Volver

¿A quién no le gusta hacer un repaso del último año una vez éste llega a su fin? A mí, al menos, me ha gustado hacerlo siempre. Un balance, de lo bueno y lo malo, de lo que ha sumado y lo que no, de lo que quiero quedarme para siempre en la memoria y lo que prefiero no acordarme y esta vez, inevitablemente, no es diferente.

Hace un año que no volvía por aquí, con lo feliz que me hacía plasmar las emociones y reencontrarme, a través de letras, con cada uno de vosotros. Creo que ha llegado el momento de volver. Y sí, sé que lo dije la última vez que escribí, y también la anterior, pero, quiero volver de verdad, y hoy te lo quería contar.

Mañana es el cumpleaños de mi amigo David y él es, quizás, la persona que más me ha insistido en todo este tiempo para que esto suceda, y no es que este vaya a ser su regalo por dar una vuelta más al sol, pero ahora mismo me estoy acordando de él porque sé que esto le hará feliz.

No os podéis imaginar cómo quise cerrar 2016… Lo hice de un portazo, fuerte, deseándole suerte en el olvido, porque fue, quizás, el año más raro de mi vida, y eso que por entonces ya tenía La Contentor (pero no en todo su esplendor)… Me prometí que 2017 sería un antes y después y no sé si lo he conseguido, pero creo que puedo decir que ha sido un año maravilloso.

Este año he vivido cosas increíbles, he cambiado de casa, mi mejor amiga de la universidad se ha casado, una de mis mejores amigas de Madrid ha sido madre, he llegado a los 30 y me he visto rodeada de personas increíbles que quisieron, un año más, hacer del día de mi cumpleaños algo inolvidable. He hecho surf por primera vez, me he enamorado de Oporto, ¡e incluso me he tatuado con dos de mis amigos del alma! Me he reencontrado en Sevilla con mis amigas de la vida, al son de la BSO de nuestra adolescencia, me he ido de vacaciones con toda mi familia y me he sentido enormemente afortunada por disfrutar de ellas junto a mis abuelos (que, seamos sinceros, ¡eso sí que es tener suerte en la vida!).

En 2017 ha llegado gente nueva a mi vida, gente que sé que ha venido para quedarse y, lo más importante, los que estuvieron con fuerza el año anterior, han seguido estando en este al pie del cañón… He estado en festivales junto a mis amigas de siempre (ahora he añadido la música de Izal a mi lista de Spotify, soy así de moderna) y, además, mi amiga Sara y yo, sin esperarlo, ¡vivimos el verano de nuestra vida! (Con festivales, viajes, noches de risas infinitas, karaokes y conciertos incluidos). He cumplido un año en el trabajo con el que siempre soñé y que cada día me hace más feliz y sumo otros 365 días más al lado de Cometo (Ay, ¡Cometo de mi vida!) que, aunque nos ha dado un susto grande en los últimos meses, dice que él no piensa moverse de mi lado…

He vuelto a ver películas que me sabía de memoria y he descubierto otras que me han marcado de verdad. Lo mismo me ha pasado con canciones, sigo escuchando aquellas que llevan años sonando en mi cabeza y mis reproductores día tras día, pero también he añadido nuevas como La Mujer de Verde, de Izal,  La Llamada de Leiva u Olvídame de Sidecars, que descubrí hace sólo unos días y que ya me sé de memoria. Pero, sin duda, no puedo dejar de contaros las canciones y, sobre todo, el cantautor que ha marcado mi 2017, Andrés Suarez. ¡Qué manera de ponerle música a la poesía! Necesitaba un Vals para Olvidarte, Ahí Va la Niña, Números Cardinales, 6+4 o No Te Quiero Tanto ya formarán siempre parte de mi vida… (¡Gracias eternas a mi Loly por presentármelo!)

Y, cómo no, ¡los libros! Por supuesto, he vuelto a leer La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón, porque le toca llegar a mis manos una vez al año, y descubierto nuevas historias que me han llegado a fascinar… Como me pasó con La Isla de Alice, de Daniel Sánchez Arévalo, y del cual os hablaré en otro post.

