Sueños rotos…

He de reconocer que hoy me ha hecho especial ilusión encontrarme en Twitter una mención de una persona diciéndome que por fin era martes y por fin llegaba nuevo post. Es cierto que, aunque me gustaría poder sentarme tranquilamente frente al ordenador mucho más tiempo, no puedo, y el martes se ha convertido en un encuentro casi sagrado entre mis historias nuevas y vosotros.  A ver si poco a poco consigo ordenar un poco mis horas y puedo venir a contaros algo más a menudo… (Las buenas noticias siguen ahí, y os aseguro que ya queda muy, muy poco para que sepáis qué es ese proyecto tan importante que tengo entre manos).

A medida que nos hacemos mayores y  adquirimos nuevas experiencias, empezamos a valorar cosas que siempre tuvimos y nunca apreciamos como se merecían… Y esas, son las cosas más simples de la vida, como sentarte en el sofá a ver una película con tus padres, como abrazar a la persona que amas en silencio durante un buen rato, como reencontrarte con amigos en un café sin prisa, dejando de lado el teléfono, o como ir a comer a casa de tus abuelos… Esta mañana subía una foto de Mr. Wonderful a mi página de Facebook que decía: “No es más rico el que más tiene, sino el que encuentra aquello que necesita”, y no hay nada más cierto. Tengamos más o tengamos menos, lo esencial de la vida es apreciar con todas nuestras fuerzas las cosas buenas, las que realmente tienen importancia, las que suelen aparentar ser las más simples y las que cuando pase el tiempo, serán las que más recordaremos. Hace mucho tiempo que adquirí ésta como mi forma de vida, la de quedarme con lo bueno y echar lo malo fuera, es sencillo y realmente gratificante. Normalmente, cuando tomas esta decisión es tras una gran decepción.

Hoy te quería contar que para mí hay tres tipos de personas: las que creen querer a los demás más que a sí mismas, las que admiten que se quieren a sí mismas más que a los demás y las que se quieren tanto a sí mismas que no son capaces de querer a los demás, y he de decir que no soporto a estas últimas.

Creo que no hay nada más importante que el amor propio, quererse a uno mismo es esencial para vivir con fuerza, seguridad y felicidad, es el paso básico para conseguir el respeto, el amor y la verdadera amistad. El ser humano es egoísta por naturaleza y aunque muchas veces nos cuentes aceptarlo que eso también forma parte de nosotros, es así. El egoísmo, como todo, tiene límites, y en la personalidad de cada uno está controlarlos o sobrepasarlos… Quererse a sí  mismo es casi tan importante como querer a los demás. Cuidar de las personas que te quieren es de vital importancia para conservarlas. Como dice Jorge Drexler “cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra forma….”, la vida no deja de ser un juego constante, un intercambio de cosas, y cuidar y querer a las personas que te cuidan y quieren simplemente es un feed back de sentimientos y cariño.

Hay personas despistadas, que no son capaces de entregar tanto como otras, pero mientras eso sea fruto del despiste y no de la maldad, siempre serán queridas y perdonadas. El problema, para mí, lo tienen aquellas personas que se quieren tanto, tantísimo, a sí mismas, que intentan querer a los demás, pero en el fondo, su egoísmo no les permite actuar con transparencia y naturalidad, y realmente, ese tipo de personas, además de producirme rechazo, me dan pena. Jamás podré entender a esas personas que no son capaces de alegrarse por algo bueno que les ocurra a los demás y sobre todo a aquellas que no son capaces de alegrarse por algo bueno que les ocurra a la gente que les importa, o alguna vez les importó. Hay gente que no es capaz de soportar que la gente de su alrededor sea más feliz que ellos mismos, aunque intenten vender su felicidad y su sonrisa. No hay nada más triste.

Por suerte, hay otras personas infinitamente buenas y por eso mismo, en nuestras manos está rodearnos sólo de ese tipo de gente. Elegir bien. Es crucial que aquellos que te rodeen te quieran de una forma sana, incondicional, limpia, pura… Es crucial mantener y cuidar a los amigos que jamás te van a fallar, a esos a los que no les importará lo ocupado que estés, a los que aunque lleven mucho tiempo sin verte, te harán sentir que sólo han pasado cinco minutos desde la última vez, es crucial querer, cuidar y conservar a aquellos que te hacen sentir especial, a los que te dan confianza con la mirada a la hora de hablar, a esos que jamás te van a juzgar, a los que te enseñarán lo que haces mal simplemente para que aprendas, jamás para reprochar, a esos que llorarán contigo todas tus penas y celebrarán contigo cada uno de tus éxitos como si fuesen suyos. Eso, amigos míos, son los amigos de verdad.

