Sin Identidad.

Como os contaba en el post de la semana pasada, estas semanas estoy viviendo un montón de cambios y emociones en mi vida. El martes, os anuncié en la página de Facebook que el nuevo post iba a esperar unos días. Lo decidí así porque me había cogido unos días de vacaciones y estaba en mi pueblo, así que decidí disfrutar 100% y en todo momento de mi gente, de los reencuentros, los cafés o las cañas, los días de playa y piscina…

Ayer llegué a Madrid para deshacer una maleta y hacer otra, porque hoy te quería contar que no voy a estar por aquí en unas semanas… Me marcho fuera de España por trabajo, por un nuevo proyecto por el cual estoy muy feliz e ilusionada y quizás puedo encontrar un hueco y ponerme a escribir, pero me conozco y seguro que querré exprimir la experiencia al máximo y en mis ratos libres voy a querer pasear y aprovechar para perderme por las calles de una ciudad tan maravillosa y con tanta magia, tan bonita y bohemia, como lo es París. Os prometo que cuando vuelva, os contaré todo, os hablaré de este nuevo proyecto y de esta nueva etapa profesional de mi vida. 😉

Sabéis de sobra que me encantan las series de televisión, y aunque me gustan tanto las nacionales como las internacionales, sabéis que yo soy de apostar fuerte por lo que tenemos en casa. Creo que en este país tenemos grandes actores y actrices, creo que tenemos grandes directores, grandes guionistas,  y sí, creo que tenemos grandes series de televisión. 

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Ultimamente, y no sé muy bien por qué, me he enganchado a varias series y cada una de ellas han pasado a ser las protagonistas de cada uno de los días que tiene la semana (al menos de lunes a viernes) como cuando era adolescente. Sin ninguna duda, una de las series que más me ha gustado en los últimos tiempos ha sido Sin Identidad. El pasado miércoles, mientras creía que se acercaba el último capítulo, aún creyendo que había muchas tramas por resolver, os aseguro que pasé momentos de verdadera tensión (¡es una maravilla!). Para mi sorpresa (y la de mis amigas, que habíamos decidido cenar y ver el final juntas), la serie continúa la semana que viene, cuando supongo que acabará, y os aseguro que voy a lamentar no estar aquí para verla (aunque obviamente, la veré online lo antes posible).

No me quería marchar sin hablaros de esta maravilla que me ha tenido pegada frente al televisor cada miércoles, semana tras semana.

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María Fuentes (Megan Montaner) es una joven abogada que viene de una de las familias más prestigiosas de Madrid, la familia Vergel. Su vida cambia cuando descubre que es una niña robada y que fue arrebatada de los brazos de su madre biológica para ser vendida de forma ilegal a esos padres refinados que le han mentido durante toda su vida. En ese momento, empieza una lucha contra la familia que la ha visto crecer, mientras no descansa hasta encontrar a su verdadera madre y disfrutar junto a ella y su hermana Amparo (Verónica Sánchez) el tiempo perdido. Las cosas empiezan a complicarse mucho más de lo esperado cuando su tío Enrique (Tito Valverde), un prestigioso ginecólogo, teme que la trama de los niños robados salga a la luz. Decide ordenar el secuestro de María y hacerla desaparecer, con la complicidad de Amparo y su novio Curro (Antonio Hortelano). María es vendida a un árabe y de ahí a la mafia china donde es prostituida durante trece años, hasta que consigue escapar y volver, en un principio, bajo el nombre de Mercedes Dantés, convertida en una persona totalmente distinta, para vengarse de todos aquellos que le arruinaron la vida y le hicieron tanto daño.

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Corrupción, mentiras, maldad, egoísmo, apariencia, falsedad, dinero, sangre y manipulación son los ingredientes que envuelven la personalidad de los diversos personajes de esta serie de Antena 3. Nada es lo que parece, todos tienen algo que esconder, todos tienen desde una pizca de maldad a una maldad infinita… Menos Pablo (Eloy Azorín), el bueno oficial de la serie, un informático locamente enamorado de María, que la ayudó 13 años atrás y seguirá estando ahí, al pie del cañón, cuando ella vuelve, para ayudarla y hacer que todos los culpables paguen lo que hicieron.

Sin Identidad cuenta con un reparto de lujo y creo que hacía mucho tiempo que el trabajo de los actores no me parecía tan impecable, sin ninguna excepción. Todos y cada uno de ellos están brillantes en esta historia de ficción que estoy segura nos va a mantener en vilo hasta el último segundo.

Lydia Bosch, que siempre me ha encantado y vuelve a encantarme una vez más, Miguel Ángel Muñoz, que me ha sorprendido gratamente en este trabajo, Tito Valverde, el malo malísimo que no puede estar más espectacular, Eloy Azorín, que se ha ganado el corazón de gran parte del público femenino, Jordi Rebellón, el bueno del padre de María que quiso luchar contra la familia que tanto daño le había hecho, Daniel Grao, encarnando a Juan que nos ha causado más de una decepción, o Victoria Abril, impecable haciendo de una mujer alcohólica y desesperada, con demasiados palos por parte de la vida… Estoy segura que todos los que habéis seguido la serie estáis de acuerdo conmigo en que se salen, que están brillantes, todos y cada uno de ellos.

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Es verdad que necesito destacar, por un lado, a Megan Montaner, que ha bordado el papel de María desde la dulzura y la calma que la caracterizaban en la primera temporada, a la frialdad y rabia que ha derrochado en cada mirada de la segunda. ¡Bravo!

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Por otro lado, y para mí la más brillante de todo el reparto, está Verónica Sanchez, que con su Amparo, estoy segura que ha disfrutado como nunca. Lo he twitteado durante muchos capítulos, porque no ha dejado de sorprenderme cada semana: este ha sido el papel de su vida. No puede estar más espectacular, más auténtica, más genial… Está ENORME. Verónica Sánchez (eterna Eva de los Serrano) creo que ha marcado un antes y un después en su carrera profesional gracias a este trabajo, que ha conseguido emocionarla más de una vez, tal como ha transmitido en su perfil de Instagram.

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Hace uno o dos meses, me la encontré en una tienda del centro de Madrid, quise darle la enhorabuena, porque cuando alguien hace bien su trabajo, merece que se le feliciten por ello, porque eso alegra a cualquiera, pero había mucha gente y al final, decidí no hacerlo. Lo he lamentado muchas veces.

Se acerca el final de Sin Identidad, una de mis series favoritas de todos los tiempos, una de esas serie que estoy segura recordaré con el paso del tiempo, una de esas serie que, seguro, dentro de unos años, tendré la necesidad de volverla a ver. El último capítulo me pillará fuera de España, pero os aseguro que aunque sea unas horas después, lo disfrutaré y twittearé con la misma intensidad y emoción de siempre.

Si no la has visto, te recomiendo que lo hagas, después de leerme, sabes que no puedo hacer otra cosa. Sabes que me ha encantado y yo estoy segura que te encantará.

Mi más sincera enhorabuena a todas y cada una de las personas que han trabajado en este proyecto… de verdad.

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Nos leemos en unas semanas.

¡Disfrutad del verano!

Feliz sábado, amigos.

Lorena.

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Me gusta todo, menos tú.

Como cantaba mi amigo Mario en una de sus canciones: algo estamos haciendo mal. No ha sido nuestra culpa, o tal vez sí, pero algo estamos haciendo mal.

