La vuelta al cole depende de ti

Madrid hoy ha amanecido totalmente gris y envuelto por una lluvia que iba siendo ya más que necesaria. Poco ha durado, la verdad, pero parece que, por fin, el calor asfixiante ha pasado y que el otoño, tímidamente, va asomándose por la ventana. Atrás quedan los días de playa y las vacaciones (al menos para mí) y, sin ninguna duda, la rutina va cobrando su forma y un claro ejemplo de ello es la vuelta al cole. Niños y niñas cargados de ilusiones, mochilas, libros nuevos y reencuentros con amigos, llenan las aulas de todo nuestro país y en una fecha tan señalada para ellos es esencial hacer hincapié en algo que realmente me preocupa y que hoy te quería contar… 

No soy madre (bueno madre perruna sí, claro, pero no es el caso), pero tengo primos pequeños, hijos de amigas y niños a los que quiero muchísimo y a los que no me gustaría ver sufrir por nada del mundo. Siempre he pensado que no puede haber nada peor para unos padres que el sufrimiento de sus hijos y aunque haya miles de campañas contra el bullying, desgraciadamente, este tema está a la orden del día, ¿qué podemos hacer frente a eso?

Justo ayer vi un vídeo que alguien compartía en Facebook denunciando el acoso a un niño en el baño de su colegio, sólo era uno el que atacaba, pero varios los que grababan y reían, siendo cómplices de un acoso y un trauma que a mí me encogió el corazón.

Nosotros, los adultos, tenemos el poder de que la vuelta al cole cambie. Creo que sería esencial que los niños vean en su casa el claro ejemplo de tolerancia y que los padres, desde bien pequeños, les acostumbren a no ver diferencias en los demás. Por ejemplo, sé que el día que tenga hijos, ellos crecerán rodeados de chicos que tienen novio, de chicas que tienen novia, y de parejas compuestas por hombres y mujeres porque yo tengo amigos homosexuales, amigas lesbianas y amigos heterosexuales por igual e intentaré desde que sean pequeños que eso sea lo más natural para ellos, que entiendan que el amor es libertad y que hay niños que tienen dos papás, dos mamás o un padre y una madre y entre ellos no hay ninguna diferencia.

Si acostumbramos a nuestros hijos, primos, hermanos, alumnos, si hablamos con ellos y les explicamos que no hay niños raros, que todos somos iguales, que todas las familias valen, quizás ellos lo vean como algo tan normal que no se preocupen en buscar la diferencia. No hay ningún niño que sea inferior por ser más tímido, más bajito, por estar más gordito o más delgado, por llevar gafas, porque le guste jugar con muñecas, por tener otra cultura o por haber nacido en una familia diferente a la nuestra. La educación es esencial y aunque en esta sociedad quedan muchos pasos gigantes por dar, nosotros y nuestros descendientes somos el futuro para mejorarla y ahí es donde tenemos que actuar. Los más pequeños vuelven al cole pero la forma en la que vuelvan, por supuesto, depende de ti, de mí, de nosotros. 

El bullying es un tema que me preocupa muchísimo, de verdad, y ya lo reflejé en un relato que forma parte de mi libro Me Olvidé Decir Te Quiero y otros relatos cortos y estoy segura que quienes ya lo hayáis leído os habéis acordado de inmediato de A Todo Cerdo Le Llega Su San Martín. Por favor, que el respeto, la tolerancia, la diversidad y la educación estén por encima de todo. Nos lo merecemos, se lo merecen.

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

 

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Hay un amigo en mí…

Hoy llego tarde, pero llego… En primer lugar, creo que debo avisaros de que a partir de ahora no sé si mi día fijo para publicar será los martes, como hasta el momento. Os explico por qué. Ahora, con mi nuevo trabajo, me paso el día pegada al ordenador y eso hace que, a veces, acabe un poco saturada o simplemente que tenga otras cosas que hacer y no pueda quedarme más horas junto a él. No obstante, lo que tengo claro es que voy a seguir estando con vosotros una vez a la semana, y ojalá me organice y puedan ser más. No sabéis lo feliz que me siento cada vez que nos contamos historias…

Tras el relato de la semana pasada que tanto os gustó y que creo que se convierte en uno de mis favoritos desde ya, hoy vengo con algo mucho más simple pero no menos importante. A veces, la tele nos regala cosas muy bonitas y ayer fue una de esas noches en las que Antena 3 quiso alegrarme el final de julio… Top Story es, sin ninguna, mi película Disney favorita. Cuando era más pequeña adoraba La Cenicienta, La Sirenita y Aladdín, pero desde que conocí a Buddy, Buzz y sus compañeros supe que se habían ganado, con fuerza, mi corazón. Toy Story 2 siempre me recordará a mi hermano Alex, él era muy pequeño cuando salió a la venta y se (nos) la compramos, ¡le encantaba! Se pasaba el día viéndola, una y otra vez, y yo, que sólo quería estar a su lado y mimarle, la veía con él… Nos diferencian 12 años de edad, así que podéis imaginar cómo me moría de amor por él… Sin ninguna duda, Toy Story 3 ya me pilló mayor, pero la viví con la misma ilusión y hoy, te lo quería contar.

Recuerdo que fui a verla al cine, yo todavía vivía en Elche, pero había venido a pasar el fin de semana a Madrid. ¡Tenía tantas ganas de conocer sus nuevas aventuras! Pues bien, cargada de palomitas y refrescos, fui a verla en 3D si no recuerdo mal… ¡Me encantó! Es que me encantó tanto que lloré mucho con el final… Sí, como una niña pequeña. Ya sabéis que soy muy sensible y de lágrima muuuy fácil. La he visto más veces, por supuesto, pero anoche me di cuenta que hacía demasiado tiempo que no lo hacía. La disfruté como el primer día… ¡Es una auténtica obra de arte! ¿Cómo puede haber tanta magia, tantas risas y tantos valores concentrados en aproximadamente dos horas? Lloré de nuevo cuando Andy se despedía de Buddy, Buzz, Jessie, Perdigón, Rex, El señor y la Señora Patata o Slinki… y no lloré porque me acordase de aquellas Barbies que tanto me gustaban o aquellas muñecas que me hacían creerme madre con poco más de seis años… Lloré, como imagino que habéis llorado con ella todos a los que os haya pasado, por las cosas que tiene la vida… Por esa maravilla de darnos cosas que nos hacen felices y un día, de repente, quitárnoslas. Bien sea porque nos hemos hecho mayores, porque hay que cambiar de vida o porque simplemente la vida se acaba… ¿Os dais cuenta que todo lo que tenemos algún día se irá? Todo, absolutamente todo… Y entonces, miré a Cometo, que estaba dormido a mi lado en el sofá, y pensé en la maldad del ser humano.

No sé si alguna vez os he contado algo muy curioso que me pasa (seguro que no soy la única). Cuando de repente pasa algo, ese algo me lleva a pensar en otra cosa, y esa cosa en otra… y así, en cuestión de segundos, puedo pensar en, por ejemplo, diez cosas distintas, donde la primera no tiene nada que ver con la última… Cadena de pensamientos, lo llamo yo. Pues ayer, mi cadena de pensamientos no fue muy extensa, pero de repente pensé en todas esas imágenes que estoy viendo estos días en las redes sociales de tantos, tantísimos, perros que necesitan casas de acogida, de tantos, tantísimos perros que son abandonados por sus dueños por un sinfín de excusas hipócritas y vacías de sentimientos, desde una separación matrimonial a las ganas de irse de vacaciones… pero, ¿en qué asco de mundo vivimos? Os prometo que se me parte el alma y me lleno de rabia cuando pienso en esas cosas. Cuando me regalaron a Cometo, creo que tardé medio segundo en quererle (bueno, quizás un poco más, porque al principio no daba crédito ante tal maravillosa sorpresa), y creo que me fueron suficientes un par de horas para saber que no quería separarme nunca de su lado, para saber que nos íbamos a querer con todas nuestras fuerzas, a acompañar en mil historias, en el tiempo, en los espacios, en las alegrías y las penas y que entre nosotros, de repente, se había creado un vínculo de unión tan sumamente fuerte que creo que sólo son capaces de entender las personas que conviven con una mascota. A veces, le miro y sé que sólo le hace falta hablar, pero es que ni si quiera necesito que me hable para entenderle, en su mirada puedo ver si está cansado, si está triste o si tiene ganas de jugar… Él tampoco entiende mi idioma y os aseguro que conoce mejor que nadie cada uno de mis estados de ánimo. Sabe cuando estoy triste, cuando estoy feliz, cuando necesito que se acurruque a mi lado o cuando necesito un rato de silencio… Os prometo que lo sabe, y os prometo que lo sabe mucho mejor que la mayoría de seres humanos que me rodean, es algo tan mágico y especial que es difícil de explicar.