Estos días han sido unos días muy bonitos, de esos de amigos de verdad, de reencuentros con gente a la que veo todos los días y reencuentros con gente a la que llevaba meses sin ver. Estoy muy orgullosa de mis amigos, de esas personas a las que con el tiempo y las experiencias, he elegido como compañeros de vida, como guardianes de secretos, como mi otra familia… Estoy muy orgullosa de que ellos me hayan elegido a mi también y que me dejen ser, como lo hacen, parte de sus vidas.

Y tanto pensar en la amistad, en la gente buena y mala, en el egoísmo y en la decepción… Me he acordado de una película que descubrí hace muchos años, cuando todavía era una niña, que me impactó demasiado. Brokedown Palace (Sueños Rotos en castellano) es una película dramática protagonizada por Claire Danes y Kate Beckinsale. Dirigida por Jonathan Kaplan y escrita por David Arata fue estrenada a nivel mundial entre 1999 y 2000. El film se centra en el sufrimiento de dos estadounidenses en un país extranjero sumando como ingrediente de transfondo la amistad, la esperanza y los sueños truncados.

Alice (Claire Danes) es impulsiva e imprudente, mientras Darlene (Kate Beckinsale) es más reservada. Han terminado el instituto y deciden hacer un viaje exótico que jamás olvidarán. Mientras sus padres creen que sus hijas están en Hawaii, las dos jóvenes, aventureras y llenas de ilusión, se encuentran en Bangkok, Tailandia. Allí, sus vidas cambian para siempre cuando conocen Nick (Daniel Lapaine), un joven  y atractivo australiano del cual ambas se enamoran. El joven, decide querer pasar la noche con Darlene y ante los celos de Alice, ninguna de las dos jóvenes imaginan que sus sueños están a punto de romperse para siempre. Su destino y sus vidas cambian en el momento en el que van a regresar a Estados Unidos y son detenidas por las autoridades por por portar drogas en su equipaje. Lejos de su casa, de sus familias y en pésimas condiciones, la historia transcurre en una cárcel mientras luchan por intentar probar su inocencia antes de que sea demasiado tarde. El final, en medio de la fortaleza de una amistad incondicional, no te dejará indiferente. Recuerdo lo mucho que lloré… Y al pensar en el egoísmo del ser humano, me ha sido inevitable acordarme de aquella película que, si no has visto, tienes que ver.

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Buenas noches, amigos.

Lorena.

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Hasta siempre, Robin Williams.

A veces tienes esa necesidad de encender el ordenador y escribir. Lo que te quería contar hoy se pone en marcha por una noticia muy triste que ha conmocionado a la cultura, al arte y a las personas en todo el mundo.

Anoche, echando un vistazo a Twitter poco antes de dormir, miles de usuarios escribían y se hacía eco sobre el fallecimiento del actor Robin Williams. No me lo podía creer… Él fue uno de mis actores favoritos de todos los tiempos… Y me morí de pena.

Es curioso como a veces, sin conocer a alguien, puedes llegar a sentir tanto cariño por esa persona. A Robin Williams le quería mucha, muchísima gente. En cuestión de minutos, las redes sociales se llenaron de fotos suyas, de frases que se hicieron míticas en sus películas y mensajes de amor que demostraron lo grande que fue su trabajo.

Anoche sentí que una parte de mi infancia se iba con él… Yo he crecido con sus películas, como muchos de vosotros, los que me leéis, toda esa generación que hemos crecido acostumbrados a verle en nuestras pantallas, en muchas de nuestras películas favoritas. Muchos de nosotros hemos crecido con esa sonrisa mágica y esa mirada transparante que cautivó a miles de niños a través de varios personajes que ya son clásicos en el cine.

¿Cómo no íbamos a quererle? Si con él compartimos risas, ternura y lágrimas… Y esas cosas, al fin y al cabo, son las que nos hacen estar llenos de vida.

