Le hablaré al 2015 de ti…

 

 

Último martes del año y no podía empezarlo de otra forma que no fuese a vuestro lado, que sois los protagonistas de mis martes y parte de las historias que aquí cuento.

Hoy te quería contar que recuerdo perfectamente cómo, hace ya un año, repasé mi 2013 para coger con ganas el 2014, con muchísimas ganas. Muchas veces, escuchamos a mucha gente decir que cuando se espera algo, más vale no hacerse ilusiones por si no sale, para que la decepción sea menor. Yo nunca he estado de acuerdo con esta afirmación. Yo soy de las que piensa que hay que poner toda la ilusión, las esperanzas y las ganas en algo, siendo conscientes de que puede salir mal, pero si todas tus energías positivas se concentran en ello, te ayudará seguro. Así que decidí recibir el 2014 llena de sueños, de ilusiones y de ganas. Me atreví a soñar muy fuerte porque es la única forma de poder hacer de los sueños una realidad. Algunas cosas se cumplieron, otras no, vinieron las alegrías que no esperaba y las decepciones que hicieron daño, pero la vida está compuesta de las cosas buenas y las cosas malas y debemos aprender a convivir con ellas. De lo bueno, intento guardar siempre todo lo bueno que pueda, y de lo malo, aprendo, como hacemos todos. Pero sin ganas, ilusiones y sueños, no vamos a ningún lado. No lo olvidéis nunca.

Al cerrar los últimos años, es cierto que cada vez que quería hacer balance sobre ellos, debía dar las gracias a muchas personas que habían llegado nuevas a mi vida en el transcurso de esos meses. Ahora, con cuatro años a la espalda en esta ciudad que me tiene tan enamorada, mis amigos están sentados cómodamente en mi vida, mi vida está estable y tranquila y con los que he recorrido 2014 de la mano, seguramente ya estaban en 2013 a mi lado.

Tengo y tenemos la suerte de poder elegir a los amigos que se quedarán a nuestro lado, tenemos el poder de elegir a quienes queremos que nos acompañen en una aventura tan única e irrepetible como es la vida y poder elegir también a aquellos que no queremos que sigan con nosotros. Es importante elegir bien, para quedarte con lo bueno, con el amor de verdad, del que te cuida y quiere, el que no tiene rencor, ni celos, ni una pizca de malos sentimientos hacia ti (aunque a veces quizás sean involuntarios), es importante rescatar a esas personas que te cuidan y cuidarlas, para que el amor sea puro y la amistad se fortalezca. Es importante saber alejarse de los que nos hacen daño, de los que nos hacen llorar por capricho, de los que no nos cuidan, de los que no nos quieren de verdad… Nosotros tenemos el poder de construir nuestra vida y tenemos el poder de escoger con quienes la vamos a construir. Para mí, esta es una de las cosas más importantes que he aprendido con los años y el tiempo.

Si miro hacia atrás, por unas razones u otras, sé que los que siguen estando son los que tienen que estar y los que ya no lo hacen forman parte de recuerdos, y no por ello dejan de ser importantes. En algún momento también elegí a esas personas para que me acompañasen, con algunas de ellas seguramente viví momentos increíbles, con otras seguramente compartí el alma e incluso el cuerpo, en algún momento fuimos felices juntos, en algún momento compartimos risas, secretos y sueños, así que esas personas que hoy ya no están, en algún momento estuvieron y, por tanto, forman parte de un trozo de mi historia, de la historia de mi vida, a algunos guardaré siempre en el corazón con más o menos cariño, y a otros, seguramente, no olvidaré, pero me acabarán siendo indiferentes en el tiempo. Triste, pero real.

Hoy, sin duda, quienes merecen el mayor protagonismo son los “otros”, los que están, los que se han quedado.

Gracias a la vida por haberme dado a aquellos amigos que una vez aparecieron, seguramente de casualidad, pero que lo hicieron con fuerza y me cogieron de la mano, los que sonríen, los que me aprietan fuerte cada vez que me ven, los que me aprietan fuerte sin poder verme, los que no entienden de horas para recibir o escribir un mensaje, los que aunque pasen meses sin vernos, cada reencuentro es especial porque hacen que no haya pasado el tiempo, los que me abrazan con la mirada y encierran con llave mis secretos, los que me apoyan en mis locuras y viven con fuerza mis sueños, los que disfrutan de mis alegrías cómo si fuesen suyas o los que si algún día he sufrido, no han dudado estar a mi lado, los que pueden estarlo de forma física y los que se mantienen a pesar de los kilómetros (e incluso los océanos). Gracias a todos esos amigos que son la familia que he elegido, a los que me conocen tanto que no puedo ocultarles nada, a los que me aguatan durante horas frente a un café, a los que me ayudan a ser feliz y a los que hacen que este paso por el mundo resulte ser algo apasionante y maravilloso. Gracias a todos y cada uno de vosotros. No voy a decir nombres, porque no nos hacen falta, porque no quiero olvidarme a nadie, y porque vosotros, al leerlo, sabréis quienes sois. Gracias por ser parte de mi corazón, de mi historia, de las historias de siempre, las que han pasado y las que vendrán, gracias por quererme tanto y dejar que os quiera todavía más. Gracias a los que lleváis tantos años que me habéis visto crecer, gracias a los que os sabéis de memoria cada una de mis batallas, las que vivisteis conmigo o las que os he ido contando, gracias a los que lleváis media vida a mi lado y gracias a los que lleváis menos tiempo. Gracias a los que una vez estuvieron y el tiempo les hizo volver, gracias a quienes han sabido volver y gracias a los que no han querido irse nunca y nunca lo van a hacer.

Gracias a la vida por haberme dado una familia maravillosa que hacen que cada vez que vaya a l’Olleria sea algo mágico, un recuerdo intacto, todo en el mismo lugar, la misma gente, los mismos olores y la misma felicidad. Gracias a mi familia por ser millonaria en valores, en amor y respeto. Gracias por dar todo sin tener nada.

Gracias a la vida por haber cruzado mi destino con alguien como él, por celebrar estos recuerdos y este fin de año, una vez más, al lado de mi compañero, de mi mejor amigo, de mi complemento más perfecto. Y gracias a quien es más que mi hermana por haberme regalado hace ya un año y medio a Cometo, mi perro, mi felicidad, mi amor más puro. Gracias a Sergio y gracias a Cometo, a ellos por ser mi hogar, mi casa y mi familia, en una ciudad que no es mía, y en cualquier rincón del mundo.

No puedo olvidarme de vosotros. Es fácil querer y cuidar a tus amigos, a los que has conocido, a los que conoces y con los que compartes tu vida. No es fácil cuidar a alguien que no conoces de nada, no es fácil dar cariño a alguien que no ves, que no has visto jamás y no es fácil llegar a transmitirlo y que el destinatario reciba ese cariño en un estado intacto. Vosotros lo hacéis. Sigo emocionándome cada vez que me enviáis un e-mail, que comentáis algún post, cada vez que lo compartís, que lo recomendáis, que hacéis que dé vueltas y llegue a toda la gente posible. Me regaláis un amor tan bonito que no sé si podéis ser conscientes, pero, sin ninguna duda, vosotros (sobre todo vosotras), habéis sido parte de mi 2014, sois parte de Lo Que Te Quería Contar, sois parte de mis historias, de mi vida, de mis letras y mis palabras, y eso, os aseguro, siempre, siempre, va a formar parte de mí, de mi corazón, de mis ilusiones y mis sueños. Nada de esto sería posible si no estuvieseis al otro lado de la pantalla, en cualquier rincón del mundo. No tengo palabras suficientes… Gracias, gracias infinitas… Ojalá os quedéis mucho tiempo, ojalá me quede yo a vuestro lado y sigamos sumando años, recuerdos y momentos.

