientras iba en el autobús…

Cómo muchos ya sabéis, además de la literatura, una de las grandes pasiones de mi vida es la música, mi mayor frustración siempre será no cantar bien (de hecho, Sergio dice que soy la persona que peor canta del mundo. Se pasa, ¿no?) 🙂 Creo que la música es una gran pasión de la vida de la mayoría de las personas. Escuchamos música desde el momento en el que nacemos y de forma inevitable e inconsciente empieza a formar parte de nuestra vida… Con el paso de los años, habrá diferentes tipos de música que elegirás como compañera de momentos, de felicidad y de lamentos.

Siempre he dicho y supongo que diré, porque así lo siento,  que mi canción favorita es La Fuerza del Corazón, de Alejandro Sanz. Quizás porque llegó hace muchos años a mí de una manera muy fuerte, quizás porque sólo era una niña y fue la primera canción en la que me paré detenidamente a entender su letra y dejar, sin límites, que me emocionase. Hay otras canciones que jamás me cansaré de escuchar como El Ruido, de David Bisbal, que es relativamente joven o En el Muelle de San Blas, de Maná. Hay canciones que escucharás en un momento determinado de tu vida y aunque estés años sin volver a saber de ellas, en el momento que vuelvan a aparecer te harán sonreír o te emocionarán.

Será inevitable a lo largo de mi vida que cualquier canción de Bom Bom Chip me arranque una sonrisa, por ser la BSO de mi infancia y por formar parte de mi madurez… Me pasará igual, como te pasará a ti, que sonreiré cuando escuche una canción del verano que me recuerde a mi adolescencia, a aquellas noches en las que la bailé con mis amigas, con la inocencia de la juventud y las ganas en la pista… Habrán canciones que siempre serán especiales, que reflejarán un primer amor, un amor soñado, un amor imposible o un amor olvidado y que cuando vuelvan a ti, te harán pararte unos segundos y asentir.

Hay canciones que siempre me harán quedarme en silencio, por las lágrimas que derramé con ellas en algún momento de mi vida, como Con Las Ganas, de Zahara o A Tientas, de Vega. Habrá canciones que te recordarán a amigos que pasaron por tu vida y ya no están, y otras que te recordarán a esos amigos que siempre estarán… Esa es la magia de la música, que vive contigo el paso de los años, que marca momentos y circunstancias, lugares y personas, que tiene el poder de hacer que miles de personas, en todo el mundo, puedan sentirse identificadas… Porque al final, como siempre digo, no somos tan distintos.

Hace un par de semanas, un lunes a primera hora, sonó una canción en el autobús, que me quitó el sueño de repente para arrancarme una sonrisa, para viajar en mi vida y emocionarme de la forma más bonita…

Soy la mayor de tres hermanos y aunque les quiero a los dos por igual, la diferencia de edad con cada uno de ellos ha hecho en el tiempo que vivamos cosas muy distintas. Miguel nació cuando yo estaba a punto de cumplir dos años y se convirtió en mi primer amigo. Con él compartí mis juguetes, mis peleas, mis risas, mis aficiones y nuestras diferencias… De pequeño, le encantaba hacerme rabiar. Todavía recuerdo el disgusto que me llevé cuando le cortó el pelo a una de mis Barbies… Crecimos juntos, teniendo casi la misma edad y eso, con los años, nos permitió compartir muchas, muchas cosas bonitas, amigos, secretos y experiencias.

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Miguel y yo. 1991.

Alex llegó como un auténtico regalo. Nació cuando yo estaba a punto de cumplir los doce años y se convirtió en mi juguete, en mi aire y mi vida. Doce años de diferencia que me hicieron disfrutarle de una forma muy especial… le bañé, le di biberones, le llevé de la mano en la playa, le acompañé en su primer día de guardería y de colegio, le ayudé a hacer deberes, le disfracé en carnaval, le conté cuentos y le quise proteger y dar todo lo bueno que podía haber en mí…

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Alex y yo. 2001.