Hoy te quería contar algo en lo que todos deberíamos estar de acuerdo, con nuestras diferencias y preferencias, pero con las ideas superficiales, al menos, iguales. El problema es que estamos de acuerdo muchos, pero no todos, y ahí es cuando algo falla, porque algo falla.

Hoy quiero hablarte de lo mucho que me gusta el país en el que vivo y lo poco que me gustas tú. Quizás suena un poco frío, pero es la verdad.

Me gusta mucho mi país, es un país bonito, aparentemente tranquilo… Me gusta su sur, con sus rincones, sus colores, su calorcito, su arte, su acento, su clima, la gracia de su gente… Me encanta su norte, con esos paisajes de ensueño, tan verdes, tan bonitos, su agradecido fresquito en verano, sus lluvias, su comida, la bondad de su gente… Me gusta Barcelona, por ejemplo, la ciudad de mi libro favorito, la ciudad que para mí es un sueño, tan cosmopolita, tan avanzada siempre, me gusta su gente, su idioma, me gustan sus valores… Me gusta (y mucho) la capital de mi país, esta ciudad que he hecho un poco (bastante) mía,  me gustan sus calles, su vida, su mezcla, su cultura, sus pocas ganas de dormir, me gusta su gente, sus costumbres… Me gustan todos los rincones de mi país, unos más bonitos que otros, cada uno con sus cosas, una maravilla en su conjunto… Me gusta, por supuesto, Valencia, mi tierra, mi casa, me gusta el clima del Mediterráneo, su comida (¡viva la paella y la cassola!), me gustan sus playas, sus fiestas de Moros i Cristians, me gusta su lengua, me gusta su gente…

Me gustan tantas, tantísimas cosas… Me gusta todo, menos tú.

Vivo en un país precioso, de verdad te lo digo. Un país donde se hablan varios idiomas, un país que me transmite buen rollo, energía y felicidad. De mi país me gusta casi todo, y digo casi, porque no me gustas tú.

Me gusta mi país, me gustan sus médicos, me gustan sus profesores, me gustan sus periodistas, me gustan sus músicos, me gustan sus actores, sus directores de cine, me gustan sus escritores, me gustan sus deportistas, me gustan sus profesionales, porque los hay, perfectamente preparados y capacitados en cualquiera de los ámbitos. Me gusta su historia, su cultura, sus monumentos, me gusta la Giralda, la Sagrada Familia, la Catedral de Santiago, La Alhambra, El Palacio Real o La Puerta del Sol… Me gusta todo esto que se ha ido conservando y cuidando a lo largo de los siglos, con el paso de la gente y del tiempo.

No me gustas tú, porque lo estás destruyendo casi todo.

Vivo en un país maravilloso, con personas maravillosas… Pero siento una vergüenza extrema cada vez que veo a cualquiera de los políticos que creen que nos representan. Vivo en un país donde la corrupción está a la orden del día, donde nos roban por todos lados y  donde se consiente. Vivo en un país donde roba todo el mundo que tiene el mínimo poder, desde el alcalde de un pequeño pueblo hasta el yerno del rey, y eso me llena de tristeza, de rabia y de impotencia.

Vivo en un país dónde algunos tapan a los que roban, los esconden, y si salen a la luz, se atreven a justificarles. Vivo en un país donde nos han recortado en sanidad, siendo una de las mejores de Europa, donde nos han recortado en educación, tan básica y esencial, vivo en un país donde violan su cultura, manteniendo un IVA del 21%.  Vivo en un país donde siento tanta tristeza…

Supongo que muchos sabéis que mi lengua materna es el valenciano, es mi primer idioma, y en valenciano me he criado y educado. He estudiado en valenciano e incluso hice la selectividad en valenciano. Siempre he defendido mucho mi lengua, tan digna, tan bonita, tan nuestra… El valenciano es mi familia, mi pueblo, mis amigos de siempre, es mi tierra, es mi historia y es mi cultura.

Hace unos meses, al comenzar las fallas, la alcaldesa de Valencia (no voy ni a escribir su nombre, no quiero manchar este post) daba un discurso lamentable inventando todas y cada una de las palabras que pronunciaba en valenciano. Mi lengua, y la de muchos. No pude sentir más vergüenza… ¿Cómo una señora que cobra un sueldo que multiplica el de cualquier trabajador no sabe ni si quiera hablar el idioma de su tierra, el idioma oficial de la ciudad a la que representa? ¿No os parece surrealista? Desgraciadamente, esto no fue lo peor. No lo fue. Mientras las redes sociales se llenaban de comentarios y de videos sobre el discurso, mientras la mayoría de los ciudadanos no daban crédito a lo que había sucedido… Pasó algo realmente alucinante, que os prometo me hace plantearme dónde está la razón del ciudadano y dónde está la cultura de las personas. Lo peor, para mí, fue que hubo gente que se atrevió a salir en su defensa, se plantó ante el balcón del ayuntamiento con pancartas como “¡Viva nuestra alcaldesa!” o “Yo con el valenciano también me lío, pero de Rita me fío” (esta última me mató). Os prometo que tenía ganas de llorar…

Que los políticos nos roban es un secreto a voces, pero que se destapen constantemente tramas de corrupción y que la mayoría de ellos estén tranquilamente en la calle, cobrando sueldos de por vida y riéndose a carcajadas de todos los ciudadanos me da mucho asco. Hace unos días salían a la luz unas facturas de esta misma señora, la alcaldesa de Valencia, en las que se reflejaba que en los peores momentos de la crisis gastaba dinero de forma desorbitada, en cosas innecesarias como suites de hoteles, comidas de lujo, bebidas alcohólicas o coches privados con chófer… Mientras tanto, miles de ciudadanos se preguntaban cómo poder pagar las facturas de luz y agua, cómo comprar los libros de los colegios de sus hijos o cómo poder darles de comer en condiciones. Cuando los periodistas le preguntaron, tuvo la poca vergüenza de responder, para justificar estos elevados gastos, que no quiere “cutrerías” para Valencia. Ay, perdone, ¿es que ese dinero estaba siendo destinado a un colegio, a un hospital, o a un parque infantil? Porque me pierdo.

La alcaldesa de Valencia sólo es una entre cientos. Todos ellos me dan asco, mucho asco,  pero quien no me gusta eres tú. Si, tú, el que les vota, el que aún sabiendo todo eso, les apoya, como si a ti no te estuviesen robando nada, como si sólo me lo estuviesen robando a mí.

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Dentro de unos días empieza mayo, uno de mis meses favoritos, con su día uno como festivo: el día del trabajador. Yo estoy muy contenta porque ese día descanso. Desde hace unos años me acuerdo de todos los que tenemos suerte de tener un trabajo, pero, sobre todo, me acuerdo de todas esas personas que llevan mucho tiempo luchando por un trabajo digno. Me acuerdo de todos esos padres de familia que ya no encuentran trabajo porque “ya son muy mayores”, me acuerdo de todas esas mujeres que luchan incansablemente por poder tener un trabajo y mantener sus familias y sus hogares… Me acuerdo de todos y cada uno de esos jóvenes licenciados, brillantes, con un curriculum impecable, que están trabajando de camareros o limpiando hoteles en cualquier rincón de Europa, me acuerdo de los que tuvieron más “suerte”, y ejercen su profesión y vocación en otro rincón del mundo, con la consecuencia de estar lejos de su gente, de sus familias, de sus casas, de sus ciudades y sus calles… Y entonces, me vuelve a invadir la pena. Entonces me acuerdo de todos estos malditos políticos corruptos, a los que la gente ha elegido para representarles, para que luchen por sus derechos y mejoren su bienestar social, pero no lo han hecho, y aún así, les vuelven a votar. Entonces me acuerdo de esa gente que les vota y me encantaría que me explicasen por qué lo hacen y entonces pienso “tenemos lo que nos merecemos”, pero no, no nos lo merecemos. Se lo merecen los que les apoyan, pero no nosotros, no el resto.