2014 acaba como un año bonito, del que no soy capaz de recordar ningún momento realmente tormentoso, ha sido un año todoterreno, en el que he aprendido mucho y en el que, sobre todo, he crecido mucho, como persona y como profesional, un año en el que mucha gente se ha empeñado en hacerme ver que los sueños pueden ser una realidad, un año en el que mucha gente me ha hecho creer en mí y un año en el que me he dado cuenta que todo ser humano es capaz de conseguir aquello que se proponga. Soñar está al alcance de todos, la capacidad de conseguir hacer realidad esos sueños, está en las ganas de cada uno. 2014 ha sido un año increíble para mí y para el blog, un año en el que habéis hecho que esta aventura sea muy, muy bonita. Un año de momentos especiales, de historias compartidas, de entrevistas que me han hecho mucha, muchísima ilusión, un año de letras, de relatos, de reivindicaciones, de enfados, de amor, de cariño, de ganas… Un año que hemos sabido hacer nuestro. 2014 acaba con proyectos que no están en el aire, proyectos que son reales, proyectos que lleváis tiempo queriendo saber y proyectos que falta muy poco para que conozcáis. 2014 acaba con el proyecto más importante de mi vida en caliente, para que sea una realidad en 2015, un proyecto que sé que os va a hacer ilusión y un proyecto que espero, vivamos juntos.

Me asusta que el tiempo pase tan rápido y no quiero dejarme nada por hacer. Desde aquí pido perdón a aquellas personas que alguna vez hayan podido sentir que yo les he hecho daño y desde aquí quiero olvidar el daño que otras me han hecho a mí.

La vida es corta, así que hagamos para vivirla de forma intensa. Saborea cada momento, disfruta, sonríe, aprende, tranquilízate, disfruta la calma, abraza a las personas que son especiales para ti, aprieta con pasión y ganas al amor, cuida la amistad, repite los te quiero sin importarte cuantas veces los has dicho ya, escucha tu música favorita siempre que te apetezca, lee, come, date pequeños caprichos que quizás un día no estarán… Exprime los segundos, los minutos y los días. Aprende de los enfados y sobre todo aprende a rectificar y pedir perdón, trágate el orgullo y cuida a aquellos que quieres que cuando acabe el próximo año sigan estando ahí, con la misma fuerza que están ahora.
Coged fuerza que nos vamos a comer a bocaícos este año nuevo, dejemos atrás lo malo y vamos a seguir con lo bueno… Igual que escribió Microarte en uno de sus microcuentos “Le hablaré al 2015 de ti…” Le hablaré de vosotros.

Gracias.
Salud y felicidad, siempre!

FELIZ AÑO NUEVO, AMIGOS!!!!
Lorena.

Pd. Hoy es el cumpleaños de una de las personas más especiales de mi vida, ayer lo celebramos juntos y nos dedicamos a recordar todos los momentos bonitos que hemos vivido desde que nos conocimos. Le prometí que hoy le felicitaría desde aquí. Él es uno de esos hermanos que me ha regalado el destino, uno de esos amigos que se quedarán siempre. Felicidades David. Te quiero, brother.

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Me gusta…

Hoy vengo con prisa. No porque no me apetezca quedarme un buen rato con vosotros, sino porque necesito exprimir el tiempo al máximo para mí. El egoísmo es algo innato, ya lo sabéis, pero estoy segura que me entenderéis.

Hoy te quería contar que la Navidad es mi época favorita del año… Seguro que algunos de vosotros ya lo sabéis, porque lo he mencionado en alguna de mis redes sociales y porque el año pasado seguro que ya os hablé de esto.

La Navidad es para mí un momento de reencontrarme con los de siempre, de volver a casa, de que todo el mundo vuelva, es un momento de reencuentros, de familia y de amigos… Y a mí me encanta. Tengo la suerte de tener una familia maravillosa que cada vez que vengo a casa no me deja sola ni un momento, que organizan reuniones para que yo sea feliz viéndoles a todos a mi alrededor. Pero estas fechas, inevitablemente, despiertan en mí una ternura infinita.

Me encanta decorar mi casa, montar el árbol, sacar esas cajas que reposan en silencio durante todo el año dentro de un armario, guardando brillos, colores, renos y algún que otro Papá Noel en distintos tamaños y versiones. Me encanta el momento de comprar regalos… Preparar detalles para todas las personas a las que quiero, envolver los paquetes, escribir postales y seguir enviándolas con su sello y sobre, olvidándome, al menos por una vez, que los e-mails existen.

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Me gusta el 22 de diciembre, ese día en el que sabes que no te va a tocar la lotería, pero la compras porque quieres optar a la improbabilidad. Me gusta despertarme y pasar esa mañana pendiente de los números premiados, me gusta tener la ilusión y desear con fuerza que me toque algo. Me gusta acabar la mañana y ver que sigo teniendo exactamente lo mismo, y entonces sonrío y pienso lo afortunada que soy un año más, por tener a mi familia, por saber que volvemos a estar todos juntos y que nos acompaña la salud. Me gusta pensar que los premios se han ido a las casas dónde los necesitaban, que han devuelto la ilusión y las ganas a aquellos que las tenían olvidadas, porque se las habían robado.

Me sigo poniendo nerviosa cuando después de la cena de Nochebuena toca repartir y recibir regalos, aunque ya haya llegado a ese punto en el que vivo con más ilusión lo primero. Me gusta cantar villancicos, que hagamos sobremesas de horas, que nos riamos y todos pensemos en silencio lo afortunados que somos, los pocos bienes materiales que tenemos y lo millonarios que somos en todo lo demás, en lo esencial, aquello que como bien dijo un viejo amigo, es invisible a los ojos.

Me gusta salir con mis amigas esa noche, y reencontrarme con toda la gente de mi pueblo, a los que veo cada vez que vengo y a los que pasan muchos meses hasta el siguiente reencuentro. Me gusta levantarme muerta de sueño el día de Navidad y me gusta volver a reunirme con los mismos, dormir después la siesta al lado de mi abuelo en el sofá o irme a pasar la tarde al cine con mis primos.

Me gustan las tardes en el sofá, con la manta y el “brasero” debajo de la mesa, me gustan las pelis que son clásicos en estas fechas, que suelen ser aquellas que formaron parte de mi infancia, como Mujercitas, Cariño, he encogido a los niños, Vaya Santa Claus o Eduardo Manostijeras…

Hoy vengo con prisa porque os escribo desde l’Olleria, desde donde soy muy feliz cada vez que vengo, desde dónde me hace feliz pasear por las calles y cruzarme con sonrisas y gente de siempre. Sólo voy a estar aquí unos días, así que necesito olvidarme del ordenador, pasar fugazmente por las redes y dejarme mimar por las personas más importantes de mi vida.

No quería dejar de pasar a saludaros, a agradeceros todo lo que hacéis por mí, siempre estaré agradecida a todos y cada uno de vosotros, desde los que leéis en silencio a todos los que comentáis, compartís y me ayudáis a llegar a tanta gente…. La semana que viene hablaremos de 2014, y de los sueños que vendrán en 2015.

Gracias… Gracias infinitas. Os mando un abrazo enorme, todos mis buenos deseos para estos días y todos los que vienen. Gracias por formar parte de mi aventura y gracias por dejarme ser parte de la vuestra.

Exprimid los buenos momentos, aquellos que habéis vuelto a casa, como el anuncio de televisión, o como yo, disfrutad de lo que no podéis disfrutar en vuestros día a día. No os olvidéis de vivir con ilusión y saborear los te quiero, los pronunciados y escuchados…

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¡Felices fiestas, amigos!

¡Bon Nadal!

Lorena.

No lo podía evitar.

Hoy me he despertado pensando que debía anunciar que a pesar de ser martes, un nuevo post tendría que esperar… Iba a aplazarlo hasta mañana, pero finalmente, he podido organizarme para sentarme con vosotros una semana más. Con la resaca de descanso de estos días de puente maravillosos en los que he aprovechado para estar con mi gente, para pasear bajo las luces de Navidad de Madrid, para dormir sin prisa y comer con calma… Vuelvo con un post que ya sé que no os va a emocionar.Hoy no toca un post de esos que mueven los sentimientos, de esos en los que me comentáis que habéis llorado, que habéis reído, que os ha hecho viajar, recordar… Porque el post de hoy sólo es una opinión sobre un artículo que se ha publicado en un medio de comunicación, con él sólo espero que me entendáis, que me comentéis qué opináis sobre estos temas, que hablemos y debatamos…  Hoy, te lo quería contar.

Ante todo, voy a recalcar que no vengo a cuestionar ni criticar la profesionalidad de nadie a la hora de hacer su trabajo, sólo quiero hablar de algo que he estado pensando estos días y sobre lo que finalmente me he decidido a escribir.