Hace un par de semanas, un lunes a primera hora, sonó Sólo tú de Paula Rojo, mientras yo iba en el autobús… Me quitó el sueño para arrancarme una sonrisa, para viajar en mi vida y emocionarme de la forma más bonita… Como muchos de vosotros, a Paula la conocí a través de la televisión en la primera edición de La Voz, su dulzura y su ukelele hicieron que no pasase desapercibida para nadie… Allí, en su primera actuación, pidió cantar un trozo de esta canción, que había compuesto para su hermano pequeño, y desde ese momento me enamoró. Mucho tiempo después, tuve la oportunidad de entrevistarla para La Caja de Música, cuando su éxito ya era una evidencia y sus sueños seguían tan intactos y con tantas ganas como el primer día… Eso la hace especial. Si tuviese que describirla con una palabra sería magia, y esa magia es la que lleva a sus canciones, a su música y a nuestros corazones…

Aquella mañana de lunes, al escuchar su canción, la cual había oído ya muchas veces, me detuve y pensé que hacía mucho que no me volvía a encontrar con esa letra, me fue inevitable sonreír, porque tuve la oportunidad de viajar  por mi vida… Y en cada verso pensé en Alex, en lo pequeño que era la primera vez que le vi cuando sólo tenía unos minutos de vida, pensé en todos los años en los que se dormía conmigo en la cama, en todas aquellas tardes juntos, en nuestros paseos de la mano, en sus fiestas del colegio o sus fiestas de cumpleaños, en su dulzura, en su inocencia… Sentí la canción de una forma muy especial…

Alex ya tiene quince años y es más alto que yo. Me fue imposible no emocionarme, ver, una vez más, lo rápido que corre el tiempo y me sentí feliz por haberle dicho y decirle siempre, a él y a todas las personas importantes de mi vida, lo mucho que las quiero…

Alex y yo. pechón, Cantabria. 2014

Alex y yo. Pechón, Cantabria. 2014

Como en la canción, antes de conocerle, me hice mil preguntas sobre cómo sería, o cómo serían nuestros días..y “ahora lo sé, sólo pregunto el por qué, cómo en apenas segundos cuando te vi la cara, te comencé a querer… Y sólo tú, haces que llore riendo, haces que ría llorando y me pregunto cómo algo tan pequeño puede invadir la caja de mis recuerdos, los que ya apenas recuerdo si tú no estás en ellos… Sólo tú.”

Hoy, que hace una semana que volví a Madrid después de pasar unos días en casa, me he recordado lo afortunada que soy por tener una familia como la que tengo… Y me he acordado de aquel lunes en el autobús en el que Paula Rojo me hizo viajar por mis recuerdos y me emocionó.

Miguel, Álex y yo. 2014.

Miguel, Álex y yo. 2014.

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La vida, sin ninguna duda, no tendría sentido sin la música… Y ahora te toca a ti, ¿Cuál es tu canción favorita?

Feliz tarde, amigos.

Lorena.

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Hoy me cruje el alma…

Hoy el día comenzaba triste, el 11 de marzo será un día triste para siempre en la memoria de nuestro país. Como bien os contaba esta mañana en mi página de Facebook, hoy iba en el metro y observaba a las personas. Observar a las personas en silencio es curioso, en el metro todo el mundo viaja solo y de vez en cuando observo y me pregunto, me imagino cómo serán sus vidas, me pregunto si serán felices o no. Es asombroso poder ver en la cara de un extraño su estado de ánimo, o quizás sólo el estado que aparenta tener, porque al final resulta que las apariencias son eso, apariencias.

Por las mañanas la gente va en silencio, cabizbaja, tienen sueño y sabes que la mayoría han madrugado por obligación, van a trabajar, van a clase, o quizás al médico… Casi todos van pegados al móvil, algunos sujetan libros y los leen, otros duermen. Algunos sonríen, otros visten mala cara desde bien temprano. Hoy observaba a la gente en el metro, mientras leía lo que la gente escribía en Twitter… Todos amanecíamos haciendo mención al 11 de marzo, a aquel 11M del que ya han pasado diez años. He levantado la cabeza y he vuelto a observar,  por un segundo he querido imaginar aquella mañana, a aquellas personas que madrugaban para ir a estudiar o para ir a trabajar, me he observado dentro de ese metro y he sabido que yo podría haber estado allí, como podrías haber estado tu, como podríamos haber estado todos. Y es que al final, de un modo u otro, todos estuvimos.