Acabo 2017 con otro libro entre mis dedos, Contigo en el Mundo, de Sara Ballarín, del que no tengo ninguna duda que necesitaré hablaros cuando llegue a su fin. Quizás ella ha sido la culpable de que hoy esté aquí, de nuevo, frente al ordenador, y no me refiero a su autora, sino a Vega, su protagonista. Hay tantas cosas de esta historia que me recuerdan a mí, a mi vida, a mi día a día… Que quizás su pasión por la música me ha recordado la mía por escribir y ha sido el empujón definitivo para retomar esto que me hace tan feliz.

Sin duda, 2017 ha sido un año de avances y cambios, ha sido un buen año y es que cuando una tiene La Contentor no puede evitar ver siempre el lado bueno de las cosas… ¡Esa es la gracia de este lema de vida (que te cambia la vida)!

Me despido de este año llena de amor, del bueno, eligiendo a quienes quiero que me acompañen.

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No os podéis imaginar las ganas que le tengo a 2018, porque sé que me va a sorprender, no os podéis imaginar todo lo que todavía nos queda por contarnos…

¡Feliz año nuevo a todos!

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

 

 

 

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Los sueños, sueños son.

Empezar el martes ya directamente con vosotros, supongo que va a suponer una buena dosis de energía para todo el día, y eso me gusta. Me hace muy feliz sentarme a contaros alguna historia.

Los que seguís mi página de Facebook (lo que te quería contar) o mi Instagram personal (@lorenacorcoles), habréis visto que sí, una vez más, me estoy perdiendo entre las páginas de La Sombra del Viento. En varias ocasiones os he hablado de este libro, cómo lo descubrí, cómo lo acaricié por primera vez y cómo le declaré amor eterno a Daniel, uno de sus personajes principales. Supongo que al igual que nunca nos cansamos de ver nuestra película favorita, o igual que vemos siempre que echan en la tele alguno de esos clásicos románticos que pasen los años que pasen y los veas las veces que los veas, siempre te apetece, sentarte en el sofá y volver a disfrutarlos, a mí me pasa igual con este libro. Ya no sé cuántas veces lo he leído, pero sé que nunca dejaré de hacerlo. Cada vez que me sumerjo entre sus páginas, que acompaño a Julián, Penélope, Daniel, Bea o a Fermín Romero de Torres a pasear por aquella antigua Barcelona, gris y con el alma destrozada, con olor a miedo y muerte en cada una de sus calles, me encuentro conmigo misma. Siento paz y sonrío… En el libro hay una gran frase que dice: “Los libros son espejos: sólo se ve dentro lo que uno ya lleva dentro“. Supongo que cada vez que lo leo, algo nuevo despierta en mí, o porque quizás, la primera vez que visité El Cementerio de los Libros Olvidados, a principios de 2004, le entregué, sin ser consciente, cual enamorada, un trozo de mi alma para siempre.

Hoy no quería hablaros de la Sombra del Viento, aunque me hace muy feliz saber que muchos lo habéis leído, dejadme, solamente, insistir a los que todavía no lo han hecho. Es una auténtica obra maestra que, creo, debe leerse, al menos, una vez en la vida.

Pero hoy lo que te quería contar va más allá de las páginas de esta novela. Hoy quiero hablarte de los sueños, aunque en otras ocasiones te he hablado de ellos, pero creo que es necesario que nos volvamos a reencontrar, de vez en cuando, con este tema. Sobre todo, quiero aprovechar para recordárselo a todas esas adolescentes o jóvenes que me leen cada semana, porque están empezando prácticamente a caminar “solos” ante la vida, empezarán pronto a conocer la madurez y tendrán que tomar decisiones que les harán elegir caminos profesionales y formas de vida… Y creo que, sobre todas estas decisiones, deben priorizar los sueños y las ilusiones de cada uno.

Del mismo libro del que os acabo de hablar, rescato otra frase que me encanta: “Lo difícil no es ganar dinero sin más. Lo difícil es ganarlo haciendo algo a lo que valga la pena dedicarle la vida.” Creo que no hay nada más cierto. Lo que está claro es que todos tenemos sueños, anhelos y objetivos de futuro, esa es la magia del ser humano: las ilusiones y los deseos, qué queremos ser y cómo vamos a conseguirlo. Lo que está claro es que aquellas metas que te propongas no van a ir a buscarte hasta tu casa, pero tú si saldrás a la calle y lucharás para encontrarlas.