A finales de la semana pasada, mi amigo Oscar me envió unos pantallazos por whatsapp. En una conocida página web habían publicado un artículo en los que se hablaba de la vida actual de algunos que fueron niños prodigio de nuestro país. Por supuesto, salía Bom Bom Chip. No dudé en compartirlo en mis redes sociales, añadiendo y dándole todo el protagonismo a Cometo, mi perro, que aparecía en la publicación, y no porque fuese niño prodigio, no. Cometo salía en brazos de Sergio, vestido el perro de Papá Noel, muy acertado para la fecha, y me hizo mucha gracia.

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En el artículo se describía brevemente qué había sido de María Isabel (“Antes muerta que sencilla”), Bom Bom Chip o los hijos del doctor Nacho Martín en Médico de Familia, entre otros. En el caso de los actores de la conocida serie de Telecinco, las imágenes de su actualidad, eran imágenes de apariciones públicas que ellos habían hecho recientemente. En el caso de Bom Bom Chip no. ¿Por qué? Porque no las hay. ¿Por qué? Porque Bom Bom Chip no ha querido volver a aparecer en ningún programa de televisión, ni en ningún medio de comunicación. ¿Por qué? Porque estamos hablando de algo que sucedió hace más de veinte años, algo que por supuesto les emociona recordar, algo que guardan con muchísimo cariño, algo que marcó sus vidas, su infancia, pero algo que forma parte del pasado, porque a día de hoy, sus vidas están alejadas de todo aquello, y aquello sólo es un precioso recuerdo.

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Quienes me conocen, saben que he sido la fan más fan de Bom Bom Chip y como tal, si no les conociese, también me encantaría saber que ha sido de ellos con los años… Claro que sí, pero me habría gustado saber realmente qué ha sido de ellos y sobre todo si ellos estuviesen dispuestos a que se supiese. En el artículo, en ningún momento se les falta al respeto, ni mucho menos, se les ha tratado con “cariño” y se ha intentado escribir sobre sus profesiones actuales. ¿La pena? Que se hayan basado sólo en perfiles de Facebook para ello y se hayan alejado un poco de la realidad.

Está claro que para escribir este tipo de artículo no vas a hacer la investigación periodística de tu vida, porque yo tampoco la haría, pero al menos, habría intentado documentarme, dedicarle unas cuantas horas, intentar hablar con ellos , contrastar información… Al menos, es lo que me enseñaron mis profesores en la facultad.

Lo que más me ha sorprendido de todo, y por ello, estoy aquí sentada, es el origen de las fotos de la actualidad de Bom Bom Chip. Dos de esas fotos (las de Sergio, claro) están publicadas por mí en nuestros Facebooks personales y privados. No tenemos a quién ha escrito el artículo entre nuestros amigos en esta red social, y las fotos no son públicas, no creo que se hayan encontrado en Google, la verdad. Sólo es curiosidad saber cómo han llegado hasta ellas. Le escribí dos veces a través de twitter al periodista que firmaba el artículo, sólo por curiosidad, de verdad. Dos tweets que no tuvieron respuesta y estoy casi segura que leyó.

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Tanto Twitter como Instagram son redes sociales que tengo abiertas y sé que cualquier información o foto que suba ahí está al alcance de todo el mundo, sé que muchas fotos de Sergio se pueden coger directamente de ahí, pero por eso subo lo que quiero y lo que me apetece compartir con gente a la que no conozco de nada. Aunque me haga gracia que mi perro esté en un medio de comunicación, es verdad que las dos fotos que se han publicado son personales y ambas muy familiares. ¿De verdad perdemos toda nuestra intimidad cuando subimos algo a internet? ¿Aunque sea para compartirlo con nuestros amigos más cercanos?

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El caso de María Isabel va más allá. Ayer, a través de Twitter, me di cuenta que tanto ella, como sus fans, estaban muy, muy enfadados por este artículo. El calificativo “choni” es un calificativo despectivo que a nadie nos haría gracia que nos adjudicasen, como no le ha hecho ningún tipo de gracia a ella. Podría haber sido un artículo gracioso y ha sido un artículo que ha hecho daño. De su foto en Eurojunior pasaron a una foto de ella detrás de la barra de un bar de copas. No pasaría nada si fuese camarera, es un trabajo muy, muy digno y sacrificado y la verdad, muy poco valorado, pero al parecer no lo es y, además, la foto tiene varios años. Al parecer aquella niña tan graciosa que nos hizo bailar al son de “Antes muerta que sencilla”, sigue en la actualidad luchando y persiguiendo sus sueños y al parecer, entre sus proyectos más inmediatos está el lanzamiento de un nuevo trabajo discográfico. Creo que no habría costado nada preguntarle, por lo que he visto, tiene mucha actividad e interacción en su cuenta personal de Twitter y no creo que le hubiese importado responder a un par de preguntas con tal de que posteriormente se publicase algo que ella considerase ajustado a su realidad.

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De verdad, no he venido a cuestionar el trabajo de nadie, porque no soy quién para hacerlo, por supuesto. Simplemente he dado mi opinión sobre cómo yo habría hecho las cosas. Si he decidido escribir este post es porque no es la primera vez que se escribe sobre la vida actual de los chicos de Bom Bom Chip sin ningún tipo de información más allá de cuatro características de algún perfil en alguna red social.  Hace unos meses descubrí un blog en el que publicaban un post muy similar a esto, un antes y un después de muchos niños que habían pasado hacía años por la pequeña pantalla, y no daba crédito a lo que leía, ninguna información era verídica. Aquel post sí era horrible de verdad. Insisto en que en este artículo en ningún momento se les falta el respeto, ni nada por el estilo, simplemente he pensado en nuestra intimidad como usuarios de internet, de todos y cada uno de nosotros, también los que estáis leyendo esto y le he dado muchas vueltas, pero finalmente he sabido que escribir sobre ello era algo que no podía evitar. 

Del artículo por el que hoy escribo, he de decir que sí es cierto que de todos ellos, sólo Sergio sigue dedicándose a la música, es un gran guitarrista (yo entiendo poco de música, pero sé lo que comentan los músicos que le oyen tocar), tiene un grupo de latin jazz, sí, Obatalá, entre cuyos músicos también está el actor Víctor Elías. Además, tiene entre manos un proyecto musical increíble sobre el cual ojalá muy pronto me deje entrevistarle y os lo pueda contar todo.

Sergio, José Luis, Cristina, Estela y Rebeca siempre serán los niños de Bom Bom Chip, pero estos niños hoy son adultos que trabajan y viven alejados de la televisión y el espectáculo. Vuelvo a repetir que siguen guardando aquellos años entre sonrisas y anécdotas con mucho, muchísimo, cariño, y que a día de hoy, todos y cada uno de ellos son personas sencillas, humildes, profesionales en lo suyo y sobre todo, son personas maravillosas. Si algún día deciden contar realmente cómo son sus vidas veinte años después, lo harán, pero por favor, que la gente pare de inventar trabajos y profesiones y que paren de subir sus fotos personales.

Esta imagen está subida a mi Instagram desde hace meses, así que es publica desde hace mucho. Os la dejo porque estoy segura que a muchos os va a hacer ilusión, y porque cuando se publicó, ellos estaban de acuerdo.

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De izquierda a derecha: José Luis, Cristina, Rebeca, yo, Estela y Sergio.

Feliz martes y “comienzo de semana”, amigos.

Lorena.

Queremos luchar con ellas.

Durante estos días he estado casi sin conexión a internet, el wifi de casa había dejado de funcionar y los datos en mi móvil estaban totalmente agotados… He pasado unos días bastante desconectada de mis redes sociales. No he podido actualizar mi página de Facebook del blog, no podía ver fotos en Instagram y apenas podía publicar algún tweet… he de reconocer que lo he echado de menos. Nos quejamos por vivir en una sociedad totalmente ligada a las nuevas tecnologías, y nos parece triste que nuestras vidas sean tan dependientes de las redes sociales, de los mensajes instantáneos y de internet… Pero nos guste o no, para muchos, (claro está que más para unos que para otros), estas herramientas son parte de nuestro trabajo, nuestro día a día, nuestra fuente de información y nuestra interacción con personas a las que no podemos ver. Sea bueno o malo, yo necesitaba “volver”.

