Le hablaré al 2015 de ti…

 

 

Último martes del año y no podía empezarlo de otra forma que no fuese a vuestro lado, que sois los protagonistas de mis martes y parte de las historias que aquí cuento.

Hoy te quería contar que recuerdo perfectamente cómo, hace ya un año, repasé mi 2013 para coger con ganas el 2014, con muchísimas ganas. Muchas veces, escuchamos a mucha gente decir que cuando se espera algo, más vale no hacerse ilusiones por si no sale, para que la decepción sea menor. Yo nunca he estado de acuerdo con esta afirmación. Yo soy de las que piensa que hay que poner toda la ilusión, las esperanzas y las ganas en algo, siendo conscientes de que puede salir mal, pero si todas tus energías positivas se concentran en ello, te ayudará seguro. Así que decidí recibir el 2014 llena de sueños, de ilusiones y de ganas. Me atreví a soñar muy fuerte porque es la única forma de poder hacer de los sueños una realidad. Algunas cosas se cumplieron, otras no, vinieron las alegrías que no esperaba y las decepciones que hicieron daño, pero la vida está compuesta de las cosas buenas y las cosas malas y debemos aprender a convivir con ellas. De lo bueno, intento guardar siempre todo lo bueno que pueda, y de lo malo, aprendo, como hacemos todos. Pero sin ganas, ilusiones y sueños, no vamos a ningún lado. No lo olvidéis nunca.

Al cerrar los últimos años, es cierto que cada vez que quería hacer balance sobre ellos, debía dar las gracias a muchas personas que habían llegado nuevas a mi vida en el transcurso de esos meses. Ahora, con cuatro años a la espalda en esta ciudad que me tiene tan enamorada, mis amigos están sentados cómodamente en mi vida, mi vida está estable y tranquila y con los que he recorrido 2014 de la mano, seguramente ya estaban en 2013 a mi lado.

Tengo y tenemos la suerte de poder elegir a los amigos que se quedarán a nuestro lado, tenemos el poder de elegir a quienes queremos que nos acompañen en una aventura tan única e irrepetible como es la vida y poder elegir también a aquellos que no queremos que sigan con nosotros. Es importante elegir bien, para quedarte con lo bueno, con el amor de verdad, del que te cuida y quiere, el que no tiene rencor, ni celos, ni una pizca de malos sentimientos hacia ti (aunque a veces quizás sean involuntarios), es importante rescatar a esas personas que te cuidan y cuidarlas, para que el amor sea puro y la amistad se fortalezca. Es importante saber alejarse de los que nos hacen daño, de los que nos hacen llorar por capricho, de los que no nos cuidan, de los que no nos quieren de verdad… Nosotros tenemos el poder de construir nuestra vida y tenemos el poder de escoger con quienes la vamos a construir. Para mí, esta es una de las cosas más importantes que he aprendido con los años y el tiempo.

Si miro hacia atrás, por unas razones u otras, sé que los que siguen estando son los que tienen que estar y los que ya no lo hacen forman parte de recuerdos, y no por ello dejan de ser importantes. En algún momento también elegí a esas personas para que me acompañasen, con algunas de ellas seguramente viví momentos increíbles, con otras seguramente compartí el alma e incluso el cuerpo, en algún momento fuimos felices juntos, en algún momento compartimos risas, secretos y sueños, así que esas personas que hoy ya no están, en algún momento estuvieron y, por tanto, forman parte de un trozo de mi historia, de la historia de mi vida, a algunos guardaré siempre en el corazón con más o menos cariño, y a otros, seguramente, no olvidaré, pero me acabarán siendo indiferentes en el tiempo. Triste, pero real.

Hoy, sin duda, quienes merecen el mayor protagonismo son los “otros”, los que están, los que se han quedado.

Gracias a la vida por haberme dado a aquellos amigos que una vez aparecieron, seguramente de casualidad, pero que lo hicieron con fuerza y me cogieron de la mano, los que sonríen, los que me aprietan fuerte cada vez que me ven, los que me aprietan fuerte sin poder verme, los que no entienden de horas para recibir o escribir un mensaje, los que aunque pasen meses sin vernos, cada reencuentro es especial porque hacen que no haya pasado el tiempo, los que me abrazan con la mirada y encierran con llave mis secretos, los que me apoyan en mis locuras y viven con fuerza mis sueños, los que disfrutan de mis alegrías cómo si fuesen suyas o los que si algún día he sufrido, no han dudado estar a mi lado, los que pueden estarlo de forma física y los que se mantienen a pesar de los kilómetros (e incluso los océanos). Gracias a todos esos amigos que son la familia que he elegido, a los que me conocen tanto que no puedo ocultarles nada, a los que me aguatan durante horas frente a un café, a los que me ayudan a ser feliz y a los que hacen que este paso por el mundo resulte ser algo apasionante y maravilloso. Gracias a todos y cada uno de vosotros. No voy a decir nombres, porque no nos hacen falta, porque no quiero olvidarme a nadie, y porque vosotros, al leerlo, sabréis quienes sois. Gracias por ser parte de mi corazón, de mi historia, de las historias de siempre, las que han pasado y las que vendrán, gracias por quererme tanto y dejar que os quiera todavía más. Gracias a los que lleváis tantos años que me habéis visto crecer, gracias a los que os sabéis de memoria cada una de mis batallas, las que vivisteis conmigo o las que os he ido contando, gracias a los que lleváis media vida a mi lado y gracias a los que lleváis menos tiempo. Gracias a los que una vez estuvieron y el tiempo les hizo volver, gracias a quienes han sabido volver y gracias a los que no han querido irse nunca y nunca lo van a hacer.

