¡¡¡Ganamos las chicas!!!!

¡Qué pesados son los lunes y qué poco nos gustan! Yo suelo odiarlos, como estoy segura que los odias tú, pero la verdad que hoy he tenido un lunes muy bonito, lleno de reencuentros con amigos a las que no suelo ver y eso siempre trae mucha paz y felicidad. Además, hoy me he levantado llena de energía positiva y es quizás por todo lo que viví ayer y lo que hoy te quería contar.

Los que me conocen de hace tiempo, se sorprenden cuando saben que he empezado a interesarme por correr y hacer deporte… Pero la verdad es que cada vez me gusta más. Hace un mes me enteré que en Madrid se iba a celebrar la décima edición de la carrera de la mujer y siendo por la causa que era, no me lo quería perder. Más de treinta mil mujeres corriendo juntas por un solo motivo: la lucha contra el cáncer de mama. El centro de Madrid vestido de color rosa y las emociones a flor de piel (ya me conocéis…)

El deporte es capaz de unir muchos corazones y a muchas personas de distintas edades, culturas e ideas… Pero el deporte unido a una causa solidaria es capaz, y me di cuenta ayer, de mover montañas. A las ocho de la mañana los metros estaban abarrotados de chicas vestidas de rosa, a ninguna nos importaba el madrugón, estábamos felices e ilusionadas. Jamás imaginé que una carrera pudiese resultar ser algo tan emotivo…

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Me emocioné al ver a una chica hacerse una foto con una pancarta que decía: “Este año corro por ti, el año que viene correremos juntas” (todavía se me ponen los pelos de punta al recordarlo), me emocioné cuando vi a chicas en sillas de ruedas dispuestas a estar ahí apoyando la causa, me emocioné cuando vi a madres con sus hijas, cuando vi a niñas pequeñas, me emocioné cuando vi a señoras que podrían ser mi abuela, me emocioné cuando vi a gente sosteniendo carteles en los que pedían que no se recortase más en sanidad, me emocioné cuando vi a mujeres con esta maldita enfermedad y su pañuelo rosa sobre la cabeza, me emocioné cuando vi a gente con pancartas dando ánimos desde sus terrazas o desde cualquier punto del recorrido, me emocioné cuando vi a hombres con pelucas apoyando a sus mujeres y amigas, me emocioné cuando vi a mi amiga Pilar ahí a mi lado, embarazada, aunque sólo pudo llegar al quilómetro dos (pero sé que el año que viene correremos juntas empujando el carrito de Jorge), me emocioné de ver a tantas, tantas personas emocionadas, entregadas, unidas y solidarizadas por un tema tan delicado como éste…

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Me emocioné al pensar en todas esas mujeres que padecen ahora mismo esta enfermedad, me emocioné al pensar en todas las que a lo largo de la vida no han podido vencer la batalla, me emocioné al pensar que cualquiera de nosotras podríamos ser cualquiera de ellas… Me emocioné al pensar en las hijas, en las madres, en las amigas, en las tías o las sobrinas de las víctimas del cáncer y sonreí al pensar que ahí estábamos, todas unidas, luchando las unas por las otras.

Cada inscripción valía diez euros, y más de treinta mil personas se inscribieron y a mí eso me hace muy feliz. Somos solidarios y nadie debe hacernos cambiar eso, aunque nos recorten la vida y los sueños. Es realmente triste pensar que todos tenemos algún familiar, una amiga, una vecina o una simple conocida que haya sufrido esta enfermedad. Nos encontramos ante una lucha constante, ante una batalla que todos, hombres y mujeres queremos ganar, queremos unirnos, queremos gritar, queremos luchar con fuerza para vencer… Todos queremos luchar en esta guerra, luchar los unos por los otros, porque esta es la única guerra que debería existir y es la guerra en la que sólo se debería ganar.

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Lamentablemente, el cáncer gana a veces, sin entender de edad, de sexo o emociones… Sin entender situaciones, ni vidas… Da igual, tu y yo, todos somos víctimas, todos podemos serlo. Ayer, hoy y mañana muchas personas lucharán contra el cáncer de mama, lucharán ellas, lucharán sus maridos, sus hijos, sus médicos… Pero sé que ayer, en esa carrera, me llené de emociones, de energía, de ganas de vivir, de ganas de superarme, de disfrutar, de exprimir lo bueno, me llené de sonrisas, de lágrimas, de compañerismo, de buena energía… Porque el maldito cáncer gana a veces, pero ayer el centro de Madrid se vistió de rosa y lo aceptó en silencio, orgulloso y con una sonrisa, lo aceptaron sus calles y su gente… Porque ayer, sin ninguna duda…. ¡¡¡GANAMOS LAS CHICAS!!!!