No quiero ni pretendo ser ejemplo de nada, ni para nadie. Pero me gustaría compartir con vosotros un poco de mí. Tengo un trabajo que no me disgusta, pero no me apasiona. Es un trabajo que me da una situación laboral muy estable, y un sueldo fijo cada mes con el que tengo que pagar un alquiler y vivir una vida que me apetece y me hace feliz, pero a mí lo que realmente me apasiona es esto; sentarme frente a un ordenador y dejar que los dedos traduzcan solos lo que mi mente va imaginando y pensando, sin que yo tenga tiempo, prácticamente de reaccionar. Trabajé mientras estudiaba y con eso y las becas que recibía pasé mis cinco años en la facultad. Ahora, si miro hacia atrás y pienso que han pasado casi diez años desde aquello, sé que hay que hacer las cosas de otra forma, porque ha pasado el tiempo y porque mi vida necesita encontrar ese camino y ese trabajo que realmente  me llene como persona.

Como bien sabéis (aunque esté tardando un poco más de lo previsto), en poco tiempo sale a la venta mi primer libro: Me olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos. Con ello quiero deciros que nadie me ha regalado nada, que he buscado la forma de hacer realidad mis sueños, que he trabajado desde siempre, aunque no me gustase mi trabajo, pero he sido realista y he sabido que la vida vale dinero, aún así, tras mi jornada laboral, he buscado alternativas y he buscado y encontrado otros caminos que realmente me llenan ese vacío profesional que durante mucho tiempo tuve. Está claro que me he encontrado por el camino con gente maravillosa que me ha sonreído y me ha acompañado a conseguirlos, con su apoyo y su magia, y otra gente que no lo ha hecho, pero supongo que, al final, los que me siguen acompañando son los primeros.

No sé cómo ni donde acabará esta historia, si saldrá bien o saldrá mal, pero lo que sé es que es de vital importancia intentarlo. Si no lo intentas, no sabes si vas a ganas o a perder. Perder da fuerzas y ganar te hace querer más, y en la actitud y las ganas está la clave para conseguir aquello que deseamos, sea en el ámbito profesional o personal, desde elegir cómo queremos llevar el camino de nuestro trabajo y cómo buscaremos alternativas si este no nos hace feliz a cómo haremos que sea nuestra vida fuera de él, de qué amigos nos rodearemos y cuánta felicidad necesitaremos que nos dé nuestra pareja. Recordad siempre que vida sólo hay una, y yo, al menos, estoy dispuesta a exprimirla al máximo. ¿Qué vas a hacer tú?

Nunca es tarde y eso es una realidad. Da igual dónde estés o cómo estés y la edad que tengas, si tienes ganas de conseguir algo, y pones el empeño y la lucha necesarios, lo vas a conseguir. Yo creo en la capacidad del ser humano y creo que es capaz de conseguir absolutamente todo lo que se proponga, aunque a veces me decepcione, si no creyese en el ser humano, estaría totalmente perdida.

Descubrí el claro ejemplo de todo esto que os digo hace relativamente poco. Lo descubrí hace menos de tres años, porque fue Sergio quien me presentó esta película de la cual me enamoré la primera vez y la cual ya he disfrutado unas cuantas veces. Million Dollar Baby es una de esas obras del cine (aunque basada en una novela) que te dan una lección de vida, que te hacen mirarte y pensar: ¿qué hago aquí? y, ¿por qué no voy a buscar aquello que quiero llegar a ser?

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Dirigida por Clint Eastwood, quien también participó en la producción, compuso la banda sonora e interpretó uno de los papeles principales, Million Dollar Baby se estrena en el año 2004 y consigue ser galardonada con más de cuarenta premios nacionales e internacionales, entre los que destacan cuatros premios Óscar, incluyendo mejor película, mejor director, mejor actriz principal y mejor actor secundario.  Además de Eastwood, protagonizan la película Hilary Swank y Morgan Freeman (quienes recibieron el Óscar a mejor actriz y mejor actor por estos papeles).

Narra la historia de Frankie Dunn, un veterano entrenador de boxeo ya al final de su carrera, y sus esfuerzos por ayudar a una boxeadora, llamada Maggie Fitzgerald, a llegar hasta lo más alto, aunque entrenar a una mujer esté contra sus criterios. Maggie tiene 31 años y trabaja como camarera. Eso no la hace feliz, ella tiene un sueño y una meta: quiere ser una gran boxeadora, quiere ser reconocida y quiere viajar por el mundo. En el camino hacia su sueño, se encuentra con muchas personas que no creen en ella, pero aunque algunas veces flaquea, la esencia de todo es que ella cree en sí misma y no va a parar hasta conseguirlo.