En la historia de mi vida hay muchas películas que vería miles de veces sin cansarme jamás, una de ellas es Señora Doubtfire, recuerdo cuando era niña lo mucho que me gustaba, lo mucho que me reía en la escena en la que se tuvo que hacer una mascarilla con nata o lo mucho que sufría en aquella cena, en dos mesas distintas, en un mismo restaurante, siendo él un rato y siendo ella en otros. Otra de mis películas favoritas de siempre es, sin ninguna duda, Jumanji. Jumanji forma parte de toda una generación, de todos aquellos que sufrimos la desaparición de Alan Parrish y su aparición muchos años después acompañado de monos, mosquitos gigantes, aventuras y un cazador… Vi Jumanji en el cine y me enamoré de ella. Recuerdo que el día antes de que saliese a la venta en VHS, mi madre fue a la tienda a pedir que me reservasen una cinta. La tuve en mis manos desde el primer día de su lanzamiento, y aquel día decidí invitar a medio colegio a casa a verla… Recuerdo a muchos niños sentados en el suelo de mi salón, niños a los que sólo conocía de vista, eran amigos de amigos, y sonrío de pensar la paciencia que tenía mi madre.

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El hombre bicentenario, Hook, El club de los poetas muertos, Patch Adams, Jack, Flubber… o Retratos de una obsesión (que me encantaba), entre otras muchas. Le recuerdo en todas y cada una de ellas y es inevitable no emocionarse. Se nos ha ido uno de los actores más grandes, pero su mirada y su magia permanecerán eternas en cada uno de sus trabajos, en cada uno de sus personajes.

Desde el principio de su carrera, Williams luchó con gran esfuerzo por conservar su personalidad única como humorista y para convertirse, al mismo tiempo, en un excelente actor de carácter. Tenía claro que no debía perder sus cualidades propias, pero que necesitaba dominar la interpretación para ser alguien en el mundo del cine. Consiguió realizar su objetivo. Considerado un actor de gran versatilidad tanto en comedia como en drama, gana finalmente el tardío reconocimiento de la Academia, que le otorga el Óscar por su actuación en Good Will Hunting, filmada en 1997.

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No se han confirmado las causas de la muerte, pero se habla de suicidio. La vida más allá de la pantalla, no deja de ser vida, y los actores no dejan de ser seres humanos… Alguien que ha hecho y hará soñar y sonreír a miles de personas en todo el mundo ha decidido, supuestamente, quitarse la vida, y a mi se me parte el corazón.

Esta mañana he perdido a mi marido y a mi mejor amigo mientras que el mundo ha perdido a uno de sus más queridos artistas y una de sus mejores personas. Tengo el corazón hecho pedazos“, declaraba su esposa.

Hoy siento mucha pena… Hoy el arte, el cine y la cultura lloran… LLoran mucho, y mi alma cruje.

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“Tanta paz lleves como risas nos dejas, Robin Williams”.

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Gracias por todo, señor Williams. Hasta siempre.

Feliz martes, amigos.
Lorena.

Bajo la misma estrella…

 

Me despedí de Madrid justo una noche antes de mi cumpleaños. He estado de vacaciones. Necesitaba desconectar del mundo entero (y aún así no me resistí a subir alguna foto a mi Instagram). Llevaba unas semanas con una presión mental demasiado fuerte y nada buena, necesitaba desconectar de todo y todos, por eso no he escrito nada estos días, he tenido, incluso, la mayor parte del tiempo el teléfono desconectado (muy raro en mí).

Me encanta celebrar mi cumpleaños, lo celebro durante días, porque ese año ya no se repite y porque nunca más volveré a cumplir 27 años (si me pongo negativa, no sé si cumpliré los 28, como no lo sabes tú). Me gusta reunir a mis amigos y a mi familia, me gusta ver junto a mí a las personas a las que quiero y ver cómo reímos, nos abrazamos y nos queremos… Lo hacemos cada vez que nos vemos, pero ya os digo que mi cumpleaños es especial para mí. Me llenaron de felicidad (y de regalos). Sergio esperó al último momento de la última celebración para sacar sus regalos… El último venía con una nota “No puedo escribir un libro por ti, pero si puedo ayudarte a plasmarlo… Te quiero” Y dentro del paquete venía mi nuevo juguete, con el que hoy os escribo. Después me instalé junto al mar y dejé descansar la mente, me llené de paz y de energía, me olvidé del trabajo, del ruido y del tráfico de Madrid.

