Me gusta todo, menos tú.

Como cantaba mi amigo Mario en una de sus canciones: algo estamos haciendo mal. No ha sido nuestra culpa, o tal vez sí, pero algo estamos haciendo mal.

Hoy te quería contar algo en lo que todos deberíamos estar de acuerdo, con nuestras diferencias y preferencias, pero con las ideas superficiales, al menos, iguales. El problema es que estamos de acuerdo muchos, pero no todos, y ahí es cuando algo falla, porque algo falla.

Hoy quiero hablarte de lo mucho que me gusta el país en el que vivo y lo poco que me gustas tú. Quizás suena un poco frío, pero es la verdad.

Me gusta mucho mi país, es un país bonito, aparentemente tranquilo… Me gusta su sur, con sus rincones, sus colores, su calorcito, su arte, su acento, su clima, la gracia de su gente… Me encanta su norte, con esos paisajes de ensueño, tan verdes, tan bonitos, su agradecido fresquito en verano, sus lluvias, su comida, la bondad de su gente… Me gusta Barcelona, por ejemplo, la ciudad de mi libro favorito, la ciudad que para mí es un sueño, tan cosmopolita, tan avanzada siempre, me gusta su gente, su idioma, me gustan sus valores… Me gusta (y mucho) la capital de mi país, esta ciudad que he hecho un poco (bastante) mía,  me gustan sus calles, su vida, su mezcla, su cultura, sus pocas ganas de dormir, me gusta su gente, sus costumbres… Me gustan todos los rincones de mi país, unos más bonitos que otros, cada uno con sus cosas, una maravilla en su conjunto… Me gusta, por supuesto, Valencia, mi tierra, mi casa, me gusta el clima del Mediterráneo, su comida (¡viva la paella y la cassola!), me gustan sus playas, sus fiestas de Moros i Cristians, me gusta su lengua, me gusta su gente…

Me gustan tantas, tantísimas cosas… Me gusta todo, menos tú.

Vivo en un país precioso, de verdad te lo digo. Un país donde se hablan varios idiomas, un país que me transmite buen rollo, energía y felicidad. De mi país me gusta casi todo, y digo casi, porque no me gustas tú.

Me gusta mi país, me gustan sus médicos, me gustan sus profesores, me gustan sus periodistas, me gustan sus músicos, me gustan sus actores, sus directores de cine, me gustan sus escritores, me gustan sus deportistas, me gustan sus profesionales, porque los hay, perfectamente preparados y capacitados en cualquiera de los ámbitos. Me gusta su historia, su cultura, sus monumentos, me gusta la Giralda, la Sagrada Familia, la Catedral de Santiago, La Alhambra, El Palacio Real o La Puerta del Sol… Me gusta todo esto que se ha ido conservando y cuidando a lo largo de los siglos, con el paso de la gente y del tiempo.

No me gustas tú, porque lo estás destruyendo casi todo.

Vivo en un país maravilloso, con personas maravillosas… Pero siento una vergüenza extrema cada vez que veo a cualquiera de los políticos que creen que nos representan. Vivo en un país donde la corrupción está a la orden del día, donde nos roban por todos lados y  donde se consiente. Vivo en un país donde roba todo el mundo que tiene el mínimo poder, desde el alcalde de un pequeño pueblo hasta el yerno del rey, y eso me llena de tristeza, de rabia y de impotencia.

Vivo en un país dónde algunos tapan a los que roban, los esconden, y si salen a la luz, se atreven a justificarles. Vivo en un país donde nos han recortado en sanidad, siendo una de las mejores de Europa, donde nos han recortado en educación, tan básica y esencial, vivo en un país donde violan su cultura, manteniendo un IVA del 21%.  Vivo en un país donde siento tanta tristeza…

Supongo que muchos sabéis que mi lengua materna es el valenciano, es mi primer idioma, y en valenciano me he criado y educado. He estudiado en valenciano e incluso hice la selectividad en valenciano. Siempre he defendido mucho mi lengua, tan digna, tan bonita, tan nuestra… El valenciano es mi familia, mi pueblo, mis amigos de siempre, es mi tierra, es mi historia y es mi cultura.