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Su sueño se convierte en una realidad y se convierte en una aclamada y conocida boxeadora, una mujer con éxito, fama y dinero que la llevarán a encontrarse con la peor de las decepciones: el egoísmo e interés de su propia familia. A veces, los sueños salen mal, y un fatídico golpe cambiará la vida de Maggie para siempre. No os voy a desvelar el final, aunque supongo que muchos lo conocéis, pero los que no, quiero que disfrutéis de esta película y luchéis por aquello que deseáis.

A veces los sueños cumplidos pueden torcerse y podemos encontrar un final que no hubiésemos deseado ni en nuestra peores pesadillas, pero aún así, en algún momento, ese sueño te hará completamente feliz y te dará una felicidad absoluta que el no haber luchado por él no podrá darte jamás.

De mi libro os diré que estamos eligiendo la portada y que muy pronto os traeré novedades. Gracias a los que me decís que tenéis muchas ganas de tenerlo en vuestras manos, no os imagináis las ganas que tengo yo.

” La magia de librar batallas más allá de lo humanamente soportable se basa en lo mágico que resulta arriesgarlo todo por un sueño que nadie más alcanza a ver excepto tú.”
Million Dollar Baby

Luchad siempre.

Feliz martes, amigos.

Lorena.

Siempre fui de imaginar historias…

Tras unos días nublados y de lluvia, parece que el sol vuelve a salir por Madrid… El calor, que se ha marchado casi sin despedirse, ya no está, pero si os digo la verdad a mí este tiempo de chaquetas finas y, todavía, vaqueros cortos me gusta mucho.

Hace unos días encendí el ordenador y encontré fotografias de hace unos cuantos años, de mi vida en Elche, de las que ya eran escapadas a l’Olleria, incluso de mis amigos del colegio… de mi gente de siempre. Eso me hizo sonreir, ya sabéis lo mucho que me gustan esas cosas. Me gusta reencontrarme con los recuerdos y desde muy pequeña me ha encantado ver fotos. A veces, cuando iba a casa de mis amigas, veía sus álbumes familiares, siempre me ha gustado observar imágenes en las que muchas veces no conocía a las personas que aparecían en ellas. Es una buena oportunidad para imaginar, para tratar de inventar o saber qué pasaba en aquel momento… Siempre fui de imaginar historias.

Estos días, quizás, estoy un poco nostálgica. No sé si ha sido por esas fotos, pero una vez más, he sido consciente de lo rápido que pasa el tiempo, y a veces, incluso me da miedo preguntarme qué he hecho o qué he dejado de hacer. Éstas, en cambio, son preguntas esenciales para saber qué metas quiero cumplir o qué cosas hay que hacer antes de que el tiempo se nos haya ido, de verdad, de las manos y la vida haya corrido tanto que muchas cosas ya no estén a nuestro alcance. Como siempre os digo, los sueños están ahí para perseguirlos, para luchar por ellos y las personas que nos rodean, cuando tienes una edad, son las personas que nosotros queremos que nos rodeen, y esas son para mí las cosas más importantes de la vida. A dónde quiero llegar y con quién quiero hacerlo.

Me siento feliz, bien acompañada en la vida y con unos sueños aún por estrenar. De hecho, viene algo tan importante y bonito que me muero de ganas por contaróslo pero que hasta, al menos, dentro de unas semanas, me voy a tener que guardar. Algo que sé que va a cambiar, al menos, mis ganas y mis días y algo que sé que a muchos de vosotros os va a hacer mucha ilusión, porque los que estamos aquí somos luchadores y perseguidores de sueños, y siempre tenemos algo que queríamos contar…

Como bien sabéis los que me seguís en mis redes sociales, tras publicar el post sobre El Prisionero del Cielo, tuve la necesidad de volver a sacarlo de la estantería y volver a perderme entre sus páginas de la mano de Daniel y Fermín, mis personajes favoritos. Cuando lo terminé (sólo tardé unos días en devorarlo), supe que tenía que volver a leer el que había sido para mí, el más flojo de los tres: El Juego del Ángel. Me gustó más que nunca. Así que si sois amantes de Ruiz Zafón y de su saga del Cementerio de los Libros Olvidados, haceros ese pequeño regalo y favor y releerlos en este orden. Vais a entender muchas cosas y lo vais a disfrutar mucho más.