Gracias a la vida por haberme dado una familia maravillosa que hacen que cada vez que vaya a l’Olleria sea algo mágico, un recuerdo intacto, todo en el mismo lugar, la misma gente, los mismos olores y la misma felicidad. Gracias a mi familia por ser millonaria en valores, en amor y respeto. Gracias por dar todo sin tener nada.

Gracias a la vida por haber cruzado mi destino con alguien como él, por celebrar estos recuerdos y este fin de año, una vez más, al lado de mi compañero, de mi mejor amigo, de mi complemento más perfecto. Y gracias a quien es más que mi hermana por haberme regalado hace ya un año y medio a Cometo, mi perro, mi felicidad, mi amor más puro. Gracias a Sergio y gracias a Cometo, a ellos por ser mi hogar, mi casa y mi familia, en una ciudad que no es mía, y en cualquier rincón del mundo.

No puedo olvidarme de vosotros. Es fácil querer y cuidar a tus amigos, a los que has conocido, a los que conoces y con los que compartes tu vida. No es fácil cuidar a alguien que no conoces de nada, no es fácil dar cariño a alguien que no ves, que no has visto jamás y no es fácil llegar a transmitirlo y que el destinatario reciba ese cariño en un estado intacto. Vosotros lo hacéis. Sigo emocionándome cada vez que me enviáis un e-mail, que comentáis algún post, cada vez que lo compartís, que lo recomendáis, que hacéis que dé vueltas y llegue a toda la gente posible. Me regaláis un amor tan bonito que no sé si podéis ser conscientes, pero, sin ninguna duda, vosotros (sobre todo vosotras), habéis sido parte de mi 2014, sois parte de Lo Que Te Quería Contar, sois parte de mis historias, de mi vida, de mis letras y mis palabras, y eso, os aseguro, siempre, siempre, va a formar parte de mí, de mi corazón, de mis ilusiones y mis sueños. Nada de esto sería posible si no estuvieseis al otro lado de la pantalla, en cualquier rincón del mundo. No tengo palabras suficientes… Gracias, gracias infinitas… Ojalá os quedéis mucho tiempo, ojalá me quede yo a vuestro lado y sigamos sumando años, recuerdos y momentos.

2014 acaba como un año bonito, del que no soy capaz de recordar ningún momento realmente tormentoso, ha sido un año todoterreno, en el que he aprendido mucho y en el que, sobre todo, he crecido mucho, como persona y como profesional, un año en el que mucha gente se ha empeñado en hacerme ver que los sueños pueden ser una realidad, un año en el que mucha gente me ha hecho creer en mí y un año en el que me he dado cuenta que todo ser humano es capaz de conseguir aquello que se proponga. Soñar está al alcance de todos, la capacidad de conseguir hacer realidad esos sueños, está en las ganas de cada uno. 2014 ha sido un año increíble para mí y para el blog, un año en el que habéis hecho que esta aventura sea muy, muy bonita. Un año de momentos especiales, de historias compartidas, de entrevistas que me han hecho mucha, muchísima ilusión, un año de letras, de relatos, de reivindicaciones, de enfados, de amor, de cariño, de ganas… Un año que hemos sabido hacer nuestro. 2014 acaba con proyectos que no están en el aire, proyectos que son reales, proyectos que lleváis tiempo queriendo saber y proyectos que falta muy poco para que conozcáis. 2014 acaba con el proyecto más importante de mi vida en caliente, para que sea una realidad en 2015, un proyecto que sé que os va a hacer ilusión y un proyecto que espero, vivamos juntos.

Me asusta que el tiempo pase tan rápido y no quiero dejarme nada por hacer. Desde aquí pido perdón a aquellas personas que alguna vez hayan podido sentir que yo les he hecho daño y desde aquí quiero olvidar el daño que otras me han hecho a mí.

La vida es corta, así que hagamos para vivirla de forma intensa. Saborea cada momento, disfruta, sonríe, aprende, tranquilízate, disfruta la calma, abraza a las personas que son especiales para ti, aprieta con pasión y ganas al amor, cuida la amistad, repite los te quiero sin importarte cuantas veces los has dicho ya, escucha tu música favorita siempre que te apetezca, lee, come, date pequeños caprichos que quizás un día no estarán… Exprime los segundos, los minutos y los días. Aprende de los enfados y sobre todo aprende a rectificar y pedir perdón, trágate el orgullo y cuida a aquellos que quieres que cuando acabe el próximo año sigan estando ahí, con la misma fuerza que están ahora.
Coged fuerza que nos vamos a comer a bocaícos este año nuevo, dejemos atrás lo malo y vamos a seguir con lo bueno… Igual que escribió Microarte en uno de sus microcuentos “Le hablaré al 2015 de ti…” Le hablaré de vosotros.

Gracias.
Salud y felicidad, siempre!

FELIZ AÑO NUEVO, AMIGOS!!!!
Lorena.

Pd. Hoy es el cumpleaños de una de las personas más especiales de mi vida, ayer lo celebramos juntos y nos dedicamos a recordar todos los momentos bonitos que hemos vivido desde que nos conocimos. Le prometí que hoy le felicitaría desde aquí. Él es uno de esos hermanos que me ha regalado el destino, uno de esos amigos que se quedarán siempre. Felicidades David. Te quiero, brother.

