¡Qué orgullosa estoy de ti!

Esta semana he tenido que cambiar el jueves por el martes. Como muchos ya sabéis, el martes fue el Día de Reyes en España y por lo tanto fue festivo, así que lo dediqué a vivirlo con ilusión tras abrir regalos, a ver pelis y a comer mucho roscón… Ayer tuve que asimilar la vuelta a la rutina después de las Navidades y hoy, por fin, estoy aquí con vosotros.

Ayer por la mañana publiqué en mi Twitter que el post llegaba hoy. Lo que no podía imaginar es que el día de ayer acabaría siendo tan feo para el mundo. Es necesario que comparta con vosotros mi conmoción, mi dolor y mi impotencia ante lo ocurrido en el periódico Francés Charlie Hebdo. Como bien dije en mi página de Facebook anoche, el periodismo se basa en el derecho a informar y el derecho a ser informados. El humor forma parte de los seres humanos y la religión y el fanatismo son opcionales en la forma de vida y, a veces, acaban siendo algo totalmente enfermizo. No sabéis la tristeza que tengo. Se ha atentado contra una profesión y sobre todo contra un derecho como es la libertad de expresión.

Ahora sí, hoy te quería contar que la exitosa serie de Disney Channel, Violetta, ha empezado su gira mundial de conciertos y lo ha hecho en Madrid, y claro, no me lo podía perder.

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Hace poco más de un año, ya pude disfrutar del espectáculo en esta ciudad, en el mismo lugar, y sabéis que para mí fue algo muy especial. Este año, si cabe, lo ha sido más.

Unos días antes del concierto me reencontraba con uno de mis mejores amigos, con mi “hermanito” pequeño, ese hermano que he elegido en la vida. Diego y todo el elenco de Violetta, acababan de llegar a Madrid para empezar los ensayos de la esperada gira. Disfruté de él durante esos días, disfrutamos de ponernos al día, de parar el tiempo, de recordar momentos, de contarnos nuevos sueños… Y una vez más, entendimos que la distancia no ha cambiado nada entre nosotros.

El domingo por la mañana, mi otro “hermano” elegido, David, y yo, desayunamos al sol en una terraza al lado del Palacio de los Deportes, mientras esperábamos a nuestro amigo Marc. El día era espectacular, y el sol había salido sonriente para recibir el espectáculo en su ciudad. Entramos cuando sólo faltaban diez minutos para que empezase todo. Con las luces todavía encendidas pudimos comprobar, una vez más, el poder de masas del fenómeno Violetta. El Barclaycad Center estaba completamente lleno. Pista y todas y cada una de sus gradas estaban completas, llenas de niños y niñas llenos de ilusión, padres sonrientes y orgullosos, camisetas, globos, diademas, bolsos, vestidos y un sinfin de complementos de la serie y cientos de pancartas con fotos y nombres de sus ídolos adornaban el recinto. Miramos al escenario, uno de nuestros mejores amigos era parte de eso y en sólo unos minutos iba a estar aclamado y adorado por miles de personas. Sonreímos.

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David Laguía, Marc Suárez y yo

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David, Marc y yo

Se apagaron las luces… ¡Y comenzó el show!

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No podemos olvidar que Violetta Live es un concierto para que sobre todo disfruten los niños, pero es tan grande y espectacular el montaje que lleva que es imposible que no impacte también a los mayores. Juego de luces, escenas en las pantallas, vestuarios… Ni un solo detalle podía dejarte indiferente. Música, sonrisas, sueños… Magia. Eso es lo que se respiró ahí dentro. Desde nuestros asientos bailamos las canciones y aplaudimos con fuerza y enormemente orgullosos las actuaciones de Diego, que no podía estar más guapo.

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Por supuesto, la estrella indiscutible del show es Martina Stoessel, que encarna a Violetta, la protagonista de la historia en la ficción. Dulce y emocionada, se ganó un poco más el corazón de todas esas niñas que sueñan con su música y sueñan ser como ella. (Sigo sorprendiéndome al ver el “boom” que se ha creado con esta serie).

