Duele, pero aceptamos.

La verdad que nunca he sido de madrugar mucho, ni en verano, ni en invierno, pero es cierto que cuando hace frío, estar bajo las sabanas es algo que alargaría durante toda la mañana. En verano, me gusta el aire fresquito que entra a primera hora de la mañana, tener que levantarme a bajar la persiana y seguir durmiendo hasta que mi cuerpo dice basta. Hoy ha sido uno de esos días, sin mucha prisa por levantarme, y me gusta.

Sabéis que soy una persona que muchas veces se enfada con el mundo, sufro y me da mucha rabia ver cómo los seres humanos destrozamos el mundo en el que vivimos, cómo destrozamos nuestros valores y derechos y cómo, muchísimas veces, nos pisoteamos los unos a los otros.

Hoy te quería contar algo que me pasó hace unos días… Eran sobre las nueve de la mañana, café en la mano, salí del Starbucks de Callao, en Madrid, cuando vi como una de las camareras, con un aspirador pequeñito, de esos de mano, se lo acercaba a la cara a un señor que estaba sentado en el suelo, en la puerta de su establecimiento, medio dormido y pidiendo dinero. Él, como es lógico, se sobresaltó con el ruido del aspirador y la camarera empezó a reirse a carcajadas diciéndole a una de sus compañeras “‘¡Lo he asustado!“. No sabéis la pena que me produjo esa escena. ¿Cómo no iba a asustarle si a las nueve de la mañana vamos todos medio dormidos por la calle? ¿Cómo podía reírse de esa forma de una persona que bastante tristeza tendrá por tener que dormir en la calle?

Avancé la Gran Vía con el corazón en un puño… Habían pasado más de 5 minutos y miré el reloj, tenía tiempo de sobra. Di media vuelta y volví a Callao. Justo cuando llegué encontré a la misma camarera entrando por la puerta y la llamé con un, “Perdona…“, ella, con una sonrisa, me quiso atender.

Le expliqué que había dado media vuelta sólo para decirle lo mal que me había parecido su actitud, que me había parecido cruel y cobarde. Ella, me pidió mil veces perdón y me explicó que conocía al hombre en cuestión, que siempre estaba en la puerta y a veces, incluso, le daban agua (Oh! Gracias.), me dijo que lo del aspirador había sido una broma entre ellos, que no podía dejarle estar en su puerta, pero que si no hubiese “confianza” no lo habría hecho así. Me pidió perdón si esa era la imagen que había dado y me agradeció que hubiese vuelto para decírselo. Le expliqué que efectivamente había causado muy mala imagen, como persona y como empleada de ese establecimiento, pero sobre todo, como lo primero. Su gesto y sus risas me habían parecido muy crueles y le dije que estaba cansada de que los seres humanos veamos cosas que nos parecen mal y nos callemos la boca.

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Me fui más tranquila. Si era verdad su historia o no, no lo sé, pero al menos, lo que pude hacer por mi parte lo hice. ¿Sabéis qué pasa? Que he llegado a un punto en mi vida en el que las injusticias sociales (y son muchas) me hacen daño en el corazón, como estoy segura que a ti te pasa. Lo que me duele realmente es que hayamos aceptado a vivir con ese dolor.

Estoy segura que nos duele a todos (quiero pensar que a todos) que haya guerras en el mundo y niños muriendo de hambre… Nos duele, pero lo aceptamos porque creemos que no podemos hacer nada. Nos duele que haya políticos que nos roban y nos recortan derechos, eso nos enciende la sangre y nos llena de rabia, pero aceptamos que eso existe y creemos que no podemos hacer nada. Nos duele que haya niños maltratados y violados en el mundo, en nuestro país, o al otro lado del planeta, nos duele mucho, pero aceptamos que eso existe y creemos que no podemos hacer nada. Nos duele que cada día se abandonen animales, que haya racismo, que exista el maltrato físico a las personas… Hay miles de cosas que nos duelen, pero hemos acabado aceptando que existen y hemos acabado aceptando no podemos luchar contra ellas.

Muchas historias nos duelen cada día, porque las vemos en las noticias, las leemos en la prensa o las vemos en televisión, pero su disfunción narcotizante han hecho que nos acostumbremos a verlas, a saber que existen y nuestra mente ha acabado aceptando que eso forma parte de nuestro mundo, aunque nos llene de sufrimiento.

