Segunda oportunidad.

El verano es para eso, para no parar, para ir y venir todo el rato, para pasar mucho tiempo fuera de casa, para llenarte de energía y de cosas buenas, es mi estación favorita del año y por eso me gusta exprimirla al máximo. Después de un fin de semana maravilloso en la playa con mis amigas, y en el pueblo con mi familia, vuelvo para traeros un nuevo post.

Hace un tiempo, una diseñadora a la que admiro y aprecio mucho, me pidió si algún día podía escribir un relato relacionado con la moda… ¿Cómo podría enfocar yo eso? Pues con imaginación, no encuentro otra forma para hablar de un mundo que no me pertenece. Como en todos mis relatos, lo que escribo es pura ficción y espero que a alguien le sirva de ayuda observar la capacidad que tienen algunas cosas de arruinarte la vida. El tema de las drogas es un tema que me produce mucho miedo y respeto.

Ahora, como siempre, desconectad del mundo, y leed despacito….

SEGUNDA OPORTUNIDAD

 

Escuché las sirenas de lejos y la luz de la ambulancia retumbaba en la ciudad…

No sabía si seguía vivo.

Recuerdo una vez, hace muchos años, que un buen amigo de la infancia me preguntó cómo los seres humanos sabían que poseían un don. Él siempre bromeaba y decía que quizás él tenía un don oculto que no había sabido descubrir y que quizás era un gran músico, o un gran jugador de baloncesto… Yo le sonreí y le dije que seguramente quien tiene un don no es consciente de que lo tiene, ese don se desenvuelve dentro de una actividad normal en la que consigues hacer algo extraordinario y seguramente no te das cuenta hasta que varias personas te lo dicen…

Desde muy pequeño la curiosidad por la moda despertó en mí, me gustaba hacerle vestidos a las muñecas de mi hermana y no me di cuenta de la importancia que tenían mis manos cuando se ponían a hacer realidad mis sueños. El primer vestido que hice se lo regalé a mi madre, pronto empezaron a llegarme encargos del resto de familiares…. Mi madre se oponía porque decía que era demasiado pequeño y tenía que centrarme en mis estudios, y mi padre sólo estaba preocupado de que a un hombre le pudiese gustar dibujar y coger una máquina de coser. A ella le prometí hacerlo siempre después de haber terminado los deberes y con él me senté seriamente a hablar para explicarle que me gustaban las mujeres, de hecho, me gustaban mucho, pero también me gustaba la moda e inventar piezas de ropa, era un juego, sólo eso.

Me trasladé a Barcelona para estudiar diseño de moda y pronto empecé a sentir el asombro de compañeros y profesores… Dentro de todo aquello, yo seguía sorprendiéndome. En casa, con mi familia y con mis amigos de siempre, estaba acostumbrado a que me halagasen. Siempre pensé que habían dos motivos: uno, no estaban acostumbrados a ver a alguien haciendo eso y dos, me querían demasiado.

Conseguí una beca para trabajar durante un año en uno de los talleres más prestigiosos de París. Allí conocí a Amaia, mi primer gran amor. Amaia era divertida, risueña, las pecas le envolvían las mejillas bajo unos ojos verdes, su melena rubia y sus labios carnosos eran irresistibles. Nos conocimos en una prueba de vestuario para una firma de renombre en la que empecé a colaborar dando consejos y ultimando detalles. Con ella viví esa inocencia que el amor primerizo tiene. Nos pasábamos el día haciendo el amor, y le encantaba tomar café desnuda, sentada en la cama, con el periódico entre las piernas, cuando amanecía el día. Era preciosa, y era inevitable no querer besarla y acariciarla a cada instante.

Una noche, me pidió que la acompañase a una fiesta, allí habrían personas importantes relacionadas con la jet set parisina, gente de la moda y el espectáculo y podía ser una buena oportunidad para hacer contactos. Todo me parecía grandioso. Desbocado. Brillante. Maravilloso.

Las mujeres danzaban elegantes, de arriba a abajo, con la sonrisa en los labios y siempre preparadas para el lanzamiento de los flashes, los hombres babeaban aguantando el tipo, riendo falsamente sobre conversaciones que no les interesaban, sus miradas se cruzaban constantemente, las de ellos y ellas. Comida carísima que duraba en las bandejas porque nadie comía en aquellos lugares, aquella gente bebía champagne y copas cuyas botellas superaban mi sueldo. Amaia me quería, me sonreía y me daba la mano para que me sintiese seguro. Ella siempre me decía que tenía talento y que el mundo entero debía ver mis diseños, me juraba que iba a triunfar.