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Me gusta…

Hoy vengo con prisa. No porque no me apetezca quedarme un buen rato con vosotros, sino porque necesito exprimir el tiempo al máximo para mí. El egoísmo es algo innato, ya lo sabéis, pero estoy segura que me entenderéis.

Hoy te quería contar que la Navidad es mi época favorita del año… Seguro que algunos de vosotros ya lo sabéis, porque lo he mencionado en alguna de mis redes sociales y porque el año pasado seguro que ya os hablé de esto.

La Navidad es para mí un momento de reencontrarme con los de siempre, de volver a casa, de que todo el mundo vuelva, es un momento de reencuentros, de familia y de amigos… Y a mí me encanta. Tengo la suerte de tener una familia maravillosa que cada vez que vengo a casa no me deja sola ni un momento, que organizan reuniones para que yo sea feliz viéndoles a todos a mi alrededor. Pero estas fechas, inevitablemente, despiertan en mí una ternura infinita.

Me encanta decorar mi casa, montar el árbol, sacar esas cajas que reposan en silencio durante todo el año dentro de un armario, guardando brillos, colores, renos y algún que otro Papá Noel en distintos tamaños y versiones. Me encanta el momento de comprar regalos… Preparar detalles para todas las personas a las que quiero, envolver los paquetes, escribir postales y seguir enviándolas con su sello y sobre, olvidándome, al menos por una vez, que los e-mails existen.

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Me gusta el 22 de diciembre, ese día en el que sabes que no te va a tocar la lotería, pero la compras porque quieres optar a la improbabilidad. Me gusta despertarme y pasar esa mañana pendiente de los números premiados, me gusta tener la ilusión y desear con fuerza que me toque algo. Me gusta acabar la mañana y ver que sigo teniendo exactamente lo mismo, y entonces sonrío y pienso lo afortunada que soy un año más, por tener a mi familia, por saber que volvemos a estar todos juntos y que nos acompaña la salud. Me gusta pensar que los premios se han ido a las casas dónde los necesitaban, que han devuelto la ilusión y las ganas a aquellos que las tenían olvidadas, porque se las habían robado.

Me sigo poniendo nerviosa cuando después de la cena de Nochebuena toca repartir y recibir regalos, aunque ya haya llegado a ese punto en el que vivo con más ilusión lo primero. Me gusta cantar villancicos, que hagamos sobremesas de horas, que nos riamos y todos pensemos en silencio lo afortunados que somos, los pocos bienes materiales que tenemos y lo millonarios que somos en todo lo demás, en lo esencial, aquello que como bien dijo un viejo amigo, es invisible a los ojos.

Me gusta salir con mis amigas esa noche, y reencontrarme con toda la gente de mi pueblo, a los que veo cada vez que vengo y a los que pasan muchos meses hasta el siguiente reencuentro. Me gusta levantarme muerta de sueño el día de Navidad y me gusta volver a reunirme con los mismos, dormir después la siesta al lado de mi abuelo en el sofá o irme a pasar la tarde al cine con mis primos.

Me gustan las tardes en el sofá, con la manta y el “brasero” debajo de la mesa, me gustan las pelis que son clásicos en estas fechas, que suelen ser aquellas que formaron parte de mi infancia, como Mujercitas, Cariño, he encogido a los niños, Vaya Santa Claus o Eduardo Manostijeras…

Hoy vengo con prisa porque os escribo desde l’Olleria, desde donde soy muy feliz cada vez que vengo, desde dónde me hace feliz pasear por las calles y cruzarme con sonrisas y gente de siempre. Sólo voy a estar aquí unos días, así que necesito olvidarme del ordenador, pasar fugazmente por las redes y dejarme mimar por las personas más importantes de mi vida.

No quería dejar de pasar a saludaros, a agradeceros todo lo que hacéis por mí, siempre estaré agradecida a todos y cada uno de vosotros, desde los que leéis en silencio a todos los que comentáis, compartís y me ayudáis a llegar a tanta gente…. La semana que viene hablaremos de 2014, y de los sueños que vendrán en 2015.

Gracias… Gracias infinitas. Os mando un abrazo enorme, todos mis buenos deseos para estos días y todos los que vienen. Gracias por formar parte de mi aventura y gracias por dejarme ser parte de la vuestra.

Exprimid los buenos momentos, aquellos que habéis vuelto a casa, como el anuncio de televisión, o como yo, disfrutad de lo que no podéis disfrutar en vuestros día a día. No os olvidéis de vivir con ilusión y saborear los te quiero, los pronunciados y escuchados…

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¡Felices fiestas, amigos!

¡Bon Nadal!

Lorena.

David Bisbal lo ha vuelto a hacer.

Lo ha vuelto a hacer. Como suele hacerlo siempre.

Lo ha vuelto a hacer, con los nervios de una primera vez, con la emoción de muchos conciertos a la espalda y un público que no deja de entregarse… David Bisbal ha vuelto a llenar El Palacio de los Deportes de Madrid y ha vuelto a emocionar a miles de personas. No quise perdérmelo y hoy, te lo quería contar.

Siempre he defendido que si ha llegado tan lejos, además de por su talento, ha sido por la pasión que siente y pone en su trabajo, por sus ganas constantes y sus sueños intactos, a pesar del tiempo y los éxitos.