Trabajar es un derecho, pero mientras miles de personas en mi país no tienen un trabajo digno, mientras miles de personas no tienen trabajo, sus políticos roban y viven vidas de lujo.

Vivo en un país muy bonito, te lo prometo… De él me gusta todo, menos tú.

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Buenas tardes/noches, amigos.

Lorena.

Asesinos.

Nunca pensé que llegaría a gustarme tanto el sabor de la manzanilla… Últimamente estaba tomando demasiado café y aunque bebo manzanilla de vez en cuando desde hace años, es verdad que en las últimas semanas se ha convertido en una infusión casi diaria, y me encanta. Con una manzanilla caliente y el gris tras la ventana, con el frío temprano que ha llegado con tanta fuerza a la capital, hay algo que hoy te quería contar.

Hoy me he reafirmado en algo que llevo pensando desde hace mucho tiempo, y es que… la mayor parte de mi tiempo libre la invierto en el móvil, y me parece un absoluto error (¡y horror!). Me gusta estar enterada de todo al momento, los que me conocéis de verdad y los que sólo me conocéis a través de internet, sabéis de sobra que soy una gran adicta a las redes sociales y a la comunicación. Cuando decido coger el día con calma, sin ningún tipo de prisa, cojo el teléfono y abro una red social, empiezo a leer noticias o a ver fotos de amigos y conocidos… y así, sin querer, quedo totalmente absorbida y soy incapaz de controlar el tiempo. La verdad es que me preocupa, y sobre todo me preocupa pensar que no soy la única y que somos esa nueva generación de la tecnología que vivimos rodeados de mensajes instantáneos, redes sociales y móviles en nuestras manos…

Mi cuenta de Facebook personal la uso para compartir fotos más personales con mis amigos, para ver las suyas, para escribirnos y comentarnos y Twitter es la red social que utilizo para leer noticias, para leer y hablar con gente que no conozco, para informarme, para hablar sobre el blog y por supuesto, muchísimas veces para dar mi opinión sobre temas de actualidad y otros que no lo son.

Al abrir Facebook hoy, me he encontrado, como siempre, con un montón de fotos de amigos con sus mascotas, me he encontrado con fotos de protectoras de animales que no paran de subir cada día casos nuevos sobre perros abandonados que necesitan adopción… Y al abrir Twitter, la noticia que predomina la gran parte de los medios de comunicación que sigo es la llegada del ébola a España, el contagio de la enfermera y su evolución. Inmediatamente, he mezclado estos dos temas y me he acordado de su perro.

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Durante toda esta semana, aunque hablé del tema de forma breve en mis redes sociales, he estado pensando mucho sobre si escribir o no sobre ello, pero hoy, he sentido la necesidad de hacerlo.

La noticia sobre el contagio de otra enfermera en Estados Unidos y el protocolo que se ha seguido con su perro (al que han puesto en cuarentena y observación para poder analizarlo y hacerle pruebas), deja claro, una vez más, la falta de cordura de las personas que gobiernan este país. Deja claro, una vez más, que somos el hazme reír del mundo. Los pardillos por excelencia.

Cuando me enteré que iban a sacrificar a Excalibur, el perro de la enfermera española, sin ni si quiera hacerle ningún tipo de prueba para saber si había contraído la enfermedad, se me paró el corazón. Cuando escuché a su marido, en una intervención telefónica en un programa de televisión pidiendo a los ciudadanos que, por favor, hiciesen campaña y no dejasen que esto ocurriese, cuando explicaba que su perro llevaba doce años con ellos y que era, sin ninguna duda, parte de su familia, cuando explicaba el dolor que sentían, desde un hospital en el que están ingresados sin poder salir, entendí su rabia y se me partió el alma. El alma se me partió de dolor, de impotencia y de indignación.

Me da mucha vergüenza el país en el que vivo. Muchísima. Mi país es precioso, si intento observarlo, veo un país lleno de color, de gente cálida, alegre, con su encanto del norte y su gracia del sur, un país dónde se come de maravilla, un país maravilloso. Pero resulta que mi país lo están destruyendo. Lo están destruyendo una panda de políticos corruptos, incompetentes, egoístas, sin escrúpulos, y no, no me refiero que estén destruyendo sus ciudades y sus calles, están destruyendo a TODOS los ciudadanos que representan (Sí, incluso a aquellos que todavía se atreven a defenderles). Están destruyendo las ilusiones de las personas, los sueños, las ganas, la economía y su bienestar social, pero se ríen. Ellos roban nuestro dinero, viven en casas de lujo, visten ropa carísima y comen en restaurantes que muchos españoles jamás podrán pagar. Así es España, un país de desigualdad, de un gobierno sinvergüenza que nos está quitando la vida (nunca mejor dicho).

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Siempre he sido una gran defensora de que cualquier ser humano puede equivocarse, claro, no somos perfectos, pero cuando unos políticos se equivocan en absolutamente todo y no hacen nada, nada bien, es que algo está fallando, ¿no? Pero tranquilos, ellos no sufren. Les da igual que un país entero esté desesperado pidiendo su dimisión, les da igual todo eso, lo que yo me pregunto es a qué tipo de personas representan, porque a mí, desde luego, NO.

Me puede dar mucha pena que un señor español se haya ido a realizar una labor humana a un país tercermundista y haya contraído una enfermedad, puedo entender que sus familiares quieran que vuelva a casa para darle su último adiós, pero ojo, lo entenderé siempre y cuando esto no ponga en peligro la vida de miles y miles de personas. ¿En qué momento al gobierno se le ocurrió traer a un enfermo de ébola a Madrid cuando ningún hospital estaba preparado para ello? ¿En qué momento pusieron en peligro la vida de trabajadores y ciudadanos? ¿En qué momento nos prometieron que estaba todo controlado? ¿Habrían hecho lo mismo si los enfermos en vez de ser curas, hubiesen sido voluntarios, militares, o periodistas, por ejemplo?

Hijos de puta.

Si mi amigo Fermín me viese ahora mismo, me diría que no es bueno tener tanta rabia dentro, pero en cuanto a esto, no sé sentir otra cosa.

La realidad es que hay una enfermera enferma, en estado grave, que seguramente no sobreviva, un marido destrozado, una familia rota, un país consternado. Además de ello, porque les corría mucha prisa, asesinaron a su perro. Sin ningún tipo de prueba, sin ningún tipo de escrúpulos. Un país entero gritando y haciendo ruido en las redes sociales, expertos pidiendo que por favor no se hiciese, asociaciones de animales queriendo hacerse responsables del animal, pero nada, una vez más, nuestra voz no importaba. Sinvergüenzas, asesinos.

