Vida sólo tengo esta.

El padre de mi amiga Sara es escritor y hace unas semanas publicó un post en su blog que me hizo reflexionar sobre cosas en las que suelo pensar cada día. Hablaba de la importancia de perseguir los sueños y dedicarse realmente a lo que uno quiere. Entonces existe mi debate moral… Está claro que todo el mundo quiere dedicarse a lo que más le gusta, pero en la mayoría de los casos, y en esta situación económica y social, las oportunidades y los contextos son bastante complicados. No obstante, también sé que uno debe perseguir sin rendimiento aquello que desea para, al menos, llegar lo más cerca posible.

Mi pasión es escribir, y de algún modo, la estoy llevando a cabo compartiendo aquí mis palabras y mis pensamientos. Con esto soy feliz, pero seguramente no es suficiente. Esto no me da para vivir, y obviamente, tengo otro trabajo que ocupa la mayor parte de mi tiempo. No es el trabajo de mi vida, pero claro, es el trabajo que me da un sueldo cada mes, y ahora, lamentablemente, eso es todo un lujo y las circunstancias nos han obligado a tener que dar las gracias. Podría ir más allá, podría sacar tiempo de donde no hay y escribir un libro, moverme de editorial en editorial e intentar que alguien me diese una oportunidad. Podría hacerlo, debería hacerlo, pero no tengo tiempo. Tengo que trabajar, y las horas libres que me quedan las necesito para mí, porque soy persona, sólo por eso.

Ojalá todos pudiesemos dedicarnos realmente a lo que queremos, porque eso significaría que sabríamos amar nuestra profesión, que lo que hacemos nos gusta y seguro que lo haríamos mejor, y de este modo, estoy segura, las cosas nos irían bien. Al menos, mucho más bien de lo que nos van en estos momentos. Formaríamos un mundo, o un país, que ama lo que hace, y el trabajo hecho con dedicación y vocación sólo trae consecuencias positivas. ¿Os imagináis, por ejemplo, cómo nos iría a todos si los políticos amasen su trabajo y su labor fuese la de dedicarse al pueblo?

Algún día buscaré tiempo de dónde no lo hay para poder llevar a cabo mis sueños en su máxima potencia. Algún día tiene que suceder y más me vale que ese día sea más bien pronto que tarde, porque al fin y al cabo, no sé cuánto tiempo me queda, como no lo sabes tú.

Hoy te quería contar un pensamiento que me persigue desde hace demasiados años… La muerte. A veces, intento no pensar en ella, porque es absurdo que uno se pase la vida pensando en la muerte, cuando sabe a ciencia cierta, que la muerte llegará. Es mejor que, al menos, en la vida no esté muy presente. Pero en mi caso lo está. Lamentablemente, la vida sólo es algo en lo que estamos de paso. De hecho, es en lo único en lo que vamos a estar de paso. Es curioso, ¿verdad?. Este será el único día que viva exactamente como lo estoy viviendo. Nunca más volveré a cumplir todos los años que he cumplido y nunca más podré volver atrás.

La vida pasa demasiado rápido, por eso yo, intento siempre ser muy positiva, exprimir todo lo bueno, olvidarme de lo malo. Elegir a los buenos amigos, a los que quiero que se queden en este camino, cuidar el amor verdadero y disfrutar de mi familia cada vez que les veo. Por eso intento llevar a cabo mis sueños, y por eso sé que no quiero que se me quede nada en el tintero. Intento decirles a las personas que me importan lo mucho que las quiero, intento demostrarlo, y siento si a veces no lo consigo. Intento sonreír ante las dificultades y descubrir cada día algo nuevo. Y  a veces, me muero de rabia. Me muero de rabia ante las injusticias, ante los problemas innecesarios, los problemas sociales y económicos que de forma externa hunden al ser humano. Por supuesto hablo de muchos de nosotros, de nuestros familiares o nuestros vecinos, pero hablo mucho más de todos los que mueren de hambre o ven sangre en las personas que más quieren a consecuencia de una guerra. Esta es nuestra única vida, es también su única vida, y es demasiado injusto que se tenga que sufrir tanto.

La muerte marcó mi vida demasiado pronto. El cáncer visitó a una persona muy importante de mi vida cuando yo sólo era una adolescente y él sólo tenía unos años más que yo. Éramos prácticamente unos niños, llenos de vida, de risas, de sueños y de ilusiones. Yo vi como la ilusión de una persona desaparecía y cómo esa persona quiso mantener la sonrisa hasta el último momento. Vi como se apagó la luz de una familia y cómo la vida daba golpes tan duros que te hacía plantearte qué habías hecho mal, o si en algún momento le habías debido algo. No. Simplemente era un hecho desolador que nos había tocado vivir, una enfermedad que cada día está más presente y a la que empecé a temer con todas mis fuerzas.

