Alex Martinez: “Tengo mucho camino por recorrer”.

¡Ya estamos en el ecuador de la semana y eso nos encanta a todos! Mañana jueves y sólo queda el último empujón, nos plantamos en el viernes casi sin darnos cuenta. A mí, a veces, me asusta que el tiempo pase tan rápido.

Hoy os traigo un nuevo post en forma de entrevista. Estuve con el actor Alex Martinez y hoy te lo quería contar….

Alex Martinez nace el 28 de septiembre de 1991 en Palma de Mallorca, es el segundo de cuatro hermanos, y desde muy joven ha tenido claro que quería darle vida a sus sueños y tenía clara cual era su pasión: la interpretación. Con sólo 15 años, aparece por primera vez en televisión, en un pequeño papel en la serie autonómica Laberint de Passions. Tras varios papeles pequeños y dando vida a varios personajes, su gran oportunidad llega cuando pasa a formar parte del reparto de una serie que seguro todos conocéis, Física o Química, que emitió Antena 3, que se estrenó en frebero de 2008 y duró hasta junio de 2011.

En busca de oportunidades y de dedicarse plenamente a esta profesión, Alex se instala en Madrid, donde no deja de estudiar interpretación. Tras haber trabajado en series de renombre como Bandolera o Isabel, sigue pensando que la formación es una base esencial y por ello, no deja de estudiar.

Tras varias semanas, intentando ponernos de acuerdo, me reuní con Alex hace unos días en una terraza del centro de Madrid. Alex Martinez es un joven lleno de humildad, con una sonrisa siempre dispuesta, constante y profesional, con las ideas muy claras y con una madurez que sorprende a su edad. Alex es un actor con muchísimos sueños y muchísimas ganas de trabajar, de aprender constantemente de esta profesión a la que ha decidido dedicarle gran parte de su vida. No os perdáis todo lo que me quiso contar, porque estoy segura que os va a encantar…

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LQTC. Alex, bienvenido a Lo Que Te Quería Contar y mil gracias por estar aquí. Es un placer.
ALEX MARTINEZ. El placer es mío guapa, ¡al fin nos ponemos de acuerdo para la entrevista!

LQTC. Hace ya unos años, decides dejar tu Mallorca natal para trasladarte a Madrid en busca de tus sueños, ¿qué supuso este cambio para ti?
A.M. Supuso una nueva etapa en mi vida, supuso dejar atrás familia y amigos. Fué un momento duro pero necesario. La verdad que miro al pasado con muchísima nostálgia, pero estoy contento de haber tomado esa decisión y estar aquí hoy en día porque me permite hacer lo que realmente quiero.

LQTC. Eres una persona que siempre ha dado mucha importancia a la formación. De hecho, sé que a día de hoy sigues formándote y dando clases de interpretación. ¿Por qué es tan importante para ti?
A.M. Porque creo que a parte del talento natural que pueda tener un actor, esta profesión es una contínua búsqueda de emociones, de sensaciones, de herramientas que consigan sacar lo más puro de ti, para poder plasmarlo en los personajes que interpretes, para darles verdad. Creo que nunca paras de formarte como actor, porque siempre encuentras algo nuevo.

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LQTC. Laberint de Passions, Yo soy Bea, Doctor Mateo, La pecera de Eva… Pero, sin duda, tu personaje de Salva en Fisica o Química marcó un antes y un después en tu carrera. ¿Cómo y en qué cambió tu vida a nivel personal y profesional a partir de ese momento?
A.M. Pues mucho, mucho, la verdad… Salva me dio fama y la oportunidad de tener un personaje fijo en televisión y posteriormente poder seguir trabajando. Recuerdo esa etapa con muchísimo cariño y nostalgia… a nivel personal me colocó en un lugar donde no había estado antes, inevitablemente moldea un poco a la gente que tienes a tu alrededor, pero, sin duda fui, muy feliz.

LQTC.Poco después llegó Bandolera y posteriormente Isabel. Es muy difícil en los tiempos que corren tener tanto trabajo, y supongo que te sientes muy afortunado por ello. Pero, ¿en algún momento has sentido que no era suficiente?
A.M. Si, ahora que no tengo trabajo siento que no es suficiente jaja. Esto va por etapas, hay veces que tienes mas o menos proyectos, hay temporadas largas sin nada y otras con mucho. En general si es verdad que me siento afortunado, pero también es verdad que soy bastante ambicioso y quiero más, creo que acabo de empezar en esto y tengo mucho camino por recorrer.