Cuando mataron a Excalibur, tuve ganas de llorar todo el día. Quienes tenemos mascotas, no es que pensemos que son parte de nuestra familia, es que sentimos que es así. Quien conoce el amor de un animal sabe que es puro, incondicional, fiel… Quien conoce el amor de un animal, sabe que es mucho mejor que el de los seres humanos, que aunque nos duela, somos egoístas por naturaleza. Quienes conocemos el amor de un animal sentimos la muerte de Excalibur como una descabellada e injustificada noticia. Habían opciones, porque las había. Quienes sentimos el amor de un animal, aquel día sentimos como la rabia se apoderaba de nuestros corazones y como el odio hacia aquellos que nos gobiernan (que no representan, insisto) se incrementaba por momentos.

Aquella misma noche, leí algo que me sorprendió muchísimo, algo que a mi amigo Antonio le sorprendió tanto como a mí, y con quien pude estar un buen rato hablando sobre ello. Resulta que hubo (y hay, supongo) gente que publicaba en sus redes sociales que mientras miles de niños se mueren de hambre o sida en el mundo, la gente se estaba preocupando por un perro, y  eso les parecía insensato. No daba crédito a lo que leía.

Vamos a ver, todos aquellos que publicasteis cosas similares, ¿qué nos preocupemos por el sacrificio de un animal inocente, del cual no había ninguna prueba de que estuviese enfermo, significa que no nos importe que muera gente en el mundo? ¿Me explica alguien qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Me explica alguien el por qué de esos comentarios absurdos? ¿Estamos locos? Desgraciadamente, muere muchísima gente diariamente en el mundo, gente inocente, gente sin recursos, niños pequeños… y a mí, por supuesto, se me rompe el alma. Pero entonces, ¿si defiendo la vida de un animal es que están dejando de importarme la vida de las personas? Perdonadme, pero me parece ridículo.

Pero bueno, como todo en la vida, siempre habrá gente a la que no le parezca bien lo que hagas. Por suerte, a raíz de este tema, me he dado cuenta, una vez más, que queda todavía mucha gente buena, gente con corazón, gente con ganas de gritar las injusticias y gente con ganas de acabar con esta maldita situación de corrupción  e incompetencia.

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Hoy, sin ninguna duda, os he escrito desde la rabia y el corazón, intentaré volver con un post más alegre.

Feliz tarde, amigos.
Lorena.

El Rey León

¡Buenos días a todos! Un jueves con sabor a domingo, a sábado… Un jueves festivo, y a mí, como supongo que nos pasa a todos, los días festivos me encantan. Hoy vengo con un post cargado de unos temas que abrazan la actualidad desde hace unas semanas y que han cobrado protagonismo precisamente esta. Unos temas que a mí, me preocupan un poco.

No es que yo entienda mucho de fútbol, la verdad. No suelo ver partidos porque sí, pero cuando se trata de la selección, siempre que puedo lo veo. Claro que sí, ¿por qué no? El fútbol es un deporte que gusta a mucha gente y yo me alegro cuando el equipo que prefiero que gane gana un partido, me alegro cuando la selección gana un partido, pero no se me va la vida cuando no. Es un juego, es así. Unas veces se pierde, otras se gana. Ayer, tras el partido en el que la selección española fue eliminada del Mundial de Fútbol, aluciné con los comentarios de la gente en Twitter. Aluciné con los insultos, la rabia y la frustración. Para empezar, las faltas de respeto por un partido de fútbol me parecen algo descabellado, y me dan pena aquellos que insultaban a unos jugadores que hace años les hicieron muy felices. Así de irracionales somos. Pero creedme que lo que más me sorprende es que a la mayoría de los ciudadanos sólo les preocupe esto.

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No puedo entender, ni podré entender jamás como la gente lucha incondicionalmente por defender a su equipo en un partido y como no lucha por defender sus derechos sociales, los de sus hijos, los de sus hermanos, los de sus padres, los de sus abuelos o los de sus amigos. Que el ambiente, el buen ambiente, que produce el fútbol es muy divertido, que no lo niego. Obviamente, me gusta ver un partido rodeada de mis amigos, entre cervezas, risas y buen rollo. De ahí, a que el fútbol sea mi máxima preocupación, con la que esta cayendo en mi país, dista muchísimo todo. Insisto, que no quiero que haya confusiones, no critico a los que disfrutan y viven este deporte, a los que lo aman con pasión como yo pueda amar la música o el cine, simplemente estoy diciendo que debemos ser un poco más racionales y coherentes y debemos empezar a asimilar que no podemos darle toda la importancia a un partido cuando a nuestro lado hay mucha gente pasando hambre. Somos egoístas por naturaleza porque somos seres humanos, ahí no hay tema de discusión, pero por favor, vamos a luchar y a dejarnos la vida por lo que realmente nos está pasando.

A mí me da pena que España haya sido eliminada del mundial, claro, pero lo que realmente me preocupa es que a los ancianos les quiten sus pensiones, me da pena que un español tenga que esperar la escalofriante cifra de 67 días de media  para ser atendido por un médico especialista, lo que me da pena es que este verano miles de niños de nuestro país no vayan a poder comer en condiciones porque acaba el curso escolar y cierran los comedores escolares (ya casi sociales), lo que me da pena es la gente que se queda sin casa porque los desahucian, lo que me da pena es que las mujeres no puedan elegir si quieren abortar o no, lo que me da pena es que nuestra población sea casi la única con pobreza infantil de toda Europa, lo que me da pena es que haya padres de familia que no puedan dar de comer a sus hijos, lo que me da pena es que miles y miles de jóvenes recién licenciados, preparados, y con una formación académica brillante se hayan tenido que ir fuera de su país, obligados, para poder tener una oportunidad de trabajo… Esas cosas, amigos míos, esa realidad que nos rodea día tras día, a la que a veces, por dolor, muchos deciden no mirar, esa realidad y esas cosas son las que me preocupan. Estas son las cosas que me duelen, que me hierven la sangre y me hacen morir de pena.

Por suerte, tengo un trabajo estable (no el trabajo de mi vida ni en lo que quiero trabajar, claro), y tengo un sueldo fijo cada mes, y me han hecho asumir que tengo que dar las gracias por tener trabajo, que es un derecho, y han confundido y nos han hecho confundir con un privilegio. Es absurdo repetir la impotencia que me produce la corrupción, los sueldos desorbitados de nuestros políticos, que no contentos con ello, roban y estafan. Pero por encima de todo esto, si no estoy dispuesta a algo, es a retroceder en el tiempo. No quiero recortes en nuestros derechos sociales, en nuestros derechos vitales. Ya está bien, hombre, ya está bien.

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No os imagináis cómo está el centro de Madrid desde hace días. Arreglo de calles, muchísimos policías vestidos de paisano, banderas por todos lados, medidas de seguridad extrema, un gasto que no quiero ni imaginar… Ayer intentaba explicarle a una chica extranjera que hoy el centro iba a estar lleno de gente porque se coronaba al príncipe, que pasaba a ser rey, ella me preguntó si eso era cada cierto tiempo y si lo habíamos elegido nosotros. Con mucha vergüenza le dije que no. Vamos a ver, os prometo que dentro de todo, Felipe y Letizia son personas que no me caen mal del todo, pero de ahí a que quiera que se me impongan como reyes, varía mucho todo.

Vivimos un momento histórico importante, una abdicación, una coronación, infantas que ya no serán nadie, reyes, príncipes y princesas… En el sigo XXI. ¿No os parece un poco medieval todo? Pero como yo, desde aquí, quiero respetar la opinión de todos, lo único que voy a defender es que, al menos, nos dejen elegir al pueblo. Vivimos en un país democrático y si somos mayores para votar unas cosas, digo yo que también lo somos para votar otras, no?