Temía que llegase el martes y no poder actualizar, pero la buena suerte ha estado de mi lado y ayer, por fin, pudieron venir a arreglar la conexión de casa, y yo, como cada martes, estoy aquí para escribir sobre algo que te quería contar…

Esta mañana, al abrir Twitter e Instagram me he dado cuenta que hoy era un día marcado con fuerza en el calendario, un día de dolor, de rabia, de impotencia, de dar la mano, de secar lágrimas, de mostrarnos enfadados con algunas personas y regalarles una sonrisa a otras cuantas. Día internacional contra la violencia de género. Qué sensación tan agridulce… Es muy triste que la violencia de género forme parte de nuestra sociedad, de este mundo tan raro y loco que nos rodea… Y es confortable saber que haya un día contra ella, oficialmente declarado y a nivel mundial… Eso significa que el tema nos preocupa, nos importa, y que queremos luchar contra él… Hoy y cada día.

Una vez, hace mucho tiempo, cuando era adolescente, estaba cenando con unos amigos y con el que en aquel entonces era mi novio. Yo tendría unos diecisiete años… Estábamos en la terraza de un centro comercial, en un conocido restaurante, en la mesa de al lado, un grupo de gente más mayor cenaba también. Había una niña, tendría unos cinco años más o menos, soy una persona a la que le encantan los niños y siempre que tengo a alguno cerca me es inevitable saludarles o hablar con ellos. La niña me preguntó si el chico que estaba a mi lado era mi novio, le dije que sí, a lo que ella me respondió Y te pega?, me quedé paralizada y horrorizada. Le dije que no, que los novios no pegan. Aquella pequeña conversación se grabó a fuego en mi memoria y cada vez que la recuerdo me muero de pena y me pregunto qué era lo que veía ella en su casa para plantear aquello con total normalidad…

Recuerdo perfectamente que el año pasado escribí ya sobre esto y recuerdo que os recomendé Te doy mis ojos, una película española que trata este tema y que a mí me impactó mucho en mi adolescencia. Recuerdo perfectamente cómo unos días después recibí un e-mail de una lectora que me contaba lo mucho que había llorado leyendo el post, por haber sido víctima del maltrato, por haber sido una víctima de la violencia de género y por haberse sentido identificada con mis palabras. Recuerdo que me daba las gracias y recuerdo que a mí se me encogió el corazón…

Hace unos meses vi en las noticias el caso de una joven que había recibido una brutal paliza de su exnovio, creo recordar que ambos eran menores de edad. Cuando pienso en estas cosas, pienso el miedo que me provoca el ser humano. Tendemos a pensar que sólo las mujeres son maltratadas, porque por lo general, conocemos muchos más casos de víctimas femeninas que masculinas, pero no podemos olvidarnos que también muchos de ellos sufren el maltrato físico y psicológico contra el cual hoy levantamos la voz. No sé si alguno de vosotros vio un vídeo que se compartió durante varios días en Facebook… En él, dos actores interpretaban una fuerte y violenta discusión en plena calle. Cuando la agredida era la mujer, otros hombres y mujeres la defendían. Cuando la víctima era el hombre, ni una sola persona se paró a defenderle. Es más, la gente se reía. Cuando vi ese video entendí que tenemos un problema en cuanto al concepto de violencia de género y entendí que las noticias nos han acostumbrado a que sólo ellas son víctimas, y no es así. Empecemos también a cambiar eso.

De todos modos, sea él o ella, me preocupa mucho que esto siga existiendo, me preocupa que un ser humano que ha confiado en otro, que le ha regalado su amor, su tiempo, su cuerpo y sus besos, acabe siendo víctima de malos tratos de esa persona que una vez le hacía sonreír, esa persona que ahora le produce miedo. Creo que no somos conscientes del gran número de personas que son víctimas de este tipo de abuso. Me preocupa, me da rabia, me repugna, me da miedo.

Me da asco el ser humano que se cree superior y más fuerte que otro como para agredirle físicamente o machacarle psicológicamente . Me da mucha, mucha pena, la gente que tiene miedo a levantar la voz, que se autoconvence en que todo pasará, en que los malos días son sólo una mala racha y cuando pasan los años, se sienten tan destruidos que son incapaces de pedir ayuda. Hoy y cada día creo que debemos gritar que estamos con todas y cada una de esas víctimas, que no están solas, y que además hay muchas asociaciones y organizaciones que las van a ayudar de una forma incondicional. Por suerte, es una de las pocas cosas que funcionan en este país.

dia-internacional-contra-la-violencia-de-generoUna vez más, necesito recalcar la importancia de que nos queramos mucho a nosotros mismos, que nos queramos más que a nadie, sin egoísmo, sólo por autoestima, que nos sintamos fuertes, que no soportemos ni una mínima falta de respeto… Porque el amor, el amor bueno, no duele, no grita, no golpea, no insulta, no hace llorar de impotencia, no intimida, no te hace sentir inferior… El amor bueno no duele jamás, y cuando duele, es cuando nosotros mismos debemos pensar que nos merecemos algo mucho mejor, sin miedos.

Hace un año os hablé de Te doy mis ojos, y hoy os quiero hablar de una película que vi hace muchos, muchos años y que aún recuerdo bastante bien, seguramente por lo mucho que me impactó. Dirigida por Joseph Ruben,  Durmiendo con su enemigo se estrena en febrero de 1991. Laura Burney (Julia Roberts) es una joven casada con un maduro y destacado asesor financiero, Martin Burney (Patrick Bergin). Laura y Martin viven en una preciosa casa frente al mar y parecen el matrimonio perfecto. Más allá de las apariencias, el amor que Martin siente por Laura se convierte en una obsesión enfermiza y la maltrata constantemente. Una tarde, mientras la pareja sale con un vecino a pasear en yate, les sorprende una tormenta y ella cae al mar, donde desaparece.

Mientras todos la dan por muerta, Laura ha fingido su caída para salvar su vida y empezar de cero. Se traslada a otra ciudad, cambia de identidad y conoce a un hombre del que acaba enamorada.  Ben es un profesor de Artes Dramáticas que ayudará a Laura a volver a creer en sí misma, mientras tanto y por una casualidad, Martin descubrirá que su mujer sigue viva y no parará hasta encontrarla.

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Como bien sabéis, la realidad supera la ficción y la violencia de género forma parte de la vida de demasiadas personas. Gritemos con ellas, no están solas, hoy el 016 (teléfono de atención a malos tratos) inundaba las redes sociales, que las víctimas no lo olviden ni un sólo día. No están solas,  esta lucha es de todos y queremos luchar con ellas.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

 

Asesinos.

Nunca pensé que llegaría a gustarme tanto el sabor de la manzanilla… Últimamente estaba tomando demasiado café y aunque bebo manzanilla de vez en cuando desde hace años, es verdad que en las últimas semanas se ha convertido en una infusión casi diaria, y me encanta. Con una manzanilla caliente y el gris tras la ventana, con el frío temprano que ha llegado con tanta fuerza a la capital, hay algo que hoy te quería contar.

Hoy me he reafirmado en algo que llevo pensando desde hace mucho tiempo, y es que… la mayor parte de mi tiempo libre la invierto en el móvil, y me parece un absoluto error (¡y horror!). Me gusta estar enterada de todo al momento, los que me conocéis de verdad y los que sólo me conocéis a través de internet, sabéis de sobra que soy una gran adicta a las redes sociales y a la comunicación. Cuando decido coger el día con calma, sin ningún tipo de prisa, cojo el teléfono y abro una red social, empiezo a leer noticias o a ver fotos de amigos y conocidos… y así, sin querer, quedo totalmente absorbida y soy incapaz de controlar el tiempo. La verdad es que me preocupa, y sobre todo me preocupa pensar que no soy la única y que somos esa nueva generación de la tecnología que vivimos rodeados de mensajes instantáneos, redes sociales y móviles en nuestras manos…

Mi cuenta de Facebook personal la uso para compartir fotos más personales con mis amigos, para ver las suyas, para escribirnos y comentarnos y Twitter es la red social que utilizo para leer noticias, para leer y hablar con gente que no conozco, para informarme, para hablar sobre el blog y por supuesto, muchísimas veces para dar mi opinión sobre temas de actualidad y otros que no lo son.