Hace diez años, en Madrid se vivió el mayor atentado terrorista de la historia de España. 192 muertos, 1.858 heridos… 2.050 familias destrozadas, amigos sin consuelo… Un país entero con el corazón roto, y el alma gritando de rabia. Hace diez años la violencia estuvo por encima de los ciudadanos, de las personas, de los que allí estaban y los que no… La irracionalidad se cargó de fuerza y el dolor penetró en nuestras vidas. Diez años después todos seguimos levantando la voz, haciendo ruido sobre esa impotencia que aún sentimos, diez años después seguimos deseando que aquello no fuese real, queriendo que no hubiesen motivos para estar recordando, para que haya imágenes, canciones o frases de ánimo sobre una tragedia que nos dejó rotos, sin aliento y sin palabras.

MADRID/ATENTADOS

He observado a la gente y por un segundo he querido imaginar aquella mañana, pero no he sido capaz de imaginar el dolor de las víctimas, de sus padres, de sus hermanos, de sus hijos, de sus abuelos, de sus parejas, de sus primos, de sus tíos, de sus vecinos, de sus compañeros, de sus profesores, de sus amigos… Y he querido gritar de rabia. ¿Qué derecho creen tener aquellos que arrancan vidas?

11M

La mañana ha pasado con calma, Madrid está llena de sol y las calles, aún con frío, invitan a la primavera, la gente sonríe, a pesar de los recuerdos y la rabia, parecía un día bueno…

Cuando he salido de trabajar he visto varias notificaciones en Twitter y no daba crédito a lo que leía. Parece que el 11 de marzo está condenado al dolor y las malas noticias.

Que la televisión apueste por la música siempre me va a parecer bien. Me gustan los programas dónde se valora la ilusión y el talento de las personas. La Voz ha sido uno de los programas de televisión de mayor éxito y audiencia de los últimos años, y su versión para niños era más que deseada. Desde que empezó La Voz Kids hace sólo unas semanas, he estado cada jueves pegada a la pantalla y mi Twitter es testigo de cómo me he emocionado en cada una de las galas… Los niños tienen esa inocencia que a los adultos nos falta, y algunos niños tienen ese arte que algunos adultos no tendremos nunca. En ese programa se ha visto un derroche de talento increíble, unas voces maravillosas y sobre todo se ha visto mucha ilusión, sonrisas sinceras y esfuerzos por demostrar que los sueños se pueden hacer realidad. Iraila nos enamoró con su incontrolable emoción cuando se puso a llorar al descubrir que los tres coaches (Rosario, Malú y David Bisbal) se habían dado la vuelta al escuchar su voz, deseando tenerla en su equipo y poder trabajar con ella. Iraila demostraba ternura y desparpajo, y emocionada y fuerte, llena de vida, nos deleitó con una voz enorme en un cuerpo pequeñito interpretando a la perfección el Diamonds de Rihanna.

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Iraila todavía no ha aparecido en las batallas de La Voz Kids, grabadas ya desde hace tiempo, y lamentablemente no podrá ver su actuación. El cáncer, con el que llevaba luchando desde hacía cuatro años, le ha vencido la batalla. Una batalla injusta, una batalla que no debería atreverse a luchar contra las personas y mucho menos contra los niños.

No se por qué, llevo todo el día pensando en Iraila, pensando lo injusta que es la vida, lo rápido que un día todo cambia, todo desaparece y todo acaba. He leído en varios artículos que sus padres han pedido que cualquier persona que quiera aportar flores o similar, lo hagan en forma de donativo a Aspanion, la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de la Comunidad Valenciana. Se me ha encogido el pecho al leer su comunicado y que desde su inconsolable dolor pidan que la gente ayude cuando quienes deben ayudar, amigos míos, son los que nos representan y gobiernan, pero por segundos se me había olvidado que son los mismos que nos han recortado la sanidad.

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Llevo todo el día pensando en Iraila y en niños enfermos de cáncer o cualquier otra enfermedad. LLevo todo el día pensando lo jodida e insoportable que se pone a veces la vida y la impotencia que me da. Llevo todo el día pensando el dolor de unas familias que no conozco y en un dolor que no soy capaz de imaginar. Iraila es la imagen de muchos niños que pierden esta injusta batalla, de muchos más que luchan contra una enfermedad que ha llegado sin preguntar, muchos niños que sólo saben luchar con su arma más poderosa: la sonrisa.

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Iraila, donde estés, canta bien fuerte, por todos los que hoy te echan de menos sin conocerte, y sobre todo canta por quienes te han querido y te han acompañado siempre…

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Hoy me cruje el alma, amigos míos. Buenas noches,

Lorena.