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De vez en cuando, me gusta leer libros sobre adolescentes… Supongo que siempre habrá algo en mí de aquella adolescente que fui. A nuestro adolescente interior le tenemos marginado. Nos encanta decir que aún queda algo del niño que fuimos, nos produce ternura y una sonrisa, en cambio, nunca reconocemos que queda algo de adolescentes en nosotros, porque es la época tonta, el paso entre la infancia y la madurez y reconocer que guardamos algo de eso nos pone la etiqueta de no estar preparados para presentarnos al mundo como verdaderos adultos. Soy una persona adulta y madura (creo), pero espero que siempre haya en mí algo de la niña y la adolescente que fui.

En mi adolescencia fui muy feliz, muchísimo. Ya no sé si es que siempre he sido feliz o es que, pasado el tiempo, sólo soy capaz de recordar y guardar las cosas buenas. Creo que más bien es lo segundo y creo que es algo bastante importante que todos deberíamos hacer.

El primer amor llega en la adolescencia y eso es indiscutible (aunque seguramente no el verdadero), pero todos creímos en algún momento que éramos las personas más adultas del mundo cuando sólo teníamos quince años y que jamás podríamos volver a querer tanto como queríamos a ese chico o chica que nos volvía completamente locos. Ese chico o chica por el que después lloramos, por supuesto, y creímos que el dolor era tan grande que jamás podríamos superarlo. Sonríes, ¿verdad? Porque al final lo superamos, y porque no somos tan distintos.

Antes de salir de casa sabía que tenía que escoger un libro. Iba a estar unos días relajada y sólo me apetecía perderme entre páginas de papel y alguna historia que no me pertenecía. Me acerqué a las estanterías del pasillo y eché un ojo a unos cuantos que llegaron hace poco, su portada azul me llamó la atención y al leer el título pensé que me sonaba, segundos después supe que me sonaba. La película está ahora mismo en el cine, lo había visto en los carteles del metro. Prometía ser romántico y bonito, así que… ¿por qué no? Lo metí en la maleta.

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Lo leí en dos días. A veces me reía y Sergio me observaba, yo no alzaba la vista, pero de reojo podía ver como él sonreía sólo por mirarme. Era una historia de adolescentes, en la que en momentos veía reflejada a la adolescente que alguna vez fui y de la que espero aún llevar algo dentro. Me pegué a la sombra de Hazel Grace y seguí, a su lado, cada uno de los pasos de la historia que ha protagonizado.

Hazel es una adolescente que tiene cáncer de pulmón. Dos tubos van enganchados siempre a su nariz desde una botella de oxígeno para ayudarla a respirar y alargar, de este modo, su vida. La vida que ella sabe que más pronto que tarde acabará. Hazel está cargada de sueños, es una chica dura y valiente con una sensibilidad poco común. Inteligente, divertida y coherente. Detesta a muchas personas, y quiere mucho a muchas otras. Una de las tardes en las que acude a un grupo de apoyo de adolescentes con cáncer conoce a Augustus, un chico guapísimo que no deja de mirarla. Su media sonrisa, un paquete de tabaco que nunca se fumará y sus ganas de vida, enamorarán a nuestra protagonista y a los que observemos en silencio. Gus es el chico divertido, bueno, detallista y sorprendente que todas quisimos conocer de adolescentes, un chico hecho de sueños que pocas veces encuentras en la vida real (para nuestra tranquilidad, a veces hay suerte y lo encuentras. Existir, existen).

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El daño colateral de esta historia es el cáncer, del que todos vamos a ser “víctimas” a través de estas páginas. Hospitales, enfermeros, familiares detrozados, sueños arrancados, lágrimas, gemidos de dolor, jóvenes, niños, mayores, enfermos, sanos… Todos tienen cabida en una historia que lamentablemente se encuentra en la vida de muchas personas alrededor del mundo. El final ya se anunciaba triste desde la primera página y yo lloré a mares antes de llegar a las últimas diez.

Os invito a leer el libro, sin ninguna duda.

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Efectivamente, lo he hecho y he visto la película.

Nunca un libro se compara con una película, aunque la obra cinematográfica sea buena, el libro es la historia que conseguirás hacer tuya, visualizando a tu antojo cada rasgo de la cara de sus personajes o cada detalle de su habitación. Esa es la magia de la literatura, que tu imaginación y las palabras se funden para dar rienda suelta a tus sueños.