Al abrir Facebook hoy, me he encontrado, como siempre, con un montón de fotos de amigos con sus mascotas, me he encontrado con fotos de protectoras de animales que no paran de subir cada día casos nuevos sobre perros abandonados que necesitan adopción… Y al abrir Twitter, la noticia que predomina la gran parte de los medios de comunicación que sigo es la llegada del ébola a España, el contagio de la enfermera y su evolución. Inmediatamente, he mezclado estos dos temas y me he acordado de su perro.

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Durante toda esta semana, aunque hablé del tema de forma breve en mis redes sociales, he estado pensando mucho sobre si escribir o no sobre ello, pero hoy, he sentido la necesidad de hacerlo.

La noticia sobre el contagio de otra enfermera en Estados Unidos y el protocolo que se ha seguido con su perro (al que han puesto en cuarentena y observación para poder analizarlo y hacerle pruebas), deja claro, una vez más, la falta de cordura de las personas que gobiernan este país. Deja claro, una vez más, que somos el hazme reír del mundo. Los pardillos por excelencia.

Cuando me enteré que iban a sacrificar a Excalibur, el perro de la enfermera española, sin ni si quiera hacerle ningún tipo de prueba para saber si había contraído la enfermedad, se me paró el corazón. Cuando escuché a su marido, en una intervención telefónica en un programa de televisión pidiendo a los ciudadanos que, por favor, hiciesen campaña y no dejasen que esto ocurriese, cuando explicaba que su perro llevaba doce años con ellos y que era, sin ninguna duda, parte de su familia, cuando explicaba el dolor que sentían, desde un hospital en el que están ingresados sin poder salir, entendí su rabia y se me partió el alma. El alma se me partió de dolor, de impotencia y de indignación.

Me da mucha vergüenza el país en el que vivo. Muchísima. Mi país es precioso, si intento observarlo, veo un país lleno de color, de gente cálida, alegre, con su encanto del norte y su gracia del sur, un país dónde se come de maravilla, un país maravilloso. Pero resulta que mi país lo están destruyendo. Lo están destruyendo una panda de políticos corruptos, incompetentes, egoístas, sin escrúpulos, y no, no me refiero que estén destruyendo sus ciudades y sus calles, están destruyendo a TODOS los ciudadanos que representan (Sí, incluso a aquellos que todavía se atreven a defenderles). Están destruyendo las ilusiones de las personas, los sueños, las ganas, la economía y su bienestar social, pero se ríen. Ellos roban nuestro dinero, viven en casas de lujo, visten ropa carísima y comen en restaurantes que muchos españoles jamás podrán pagar. Así es España, un país de desigualdad, de un gobierno sinvergüenza que nos está quitando la vida (nunca mejor dicho).

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Siempre he sido una gran defensora de que cualquier ser humano puede equivocarse, claro, no somos perfectos, pero cuando unos políticos se equivocan en absolutamente todo y no hacen nada, nada bien, es que algo está fallando, ¿no? Pero tranquilos, ellos no sufren. Les da igual que un país entero esté desesperado pidiendo su dimisión, les da igual todo eso, lo que yo me pregunto es a qué tipo de personas representan, porque a mí, desde luego, NO.

Me puede dar mucha pena que un señor español se haya ido a realizar una labor humana a un país tercermundista y haya contraído una enfermedad, puedo entender que sus familiares quieran que vuelva a casa para darle su último adiós, pero ojo, lo entenderé siempre y cuando esto no ponga en peligro la vida de miles y miles de personas. ¿En qué momento al gobierno se le ocurrió traer a un enfermo de ébola a Madrid cuando ningún hospital estaba preparado para ello? ¿En qué momento pusieron en peligro la vida de trabajadores y ciudadanos? ¿En qué momento nos prometieron que estaba todo controlado? ¿Habrían hecho lo mismo si los enfermos en vez de ser curas, hubiesen sido voluntarios, militares, o periodistas, por ejemplo?

Hijos de puta.

Si mi amigo Fermín me viese ahora mismo, me diría que no es bueno tener tanta rabia dentro, pero en cuanto a esto, no sé sentir otra cosa.

La realidad es que hay una enfermera enferma, en estado grave, que seguramente no sobreviva, un marido destrozado, una familia rota, un país consternado. Además de ello, porque les corría mucha prisa, asesinaron a su perro. Sin ningún tipo de prueba, sin ningún tipo de escrúpulos. Un país entero gritando y haciendo ruido en las redes sociales, expertos pidiendo que por favor no se hiciese, asociaciones de animales queriendo hacerse responsables del animal, pero nada, una vez más, nuestra voz no importaba. Sinvergüenzas, asesinos.

Cuando mataron a Excalibur, tuve ganas de llorar todo el día. Quienes tenemos mascotas, no es que pensemos que son parte de nuestra familia, es que sentimos que es así. Quien conoce el amor de un animal sabe que es puro, incondicional, fiel… Quien conoce el amor de un animal, sabe que es mucho mejor que el de los seres humanos, que aunque nos duela, somos egoístas por naturaleza. Quienes conocemos el amor de un animal sentimos la muerte de Excalibur como una descabellada e injustificada noticia. Habían opciones, porque las había. Quienes sentimos el amor de un animal, aquel día sentimos como la rabia se apoderaba de nuestros corazones y como el odio hacia aquellos que nos gobiernan (que no representan, insisto) se incrementaba por momentos.

Aquella misma noche, leí algo que me sorprendió muchísimo, algo que a mi amigo Antonio le sorprendió tanto como a mí, y con quien pude estar un buen rato hablando sobre ello. Resulta que hubo (y hay, supongo) gente que publicaba en sus redes sociales que mientras miles de niños se mueren de hambre o sida en el mundo, la gente se estaba preocupando por un perro, y  eso les parecía insensato. No daba crédito a lo que leía.

Vamos a ver, todos aquellos que publicasteis cosas similares, ¿qué nos preocupemos por el sacrificio de un animal inocente, del cual no había ninguna prueba de que estuviese enfermo, significa que no nos importe que muera gente en el mundo? ¿Me explica alguien qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Me explica alguien el por qué de esos comentarios absurdos? ¿Estamos locos? Desgraciadamente, muere muchísima gente diariamente en el mundo, gente inocente, gente sin recursos, niños pequeños… y a mí, por supuesto, se me rompe el alma. Pero entonces, ¿si defiendo la vida de un animal es que están dejando de importarme la vida de las personas? Perdonadme, pero me parece ridículo.

Pero bueno, como todo en la vida, siempre habrá gente a la que no le parezca bien lo que hagas. Por suerte, a raíz de este tema, me he dado cuenta, una vez más, que queda todavía mucha gente buena, gente con corazón, gente con ganas de gritar las injusticias y gente con ganas de acabar con esta maldita situación de corrupción  e incompetencia.

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Hoy, sin ninguna duda, os he escrito desde la rabia y el corazón, intentaré volver con un post más alegre.

Feliz tarde, amigos.
Lorena.

Inevitable

Las redes sociales tienen ese poder de inmediatez que a mí me encanta y muchas veces, me entero de una noticia a través de Twitter. Esta mañana, al despertarme me he enterado de que hoy era el día Internacional de la Sonrisa, y sólo al leerlo me ha salido sonreír. No por nada, sino porque me parece bonito que haya un día dedicado a las sonrisas de todos nosotros, de todos los que nos rodean, de todos aquellos que no conocemos y de todos aquellos que no veremos jamás. Me gusta porque para mí, sonreír es algo esencial en el día a día, como supongo que también lo es para ti.

Quienes me conocen bien, saben que aunque sea melodramática por naturaleza, siempre intento sonreír, y de hecho, me encantan mis amigos y mis amigas porque cuando pienso en cada uno de ellos, sé que son personas que siempre están dispuestas a sonreír, y a recibir una sonrisa. Es esencial para el día a día, para afrontar las cosas y para ver la vida. Recuerda siempre que con una sonrisa todo se ve mucho mejor, así que, por favor, al menos hoy, intentad regalar sonrisas y recibirlas sin dudarlo, aunque vengan de un desconocido. ¿Trato hecho? 🙂

Hoy te quería contar, que entre tanta sonrisa y tan buenos pensamientos me he acordado de una noticia muy triste que leí ayer. Ayer me inundó la pena al enterarme de algo que le había ocurrido a alguien que de un modo u otro sentía que quería, alguien a quién no he conocido nunca en mi vida (o sí, depende de como se mire).