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Hace unos meses, os hablaba de uno de sus conciertos, en este mismo escenario, con su recién estrenada gira que le ha llevado por todo nuestro país y gran parte de latinoamérica. Os contaba cómo él había puesto banda sonora a muchos momentos de mi vida y cómo yo, seguía disfrutando sus conciertos no de la misma forma, pero sí con el mismo sentimiento que hace ya unos cuantos años.

Un fin de gira siempre es algo especial, para el artista y su público, para ambos es una pequeña despedida, un hasta pronto, una despedida llena de música, color y una pequeña sensación de tristeza cubierta de felicidad, un sabor agridulce que prácticamente no tiene ni una pizca de amargo. Él estaba emocionado, estaba feliz. Rodeado de amigos, de su familia y de quince mil personas que no quisieron dejar de acompañarle en un concierto tan especial y único.

El BarClaycard Center fue llenándose poco a poco, sin prisa… pero no cabía nadie más a las ocho en punto. Se apagaron las luces y empezó el espectáculo.

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En esta nueva etapa musical en la que ha dejado atrás sus inolvidables patadas o sus miles de vueltas, un David Bisbal elegante y carismático abría la noche con Tú y Yo, una de las canciones más sonadas de su último trabajo discográfico, que lleva el mismo nombre. Más de dos horas de música, luces, bailes, emociones y palabras de cariño en las que no faltaron, por supuesto, los temas de este disco ni otros que ya se han convertido para sus seguidores en unos clásicos. Ave María, Silencio, Bulería, Torre de Babel, Esclavo de sus Besos, Diez mil maneras o Si pero no, entre otras, fueron capaces de poner a todo el mundo en pie, desde las gradas hasta la pista nadie dejó de bailar y disfrutar de los momentos más animados…

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El concierto, por supuesto, tuvo sus momentos de romanticismo, de baladas, de nostalgia y de canciones que todos, alguna vez, hemos hecho protagonistas de alguna de nuestras historias. Dígale, Amar es lo que quiero, El ruido o Culpable… fueron, sin duda, momentos muy especiales de la noche.

Era un concierto especial y por ello, no quiso dejar de invitar a dos artistas y amigos a compartir escenario y público con él. La italiana Emma Marrone y el puertorriqueño Luis Fonsi, marcaron dos momentos estelares de la noche. Disfrutaron e hicieron disfrutar, y no hay nada más mágico que eso.

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Es imposible no mencionar uno de los momentos más bonitos del concierto, casi al final, cuando el almeriense, completamente emocionado, casi no podía hablar y consiguió dedicarle una de sus canciones más bonitas, Mi Princesa, a la que era aquella noche, y es siempre, su fan más especial, a quién él citó cómo el gran amor de su vida, su hija Ella, que no dudó en saludar divertida y mandar besos a un público que fue testigo de aquella auténtica y verdadera declaración de amor, seguramente la más pura que sea capaz de sentir el ser humano.

Si hay un motivo por el que David Bisbal me produzca tanta admiración, por supuesto es su voz, su increíble y espectacular voz. Con el tiempo, sin ninguna duda, se ha hecho cada vez más grande sobre el escenario y estoy segura que cualquier persona, le guste su música más o menos, sería capaz de emocionarse y disfrutar de uno de sus conciertos.

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Más allá de su música, no podemos negar que es una persona que se hace querer y respetar. Creo que ya lo he dicho alguna vez, pero nunca he visto a nadie tratar con tanto cariño a los medios de comunicación, a sus fans, o destacar la importancia que sus músicos tienen en su escenario y su vida. Él es así, siempre tiene un segundo más, una sonrisa dispuesta y unas palabras de agradecimiento y eso, amigos míos, le facilita el trabajo a cualquiera.

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Para mí, la aventura de este disco, empezó en los cines Callao, hace ya unos cuantos meses, cuando junto a María Valverde, Kike Maíllo y demás protagonistas, presentó el mediometraje Tú y Yo. Os dejo la entrevista que hicimos para La Caja de Música, que es una de mis favoritas.

https://www.youtube.com/watch?v=KuccJpcq2IA

Hace más de trece años que le vimos por primera vez en televisión, con la inocencia pegada en la mirada y los sueños sin ser capaces de soñar todo lo que el destino le tenía preparado. Hoy, David Bisbal sigue derrochando simpatía, humildad y pasión por lo que hace. Quizás porque no se olvida de aquel joven que recorría Andalucía de la mano de la orquesta Expresiones, quizás no olvida a aquel joven que trabajaba en un vivero y le cantaba a las plantas, o quizás, simplemente, es porque es consciente de que tiene un trabajo diferente al de muchos otros, pero no deja de ser un trabajo por el que luchar y al que entregarse. Mientras siga derrochando estos valores y siga viviendo su carrera con nervios, emoción y entrega, mientras siga asombrándose cuando reciba un premio o siga soñando con tanta fuerza,  creo que seguirá siendo mágico para todos aquellos que le siguen.

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No puedo dejar de dedicarles este post a las dos Lydias (la rubia y la morena), a MZ y a Patri, porque de un modo u otro, bajo aquel escenario y aquellas luces, vivimos este concierto con la misma ilusión que cuando teníamos quince años, porque esta es la magia de la música y porque nosotras nos conocemos de la vida.

Enhorabuena a David, a los increíbles músicos que le acompañan y a Universal por poner tanto cariño en un proyecto que acaba siendo algo tan grande.