Me duele vivir en un mundo así. Me duele vivir en un mundo dónde los seres humanos tenemos la capacidad de solucionar los problemas, porque sólo nosotros tenemos esa capacidad y ver que no hacemos nada. No es que no hagamos nada por las cosas que pasan en un país a millones de quilómetros, es que no hacemos nada por las cosas que pasan en nuestra misma ciudad. Somos egoístas por naturaleza y conformistas por costumbre, y eso me da muchísima pena.
Tenemos la capacidad de cambiar el mundo, ese poder sólo es nuestro, así que sólo faltan ganas y unión para intentar mejorar las cosas, sólo eso, porque una vez más tengo que recordar una de mis frases favoritas, que una vez escribió Alejandro Sanz: “Si la gente supiese lo fácil que es trabajar codo con codo, en vez de a codazos…”

Unknown

Feliz lunes, amigos.
Lorena.

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El Rey León

¡Buenos días a todos! Un jueves con sabor a domingo, a sábado… Un jueves festivo, y a mí, como supongo que nos pasa a todos, los días festivos me encantan. Hoy vengo con un post cargado de unos temas que abrazan la actualidad desde hace unas semanas y que han cobrado protagonismo precisamente esta. Unos temas que a mí, me preocupan un poco.

No es que yo entienda mucho de fútbol, la verdad. No suelo ver partidos porque sí, pero cuando se trata de la selección, siempre que puedo lo veo. Claro que sí, ¿por qué no? El fútbol es un deporte que gusta a mucha gente y yo me alegro cuando el equipo que prefiero que gane gana un partido, me alegro cuando la selección gana un partido, pero no se me va la vida cuando no. Es un juego, es así. Unas veces se pierde, otras se gana. Ayer, tras el partido en el que la selección española fue eliminada del Mundial de Fútbol, aluciné con los comentarios de la gente en Twitter. Aluciné con los insultos, la rabia y la frustración. Para empezar, las faltas de respeto por un partido de fútbol me parecen algo descabellado, y me dan pena aquellos que insultaban a unos jugadores que hace años les hicieron muy felices. Así de irracionales somos. Pero creedme que lo que más me sorprende es que a la mayoría de los ciudadanos sólo les preocupe esto.

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No puedo entender, ni podré entender jamás como la gente lucha incondicionalmente por defender a su equipo en un partido y como no lucha por defender sus derechos sociales, los de sus hijos, los de sus hermanos, los de sus padres, los de sus abuelos o los de sus amigos. Que el ambiente, el buen ambiente, que produce el fútbol es muy divertido, que no lo niego. Obviamente, me gusta ver un partido rodeada de mis amigos, entre cervezas, risas y buen rollo. De ahí, a que el fútbol sea mi máxima preocupación, con la que esta cayendo en mi país, dista muchísimo todo. Insisto, que no quiero que haya confusiones, no critico a los que disfrutan y viven este deporte, a los que lo aman con pasión como yo pueda amar la música o el cine, simplemente estoy diciendo que debemos ser un poco más racionales y coherentes y debemos empezar a asimilar que no podemos darle toda la importancia a un partido cuando a nuestro lado hay mucha gente pasando hambre. Somos egoístas por naturaleza porque somos seres humanos, ahí no hay tema de discusión, pero por favor, vamos a luchar y a dejarnos la vida por lo que realmente nos está pasando.

A mí me da pena que España haya sido eliminada del mundial, claro, pero lo que realmente me preocupa es que a los ancianos les quiten sus pensiones, me da pena que un español tenga que esperar la escalofriante cifra de 67 días de media  para ser atendido por un médico especialista, lo que me da pena es que este verano miles de niños de nuestro país no vayan a poder comer en condiciones porque acaba el curso escolar y cierran los comedores escolares (ya casi sociales), lo que me da pena es la gente que se queda sin casa porque los desahucian, lo que me da pena es que las mujeres no puedan elegir si quieren abortar o no, lo que me da pena es que nuestra población sea casi la única con pobreza infantil de toda Europa, lo que me da pena es que haya padres de familia que no puedan dar de comer a sus hijos, lo que me da pena es que miles y miles de jóvenes recién licenciados, preparados, y con una formación académica brillante se hayan tenido que ir fuera de su país, obligados, para poder tener una oportunidad de trabajo… Esas cosas, amigos míos, esa realidad que nos rodea día tras día, a la que a veces, por dolor, muchos deciden no mirar, esa realidad y esas cosas son las que me preocupan. Estas son las cosas que me duelen, que me hierven la sangre y me hacen morir de pena.

Por suerte, tengo un trabajo estable (no el trabajo de mi vida ni en lo que quiero trabajar, claro), y tengo un sueldo fijo cada mes, y me han hecho asumir que tengo que dar las gracias por tener trabajo, que es un derecho, y han confundido y nos han hecho confundir con un privilegio. Es absurdo repetir la impotencia que me produce la corrupción, los sueldos desorbitados de nuestros políticos, que no contentos con ello, roban y estafan. Pero por encima de todo esto, si no estoy dispuesta a algo, es a retroceder en el tiempo. No quiero recortes en nuestros derechos sociales, en nuestros derechos vitales. Ya está bien, hombre, ya está bien.