Yo sabía cómo acababa la historia, y desde la mitad de la película empecé a llorar. Al final, todo el cine lloraba. La película me encantó, casi tanto como el libro. La verdad que es buena. La interpretación de los protagonistas es brillante, y aunque al principio me decepcioné un poco porque no eran la Hazel Grace ni el Augustus que yo tenía en mi mente, pero a medida que avanzaba la trama, supe que Shailene Woodley y Ansel Elgort encajaban perfectamente con los protagonistas del libro. Todas las escenas principales de la novela están representadas en la versión cinematográfica, citando frases textuales del libro en la mayoría de los casos y no dejando nada en el tintero. El libro es más profundo, pero eso ya sabéis que pasa siempre.

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Cuando lees un libro así, con una historia como la de Hazel y Gus, sabes que hay amores adolescentes que son eternos, primeros amores que no se suplantarán bajo ningún concepto. En la vida real, a veces, el verdadero amor llega mucho después de la adolescencia, pero aún así te emociona recordar la inocencia con la que lo sentiste. Cuando lees una historia como la de Hazel y Gus, sabes que la vida es demasiado injusta con quien menos lo merece y que los que merecen ser castigados, muchas veces, acaban disfrutando demasiado. El cáncer no entiende de corazones buenos y malos, llega sin más, eligiendo al azar a sus víctimas, a quien lo padecerá y a todos los que lucharán junto al enfermo. El cáncer me da miedo, mucho miedo.

“Llegará un momento en que todos estaremos muertos. Todos nosotros. Llegará un momento en que no habrán seres humanos que quedan para recordar a alguien que alguna vez existió o que nuestra especie nunca hizo nada. ¡No habrá nadie a quien recordar! Ni Aristóteles o Cleopatra, y mucho menos a ti . Todo lo que hicimos y construimos , escribimos , pensamos y descubrimos será olvidado y todo esto habrá sido en vano. Quizá ese momento es muy pronto y tal vez hay millones de años de distancia, pero incluso si sobrevivimos al colapso de nuestro sol, no vamos a sobrevivir para siempre…”

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Buenos días, amigos.

Lorena.

El amor bueno merece ser feliz.

Hay situaciones que merecen ser mimadas, como hay personas que lo merecen también. Hace unos días me senté con una amiga en una terraza del centro de Madrid, nos acompañaban dos copas de vino y unos cigarrillos. Dejamos de lado nuestros teléfonos móviles y nos dejamos llevar por las confidencias, los secretos y las risas… Porque a veces es necesario mimar los momentos.

Empezamos a hablar de historias, de las que recordábamos, de las de ahora, de las de siempre… Y acabamos debatiendo sobre el amor y las personas. El amor… Aún recuerdo cuando en plena adolescencia un profesor me decía que el amor era un ideal, y yo defendía con uñas y dientes que el amor era una realidad y la más bonita del mundo, sin ni si quiera haberlo conocido. Está claro, que recibimos el amor como un sentimiento, como la forma de querer a alguien. No sólo podemos hablar del amor hacia una pareja… Yo estoy enamorada de tantas cosas!!! Estoy enamorada de un hombre maravilloso, de mi familia, de mi perro, de mis amigas y mis amigos… Incluso estoy enamorada de algunos sabores, olores y lugares. El amor es demasiado amplio, y el amor puro y sano, sin duda, es maravilloso.

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Otras veces, el amor duele. Claro, el ser humano experimenta siempre el lado positivo y negativo de las mejores cosas y a veces, el amor duele. A mi también me ha dolido. Tanto y hasta tal punto que pensé que ya nada tendría solución… Pero es verdad que pasado el tiempo, te das cuenta que el drama no fue para tanto y que al final fue una cosa más, a la que con el tiempo aprendes a quitarle importancia y además aprendes a sonreírle por todo lo bueno que ha nacido del momento más oscuro.

Entre vinos y tabaco hablábamos del amor como obsesión, de esa necesidad que muchas personas sienten por aferrarse fuerte a un recuerdo y no ser capaces de limpiarse los ojos ante la realidad. El amor hace cometer locuras, está claro. Francisco de Quevedo decía: “No hay amor sin temor de ofender o perder lo que se ama.” Y es verdad. Cuando uno ama, se niega a perder lo que ama, lo que quiere, lo que está alimentando su vida y sus ilusiones… Esto sucede incluso en las relaciones dónde el amor ofende y hace daño. Pero si es cierto, y esto no lo podemos discutir, es que alguien debe intentar luchar por lo que quiere, pero sobretodo debe saber hasta qué punto y qué momento puede hacerlo. El problema, sin duda, viene cuando alguien arrastra una ilusión más allá de lo que permite el tiempo. Mi amiga y yo, entre complicidad y comprensión, nos contamos una historia que más bien parece sacada de una película americana… y que obviamente a una película me recordó.