Nos vemos pronto…. Seguro.

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Todas las imágenes son de la página oficial de Facebook de David Bisbal.

Feliz tarde, amigos.

Lorena.

 

No lo podía evitar.

Hoy me he despertado pensando que debía anunciar que a pesar de ser martes, un nuevo post tendría que esperar… Iba a aplazarlo hasta mañana, pero finalmente, he podido organizarme para sentarme con vosotros una semana más. Con la resaca de descanso de estos días de puente maravillosos en los que he aprovechado para estar con mi gente, para pasear bajo las luces de Navidad de Madrid, para dormir sin prisa y comer con calma… Vuelvo con un post que ya sé que no os va a emocionar.Hoy no toca un post de esos que mueven los sentimientos, de esos en los que me comentáis que habéis llorado, que habéis reído, que os ha hecho viajar, recordar… Porque el post de hoy sólo es una opinión sobre un artículo que se ha publicado en un medio de comunicación, con él sólo espero que me entendáis, que me comentéis qué opináis sobre estos temas, que hablemos y debatamos…  Hoy, te lo quería contar.

Ante todo, voy a recalcar que no vengo a cuestionar ni criticar la profesionalidad de nadie a la hora de hacer su trabajo, sólo quiero hablar de algo que he estado pensando estos días y sobre lo que finalmente me he decidido a escribir.

A finales de la semana pasada, mi amigo Oscar me envió unos pantallazos por whatsapp. En una conocida página web habían publicado un artículo en los que se hablaba de la vida actual de algunos que fueron niños prodigio de nuestro país. Por supuesto, salía Bom Bom Chip. No dudé en compartirlo en mis redes sociales, añadiendo y dándole todo el protagonismo a Cometo, mi perro, que aparecía en la publicación, y no porque fuese niño prodigio, no. Cometo salía en brazos de Sergio, vestido el perro de Papá Noel, muy acertado para la fecha, y me hizo mucha gracia.

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En el artículo se describía brevemente qué había sido de María Isabel (“Antes muerta que sencilla”), Bom Bom Chip o los hijos del doctor Nacho Martín en Médico de Familia, entre otros. En el caso de los actores de la conocida serie de Telecinco, las imágenes de su actualidad, eran imágenes de apariciones públicas que ellos habían hecho recientemente. En el caso de Bom Bom Chip no. ¿Por qué? Porque no las hay. ¿Por qué? Porque Bom Bom Chip no ha querido volver a aparecer en ningún programa de televisión, ni en ningún medio de comunicación. ¿Por qué? Porque estamos hablando de algo que sucedió hace más de veinte años, algo que por supuesto les emociona recordar, algo que guardan con muchísimo cariño, algo que marcó sus vidas, su infancia, pero algo que forma parte del pasado, porque a día de hoy, sus vidas están alejadas de todo aquello, y aquello sólo es un precioso recuerdo.

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Quienes me conocen, saben que he sido la fan más fan de Bom Bom Chip y como tal, si no les conociese, también me encantaría saber que ha sido de ellos con los años… Claro que sí, pero me habría gustado saber realmente qué ha sido de ellos y sobre todo si ellos estuviesen dispuestos a que se supiese. En el artículo, en ningún momento se les falta al respeto, ni mucho menos, se les ha tratado con “cariño” y se ha intentado escribir sobre sus profesiones actuales. ¿La pena? Que se hayan basado sólo en perfiles de Facebook para ello y se hayan alejado un poco de la realidad.

Está claro que para escribir este tipo de artículo no vas a hacer la investigación periodística de tu vida, porque yo tampoco la haría, pero al menos, habría intentado documentarme, dedicarle unas cuantas horas, intentar hablar con ellos , contrastar información… Al menos, es lo que me enseñaron mis profesores en la facultad.

Lo que más me ha sorprendido de todo, y por ello, estoy aquí sentada, es el origen de las fotos de la actualidad de Bom Bom Chip. Dos de esas fotos (las de Sergio, claro) están publicadas por mí en nuestros Facebooks personales y privados. No tenemos a quién ha escrito el artículo entre nuestros amigos en esta red social, y las fotos no son públicas, no creo que se hayan encontrado en Google, la verdad. Sólo es curiosidad saber cómo han llegado hasta ellas. Le escribí dos veces a través de twitter al periodista que firmaba el artículo, sólo por curiosidad, de verdad. Dos tweets que no tuvieron respuesta y estoy casi segura que leyó.

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Tanto Twitter como Instagram son redes sociales que tengo abiertas y sé que cualquier información o foto que suba ahí está al alcance de todo el mundo, sé que muchas fotos de Sergio se pueden coger directamente de ahí, pero por eso subo lo que quiero y lo que me apetece compartir con gente a la que no conozco de nada. Aunque me haga gracia que mi perro esté en un medio de comunicación, es verdad que las dos fotos que se han publicado son personales y ambas muy familiares. ¿De verdad perdemos toda nuestra intimidad cuando subimos algo a internet? ¿Aunque sea para compartirlo con nuestros amigos más cercanos?