Tras 40 años de monarquía creo que todo ha cambiado. Los tiempos, la sociedad, las personas, las generaciones… Y creo que es el momento de poder tomar decisiones, al menos, tener el derecho a ello. Creo que si hubiese un referéndum seguiría habiendo monarquía, o quizás no, quizás hace unos cuantos años si, pero, ¿sabéis cuál es el problema ahora? Que la gente está cansada. La gente está pasándolo realmente mal. La gente no puede comer, no puede darle una vida digna a sus hijos, hay gente que vive en condiciones infrahumanas y que no tiene casi fuerzas ni ilusión, pregúntale a una de esas personas si está dispuesta a pagar la vida de los reyes, el colegio de sus hijas o la ropa que diseñan exclusivamente para ellas. Me muero de pena, os lo prometo.

El día que el rey hizo pública y oficial su abdicación y anunció que su hijo sería el próximo rey de España, esa misma tarde, miles de personas, en todas las grandes ciudades de nuestro país, se lanzaron a las calles, pidiendo un referéndum y haciendo fuerza sobre su derecho de poder elegir o no. Yo pensé en Letizia. Pensé en Letizia Ortiz como periodista, como ciudadana de a pié, como hasta hace unos años era, pensé en ella profesionalmente y pensé si de verdad no se le estaría encogiendo el corazón.

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El mundial de fútbol y la monarquía invaden nuestras noticias, los kioscos y las portadas de la prensa. Perdonadme si me preocupan más otras cosas que creo que deberían preocuparnos más a todos. Si nosotros tenemos una vida buena, un trabajo estable y no nos falta de nada, pensemos que a miles de personas, a nuestro lado, en nuestra misma calle y en nuestra misma ciudad,  les falta mucho y nada de lo que está pasando es justo.

Perdonadme los más monárquicos, pero yo no quiero una monarquía que se va de safari y mata elefantes por diversión, no quiero una monarquía manchada por la corrupción, no quiero una monarquía impuesta que lo primero que está recortando es la libertad de expresión.

Perdonadme los más monárquicos, pero a mí, si hay un rey que me produce ternura, amor y sonrisas es sólo el Rey León. 

Unknown

Feliz jueves, amigos.

Lorena.

Hace días que empecé la cuenta atrás…

Hace días que empecé la cuenta atrás. La Navidad es, sin ninguna duda, mi época favorita del año. Es el momento de volver a casa, de estar con los míos, de preparar pasteles, de comer y hacer sobremesas que podrían ser eternas, es momento de ilusión, de esperanza, de dar gracias a la salud cuando no toca la lotería, el momento de sonreírnos y saber que los problemas, al fin y al cabo, con el tiempo desaparecen. Me encanta decorar mi casa, ver las luces en la calle y escuchar villancicos…

Hoy te quería contar que el otro día paseaba con un amigo por la calle Goya, en el corazón de uno de los barrios más prestigiosos de Madrid. Allí, entre el lujo y la estupidez de muchos, me detuve a mirar el escaparate de una juguetería poco común y cada vez más necesaria. Reconocí algunos juguetes al instante, muchos de ellos eran los juguetes de moda cuando yo era niña. Juguetes que jamás se vendieron, otros de segunda mano, preparados y arreglados con suma elegancia y delicadeza como si acabasen de salir de fábrica… Ninguno de los juguetes superaba los diez euros, y supe que aquella juguetería pretendía ser la ilusión de los pobres en un barrio de ricos. Porque sí, lamentablemente retrocedemos en el tiempo, eso bien lo sabéis, y cada vez la diferencia social es más grande entre los que tienen y los que no. Me alegré de ver aquel escaparate y no me olvidé de todos esos padres que aún así, no pueden pagar diez euros por un juguete. ¿Cómo afronta una familia el gasto de los regalos de Navidad cuando ni si quiera tiene dinero para poder comprar comida o pagar una factura? ¿Cómo le explicas a unos niños que los Reyes Magos este año dejan de ser tan magos y se han quedado pobres? ¿Cómo le explicas a unos niños que vivimos en un país dónde el gobierno nos está quitando hasta la vida? Es injusto tener que explicarlo y más injusto, aún, que tengan que entenderlo. Muchas de esas familias que no pueden comer, no pueden afrontar gastos, y ni se plantean poder comprar juguetes sólo necesitan un trabajo. No creo que ninguno de ellos desee ser rico, ni vivir una vida de lujos, sé que muchos, sólo desean y necesitan un trabajo. Eso que supuestamente es un derecho. Sólo eso.

La Navidad es una época que a todos, parece ser, nos ablanda el corazón. Las televisiones se llenan de programas dispuestos a repartir suerte, dinero, regalos e ilusión y la gente, porque todavía queda mucha gente solidaria, participa y aporta lo que puede. Por suerte, hay muchas asociaciones, también, que se dedican a recoger juguetes usados y a repartirlos entre los niños más necesitados. ¿Os acordáis cuándo hace unos años hacíamos esto para niños que vivían en países tercermundistas, muy lejos de aquí?

Esta es la cara triste de la Navidad que cada vez viven más familias en nuestro país. Por suerte, yo tengo una familia que dinero no tiene, pero es millonaria en salud y amor, y eso, es lo que nos mantiene siempre unidos, frente a cualquier problema y cualquier obstáculo, ayudándonos siempre los unos a los otros. Por eso me gusta la Navidad, por eso sigue siendo mi época favorita del año, porque a pesar de las dificultades, todavía conozco a mucha gente que tiene ganas de sonreír, de tener ilusión y no dejar que la economía acabe con sus vidas. ¿Os imagináis a alguno de nuestros políticos no teniendo qué poner en la mesa el día de Nochebuena? ¿Os los imagináis diciéndole a sus hijos que no tienen regalos, o lo que es peor, que este año no podrán ir a Suiza a esquiar? Seguro que os lo imagináis, como lo imagino yo, pero sabemos que aunque debería serlo, no es real. Ojalá, durante un segundo, llegasen a imaginarselo ellos, quizás entonces se pararían a pensar qué es lo que están haciendo mal, o por qué no están haciendo nada bien.

A pesar de los problemas, a pesar de que este año faltará mi hermano en la mesa que resulta que vive fuera de España, porque aquí no se le da oportunidad profesional a los jóvenes, a mí todavía me queda ilusión, y mucha. Yo tengo trabajo e intento ayudar a quienes me rodean y no lo tienen, en todo lo que puedo. A mi la Navidad, por suerte, me sigue pareciendo maravillosa, mi época favorita del año, dónde siempre fui enormemente feliz. Soy capaz de verme de niña, abriendo regalos y pensando lo buena que había sido, porque los Reyes Magos habían accedido a todas mis peticiones. Recuerdo la sonrisa de mi madre, de mis tíos, de mis abuelos o de mi hermano Miguel, recuerdo la ilusión viendo la cabalgata, soñando, esperando, deseando. A pesar de los años, esa ilusión sigue tan viva como siempre. Y para mí la Navidad, desde que soy pequeña, tiene elementos básicos que año tras año me hacen sonreír.