No puedo entender cómo pueden existir seres humanos que abandonen a sus mascotas, no puedo entender cómo hay personas que pagan una barbaridad de dinero por asesinar a un león en peligro de extinción y que eso se permita, como no entiendo vivir en un país donde maltratar a un animal en medio de una plaza sea catalogado por muchos como “cultura” o “tradición”. Entonces, una vez más, me avergüenzo del planeta en el que vivo… Bueno, me avergüenzo de las personas que viven en él y pienso que ojalá pudiésemos parecernos, sólo un poquito, a ellos. Nosotros, que supuestamente somos “el animal racional”, nosotros que destrozamos el mundo en el que vivimos… Hoy, paseando por el parque (todavía con la resaca Disney de ayer), tarareaba en mi cabeza la conocida canción de Toy Story… y cuando me he escuchado (sin cantar en voz alta, lo prometo) decir: Hay un amigo en mí…” he mirado a Cometo y he entendido que hay muy pocos amigos como él, y eso que tengo la suerte de rodearme de amigos maravillosos, fieles e incondicionales a los que quiero con todo mi corazón.

Por favor, que los padres lo metan en la conciencia de sus hijos, que la educación cambie, que el ser humano aprenda las bases cuando todavía las puede absorber sin poner pegas… Quiero ver un mundo en el que el abandono o maltrato de un animal nos parezca una salvajada a todos y no sólo a unos cuantos, quiero vivir en un mundo donde la irracionalidad del ser humano se castigue y se corrija. Ellos nunca nos fallan, y nosotros les fallamos demasiado. Ojalá vosotros penséis exactamente como yo, en otros temas me da igual, pero en este: ojalá.

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Buenas noches, amigos.

Lorena.

Empezó mi vida…

Cuando me marché y escribí el último post, tenía claro que hoy era el día que iba a volver. A veces, los planes no salen como uno quiere. Hace dos días que llegué a España y en menos de 48 horas he tenido que hacer muchos km para ir hasta casa a arropar a mi familia, para despedirme de un ser querido, y hacerle frente a la muerte, que es lo único que temo en la vida… Hoy ha sido un día muy triste y os prometo que no creía tener fuerzas, pero tras llegar (de nuevo) a Madrid y estar en el sofá, me he dado cuenta que esto era lo único que me podía desahogar: escribir.

Estas dos semanas en París han sido de las mejores de mi vida. Si de por sí esa ciudad enamora, yo he tenido la suerte de conocer y rodearme de personas increíbles que no me han dejado sola en estos quince días, que me han abierto los brazos desde el minuto cero y que me han hecho sonreír constantemente. París es una ciudad que enamora, cada rincón, cada calle desprende una magia inexplicable… y como no podía ser de otro modo, tenía que volver con un relato, con una historia imaginada en esa ciudad de ensueño… Ya había escrito alguna vez sobre ella, sin conocerla, pero esta vez, estoy segura que será diferente. Leed despacito, como siempre…


Empezó mi vida

Las ganas de comerme el mundo siempre me jugaron malas pasadas. Aquel martes no había sido un buen día. Marta gritaba al teléfono, reprochándome un sinfín de historias que a mi ya me cansaban. La quería, la quería con todas mis fuerzas, pero sin embargo, aquella no estaba siendo una buena época. Llevaba meses pensando que todos tenemos malas rachas y que aquello, tarde o temprano, tenía que cambiar. Sólo faltaban dos semanas para que yo volviese a España y seguro que, entonces, con el verano, los planes y el reencuentro, todo volvería a estar en su lugar. Llamé a Antonio esperando que me ofreciese un buen plan, necesitaba salir de casa y París en una tarde de julio tenía toda la vida que yo anhelaba. Sabía que él no me iba a fallar, él siempre sabía cómo organizar los días y cómo hacer de cada uno de ellos una aventura. A las siete en punto nos reuniríamos en Bastille para ir a tomar unas cañas. Decidí salir de casa con la sonrisa puesta, más por necesidad que por casualidad, pero lo que nunca imaginaba es que esa sonrisa iba a ser mi única aliada en los próximos días… Antonio y el resto de gente de la oficina me esperaron puntuales, había alguien a quien yo no conocía. Ni si quiera me fijé bien en ella. Me la presentaron, sin más. Era la hermana de Juan, otro de mis compañeros, y había venido a pasar unas semanas a la ciudad del amor para hacer turismo e intentar buscar un trabajo que le asegurase un futuro mejor. Sigo sin entender qué fue lo que pasó. No sé en que momento empezamos a hablar, no sé en que momento nos empezamos a reír o en qué momento cogimos la confianza suficiente como para gastarnos bromas que nadie más podía entender… Lo único que sé es que unas horas después deseé que el mundo desapareciese y me olvidé de todo lo que había en él.

La mañana siguiente me desperté pensando en ella, sin saber muy bien cómo ni por qué. Sabía que tenía poco tiempo y quizás la debilidad en mi relación con Marta, quizás la novedad y las circunstancias o quizás el destino hicieron que aquel día y todos los que vendrían a continuación me inventase mil excusas y mil planes en grupo para poder volver a verla. Propuse fiestas y turismo, cualquier cosa que a ella le pudiese interesar. Necesitaba, de forma inexplicable, verla y hablar con ella. Conseguí hacer todos esos planes, el verano también ayuda a salir a recorrer la ciudad, a sentarse en los bares, a beber cerveza fría, a ver caer la noche y ver las luces intermitentes que cada hora en punto llenan de magia la Torre Eiffel. ¿Qué me estaba pasando? Yo, que estaba completamente enamorado de mi chica, a la que durante tres años había visto superior a cualquier mujer, con la que sabía que quería compartir el resto de mis días, el resto de mis vidas… Algo cambió y algo falló en aquella tarde de martes en la que tuve que recoger con fuerza mi sonrisa para salir de casa.

Dudé mucho en contarle mis sentimientos o no… ¡Era una locura! Tenía unos cuantos años más que yo, un chico que la esperaba, una vida en otro país, unos planes de futuro sin mí. Pero a veces, en la vida, cuando dos personas se cruzan, sus caminos encuentran un punto de unión tan fuerte que la conexión es brutal, explosiva, inexplicable, irracional… Ni si quiera la conocía realmente y no podía dejar de pensar en ella. Me robó el alma, el corazón y los días. Me conformaba con verla sonreír, con escuchar su voz, con aguantarle la mirada y ver a través de sus ojos que ella sentía exactamente lo mismo que estaba sintiendo yo. A veces, esa conexión es tan fuerte que sobran las palabras… Aquel viernes decidimos salir. El Pont Alexandre III nos acogió bajo sus luces, con toda esa gente que estaba ahí, desde cualquier ciudad de Europa, desde cualquier rincón del mundo, compartiendo risas, botellas de vino y amores de verano… Bebimos más de la cuenta y la noche nos invitó a vivir. Bailamos y reímos casi hasta el amanecer y entonces, todavía me preguntó por qué, le dije:

-No hace falta que te lo diga, ¿verdad?

Sonrió y negó con la cabeza, con una tristeza que en cuestión de milésimas de segundo se había apoderado de  su mirada.

-No… no hace falta, pero sabes que es imposible.

Asentí y le di un abrazo. Me conformé con un abrazo. Yo, que siempre había sido de luchar por los imposibles, de convertirlos en posibles. Yo, que la había conocido hacía solamente tres días y no podía dejar de pensar en ella. Yo, que prefería caer mil veces antes que no haberlo intentado. Yo, que en aquel momento olvidé que tenía que volver a España y que ella volvería a Italia… Yo, que había olvidado que tenía una vida en la que ella no estaba. Yo, que había olvidado que ella tenía otra en la que yo no pintaba nada.