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No os imagináis cómo está el centro de Madrid desde hace días. Arreglo de calles, muchísimos policías vestidos de paisano, banderas por todos lados, medidas de seguridad extrema, un gasto que no quiero ni imaginar… Ayer intentaba explicarle a una chica extranjera que hoy el centro iba a estar lleno de gente porque se coronaba al príncipe, que pasaba a ser rey, ella me preguntó si eso era cada cierto tiempo y si lo habíamos elegido nosotros. Con mucha vergüenza le dije que no. Vamos a ver, os prometo que dentro de todo, Felipe y Letizia son personas que no me caen mal del todo, pero de ahí a que quiera que se me impongan como reyes, varía mucho todo.

Vivimos un momento histórico importante, una abdicación, una coronación, infantas que ya no serán nadie, reyes, príncipes y princesas… En el sigo XXI. ¿No os parece un poco medieval todo? Pero como yo, desde aquí, quiero respetar la opinión de todos, lo único que voy a defender es que, al menos, nos dejen elegir al pueblo. Vivimos en un país democrático y si somos mayores para votar unas cosas, digo yo que también lo somos para votar otras, no?

Tras 40 años de monarquía creo que todo ha cambiado. Los tiempos, la sociedad, las personas, las generaciones… Y creo que es el momento de poder tomar decisiones, al menos, tener el derecho a ello. Creo que si hubiese un referéndum seguiría habiendo monarquía, o quizás no, quizás hace unos cuantos años si, pero, ¿sabéis cuál es el problema ahora? Que la gente está cansada. La gente está pasándolo realmente mal. La gente no puede comer, no puede darle una vida digna a sus hijos, hay gente que vive en condiciones infrahumanas y que no tiene casi fuerzas ni ilusión, pregúntale a una de esas personas si está dispuesta a pagar la vida de los reyes, el colegio de sus hijas o la ropa que diseñan exclusivamente para ellas. Me muero de pena, os lo prometo.

El día que el rey hizo pública y oficial su abdicación y anunció que su hijo sería el próximo rey de España, esa misma tarde, miles de personas, en todas las grandes ciudades de nuestro país, se lanzaron a las calles, pidiendo un referéndum y haciendo fuerza sobre su derecho de poder elegir o no. Yo pensé en Letizia. Pensé en Letizia Ortiz como periodista, como ciudadana de a pié, como hasta hace unos años era, pensé en ella profesionalmente y pensé si de verdad no se le estaría encogiendo el corazón.

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El mundial de fútbol y la monarquía invaden nuestras noticias, los kioscos y las portadas de la prensa. Perdonadme si me preocupan más otras cosas que creo que deberían preocuparnos más a todos. Si nosotros tenemos una vida buena, un trabajo estable y no nos falta de nada, pensemos que a miles de personas, a nuestro lado, en nuestra misma calle y en nuestra misma ciudad,  les falta mucho y nada de lo que está pasando es justo.

Perdonadme los más monárquicos, pero yo no quiero una monarquía que se va de safari y mata elefantes por diversión, no quiero una monarquía manchada por la corrupción, no quiero una monarquía impuesta que lo primero que está recortando es la libertad de expresión.

Perdonadme los más monárquicos, pero a mí, si hay un rey que me produce ternura, amor y sonrisas es sólo el Rey León. 

Unknown

Feliz jueves, amigos.

Lorena.

Arte, moda, Oysho y Madrid.

El día ha amanecido como siempre lo hace, con una sonrirsa. A pesar de su apariencia gris y su actitud fría, él sonríe complaciente. Es viernes, y sabe que a todo el mundo gusta. Tras una mañana de mucho lío, por fin me siento frente al ordenador para decirte que anoche estuve en la Pop-up Gallery de Oysho que se celebró en la calle Hermosilla de Madrid. Una de mis tiendas favoritas se convirtió ayer en una auténtica galería de arte, y en arte y moda no pude encontrar una combinación mejor.

Muchas veces, muchos de vosotros cuando me escribís, me contáis que a través de mis posts sentís que me conocéis, y la verdad que a medida que pasa el tiempo y os voy contando alguna historia nueva, yo también siento que es así, que yo cuento historias a gente que me “conoce” y a la que poco a poco yo también creo conocer. Como bien sabéis, estoy un poco enfadada con el mundo, un poco bastante, por las pocas oportunidades que se están dando a los jóvenes de nuestro país. En cualquier ámbito, desarrollarse profesionalmente no es fácil, pero si hablamos de arte y de alguien que tiene una capacidad creativa extraordinaria, muchas veces es más complicado aún contar con los medios suficientes para desarrollarla. Por suerte, aún quedan iniciativas y grandes proyectos por parte de algunos, como es el caso de Oysho que apuesta por dar una oportunidad a quien realmente lo merece.

