Los actores, ante todo, son personas.

¡Buenos días a todos! No sabéis la cantidad de veces que he apagado hoy el despertador, para no perder mi vieja costumbre de alargar al máximo mi estancia entre las sábanas… Pero bueno, por fin es miércoles, y los miércoles una se levanta de otro humor… Mañana ya es jueves, pasado viernes… ¡Madre mía! Si ya está ahí el fin de semana… Y así con la posterior queja de que el tiempo pasa demasiado deprisa, todos nos alegramos mucho de que la semana pase rápido y siempre nos alegramos de que sea miércoles. La mitad.

Como bien sabéis, el domingo por la noche se celebró la 28 edición de los Premios Goya, los premios más esperados y más prestigiosos de cine que se celebran en nuestro país. Desde muy pequeña me ha encantado ver esta gala… Desde siempre he sido una soñadora y creo que es innato que me emocione ver a la gente ser feliz y emocionarse, ser reconocida y poder hacer y trabajar en lo que realmente quiere. El otro día, viendo la gala, me sentía feliz. A pesar de las criticas a cómo se llevó la ceremonia, yo me quedo con lo esencial de ella, y es que se estaba premiando al cine de nuestro país. Se premiaba a todas esas personas que trabajan en el cine, a los que aparecen en la pantalla y a los que no, se premiaba la cultura, se premiaba el trabajo, y creo que no puede haber nada más bonito que el reconocimiento por un proyecto profesional. Yo quedé encantada con cada premio, con cada discurso, con cada una de las personas emocionadas. Sólo creo que faltó mucha gente, muchos actores que aunque no estuviesen nominados deberían haber sido invitados y haber estado sentados en esas butacas, apoyando su profesión y a sus compañeros… Porque , al fin y al cabo, la fiesta del cine también debe ser suya, ¿no?

Al día siguiente me encontré con varios comentarios en algunas redes sociales que me parecieron un poco chocantes y un poco fuera de lugar. No lo vi comentado por una sola persona, ni si quiera en una red social en concreto, y hoy te lo quería contar.

Las personas, a veces somos un poco más irracionales de lo que parecemos (sí, aún más) y tenemos esa mala costumbre de criticar a quienes no debemos y cuándo no debemos. De repente, me encontré con gente quejándose por los discursos de varios actores al recoger su premio… Gente que se quejaba de que unos actores, vestidos con trajes que valen miles de euros, estuviesen quejándose sobre el sistema político de nuestro país… Vamos a ver, ¿qué me he perdido yo aquí? ¿Por llevar un vestido caro no tienen derecho a quejarse sobre un gobierno que nos está recortando la vida a todos? Muchos de los que habéis puesto este tipo de comentarios, deberíais saber que, en la mayoría de los casos, son las propias firmas las que diseñan y ceden esos vestidos, exclusivamente para esa ceremonia, siendo conscientes de la repercusión mediática que tiene y siendo más que favorable la mención en los medios de comunicación para hacer la publicidad necesaria. No hay más. En el caso de quienes hayan pagado su vestido… Será porque su sueldo se lo ha permitido, y entonces, si tienen un sueldo elevado y pueden costearse un vestido caro, ¿dejan de ser ciudadanos como tu o como yo? Me parece que hay una confusión, y bastante grande.

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Deberíais saber que hace poco salió publicado un estudio en el que se anunciaba que tres de cada cuatro actores no pueden vivir de su profesión, el mismo estudio anunciaba que más de 7.900 actores españoles no pueden vivir de su profesión. Entonces, digo yo, los que tienen la suerte de poder hacerlo, ¿tendrán el derecho de quejarse y defender una profesión que se está viendo afectada por esta crisis al igual que todas las demás? Porque actores, amigos míos, no son sólo los que salen en la tele, como periodistas no son sólo las caras más conocidas de los telediarios. Hay miles de actores que han pasado años estudiando, que se pasan los días de casting en casting y buscando un trabajo como lo hace un albañil o un joven recién licenciado. Hay actores que han trabajado mucho y ahora llevan meses o incluso años sin encontrar trabajo. La interpretación es una profesión que llegada al punto de la televisión, o al nivel de todos los que forman las películas que estaban nominadas a los Goya, está muy bien pagada, pero no olvidéis, todos aquellos que habéis criticado, que es una profesión muy, muy inestable. Las películas no duran años, ni las series son eternas.