Seguimos viéndonos y coincidiendo, entre miradas cómplices y sonrisas a medias. La sentí distanciarse de mí, la vi alejarse de forma sutil, como se alejan los que no quieren hacer daño… Mientras iba contando los días y sabiendo que cada minuto era uno menos, y que cada día que pasaba ya no iba a volver. Entonces, empecé a sentir miedo porque sabía que sin querer, había empezado a quererla, con todas mis fuerzas, desde aquel martes de julio en el que el destino quiso que nos encontrásemos.

Me estaba volviendo loco, me ponía nervioso si pensaba en ella… Necesitaba salir de trabajar y encontrarla. Necesitaba escuchar su voz.  Me creí el imposible y empecé a querer, simplemente, verla sólo una vez más, porque empecé a tener miedo, empecé a temer no volver a verla y empecé a repetirme, una y otra vez, que me estaba volviendo loco… Me había enamorado, locamente además, de alguien a quien ni si quiera conocía, alguien a quien seguramente había idealizado en mi cabeza y alguien a quien seguramente no podría tener jamás. Me sentía culpable y egoísta… ¿Cómo podía sentir tanto por alguien a quien había visto cuatro veces en mi vida? Y entonces supe que no podemos sentirnos culpables por sentir… Porque sentir amor, sea en la condición que sea, es lo que realmente nos enciende el corazón y nos hace temblar el alma… Y además de París, no hay nada más mágico que eso.

Sabía que podía ser un gran error, pero no pude evitarlo. Faltaban dos días para coger aquel avión que me llevaría de vuelta a unas vacaciones que venían en forma de realidad, una realidad que me estaba atormentando. Le envié un mensaje y la cité en las escaleras de Montmartre para beber unas cervezas, para reírnos de las risas y sentir la ciudad a nuestros pies justo en el momento del atardecer… Apagué el teléfono. No quería ver la respuesta. Cogí el metro y fui hasta allí para estar puntual a la hora prevista. Esperé cinco, diez, quince, veinte minutos… Esperé una hora, esperé dos… Vi a muchas chicas rubias a lo lejos, con la sonrisa en los labios y su imagen se me borraba al tenerlas cerca… Me había equivocado, y lo peor, me había metido en una burbuja de un mundo que no era el mío, en un lugar donde no tenía que estar, suplicando poder ver a la mujer que no tenía que ser… Decidí hacer el camino de vuelta andando, perdiéndome entre la noche parisina, entre los jóvenes que se devoraban a besos y las familias que paseaban disfrutando del verano… Me sentí estúpido y avergonzado. No esperaba encontrar un mensaje cuando encendiese el teléfono. Bueno, miento. Sí lo esperaba. Esperé a llegar a casa y lo encendí. Me había escrito quince minutos antes de la hora a la que yo la había citado, me había escrito un: “Lo siento, me es imposible. Cuídate mucho.”, que me provocó una pequeña carcajada que me quemó el alma y la voz.

No le volví a escribir, pero no podía dejar de pensar en ella. Era incontrolable. El mismo domingo que cogía mi avión de vuelta, me crucé con Antonio y entre risas, estupidez y vergüenza, le conté lo que me había pasado…

-Yo estaba con Juan en ese momento. Ella estaba subiendo a Montmartre cuando su novio la llamó, por sorpresa, para decirle que estaba aquí. Me parece, amigo mío, que si no hubiese sido por ese pequeño detalle, habría acudido a la cita.

Sonreí cabizbajo y quise quitarle importancia. Nada, absolutamente nada, sucede por casualidad. Quizás tenía que ser así, tenía que aparecer él para evitar que yo la viese, para evitar que el mundo se desmontase a nuestro antojo, cuando ambas vidas respiraban tranquilas en su rutina y estabilidad. Me recuerdo perfectamente en el aeropuerto, apurando un cigarro en silencio, respirando el aire de París, sabiendo, a ciencia cierta, que cuando volviese dos meses después, ya nada volvería a ser como antes. La ciudad en la que había vivido los últimos dos años había cobrado vida en sólo dos semanas.

Cuando vi a Marta me sentí un cobarde y el mundo se me vino abajo cuando aquella noche, entre besos y sonrisas, quise hacerle el amor y sólo fui capaz de pensar en Isabella…

Dejé mi vida, dejé mi relación, dejé mi mundo porque me estaba encerrando en una mentira. Dejé todo de lado por una ilusión, por una chica mucho más mayor que yo, a la que sólo había visto sonreír entre cervezas, con la que sólo había hablado de la vida… Dejé todo de lado por una chica a la cual no había acariciado, a la cual ni si quiera le había robado un beso, una chica de la cual no sabía cómo era su aroma, cómo olía su pelo… ni si quiera cual era su película, su canción o su comida favorita… Dejé de lado mi mundo por un amor imposible, por una historia surrealista, por una persona que el destino había cruzado en mi vida para hacerme vivir de una forma que no conocía… Para hacerme sentir, aunque resultase imposible, que me estaba enamorando por primera vez… de alguien a quien no conocía, como las historias de verano, las de cuando tienes quince años. Ella, a la que no sabía si volvería a ver alguna vez en la vida… Hasta aquel día, dos meses después, en el que recibí un mensaje que decía: “No he dejado de pensar en ti… Te espero en Montmartre, esta vez de verdad”.

Y entonces, sólo entonces, empezó mi vida…

HIce esta foto desde el metro, camino a Trocadero y supe, desde aquel instante, que tenía que escribir sobre esta ciudad mágica...

HIce esta foto desde el metro, camino a Trocadero y supe, desde aquel instante, que tenía que escribir sobre esta ciudad mágica…

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

Sin Identidad.

Como os contaba en el post de la semana pasada, estas semanas estoy viviendo un montón de cambios y emociones en mi vida. El martes, os anuncié en la página de Facebook que el nuevo post iba a esperar unos días. Lo decidí así porque me había cogido unos días de vacaciones y estaba en mi pueblo, así que decidí disfrutar 100% y en todo momento de mi gente, de los reencuentros, los cafés o las cañas, los días de playa y piscina…

Ayer llegué a Madrid para deshacer una maleta y hacer otra, porque hoy te quería contar que no voy a estar por aquí en unas semanas… Me marcho fuera de España por trabajo, por un nuevo proyecto por el cual estoy muy feliz e ilusionada y quizás puedo encontrar un hueco y ponerme a escribir, pero me conozco y seguro que querré exprimir la experiencia al máximo y en mis ratos libres voy a querer pasear y aprovechar para perderme por las calles de una ciudad tan maravillosa y con tanta magia, tan bonita y bohemia, como lo es París. Os prometo que cuando vuelva, os contaré todo, os hablaré de este nuevo proyecto y de esta nueva etapa profesional de mi vida. 😉

Sabéis de sobra que me encantan las series de televisión, y aunque me gustan tanto las nacionales como las internacionales, sabéis que yo soy de apostar fuerte por lo que tenemos en casa. Creo que en este país tenemos grandes actores y actrices, creo que tenemos grandes directores, grandes guionistas,  y sí, creo que tenemos grandes series de televisión. 

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Ultimamente, y no sé muy bien por qué, me he enganchado a varias series y cada una de ellas han pasado a ser las protagonistas de cada uno de los días que tiene la semana (al menos de lunes a viernes) como cuando era adolescente. Sin ninguna duda, una de las series que más me ha gustado en los últimos tiempos ha sido Sin Identidad. El pasado miércoles, mientras creía que se acercaba el último capítulo, aún creyendo que había muchas tramas por resolver, os aseguro que pasé momentos de verdadera tensión (¡es una maravilla!). Para mi sorpresa (y la de mis amigas, que habíamos decidido cenar y ver el final juntas), la serie continúa la semana que viene, cuando supongo que acabará, y os aseguro que voy a lamentar no estar aquí para verla (aunque obviamente, la veré online lo antes posible).

No me quería marchar sin hablaros de esta maravilla que me ha tenido pegada frente al televisor cada miércoles, semana tras semana.