Hace unos meses, al comenzar las fallas, la alcaldesa de Valencia (no voy ni a escribir su nombre, no quiero manchar este post) daba un discurso lamentable inventando todas y cada una de las palabras que pronunciaba en valenciano. Mi lengua, y la de muchos. No pude sentir más vergüenza… ¿Cómo una señora que cobra un sueldo que multiplica el de cualquier trabajador no sabe ni si quiera hablar el idioma de su tierra, el idioma oficial de la ciudad a la que representa? ¿No os parece surrealista? Desgraciadamente, esto no fue lo peor. No lo fue. Mientras las redes sociales se llenaban de comentarios y de videos sobre el discurso, mientras la mayoría de los ciudadanos no daban crédito a lo que había sucedido… Pasó algo realmente alucinante, que os prometo me hace plantearme dónde está la razón del ciudadano y dónde está la cultura de las personas. Lo peor, para mí, fue que hubo gente que se atrevió a salir en su defensa, se plantó ante el balcón del ayuntamiento con pancartas como “¡Viva nuestra alcaldesa!” o “Yo con el valenciano también me lío, pero de Rita me fío” (esta última me mató). Os prometo que tenía ganas de llorar…

Que los políticos nos roban es un secreto a voces, pero que se destapen constantemente tramas de corrupción y que la mayoría de ellos estén tranquilamente en la calle, cobrando sueldos de por vida y riéndose a carcajadas de todos los ciudadanos me da mucho asco. Hace unos días salían a la luz unas facturas de esta misma señora, la alcaldesa de Valencia, en las que se reflejaba que en los peores momentos de la crisis gastaba dinero de forma desorbitada, en cosas innecesarias como suites de hoteles, comidas de lujo, bebidas alcohólicas o coches privados con chófer… Mientras tanto, miles de ciudadanos se preguntaban cómo poder pagar las facturas de luz y agua, cómo comprar los libros de los colegios de sus hijos o cómo poder darles de comer en condiciones. Cuando los periodistas le preguntaron, tuvo la poca vergüenza de responder, para justificar estos elevados gastos, que no quiere “cutrerías” para Valencia. Ay, perdone, ¿es que ese dinero estaba siendo destinado a un colegio, a un hospital, o a un parque infantil? Porque me pierdo.

La alcaldesa de Valencia sólo es una entre cientos. Todos ellos me dan asco, mucho asco,  pero quien no me gusta eres tú. Si, tú, el que les vota, el que aún sabiendo todo eso, les apoya, como si a ti no te estuviesen robando nada, como si sólo me lo estuviesen robando a mí.

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Dentro de unos días empieza mayo, uno de mis meses favoritos, con su día uno como festivo: el día del trabajador. Yo estoy muy contenta porque ese día descanso. Desde hace unos años me acuerdo de todos los que tenemos suerte de tener un trabajo, pero, sobre todo, me acuerdo de todas esas personas que llevan mucho tiempo luchando por un trabajo digno. Me acuerdo de todos esos padres de familia que ya no encuentran trabajo porque “ya son muy mayores”, me acuerdo de todas esas mujeres que luchan incansablemente por poder tener un trabajo y mantener sus familias y sus hogares… Me acuerdo de todos y cada uno de esos jóvenes licenciados, brillantes, con un curriculum impecable, que están trabajando de camareros o limpiando hoteles en cualquier rincón de Europa, me acuerdo de los que tuvieron más “suerte”, y ejercen su profesión y vocación en otro rincón del mundo, con la consecuencia de estar lejos de su gente, de sus familias, de sus casas, de sus ciudades y sus calles… Y entonces, me vuelve a invadir la pena. Entonces me acuerdo de todos estos malditos políticos corruptos, a los que la gente ha elegido para representarles, para que luchen por sus derechos y mejoren su bienestar social, pero no lo han hecho, y aún así, les vuelven a votar. Entonces me acuerdo de esa gente que les vota y me encantaría que me explicasen por qué lo hacen y entonces pienso “tenemos lo que nos merecemos”, pero no, no nos lo merecemos. Se lo merecen los que les apoyan, pero no nosotros, no el resto.

Trabajar es un derecho, pero mientras miles de personas en mi país no tienen un trabajo digno, mientras miles de personas no tienen trabajo, sus políticos roban y viven vidas de lujo.

Vivo en un país muy bonito, te lo prometo… De él me gusta todo, menos tú.

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Buenas tardes/noches, amigos.

Lorena.

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El Rey León

¡Buenos días a todos! Un jueves con sabor a domingo, a sábado… Un jueves festivo, y a mí, como supongo que nos pasa a todos, los días festivos me encantan. Hoy vengo con un post cargado de unos temas que abrazan la actualidad desde hace unas semanas y que han cobrado protagonismo precisamente esta. Unos temas que a mí, me preocupan un poco.

No es que yo entienda mucho de fútbol, la verdad. No suelo ver partidos porque sí, pero cuando se trata de la selección, siempre que puedo lo veo. Claro que sí, ¿por qué no? El fútbol es un deporte que gusta a mucha gente y yo me alegro cuando el equipo que prefiero que gane gana un partido, me alegro cuando la selección gana un partido, pero no se me va la vida cuando no. Es un juego, es así. Unas veces se pierde, otras se gana. Ayer, tras el partido en el que la selección española fue eliminada del Mundial de Fútbol, aluciné con los comentarios de la gente en Twitter. Aluciné con los insultos, la rabia y la frustración. Para empezar, las faltas de respeto por un partido de fútbol me parecen algo descabellado, y me dan pena aquellos que insultaban a unos jugadores que hace años les hicieron muy felices. Así de irracionales somos. Pero creedme que lo que más me sorprende es que a la mayoría de los ciudadanos sólo les preocupe esto.