Es curioso como una serie de televisión puede llegar a formar parte de ti  y como unos personajes, que realmente sólo existen en la ficción y unos personajes a quien dan vida unas personas que seguramente no conocerás jamás, pueden llegar a ser parte de tu familia y al menos, de una etapa importante de tu vida.

Estoy segura que todos sabéis de lo que hablo, que hay alguna serie, de ahora o de hace no se cuántos años, que os arranca una sonrisa cuando la recordáis, una serie que recordáis haber vivido desde el otro lado de la pantalla, sentados en el sofá y sintiéndola de una forma tan intensa que habéis acabado queriendo a todos los que viven en ella, como si estuviesen viviendo en vuestra casa, haciéndoles un hueco inexplicable en vuestras familias, sin ningún tipo de peros. Sobre todo, creo que esto pasa cuando somos más pequeños, cuando vivimos las cosas con una ilusión distinta y nuestra mente está  sin contaminar y completamente dispuesta a recibir y dar amor. Estoy segura que todos tenéis esa sensación de pensar en alguna serie de televisión e inevitablemente escuchar en vuestro interior a vuestra propia voz, pronunciando con una sonrisa: “la serie de mi vida”.

Cuando el tiempo pasa, la mente de los seres humanos se va retorciendo y complicando por una serie de compromisos y obligaciones del día a día que hace que el hecho de que esto ocurra sea mucho más complicado, pero cuando somos adultos nos gusta recordar, y al menos siempre nos quedará eso. Sin ninguna duda, una de las series de mi infancia y por supuesto, una de las series de mi vida fue Médico de Familia.

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A finales de 1995, Telecinco nos presentó al doctor Nacho Martín (Emilio Aragón), un médico viudo padre de tres hijos, María (Isabel Aboy), Chechu (Aaron Guerrero) y Anita (Marieta Bielsa) que también se hacía cargo de su sobrino, un adolescente guaperas; Alberto (Iván Santos). Además, en la casa también vivía su padre,  el señor Manolo (Pedro Peña). La historia de amor que se desarrolló a lo largo de cuatro años que duró la serie entre Nacho y su cuñada Alicia (Lydia Bosch) es inolvidable para todos los que la vivimos de cerca, así como el cariño que seguimos guardándole a la cocinera de la casa, la Juani (Luisa Martín).

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¿Cómo olvidarnos de Gertru, Hipólito, Marcial, Julio, Irene, Consuelo, Matías, Susi, Ruth… Y todos aquellos personajes que cada semana se colaban en nuestras casas?

Me sorprendo a mi misma acordándome de sus nombres… Y me es inevitable sonreír.

Aún recuerdo cuando Llorenç, un amigo del colegio, me dijo que se había hecho socio del “Club de amigos” (que no de fans) de Médico de Familia y por ello tenía una taza y una gorra dónde aparecía el nombre de la serie. Yo, que siempre he sido muy fan de aquello que me ha gustado, por supuesto insistí muchísimo a mi madre para que llamase por teléfono y  me inscribiese, y aunque no sé dónde está aquello,porque con el tiempo algunas cosas materiales de forma inevitable desaparecen, recuerdo perfectamente una foto que hay en un viejo álbum en casa de mis padres, en la que yo, con diez años más o menos, llevo una gorra azul marino en la que se lee en letras amarillas: “Médico de Familia”.

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Anoche me enteré a través de Twitter que Pedro Peña, el señor Manolo, aquel hombre que se convirtió, de un modo u otro, en el abuelo de miles de niños de este país, había fallecido, a los 88 años de edad. Por lo que pude leer, llevaba varios meses padeciendo alzheimer y desde hacía unas semanas su estado de salud había empeorado.

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Me recorrió el cuerpo una sensación de tristeza y nostalgia. Sin ninguna duda, se acababa de marchar uno de los actores más dulces y carismáticos de nuestro país. Una vida entregada al teatro y una vez más nuestra cultura llorando de pena…  Aquel señor al que siempre recordaremos gritando: “Cheeeechuuuu” hoy es mi tristeza, en el día Internacional de la Sonrisa, y hoy hablar de él, era algo inevitable.

Hasta siempre, señor Manolo…

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Feliz viernes, amigos.

Lorena.

Muertos de hambre.

Me gusta el otoño, me recuerda y no sé muy bien por qué a mis años en el colegio, a hojas que empiezan a cambiar de color en los árboles, a tonos amarillos y marrones…. Y ya sabéis que todo lo que venga acompañado de recuerdos, me resultará especial.

Hace un par de semanas, unos amigos vinieron a cenar a casa. David, Diego y Kirian son actores. El caso de kirian, del que muy pronto hablaremos con calma en el blog, es un caso particular porque cuando os diga quién es lo vais a recordar al instante. Le hemos visto crecer en televisión en una de las series más largas y conocidas de nuestro país, empezó siendo un niño y ha trabajado en la profesión prácticamente toda su vida. Hace años que no consigue trabajo. En la cena, en la sobremesa y en la tertulia, también estaba Sergio, actor y músico, al que muchos ya conocéis. Nos juntamos un grupo de buenos amigos y sobre todo, un grupo de personas que aman el arte y no se rinden ante los sueños, y hoy te lo quería contar,

De las personas que nos reunimos, dos viven un buen momento profesional, uno de ellos es protagonista de una serie que se emite en medio mundo y el otro no deja de tocar y vivir de su música, pero nos fue inevitable hablar de cómo se encontraban la mayoría de las personas, muchos de nuestros amigos y conocidos, que quieren entregar su vida al arte. En este país, nos encontramos, desde hace mucho tiempo, en un momento lamentable en el que ni jóvenes ni mayores tienen oportunidad de desarrollar sus capacidades y vivir de su verdadera vocación y profesión.

Si te preguntan a qué te dedicas y dices que eres médico, abogado, psicólogo o profesor… Nadie va a dudar de tu capacidad, y no quiero decir con esto que estos sectores tengan el trabajo más fácil ahora mismo, para nada, sólo quiero explicar que esas profesiones son aceptadas sin cuestionar hasta qué punto eres médico, abogado, psicólogo o profesor. En cambio, cuando vives en una sociedad que entiende el arte como ocio y cuando vives en un país dónde el gobierno intenta machacar la cultura, acabas cuestionando la capacidad de profesionalidad de una persona que te dice que es actor, músico, escritor, pintor, diseñador  o director de cine… Y al final, han hecho que lo cuestionemos, que lo infravaloremos y que entremos en ese bucle de mentes  vacías, aletargadas y lamentables.

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La mayoría de las personas vivimos equivocadas cuando creemos que un actor es sólo aquel que sale en televisión, que un músico es aquel que llena estadios y vende millones de discos, que un pintor es aquel que murió hace años y ahora se expone en las mejores salas de todo el mundo, que un director de cine es aquel que revienta las expectativas en taquilla, que un diseñador es aquel que llena su pase en la Fashion Week y vende sus obras a un precio inalcanzable en las mejores tiendas del mundo o que un escritor es el que vende miles de libros y consigue una cola inmensa en El Corte Inglés ante miles de personas que esperan llevarse su ejemplar firmado a casa. Estamos muy, muy equivocados.

Conozco a muchísimos actores que trabajan en teatro, que no tienen miles de seguidores en las redes sociales pero viven de su trabajo, conozco a músicos que tocan en bares donde no hay más de veinte personas pero componen y son, seguramente, mucho más buenos que algunos que llenan estadios, conozco pintores que venden cuadros y pueden vivir de eso, directores que quizás no han conseguido ser millonarios con su trabajo, pero no por ello dejan de hacerlo, diseñadores de moda que venden sus prendas a precios asequibles a pesar de ser verdaderas obras de arte y conozco a escritores que llevan media vida escribiendo sin vender miles de libros.

