Volver

¿A quién no le gusta hacer un repaso del último año una vez éste llega a su fin? A mí, al menos, me ha gustado hacerlo siempre. Un balance, de lo bueno y lo malo, de lo que ha sumado y lo que no, de lo que quiero quedarme para siempre en la memoria y lo que prefiero no acordarme y esta vez, inevitablemente, no es diferente.

Hace un año que no volvía por aquí, con lo feliz que me hacía plasmar las emociones y reencontrarme, a través de letras, con cada uno de vosotros. Creo que ha llegado el momento de volver. Y sí, sé que lo dije la última vez que escribí, y también la anterior, pero, quiero volver de verdad, y hoy te lo quería contar.

Mañana es el cumpleaños de mi amigo David y él es, quizás, la persona que más me ha insistido en todo este tiempo para que esto suceda, y no es que este vaya a ser su regalo por dar una vuelta más al sol, pero ahora mismo me estoy acordando de él porque sé que esto le hará feliz.

No os podéis imaginar cómo quise cerrar 2016… Lo hice de un portazo, fuerte, deseándole suerte en el olvido, porque fue, quizás, el año más raro de mi vida, y eso que por entonces ya tenía La Contentor (pero no en todo su esplendor)… Me prometí que 2017 sería un antes y después y no sé si lo he conseguido, pero creo que puedo decir que ha sido un año maravilloso.

Este año he vivido cosas increíbles, he cambiado de casa, mi mejor amiga de la universidad se ha casado, una de mis mejores amigas de Madrid ha sido madre, he llegado a los 30 y me he visto rodeada de personas increíbles que quisieron, un año más, hacer del día de mi cumpleaños algo inolvidable. He hecho surf por primera vez, me he enamorado de Oporto, ¡e incluso me he tatuado con dos de mis amigos del alma! Me he reencontrado en Sevilla con mis amigas de la vida, al son de la BSO de nuestra adolescencia, me he ido de vacaciones con toda mi familia y me he sentido enormemente afortunada por disfrutar de ellas junto a mis abuelos (que, seamos sinceros, ¡eso sí que es tener suerte en la vida!).

En 2017 ha llegado gente nueva a mi vida, gente que sé que ha venido para quedarse y, lo más importante, los que estuvieron con fuerza el año anterior, han seguido estando en este al pie del cañón… He estado en festivales junto a mis amigas de siempre (ahora he añadido la música de Izal a mi lista de Spotify, soy así de moderna) y, además, mi amiga Sara y yo, sin esperarlo, ¡vivimos el verano de nuestra vida! (Con festivales, viajes, noches de risas infinitas, karaokes y conciertos incluidos). He cumplido un año en el trabajo con el que siempre soñé y que cada día me hace más feliz y sumo otros 365 días más al lado de Cometo (Ay, ¡Cometo de mi vida!) que, aunque nos ha dado un susto grande en los últimos meses, dice que él no piensa moverse de mi lado…

He vuelto a ver películas que me sabía de memoria y he descubierto otras que me han marcado de verdad. Lo mismo me ha pasado con canciones, sigo escuchando aquellas que llevan años sonando en mi cabeza y mis reproductores día tras día, pero también he añadido nuevas como La Mujer de Verde, de Izal,  La Llamada de Leiva u Olvídame de Sidecars, que descubrí hace sólo unos días y que ya me sé de memoria. Pero, sin duda, no puedo dejar de contaros las canciones y, sobre todo, el cantautor que ha marcado mi 2017, Andrés Suarez. ¡Qué manera de ponerle música a la poesía! Necesitaba un Vals para Olvidarte, Ahí Va la Niña, Números Cardinales, 6+4 o No Te Quiero Tanto ya formarán siempre parte de mi vida… (¡Gracias eternas a mi Loly por presentármelo!)

Y, cómo no, ¡los libros! Por supuesto, he vuelto a leer La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón, porque le toca llegar a mis manos una vez al año, y descubierto nuevas historias que me han llegado a fascinar… Como me pasó con La Isla de Alice, de Daniel Sánchez Arévalo, y del cual os hablaré en otro post.

Acabo 2017 con otro libro entre mis dedos, Contigo en el Mundo, de Sara Ballarín, del que no tengo ninguna duda que necesitaré hablaros cuando llegue a su fin. Quizás ella ha sido la culpable de que hoy esté aquí, de nuevo, frente al ordenador, y no me refiero a su autora, sino a Vega, su protagonista. Hay tantas cosas de esta historia que me recuerdan a mí, a mi vida, a mi día a día… Que quizás su pasión por la música me ha recordado la mía por escribir y ha sido el empujón definitivo para retomar esto que me hace tan feliz.

Sin duda, 2017 ha sido un año de avances y cambios, ha sido un buen año y es que cuando una tiene La Contentor no puede evitar ver siempre el lado bueno de las cosas… ¡Esa es la gracia de este lema de vida (que te cambia la vida)!

Me despido de este año llena de amor, del bueno, eligiendo a quienes quiero que me acompañen.

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No os podéis imaginar las ganas que le tengo a 2018, porque sé que me va a sorprender, no os podéis imaginar todo lo que todavía nos queda por contarnos…

¡Feliz año nuevo a todos!

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

 

 

 

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