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No puedo entender, ni podré entender jamás como la gente lucha incondicionalmente por defender a su equipo en un partido y como no lucha por defender sus derechos sociales, los de sus hijos, los de sus hermanos, los de sus padres, los de sus abuelos o los de sus amigos. Que el ambiente, el buen ambiente, que produce el fútbol es muy divertido, que no lo niego. Obviamente, me gusta ver un partido rodeada de mis amigos, entre cervezas, risas y buen rollo. De ahí, a que el fútbol sea mi máxima preocupación, con la que esta cayendo en mi país, dista muchísimo todo. Insisto, que no quiero que haya confusiones, no critico a los que disfrutan y viven este deporte, a los que lo aman con pasión como yo pueda amar la música o el cine, simplemente estoy diciendo que debemos ser un poco más racionales y coherentes y debemos empezar a asimilar que no podemos darle toda la importancia a un partido cuando a nuestro lado hay mucha gente pasando hambre. Somos egoístas por naturaleza porque somos seres humanos, ahí no hay tema de discusión, pero por favor, vamos a luchar y a dejarnos la vida por lo que realmente nos está pasando.

A mí me da pena que España haya sido eliminada del mundial, claro, pero lo que realmente me preocupa es que a los ancianos les quiten sus pensiones, me da pena que un español tenga que esperar la escalofriante cifra de 67 días de media  para ser atendido por un médico especialista, lo que me da pena es que este verano miles de niños de nuestro país no vayan a poder comer en condiciones porque acaba el curso escolar y cierran los comedores escolares (ya casi sociales), lo que me da pena es la gente que se queda sin casa porque los desahucian, lo que me da pena es que las mujeres no puedan elegir si quieren abortar o no, lo que me da pena es que nuestra población sea casi la única con pobreza infantil de toda Europa, lo que me da pena es que haya padres de familia que no puedan dar de comer a sus hijos, lo que me da pena es que miles y miles de jóvenes recién licenciados, preparados, y con una formación académica brillante se hayan tenido que ir fuera de su país, obligados, para poder tener una oportunidad de trabajo… Esas cosas, amigos míos, esa realidad que nos rodea día tras día, a la que a veces, por dolor, muchos deciden no mirar, esa realidad y esas cosas son las que me preocupan. Estas son las cosas que me duelen, que me hierven la sangre y me hacen morir de pena.

Por suerte, tengo un trabajo estable (no el trabajo de mi vida ni en lo que quiero trabajar, claro), y tengo un sueldo fijo cada mes, y me han hecho asumir que tengo que dar las gracias por tener trabajo, que es un derecho, y han confundido y nos han hecho confundir con un privilegio. Es absurdo repetir la impotencia que me produce la corrupción, los sueldos desorbitados de nuestros políticos, que no contentos con ello, roban y estafan. Pero por encima de todo esto, si no estoy dispuesta a algo, es a retroceder en el tiempo. No quiero recortes en nuestros derechos sociales, en nuestros derechos vitales. Ya está bien, hombre, ya está bien.

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No os imagináis cómo está el centro de Madrid desde hace días. Arreglo de calles, muchísimos policías vestidos de paisano, banderas por todos lados, medidas de seguridad extrema, un gasto que no quiero ni imaginar… Ayer intentaba explicarle a una chica extranjera que hoy el centro iba a estar lleno de gente porque se coronaba al príncipe, que pasaba a ser rey, ella me preguntó si eso era cada cierto tiempo y si lo habíamos elegido nosotros. Con mucha vergüenza le dije que no. Vamos a ver, os prometo que dentro de todo, Felipe y Letizia son personas que no me caen mal del todo, pero de ahí a que quiera que se me impongan como reyes, varía mucho todo.

Vivimos un momento histórico importante, una abdicación, una coronación, infantas que ya no serán nadie, reyes, príncipes y princesas… En el sigo XXI. ¿No os parece un poco medieval todo? Pero como yo, desde aquí, quiero respetar la opinión de todos, lo único que voy a defender es que, al menos, nos dejen elegir al pueblo. Vivimos en un país democrático y si somos mayores para votar unas cosas, digo yo que también lo somos para votar otras, no?