Como si fuese parte de esta historia, hace unos días me pasó algo curioso. Venía del parque, de pasear con Cometo, cuando al entrar en mi portal vi en la papelera donde acaban agonizando los muchos papeles de propaganda que dejan en nuestros buzones, un libro solitario.

Yo, que amo los libros hasta el punto que la mayoría de vosotros ya conocéis, no daba crédito a ello. Alguien me dijo una vez que hay que leer todo, incluso las etiquetas del detergente, nunca sabremos si algo es bueno o malo si no lo leemos. No creo que aquel fuese un libro malo, y si lo era, quién lo había dejado ahí ni si quiera lo sabía. El libro estaba intacto, olía a nuevo y agonizaba en aquel pequeño espacio verde sin entender por qué ese debía ser su destino. No estaba en medio de pasadizos llenos de estanterías infinitas bajo una gran cúpula, no estaba en mi querido Cementerio de Los Libros Olvidados, pero lo que tenía claro es que él no se iba a quedar ahí.

Esta mañana, al acercarme a mi pequeña estantería antes de tomar el café para elegir quién iba a ser mi nuevo acompañante de horas y sueños, lo he visto ahí, donde lo dejé, con otros que al igual que él, mueren de ganas por ser acariciados, abiertos y devorados, y he sabido que merecía la oportunidad que alguien le había negado.

No he querido buscar en internet sobre él, no sé si me gustará o no, pero El Hombre Sin Rostro y yo hoy empezamos nuestra aventura y muy pronto os contaré qué tal lo hemos pasado juntos.

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Feliz martes, amigos.

Lorena.

Volverá…

Creo que septiembre nos trae más o menos las mismas sensaciones a todos… Sobre todo cuando somos niños, septiembre significa que empieza el curso y se acabó el verano. Empieza el año, y el curso escolar es quien decide dónde empieza y cuándo acaba.

Ayer Madrid estaba otra vez llena de gente, corriendo de arriba a abajo, con la prisa en la piel y la depresión post vacacional en la mirada. Dejar atrás las vacaciones no deja buen sabor de boca, pero hay que mirar el lado positivo y saber que con la vuelta a la rutina empiezan nuevos proyectos, nuevas metas y nuevas cosas y eso siempre debe hacernos felices.

Empieza uno de esos meses que llevan consigo el pistoletazo de salida, o la señal de meta que se encuentra al final. Para mí, es el mes que protagoniza los cambios más importantes de mi vida. Hace nueve años que fui a vivir a Elche, que empezaba mi vida universitaria y una de las etapas más bonitas que viviré jamás. En unas semanas, hace cuatro años que me trasladé a Madrid y aunque los primeros meses fueron muy difíciles… ¡Qué poco me costó enamorarme de esta ciudad! Madrid significó otra etapa crucial, de madurez, de amigos incondicionales, de mucha vida social y muchos retos profesionales. Cuatro años se dicen pronto, pero en ellos guardo miles de momentos que hoy me hacen ser quien soy, vivir como quiero vivir y estar dónde y con quienes quiero estar.

Hace nueve años que no vivo en mi pueblo, cerca de las personas más importantes de mi vida, nueve años sin mi día a día en l’Olleria, sin mi familia y mis amigos de siempre. Me sigue sorprendiendo cómo, nueve años después, cada vez que estoy allí, siento que no ha pasado el tiempo y es que tu verdadero hogar siempre sabrá esperarte, con las mismas cosas y el mismo aroma que cuando lo dejaste.

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Esta semana, como muchos sabéis, he estado en las fiestas de mi pueblo. Ojalá os pudiese transmitir a cada uno de vosotros lo importantes que son las fiestas de Moros i Cristians para mí. Las he vivido desde dentro desde muy pequeña y no he dejado de celebrarlas ni un solo año de mi vida. Hace cuatro años que no formo parte de mi filà, Les Popeluses, pero cada vez que voy, ellas me siguen recibiendo con una sonrisa y hacen que me sienta siempre en mi casa. (Gràcies!)

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La música, los trajes, las luces, la pólvora, la elegancia, la historia, las emociones, las risas, los reencuentros, el buen rollo, la amistad… Esos son los ingredientes de mis fiestas, y ellas forman parte de mi cultura y mi historia.

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Mi amiga Patri no se ha separado de mi lado ni un segundo y eso me ha hecho muy feliz… Nos hemos reído tanto, hemos tenido tanto tiempo para nosotras que todo el estrés que mi mente llevaba durante meses acumulando ha desaparecido, al menos, de momento.