Pero lo que es peor aún, conozco a muchísimos actores, músicos, pintores, directores, diseñadores o escritores que tienen que trabajar en muchas otras cosas más allá de su vocación (porque hablamos de vocación, señores) para conseguir poder pagar un alquiler, pagar unas facturas y poder tener una vida normal. ¿Cuántos de ellos trabajan de camareros en un bar, o de dependientes en una tienda de ropa? Así como miles y miles de jóvenes licenciados, con la esperanza casi destruida de que sus años por la facultad sólo les va a servir por el conocimiento que han adquirido y guardarán como un pequeño tesoro en su cabeza, porque ponerlo en práctica, desgraciadamente, está complicado.

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Hace poco alguien me dijo una frase que se me grabó a fuego en la memoria (y en el corazón): “Son muy pocos puestos de trabajo para muchos candidatos…”. Esto es España y esto me llena de tristeza y desesperación.

Mi amiga, la diseñadora Laura Daluna, compartió en su Facebook un video y no dudó en mencionarme, porque al verlo, supo que me iba a encantar. Me conoce bien y no se equivocaba. Quiero que veáis este video, con la cabeza y el corazón, y quiero que todos aquellos que aún tengáis los sueños intactos no dejéis que os los rompan. A los que tenéis los sueños arañados, sabéis que siempre hay tiritas y que con ganas e ilusión, nunca vamos a dejar que acaben con nosotros… Somos unos muertos de hambre, pero nuestras almas están muy bien alimentadas.

Feliz comienzo de semana, amigos.

Lorena,

Animales.

Café calentito en mano y los primeros amagos del otoño en Madrid… Uno de esos días grises que golpean la ventana y el cielo viene del color del estado de ánimo porque vivo en un pais que me avergüenza… y hoy te lo quería contar.

¡Estoy tan triste y enfadada!

Los que me seguís en algunas de mis redes sociales, sobre todo en Instagram, sois conscientes de lo mucho que quiero a Cometo, mi perro. Cometo llegó hace un año y unos meses a mi vida, como el mejor regalo de cumpleaños que me han hecho jamás, tan pequeño, tan travieso… Desde que le conocí, aunque siempre me han gustado mucho los perros, es verdad que siento un amor infinito hacia cadauno de ellos.

Cometo me ha enseñado tantas, tantas cosas… Él no entiende de rencor, nunca se enfada conmigo, se pone triste cuando no le tengo mucho tiempo en brazos y quiere estar a mi lado de forma incondicional, me mira y si estoy triste me observa y vigila, siempre quiere jugar conmigo y aunque le grite no consigo que me odie ni unos segundos… Sé que me quiere más a mí de lo que se quiere a sí mismo, y sé que nos une una conexión tan fuerte que le necesito a mi lado siempre.

Hay animales que nos producen más ternura que otros… Bien sea por su físico, su condición o su tamaño… hasta ahí estamos de acuerdo. De ahí a maltratarles y torturarles… Dista bastante todo.

Mi incultura taurina me había permitido escuchar vagamente hablar del Toro de la Vega, pero es verdad, que gracias a las redes sociales que tienen ese maravilloso poder de acercarnos a noticias de todo tipo, hace un par de días pude saber realmente qué era. Hoy, por fin, tengo un hueco para sentarme frente al ordenador y leer acerca de esta horrible tradición.

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Para empezar, no hay nada que me avergüence y me dé más asco que vivir en un país en el que se permite que asesinen y torturen a los animales… Me enciendo cuando alguien intenta convencerme que los toros y toreros son una tradición  y parte de nuestra cultura… ¿Nuestra? te aseguro que no de la mía. Antes también se lapidaba a las personas, o se fusilaba a los homosexuales, se quemaba viva a la gente y se asesinaba a los que no pensaban igual que otros… ¿Te imaginas que eso se hubiese mantenido y convertido en una tradición?

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Por favor y de verdad que nunca voy a ser capaz de entenderlo… ¿qué tienen en la mente aquellos que ven la diversión y los aplausos frente a la sangre de un animal que, por supuesto, no ha acudido voluntariamente al encuentro? ¿Cómo alguien puede aplaudir algo así? ¿Cómo un gobierno en pleno s.XXI permite que esto sea una fiesta? Una vez más nos duele y la mayoría miramos hacia otro lado. Por suerte, cada año acuden manifestantes y personas que luchan contra el maltrato animal a esta fiesta, a esa tortura del Toro de la Vega. Ahora, algunos de ellos resultan apedreados y heridos. La irracionalidad está tocando sus límites…

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En Wikipedia he encontrado lo siguiente: “El Torneo del Toro de la Vega es un evento taurino de origen medieval, únicamente celebrado en la localidad de Tordesillas. El torneo consiste en -según fuentes- lucha, caza o persecución de un toro por centeranes de lanceros, en la cual algunos de estos últimos intentarán alcanzar al toro hasta la muerte, después de que este haya sido soltado por las calles del pueblo y conducido por los corredores y aficionados hasta campo abierto”. No os imagináis el terror y horror que me produce esto.

En las Bases reguladoras del desarrollo del Inmemorial Torneo Toro de la Vega, adaptándolas al Reglamento de Espectáculos Taurino Populares aprobado por la Junta de Castilla y León mediante Decreto 14/1999 de 8 de febrero, me encuentro artículos como estos, que me ponen la piel de gallina:
Art. 30.- Queda terminantemente prohibido alancear premeditadamente al toro con el fin de NO matarlo, sino mermarle sus facultades físicas. Si así ocurriera, el jurado emprenderá las medidas necesarias sobre dicho lancero.”

“Capítulo IV: 12º El que asistiere de otras partes del mundo o universo y quisiere ser torneante, tendrá derecho a ser infomado muy cumplidamente; más si su intención, Dios no lo quiera, fuera denostar e infamar este torneo, teniéndole por necio ante tal circunstancia, despídasele en mala hora.”

Oh! Gracias por querer asesinar al toro directamente, pobrecitos, no quieren que sufra. Y Dios, padre todo poderoso, aquí presente, si hay algún ateo en la sala… Se siente!
Os juro, de verdad y con el corazón en la mano, que me he sentido estudiando un capítulo de historia sentada en la facultad o el instituto y sientiéndo que estaba estudiando algo que pasó hace cientos de años.

La realidad es que hace dos días el animal fue asesinado, y la foto del que le mató, aplaudido y admirado por la gente que aprueba esa tradición, ha corrido por Twitter, Facebook y todo Internet. A mi me daban nauséas.

No quiero que nadie intente explicarme que es una tradición. En mi pueblo, también se celebran unos encierros taurinos desde hace muchos años, en las fiestas patronales, donde una vaquilla corre dentro de una plaza mientras tres o cuatro chavales intentan correr delante de ella haciendo que dé vueltas sin parar. ¡Ojo! En ningún momento se permite pegar al animal y aún así me parece una auténtica salvajada.

Me gustaría ver a muchos ahí, en medio de una plaza, con el rabo entre las piernas, porque me muero de vergüenza, rabia y pena. Vivo en un país donde los toros son torturados por los verdaderos animales.

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Buenas tardes, amigos.
Lorena.

Hasta siempre, Robin Williams.

A veces tienes esa necesidad de encender el ordenador y escribir. Lo que te quería contar hoy se pone en marcha por una noticia muy triste que ha conmocionado a la cultura, al arte y a las personas en todo el mundo.

Anoche, echando un vistazo a Twitter poco antes de dormir, miles de usuarios escribían y se hacía eco sobre el fallecimiento del actor Robin Williams. No me lo podía creer… Él fue uno de mis actores favoritos de todos los tiempos… Y me morí de pena.

Es curioso como a veces, sin conocer a alguien, puedes llegar a sentir tanto cariño por esa persona. A Robin Williams le quería mucha, muchísima gente. En cuestión de minutos, las redes sociales se llenaron de fotos suyas, de frases que se hicieron míticas en sus películas y mensajes de amor que demostraron lo grande que fue su trabajo.

Anoche sentí que una parte de mi infancia se iba con él… Yo he crecido con sus películas, como muchos de vosotros, los que me leéis, toda esa generación que hemos crecido acostumbrados a verle en nuestras pantallas, en muchas de nuestras películas favoritas. Muchos de nosotros hemos crecido con esa sonrisa mágica y esa mirada transparante que cautivó a miles de niños a través de varios personajes que ya son clásicos en el cine.