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María Fuentes (Megan Montaner) es una joven abogada que viene de una de las familias más prestigiosas de Madrid, la familia Vergel. Su vida cambia cuando descubre que es una niña robada y que fue arrebatada de los brazos de su madre biológica para ser vendida de forma ilegal a esos padres refinados que le han mentido durante toda su vida. En ese momento, empieza una lucha contra la familia que la ha visto crecer, mientras no descansa hasta encontrar a su verdadera madre y disfrutar junto a ella y su hermana Amparo (Verónica Sánchez) el tiempo perdido. Las cosas empiezan a complicarse mucho más de lo esperado cuando su tío Enrique (Tito Valverde), un prestigioso ginecólogo, teme que la trama de los niños robados salga a la luz. Decide ordenar el secuestro de María y hacerla desaparecer, con la complicidad de Amparo y su novio Curro (Antonio Hortelano). María es vendida a un árabe y de ahí a la mafia china donde es prostituida durante trece años, hasta que consigue escapar y volver, en un principio, bajo el nombre de Mercedes Dantés, convertida en una persona totalmente distinta, para vengarse de todos aquellos que le arruinaron la vida y le hicieron tanto daño.

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Corrupción, mentiras, maldad, egoísmo, apariencia, falsedad, dinero, sangre y manipulación son los ingredientes que envuelven la personalidad de los diversos personajes de esta serie de Antena 3. Nada es lo que parece, todos tienen algo que esconder, todos tienen desde una pizca de maldad a una maldad infinita… Menos Pablo (Eloy Azorín), el bueno oficial de la serie, un informático locamente enamorado de María, que la ayudó 13 años atrás y seguirá estando ahí, al pie del cañón, cuando ella vuelve, para ayudarla y hacer que todos los culpables paguen lo que hicieron.

Sin Identidad cuenta con un reparto de lujo y creo que hacía mucho tiempo que el trabajo de los actores no me parecía tan impecable, sin ninguna excepción. Todos y cada uno de ellos están brillantes en esta historia de ficción que estoy segura nos va a mantener en vilo hasta el último segundo.

Lydia Bosch, que siempre me ha encantado y vuelve a encantarme una vez más, Miguel Ángel Muñoz, que me ha sorprendido gratamente en este trabajo, Tito Valverde, el malo malísimo que no puede estar más espectacular, Eloy Azorín, que se ha ganado el corazón de gran parte del público femenino, Jordi Rebellón, el bueno del padre de María que quiso luchar contra la familia que tanto daño le había hecho, Daniel Grao, encarnando a Juan que nos ha causado más de una decepción, o Victoria Abril, impecable haciendo de una mujer alcohólica y desesperada, con demasiados palos por parte de la vida… Estoy segura que todos los que habéis seguido la serie estáis de acuerdo conmigo en que se salen, que están brillantes, todos y cada uno de ellos.

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Es verdad que necesito destacar, por un lado, a Megan Montaner, que ha bordado el papel de María desde la dulzura y la calma que la caracterizaban en la primera temporada, a la frialdad y rabia que ha derrochado en cada mirada de la segunda. ¡Bravo!

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Por otro lado, y para mí la más brillante de todo el reparto, está Verónica Sanchez, que con su Amparo, estoy segura que ha disfrutado como nunca. Lo he twitteado durante muchos capítulos, porque no ha dejado de sorprenderme cada semana: este ha sido el papel de su vida. No puede estar más espectacular, más auténtica, más genial… Está ENORME. Verónica Sánchez (eterna Eva de los Serrano) creo que ha marcado un antes y un después en su carrera profesional gracias a este trabajo, que ha conseguido emocionarla más de una vez, tal como ha transmitido en su perfil de Instagram.

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Hace uno o dos meses, me la encontré en una tienda del centro de Madrid, quise darle la enhorabuena, porque cuando alguien hace bien su trabajo, merece que se le feliciten por ello, porque eso alegra a cualquiera, pero había mucha gente y al final, decidí no hacerlo. Lo he lamentado muchas veces.

Se acerca el final de Sin Identidad, una de mis series favoritas de todos los tiempos, una de esas serie que estoy segura recordaré con el paso del tiempo, una de esas serie que, seguro, dentro de unos años, tendré la necesidad de volverla a ver. El último capítulo me pillará fuera de España, pero os aseguro que aunque sea unas horas después, lo disfrutaré y twittearé con la misma intensidad y emoción de siempre.

Si no la has visto, te recomiendo que lo hagas, después de leerme, sabes que no puedo hacer otra cosa. Sabes que me ha encantado y yo estoy segura que te encantará.

Mi más sincera enhorabuena a todas y cada una de las personas que han trabajado en este proyecto… de verdad.

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Nos leemos en unas semanas.

¡Disfrutad del verano!

Feliz sábado, amigos.

Lorena.

No todos los políticos son iguales.

Nos han hecho tanto daño político que no es extraño escuchar a alguien decir “no confío en ningún político“, “no me creo a ninguno” o “todos los políticos son iguales“. Pero no, no todos los políticos son iguales. Yo, que confío en las personas, tengo esperanza y confío en la razón, siempre estoy segura de que hay excepciones, aunque sólo sea para confirmar la regla. Como en cualquier asunto de la vida. Hoy, te lo quería contar.

Ayer por la noche estuve con mi amiga Lydia y justo le dije que no tenía ni idea sobre qué iba a escribir en el post de hoy. A veces, desgraciadamente, las noticias te sorprenden y te dan el tema a tratar. Hoy, cuando me he despertado, mi mejor amigo me había escrito un mensaje en el que me anunciaba la muerte de Pedro Zerolo y me pedía que escribiese sobre él. Me ha invadido la pena, porque a veces, cuando muere alguien que no conoces, pero de quien sin conocer sabes que tiene un gran corazón, la pena llega de forma inevitable. Me he sumergido en mis redes sociales y todo el mundo se hacía eco de la noticia.

MD35. MADRID, 25/10/08.- El secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG del PSOE, Pedro Zerolo, sostiene una pancarta que condena el machismo, durante la manifestación convocada esta tarde en Atocha, Madrid, por una asamblea de hombres para protestar contra la violencia de género. EFE/VÍCTOR LERENA

La muerte no perdona a nadie, es algo que sabemos que existe desde casi el comienzo de nuestra historia, pero es algo para lo que casi nadie estamos preparados nunca. Yo, personalmente, es a lo único que le temo en la vida. Qué cosas.

Cuando muere alguien que ha luchado por el bienestar social como lo hizo Zerolo, es imposible no sentir un vacío inmenso, y entonces, una vez más, te preguntas por qué no existen más personas así, porque el ser humano, en vez de ser lo contrario en su gran mayoría, no se empapa de la fuerza y buena energía de algunos que parece que simplemente fueron enviados para intentar salvar el mundo o, al menos, mejorarlo en todo lo que esté a su alcance.

Como muchos ya sabéis, soy una gran defensora del colectivo homosexual. Muchas de las personas que forman parte esencial en mi vida son homosexuales, pero no por ello respeto cualquier condición sexual. Respeto cualquier condición sexual porque yo creo en el amor y las personas, porque yo amo la libertad y la felicidad y porque todo ser humano tiene derecho a amar, a ser libre y a ser feliz. Estoy segura que somos muchos los que pensamos así. De hecho, quiero pensar que todos los que me leéis pensáis así.

Zerolo lo pensaba, pero no quiso quedarse de brazos cruzados. Él quiso luchar por el amor, por la libertad, por la felicidad, por la igualdad, por los derechos, por las personas y por un mundo más justo en el que todos vamos a convivir. Porque no todos los políticos son iguales.

Hoy, al verle protagonizar tantas noticias, me he encontrado con un sin fin de imágenes suyas. El cáncer le había consumido, le había quitado fuerza a su cuerpo, pero en cada una de las imágenes, todavía sabía conservar una sonrisa fuerte, llena de ilusión y de esperanza, no por él, que ya era consciente que más bien pronto que tarde se iría, sino esperanza por este mundo que nos dejaba y por el que había luchado sin límites mientras había estado por aquí. Hay personas que tienen magia en el alma, y eso, queridos, ni el maldito cáncer lo sabe destruir. Zerolo brillaba, estoy segura que ha brillado hasta el final.