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Si el arranque de gira estaba siendo especial de por sí, para Diego Domínguez y Alba Rico, los dos españoles de la serie, era muy emotivo poder estar en su país y arrancar aquí esta nueva aventura. Así lo mostraron y compartieron con su público desde el escenario.

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Nosotros sabíamos que Diego estaba enormemente feliz, estaba disfrutando desde ahí arriba y nosotros estábamos disfrutando con él en medio del público. Madrid fue su ciudad adoptiva, su segunda casa, donde vivió años muy importantes de su vida justo antes de irse a Argentina.

Al acabar el concierto, pudimos reunirnos con él para abrazarle muy fuerte, para aplaudirle, para despedirnos hasta dentro de unos meses y para recordarle, una vez más, lo orgullosos que estamos de él y lo grande que es en todo lo que hace. Diego es un luchador y perseguidor de sueños, ya lo sabéis, y no podía tener una recompensa más grande. Violetta acaba en unos meses, pero estoy segura que su carrera profesional, que empezó hace ya muchos años pese a su corta edad, no va a dejar de sorprenderle, ni de sorprendernos. (Eres grande, hermano!)

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Marc, Diego, David y yo

Aunque no estuve allí, no puedo dejar de mencionar el que fue uno de los mejores días de su vida. Violetta Live aterrizó hace un par de días en Zaragoza, la ciudad de Diego, su tierra, su casa y su gente. Un día inolvidable para él. Su familia y sus amigos entre un público donde el calor de sus paisanos le llegó al corazón. Se emocionó (y mucho) al ver el cariño de toda su ciudad y se siente muy, muy orgulloso de todos ellos.

“Estar en Zaragoza y sentirme querido por doce mil personas que gritaban mi nombre… Sentir que estaba en el lugar dónde había nacido, estar con mi familia y mi abuela… Fue uno de los días más bonitos de mi vida, sin duda”. Me dijo Diego.

Ya sabéis que Violetta Live acaba de arrancar, todavía quedan algunos conciertos en España antes de que vayan a viajar por Europa y posteriormente por toda Latinoamérica. Si tenéis la oportunidad, no dejéis de ir a verles. Nunca olvidaré la cara de ilusión de los niños que estaban allí. David, Marc y yo nunca olvidaremos la cara de Paula y de su madre, para quienes aquel día fuimos sus Reyes Magos y a las que sabemos que hicimos muy, muy felices.

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David, Martina, Marc y yo

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Marc, Samu, David y yo

Me quedé con las ganas de que todo el público cantase “Chachi Piruli…”, pero me tendré que esperar a volver a verle y cantárselo entre amigos y risas… Aun así, no sabéis lo bonito y mágico que fue ver un lugar tan emblemático de Madrid a reventar de gente y ver a una de las personas más importantes de tu vida sobre el escenario. Me sigo emocionando.

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Gracias Diego, por ser como eres, por seguir siendo quien eras. Por tu sonrisa constante y tus sueños ansiosos, por tu magia… Déjame gritar… ¡Qué orgullosa estoy de ti! Te queremos hasta el infinito. Ya lo sabes. Mucha suerte en esta nueva gira y hasta pronto, hermanito.

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Buenas tardes, amigos.

Lorena.

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Suena una canción…

He de reconocer que tenía ganas de un otoño de verdad, de los de sacar abrigos y bufandas, gorros de lana y sombreros, de esos otoños en los que los días libres quieres estar en el sofá, abrazada a la manta, con una peli de fondo o un buen libro entre las manos… Con el frío tras la ventana y el placer absoluto de hacerle frente de este modo. Parece que, por fin, el frío ha llegado de forma permanente a Madrid y parece que va a quedarse con fuerza… Ayer fue una tarde de lluvia que dediqué a leer. Hoy un día nublado, con un tímido sol asomando, con un frío penetrante en la calle… Y me gusta verlo desde dentro, con el olor a café y Cometo a mi lado durmiendo.