Oysho es desde hace años una de mis tiendas favoritas. Aunque es cierto que en los últimos años su evolución ha sido increíble y cada vez me gusta y me atrapa más, desde que la conocí hace casi ocho años se ha convertido en imprescindible, tanto en mi armario, como en mi vida. Una amiga siempre decía que Zara viste a la mujer por fuera, mientras Oysho lo hace por dentro. Y esa frase siempre me gustó. Pero con el tiempo, Oysho viste a la mujer por dentro y por fuera, incluyendo una serie de complementos de casa increíbles como las mantas, estos últimos inviernos. Por no hablar de su colección gym que me tiene locamente enamorada. Oysho es elegancia, romanticismo, sensibilidad, delicadeza, ternura, frescura, actualidad, sencillez y discreción junto a una mujer moderna, actual, independiente y decidida. Así veo yo la firma, y así es como me gusta identificarme con ella.

Hace unas semanas, Oysho anunciaba en todas sus Redes Sociales, así como en sus tiendas, el concurso de ilustraciones que se acababa de poner en marcha. El ganador sería el encargado de ilustrar una colección cápsula de camisetas de Oysho, que le daría la oportunidad de ver sus propias creaciones dar la vuelta al mundo y, además, se llevaría mil euros en efectivo. Los trabajos finalistas se expondrían en la tienda de la calle Hermosilla de Madrid, convirtiéndola en una auténtica galería de arte y en ese mismo evento se conocería el ganador. Pues el momento llegó y anoche, entre ilustraciones, moda, buena música y excelente comida, se dio cita a bloggers, prensa y demás invitados en una fiesta en la que estuve y hoy te lo quería contar.

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No es la primera vez que Oysho emprende esta iniciativa. Hace un año, aprovechando la reinauguración de la tienda de Gran Vía, también en Madrid, se celebró este mismo certamen.

Los cuadros estaban expuestos por toda la tienda, entre colecciones de ropa, maravillosa corsetería y precioso calzado. Aunque el ganador no se conocería hasta el momento de anunciarlo en la propia fiesta, había una ilustración coronando orgullosa el escaparate, que podía intuir a los más avispados que había sido la gran triunfadora. Una dj se encargó de poner música y diversión en la primera planta de la tienda, camareros incansables se pasearon de arriba a abajo con una gran variedad de comida y bebida que a nadie dejó indiferente.

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Las dependientas, pese a la aglomeración y la mala educación de quienes posaban sus vasos vacíos en las mesas donde estaba expuesta la propia ropa, no perdieron en ningún momento la sonrisa, atendiendo a todo el mundo y ofreciéndose, incluso, a buscar tallas. Y os preguntaréis, es que la gente estaba de fiesta y comprando ropa? Pues sí. Unos días antes, se repartieron en todo Madrid unas Mistery Cards que contenían una cantidad secreta que oscilaba entre los 5 y 100 euros y se podía canjear durante todo el día de ayer en esta tienda. Los invitados, también tenían la suya y aprovecharon la ocasión para usarla en el momento. Y los 100 euros tocaron, doy fe de ello!! (NO, no fue a mí).

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Nuria Riaza, con esta ilustración, que nos regalaron junto a una bolsa de tela, al salir, fue la ganadora del concurso. Pronto veremos sus diseños en una colección de camisetas de Oysho que estoy segura nos van a encantar.

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Ojalá todas las grandes firmas y las grandes empresas, organizasen proyectos de este tipo, porque ahora más que nunca nos tenemos que ayudar los unos a los otros. Hay que fomentar la creatividad, y apoyar a los jóvenes talentos, a los jóvenes emprendedores y a todas esas personas que merecen y necesitan una oportunidad.

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Una no puede acudir a una fiesta de Oysho sin llevar ropa de allí. El vestido que llevo en la imagen es de esta temporada y su precio es 29,99 €, es un vestido básico y aunque ayer lo llevaba combinado con unos tacones, el otro día lo llevaba con unas botas planas y quedaba monísimo también. Yo lo compré en la tienda de Gran Vía, en Madrid, que es la tienda que más frecuento porque tanto la tienda como la atención al cliente me parecen increíbles. Si no lo encuentras en tu tienda más cercana, es importante que recuerdes que Oysho tiene tienda online: http://www.oysho.com, donde puedes encontrar todas sus colecciones y comprar todo lo que quieras en internet, porque te lo mandan de forma gratuita a tu tienda más cercana.

“Las modas pasan, el estilo permanece”. Coco Chanel.

Feliz viernes, amigos!!

Lorena.