En aquella fiesta conocí a Paolo, un empresario con el que pronto entablé una buena amistad. A raíz de él conocí a Jeremy, un modelo francés que con el tiempo se convirtió en mi mejor amigo.

Una noche, me desperté sudando y llorando como un niño. Amaia me miró asustada y me dijo que sólo era una pesadilla… No recordaba qué había pasado, ni qué era lo que tanto me había perturbado, pero supe que debía ponerme a trabajar día y noche para conseguir mis sueños. Mis padres me ayudaron en todo lo que pudieron y con unos ahorros que tenía, lancé mi primera colección. Por aquel entonces tenía pocos pero buenos contactos, y acudieron unas cincuenta personas a la presentación. Dos medios de comunicación se interesaron en pasar a hacer unas fotos y publicar sobre mi firma. Sólo lo hicieron porque habían dos caras conocidas entre los invitados, y al final la publicación apareció en una pequeña esquina de las últimas páginas.

Había invertido mucho dinero y tiempo, mucha ilusión y ganas y creía en mí. Sabía que era esencial creer en mí mismo para que lo hiciese el resto. Gracias a Paolo conseguí vender algunas de mis prendas en tiendas multimarca del centro de París, y eso ya era todo un sueño. Jeremy se encargaba de llevar mis trapos en todos sus eventos y hablaba de mí siempre que alguien le decía lo bonito que era su traje o la elegancia que vestía su camisa. Por supuesto, con la primera colección no gané el suficiente dinero como para pagar todo lo que había invertido y empecé a preocuparme. Amaia, con sus labios carnosos, sus pecas y su rubia melena, me decía que no me preocupase, que no me rindiese y que luchase. Tenía que hacerle el amor cada vez que se ponía a hablarme con esa voz tan dulce…

La segunda colección llegó en verano, y conseguí poner a la venta algunas prendas en la tienda de un amigo de Barcelona. Una mañana, Paolo me llamó entusiasmado. Alguien le había regalado uno de mis vestidos a la maravillosa Claudia Erino, una de las top models más aclamadas del momento, y ella había decidido lucirlo en un evento. El poder de atracción a las masas que tienen las caras conocidas es alucinante. El vestido se agotó en las tiendas de París en cuestión de horas, y había una larguísima lista de personas que lo querían y estaban dispuestas a pagar el doble de lo que valía. Aquellos días reía a carcajadas, no creía nada de todo aquello, y estuve borracho durante tres días sin salir de casa, haciendo el amor con Amaia.

Todo lo demás pasó muy deprisa, la colección tuvo una acogida maravillosa y tuve que contratar a dos modistas para que me ayudasen a crear más prendas como aquellas y poder cubrir la demanda, que no paraba de crecer. Parecía que las cosas empezaban a funcionar.

En tres meses abrí mi primera tienda, y aconsejado por Paolo en todo momento, y publicitado por mi gran amigo Jeremy, subí el precio de la ropa. Mi firma iba a ser algo exclusivo. Mis prendas estaban cuidadas al mínimo detalle, cada una de ellas tenía una elaboración increíble, piedras, gasas y sedas empezaban a ser las protagonistas de unas prendas que cubrirían las pieles más prestigiosas de la ciudad.

La inauguración de la tienda fue un auténtico éxito. Muchísimas modelos quisieron acudir al evento, hombres y mujeres desfilaron para darme la enhorabuena y beber champán de ese caro que Paolo había decidido regalarme para la ocasión. Medios de comunicación y flashes y al día siguiente protagonista de toda la prensa parisina. Estaba en una nube y empezaba a tener miedo.

En tres años tenía cuatro tiendas en París, una en Madrid, dos en Barcelona y otra en Milán. Por aquel entonces ya era imprescindible en los eventos más prestigiosos de Europa. Los flashes sólo querían fotografiarme y los periodistas se empujaban para preguntarme cuáles eran mis próximos proyectos. Era un diseñador reconocido, uno de los mejores.