Mujercitas fue llevada al cine en el año 1949. En el año 1994, la película estadounidense vuelve a estrenarse, con otras actrices, de la mano de Gillian Armstrong. Protagonizada por Winona Ryder (nominada al Óscar como Mejor Actriz Principal), Susan Sarandon, Trini Alvarado, Claire Danes y Kirsten Dunst cuenta la historia de Marmee, una madre ejemplar, que se queda sola con sus hijas, sus mujercitas, mientras su marido lucha en el frente en plena guerra civil estadounidense. Valores como la independencia, el amor y la importancia de la familia, son los ingredientes de este film lleno de ternura y sueños. Esta película siempre me ha recordado a la Navidad, y a mi madre, supongo que la descubrí con ella cuando yo era sólo una niña. Hace años que no veo esta película, pero os prometo que cada Navidad me acuerdo de ella, así que creo que llega el momento de volver a sentarme en el sofá y recordarla…

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Otro elemento básico de mi Navidad es la música. No hay nada que me guste más que cantar villancicos con mi familia, entre risas y anécdotas, entre turrones y amor. Pero si hay un villancico que me ha acompañado siempre, desde que soy muy niña, es la Canción de Navidad que Bom Bom Chip estrenó a principios de los años 90. Este grupo musical marcó mi infancia (y ya sabéis muchos que también mi vida), y su canción sobre los reyes magos, la paz mundial y la ilusión de los niños sigue arrancándome una sonrisa cada vez que la escucho. No falla ningún año por estas fechas, os lo aseguro.

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Desde aquí, sólo me queda desearos a todos unas Felices Fiestas, que os llenéis de amor y salud, que sonriáis aunque los tiempos ahí fuera y aquí dentro sean demasiado difíciles, que exprimáis al máximo los momentos con vuestros seres queridos, que vuestras sonrisas sean eternas y que vuestros sueños no dejen de soñar…

Este post se lo quiero dedicar a Sergio, Rebeca y Estela, que supieron ponerle banda sonora a los años más felices de mi vida, que siguen formando parte de mis canciones de Navidad y que han apoyado y leído este blog desde el minuto cero. Gracias…

Yo hace días que empecé la cuenta atrás para volver a casa. Porque la Navidad es, sin ninguna duda, mi época favorita del año.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

És de tots. No es tanca.

Me duele escribir este post en castellano. Y no me duele porque no me guste el castellano, porque el castellano me gusta, es en castellano como hablo cada día, pero es verdad que en mi vida cotidiana echo mucho de menos hablar en valenciano, mi lengua materna. Me duele no escribir esto en valenciano, porque ahora más que nunca tengo que defender y gritar por la lengua con la que he crecido, con la que me he educado y la lengua en la que he estudiado hasta que llegué a la universidad. Muchas veces, cuando ando por Madrid y oigo a alguien hablar valenciano, me giro y le sonrío, y si, además, encuentro ocasión de intervenir les digo que jo també soc valenciana. Si es cierto que jamás me voy a olvidar de hablar en valenciano, viva en Madrid o en la China, es imposible que eso suceda, pero también es cierto que el dejarlo en el día a día me produce ciertas dudas a la hora de escribir y yo misma me sorprendo. Por eso sé que es muy importante que no deje de fomentarse nunca.

Hoy te quería contar que es cierto que siempre he sido una gran defensora de mi lengua, y siempre me he sentido muy orgullosa de mis orígenes. Aún recuerdo una vez, en el instituto, cuando estábamos en clase de música y una compañera me dijo: “Ay hija! Yo no sé que empeño tienes en defender tanto el valenciano“, la miré incrédula y le dije: ¿Si no lo hacemos nosotros, quién lo va a hacer?. Pero por suerte hay mucha gente inteligente que más allá de tierras valencianas lo hace. Gente que ama la diversidad lingúistica y cultural y sabe, sin tener que explicarselo, lo importantes que son.

Si te digo la verdad, mi sensibilidad no me dejaba ver Canal 9, la televisión valenciana. No dejé de verla porque dudase de sus profesionales, porque jamás he dudado de ellos, de todas esas personas que habían pasado por una facultad para ayudar en la libertad de expresión, y alimentar nuestro derecho a la información, y que lo hacen, además, en valenciano. De ellos no he dudado jamás. El problema es que Canal 9 pasó a ser una televisión corrupta, sucia, manipulada y manchada de azul por un gobierno que nos está quitando hasta la identidad. Dejé de verla hace años, por culpa de esos políticos que no entendieron que es una televisión pública, de todos y para todos. Lo único que me mantuvo atenta a la pantalla cuando visitaba a mis padres los fines de semana era l’Alqueria Blanca, una serie maravillosa de la que mi madre está enamorada y que ahora también se ve obligada a llegar a su fin. Porque todo ha llegado a su fin, pese a la desaprobación del pueblo y de los ciudadanos a quienes esa televisión les pertenece.

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Hace una semana, el presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, anunciaba el cierre de RTVV (Radio Televisió Valenciana) por no poder financiar este ente público de radio y televisión con 24 años de vida. Este señor (me dan escalofríos sólo de escribir la palabra señor para hablar de tal persona), ha decidido que tras la anulación del ERE y tener que volver a admitir a más de mil trabajadores, es mejor cerrarlo.

Más allá de los dos mil despidos que esto supone, dos mil personas en el paro, dos mil profesionales sin trabajo, dos mil familias destrozadas, el cierre de RTVV es el fin de los únicos medios de comunicación que fomentaban mi lengua, como a ellos les daba la gana, sí, pero los únicos medios de comunicación dónde el valenciano todavía tenía voz. Y esa voz la han apagado. Lo han decidido y me río junto a mi impotencia, porque RTVV no es del PP, ni nunca lo ha sido.

Cuando esta noticia salió, recibí varios mensajes pidiéndome que escribiese sobre ello, y sentí una responsabilidad enorme. Yo sólo puedo escribir desde la rabia y la frustración de una ciudadana más, a la que le están robando parte de su cultura, la que ve cómo están tapándole la boca a su lengua y cómo el periodismo, una vez más, pasa a ser un “negocio” y no una necesidad. En mi Facebook personal, compartí un artículo de un ex trabajador de Canal 9, que relataba una serie de datos que merecen ser destacados: “Recuerdo cuando nos exigían grabar a Eduardo Zaplana desde su perfil bueno…”, “Cuando Camps impuso su ley en Canal 9. Cuando nos dieron la orden de dejar de llamarle Francesc para llamarle Francisco..”, “Cuando me prohibieron decir que Zapatero había anunciado el cheque-bebé, como si de este modo los valencianos no fuesen a enterarse de la noticia…”, “Tampoco pude decir que miles de manifestantes gritaban contra el gobierno. Los manifestantes no ‘colapsaban’el Paseo del Prado, la manifestación ‘transcurría por’. Y no poníamos pancartas explícitas contra Rajoy, ni contra el PP…”. A mí se me pusieron los pelos de punta al leerlo. Y mientras lo publicaba, hablaba de las ganas que tenía de escribir sobre el tema, a lo que mi amigo Vicent, periodista y especializado en Comunicación Política, me contestó unas palabras que supe al instante que necesitaría citarlas (aunque él me escribió en valenciano, claro): “Sí, Lorena, escribe sobre cómo intentan robarnos todo. Canal 9 era una televisión enferma, pero ellos que son tan católicos le han provocado la muerte, porque la cura era demasiado cara. Pero tienen dinero para comprar el Valencia CF, o para pagar a los bancos 3400 millones de euros en concepto de intereses por la deuda de la Generalitat, uno de los más altos del Estado Español. Ellos han dicho que si no cierran RTVV deberán cerrar un hospital, o un colegio, o ambas… Eso es demagogia. tenemos memoria y todos recordamos a Camps paseandose con su Ferrari por Valencia… De aquel polvo, este barro. Merecemos algo mejor y merecemos que la gente sepa que los valencianos no somos imbeciles, ni inutiles, ni fascistas, ni gandiashores… Por favor, nos lo merecemos”.