El problema radica, creo yo, en considerar rico a todo aquel que aparece al otro lado de la pantalla. Y aunque así sea, ricos y pobres, tontos y listos, siempre han habido en todos lados, tanto en la derecha como en la izquierda. Pero al final, los problemas sociales y económicos nos afectan a todos. Creo que es más que lógico y más que normal que emocionados al recoger sus premios, aprovechasen para lanzar mensajes de desacuerdo, de enfado, de rabia, contra unos políticos corruptos, contra un gobierno que recorta sanidad, educación y que ha subido el IVA al 21% haciendo que la cultura, indiscutiblemente necesaria, se convierta en un absoluto lujo. Se proyectan películas cada día en los cines de toda España, con las salas prácticamente vacías porque la gente no tiene dinero para pagar una entrada. ¿Aún creéis, de verdad, que no tenían derecho a quejarse? Los actores, señoras y señores, ante todo son ciudadanos, son personas como tu y como yo, a los que les preocupan las mismas cosas, a los que les preocupa tener un trabajo o no, y creéme que a muchos, en muchas ocasiones, también les preocupa cómo llegar a fin de mes. Hay actores que, por suerte, no paran de trabajar, y llegan a puntos inimaginables donde las campañas publicitarias luchan por tener sus caras, actores que  todo lo que tocan lo convierten en oro, pero amigos míos, eso sólo lo son unos pocos.

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No generalicemos, no seamos tan cobardes de criticar a personas que están reivindicando unos derechos que también nos pertenecen. No seamos tan cobardes de enfadarnos con quienes fueron la voz de miles de ciudadanos ante más de tres millones de espectadores. Porque a mí, sinceramente, me habría dolido mucho más que nadie se hubiese quejado, que todo se hubiese celebrado como si nada, como si en este país todo fuese maravilloso y como si el lujo y la alfombra roja fuesen lo que representa nuestra situación, eso es lo que me habría parecido lamentable, y por lo que yo hubiese sentido vergüenza. Gracias, mil gracias, a todos los actores que aprovecharon para quejarse, para demostrar que no somos tontos y que no estamos de acuerdo en cómo ni cuánto nos están manipulando. Gracias a todos aquellos que abuchearon al ministro Wert en los Premios Forqué, porque están jugando con nosotros, con nuestros trabajos, con nuestras familias y nuestras vidas. Y ya está bien, señores, ya está bien.

Cada premio me emocionó. Creo que nadie podrá olvidar a una emocionada Terele Pavez, premiada a sus 74 años y recibiendo los mayores aplausos de la noche. Javier Cámara, vencedor por fin tras seis nominaciones, Javier Pereira como actor relelación, Roberto Álamo o Natalia de Molina... Pero, sin duda, me quedo con dos discursos que me emocionaron mucho. Por un lado, el de Marian Alvárez, que emocionada y agradecida por el reconocimiento no se olvidó de hacer un guiño contra la nueva ley del aborto: “Quiero dedicarlo a todas las mujeres que pelean por nuestros derechos. No van a permitir que nada ni nadie decida por nosotras”. Por otro lado, David Trueba, gran triunfador de la noche por “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, hizo una mención muy emotiva a todos los periodistas que abren sus puertas para hacer entrevistas y mencionar cine, y no se olvidó de recordar a dos mujeres muy jóvenes y profesionales que nos han dejado hace poco, Concha García Campoy y Tatiana Sisquella. No se olvidó, tampoco, de mencionar la crisis y los problemas sociales que atravesamos.