Mi amigo Tomás compartía en Facebook una entrevista que El Mundo publicaba hace casi un año. Una entrevista maravillosa que me ha hecho emocionarme y de la cual, he creído necesario rescatar algún fragmento.

P. No va a renunciar a trabajar…
R. No, nunca. Acabo de proponer en el Ayuntamiento 10 medidas urgentes para luchar contra la pobreza infantil. Quiero trabajar hasta la victoria final. Y si no hay victoria, es que no es el final.
P. Si naciera otra vez… ¿volvería a ser político?
R. Volvería a ser un servidor público con discurso político. De izquierdas, claro.
P. ¿Y cuando escucha: ‘¡los políticos todos a extinguir!’?
R. Hay una enorme desafección y tiene su explicación. Hay algunos políticos que no han entendido su función como un servicio público. Los que así lo entendemos no hemos tenido mayor problema. Pero sí, hay mucho cabreo e indignación y eso hay que corregirlo. En mi caso, la gente conoce mi trabajo y la pulsión suele ser muy positiva. Creo que hay que recuperar la identidad.

Quizás no ha sido una casualidad que junio haya sido el mes de su despedida, de su incansable lucha, de su batalla perdida, pero tantas cosas ganadas… Junio es un mes importante para muchos homosexuales que en el Orgullo Gay saldrán por las calles de Madrid a alzar banderas llenas de colores y a brindar por la libertad y la igualdad, y estoy segura que este año, todos le llevarán en la memoria. Quizás no ha sido casualidad que haya esperado a ver cómo nuestro país vivía unas elecciones con un cambio notable en el enfoque político, en la ideología, en la necesidad de renovarse, en la esperanza y la ilusión… Quizá, quién sabe.

Hoy no hay colores políticos, hoy sólo hay vacío y una tristeza inmensa al ver como la vida, a veces, es excesivamente injusta, y como el cáncer ataca sin elección ni condición. Hoy hay un vacío y una tristeza inmensa por la pérdida de un hombre que luchó por los derechos de las personas, y vio repercusiones sociales gracias a su lucha. Gracias Pedro, muchísimas gracias.

Estoy segura que hoy, incluso aquellos homosexuales que sin sentido se aferran a partidos políticos que rechazan su condición sexual, miran al cielo en silencio, y aunque no se atrevan a pronunciarlo en voz alta, le están dando las gracias.

Hoy, el periodista Isaías Lafuente twitteaba: “En el más allá Pedro Zerolo ya debe estar peleando para que la igualdad sea eterna. DEP”. Yo también lo creo.

Hoy es un día triste, sin ninguna duda.

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Buenas tardes, amigos.

Lorena.

La verbena de Alma en Pena.

Me está gustando esto de empezar el día con vosotros… A pesar del calor, ahora mismo corre un airecito por mi casa maravilloso, tengo mi té verde preparado y las ganas de comerme el martes a bocaos. No os podéis imaginar las ganas que tengo de escaparme a la playa, cada vez que salgo a la calle en Madrid y siento este calor, pienso lo mucho, muchísimo, que echo de menos el mar, mi tierra y mi casa.

Y claro, hablando de verano, de calor y de playa… Me es inevitable pensar en la ropa y los complementos de estas fechas. Aunque este blog no esté muy relacionado con la moda, no puedo dejar de confesaros que ella me apasiona, me encanta estar al tanto de las tendencias y saber cuáles son las prendas top de la temporada y aunque mi estilo no es muy estricto porque suelo combinar un poco de todo, supongo que tengo un estilo actual que seguramente aunque yo no sea muy consciente, me define ante los demás, y  claro, he de confesar que, al final, siempre acabo picando en las prendas más aclamadas de cada colección, pero bueno, supongo que eso nos es un poco inevitable a todas.

Como amante de la moda, de vez en cuando, me gusta dejarle un espacio en este blog y más si se trata de Alma en Pena.

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Los que me leéis desde hace tiempo, no necesitáis que os presente a esta maravillosa firma. Los que habéis llegado hace poco y no la conocéis, estoy segura que después de este post y ver las fotos, os vais a enamorar de sus diseños.

Hace sólo unas semanas, asistí al evento de la presentación de la colección primavera/verano 2015 de Alma en Pena. Es mi tercer evento con la firma, y es uno de mis preferidos cada temporada, sin ninguna duda. De la mano de Nboca Comunicación (www.nboca.es) , organizaron una fiesta maravillosa dónde el buen ambiente,las flores, las guirnaldas, los colores, las luces y la alegría del verano daban forma a una especie de verbena que no pudo obtener un mejor resultado.

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Música en directo de la mano de Showpai, comida y bebida excelente de la mano de Sobejano Catering y un sin fin de sandalias, cuñas, zapatillas y tacones decoraban el local en pleno Malasaña (mi barrio favorito de Madrid).

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Arancha Martí, Sara Sálamo y Patrick

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Vanesa Romero y Mónica, de Alma en Pena. Imagen de la web de la firma.

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Víctor, de Sobejano Catering. Imagen de la web de la firma.

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Vanesa Romero y Showpai de fondo. Imagen de la web de la firma.

Como ya os he contado otras veces, Alma en Pena es una firma para una mujer fuerte y con fuerza. La firma, cuya seña de identidad son las piedras y brillantes para vestir nuestros pies, se supera  más cada temporada, si cabe. Cuando veo sus zapatos, pienso en una mujer actual, valiente, trabajadora, luchadora, todoterreno, que vive el día a día con ganas, con mil cosas que hacer, que trabaja, que le gusta salir y pararse a tomar un café o una cerveza con amigos, que necesita ir cómoda para llevar este ritmo y sobre todo, necesita ir elegante, sofisticada y sentirse única. Este es el tipo de mujer que me gusta y el tipo de mujer a la que me imagino con unos Alma en Pena en sus pies.

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Mónica de Alma en Pena con las actrices Sara Sálamo y Arancha Martí.

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Arancha Martí

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Sara Sálamo

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Pero la firma va más allá, y está dispuesta a vestir a mujeres de todo tipo, basándose siempre, desde mi punto de vista, en la elegancia, la comodidad y la originalidad.

Numerosos medios de comunicación estuvieron allí para no perderse ni un detalle de esta colección, y numerosas revistas de moda hablaron después sobre el maravilloso evento.

Por supuesto, el evento contó con la presencia de la actriz Vanesa Romero, que es imagen de la firma y estuvo allí posando para la prensa y disfrutando de la fiesta de principio a fin.

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La actriz Vanesa Romero posando para los medios.

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Yo acudí con mis amigos, las maravillosas actrices Sara Sálamo y Arancha Martí, Patricio Rodriguez y Rebeca Marcos, y fue una tarde maravillosa.

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Arancha, Patrick, Sara y yo, con Carmen Barrios de Nboca Comunicación.

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Rebeca, Patrick y yo con Ana y Carmen, de Nboca, y Mónica, de Alma en Pena.

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Sara, Arancha, Patrick y yo.

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Supongo que cuando las cosas se hacen con tanto gusto, tanto cariño y tanta profesionalidad, nada puede salir mal, ¿verdad? Así que una vez más, mil felicidades a Alma en Pena y Nboca Comunicación por dejar el listón tan alto… ¡Nos vemos en la próxima!

Por supuesto, yo ya tengo mis Alma en Pena para pisar con fuerza este verano… Y tú, ¿te vas a quedar sin ellos? No te puedes perder su web porque te vas a enamorar, además cuentan con una tienda online donde sus zapatos pueden llegar hasta donde estés. www.almaenpena.es 

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Feliz martes, amigos.

Lorena.

Me gusta todo, menos tú.

Como cantaba mi amigo Mario en una de sus canciones: algo estamos haciendo mal. No ha sido nuestra culpa, o tal vez sí, pero algo estamos haciendo mal.

Hoy te quería contar algo en lo que todos deberíamos estar de acuerdo, con nuestras diferencias y preferencias, pero con las ideas superficiales, al menos, iguales. El problema es que estamos de acuerdo muchos, pero no todos, y ahí es cuando algo falla, porque algo falla.