¿Cómo no íbamos a quererle? Si con él compartimos risas, ternura y lágrimas… Y esas cosas, al fin y al cabo, son las que nos hacen estar llenos de vida.

En la historia de mi vida hay muchas películas que vería miles de veces sin cansarme jamás, una de ellas es Señora Doubtfire, recuerdo cuando era niña lo mucho que me gustaba, lo mucho que me reía en la escena en la que se tuvo que hacer una mascarilla con nata o lo mucho que sufría en aquella cena, en dos mesas distintas, en un mismo restaurante, siendo él un rato y siendo ella en otros. Otra de mis películas favoritas de siempre es, sin ninguna duda, Jumanji. Jumanji forma parte de toda una generación, de todos aquellos que sufrimos la desaparición de Alan Parrish y su aparición muchos años después acompañado de monos, mosquitos gigantes, aventuras y un cazador… Vi Jumanji en el cine y me enamoré de ella. Recuerdo que el día antes de que saliese a la venta en VHS, mi madre fue a la tienda a pedir que me reservasen una cinta. La tuve en mis manos desde el primer día de su lanzamiento, y aquel día decidí invitar a medio colegio a casa a verla… Recuerdo a muchos niños sentados en el suelo de mi salón, niños a los que sólo conocía de vista, eran amigos de amigos, y sonrío de pensar la paciencia que tenía mi madre.

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El hombre bicentenario, Hook, El club de los poetas muertos, Patch Adams, Jack, Flubber… o Retratos de una obsesión (que me encantaba), entre otras muchas. Le recuerdo en todas y cada una de ellas y es inevitable no emocionarse. Se nos ha ido uno de los actores más grandes, pero su mirada y su magia permanecerán eternas en cada uno de sus trabajos, en cada uno de sus personajes.

Desde el principio de su carrera, Williams luchó con gran esfuerzo por conservar su personalidad única como humorista y para convertirse, al mismo tiempo, en un excelente actor de carácter. Tenía claro que no debía perder sus cualidades propias, pero que necesitaba dominar la interpretación para ser alguien en el mundo del cine. Consiguió realizar su objetivo. Considerado un actor de gran versatilidad tanto en comedia como en drama, gana finalmente el tardío reconocimiento de la Academia, que le otorga el Óscar por su actuación en Good Will Hunting, filmada en 1997.

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No se han confirmado las causas de la muerte, pero se habla de suicidio. La vida más allá de la pantalla, no deja de ser vida, y los actores no dejan de ser seres humanos… Alguien que ha hecho y hará soñar y sonreír a miles de personas en todo el mundo ha decidido, supuestamente, quitarse la vida, y a mi se me parte el corazón.

Esta mañana he perdido a mi marido y a mi mejor amigo mientras que el mundo ha perdido a uno de sus más queridos artistas y una de sus mejores personas. Tengo el corazón hecho pedazos“, declaraba su esposa.

Hoy siento mucha pena… Hoy el arte, el cine y la cultura lloran… LLoran mucho, y mi alma cruje.

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“Tanta paz lleves como risas nos dejas, Robin Williams”.

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Gracias por todo, señor Williams. Hasta siempre.

Feliz martes, amigos.
Lorena.

Duele, pero aceptamos.

La verdad que nunca he sido de madrugar mucho, ni en verano, ni en invierno, pero es cierto que cuando hace frío, estar bajo las sabanas es algo que alargaría durante toda la mañana. En verano, me gusta el aire fresquito que entra a primera hora de la mañana, tener que levantarme a bajar la persiana y seguir durmiendo hasta que mi cuerpo dice basta. Hoy ha sido uno de esos días, sin mucha prisa por levantarme, y me gusta.

Sabéis que soy una persona que muchas veces se enfada con el mundo, sufro y me da mucha rabia ver cómo los seres humanos destrozamos el mundo en el que vivimos, cómo destrozamos nuestros valores y derechos y cómo, muchísimas veces, nos pisoteamos los unos a los otros.

Hoy te quería contar algo que me pasó hace unos días… Eran sobre las nueve de la mañana, café en la mano, salí del Starbucks de Callao, en Madrid, cuando vi como una de las camareras, con un aspirador pequeñito, de esos de mano, se lo acercaba a la cara a un señor que estaba sentado en el suelo, en la puerta de su establecimiento, medio dormido y pidiendo dinero. Él, como es lógico, se sobresaltó con el ruido del aspirador y la camarera empezó a reirse a carcajadas diciéndole a una de sus compañeras “‘¡Lo he asustado!“. No sabéis la pena que me produjo esa escena. ¿Cómo no iba a asustarle si a las nueve de la mañana vamos todos medio dormidos por la calle? ¿Cómo podía reírse de esa forma de una persona que bastante tristeza tendrá por tener que dormir en la calle?

Avancé la Gran Vía con el corazón en un puño… Habían pasado más de 5 minutos y miré el reloj, tenía tiempo de sobra. Di media vuelta y volví a Callao. Justo cuando llegué encontré a la misma camarera entrando por la puerta y la llamé con un, “Perdona…“, ella, con una sonrisa, me quiso atender.

Le expliqué que había dado media vuelta sólo para decirle lo mal que me había parecido su actitud, que me había parecido cruel y cobarde. Ella, me pidió mil veces perdón y me explicó que conocía al hombre en cuestión, que siempre estaba en la puerta y a veces, incluso, le daban agua (Oh! Gracias.), me dijo que lo del aspirador había sido una broma entre ellos, que no podía dejarle estar en su puerta, pero que si no hubiese “confianza” no lo habría hecho así. Me pidió perdón si esa era la imagen que había dado y me agradeció que hubiese vuelto para decírselo. Le expliqué que efectivamente había causado muy mala imagen, como persona y como empleada de ese establecimiento, pero sobre todo, como lo primero. Su gesto y sus risas me habían parecido muy crueles y le dije que estaba cansada de que los seres humanos veamos cosas que nos parecen mal y nos callemos la boca.

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Me fui más tranquila. Si era verdad su historia o no, no lo sé, pero al menos, lo que pude hacer por mi parte lo hice. ¿Sabéis qué pasa? Que he llegado a un punto en mi vida en el que las injusticias sociales (y son muchas) me hacen daño en el corazón, como estoy segura que a ti te pasa. Lo que me duele realmente es que hayamos aceptado a vivir con ese dolor.

Estoy segura que nos duele a todos (quiero pensar que a todos) que haya guerras en el mundo y niños muriendo de hambre… Nos duele, pero lo aceptamos porque creemos que no podemos hacer nada. Nos duele que haya políticos que nos roban y nos recortan derechos, eso nos enciende la sangre y nos llena de rabia, pero aceptamos que eso existe y creemos que no podemos hacer nada. Nos duele que haya niños maltratados y violados en el mundo, en nuestro país, o al otro lado del planeta, nos duele mucho, pero aceptamos que eso existe y creemos que no podemos hacer nada. Nos duele que cada día se abandonen animales, que haya racismo, que exista el maltrato físico a las personas… Hay miles de cosas que nos duelen, pero hemos acabado aceptando que existen y hemos acabado aceptando no podemos luchar contra ellas.

Muchas historias nos duelen cada día, porque las vemos en las noticias, las leemos en la prensa o las vemos en televisión, pero su disfunción narcotizante han hecho que nos acostumbremos a verlas, a saber que existen y nuestra mente ha acabado aceptando que eso forma parte de nuestro mundo, aunque nos llene de sufrimiento.

Me duele vivir en un mundo así. Me duele vivir en un mundo dónde los seres humanos tenemos la capacidad de solucionar los problemas, porque sólo nosotros tenemos esa capacidad y ver que no hacemos nada. No es que no hagamos nada por las cosas que pasan en un país a millones de quilómetros, es que no hacemos nada por las cosas que pasan en nuestra misma ciudad. Somos egoístas por naturaleza y conformistas por costumbre, y eso me da muchísima pena.
Tenemos la capacidad de cambiar el mundo, ese poder sólo es nuestro, así que sólo faltan ganas y unión para intentar mejorar las cosas, sólo eso, porque una vez más tengo que recordar una de mis frases favoritas, que una vez escribió Alejandro Sanz: “Si la gente supiese lo fácil que es trabajar codo con codo, en vez de a codazos…”

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Feliz lunes, amigos.
Lorena.