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No podemos dejar de mencionar el maravilloso discurso que dio Enrique González Macho, presidente de la Academia del cine, quien para mí estuvo excelente.“La disminución de recaudación en cines debida a la pérdida de espectadores se estima en 102 millones de euros, lo que se traduce en que por cada euro que la Hacienda Pública ha recaudado a través del IVA, la Industria Cinematográfica ha perdido dos. A ver si así nos dejan en paz con lo de las subvenciones”, dijo.

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Los actores siempre me han caído bien. Ellos cuentan historias, como también las cuento yo, cada uno lo hacemos a nuestra manera, pero me gusta la gente que cuenta historias, me gusta mucho la gente que se dedica a algo relacionado con el arte y la cultura.

Tengo muchos amigos actores, amigos muy conocidos y otros que no lo son tanto, pero todos ellos son actores y aman su profesión por encima de todas las cosas. Una profesión que requiere sacrificio, entrega y mucha dedicación. Una profesión que no es fácil, un camino que no es sencillo, y una profesión que está siendo atacada como también lo está siendo la tuya. Una profesión poco segura, sin una estabilidad clara. Así que no  les critiquéis tanto por luchar por sus derechos, que no os importe tanto el hecho de que estaban enfundados en vestidos caros, la ocasión lo requería,  y tener en cuenta que ellos no son los que os roban a vosotros. No, no son ellos. Ellos son robados, como lo estás siendo tú. Así que por favor entender, de una vez, que los actores son ciudadanos como tú. Los actores, ante todo, son personas.

Feliz día, amigos.

Lorena.

Cuando lo pienso, me duele.

Siempre he sido un poco vampiro. Siempre he sido de escribir por las noches y dormir por el día, aunque últimamente hago más lo contrario, ¿me estaré haciendo mayor? Siempre he sido más de noche que de día, más de verano que de invierno, más de chocolate que de vainilla, más de playa que de montaña, más de salado que de dulce, más de alegrías que de penas, más de series que de programas.

Con el cambio de temperatura de las últimas semanas, estos días ha llegado a mí uno de esos resfriados tontos que te arrancan las fuerzas del cuerpo y la mente, te hacen permanecer inmóvil en el sofá, aferrarte a la manta y beber caldos para recuperar la vida. Y claro, tantas horas de sofá y manta van acompañadas de televisión. De verdad que soy más de series que de programas, pero ayer después de las noticias, empecé a ver un programa que me rompió el alma.

Espera, te he mentido.

Intento ser más de alegrías que de penas, pero no siempre lo consigo. Aún con mi positivismo, creo que suelo llorar una vez al día. Melodramática desde la cuna, y sensible desde antes de existir, siempre hay algo que me emociona y me hace llorar. Pero bueno, dicen que igual de sano es llorar que reír, así que por ahí me salvo. Lamentablemente, en este país, ver las noticias o los programas de televisión, muchas veces e inevitablemente, es sinónimo de llorar.

Hoy te quería contar que ayer lloré viendo un programa de televisión de esos en los que la gente con pocos recursos pide ayuda. Gente con pocos recursos. Son tantos y tantos ahora mismo… ¿Os acordáis cuándo veíamos galas de televisión para recaudar dinero para niños de países tercermundistas? ¿Os acordáis cuando era despectivo ser mileurista? Ahora se recauda dinero para niños españoles, y quien gana mil euros al mes debe dar gracias cada día.