Hoy quiero hablarte de lo mucho que me gusta el país en el que vivo y lo poco que me gustas tú. Quizás suena un poco frío, pero es la verdad.

Me gusta mucho mi país, es un país bonito, aparentemente tranquilo… Me gusta su sur, con sus rincones, sus colores, su calorcito, su arte, su acento, su clima, la gracia de su gente… Me encanta su norte, con esos paisajes de ensueño, tan verdes, tan bonitos, su agradecido fresquito en verano, sus lluvias, su comida, la bondad de su gente… Me gusta Barcelona, por ejemplo, la ciudad de mi libro favorito, la ciudad que para mí es un sueño, tan cosmopolita, tan avanzada siempre, me gusta su gente, su idioma, me gustan sus valores… Me gusta (y mucho) la capital de mi país, esta ciudad que he hecho un poco (bastante) mía,  me gustan sus calles, su vida, su mezcla, su cultura, sus pocas ganas de dormir, me gusta su gente, sus costumbres… Me gustan todos los rincones de mi país, unos más bonitos que otros, cada uno con sus cosas, una maravilla en su conjunto… Me gusta, por supuesto, Valencia, mi tierra, mi casa, me gusta el clima del Mediterráneo, su comida (¡viva la paella y la cassola!), me gustan sus playas, sus fiestas de Moros i Cristians, me gusta su lengua, me gusta su gente…

Me gustan tantas, tantísimas cosas… Me gusta todo, menos tú.

Vivo en un país precioso, de verdad te lo digo. Un país donde se hablan varios idiomas, un país que me transmite buen rollo, energía y felicidad. De mi país me gusta casi todo, y digo casi, porque no me gustas tú.

Me gusta mi país, me gustan sus médicos, me gustan sus profesores, me gustan sus periodistas, me gustan sus músicos, me gustan sus actores, sus directores de cine, me gustan sus escritores, me gustan sus deportistas, me gustan sus profesionales, porque los hay, perfectamente preparados y capacitados en cualquiera de los ámbitos. Me gusta su historia, su cultura, sus monumentos, me gusta la Giralda, la Sagrada Familia, la Catedral de Santiago, La Alhambra, El Palacio Real o La Puerta del Sol… Me gusta todo esto que se ha ido conservando y cuidando a lo largo de los siglos, con el paso de la gente y del tiempo.

No me gustas tú, porque lo estás destruyendo casi todo.

Vivo en un país maravilloso, con personas maravillosas… Pero siento una vergüenza extrema cada vez que veo a cualquiera de los políticos que creen que nos representan. Vivo en un país donde la corrupción está a la orden del día, donde nos roban por todos lados y  donde se consiente. Vivo en un país donde roba todo el mundo que tiene el mínimo poder, desde el alcalde de un pequeño pueblo hasta el yerno del rey, y eso me llena de tristeza, de rabia y de impotencia.

Vivo en un país dónde algunos tapan a los que roban, los esconden, y si salen a la luz, se atreven a justificarles. Vivo en un país donde nos han recortado en sanidad, siendo una de las mejores de Europa, donde nos han recortado en educación, tan básica y esencial, vivo en un país donde violan su cultura, manteniendo un IVA del 21%.  Vivo en un país donde siento tanta tristeza…

Supongo que muchos sabéis que mi lengua materna es el valenciano, es mi primer idioma, y en valenciano me he criado y educado. He estudiado en valenciano e incluso hice la selectividad en valenciano. Siempre he defendido mucho mi lengua, tan digna, tan bonita, tan nuestra… El valenciano es mi familia, mi pueblo, mis amigos de siempre, es mi tierra, es mi historia y es mi cultura.

Hace unos meses, al comenzar las fallas, la alcaldesa de Valencia (no voy ni a escribir su nombre, no quiero manchar este post) daba un discurso lamentable inventando todas y cada una de las palabras que pronunciaba en valenciano. Mi lengua, y la de muchos. No pude sentir más vergüenza… ¿Cómo una señora que cobra un sueldo que multiplica el de cualquier trabajador no sabe ni si quiera hablar el idioma de su tierra, el idioma oficial de la ciudad a la que representa? ¿No os parece surrealista? Desgraciadamente, esto no fue lo peor. No lo fue. Mientras las redes sociales se llenaban de comentarios y de videos sobre el discurso, mientras la mayoría de los ciudadanos no daban crédito a lo que había sucedido… Pasó algo realmente alucinante, que os prometo me hace plantearme dónde está la razón del ciudadano y dónde está la cultura de las personas. Lo peor, para mí, fue que hubo gente que se atrevió a salir en su defensa, se plantó ante el balcón del ayuntamiento con pancartas como “¡Viva nuestra alcaldesa!” o “Yo con el valenciano también me lío, pero de Rita me fío” (esta última me mató). Os prometo que tenía ganas de llorar…

Que los políticos nos roban es un secreto a voces, pero que se destapen constantemente tramas de corrupción y que la mayoría de ellos estén tranquilamente en la calle, cobrando sueldos de por vida y riéndose a carcajadas de todos los ciudadanos me da mucho asco. Hace unos días salían a la luz unas facturas de esta misma señora, la alcaldesa de Valencia, en las que se reflejaba que en los peores momentos de la crisis gastaba dinero de forma desorbitada, en cosas innecesarias como suites de hoteles, comidas de lujo, bebidas alcohólicas o coches privados con chófer… Mientras tanto, miles de ciudadanos se preguntaban cómo poder pagar las facturas de luz y agua, cómo comprar los libros de los colegios de sus hijos o cómo poder darles de comer en condiciones. Cuando los periodistas le preguntaron, tuvo la poca vergüenza de responder, para justificar estos elevados gastos, que no quiere “cutrerías” para Valencia. Ay, perdone, ¿es que ese dinero estaba siendo destinado a un colegio, a un hospital, o a un parque infantil? Porque me pierdo.

La alcaldesa de Valencia sólo es una entre cientos. Todos ellos me dan asco, mucho asco,  pero quien no me gusta eres tú. Si, tú, el que les vota, el que aún sabiendo todo eso, les apoya, como si a ti no te estuviesen robando nada, como si sólo me lo estuviesen robando a mí.

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Dentro de unos días empieza mayo, uno de mis meses favoritos, con su día uno como festivo: el día del trabajador. Yo estoy muy contenta porque ese día descanso. Desde hace unos años me acuerdo de todos los que tenemos suerte de tener un trabajo, pero, sobre todo, me acuerdo de todas esas personas que llevan mucho tiempo luchando por un trabajo digno. Me acuerdo de todos esos padres de familia que ya no encuentran trabajo porque “ya son muy mayores”, me acuerdo de todas esas mujeres que luchan incansablemente por poder tener un trabajo y mantener sus familias y sus hogares… Me acuerdo de todos y cada uno de esos jóvenes licenciados, brillantes, con un curriculum impecable, que están trabajando de camareros o limpiando hoteles en cualquier rincón de Europa, me acuerdo de los que tuvieron más “suerte”, y ejercen su profesión y vocación en otro rincón del mundo, con la consecuencia de estar lejos de su gente, de sus familias, de sus casas, de sus ciudades y sus calles… Y entonces, me vuelve a invadir la pena. Entonces me acuerdo de todos estos malditos políticos corruptos, a los que la gente ha elegido para representarles, para que luchen por sus derechos y mejoren su bienestar social, pero no lo han hecho, y aún así, les vuelven a votar. Entonces me acuerdo de esa gente que les vota y me encantaría que me explicasen por qué lo hacen y entonces pienso “tenemos lo que nos merecemos”, pero no, no nos lo merecemos. Se lo merecen los que les apoyan, pero no nosotros, no el resto.

Trabajar es un derecho, pero mientras miles de personas en mi país no tienen un trabajo digno, mientras miles de personas no tienen trabajo, sus políticos roban y viven vidas de lujo.

Vivo en un país muy bonito, te lo prometo… De él me gusta todo, menos tú.

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Buenas tardes/noches, amigos.

Lorena.

19 de marzo.