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Gracias a Sandra, Pilar, Carmen y Sara por hacer que viviésemos juntas esta aventura. Felicidades a todas las participantes, y a las que no han participado nunca os animo a que lo hagáis. Es una experiencia maravillosa y la carrera de la mujer se celebra en cualquier ciudad. Porque juntas debemos correr esta carrera cada día. Mucho ánimo y cariño a todas esas mujeres que luchan cada día, a sus familias y a sus amigos… Correremos por vosotras, correremos con vosotras y lucharemos juntas.

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Buenas tardes, amigos.

Lorena.

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Una copa de vino y sexo en Milán.

Teniendo en cuenta que hace sólo un par de semanas pasé unos días en Milán, seguro que a muchos de mis conocidos este titulo les va a confundir. Tranquilo, no vengo a hablarte de mi viaje, ni de mi romance, que podría, pero no. Vengo a hablarte de lo que más me gusta. De páginas y letras.

Los que me conocen saben que soy melodramática por naturaleza, que la vida me ha regalado con generosidad una sensibilidad que me hace vivir las emociones de una forma intensa. Tanto las buenas, como las malas. Cuando cuento algo bueno, la gente me dice: “Por qué te pasan cosas tan emocionantes?”. No saben que quien las hace emocionantes soy yo al contarlas. Las vivencias no son extraordinarias, son normales, como las de cualquiera. Pero claro, cuando me pasa algo malo, lo paso realmente mal, porque todo me afecta, quizás demasiado. Ya sabes, todo tiene su lado positivo y su lado negativo. Por suerte suelo vestirme con una sonrisa cada mañana y afrontar con alegría cada día.

Conocí a Ana Milán a través de la televisión, como quizás también la conociste tú. Un día alguien debió mencionarla en Twitter, algo hizo que ella se cruzase entre los tweets que leía y empecé a seguirla. Me parece divertida y graciosa. Tiene sentido del humor y las palabras adecuadas para cada momento (claro, además de actriz, también es periodista!).  Sexo en Milán comenzaba a ser un tema de actualidad. Ana Milán se hacía eco de las criticas que recibía de sus seguidores a través de la red social. Parecía atractivo. Me picaba la curiosidad y claro, había que leerlo.

Hoy te quería contar que hay libros que merecen ser leídos con una buena copa de vino. Yo suelo ser de novelas largas, de dramas y misterios, de historias de amor imposibles, de momentos clandestinos y sufrimientos románticos. Pero a veces, es necesario leer para reír. Y para sonreír.

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Sexo en Milán es uno de esos libros que me ha hecho reír, mucho. Para estos días de calor lo ideal es tropezar con un libro fresco, entretenido, divertido y ameno. Estos son los ingredientes principales que se entremezclan con recetas de cocina, amistad y amor, entre las páginas de color rosa que ella nos brinda.

Recuerdo que leí este libro en una de esas épocas tontas que a veces el amor (más bien el desamor) te regala. En una de esas épocas tontas en las que los hombres resultan un problema, y sientes que cuanto más lejos les tengas, más feliz serás. Una de esas épocas en las que necesitas que tus amigas te abracen sin parar, en las que necesitas sentarte en un sofá con ellas a reír y a llorar durante horas, hablando tonterías o intentando solucionar el mundo. Una de esas épocas en las que lo único que necesitas es mimarte. Y encontrarte a ti misma.

Me sumergí en las páginas de Ana Milán y me camuflé entre sus palabras, hasta tal punto que podía sentirlas mías. Me sentí identificada y me vi reflejada en muchas anécdotas, vi reflejadas a mis amigas, vi reflejados sentimientos y entendí que podrán cambiar los personajes y los escenarios, pero al final, no somos tan distintas.

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Recuerdo perfectamente cómo me sentí en el momento que acabé el libro. Me apeteció ponerme unos tacones, pintarme los labios rojos, tomarme una copa y comerme el mundo entero, ahí, en ese mismo instante, y en un momento.   Recuerdo que lo escribí en Twitter, y recuerdo que mi amigo Tomás me contestó: “Hazlo“.

Porque Sexo en Milán es “un libro de chicas, para chicas, que deberían leer los chicos“. 

Al final, las épocas tontas del desamor siempre pasan. Y el amor vuelve, con más fuerza que nunca, de la mano de quien menos te lo esperas. Y entonces te quedas en silencio y sonríes, y cuando besas, sientes que estás besando por primera vez. Porque sí, siempre pasa.

Por si no lo conocías, te presento Sexo en Milán porque hay libros que están hechos para mimarte, y merecen que los leas pensando solamente en ti (a veces no está mal ser un poco egoísta), con una sonrisa y una buena copa de vino.

Buenas noches, amigos.

Lorena.