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LQTC. Hablamos de dos series de época que ahora están tan de moda, a nivel personal, ¿qué te ha aportado trabajar en una época tan distinta a la tuya?
A.M. Te permite descubrir lugares o hechos históricos que nunca hubieras pensado vivir, o recrear. Utilizar otro lenguaje… en fin, es una experiencia. Pero siendo sinceros, tengo ganas de hacer algo actual.

LQTC. Si no hubiese sido Salva, ni Jairo ni el rey Boabdil, ¿qué personakes te habría gustado ser en cada una de esas series?
A.M. Uf… complicado, porque una vez tienes adjudicado el personaje que te toca hacer no piensas en los otros y a Salva, Jairo y Boabdil les tengo mucho cariño, creo que nos los cambiaría por ninguno.

LQTC. Tu personaje en Isabel, aunque la serie continúa, acabó hace algún tiempo. ¿qué proyectos tiene ahora mismo Alex Martínez?
A.M. Pues en Marzo terminé de grabar Las ovejas no pierden el tren, de Alvaro Fernandez Armero, que se entrenará supongo que a finales de este año. Es un papel de reparto, mas que nada es el detonante de una de las historias principales, pero es mi primer papel en cine y la verdad que muy contento, una experiencia nueva. Y nada, ahora mismo esperando a ver que sale.

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LQTC. Y, ¿qué me dices del teatro?
A.M. He hecho teatro pero nunca a nivel profesional, siempre han sido muestras de clase. La verdad que si que me gustaría subirme a un escenario. Es verdad que da mucho respeto, pero tiene una magia especial.

LQTC. ¿Cómo es tu día a día en Madrid?
A.M. Pues basicamente voy a clase, quedo con mis amigos, salgo de fiesta, veo películas, hago ejercicio… Pues la vida de un chico joven, vaya… no tiene mucho misterio. Si que es verdad que cuando tengo trabajo tengo menos tiempo libre, por eso ahora que no tengo nada aprovecho.

LQTC. ¿Crees que en algún momento volverás a vivir en Mallorca?
A.M. Es algo que nunca se sabe, la vida da muchas vueltas, pero mi idea es seguir aquí todo el tiempo que pueda y seguir trabajando. Me gusta volver a Mallorca, pero de vacaciones.

LQTC. ¿Qué crees que le falta a tu vida?
A.M. ¡Una buena novia y más trabajo!

LQTC. ¿Eres feliz, Alex?
A.M. Cuando tenga lo anterior lo seré más (risas).

LQTC. Y para finalizar, cuéntame. ¿Con qué sueña Alex Martinez?
A.M. Pues con poder vivir de lo que me gusta, con ser feliz y hacer felices a los que me rodean.

LQTC. Mil gracias por haber compartido este rato y estas palabras con nosotros, Alex. Que vengan muchos más éxitos y que nos volvamos a ver pronto.

A.M. Muchas gracias a ti.

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Feliz miércoles, amigos.

Lorena.

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Tu viniste, yo me voy.

Empezar las vacaciones siempre trae felicidad. Salir de la rutina es liberarse de muchos quebraderos de cabeza que inevitablemente forman parte del día a día.
Por unos días me alejo de la ciudad hechicera, de su ruido, sus luces, sus prisas y su vida. Y sonrio. No sonrío por alejarme, porque a penas la he dejado y ya la echo de menos. Sonrío por la paz que me produce ir a reencontrarme con los míos. Con la gente que conozco desde que mi memoria es capaz de alcanzar, por saborear durante unos días el dulce olor de mi casa o respirar el aroma de la comida de mi abuela. Esos son los pequeños detalles y las pequeñas cosas que a mi me dan la vida.

Te quería contar que me he acordado, de repente, de una columna de opinión que leí hace muchos años en El País. La escribía Susana Fortes y hablaba de los olores de su infancia, de su abuela y su casa.