Entre todos es un programa de la uno de TVE, y ayer lo vi por primera vez. Hoy debatía con unas amigas sobre ello, y algunas me decían que no soportaban la dosis de sensacionalismo que se inyecta cada día en programas así. Yo, lamentablemente, sólo pude llorar. Quizás porque no necesito encender la televisión para ver como gente a la que quiero no llega a fin de mes, es más, gente a la que quiero no sabe ni cómo empezar el mes. 400 euros para mantener una familia, y en algunos casos, ni si quiera eso. Pero ese programa me hizo ver como aún queda gente buena en este país… gente realmente buena. Hubieron personas que llamaron para donar 50 euros, una señora llegó a donar tres mil. Llamó mucha gente. Ofrecieron dinero, casas, incluso trabajo. Es lo único que piden la mayoría de estas familias. Trabajo. ¿No era esto un derecho? La mujer que pedía ayuda tenía 5 hijos, y la mayor sólo tenía nueve años. Muchas noches no podían cenar, y os juro que en ningún momento la vi perder la sonrisa. Entre lágrimas, pero con una sonrisa. Volvemos a lo de siempre, ¿en qué país vivimos? ¿Cómo podemos permitir que nuestros representantes vivan en el lujo mientras un país entero está sufriendo? ¿Cuántos padres lloran cada noche por qué no saben que le darán de comer al día siguiente a sus hijos?

A mi perdonadme, pero a veces, insisto, programas de este tipo son necesarios para saber que lo que está pasando es real. Tanto los corazones envenenados de los que roban, como los corazones rotos de los que lloran. Y claro, la gente no tiene dinero. Incluso la gente que trabaja, no puede llegar a fin de mes. Si no tienes dinero para llegar a fin de mes, ¿cómo vas a poder pagar 8 euros por una entrada de cine? 

Como muchos sabéis, estos últimos tres días se ha celebrado la Fiesta del Cine. Casi tres mil salas en toda España se han sumado a esta promoción en la que sólo debías registrarte para poder disfrutar del cine por 2,90 euros. La semana pasada entrevisté a varios actores y directores sobre ello, y todos coincidían en que es necesario bajar los precios. La gente no tiene dinero, y la gente no va al cine. Punto. ¿Qué ha pasado? Pues que las salas que hace unas semanas estaban vacías proyectando maravillas, se han vuelto a llenar de color, ilusión y sonrisas. Las redes sociales se han hecho eco de cómo las colas de los cines en toda España eran realmente desbordantes. Señores políticos, a ver si les queda claro… Que no es que a la gente no le guste ver películas en pantallas gigantes, con una calidad maravillosa y un sonido increíble, que no es que no nos guste sentarnos al lado de gente que no conocemos de absolutamente nada para compartir risas o lágrimas por una historia que estamos viendo, que no es que no queramos sentarnos en butacas y disfrutar de las películas… Que no, señores, que no, que se están confundiendo. Que resulta que la gente no va al cine porque no tiene dinero. Porque una familia que tiene varios hijos, no puede permitirse el lujo de pagar 8 euros por cada uno de ellos… Y el error está aquí, señores. En ese 21% que nos han implantado. Que el cine es cultura, y la cultura NO es un lujo, la cultura es necesaria para educarnos, para formarnos e incluso para ilusionarnos.

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Yo de pequeña iba mucho al cine. La primera película que recuerdo haber visto en el cine fue Milagro en la ciudad, pero seguro que ya había ido antes. Iba al cine muchos fines de semana… con mis primos, mis padres, mis tíos… era una niña y sentía esa magia. Era un plan perfecto y a todos nos encantaba. Los cines estaban llenos, y la gente sonreía. Ahora las salas están vacías, y para muchos, ver una película se ha convertido en un capricho que darse de vez en cuando. Y así vamos por mal camino… ¿No deben, de verdad, plantearse las cosas? ¿No es mejor llenar salas cada día por un precio más reducido, que tenerlas vacías? Ya que han decidido retroceder en tantas cosas esenciales, a ver si retroceden por algo que nos beneficie. Dejen de recortarnos la vida y apuesten por facilitarnosla, ya verán como eso también funciona, y seguirán durmiendo tan tranquilos. De verdad, que luchar por el bienestar social no es peligroso.

Hoy me voy a dormir un poco enfadada. Me enfado mucho, ¿no es verdad? Perdonadme. Pero es que cuando pienso en lo que nos estamos convirtiendo, me duele.

Buenas noches, amigos.

Lorena.