Parecía que la primavera había llegado a Madrid… Dejamos a un lado los abrigos y nos lanzamos todos a la calle. Las terrazas estaban llenas, el sol, incluso, picaba un poquito y a la gente se la veía feliz. No es una novedad para nadie que el sol y el buen clima nos llenan de alegría, las personas están más felices, sienten más energía y eso se respira en el ambiente. Sabíamos que no podíamos hacernos ilusiones, siempre pasa. Aunque nos guste el invierno, los abrigos, las mega-bufandas, los gorritos y el café bien caliente, como de todo en la vida, nos acabamos cansando de él. Nos pasa lo mismo con el verano, lo cogemos siempre con más fuerza, pero cuando ya llevamos meses con shorts, mini vestidos y sandalias tenemos ganas de ponernos los jerseys y chaquetones. A mí, al menos, me ocurre con cada estación y cada año de mi vida. ¿A vosotros no os pasa? El ser humano es así, inconformista por naturaleza, siempre se cansa de aquello que tiene, aunque lo adore.

Efectivamente, la llegada del calor era una falsa alarma. Aunque las temperaturas han subido, estos días el cielo gris ha vuelto a cubrir Madrid, las terrazas vuelven a estar vacías y la gente sigue llevando sus abrigos. A mí, si os soy sincera, no me disgusta del todo. Adoro los días grises, los días de frío y también los de lluvia. Son mi excusa perfecta para quedarme en casa, para estar en pijama, para poder ver películas que me encantan, para taparme con la manta y comer palomitas o chocolate.  Hoy es uno de esos días. 🙂

Estos días no dejo de ver fotos de mis amigos y conocidos de siempre en las redes sociales, todo el mundo se ha acercado hasta Valencia capital para disfrutar de las fallas y creo que soy a la única (o de las pocas) valenciana que no le gustan las fallas (perdonadme, es que no les acabo de pillar la gracia). En las fotos de mis amigos, veía felicidad y fiesta, lamentablemente cada vez que veo las noticias no me ocurre lo mismo, porque claro, en las noticias destacan (y menos mal que lo destacan) la actitud lamentable de una alcaldesa que me avergüenza hasta lo más profundo de mi ser. No voy a hablar de esto, al menos en este post, pero no podía dejar de mencionarlo. 😉

Mientras algunos disfrutan las fallas, hoy me he acordado que pasado mañana es fiesta, el 19 de marzo, el día que termina esa fiesta, el día de la cremà y además un festivo nacional con motivo de San José (en este país es que somos muy devotos), y ese mismo día se celebra el día del padre y para mí, siempre ha sido un día muy especial (no por el tema religioso, claro).

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Con el Día del Padre me pasa un poco lo mismo que con San Valentín. No soy de pensar qué regalo voy a comprar para que resulte un día especial. Creo que el hecho de no comprar, lo hace más especial. Ahora os lo explico.

Hace sólo unos días, publicaba mi artículo quincenal en Bface Magazine y justo hablábamos de esto. Para este tipo de ocasiones, creo que es mucho más especial poder hacer un regalo “no material”, como por ejemplo, escribir una carta bonita y regalarle una foto en la que aparezcáis los dos, hacer un álbum con miles de recuerdos de toda una vida juntos, dedicar una canción, preparar un buen desayuno o una comida especial, o simplemente hacer algo con él que hace años que no has hecho y que os encantaba: desde un paseo en bici a una tarde en el cine. Está claro que los padres se merecen ser mimados durante todo el año, por todos los mimos incondicionales que ellos nos dan a lo largo de la vida, pero si hay un día oficial para ellos, al menos, durante ese día, deben ser protagonistas sin ningún tipo de condición. Estoy segura que muchos padres se lo merecen, y digo muchos porque también estoy segura que no todos.

Hace muchos años que no puedo celebrar el 19 de marzo con mi familia, porque nunca coincido en casa, pero para mí siempre ha sido algo especial, comida en casa de mi abuela, larga sobremesa, risas, unión y felicidad.

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Aún recuerdo aquellos años en los que en el colegio estábamos durante días preparando alguna anualidad para el día del padre, y recuerdo en especial, una que hice. Era una especie de tablita sobre la que iba un vaso (realmente era un cilindro de cartón), cubierto de mitades de pinzas de madera, tanto la tableta como el vaso, y era un vaso para poner bolis y sobre la tableta poder apoyar una pequeña libreta dónde escribir cualquier cosa. La verdad es que no era una maravilla, pero por alguna extraña razón lo recuerdo, quizás porque recuerdo el momento en el que se lo regalé, llena de ilusión, a mi abuelo. Pero realmente, ¿sabéis de dónde viene la fiesta del Día del Padre?

La fiesta del Día del Padre, nació en Estados Unidos a raíz de la gratitud de una hija, Sonora Smart Dodd, hacia su padre, un veterano de la guerra civil estadounidense llamado Henry Jackson Smart. La esposa de Henry falleció al dar a luz a su sexto hijo y él cuidó y educó a sus hijos sin ayuda y con todo el cariño del mundo en una granja del estado de Washington.

A Sonora Smart Dodd se le ocurrió la idea de celebrar el Día del Padre mientras escuchaba un sermón del Día de la Madre en 1909. Al principio propuso el 5 de junio, fecha del cumpleaños del señor Smart, pero la elección de la fecha no prosperó.

La idea de instituir un ‘Día del Padre’, sin embargo, sí que fue ganando aceptación. En 1924 el presidente Calvin Coolidge apoyó la idea de establecer un día nacional del padre, y en 1966 el presidente Lyndon Johnson firmó una proclamación que declaraba el tercer domingo de junio como el Día del Padre en Estados Unidos.

La celebración se extendió rápidamente a Europa, América Latina, Asia y África como una manera de homenajear a los padres y reconocer su papel en la crianza y la educación de sus hijos.”

Estoy segura que el 19 de marzo es un día especial para muchos, para los que son padres y sobre todo para los que son padrazos. Un día muy especial para los padres primerizos. Un día muy especial para los padres con niños pequeños que sacan de su escondite, cual tesoro, la manualidad que han preparado en el colegio. Un día muy especial para aquellos padres con hijos más mayores que les demuestran lo orgullosos que se sienten de ellos, y entonces, quizás, son más conscientes de lo bien que lo han hecho, ese y cada uno de los días. Un día muy especial para los hijos que quieren sorprender, o simplemente agradecer un año más. Un día muy especial para las madres, para aquellas que pueden sentirse inmensamente orgullosas de la elección que hicieron, del hombre que escogieron para crear su familia. Un día muy especial para aquellos hombres que han criado a los hijos de sus parejas como si fuesen los suyos propios. Un día que sabrán hacer especial todos aquellos que por alguna razón tienen a sus padres lejos. Un día muy especial para todos aquellos que seguro, rendirán un pequeño homenaje a esos padres que no están, que ya no estarán, pero que se quedarán para siempre, de una forma u otra.

Hoy te quería contar que cuando esta mañana he pensado que pasado mañana es el día del padre ha sido inevitable acordarme de mi abuelo, al que sólo hace un par de semanas que no veo y al que echo de menos cada día que estoy lejos. He pensado cómo es él, tan bueno, tan noble, incapaz de levantar la voz, tan dulce, tan amable, tan risueño, tan elegante, tan tranquilo, tan entregado… Pienso en cómo ha educado a sus hijas y cómo se ha volcado con todos y cada uno de sus nietos y sé que no he podido tener más suerte. Él sabe lo orgullosa que estoy de él, porque se lo he dicho muchas veces, pero por alguna extraña razón, los seres humanos tenemos ese punto de estupidez en el que a las personas más importantes de nuestras vidas nos cuesta más repetirles lo mucho que las queremos, seguramente porque damos por hecho que lo saben.

Hoy quería dedicarle este post a todos esos padres que han sabido estar de forma incondicional, que han dado biberones y han cambiado pañales, que han ayudado a hacer deberes, que han leído cuentos, que han enseñado a nadar y montar en bici, a todos esos padres que han aprendido a peinar, que han dado baños y han preparado cenas, a todos esos padres que han dado consejos, que han sabido escuchar, que se han preocupado, a todos esos padres que se entregan de forma incondicional cada día, para dar lo mejor de sí mismos, a todos esos padres… GRACIAS.