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Hablábamos de una persona a la que conocimos, que siempre tuvo miedo de si misma, y quizás si se hubiese valorado un poco más habría sabido llevar las cosas de otro modo. (Es tan importante que confiemos y nos queramos a nosotros mismos!)… Esta persona luchó con todas sus armas para impedir que otras dos se conociesen. Sabía, de algún modo, que si esto ocurría, estas personas se enamorarían. Intuiciones que a veces se tienen, aunque no gusten. Lo impidió y lo consiguió. Pero claro… lo consiguió durante un tiempo. Consiguió que dos personas estuviesen alejadas en el espacio y el tiempo, y evitó que sus vidas se cruzasen, aunque sólo fuese andando por la misma calle.

Y aquí viene la cuestión… ¿El destino es capaz de jugar las cartas del amor? Pues a veces pasa. Esas dos personas, muchos años después, se conocieron por casualidad. Y no hubo remedio, ni nadie lo pudo evitar. Tenían que conocerse, y eso había sido así desde muchos años atrás. Se enamoraron. Se enamoraron como jamás habían logrado hacer. Fusionaron risas, sueños y vida. De estas dos personas, una es buena amiga mía, de esas con las que comparto vinos y cigarrillos… Y os prometo que jamás he visto a nadie mirarse cómo lo hacen ellos. Y entonces, sé que la magia entre las personas existe, que el destino se ríe ante la maldad de la gente, y que todo ocurre cuando y dónde tiene que ocurrir. Entonces sonrío, porque sé que el amor bueno existe, el puro y verdadero, y que al final, siempre supera al que hace daño. O al menos intenta hacer daño (como veis, no siempre lo consigue).

Quienes hayáis visto la película, la habréis visualizado al leer esto… No tan lejos de la realidad, OBSESIÓN fue llevada al cine de la mano de Paul McGuigan en el año 2004. Con un reparto de lujo, Josh Harnett, Diane Kuger y Rose Byme forman ese trío amoroso en un film de etapas retrospectivas, de corte mixto, dramático y romántico a la vez.

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Matt es un joven que vive en Chicago cuando ve por casualidad a Lisa, una joven y atractiva bailarina. Hará todo lo posible por conocerla y conseguir que ella le conceda una cita. Lo consigue. Desde ese momento son inseparables. Se aman locamente y saben que ya no podrían estar el uno sin el otro. Todo cambia cuando, a punto de irse a vivir juntos, Lisa desaparece sin decir nada. Matt, destrozado, abandona la ciudad y decide empezar de cero. Dos años más tarde, y prometido con otra joven, la casualidad y el destino les brindan una oportunidad juntándoles de nuevo en la misma ciudad. Lo que Matt no sabe es que Lisa lleva dos años sintiendo la misma sensación de abandono, lleva dos años sin una explicación y que sigue tan enamorada de él como lo está él de ella. Alex, la mejor amiga de Lisa, y enamorada de Matt en la sombra, ha hecho y hará todo lo posible para que ellos no se vuelvan a encontrar.

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Si no la habéis visto, os la recomiendo para una de estas tardes grises y frías que ya han llegado. Porque a veces, hay gente mala que lucha por hacer daño a los demás, y porque la mayoría de las veces, el destino sabe cómo jugar.  Porque a todas esas personas, que siguen obsesionadas con una realidad que no les corresponde, la vida las sabe frenar, y yo desde esa terraza del centro de Madrid, con una copa de vino y un cigarrillo en la mano, les quise sonreír. Y desearles suerte, que les hace y les hará mucha falta.

Porque sin ninguna duda, el amor bueno se merece ser feliz.

Feliz martes, amigos.

Lorena.

Día de estreno y de cine español…

De la mano del director Alejandro Ezcurdia llega Tres60, un “thriller” (con historia de amor incluida) que no dejará a nadie indiferente.