Esa es una realidad, y esta es la realidad que soportamos. Y una vez más, cada vez que hablo de descontento social, lo hago para que los que estáis lejos sepáis y entendáis cómo estamos. Por suerte, aquí somos muchos los que lo sabemos, pero no nos hacen caso. Vivimos en un país de corrupción y mentiras, de manipulación y sonrisas envenenadas, retrocedemos en el tiempo, nos recortan en todos los sectores, pero siguen diciendo que estamos mejorando. No sé si es que creen que somos tontos, o de verdad creen que son dueños de algo que no les pertenece, ni les pertenecerá jamás. Nuestra dignidad, nuestros valores, nuestras vidas. Con el cierre de RTVV se comete un atentado contra el derecho de expresión, contra el derecho de información, y se asesina a sangre fría una lengua, que a ellos poco les importa, pero a nosotros nos pertenece, personal e historicamente. Asesinan el deporte de nuestra tierra, como la Pilota Valenciana… Y nos asesinan nuestra cultura. Pero no estamos dispuestos.

Desde que salió la noticia, las RRSS se hacían eco de la opinión de los ciudadanos. En Twitter se están utilizando hashtags como #RTVVesdetots o #RTVVnoestanca. Este fin de semana, además, Valencia, Castellón y Alicante acogían unas multitudinarias manifestaciones contra la decisión de Frabra. Políticos de otros partidos, actores, periodistas, cantantes y miles de personas se unían con un sólo objetivo, defender lo que nos pertenece, y pedir la dimisión de esos ladrones, vestidos de corbata, que sonríen mientras matan.

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Mientras escribo estas palabras, me inunda la pena y la rabia. Radió Televisió Valenciana és de tots. Radió Televisió Valenciana no es tanca.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

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Escriure aquest post en castellà, com comentava abans, em feia mal. Per això, he decidit escriure’l també en valencià. No perque el castellà no m’agrade, que m’agrada i és en castellà com parle cada dia, però és veritat que a la meva vida cotidiana trobe molt a faltar el valencià, la meva llengua materna. Vuic escriure en valencià perquè ara més que mai tinc que defendre i cridar per la llengua amb la qual he crescut, amb la qual m’he educat i la llengua amb la qual he estudiat fins que vaig arribar a la universitat. Moltes vegades, quan camine per Madrid i escolte algú parlar en valencià, em gire i li dedique un somriure, i si a més trobe l’ ocasió d’intervindre, li dic que jo també sóc valenciana. És veritat que mai m’oblidaré de parlar en valencià, visca a Madrid o a la China, és impossible que això passe, però també és veritat que el deixar-lo en el dia a dia em provoca certs dubtes a l’hora d’escriure’l i jo mateixa em quede sorpresa. Per això se que és molt important que no deixe de fomentar-se mai.

Avui et volia contar que és cert que sempre he sigut una gran defensora de la meva llengua, i sempre m’he sentit molt orgullosa dels meus orígens. Encara recorde una vegada, a l’institut, quan estavem a una classe de música i una companya em va dir: “Ay filla! Jo no se quin afany tens en defendre tant el valencià!”, la vaig mirar incrèdula i li vaig dir: “Si no ho fem nosaltres, qui ho té que fer?”. Però per sort hi ha molta gent intel·ligent que més enllà de terres valencianes ho fa. Gent que estima la diversitat lingüistica i cultural i sap, sense tindre-li-ho que explicar, la importància que té.

Si et dic la veritat, la meva sensibilitat no em deixava veure Canal 9, la televisió valenciana. No vaig deixar de veure-la perque tinguera dubtes sobre els seus profesionals, perquè mai he dubtat d’ells, de totes eixes persones que han passat per una facultat per a ajudar en la llibertat d’expressió i alimentar el nostre dret a la informació, i que ho fan, a més, en valencià. D’ ells no he dubtat mai. El problema es que Canal 9 va passar a ser una televisió corrupta, bruta, manipulada i pintada de blau per un gobern que està robant-nos fins la identitat. Vaig deixar de veure-la fa anys, per culpa de tots aquests polítics que no van entendre que és una televisió pública, de tots i per a tots. L’única cosa que em va mantindre atenta a la pantalla quan visitava als meus pares el cap de setmana era l’Alqueria Blanca, una serie meravellosa de la qual ma mare està enamorada i que ara també es veu obligada a arribar a la seva fi. Perquè tot ha arribat a la seva fi, a sobre del descontent del poble i els ciutadans als quals aquesta televisió els pertany.

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Fa una setmana, el president de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, anunciava el tancament de RTVV (RàdioTelevisió Valenciana) per no poder finançar aquest ens públic de ràdio i televisió amb 24 anys de vida. Aquest senyor (m’entren calfreds només d’escriure la paraula senyor per a parlar d’aquesta persona), ha decidit que després de l’anul·lació del ERE i tindre que tornar a admitir a més de mil treballadors, és millor tancar-lo.

Més enllà dels dos mil acomiadaments que això suposa, dos mil persones més aturades, dos mil professionals sense feina, dos mil families destrossades, el tancament de RTVV és el final dels únics mitjans de comunicació que fomentaven la meva llengua, com a ells els donava la gana, sí, però els únics mitjans de comunicació on el valencià tenia veu. I aquesta veu ha sigut apagada. Ho han decidit ells i em ric amb impotència, perquè RTVV no és del PP i mai ho ha estat.

Quan aquesta noticia es va fer pública, vaig rebre diferents missatges de gent que em demanava que escrivís sobre açò, i vaig sentir una responsabilitat enorme. Jo només puc escriure des de la rabia i la frustració d’una ciutadana més a la que li estàn robant part de la seva cultura, que veu com estàn tapant-li  la boca a la seva llengua i com el periodisme, una vegada més, passa a ser un “negoci” i no una necessitat. Al mur del meu Facebook personal, vaig compartir un article d’un ex-treballador de Canal 9, que relatava una sèrie de dades que mereixen ser destacades: ““Recuerdo cuando nos exigían grabar a Eduardo Zaplana desde su perfil bueno…”, “Cuando Camps impuso su ley en Canal 9. Cuando nos dieron la orden de dejar de llamarle Francesc para llamarle Francisco..”, “Cuando me prohibieron decir que Zapatero había anunciado el cheque-bebé, como si de este modo los valencianos no fuesen a enterarse de la noticia…”, “Tampoco pude decir que miles de manifestantes gritaban contra el gobierno. Los manifestantes no ‘colapsaban’el Paseo del Prado, la manifestación ‘transcurría por’. Y no poníamos pancartas explícitas contra Rajoy, ni contra el PP…”. A mi s’em van posar els pèls de punta al llegir-ho. Mentre ho publicava, parlava de les ganes que tenia d’esciure sobre aquest tema, i el meu amic Vicent, periodista i especialitzat en Comunicació Política, em va contestar unes paraules que a l’instant vaig saber que necessitaria citar-les: “Sí, Lorena… Escriu sobre com intenten furar-nos-ho tot. Canal 9 era una televisió malalta, però ells que són tan catòlics li han provocat la mort perquè la cura era massa cara. Però tenen diners per comprar el Valencia CF o per pagar als bancs 3400 milions d’euros en concepte d’interessos pel deute de la Generalitat. Un dels més alts de l’Estat espanyol. Ells han dit que si no tanca RTVV hauran de tancar un hospital, o una escola, o ambdues coses… Això és demagògia… Tenim memòria i tots recordem a Camps passejant-se en Ferrari per València… D’aquelles pols, estos fangs. Meresquem alguna cosa millor i meresquem que la gent sàpiga que els valencians no som imbècils, ni inútils, ni fascistes, ni gandiashorers… Per favor, ho meresquem!”

