Sus Números Cardinales y mi primera vez

Voy a volver a escribir sobre música, sobre talento y humildad. Poneros cómodos porque vengo tan intensa como de costumbre… Bueno, quizás esta vez más.

¿Sabéis cómo es esa sensación de cuando una canción se te mete dentro del alma y te estruja el corazón? ¿Os podéis imaginar cómo es cuando un mismo artista consigue crear en ti esa sensación con la mayoría de sus canciones? Os aseguro que puede pasar, pero creo que debo empezar por el principio… Y hoy te lo quería contar.

Esta historia empieza con la voz de mi amiga Lydia (mi Loly) diciéndome muy emocionada tras un concierto: “Tía, que yo le he visto cantar en Libertad para 30 personas y hoy le he visto llenar el Palacio de los Deportes. No puedo estar más feliz…”. Me había hablado de él y de su música tantas veces que estaba claro que, tarde o temprano, alguna canción tendría que escuchar. Aquella noche llovía, lo recuerdo perfectamente, yo estaba en el teatro viendo a mi amiga Sara actuar y Lydia en el concierto del que un tiempo después se convertiría en uno de mis cantautores favoritos, pero claro, por entonces no lo sabía. Entre sus viajes de Valencia a Madrid, aquella noche en la que llovía, Lydia vino a dormir a casa y precisamente fue en la mañana siguiente cuando no pudo aguantarse más, me pidió que prestase atención y dejó sonar en su móvil los primeros acordes de Números Cardinales. Cuando acabó el último verso supe que necesitaba más y más. Después sonó Ya Verás, con Funambulista y se convirtió también en una de mis favoritas desde entonces, para siempre.

Cuando acabó 2017 y decidí volver al blog ya os hablé de Andrés Suárez y de cómo algunas de sus canciones se habían convertido en la auténtica BSO de mi año, y así fue (nunca mejor dicho). No supe parar, no quería parar. No sé si fue poco a poco o si fue todo a la vez, lo único que sé es que desde aquel día no ha habido ni uno solo (y os prometo que no exagero) en el que no le haya escuchado. No sé en qué momento empecé a aprenderme todas las letras de memoria y empecé a recuperar el tiempo que había perdido, descubriendo cada uno de los temas de los discos anteriores. No sé en qué momento él cambió, por completo, lo que sonaba en mis reproductores.

Unos meses después llegó Desde una Ventana y, como no podía ser de otro modo, Lydia me lo regaló. Aquella noche hicimos un viaje de Madrid a Valencia y fuimos descubriendo su nuevo trabajo emocionándonos y sonriéndonos en el coche. Ya no había escapatoria, me declaré fan absoluta de su talento, de su voz y de su música. 

Desde aquel entonces, obviamente se había creado una necesidad en mí que tenía que solucionar y cuando compré las entradas para ir a verle en el Circo Price tuve que sonreír.

No sabéis lo que sentí el pasado jueves cuando le vi salir al escenario, cuando la banda empezó a tocar y cuando pude escuchar en directo todas y cada una de las letras y melodías que me han hecho reír, llorar e incluso bailar (de verdad) en los últimos meses de mi vida… Y es que él, aunque escriba poemas de los que duelen y encogen el corazón, también me da muchísima Contentor... Así es la magia y en sus canciones de eso hay para un buen rato.

Vivir durante dos horas en ese concierto, olvidándome del mundo y grabando algún que otro stories para Instagram (bueno, unos cuantos. Bastantes. Muchos) fue algo que no voy a olvidar jamás. Se creo un ambiente tan bonito que, en algunas canciones, aunque me sabía la letra de principio a fin, fui incapaz de cantar. Solo quería escucharle a él y guardar en la memoria esa primera vez. Nuestra primera vez. La primera de muchas, no me cabe ninguna duda.

Me gusta mucho escuchar a los músicos hablar entre canción y canción, me gusta ver esa cercanía, esas bromas con el público, esas risas… Y aquella noche pasaron cosas realmente mágicas. Que hace un tiempo le llegase, por casualidad, un vídeo en el que un joven interpretaba una de sus canciones y que él luchase por localizarle, que esa noche le invitase a subir al escenario con él, que consiguiese que el teatro entero se pusiese en pie para aplaudirle y que le regalase así una de las experiencias más bonitas, seguro, de su vida, fue algo muy especial. No obstante, he de decir que de ese momento me quedo con la lección que Suárez nos quiso dar, de cómo nos hizo más conscientes de que hay mucho talento por descubrir y que no es más artista aquel al que le rodean los escenarios y los focos. El talento, queridos míos, no se mide de ese modo… Si ese momento consiguió emocionarme, no os puedo explicar lo que sentí cuando Diego Cantero, de Funambulista, salió a cantar esa canción que hace poco más de un año sonó en el móvil de mi amiga Lydia justo el día en el que descubrí al cantante de Más de un 36. Wow, aún se me ponen los pelos de punta…

Lloré con Rosa y Manuel, suspiré con Walt Disney y una exquisita Elvira Sastre recitando para nosotros, bailé con Ahí Va La Niña, canté con Ahora ya Fue y me llené de recuerdos y nostalgia con Te Di Vida y Media, entre muchas otras.

No hay vuelta atrás. La música de Andrés Suárez me ha conquistado a niveles insospechados. Este es el principio de nuestra historia, mi primer año, mi primer concierto… Y ahora ya sé que no me quiero perder ninguno.

¿Podéis haceros el favor de escucharle en silencio? Gracias. Contadme luego… 🙂

Feliz tarde, amigos.

Lorena.

 

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