Pero, ¿sabéis qué? Hacía mucho, mucho tiempo que no me iba tan triste de mi pueblo. La verdad que no sé muy bien por qué, quizás este viaje ha sido especial. He visto a mucha gente importante de mi vida, he disfrutado mucho de cada reencuentro, de cada sonrisa, de todas y cada una de esas personas que se han alegrado de verme tanto como yo de verlas a ellas… Las personas de mi vida.

No puedo dejar de dar las gracias (infinitas) a las personas con las que no había hablado nunca y se acercaron para decirme que me leen y me siguen, ¡qué sensación tan bonita!

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En una de esas noches de fiesta me pasó algo curioso que hoy te quería contar. Mi amiga Sonia me presentó a su novio y al presentarnos, le dijo “Ella es la chica a la que le encanta Carlos Ruiz Zafón” y claro, tuve que sonreir.
No nos faltó conversación y por unos momentos volvimos a pasear por el Cementerio de los Libros Olvidados, bajamos a la calle Santa Ana y subimos en tranvía hasta la Avenida del Tibidabo. Sé que cada cierto tiempo os hablo de Ruiz Zafón, mi escritor favorito, que os he dicho ya lo mucho que adoro la Sombra del Viento y el amor incondicional que siento por Daniel Sempere, uno de sus protagonistas. Me apetecía recordaros lo importantes que son los libros en nuestras vidas, cómo la magia de la literatura hace que conviertas a unos personajes en parte de tu vida y acaben siendo protagonistas de una conversación en una noche de fiesta, en un rincón cualquiera.

En uno de mis post, “Te querré siempre, Daniel Sempere”, que podéis encontrar en el apartado de “libros y literatura”, ya os hablaba de todo esto.

Siempre me hará feliz hablar de Ruiz Zafón, siempre encontraré en él la forma más dulce de sonreír o la más silenciosa de llorar, porque él y sus palabras sólo son magia… de la de verdad.

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“Barcelona, 1957. Daniel Sempere y su amigo Fermín, los héroes de La Sombra del Viento, regresan de nuevo a la aventura para afrontar el mayor desafío de sus vidas. Justo cuando todo empezaba a sonreírles, un inquietante personaje visita la librería de Sempere y amenaza con desvelar un terrible secreto que lleva enterrado dos décadas en la oscura memoria de la ciudad. Al conocer la verdad, Daniel comprenderá que su destino le arrastra inexorablemente a enfrentarse con la mayor de las sombras: la que está creciendo en su interior”.

Así me recibió la contraportada de El Prisionero del Cielo cuando se publicó en 2011. Este fue el tercer libro de la serie El Cementerio de los Libros Olvidados, el cuarto y último aún está por llegar y os podréis imaginar las ganas que tengo de saborearlo y devorarlo entre mis manos y mis ojos. La Sombra del Viento, El Juego del Angel y El Prisionero del cielo, publicados en este orden en 2005, 2008 y 2011, relativamente, forman un ciclo de novelas unidas entre sí a través de personajes e hilos argumentales que tienden puentes narrativos y temáticos, aunque cada uno de ellos cuenta con una historia cerrada e independiente, que podrás entender perfectamente si leer solamente uno de ellos (por supuesto, debes leer los tres).

Mi ejemplar me lo regalaron mis abuelos, en Navidad, con su dedicatoria y firma, como siempre hacen.

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Sin ninguna duda, el primero es el más especial, pero el tercero puedo decir que me pareció brillante. Volver con los mismos personajes ya fue para mí algo muy emotivo, poder reencontrame con sus vidas después de tanto tiempo y ayudarles a descubrir una historia mágica que estoy segura no deja a nadie indiferente.

Ruiz Zafón sabe escribir magia, sabe hacer de la palabra un absoluto y verdadero placer, no podéis dejar de leerle, por favor. Sólo espero que no tarde en volver.

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Mil besos con la depresión post vacacional en la mirada y las ganas en los dedos.

Gracias por estar siempre.

Buenas noches, amigos.
Lorena.

PD. Lo prometido es deuda: Volverá…

Te querré siempre, Daniel Sempere.