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El caso de María Isabel va más allá. Ayer, a través de Twitter, me di cuenta que tanto ella, como sus fans, estaban muy, muy enfadados por este artículo. El calificativo “choni” es un calificativo despectivo que a nadie nos haría gracia que nos adjudicasen, como no le ha hecho ningún tipo de gracia a ella. Podría haber sido un artículo gracioso y ha sido un artículo que ha hecho daño. De su foto en Eurojunior pasaron a una foto de ella detrás de la barra de un bar de copas. No pasaría nada si fuese camarera, es un trabajo muy, muy digno y sacrificado y la verdad, muy poco valorado, pero al parecer no lo es y, además, la foto tiene varios años. Al parecer aquella niña tan graciosa que nos hizo bailar al son de “Antes muerta que sencilla”, sigue en la actualidad luchando y persiguiendo sus sueños y al parecer, entre sus proyectos más inmediatos está el lanzamiento de un nuevo trabajo discográfico. Creo que no habría costado nada preguntarle, por lo que he visto, tiene mucha actividad e interacción en su cuenta personal de Twitter y no creo que le hubiese importado responder a un par de preguntas con tal de que posteriormente se publicase algo que ella considerase ajustado a su realidad.

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De verdad, no he venido a cuestionar el trabajo de nadie, porque no soy quién para hacerlo, por supuesto. Simplemente he dado mi opinión sobre cómo yo habría hecho las cosas. Si he decidido escribir este post es porque no es la primera vez que se escribe sobre la vida actual de los chicos de Bom Bom Chip sin ningún tipo de información más allá de cuatro características de algún perfil en alguna red social.  Hace unos meses descubrí un blog en el que publicaban un post muy similar a esto, un antes y un después de muchos niños que habían pasado hacía años por la pequeña pantalla, y no daba crédito a lo que leía, ninguna información era verídica. Aquel post sí era horrible de verdad. Insisto en que en este artículo en ningún momento se les falta el respeto, ni nada por el estilo, simplemente he pensado en nuestra intimidad como usuarios de internet, de todos y cada uno de nosotros, también los que estáis leyendo esto y le he dado muchas vueltas, pero finalmente he sabido que escribir sobre ello era algo que no podía evitar. 

Del artículo por el que hoy escribo, he de decir que sí es cierto que de todos ellos, sólo Sergio sigue dedicándose a la música, es un gran guitarrista (yo entiendo poco de música, pero sé lo que comentan los músicos que le oyen tocar), tiene un grupo de latin jazz, sí, Obatalá, entre cuyos músicos también está el actor Víctor Elías. Además, tiene entre manos un proyecto musical increíble sobre el cual ojalá muy pronto me deje entrevistarle y os lo pueda contar todo.

Sergio, José Luis, Cristina, Estela y Rebeca siempre serán los niños de Bom Bom Chip, pero estos niños hoy son adultos que trabajan y viven alejados de la televisión y el espectáculo. Vuelvo a repetir que siguen guardando aquellos años entre sonrisas y anécdotas con mucho, muchísimo, cariño, y que a día de hoy, todos y cada uno de ellos son personas sencillas, humildes, profesionales en lo suyo y sobre todo, son personas maravillosas. Si algún día deciden contar realmente cómo son sus vidas veinte años después, lo harán, pero por favor, que la gente pare de inventar trabajos y profesiones y que paren de subir sus fotos personales.

Esta imagen está subida a mi Instagram desde hace meses, así que es publica desde hace mucho. Os la dejo porque estoy segura que a muchos os va a hacer ilusión, y porque cuando se publicó, ellos estaban de acuerdo.

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De izquierda a derecha: José Luis, Cristina, Rebeca, yo, Estela y Sergio.

Feliz martes y “comienzo de semana”, amigos.

Lorena.

Invierno de cobardía.

Diciembre siempre ha sido de mis favoritos, siempre lo fue. Diciembre es un mes agridulce, de despedidas y cosas buenas, de dejar atrás todo lo que hemos vivido durante un año y de guardar con fuerza todo aquello que queremos conservar en el siguiente. Diciembre me sabe a sueños, a algunos cumplidos, a otros que no, pero sobre todo, me sabe a sueños por cumplir, a los que vienen con ganas, a los que vas calentando para empezar en enero a darles la explosión y la forma que necesitan para seguir viviendo o, más bien, para empezar a vivir. Diciembre, a pesar de gustarme tanto, también me produce tristeza, por la necesidad de asimilar lo rápido que pasa el tiempo, por asimilar que ha pasado un año más, que queda uno menos, empezar diciembre es empezar el principio del fin.

Diciembre sabe a Navidad y reencuentros, a mi época favorita del año, a frío y luces de colores, a corazones alegres y ciudades encendidas.

Diciembre me gusta mucho y hoy te lo quería contar… Para estrenar el mes de la lotería y las cartas a Papá Noel, he creído que lo mejor era hacerlo con un relato, que ya sabemos que son nuestros favoritos, los tuyos y los míos…

Leed despacito, como siempre, y que los diciembres, aunque lleguen tan rápido, lleguen durante muchos, muchos años…

Invierno de cobardía.

No sabía qué le gustaba más del frío, si el olor a castañas en la calle o el chocolate caliente abrazado bajo una taza entre las manos, tras la ventana. Lo que sabía es que le gustaban las historias de amor, las buenas y las malas, las experiencias de la vida, los juegos de dos, las derrotas y las batallas vencidas… Aquel invierno arrojaba suspiros de nostalgia, de miedo y frustración. Aquel invierno iba a ser un invierno de cobardía, o quizás no.