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Guillermo (Raúl Mérida) es un joven universitario amante del surf que un día, por casualidad, encuentra un carrete antiguo en la casa de sus padres. Con la intención de acercarse a Daniela (Sara Sálamo), una estudiante de Bellas Artes y amante de la fotografía, decide revelarlo. En las fotos aparece Iván, un amigo de la infancia de Guillermo, desaparecido y dado por muerto desde hace casi una década. Además, aparecen una serie de fotografías espeluznantes que llevaran a los protagonistas a vivir una aventura que les parecerá más una pesadilla, con tal de averiguar qué ocurrió realmente con Iván.

Guillermo Estrella y Adam Jazierski formarán parte de esta trama, dándole un toque de humor a una historia de misterio y suspense. Estrella interpreta a Mario, el hermano pequeño del personaje principal, un experto en informática que ayudará a nuestros protagonistas en su investigación. Y Jazierski será Ruso, el mejor amigo de Guillermo.

Una de las sorpresas, es la intervención de Geraldine Chaplin, con un personaje escalofriante que te encantará.

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Hoy te quería contar que ayer estuve en la Premiere de Tres60, en la Gran Vía de Madrid. Soy una de las afortunadas que ya ha visto la película que a partir de hoy podremos encontrar en nuestros cines. Y digo afortunada, porque la película no tiene desperdicio alguno.

Sobre las nueve de la noche, la gente colapsaba la entrada de los cines Capitol a espera de poder ver a protagonistas y actores invitados para la presentación. Pasamos al cine y la gente que ya iba ocupando sus butacas comentaba las ganas que tenían de ver el film. Se apagaron las luces y entre aplausos vimos entrar a los actores, director y productores que subieron al escenario a dedicarnos unas palabras. Nadie se olvidó de mencionar a las víctimas del trágico accidente de tren ocurrido sólo un día antes en Santiago de Compostela. Además, todos llevábamos un lazo negro en nuestra ropa, que nos regalaron a la entrada. Mérida y Sálamo agradecieron, sobretodo, la oportunidad que se les había dado al rodar esta película, la primera para ambos, con la que se muestran satisfechos y encantados. A Raúl le hemos podido ver en varias series de televisión, y a Sara también, haciendo pequeños papeles en la pequeña pantalla.

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Suspense, nervios, tensión y amor son los ingredientes principales que se combinan en esta historia. Un giro de Tres 60 en surf significa dar un giro completo de 360 grados sobre la ola.  A veces, estos giros ocurren en la vida misma. Durante toda la película, se entremezclan unas imágenes del protagonista en el agua. A modo de metáfora, podemos ver en ellas un sueño que se repite, que no es más que el estado de ánimo de Guillermo. Puede resultar una película dirigida hacia un público juvenil pero, sin embargo, cuenta con una cuestión moral que tanto adolescentes como adultos, se querrán plantear al salir del cine.

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En la última escena, Guillermo le cuenta a Daniela que sigue soñando con el agua. “Sólo es un sueño“, responde ella. Un sueño que el espectador deberá interpretar. Final sorprendente, sin ninguna duda. Final que nadie se esperará a medida que avanza la historia, y final que te dejará con la duda, con la pregunta, y te hará ponerte en la piel de los personajes y valorar y decidir como actuarías tu en su lugar.

La pantalla se apagó entre los gritos y aplausos de los que allí estábamos. De Raúl y Sara sólo puedo decir que ha sido un verdadero acierto apostar por ellos. Están magníficos los dos. Así como Guillermo, el niño de la película.

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Santiago Segura, productor de Tres60, decía ayer en su presentación: “Si os gusta la recomendáis, y si no os gusta la recomendáis a vuestros enemigos. Siempre positivos: recomendar y que la gente vaya al cine”.

El cine está caro, es verdad. Lamentablemente nos están haciendo pagar nuestra cultura haciéndonos creer que es un capricho, cuando sólo es una forma de vida, de identidad. La cultura no es un lujo, no lo olvidéis. La cultura es nuestra historia, nuestra educación. No dejéis de ir al cine, no dejéis de consumir nuestro cine. Dadle una oportunidad este verano a Tres60 y daros la satisfacción de disfrutarla. Ya me contaréis.

Desde aquí, a todo el equipo de Tres60 sólo me queda desearles mucha suerte y muchos éxitos. ¡Enhorabuena a todos!

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Feliz viernes, amigos.

Lorena.