Tras 40 años de monarquía creo que todo ha cambiado. Los tiempos, la sociedad, las personas, las generaciones… Y creo que es el momento de poder tomar decisiones, al menos, tener el derecho a ello. Creo que si hubiese un referéndum seguiría habiendo monarquía, o quizás no, quizás hace unos cuantos años si, pero, ¿sabéis cuál es el problema ahora? Que la gente está cansada. La gente está pasándolo realmente mal. La gente no puede comer, no puede darle una vida digna a sus hijos, hay gente que vive en condiciones infrahumanas y que no tiene casi fuerzas ni ilusión, pregúntale a una de esas personas si está dispuesta a pagar la vida de los reyes, el colegio de sus hijas o la ropa que diseñan exclusivamente para ellas. Me muero de pena, os lo prometo.

El día que el rey hizo pública y oficial su abdicación y anunció que su hijo sería el próximo rey de España, esa misma tarde, miles de personas, en todas las grandes ciudades de nuestro país, se lanzaron a las calles, pidiendo un referéndum y haciendo fuerza sobre su derecho de poder elegir o no. Yo pensé en Letizia. Pensé en Letizia Ortiz como periodista, como ciudadana de a pié, como hasta hace unos años era, pensé en ella profesionalmente y pensé si de verdad no se le estaría encogiendo el corazón.

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El mundial de fútbol y la monarquía invaden nuestras noticias, los kioscos y las portadas de la prensa. Perdonadme si me preocupan más otras cosas que creo que deberían preocuparnos más a todos. Si nosotros tenemos una vida buena, un trabajo estable y no nos falta de nada, pensemos que a miles de personas, a nuestro lado, en nuestra misma calle y en nuestra misma ciudad,  les falta mucho y nada de lo que está pasando es justo.

Perdonadme los más monárquicos, pero yo no quiero una monarquía que se va de safari y mata elefantes por diversión, no quiero una monarquía manchada por la corrupción, no quiero una monarquía impuesta que lo primero que está recortando es la libertad de expresión.

Perdonadme los más monárquicos, pero a mí, si hay un rey que me produce ternura, amor y sonrisas es sólo el Rey León. 

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Feliz jueves, amigos.

Lorena.

És de tots. No es tanca.

Me duele escribir este post en castellano. Y no me duele porque no me guste el castellano, porque el castellano me gusta, es en castellano como hablo cada día, pero es verdad que en mi vida cotidiana echo mucho de menos hablar en valenciano, mi lengua materna. Me duele no escribir esto en valenciano, porque ahora más que nunca tengo que defender y gritar por la lengua con la que he crecido, con la que me he educado y la lengua en la que he estudiado hasta que llegué a la universidad. Muchas veces, cuando ando por Madrid y oigo a alguien hablar valenciano, me giro y le sonrío, y si, además, encuentro ocasión de intervenir les digo que jo també soc valenciana. Si es cierto que jamás me voy a olvidar de hablar en valenciano, viva en Madrid o en la China, es imposible que eso suceda, pero también es cierto que el dejarlo en el día a día me produce ciertas dudas a la hora de escribir y yo misma me sorprendo. Por eso sé que es muy importante que no deje de fomentarse nunca.

Hoy te quería contar que es cierto que siempre he sido una gran defensora de mi lengua, y siempre me he sentido muy orgullosa de mis orígenes. Aún recuerdo una vez, en el instituto, cuando estábamos en clase de música y una compañera me dijo: “Ay hija! Yo no sé que empeño tienes en defender tanto el valenciano“, la miré incrédula y le dije: ¿Si no lo hacemos nosotros, quién lo va a hacer?. Pero por suerte hay mucha gente inteligente que más allá de tierras valencianas lo hace. Gente que ama la diversidad lingúistica y cultural y sabe, sin tener que explicarselo, lo importantes que son.

Si te digo la verdad, mi sensibilidad no me dejaba ver Canal 9, la televisión valenciana. No dejé de verla porque dudase de sus profesionales, porque jamás he dudado de ellos, de todas esas personas que habían pasado por una facultad para ayudar en la libertad de expresión, y alimentar nuestro derecho a la información, y que lo hacen, además, en valenciano. De ellos no he dudado jamás. El problema es que Canal 9 pasó a ser una televisión corrupta, sucia, manipulada y manchada de azul por un gobierno que nos está quitando hasta la identidad. Dejé de verla hace años, por culpa de esos políticos que no entendieron que es una televisión pública, de todos y para todos. Lo único que me mantuvo atenta a la pantalla cuando visitaba a mis padres los fines de semana era l’Alqueria Blanca, una serie maravillosa de la que mi madre está enamorada y que ahora también se ve obligada a llegar a su fin. Porque todo ha llegado a su fin, pese a la desaprobación del pueblo y de los ciudadanos a quienes esa televisión les pertenece.