Le gustaba el chocolate y odiaba el café, le gustaba la música clásica y odiaba la música pop, le gustaba leer en silencio y odiaba los lugares con mucho ruido… Siempre fue de polos opuestos, de blanco y negro, nunca entendió los tonos grises. Le gustaban las personas educadas, solía querer más a los animales que a los seres humanos, pero en su infinita esperanza por creer que el ser humano también podía ser bueno en exceso, le gustaba creer en los demás, confiar en el resto, entregar su corazón y recibir los corazones de otros, con tacto y con cuidado, para no hacer daño y que la vida jamás se lo pudiese devolver, porque ella sabía que la vida lo devolvía todo, hasta el último centavo de un gesto de maldad y que tarde o temprano acabamos sintiendo el daño que hemos provocado, ella no quería eso, no le apetecía sufrir en este paso tan fugaz por el mundo. Le gustaba disfrutar de los pequeños detalles, rodearse de buenos amigos, le gustaba elegirlos bien, le gustaba el dolor de tripa cuando llevas mucho rato riendo, le gustaban las risas y los caramelos, creía en un mundo mejor porque necesitaba pensar que era posible, se negaba a admitir que el mundo en el que vivía estuviese tan lleno de desgracias, de cosas tan malas que sólo el ser humano, con años y siglos de historias y hazañas había ido creando. Siempre creyó que los infieles se arrepentirían de mentir y de hacer daño, y que todos los que hacían llorar a otros volverían algún día para pedir perdón.

Esas cosas nunca solían suceder, pero a ella le gustaba creer que era posible.

Una vez, hace ya mucho tiempo, le habían jurado amor eterno, un amor de ese que se promete con la mirada y con el roce de los labios, de ese que entra suave por el oído y no te deja tener ninguna duda sobre él. Le prometieron cuidarla siempre, no dejar que nunca le sucediese nada malo. Le prometieron preparar chocolate los domingos por la mañana, aunque fuese a las dos de la tarde, le prometieron una vida con dificultades y realidades, pero a la que se haría frente cogidos de la mano, juntos para siempre. Creyó en aquellas palabras, en aquellas caricias y aquellos besos durante días, durante meses y durante años. Se entregó en silencio a noches de pasión, a días de discusiones, a momentos felices, a días de lágrimas, entregó su cuerpo y su alma a la vida misma, a una historia de dos, a una relación que creía que era lo mejor que tenía…

Un día, le fallaron.

Encontró un papel al que no le habría prestado importancia si no hubiese sido porque estaba en el bolsillo de un pantalón que iba a meter en la lavadora, tuvo que cogerlo y se sintió estúpida al ver cómo le temblaban las manos. Creía conocerlo absolutamente todo de él, y se sentía ridícula por dudar que aquella tarjeta de hotel, de la que nunca había oído hablar, no tendría una explicación. Durante horas estuvo dándole vueltas a una cuestión que la estaba matando por dentro mientras se negaba con una sonrisa, era imposible que él hubiese estado en aquel hotel, era imposible que él pudiese tener una amante, era imposible todo aquello que se le pasaba por la mente… Finalmente, y sin saber por qué, actuó con normalidad y no levantó la voz, se convenció tanto de no levantarla que fue incapaz de dejarla susurrar. Prefirió callar que dudar. Su corazón, sin querer, estaba cambiando, y su cabeza empezó a observar hechos que nunca antes había sido capaz de asimilar… Reuniones hasta tarde, cenas con amigos, mañanas de tenis sólo para chicos… Ausencias aparentemente justificadas que ella ya no creía.

Una mañana de sábado decidió seguirle, primero andando, callejeando, dando vueltas sin sentido, hasta coger un taxi. El nombre del hotel reflejaba en el cristal del coche cómo una llama de fuego, de las que queman y hacen daño, de las que carbonizan en alma y derriten los sueños. Se quedó en silencio y contempló el reencuentro. Era guapa, más joven que ella, quizás. Un beso y un abrazo que le parecieron no haber recibido jamás de forma igual, unas sonrisas envenenadas, una traición que ya no podía ser silenciada.

Fue incapaz de humillarse, de gritar y pelear, de escupir por su boca todo lo que pensaba, se llenó de dignidad, el odio se convirtió en fuerza, en frialdad, recogió sus cosas y dejó una nota. Justo al salir, con las maletas cargadas y la impotencia en los ojos, se encontró con aquel que le había prometido un amor eterno. Él no entendía dónde iba, y ella le explicó que tenía que marcharse, que tenía prisa y que cuando subiese a casa lo entendería. No le dejó abrazarla, ni besarla, ni retenerla, ni pedirle explicaciones, no le dejó pronunciar palabra. Le gustó dejarle allí, de pie con la duda, con el miedo y la incomprensión. Una nota le esperaba reposando en la mesa del salón. Le contaba que ella se había enamorado de otra persona, que llevaba años engañándole y que lo sentía, pero el amor que sentía por él sólo había sido una fachada de apariencia, que seguramente nunca le había querido de verdad. Le deseó suerte en la vida y le pidió que jamás intentase ponerse en contacto con ella, le pidió disculpas de forma cordial y le dijo que ahora podía empezar ella su verdadera vida. Ni un beso, ni un te quiero. Era la carta más fría y cruel que se había escrito en la vida.