Y cómo no, este post va dedicado a todos esos hijos que habéis pensado en vuestros padres cuando habéis leído todo esto. No os olvidéis de recordarles, y no sólo el 19 de marzo, lo importantes que son en vuestras vidas. (Si no habéis visto este video, que ya se ha convertido en viral, en el que una niña escribe una carta a su padre, os aseguro que os va a encantar: https://www.youtube.com/watch?v=J06M7ziYJ74)

Este post va dedicado, sobre todas las cosas, a mi abuelo, por ser el mejor padre del mundo. Al que siempre, de forma eterna, le dedicaré esta canción que un día escribió Alejandro Sanz:

“Con tu sonrisa de medio lao cuántos te quiero te habrás callao, cuántas cosas de chiquillo aún conservas en los bolsillos. Con tu eterno cigarrillo, con tu ojera y tu descuido. La más bella de las danzas es tu cojera al caminar. Imagino que engordaste para que el alma te entrase. Imagino que tus canas son recuerdos en tus bodas de plata.

Con ni sonrisa de medio lao cuántos te quiero me habré callao. Tú me diste el primer brillo, me sacaste de un bolsillo. Frágil como una pelusa, como una inocente excusa, en una arruga de tu abrigo me sentía protegido.

No eres sólo aquel que firma en el libro de familia. Ni eres el silencio en el sofá, viendo un partido en zapatillas. Eres mucho más, eres ese amigo que me dio vida, y eres ese amigo que me dio vida.

Por eso no quiero dejarte aparcao, por eso no puedo seguir callao, hoy que al fin me he dado cuenta que me sumabas de tu resta.

Y, déjame por esta noche ser las manos que te arropen. Y, déjame que te regale un abrigo nuevo en condiciones. Y, déjame gritar que orgulloso estoy de ti, y que eres ese amigo que me dio vida, y eres ese amigo que me dio vida. 

Ese que es mi amigo, me dio la vida”

 

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Sólo quedan dos días para que sea 19 de marzo. ¿Vais a preparar algo especial?

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

 

Bajo Sospecha.

¡Qué bonitos son los domingos cuando no se tiene prisa! Y los domingos, son más bonitos aún cuando una está de vacaciones y sabe que tiene que preparar maletas.

Como bien os dije a través de la página de Facebook, este es el segundo post de la semana y hoy te quería contar por qué. El blog se cierra durante unos días en los que salgo fuera de España, me voy de viaje y voy a estar desconectada (seguro que no lo puedo evitar y hago alguna aparición por alguna red social, sobre todo por Instagram!), voy a desconectar de la rutina, del ordenador, del whatsapp, de los e-mails y de todo en general… Para hacer millones de fotos, morirme de frío y patear de arriba a abajo las calles de Nueva York. Por eso estoy aquí, reencontrándome contigo, como adelanto o sustitución del martes que viene.

Hoy estoy plenamente feliz, ayer me reencontré con personas muy importantes de mi vida que hacía meses que no veía, hoy tengo a amigos esenciales como invitados para comer y presentarles el plato típico de l’Olleria, mi casa está en silencio, el arroz está en el horno y os aseguro que ahora mismo estoy respirando paz.

Creo que una vez ya os hablé de lo mucho que me impactan y me afectan las desapariciones de las personas, lo mucho que me impacta que haya seres humanos que se crean con el derecho de poder poseer a una persona, arrancarla de su vida, de su familia y de su entorno, lo mucho que me impacta que haya seres humanos que crean que pueden violar a una mujer, a una niña o a un niño, lo mucho que me impacta que secuestren a niños como si de un objeto se tratase… Estos temas me producen el mayor de los horrores, me producen un miedo descomunal y una impotencia infinita.

Sin embargo, y estoy segura que no es por masoquismo, me encantan las películas de desapariciones y secuestros, de suspense, de detectives y héroes… Seguramente porque todas ellas, aún con su sabor agridulce, tienen un final feliz. Supongo que me gusta ver ganas a los buenos y que en cada una de esas historias de ficción me gusta ver que ojalá la realidad se ajustase a ella, que los malos fuesen siempre los que pierden y que las historias trágicas acaben con una recompensa al final: salvar a las víctimas.

Seguramente, los que me seguís en Twitter sabéis que Mentes Criminales es una de mis series favoritas. Os aseguro que me paso cada capítulo con tensión en el cuerpo, con rechazo hacia los asesinos y con unas ganas increíbles de que el equipo de análisis de conducta del FBI resuelva el caso. Esta serie me gusta por cómo un grupo de especialistas pueden llegar hasta un asesino sólo a través de las señales que va dejando en sus asesinatos, cómo desarrollan un perfil psicológico que les conduce a frenar una serie de asesinatos que en muchos casos se han producido durante décadas por una misma persona.

El martes pasado, lejos de parecerse a la serie que acabo de mencionar, pero al fin y al cabo, con una temática muy similar, Antena 3 estrenaba el que ya ha anunciado que ha sido el estreno más visto de la temporada. Una nueva serie de policías, de víctimas y verdugos.

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Mientras la anunciaban, ya sabía que no me la podía perder, sólo esperaba que no me decepcionase y he de reconocer que, al menos, el primer capítulo me encantó. Bajo Sospecha ha llegado pisando fuerte, y aunque he de añadir algunos peros, he de reconocer que me mantuvo con la intriga y los nervios a flor de piel durante su emisión.

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Bajo Sospecha, narra la investigación de los dos policías designados al caso, Víctor (Yon González) y Laura (Blanca Romero), y su superior, el comisario Casas (Lluis Homar) en la desaparición de una niña. El día de su primera comunión, Alicia Vega, una niña de 7 años, desaparece sin dejar rastro. Tras dos semanas de intensa búsqueda, la policía solo tiene una cosa en claro: el culpable es uno de los invitados a la ceremonia y miembro de la familia de la niña. Los agentes Víctor y Laura se hacen pasar por matrimonio y se infiltran en el pueblo con el objetivo de acercarse a la familia Vega y al resto de sospechosos. Mientras ellos dos permanecen en la sombra, el comisario Casas es la parte oficial de la investigación y la única persona que conoce la verdadera identidad de nuestros protagonistas. Tras la desaparición de Alicia Vega, la vida no volverá a ser igual para ninguno de ellos. Laura y Víctor no se conocían antes de ser enviados al pueblo y… la primera impresión es clara. Son el día y la noche. Laura es firme, ordenada y siempre se ciñe a las normas. Víctor es impulsivo, caradura y está dispuesto a lo que sea para descubrir la verdad. Dos personalidades opuestas condenadas a entenderse y hacerse pasar por una pareja enamorada. El tiempo juega en su contra y encontrar al culpable resultará más complicado de lo que ellos imaginaban. Y es que la familia de la pequeña ha tejido una red de secretos difícil de desenmarañar para llegar a la verdad. Una verdad que supondrá un auténtico impacto en las vidas de la familia Vega, pero también en la de los agentes infiltrados.”

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Mi primer “pero” es, quizás, por correr demasiado rápido, ya que tanto en el primer capítulo cómo en el avance del siguiente se dan demasiadas pistas al espectador sobre dónde está la niña, sólo espero que sepan tratar bien esta trama, para seguir manteniéndonos en vilo. Los actores están maravillosos y sin ninguna duda, ahora mismo, quienes vimos el inicio de la serie desdes nuestro sofá, sospechamos de todos y cada uno de los miembros de la familia Vega. Parece que todos tienen algo que esconder y que nadie es inocente. ¡Qué intriga!

Sin ninguna duda, tengo que destacar dos trabajos que me parecieron espectaculares. Yon González, que siempre me gusta, y sobre todo, el trabajo de Alicia Borrachero, que interpreta a la madre de la niña. ¡Qué papelón! Está increíble, inmejorable.

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Veré el segundo capítulo cuando vuelva de viaje, pero no podía dejar de contaros esto, porque aquellos que no la visteis, todavía estáis a tiempo. Esta serie acaba de empezar y estoy segura que viene pisando fuerte. Los que visteis el primer capítulo, contadme qué os pareció.

Nos leemos muy, muy pronto, pero ahora sí que sí… ¡¡LO QUE TE QUERÍA CONTAR, CIERRA POR VACACIONES!!

Os echaré de menos.

Feliz domingo, amigos.

Lorena.