Aquesta és una realitat, i aquesta és la realitat que suportem. Una vegada més, i cada vegada que parle de descontent social, ho faig per als que esteu lluny sapigueu i entengueu com estem. Per sort, aqui som molts els que ho sabem, però no ens fan cas. Vivim a un país de corrupció i mentides, de manipulació i somriures enverinats, retrocedim en el temps, ens retallen en tots els sectors, però continuen diguent que estem millorant. No se si creuen que som tontos, o de veritat que són amos d’una cosa que no els pertany, ni els pertanyirà mai. La nostra dignitat, els nostres valors, les nostres vides. Amb el tancament de RTVV es comet un atentat contra el dret d’expressió, contra el dret d’informació i s’assassina a sang freda una llengua, que a ells ben poc els importa, però a nosaltres ens pertany, personal i històricament. Assassinen el deport de la nostra terra, com la Pilota Valenciana… i ens assassinen la nostra cultura. Però no estem dispostos.

Des de que va eixir la noticia, les RRSS s’han fet ressò de la opinió dels ciutadans. En Twitter, s’estàn utilitzant hashtags com #RTVVesdetots o #RTVVnoestanca. Aquest cap de setmana, a més, València, Castelló i Alacant acollien unes multitudinaries manifestacions en contra de la decisió de Fabra. Polítics d’altres partits, actors, periodistes, musics i milers de persones s’unien amb un unic objectiu, defendre els que ens pertany i demanar la dimisió d’aquests lladres, vestits amb corbata, que somriuen mentre maten.

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Mentre escric aquestes paraules, m’inunda la pena i la ràbia. Radio Televisió Valenciana és de tots. Radió Televisió Valenciana no es tanca.

Bona nit, amics.

Lorena.

 

Nos apagaron las luces…

El martes hoy ha amanecido tranquilo y sereno. Las nubes grises van paseando por la ciudad y mi casa huele a café recién hecho. Hoy te quería contar algo que hace unos días me rompió el corazón en pleno centro de la ciudad.

Me dirigía a casa de una amiga en uno de los barrios más céntricos y de moda de Madrid, cuando pasé por un lugar que siempre me provoca un nudo en la garganta y llama a gritos mis ganas de llorar. Un comedor social. Eran sobre las seis de la tarde y la cola en la puerta daba la vuelta a casi toda la manzana. La mayoría de las veces ni si quiera soy capaz de mirar porque me duele mucho, pero esta vez, quizás por unos segundos que a mi me parecieron eternos, vi los rostros de las muchas personas que esperaban, durante horas, poder comer. La mayoría eran ancianos. Era gente mayor, como podrían ser mis abuelos, o los tuyos. También había gente de mediana edad, como podrían ser mis padres, o los tuyos. Algunos conversaban entre ellos. La mayoría, cabizbajos, guardaban silencio. Me acordé de un reportaje que justo el día anterior había visto en la 2 de TVE, dónde se hablaba de la crisis que nos bombardea y dónde una mujer que había tenido su propia empresa contaba cómo ahogada por las deudas, se había visto obligada a recurrir a comedores sociales para poder comer. Hablaba de la vergüenza que al principio pasaba, no se quitaba las gafas de sol para proteger su imagen, y de lo duro que estaba resultando todo.

Volví a mirar a la cola mientras andaba y observé a los que allí estaban, me pregunté cuál habría sido su historia y entendí lo duro que debía ser todo lo demás como para tener que esperar durante horas en la calle con la esperanza de poder cenar. En un segundo nos imaginé a los que a veces nos quejamos cuando tardan en sacarnos la comida en un restaurante, y sentí vergüenza de mí misma. Me pregunté si ellos, que esperaban, habrían comido ya algo durante el día y me pregunté si al igual que la mujer que aparecía en televisión, también desearían que nadie les reconociese.

Pensé en toda esa gente que mantiene una familia, una casa y muchos gastos con 400 euros. Pensé en todos esos jubilados que con sus pensiones mantienen a hijos y nietos sin rendirse, como hacen mis abuelos, eternos luchadores, que pese a todo, nunca pierden la sonrisa. Y una vez más me dio rabia este país, dónde quienes roban con una sonrisa, vestidos de corbata y montados en coches de lujo, no tienen vergüenza ninguna. Siguen sus dietas caras, sus viajes de lujo, sus ropas de marca, y se ríen. Se ríen mientras roban y mientras creen que representan a millones de personas que han perdido la esperanza. Aún no entiendo por qué no estamos en la calle luchando contra esto cada día.

Y en la esperanza me viene a la mente una película que seguro que muchos de vosotros conocéis. Una de esas películas que hacen que los sueños no mueran, que las ganas de superación nunca se rindan y que la esperanza, sin ninguna duda, es lo último que se pierde, porque al final, la vida, siempre tiene una recompensa.

Dirigida por Gabriel Muccino, y protagonizada por Will Smith (quien fue candidato al Oscar y Globo de Oro como mejor actor) y su hijo Jaden, EN BUSCA DE LA FELICIDAD, se estrenó en 2006. Basada en la historia real de Chris Gardner, cuenta la historia de superación, ilusión y esfuerzo de un hombre que pierde absolutamente todo, su casa, su trabajo, incluso a su esposa. Vagando entre calles y comedores sociales, el protagonista consigue un trabajo interno de corredor de bolsa y tras mil obstáculos, tras mucho sufrimiento, mucho esfuerzo y quizás un golpe de suerte, finalmente acaba convirtiéndose en un hombre de éxito (en la vida real, Gardner consiguió crear su propia empresa multimillonaria de corredores de bolsa). Una de las películas más entrañables y de mayor éxito de los últimos tiempos.

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Quizás la suerte estuvo de su lado, pero lo que está claro es que la suerte no viene a llamar a tu puerta, hay que salir a por ella. Cada uno marca su destino, y aunque intenten ahogarnos debemos tener ilusión y una sonrisa. Sobretodo debemos tener esperanza.

Os cuento esto porque sé que muchos de vosotros me leéis desde fuera de España y quiero que sepáis que ésta es nuestra realidad y que aunque haya gente que se sorprende o se decepciona porque no nos han elegido como sede de unos JJOO, la visión que el mundo tiene de nosotros es real. Vivimos en un país de políticos (sean del partido que sean) corruptos, ladrones y mentirosos. Así son quienes nos representan, esos a los que muchos quisieron darles su voto, confiando y esperando ver un poco de luz dónde todo empezaba a ser demasiado oscuro. Pero las bombillas no se encendieron. Al contrario, a nosotros nos apagaron las luces.

Feliz martes, amigos.

Lorena.