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Hace una semana, el presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, anunciaba el cierre de RTVV (Radio Televisió Valenciana) por no poder financiar este ente público de radio y televisión con 24 años de vida. Este señor (me dan escalofríos sólo de escribir la palabra señor para hablar de tal persona), ha decidido que tras la anulación del ERE y tener que volver a admitir a más de mil trabajadores, es mejor cerrarlo.

Más allá de los dos mil despidos que esto supone, dos mil personas en el paro, dos mil profesionales sin trabajo, dos mil familias destrozadas, el cierre de RTVV es el fin de los únicos medios de comunicación que fomentaban mi lengua, como a ellos les daba la gana, sí, pero los únicos medios de comunicación dónde el valenciano todavía tenía voz. Y esa voz la han apagado. Lo han decidido y me río junto a mi impotencia, porque RTVV no es del PP, ni nunca lo ha sido.

Cuando esta noticia salió, recibí varios mensajes pidiéndome que escribiese sobre ello, y sentí una responsabilidad enorme. Yo sólo puedo escribir desde la rabia y la frustración de una ciudadana más, a la que le están robando parte de su cultura, la que ve cómo están tapándole la boca a su lengua y cómo el periodismo, una vez más, pasa a ser un “negocio” y no una necesidad. En mi Facebook personal, compartí un artículo de un ex trabajador de Canal 9, que relataba una serie de datos que merecen ser destacados: “Recuerdo cuando nos exigían grabar a Eduardo Zaplana desde su perfil bueno…”, “Cuando Camps impuso su ley en Canal 9. Cuando nos dieron la orden de dejar de llamarle Francesc para llamarle Francisco..”, “Cuando me prohibieron decir que Zapatero había anunciado el cheque-bebé, como si de este modo los valencianos no fuesen a enterarse de la noticia…”, “Tampoco pude decir que miles de manifestantes gritaban contra el gobierno. Los manifestantes no ‘colapsaban’el Paseo del Prado, la manifestación ‘transcurría por’. Y no poníamos pancartas explícitas contra Rajoy, ni contra el PP…”. A mí se me pusieron los pelos de punta al leerlo. Y mientras lo publicaba, hablaba de las ganas que tenía de escribir sobre el tema, a lo que mi amigo Vicent, periodista y especializado en Comunicación Política, me contestó unas palabras que supe al instante que necesitaría citarlas (aunque él me escribió en valenciano, claro): “Sí, Lorena, escribe sobre cómo intentan robarnos todo. Canal 9 era una televisión enferma, pero ellos que son tan católicos le han provocado la muerte, porque la cura era demasiado cara. Pero tienen dinero para comprar el Valencia CF, o para pagar a los bancos 3400 millones de euros en concepto de intereses por la deuda de la Generalitat, uno de los más altos del Estado Español. Ellos han dicho que si no cierran RTVV deberán cerrar un hospital, o un colegio, o ambas… Eso es demagogia. tenemos memoria y todos recordamos a Camps paseandose con su Ferrari por Valencia… De aquel polvo, este barro. Merecemos algo mejor y merecemos que la gente sepa que los valencianos no somos imbeciles, ni inutiles, ni fascistas, ni gandiashores… Por favor, nos lo merecemos”.

Esa es una realidad, y esta es la realidad que soportamos. Y una vez más, cada vez que hablo de descontento social, lo hago para que los que estáis lejos sepáis y entendáis cómo estamos. Por suerte, aquí somos muchos los que lo sabemos, pero no nos hacen caso. Vivimos en un país de corrupción y mentiras, de manipulación y sonrisas envenenadas, retrocedemos en el tiempo, nos recortan en todos los sectores, pero siguen diciendo que estamos mejorando. No sé si es que creen que somos tontos, o de verdad creen que son dueños de algo que no les pertenece, ni les pertenecerá jamás. Nuestra dignidad, nuestros valores, nuestras vidas. Con el cierre de RTVV se comete un atentado contra el derecho de expresión, contra el derecho de información, y se asesina a sangre fría una lengua, que a ellos poco les importa, pero a nosotros nos pertenece, personal e historicamente. Asesinan el deporte de nuestra tierra, como la Pilota Valenciana… Y nos asesinan nuestra cultura. Pero no estamos dispuestos.

Desde que salió la noticia, las RRSS se hacían eco de la opinión de los ciudadanos. En Twitter se están utilizando hashtags como #RTVVesdetots o #RTVVnoestanca. Este fin de semana, además, Valencia, Castellón y Alicante acogían unas multitudinarias manifestaciones contra la decisión de Frabra. Políticos de otros partidos, actores, periodistas, cantantes y miles de personas se unían con un sólo objetivo, defender lo que nos pertenece, y pedir la dimisión de esos ladrones, vestidos de corbata, que sonríen mientras matan.