Hoy te quería contar algo que me pasó hace unas semanas, a primera hora del día, mientras iba en el autobús…

Cómo muchos ya sabéis, además de la literatura, una de las grandes pasiones de mi vida es la música, mi mayor frustración siempre será no cantar bien (de hecho, Sergio dice que soy la persona que peor canta del mundo. Se pasa, ¿no?) 🙂 Creo que la música es una gran pasión de la vida de la mayoría de las personas. Escuchamos música desde el momento en el que nacemos y de forma inevitable e inconsciente empieza a formar parte de nuestra vida… Con el paso de los años, habrá diferentes tipos de música que elegirás como compañera de momentos, de felicidad y de lamentos.

Siempre he dicho y supongo que diré, porque así lo siento,  que mi canción favorita es La Fuerza del Corazón, de Alejandro Sanz. Quizás porque llegó hace muchos años a mí de una manera muy fuerte, quizás porque sólo era una niña y fue la primera canción en la que me paré detenidamente a entender su letra y dejar, sin límites, que me emocionase. Hay otras canciones que jamás me cansaré de escuchar como El Ruido, de David Bisbal, que es relativamente joven o En el Muelle de San Blas, de Maná. Hay canciones que escucharás en un momento determinado de tu vida y aunque estés años sin volver a saber de ellas, en el momento que vuelvan a aparecer te harán sonreír o te emocionarán.

Será inevitable a lo largo de mi vida que cualquier canción de Bom Bom Chip me arranque una sonrisa, por ser la BSO de mi infancia y por formar parte de mi madurez… Me pasará igual, como te pasará a ti, que sonreiré cuando escuche una canción del verano que me recuerde a mi adolescencia, a aquellas noches en las que la bailé con mis amigas, con la inocencia de la juventud y las ganas en la pista… Habrán canciones que siempre serán especiales, que reflejarán un primer amor, un amor soñado, un amor imposible o un amor olvidado y que cuando vuelvan a ti, te harán pararte unos segundos y asentir.

Hay canciones que siempre me harán quedarme en silencio, por las lágrimas que derramé con ellas en algún momento de mi vida, como Con Las Ganas, de Zahara o A Tientas, de Vega. Habrá canciones que te recordarán a amigos que pasaron por tu vida y ya no están, y otras que te recordarán a esos amigos que siempre estarán… Esa es la magia de la música, que vive contigo el paso de los años, que marca momentos y circunstancias, lugares y personas, que tiene el poder de hacer que miles de personas, en todo el mundo, puedan sentirse identificadas… Porque al final, como siempre digo, no somos tan distintos.

Hace un par de semanas, un lunes a primera hora, sonó una canción en el autobús, que me quitó el sueño de repente para arrancarme una sonrisa, para viajar en mi vida y emocionarme de la forma más bonita…

Soy la mayor de tres hermanos y aunque les quiero a los dos por igual, la diferencia de edad con cada uno de ellos ha hecho en el tiempo que vivamos cosas muy distintas. Miguel nació cuando yo estaba a punto de cumplir dos años y se convirtió en mi primer amigo. Con él compartí mis juguetes, mis peleas, mis risas, mis aficiones y nuestras diferencias… De pequeño, le encantaba hacerme rabiar. Todavía recuerdo el disgusto que me llevé cuando le cortó el pelo a una de mis Barbies… Crecimos juntos, teniendo casi la misma edad y eso, con los años, nos permitió compartir muchas, muchas cosas bonitas, amigos, secretos y experiencias.

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Miguel y yo. 1991.

Alex llegó como un auténtico regalo. Nació cuando yo estaba a punto de cumplir los doce años y se convirtió en mi juguete, en mi aire y mi vida. Doce años de diferencia que me hicieron disfrutarle de una forma muy especial… le bañé, le di biberones, le llevé de la mano en la playa, le acompañé en su primer día de guardería y de colegio, le ayudé a hacer deberes, le disfracé en carnaval, le conté cuentos y le quise proteger y dar todo lo bueno que podía haber en mí…

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Alex y yo. 2001.