Estoy segura que conoces a alguien que haya tenido cáncer, estoy segura que has visto a alguien luchar con todas sus fuerzas contra esta enfermedad, estoy segura que conoces a alguien que ha perdido la batalla y ojalá conozcas a varios que la hayan ganado con fuerza. Yo conozco a vencedores y vencidos, pero eso no quita mis miedos. Para que la vida fuese perfecta, debería ser tal y como la plantean. Desarrollarte como persona, crecer, madurar, envejecer y al final, irte, morir. Pero sólo al final. No en mitad de la vida, que vida sólo tengo esta. Y yo quiero vivirla con muchas ganas, y quiero alcanzar mis sueños, y quiero reír envejeciendo y quiero que el tiempo que me queda, ese que no sé cuánto es, sea mucho tiempo, sólo eso.

Hay películas que no son aptas para quienes han sufrido de cerca una experiencia parecida, porque el cine, como cualquier obra de arte, llega tan dentro del alma que a veces es insoportable. De la mano de Javier Fesser, Camino llegó a los cines en el año 2008, y os aseguro que es la película con la que más he llorado en toda mi vida.

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Basada en la vida de Alexia González-Barros, que falleció a los 14 años tras una lucha de diez meses contra el cáncer, Nerea Camacho (Merecidísima ganadora en la XXIII edición del Goya como actriz revelación) da vida a Camino, una niña llena de vida, de alegría, esperanza y sueños, que descubre a la vez aspectos esenciales en la vida como el amor, la amistad o la felicidad, contrastados con el dolor y la enfermedad. La vida de la pequeña, basada en una educación estrechamente vinculada a la religión y procedente de una familia del Opus Dei, se transmite llena de ilusión hasta el final, mostrando sus sueños llenos de color que son capaces de hacerle frente a la oscuridad de cada una de las puertas que se cierran a su paso. La familia González-Barros quiso desvincularse de la película, afirmando que muchos aspectos ni si quiera ocurrieron en la realidad. Ojalá todos esos hechos que no ocurrieron fuesen aquellos que abrazan a la religión desde la más pura irracionalidad, como el sentimiento de la madre que, pese al dolor, se siente orgullosa porque su hija ha sido elegida por Dios, o el aplauso de curas y enfermeras en el momento en el que la niña fallece.

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En su momento, la oficina de información del Opus Dei afirmó: “esta visión cinematográfica ofrece una visión distorsionada de la fe en Dios, de la vida Cristiana y de la realidad del Opus Dei“. Pues ojalá señores, ojalá hubiese más ficción que realidad en esa historia. Pero ya sabéis que de la iglesia me fío más bien poco, y aunque estoy segura que ningún religioso desea la muerte de un familiar, se me ponen los pelos de punta sólo de imaginar que pudiese existir la más mínima posibilidad de que crean que la muerte es una bendición por haber sido elegidos por Dios para ir con él a un mundo mejor. (Amén)

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Camino es una de esas películas que llegan al alma, que te encogen el corazón y te hacen ver la vida de otro modo, dándole prioridad a la vida por encima de todas las cosas. Los momentos difíciles, al final, pasan. Pero la vida es esta, sólo esta y por eso debemos vivirla disfrutando cada día e intentando sonreír a cualquier obstáculo que se nos ponga. Por eso es importante que disfrutemos de lo que tenemos, que nos rodeemos de quienes queremos y nos alimentemos de cosas buenas, porque con el tiempo, estas serán las cosas que nos acompañen. Perseguid vuestros sueños siempre e intentad alcanzar la felicidad en estado puro. Porque eso, al fin y al cabo, es uno de los mayores placeres de la vida y yo lo hago porque vida, sólo tengo esta.

Feliz día, amigos.

Lorena.

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Sara Sálamo: “Estoy muy feliz por todo lo que viene”

La belleza de Sara Sálamo, sin ninguna duda, es lo primero que llama la atención de ella. Sin embargo, sólo basta con mirarla un par de segundos para que sus ojos te transmitan la dulzura y humildad que derrocha allá dónde va. Alegre, risueña, divertida, simpática y con un talento indiscutible, la joven actriz ha querido concederme esta entrevista que para mí es un reto personal y profesional, además de un verdadero placer.