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Mientras escribo estas palabras, me inunda la pena y la rabia. Radió Televisió Valenciana és de tots. Radió Televisió Valenciana no es tanca.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

…………………………………………………………………………….

Escriure aquest post en castellà, com comentava abans, em feia mal. Per això, he decidit escriure’l també en valencià. No perque el castellà no m’agrade, que m’agrada i és en castellà com parle cada dia, però és veritat que a la meva vida cotidiana trobe molt a faltar el valencià, la meva llengua materna. Vuic escriure en valencià perquè ara més que mai tinc que defendre i cridar per la llengua amb la qual he crescut, amb la qual m’he educat i la llengua amb la qual he estudiat fins que vaig arribar a la universitat. Moltes vegades, quan camine per Madrid i escolte algú parlar en valencià, em gire i li dedique un somriure, i si a més trobe l’ ocasió d’intervindre, li dic que jo també sóc valenciana. És veritat que mai m’oblidaré de parlar en valencià, visca a Madrid o a la China, és impossible que això passe, però també és veritat que el deixar-lo en el dia a dia em provoca certs dubtes a l’hora d’escriure’l i jo mateixa em quede sorpresa. Per això se que és molt important que no deixe de fomentar-se mai.

Avui et volia contar que és cert que sempre he sigut una gran defensora de la meva llengua, i sempre m’he sentit molt orgullosa dels meus orígens. Encara recorde una vegada, a l’institut, quan estavem a una classe de música i una companya em va dir: “Ay filla! Jo no se quin afany tens en defendre tant el valencià!”, la vaig mirar incrèdula i li vaig dir: “Si no ho fem nosaltres, qui ho té que fer?”. Però per sort hi ha molta gent intel·ligent que més enllà de terres valencianes ho fa. Gent que estima la diversitat lingüistica i cultural i sap, sense tindre-li-ho que explicar, la importància que té.

Si et dic la veritat, la meva sensibilitat no em deixava veure Canal 9, la televisió valenciana. No vaig deixar de veure-la perque tinguera dubtes sobre els seus profesionals, perquè mai he dubtat d’ells, de totes eixes persones que han passat per una facultat per a ajudar en la llibertat d’expressió i alimentar el nostre dret a la informació, i que ho fan, a més, en valencià. D’ ells no he dubtat mai. El problema es que Canal 9 va passar a ser una televisió corrupta, bruta, manipulada i pintada de blau per un gobern que està robant-nos fins la identitat. Vaig deixar de veure-la fa anys, per culpa de tots aquests polítics que no van entendre que és una televisió pública, de tots i per a tots. L’única cosa que em va mantindre atenta a la pantalla quan visitava als meus pares el cap de setmana era l’Alqueria Blanca, una serie meravellosa de la qual ma mare està enamorada i que ara també es veu obligada a arribar a la seva fi. Perquè tot ha arribat a la seva fi, a sobre del descontent del poble i els ciutadans als quals aquesta televisió els pertany.

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Fa una setmana, el president de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, anunciava el tancament de RTVV (RàdioTelevisió Valenciana) per no poder finançar aquest ens públic de ràdio i televisió amb 24 anys de vida. Aquest senyor (m’entren calfreds només d’escriure la paraula senyor per a parlar d’aquesta persona), ha decidit que després de l’anul·lació del ERE i tindre que tornar a admitir a més de mil treballadors, és millor tancar-lo.

Més enllà dels dos mil acomiadaments que això suposa, dos mil persones més aturades, dos mil professionals sense feina, dos mil families destrossades, el tancament de RTVV és el final dels únics mitjans de comunicació que fomentaven la meva llengua, com a ells els donava la gana, sí, però els únics mitjans de comunicació on el valencià tenia veu. I aquesta veu ha sigut apagada. Ho han decidit ells i em ric amb impotència, perquè RTVV no és del PP i mai ho ha estat.