Todos soñamos y muchos decidimos perseguir nuestros sueños, por eso nos alejamos de nuestras casas y nuestras familias, no es fácil, pero tomamos la decisión de no conformarnos, de buscar nuestra felicidad en otro lugar, lejos de quienes, al fin y al cabo, son las personas más importantes de nuestra vida. Y nos vamos. Y es entonces, cuando estás lejos, cuando te acuerdas de lo bonitas que son las calles de tu pueblo, de lo mucho que te gusta reír con tu familia o de lo bien que sabe la comida que menos te gustaba.
Recuerdo que leí aquella columna de Fortes cuando aún vivía en mi casa y aún no era consciente de lo mucho que se pueden llegar a echar de menos los olores del día a día. Y con el tiempo, aunque eres verdaderamente feliz luchando por lo que quieres y aquello a lo que aspiras, sabes que la felicidad en estado puro les pertenece a los que te arroparon siempre, desde que naciste. Las calles que te vieron crecer tienen el poder de enamorarte en la distancia como nunca fueron capaces de hacerlo y el lugar de donde vienes te hace saber que no debes olvidarlo. No debes olvidar nunca lo que fuiste, de dónde viniste, ni con quién estuviste.

Me quedo en silencio y sé que yo no estoy tan lejos. Y entonces se me encoge el corazón cuando pienso en esos miles de jóvenes que tienen que emigrar a otros países en busca de una, sólo una, simple oportunidad. Pienso en los miles de jóvenes de mi generación que tienen que “huir” a buscar un trabajo, a aprender un idioma, a empezar de cero, con títulos universitarios, con títulos de post grado, o simplemente con las ganas y la necesidad de tener un trabajo. Todo colgado a la espalda, con una maleta llena de sueños y nostalgia.

Se van del país que hasta hace unos años les brindaba becas y apostaba por ellos, les encendía la sonrisa y les decía que estudiasen y se formasen profesionalmente. Podrían comerse el mundo. Les decían, claro. Y en las palabras de quedaron las promesas y se ahogaron las esperanzas.

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La realidad que nos bombardea no nos brinda una oportunidad. Y muchos se marchan con la ilusión de una nueva vida, otros lloran porque no tienen otra salida. Una vez leí en una red social que alguien decía: “Mar, tierra y aire, esas son las salidas tras acabar la universidad”. Y entonces siento mucha pena. Más que pena siento impotencia. Siento tristeza. Siento rabia ante un gobierno que me ahoga, que ahoga a una generación perfectamente preparada, formada, capacitada. Siento rabia ante un gobierno que está recortando mi sanidad, y por tanto mi vida, y también la tuya. Siento rabia ante un gobierno que recorta mi educación, y ante un gobierno al que pudre la corrupción.

Y al mismo tiempo que pienso en todos los que de van, pienso en todos los que un día vinieron. Gente que al igual que nosotros hacemos ahora, tuvo que dejar su familia, su país, su vida por buscar simplemente un trabajo, al que supuestamente todos tenemos derecho. Recuerdo a arquitectos trabajando de albañiles, o la historia de un médico que aquí trabajaba en la obra en pésimas condiciones. Pienso en la “grave enfermedad” que es la xenofobia, en el veneno de la gente que excluye socialmente a quienes vienen de cualquier otro rincón del mundo. En la irracionalidad de quienes de creen seres superiores por el color de su piel, o en la intolerancia de quien rechaza sin saber que quizás un día la vida dé un giro y las cosas se pongan del revés.

“Nihil novum sub sole” me enseñó mi profesor de latín. No hay nada nuevo bajo el sol. Y es que a muchos de les olvidó que la historia siempre se repite, que sus antepasados tuvieron que emigrar y que sus descendientes también lo harán.
Y en este contexto de xenofobia e injusticia social, quiero recomendarte un libro que leí en la facultad. Cabeza de turco, del periodista alemán Günter Walrraff.
En el libro se narra su propia experiencia, al hacerse pasar por un inmigrante turco, para tener acceso a los peores trabajos en la Alemania Occidental de la década de 1980.
Decidió investigar a fondo las calamidades que los inmigrantes soportan argumentando que “hay que enmascararse para desenmascarar a la sociedad”.

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Quizás a más de uno le vendría bien concienciarse a través de estas páginas. Y a todos los demás, a los que sienten pena por los que deben irse y por los que tuvieron que venir, que por suerte somos la mayoría, estoy segura que os encogerá el corazón y tendréis más ganas que nunca de luchar contra la irracionalidad. Porque siempre, para entender cualquier situación, debemos ponernos en el lugar de los demás. Porque no somos tan distintos, porque al igual que tu viniste, yo me voy.

Ya veis que una no descansa ni si quiera en el momento de desconectar, pero la felicidad de volver a casa, aunque sólo sea por unos días, me ha hecho pensar en la tristeza de quienes no pueden hacerlo, ni saben cuando podrán.

Feliz martes, amigos.

Lorena.