Hace un par de semanas, un lunes a primera hora, sonó Sólo tú de Paula Rojo, mientras yo iba en el autobús… Me quitó el sueño para arrancarme una sonrisa, para viajar en mi vida y emocionarme de la forma más bonita… Como muchos de vosotros, a Paula la conocí a través de la televisión en la primera edición de La Voz, su dulzura y su ukelele hicieron que no pasase desapercibida para nadie… Allí, en su primera actuación, pidió cantar un trozo de esta canción, que había compuesto para su hermano pequeño, y desde ese momento me enamoró. Mucho tiempo después, tuve la oportunidad de entrevistarla para La Caja de Música, cuando su éxito ya era una evidencia y sus sueños seguían tan intactos y con tantas ganas como el primer día… Eso la hace especial. Si tuviese que describirla con una palabra sería magia, y esa magia es la que lleva a sus canciones, a su música y a nuestros corazones…

Aquella mañana de lunes, al escuchar su canción, la cual había oído ya muchas veces, me detuve y pensé que hacía mucho que no me volvía a encontrar con esa letra, me fue inevitable sonreír, porque tuve la oportunidad de viajar  por mi vida… Y en cada verso pensé en Alex, en lo pequeño que era la primera vez que le vi cuando sólo tenía unos minutos de vida, pensé en todos los años en los que se dormía conmigo en la cama, en todas aquellas tardes juntos, en nuestros paseos de la mano, en sus fiestas del colegio o sus fiestas de cumpleaños, en su dulzura, en su inocencia… Sentí la canción de una forma muy especial…

Alex ya tiene quince años y es más alto que yo. Me fue imposible no emocionarme, ver, una vez más, lo rápido que corre el tiempo y me sentí feliz por haberle dicho y decirle siempre, a él y a todas las personas importantes de mi vida, lo mucho que las quiero…

Alex y yo. pechón, Cantabria. 2014

Alex y yo. Pechón, Cantabria. 2014

Como en la canción, antes de conocerle, me hice mil preguntas sobre cómo sería, o cómo serían nuestros días..y “ahora lo sé, sólo pregunto el por qué, cómo en apenas segundos cuando te vi la cara, te comencé a querer… Y sólo tú, haces que llore riendo, haces que ría llorando y me pregunto cómo algo tan pequeño puede invadir la caja de mis recuerdos, los que ya apenas recuerdo si tú no estás en ellos… Sólo tú.”

Hoy, que hace una semana que volví a Madrid después de pasar unos días en casa, me he recordado lo afortunada que soy por tener una familia como la que tengo… Y me he acordado de aquel lunes en el autobús en el que Paula Rojo me hizo viajar por mis recuerdos y me emocionó.

Miguel, Álex y yo. 2014.

Miguel, Álex y yo. 2014.

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La vida, sin ninguna duda, no tendría sentido sin la música… Y ahora te toca a ti, ¿Cuál es tu canción favorita?

Feliz tarde, amigos.

Lorena.

De Madrid a Buenos Aires… Un millón de sueños.

Aunque el calor sigue paseando tranquilamente por las calles de Madrid, las pestañas del otoño empiezan a moverse, saben que ha llegado su momento y tienen ganas de despertar. Quizás es el otoño el que me ha hecho pensar en él, quizás porque en un otoño le conocí y quizás porque en el inicio de un otoño, hace ya un año, se marchó a Buenos Aires.

La cara de Diego Domínguez empezó a resultarnos familiar hace unos cuantos años. Tras el éxito de las primeras ediciones de Operación Triunfo, Gestmusic y TVE lanzaron en 2003 la primera edición de “Eurojunior“.

El concurso seguía unas bases similares al anteriormente mencionado, sólo que esta vez los aspirantes a convertirse en triunfadores y obtener una exitosa carrera musical oscilarían entre los 8 y 16 años. Yo recuerdo a Diego en ese programa. Su desparpajo, su carisma, su inocente simpatía, su “Chachi Piruli” o  su “Sinvergüenza” , que hasta los más mayores tarareabamos. Le recuerdo perfectamente. Lo que nunca imaginé es que años después, una ciudad, una tarde cualquiera, y una casualidad nos unirían y harían que ese niño, que ya había crecido, se convirtiese en uno de mis mejores amigos.