A Amaia cada vez la veía menos, mi apretada agenda me robaba mucho tiempo, viajaba constantemente y a penas hacíamos el amor. Ella seguía preciosa, como siempre, pero empezábamos a no saber encontrarnos. O más bien, empecé a no saber encontrarla ni encontrarme.

Mi mundo ya era un mundo de mentira. La moda seguía siendo mi pasión, pero mi vida estaba más centrada en las fiestas, en la droga, en las mujeres. Los asesores de Paolo administraban toda mi empresa, mi firma, los contratos, las aperturas, las presentaciones…. Empecé a tener a gente que hacía todo, absolutamente todo por mí, yo sólo tenía que hacer lo que mejor sabía: dar rienda suelta a mis sueños y dibujar vestidos y trajes de infarto.

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Un enero muy frío, acudí con Amaia a una fiesta privada. Un conocido cantante nos abría las puertas de su casa para compartir con nosotros y con unas cincuenta personas más su cumpleaños. En aquella casa, el clima era tan cálido que parecía verano y su espalda estaba al descubierto. Pedí mil veces perdón a mis adentros cuando la vi darse la vuelta, con aquel vestido rojo y aquella trenza despeinada. Amaia sabía desde hacía mucho que le era infiel, que mis fiestas, mis idas y venidas, siempre estaban acompañadas por mujeres, pero ella nunca me decía nada, quería estar conmigo y aquella vida era demasiado atractiva como para plantarle cara. A veces, los seres humanos somos así de estúpidos.

Nos presentaron y me morí. Era la mujer más hermosa que jamás había visto. Jamás, y te prometo que estaba acostumbrado a rodearme de mujeres muy, muy hermosas. Era quince años más joven que yo y tenía la vida y el mundo en los labios. La mirada risueña, la piel delicada, el fuego en el pelo, las ganas en la risa. Quise besarla allí mismo, arrancarle la ropa y prometerle amor eterno. Valeria era un sueño.

No dejé de mirarla y ella me sonreía de reojo, le gustaba gustar y estaba disfrutando de verme, con la copa en la mano, y mi vida centrada en ella, sin importarme el momento ni el lugar.

Recibió la propuesta de mi responsable de prensa y aceptó sin poner precio. Iba a ser la nueva modelo de mi colección. Firmamos un contrato millonario, que por aquel entonces ya me podía permitir. Sabía que la conseguiría cuando no la había visto ni una segunda vez. Le dije a Amaia que lo nuestro no podía seguir, que nos habíamos apagado y que no éramos felices. Ella lloraba y me suplicaba que no lo hiciese, me decía que me estaba equivocando. Le regalé un pequeño apartamento que había comprado hacía un par de años en el centro de París y ella, entre rabia y dolor, me dijo que iba a convertirme en un desgraciado.

La sesión de fotos de Valeria se realizó en un pequeño pueblo italiano. El primer día no salí del hotel, sabía que ella esperaba verme y quise hacerla esperar, aunque me moría por mirarla. El segundo día, acudí mientras la fotografiaban, a mitad de la sesión y vi su sonrisa pícara de niña jugona a través del objetivo de la cámara. Me tenía delante, observando en silencio, y sabía que podía hacer conmigo lo que le diese la gana.

La invité a cenar. Estaba nervioso, La esperé en el hall del hotel y reservé en un restaurante que me habían recomendado como el mejor de la zona. Bajó con un vestido verde y el pelo recogido, unos aritos dorados y los labios rojos. Quise morirme en ese instante, porque sentía que estaba en el cielo. Aquella noche hablamos durante horas, entre vino, texturas y sabores deseando que el tiempo se parase. Subimos al hotel y sin importarme la hora le dije a mi agente que nadie trabajaría al día siguiente, tenían un día de descanso para visitar el lugar, yo corría con los gastos. La miré a los ojos y se lanzó a mi boca, la apreté fuerte contra la pared y le arranqué el vestido, le mordí los senos, le agarré las piernas, envolví mi cintura y la oí gritar de placer en mi oído. Fue la mejor noche de mi vida.

No salimos de la habitación. Comimos y bebimos todo el día, nos drogábamos, reíamos, nos mordíamos los labios y nos prometíamos locuras. Una mes después le pedí matrimonio.

Nos casamos en la más estricta intimidad en una pequeña isla griega, rodeados de nuestros familiares y amigos más cercanos.