Hoy es uno de esos martes en los que me he levantado con mil cosas que hacer. Mi cabeza ya corría mientras mi cuerpo le pedía a la almohada y a las sábanas que me atrapasen unos minutos más. Con el olor del café y los besos de buenos días he empezado a hacer mil cosas y he pensado en un mensaje que recibí ayer. Pensar en este mensaje me ha hecho trasladarme a hace unos días, cuando un buen amigo citaba en una red social una lista de nombres que habían marcado su vida. Estos nombres eran de profesores y profesoras que encaminaron nuestra educación y nuestra adolescencia, que formaron parte de nuestros pensamientos y decisiones, que formaron parte de nuestros miedos e ilusiones, como alumnos y como personas. Sí, este buen amigo y yo compartimos aula, sillas, sueños y libros, y por tanto, todos estos profesores también son parte de mi vida.

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Me resulta maravilloso como a pesar de los años, muchos de ellos siguen formando parte de mí, de mis anécdotas, de mis experiencias y mis metas. Siguen dándome consejos, ayudándome en las preocupaciones y sonriéndome en los éxitos… Algunos de estos nombres me arrancaron una sonrisa al leerlos, y hoy, al pensar en ellos, me ha bombardeado la imagen de la portada de mi libro favorito. Supongo que se debe a que sigo asociándolo al momento en el que lo descubrí, o quizás es porque hace demasiado que no lo leo…

Hoy te quería contar algo que te quise contar desde el principio. Era diciembre de 2003, o enero de 2004, no lo recuerdo bien, cuando en una entrevista en televisión alguien habló de La Sombra Del Viento. Al día siguiente, le pregunté a mi profesora de literatura si lo conocía. Me sonrió y me dijo que ya era hora de que me apeteciese leerlo. Al día siguiente me prestó su ejemplar. Hoy, millones de personas lo han leído, pero por aquel entonces, la mayoría de la gente que me rodeaba no había oído hablar de él jamás. Me sentí aventurera y pionera en unas páginas que muchos desconocían, y me enamoré desde su “Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados…” hasta su última frase.

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La magia de la literatura, del cine o de la música, es el idioma universal de sus historias. Siempre encontrarás un reflejo de ti en una canción que te encante, en una película que te apasione o un libro que te emocione. Como quién ve su película favorita a menudo, o quien nunca se cansa de escuchar la canción de su vida, yo nunca me canso de leer La Sombra Del Viento. Lo hago una vez al año. Me gusta reencontrarme con sus personajes, verles de nuevo, imaginar sus días, sus preocupaciones y sus sueños. Me gusta descubrir cosas nuevas en mí cada vez que los veo a ellos.

Quizás he leído libros mejores en mi vida, pero todavía no he sido capaz de descubrirlo, ni reconocerlo, y eso sólo hace que los personajes de Carlos Ruíz Zafón sigan siendo mis favoritos entre todos  y cada uno de los que sigo conociendo a través de otras páginas y otras historias… Si eres de los que aún no lo han leído, sólo puedo decirte que lo hagas, y si ya lo has hecho, estoy segura que sonríes cada vez que recuerdas a Daniel Sempere, Beatriz Aguilar, Julián Carax, Penélope Aldaya o a Fermín Romero de Torres…

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Me enamoré de todos ellos cuando sólo tenía 16 años, pero si alguien me robó el corazón desde la primera vez que le descubrí, fue Daniel. Su personaje, su personalidad, su bondad y su pasión por la lectura, me han hecho muchas veces desear dar un paseo con él por una antigua Barcelona, sentarme a tomar un café en Els Quatre Gats, o andar sin prisa hasta la Avenida del Tibidabo y pararme a observar el palacete que se alza en el número 32. Muchas veces he anhelado no poder perderme entre los pasillos y laberintos del Cementerio de los libros Olvidados, o no poder observar el escaparate de la Librería Sempere e hijos, en la calle Santa Ana. Creo que fue este libro quién me hizo enamorarme de Barcelona… de la Barcelona de calles grises y tiempos fríos. Me gusta la Barcelona actual, pero sueño con la magia de aquellas calles y muero de rabia con las injusticias sociales de aquellos tiempos.

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A La Sombra del Viento le siguieron El Juego del Ángel y El Prisionero del Cielo. Maravillosos ambos, pero inigualables al primero. Todos ellos entremezclan una historia y unos personajes… El desenlace de todo llegará en el cuarto libro, que  Ruíz Zafón todavía no ha publicado.