Jamás volvió a verle. Le odió durante mucho, mucho tiempo, todavía hoy cree que le seguirá odiando de por vida. Jamás supo si aquella mujer había sido siempre la misma, o si las quedadas en aquel hotel habían sido con mujeres distintas. Ella tenía la fuerza y la capacidad de empezar de cero, de sobrevivir, de crear una vida con cosas sinceras y de verdad. Se instaló en un hostal durante unos días, hasta encontrar un pequeño apartamento dónde sentirse cómoda. Una vez quedó finalizada su nueva casa, desempaquetada la pequeña mudanza, y tener todos los detalles colocados en su sitio, se metió en la cama durante siete días, en los que lloró sin parar y descargó la rabia, en los que le maldijo y le deseó todo el desamor del mundo y en los que se juró a sí misma que ni un sólo hombre más la haría llorar, es más, se juró no dejar que nadie le volviese a prometer nada relacionado con la palabra amar…

Ella siempre fue de blanco o negro, nunca entendió los tonos grises, y su extremo en todas las decisiones de su vida, la llevaron a convertirse en una persona solitaria y triste. Se rodeó de amigos que le arrancaban risas, pero en cada una de sus sonrisas, los ojos de tristeza hacían de sombra enfermiza. La gente que la quería intentó ayudarla, intentó que volviese a ser la misma, la de los extremos, la del blanco o negro, pero la que sonreía de verdad, la que reía a carcajadas y la que creía en el amor y las personas. A ella le habían arrancado el alma.

Llevaba meses coincidiendo con él, siempre a la misma hora, en la misma parada de metro, en el mismo andén. Era alto y delgado, guapo, distraído y parecía simpático. Tenía el pelo oscuro y siempre iba un poco despeinado, escuchaba música con unos cascos y siempre llevaba un maletín. Vestía elegante y discreto. Jamás se admitió que empezaba a despertarle curiosidad, ni si quiera se lo contó a nadie. A veces intercambiaban miradas y ella rápidamente las esquivaba. Una vez, él hizo el amago de saludarla con una sonrisa, a lo que ella asintió sin despegar los labios, sin dejar que hiciesen ninguna mueca, con frialdad y miedo. Sabía que él la miraba, y ella no era capaz de volver la cabeza para confirmarlo. No quería acercarse a él y quería dejar de sentirse estúpida por la gracia que le provocaba aquel desconocido. Sin querer, empezó a sentir cómo se miraba dos o tres veces en el espejo antes de salir de casa, quería sentirse guapa. Un lunes por la mañana, a la misma hora de siempre, él no estaba. Empezó a ponerse nerviosa y dejó pasar el metro, no pasaba nada si esperaba al siguiente. Miraba de reojo las escaleras, esperando verle bajar corriendo, por haber llegado tarde a aquella cita diaria que les venía reuniendo desde hacía mucho tiempo. El metro llegó y él no apareció. Subió al metro y se odió a sí misma, por aquellos sentimientos que tenía y que se había prometido hacía mucho tiempo que no volvería a tener. Ni martes, ni miércoles. No estaba. Pensó que quizás había cambiado de trabajo, que quizás había decidido coger otra línea de metro para no tener que cruzársela… O lo que es peor, pensó que le podría haber pasado algo. El jueves se olvidó del tema, pensó que era mejor así, no quería que le gustara, porque no iba a permitir que ningún impulso la hiciese acercarse a él, pero cuando bajó al andén, ahí estaba, como siempre, con su maletín y sus cascos y entonces ella sintió como además de su boca, su corazón sonreía. Se sintió aliviada y se alegró de volver a verle. No hizo ningún gesto, y no se lo demostró.

Durante todo el día estuvo pensando que todo estaba bajo control, que le podía seguir viendo cada mañana. Segundos después se decía a sí misma qué habría pasado si realmente ya no le hubiese vuelto a ver, se preguntó qué habría sentido si realmente hubiese sabido que le había ocurrido algo y supo que ya no habría querido sentirse guapa por las mañanas. Supo que ya no querría estar en ese andén y supo que habría lamentado no haber intentado hablar nunca con él.

El viernes pidió un chocolate caliente, que sujetaba entre las manos bajo el frío de la primera hora del día. Se metió en la estación de tren y bajó las escaleras. Antes de asomarse al andén, se observó a sí misma, observó sus recuerdos, sus miedos y sus dudas y decidió quitarse todo eso de encima, decidió tirarlo a una papelera que vio cerca, y decidió que quería volver a creer en las personas, a creer que en el mundo existían las personas buenas, se quitó las dudas y la tristeza, cargó con la sonrisa y con las ganas. Dejó salir, poco a poco, la felicidad en su mirada y sintió que aquella mañana, estaba más guapa que nunca. Se puso a su lado. al lado del chico del maletín y los cascos y le sonrió. Vio cómo a él se le iluminaba la mirada y cómo se quitaba los auriculares. El metro estaba llegando y entonces ella le dijo:

-¿Tienes algo que hacer esta tarde?

Vio su sonrisa y supo que ya no tenía miedo.

La vida nos regala malas experiencias, nos pone a personas que no se van a quedar con nosotros en el tiempo, nos presenta a personas que nos hacen daño, pero también a otras que nos querrán siempre. La vida nos da una de cal y una de arena, una de blanco y una de negro, eso siempre. Pero los tonos grises, la mayoría de las veces, también están presentes, y entre la felicidad absoluta y la destrucción conviven la confianza, los miedos y las dudas, pero la vida es eso, un aprendizaje, nuevas cosas y nuevas oportunidades.

Aquel podía haber sido un invierno de cobardía, pero no lo fue.

Buenas noches, amigos.

Lorena.