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Tras el éxito del grupo infantil que se creó a raíz del programa, 3 + 2, Diego siguió probando suerte en la música y junto a otra de sus compañeras creó “Juego de dos“, un duo musical que finalmente también se disolvió. Sin dejar de lado su pasión musical, empezó a estudiar interpretación y pronto tuvo pequeñas intervenciones en series  de televisión como Física o Química, Aída o El Secreto de Puente Viejo. Pero parecía que no llegaba una oportunidad de verdad, no la que él merecía, hasta el día en que me dijo que había hecho un casting para la serie Violetta (Disney Channel). Supe desde el primer instante que ese papel sería suyo.

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Hoy te quería contar que sólo llevaba poco más de un año en Madrid cuando un domingo de lluvia un amigo me presentó a Diego. Desde el primer instante compartimos risas y complicidad. Sin darme cuenta, al poco tiempo, ya compartíamos una fuerte amistad. Pronto nos unieron las tardes de café, las largas conversaciones, los secretos, las preocupaciones, los miedos… pero sobretodo nos unieron los sueños. Diego es una de esas personas que nunca deja de sonreír, de esas personas que ven el lado positivo de las cosas más negativas, de esas personas que ríen a carcajadas, de esas personas que siempre están dispuestas a ayudar a los demás, y de esas personas que tienen el corazón que podría salvar a medio mundo.

Entre guiones y libros bailaban nuestros sueños, los suyos y los míos. Parecía difícil alcanzarlos, pero sabíamos que si luchábamos por ellos, algún día llegarían. Recuerdo aquella tarde, sentada en un Starbucks en pleno corazón de la ciudad  con nuestro incondicional amigo David, cuando Diego llegó cargado con su guitarra. Venía de hacer un casting para una serie de Disney Channel, y si todo salía bien, se iría a grabarla a Argentina. Le miré y le dije que ese papel era suyo. Estaba totalmente convencida. Había llegado su momento, y yo lo sabía.

Lo demás ocurrió muy rápido. Pronto le confirmaron lo evidente y empezaba nuestra cuenta atrás. En un par de meses volaría hacia Buenos Aires. Sé que aprovechamos cada instante de ese verano, donde manteníamos largas conversaciones sobre cómo iba a ser todo a partir de ese momento, de qué forma iban a cambiar nuestros días y hasta qué punto permitiríamos que cambiase nuestra amistad…

 

Hace un año que Diego se marchó a abrazar sus sueños y sólo le hice prometerme que nada en él cambiaría. La última vez que le vi fue hace tres meses, en su última visita a España, y sonreí al ver que sigue siendo el mismo de siempre. A pesar de la distancia, del tiempo y del éxito.

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Diego recomendó este blog en su cuenta oficial de Twitter hace varias semanas. Desde entonces, no he dejado de recibir visitas, seguidores, y muestras de cariño de sus miles de fans. Y por eso, sentía que este post se lo debía a ellas, porque deben saber que idolatran a una persona que tiene un corazón enorme y la humildad pegada a la piel. Este post se lo debía a Diego, mi “Chachi”, mi hermanito pequeño, porque está dónde se merece. Y este post me lo debía a mí, para no olvidar nunca dónde y cuándo empezamos a soñar.

Diego corona, en forma de póster, la habitación de mi prima pequeña y yo sonrío con nostalgia, porque aunque el éxito profesional casi siempre es un éxito personal, sé que no es fácil vivir a miles de kilómetros de tu familia y de las personas que son el pilar base de tu vida. Pero sé que a pesar de ello, él es feliz. Muy feliz.

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Este post es tuyo, Diego. Es mío. Es de todos los que no nos cansamos de luchar por aquello que queremos alcanzar. Gracias por estar siempre a mi lado, y por no entender nunca de distancias. 

 

Por los sueños que aún nos quedan… Por un millón de sueños.

Lorena.