Sara Sálamo nació el 20 de enero de 1992 en Santa Cruz de Tenerife. Tras varios años dedicándose a la moda y convirtiéndose en una cara más que conocida en su querida isla, se traslada a Madrid en busca de sus sueños. Dos meses después del estreno de  su primera película, TRES 60, la actriz se encuentra inmersa en nuevos proyectos que no te puedes perder.

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Hoy te quería contar que hace unos días me encontré con Sara en un rinconcito del centro de Madrid. Puntual y con la sonrisa siempre dispuesta, entre café y sencillez, me contó cómo se siente en estos momentos de su vida.

LO QUE TE QUERÍA CONTAR. Buenos días, Sara, y mil gracias por estar aquí. Vamos a retroceder un poquito en el tiempo y a trasladarnos a hace un par de años, cuando llegas a Madrid. Vienes con la idea de estudiar periodismo e interpretación, finalmente qué te hizo decantarte por la segunda?

SARA SÁLAMO. Buenos días, es un placer para mí estar aquí. Vamos a ver… Hubo un momento en el que topé con el cruce de caminos y tuve que tomar una decisión, porque no estaba segura al 100% en ninguna de las dos ideas, así que reflexioné sobre qué era lo que realmente deseaba, y finalmente supe que era la interpretación.

LQTQC. Pronto empiezan los pequeños cameos en series de televisión y tu papel en la serie Arrayán. En algún momento sentiste que estaba yendo todo muy rápido?

SS. Lo sigo sientiendo!! (Risas) Creo que aún me cuesta mucho asimilar que estoy cumpliendo mi sueño y me estoy dedicando a lo que más me gusta…

LQTQC. De pronto, ruedas tu primera película, que se estrenó hace sólo un par de meses. Qué ha significado TRES 60 para ti?

SS. TRES 60 para mí era un reto muy lejano que llegó de sopetón. Es mi bautizo en el cine, y una de las mejores experiencias de mi vida.

LQTQC. Feliz con los resultados?

SS. La verdad es que me hubiera gustado que aguantara un poco más en cines, pero bueno, yo estoy feliz con el trabajo, me llevo una de las mejores experiencias que jamás he vivido y a gente maravillosa.

LQTQC. Hace unos días se anunció tu papel en la nueva serie de Globomedia para Telecinco. Además de ello, sé que estás inmersa en nuevos proyectos… Puedes avanzar algo sobre ellos?

SS. Ahora mismo estoy muy feliz por todo lo que viene… Efectivamente, ahora estoy rodando una nueva serie de Globomedia para Telecinco. Se llama “B&B” (De boca en boca) en la que hay un reparto excepcional y creo que tiene ingredientes que el público espera. Por otro lado, la película REVERSO está en post-producción, en la que tengo un cameo pequeñito, pero es una pasada de película… Y también estoy con el cortometraje “la Rosa del Desierto” que está comprometido con la causa saharaui.

LQTQC. Mucho trabajo, sin ninguna duda. Una vez te encuentras en este punto, sientes o has sentido alguna vez miedo al éxito o a la fama?

SS. No creo que me asuste el éxito o la fama… Quizás lo que más miedo me da es no dar todo lo que puedo o quiero en mi carrera…

LQTC. De todas las experiencias vividas hasta el momento en el mundo de la interpretación, cuál destacarías por encima del resto a nivel personal y profesional?

SS. Cada cual la veo más especial y mágica que la anterior… Por el proyecto, por mi trabajo, por la gente que he conocido… En todas me he sentido como en una nube. Pero todavía no destacaría ninguna en particular. Estoy empezando y me queda mucho que aprender.

LQTC. Además de la interpretación, también te hemos visto posando en varias revistas. Sara Sálamo prefiere ser actriz o modelo?

SS. Me gusta mucho la fotografía, y me siento cómoda en este ámbito. Pero sin duda, la interpretación es lo que más amo. Si sólo pudiera elegir una, me decantaría siempre por la interpretación.

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LQTC. Cómo es tu día a día?

SS. Ahora mismo trabajando mucho y el poco tiempo que queda se lo dedico a la gente que quiero… A pasarlo con mi chico, mis amigos y mis perros, por supuesto (risas).

LQTC. Eres feliz, Sara?

SS. Nunca he sido más feliz. Ahora mismo me siento plena. He conseguido meter una patita en el mundo de la interpretación y ganarme la vida con esto… Tengo un novio genial y amigos excepcionales. Echo mucho de menos a mi familia, pero la distancia me hace quererlos y valorarlos cada día más.