Valeria era mi musa, Valeria… El gran amor de mi vida. Después de conocerla, diseñé la mejor colección que he hecho en mi vida. El mundo estaba a mis pies y ella era mi mundo. Estaba totalmente eclipsado, loco de amor, de pasión… Y más tarde que temprano, empecé a volverme loco de celos. Ella era mía, sólo mía y me moría si la miraban, si le sonreían o la rozaban. Me volví un enfermo, un ser insoportable y despreciable.

A veces me encerraba durante días en el estudio, me drogaba para diseñar y empecé a construir el declive de mi vida.

Descuidé mi negocio, mi familia, mis amigos y mi vida… Sólo ella me obsesionaba y sólo ella me mataba. En dos años nuestra relación era insoportable, se quejaba por absolutamente todo y ni las joyas, ni los lujos callaban sus gritos y molestias. Yo iba totalmente colocado cuando me anunció, llorando, que esperábamos un hijo. La abracé, la besé, le prometí amarla y cuidarla y le prometí que buscaría ayuda, dejaría las drogas, dejaría el alcohol, las fiestas y me centraría en mi trabajo y nuestra familia.

No lo cumplí. La droga era mi medicina y yo estaba totalmente perdido. Empecé a fallarme a mí mismo desde mucho tiempo atrás, pero nunca había fallado en mis diseños, seguían siendo tan increíbles como al principio, sólo que el cerebro poco a poco estaba dejando de respirar, me estaba matando a través de la cocaína y mis ideas se iban esfumando con el viento y con los días.

Gabriel nació una noche de mayo y fui el hombre más feliz del mundo. Intenté darle a mi hijo la mejor vida del mundo, intenté cuidarle y quererle, incluso cuando estaba dejando de ser persona. Me ingresaron varias veces en una clínica, y al salir, volvía a caer en el precipicio. Valeria, el gran amor de mi vida, me odiaba. No me dejaba abrazarla y me repetía que le daba asco. Mis colecciones estaban limitadas y la prensa empezaba a hacerse eco de ello, las críticas, en los últimos tiempos, eran siempre negativas.

Supe que estaba perdido cuando Valeria me presentó los papeles del divorcio y cuando me dijo que en mis condiciones, jamás podría hacerme cargo de mi hijo.

Llevaba tres noches sin dormir, encerrado en un apartamento que tenía en la costa francesa. Bebiendo, fumando y drogándome hasta casi perder el conocimiento… ya nada tenía sentido. Yo había destrozado mis sueños.

Cogí el coche, arrastrado, borracho, drogado, moribundo y conduje por una pequeña carretera que bordeaba el mar, quería ir a buscar a Valeria y pedirle perdón, quería abrazar a mi hijo y prometerle un padre mejor.

Escuché un pitido, sentí un volantazo…. No recuerdo nada más.

Escuché las sirenas de lejos y la luz de la ambulancia retumbaba en la ciudad… La historia de mi vida pasó en un segundo por mi cabeza, mis sueños, mis grandes amores, mi pasión, mi familia, mis amigos y la desgracia en la que me había convertido.

Supe que estaba vivo, aunque apenas me podía mover, un pitido fuerte retumbaba en mi oído y escuchaba los gritos de los médicos que no dejaban de correr.

No solamente estaba vivo, sino que la vida me estaba dando una segunda oportunidad.

Buenas noches, amigos.

Lorena.

 

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2 pensamientos en “Segunda oportunidad.

  1. Es cierto eso de que los sueños hay que cuidarlos, luchar por ellos pero siempre que nos hagan felices sin llegar a convertir ese sueño en una pesadilla. Dicen que no hay mayor enemigo que uno mismo, y muchas veces asi es.

    La vida es la que tenemos y hay que aprovrcharla sin lastimar a nadie y mucho menos lastimarnos a nosotros mismos.

    Gran vuelta la tuya 🙂 besazo y me alegro que hayas disfrutado de las vacaciones muacks

  2. Las piel de gallina, no hay otra forma de explicarlo. Es cierto siempre hay que luchar por los sueños pero sin que esto se convierta en una obsesión tan enfermiza que pueda llegar a extremos tan duros como son los problemas que acarrean las drogas o el alcohol. Muy buena manera de empezar el día leyendo tu blog, muchos besos

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