Quan aquesta noticia es va fer pública, vaig rebre diferents missatges de gent que em demanava que escrivís sobre açò, i vaig sentir una responsabilitat enorme. Jo només puc escriure des de la rabia i la frustració d’una ciutadana més a la que li estàn robant part de la seva cultura, que veu com estàn tapant-li  la boca a la seva llengua i com el periodisme, una vegada més, passa a ser un “negoci” i no una necessitat. Al mur del meu Facebook personal, vaig compartir un article d’un ex-treballador de Canal 9, que relatava una sèrie de dades que mereixen ser destacades: ““Recuerdo cuando nos exigían grabar a Eduardo Zaplana desde su perfil bueno…”, “Cuando Camps impuso su ley en Canal 9. Cuando nos dieron la orden de dejar de llamarle Francesc para llamarle Francisco..”, “Cuando me prohibieron decir que Zapatero había anunciado el cheque-bebé, como si de este modo los valencianos no fuesen a enterarse de la noticia…”, “Tampoco pude decir que miles de manifestantes gritaban contra el gobierno. Los manifestantes no ‘colapsaban’el Paseo del Prado, la manifestación ‘transcurría por’. Y no poníamos pancartas explícitas contra Rajoy, ni contra el PP…”. A mi s’em van posar els pèls de punta al llegir-ho. Mentre ho publicava, parlava de les ganes que tenia d’esciure sobre aquest tema, i el meu amic Vicent, periodista i especialitzat en Comunicació Política, em va contestar unes paraules que a l’instant vaig saber que necessitaria citar-les: “Sí, Lorena… Escriu sobre com intenten furar-nos-ho tot. Canal 9 era una televisió malalta, però ells que són tan catòlics li han provocat la mort perquè la cura era massa cara. Però tenen diners per comprar el Valencia CF o per pagar als bancs 3400 milions d’euros en concepte d’interessos pel deute de la Generalitat. Un dels més alts de l’Estat espanyol. Ells han dit que si no tanca RTVV hauran de tancar un hospital, o una escola, o ambdues coses… Això és demagògia… Tenim memòria i tots recordem a Camps passejant-se en Ferrari per València… D’aquelles pols, estos fangs. Meresquem alguna cosa millor i meresquem que la gent sàpiga que els valencians no som imbècils, ni inútils, ni fascistes, ni gandiashorers… Per favor, ho meresquem!”

Aquesta és una realitat, i aquesta és la realitat que suportem. Una vegada més, i cada vegada que parle de descontent social, ho faig per als que esteu lluny sapigueu i entengueu com estem. Per sort, aqui som molts els que ho sabem, però no ens fan cas. Vivim a un país de corrupció i mentides, de manipulació i somriures enverinats, retrocedim en el temps, ens retallen en tots els sectors, però continuen diguent que estem millorant. No se si creuen que som tontos, o de veritat que són amos d’una cosa que no els pertany, ni els pertanyirà mai. La nostra dignitat, els nostres valors, les nostres vides. Amb el tancament de RTVV es comet un atentat contra el dret d’expressió, contra el dret d’informació i s’assassina a sang freda una llengua, que a ells ben poc els importa, però a nosaltres ens pertany, personal i històricament. Assassinen el deport de la nostra terra, com la Pilota Valenciana… i ens assassinen la nostra cultura. Però no estem dispostos.

Des de que va eixir la noticia, les RRSS s’han fet ressò de la opinió dels ciutadans. En Twitter, s’estàn utilitzant hashtags com #RTVVesdetots o #RTVVnoestanca. Aquest cap de setmana, a més, València, Castelló i Alacant acollien unes multitudinaries manifestacions en contra de la decisió de Fabra. Polítics d’altres partits, actors, periodistes, musics i milers de persones s’unien amb un unic objectiu, defendre els que ens pertany i demanar la dimisió d’aquests lladres, vestits amb corbata, que somriuen mentre maten.

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Mentre escric aquestes paraules, m’inunda la pena i la ràbia. Radio Televisió Valenciana és de tots. Radió Televisió Valenciana no es tanca.

Bona nit, amics.

Lorena.

 

Cuando lo pienso, me duele.

Siempre he sido un poco vampiro. Siempre he sido de escribir por las noches y dormir por el día, aunque últimamente hago más lo contrario, ¿me estaré haciendo mayor? Siempre he sido más de noche que de día, más de verano que de invierno, más de chocolate que de vainilla, más de playa que de montaña, más de salado que de dulce, más de alegrías que de penas, más de series que de programas.

Con el cambio de temperatura de las últimas semanas, estos días ha llegado a mí uno de esos resfriados tontos que te arrancan las fuerzas del cuerpo y la mente, te hacen permanecer inmóvil en el sofá, aferrarte a la manta y beber caldos para recuperar la vida. Y claro, tantas horas de sofá y manta van acompañadas de televisión. De verdad que soy más de series que de programas, pero ayer después de las noticias, empecé a ver un programa que me rompió el alma.

Espera, te he mentido.

Intento ser más de alegrías que de penas, pero no siempre lo consigo. Aún con mi positivismo, creo que suelo llorar una vez al día. Melodramática desde la cuna, y sensible desde antes de existir, siempre hay algo que me emociona y me hace llorar. Pero bueno, dicen que igual de sano es llorar que reír, así que por ahí me salvo. Lamentablemente, en este país, ver las noticias o los programas de televisión, muchas veces e inevitablemente, es sinónimo de llorar.