LQTC. Y para terminar, cuéntame. Cuál es tu mayor sueño?

SS. Mi mayor sueño es seguir en este estado de plenitud, con todas las facetas que afectan a mi vida, llenas.

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Feliz martes, amigos.

Lorena.

Una copa de vino y sexo en Milán.

Teniendo en cuenta que hace sólo un par de semanas pasé unos días en Milán, seguro que a muchos de mis conocidos este titulo les va a confundir. Tranquilo, no vengo a hablarte de mi viaje, ni de mi romance, que podría, pero no. Vengo a hablarte de lo que más me gusta. De páginas y letras.

Los que me conocen saben que soy melodramática por naturaleza, que la vida me ha regalado con generosidad una sensibilidad que me hace vivir las emociones de una forma intensa. Tanto las buenas, como las malas. Cuando cuento algo bueno, la gente me dice: “Por qué te pasan cosas tan emocionantes?”. No saben que quien las hace emocionantes soy yo al contarlas. Las vivencias no son extraordinarias, son normales, como las de cualquiera. Pero claro, cuando me pasa algo malo, lo paso realmente mal, porque todo me afecta, quizás demasiado. Ya sabes, todo tiene su lado positivo y su lado negativo. Por suerte suelo vestirme con una sonrisa cada mañana y afrontar con alegría cada día.

Conocí a Ana Milán a través de la televisión, como quizás también la conociste tú. Un día alguien debió mencionarla en Twitter, algo hizo que ella se cruzase entre los tweets que leía y empecé a seguirla. Me parece divertida y graciosa. Tiene sentido del humor y las palabras adecuadas para cada momento (claro, además de actriz, también es periodista!).  Sexo en Milán comenzaba a ser un tema de actualidad. Ana Milán se hacía eco de las criticas que recibía de sus seguidores a través de la red social. Parecía atractivo. Me picaba la curiosidad y claro, había que leerlo.

Hoy te quería contar que hay libros que merecen ser leídos con una buena copa de vino. Yo suelo ser de novelas largas, de dramas y misterios, de historias de amor imposibles, de momentos clandestinos y sufrimientos románticos. Pero a veces, es necesario leer para reír. Y para sonreír.

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Sexo en Milán es uno de esos libros que me ha hecho reír, mucho. Para estos días de calor lo ideal es tropezar con un libro fresco, entretenido, divertido y ameno. Estos son los ingredientes principales que se entremezclan con recetas de cocina, amistad y amor, entre las páginas de color rosa que ella nos brinda.

Recuerdo que leí este libro en una de esas épocas tontas que a veces el amor (más bien el desamor) te regala. En una de esas épocas tontas en las que los hombres resultan un problema, y sientes que cuanto más lejos les tengas, más feliz serás. Una de esas épocas en las que necesitas que tus amigas te abracen sin parar, en las que necesitas sentarte en un sofá con ellas a reír y a llorar durante horas, hablando tonterías o intentando solucionar el mundo. Una de esas épocas en las que lo único que necesitas es mimarte. Y encontrarte a ti misma.

Me sumergí en las páginas de Ana Milán y me camuflé entre sus palabras, hasta tal punto que podía sentirlas mías. Me sentí identificada y me vi reflejada en muchas anécdotas, vi reflejadas a mis amigas, vi reflejados sentimientos y entendí que podrán cambiar los personajes y los escenarios, pero al final, no somos tan distintas.

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Recuerdo perfectamente cómo me sentí en el momento que acabé el libro. Me apeteció ponerme unos tacones, pintarme los labios rojos, tomarme una copa y comerme el mundo entero, ahí, en ese mismo instante, y en un momento.   Recuerdo que lo escribí en Twitter, y recuerdo que mi amigo Tomás me contestó: “Hazlo“.

Porque Sexo en Milán es “un libro de chicas, para chicas, que deberían leer los chicos“. 

Al final, las épocas tontas del desamor siempre pasan. Y el amor vuelve, con más fuerza que nunca, de la mano de quien menos te lo esperas. Y entonces te quedas en silencio y sonríes, y cuando besas, sientes que estás besando por primera vez. Porque sí, siempre pasa.

Por si no lo conocías, te presento Sexo en Milán porque hay libros que están hechos para mimarte, y merecen que los leas pensando solamente en ti (a veces no está mal ser un poco egoísta), con una sonrisa y una buena copa de vino.

Buenas noches, amigos.

Lorena.