Hoy pensar en mis profesores favoritos me ha hecho querer perderme de nuevo entre una Barcelona de posguerra, para desear el fracaso del inspector Fumero, y luchar por el bienestar social de unos personajes a los que quiero. Unos personajes que reflejan, sea como sea, la historia de miles de personas que vivieron una época de nuestra historia que no debe ser repetida, pero mucho menos olvidada. Ahora más que nunca, debemos ser fuertes y no permitir que nos hagan retroceder en el tiempo, ni permitir jamás que nos quiten nuestros derechos. Gracias a mi amigo Vicent por recordarme los buenos docentes que tuvimos. Gracias a ellos, por enseñarnos a ser mejores personas e inculcarnos valores esenciales. Gracias a ellos, por permanecer en el tiempo y la distancia, por seguir sonriendo y amando su trabajo, a pesar de que les estén recortando sus vidas.  Gracias a Carlos Ruíz Zafón, por despertar mi alma cada vez que me pierdo entre sus palabras.

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A ti sé que ya te había hablado sobre mi pasión sobre el escritor catalán, pero hoy necesitaba contarte cómo me enamoré de sus personajes, y cómo le juré amor eterno a Daniel Sempere.

Feliz martes, amigos.

Lorena.

Anoche me comí a Carlos Ruíz Zafón.

“Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió”, y Marina es uno de esos libros que llevo en mí, en mi alma y mi memoria. Siempre.

Hace mucho tiempo que descubrí a mi escritor favorito, Carlos Ruíz Zafón. De hecho, hoy, por suerte, sus libros venden miles y miles de ejemplares, pero yo descucbrí La Sombra del Viento cuando casi nadie lo conocía. Me enamoré de cada una de las palabras, de cada uno de sus personajes, de cada una de sus frases, de cada una de sus historias, y le juré amor eterno. Pero pronto te hablaré de ello, hoy no.

Hoy te quería contar que ayer fue mi cumpleaños, y dicen que la felicidad no es felicidad hasta que no la compartes con los demás. Por suerte, tengo mucha gente con la que compartir la mía.

A medida que pasan los años, me doy más cuenta de la importancia que tiene rodearse de gente buena, recargar las energías de esa gente que te quiere y a la que quieres, y lo necesario que es echar a la gente que te hace daño fuera.

Ayer pasé uno de los días más bonitos de mi vida, y mira que llevo 26 años celebrando cumpleaños… pero ninguno había sido como este. Hace tiempo que siento que mi felicidad ha alcanzado la cima. Porque sí, la felicidad absoluta existe. Y sólo consiste en valorar lo que tenemos, disfrutarlo, exprimirlo y saborearlo al máximo.

Marina es uno de esos libros que cada vez que leo me arranca una sonrisa, uno de esos libros que cada vez que cierro cuando lo termino, me hace llorar como si fuese la primera vez que lo descubro. Supongo que en eso consiste la magia de la literatura. Bueno, supongo no. Estoy segura de ello.

Ayer tuve una fiesta sorpresa, con las personas más importantes de mi vida. Ayer fue una noche hecha de sueños, e inventada para soñar. Y Marina se convirtió en mi tarta de cumpleaños.

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Nunca había visto una tarta más bonita, y nunca podría haber sentido una tarta tan mía. Hoy quería compartir mi felicidad contigo, quería enseñarte mi preciosa tarta, y quería dar las gracias a las personas que me endulzan cada uno de mis días. Sobretodo, quería darle las gracias a Raquel, una persona que me quiere y a la que quiero. La persona que puso todo su amor y toda su imaginación en crear el pastel de mi vida. Ella supo transportar los sentimientos a través de las manos y crear, pensando sólo en mí, esta maravilla. No sabes cómo me emocioné y cómo estoy de agradecida.

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Os invito a visitar la página “Sucre i xocolate” en Facebook, descubriréis verdaderas maravillas que estoy segura os sorprenderán.

Yo, por mi parte, nunca me imaginé que Carlos Ruíz Zafón y yo nos encontraríamos de esta manera. Con una taza de café, con muchísimo azúcar y hablando de Marina. Tampoco me imaginé que nos acompañaría El Prisionero del Cielo, que fue el tercer libro que publicó de los cuatro que formarán la trama de La Sombra del Viento, ni me imaginé que me lo comería.

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Nunca os olvidéis de sonreír cada día, de disfrutar de la vida.

Buenas noches, amigos.

Lorena.