Hoy te quería contar que ayer lloré viendo un programa de televisión de esos en los que la gente con pocos recursos pide ayuda. Gente con pocos recursos. Son tantos y tantos ahora mismo… ¿Os acordáis cuándo veíamos galas de televisión para recaudar dinero para niños de países tercermundistas? ¿Os acordáis cuando era despectivo ser mileurista? Ahora se recauda dinero para niños españoles, y quien gana mil euros al mes debe dar gracias cada día.

Entre todos es un programa de la uno de TVE, y ayer lo vi por primera vez. Hoy debatía con unas amigas sobre ello, y algunas me decían que no soportaban la dosis de sensacionalismo que se inyecta cada día en programas así. Yo, lamentablemente, sólo pude llorar. Quizás porque no necesito encender la televisión para ver como gente a la que quiero no llega a fin de mes, es más, gente a la que quiero no sabe ni cómo empezar el mes. 400 euros para mantener una familia, y en algunos casos, ni si quiera eso. Pero ese programa me hizo ver como aún queda gente buena en este país… gente realmente buena. Hubieron personas que llamaron para donar 50 euros, una señora llegó a donar tres mil. Llamó mucha gente. Ofrecieron dinero, casas, incluso trabajo. Es lo único que piden la mayoría de estas familias. Trabajo. ¿No era esto un derecho? La mujer que pedía ayuda tenía 5 hijos, y la mayor sólo tenía nueve años. Muchas noches no podían cenar, y os juro que en ningún momento la vi perder la sonrisa. Entre lágrimas, pero con una sonrisa. Volvemos a lo de siempre, ¿en qué país vivimos? ¿Cómo podemos permitir que nuestros representantes vivan en el lujo mientras un país entero está sufriendo? ¿Cuántos padres lloran cada noche por qué no saben que le darán de comer al día siguiente a sus hijos?

A mi perdonadme, pero a veces, insisto, programas de este tipo son necesarios para saber que lo que está pasando es real. Tanto los corazones envenenados de los que roban, como los corazones rotos de los que lloran. Y claro, la gente no tiene dinero. Incluso la gente que trabaja, no puede llegar a fin de mes. Si no tienes dinero para llegar a fin de mes, ¿cómo vas a poder pagar 8 euros por una entrada de cine? 

Como muchos sabéis, estos últimos tres días se ha celebrado la Fiesta del Cine. Casi tres mil salas en toda España se han sumado a esta promoción en la que sólo debías registrarte para poder disfrutar del cine por 2,90 euros. La semana pasada entrevisté a varios actores y directores sobre ello, y todos coincidían en que es necesario bajar los precios. La gente no tiene dinero, y la gente no va al cine. Punto. ¿Qué ha pasado? Pues que las salas que hace unas semanas estaban vacías proyectando maravillas, se han vuelto a llenar de color, ilusión y sonrisas. Las redes sociales se han hecho eco de cómo las colas de los cines en toda España eran realmente desbordantes. Señores políticos, a ver si les queda claro… Que no es que a la gente no le guste ver películas en pantallas gigantes, con una calidad maravillosa y un sonido increíble, que no es que no nos guste sentarnos al lado de gente que no conocemos de absolutamente nada para compartir risas o lágrimas por una historia que estamos viendo, que no es que no queramos sentarnos en butacas y disfrutar de las películas… Que no, señores, que no, que se están confundiendo. Que resulta que la gente no va al cine porque no tiene dinero. Porque una familia que tiene varios hijos, no puede permitirse el lujo de pagar 8 euros por cada uno de ellos… Y el error está aquí, señores. En ese 21% que nos han implantado. Que el cine es cultura, y la cultura NO es un lujo, la cultura es necesaria para educarnos, para formarnos e incluso para ilusionarnos.

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Yo de pequeña iba mucho al cine. La primera película que recuerdo haber visto en el cine fue Milagro en la ciudad, pero seguro que ya había ido antes. Iba al cine muchos fines de semana… con mis primos, mis padres, mis tíos… era una niña y sentía esa magia. Era un plan perfecto y a todos nos encantaba. Los cines estaban llenos, y la gente sonreía. Ahora las salas están vacías, y para muchos, ver una película se ha convertido en un capricho que darse de vez en cuando. Y así vamos por mal camino… ¿No deben, de verdad, plantearse las cosas? ¿No es mejor llenar salas cada día por un precio más reducido, que tenerlas vacías? Ya que han decidido retroceder en tantas cosas esenciales, a ver si retroceden por algo que nos beneficie. Dejen de recortarnos la vida y apuesten por facilitarnosla, ya verán como eso también funciona, y seguirán durmiendo tan tranquilos. De verdad, que luchar por el bienestar social no es peligroso.

Hoy me voy a dormir un poco enfadada. Me enfado mucho, ¿no es verdad? Perdonadme. Pero es que cuando pienso en lo que nos estamos convirtiendo, me duele.

Buenas noches, amigos.

Lorena.