Tormenta de verano.

Sábado y el calor bailando ya por las calles de Madrid. No sabéis cuánto echo de menos el mar, mi tierra y mis playas cuando llega el verano. Estos días estoy muy, muy feliz. Vienen cosas muy bonitas de las que todavía no os puedo contar nada, pero siento paz y una felicidad absoluta. Ahora sé, más que nunca, que con trabajo, esfuerzo, empeño, dedicación y gente buena alrededor, los sueños pueden hacerse realidad y que poco a poco, todo ser humano es capaz de conseguir aquello que se propone. No puedo avanzar nada más, pero os adelanto que os va a encantar.

Hoy traigo un nuevo post. Un relato que trata un tema delicado y doloroso. Ya sabéis, quiero que lo leáis despacito y lo disfrutéis… Hoy, te lo quería contar.

TORMENTA DE VERANO

Te acaricio las manos y todavía me tiembla el alma. Hoy hace justo cuatro años. Te acaricio las manos y siento como tu fuerza grita aferrándose a mi piel. Te acaricio las manos y siento como te late el corazón, como tus ojos me miran en silencio, y como tu sonrisa, a medias, todavía es capaz de decir te quiero…

Dicen que no hay ningún amor comparable al primer amor, a la primera sensación de todo, a las primeras experiencias… Hace poco leí algo que un conocido escritor escribió hace tiempo. Hablaba de dos tipos de amores a lo largo de la vida, uno con el que compartiremos nuestros días, y otro al que siempre echaremos de menos. No sé si eres con quien comparto mis días o a quien echo de menos, no lo sé, y eso duele, duele tanto que a veces siento que me muero… El dolor sigue siendo fuerte, y todavía no me creo que hayan pasado cuatro años.

Me gusta tu perfume, siempre me gustó, pero tu perfume de verdad, el de tu piel, tu piel que siempre ha sido dulce, tostada, cálida, frágil… Me gusta tu cabello, que sigue tan bonito como siempre, me gusta tu sonrisa y me encantan tu mirada, me gusta escucharla y saber todo lo que me quieres decir siempre que me miras.

¿Te acuerdas cuando nos conocimos? ¡Qué bonita estabas! Recuerdo como María te tiraba del brazo mientras os reíais y tu decías que no querías venir… Y al final viniste. Esos desconocidos se convirtieron en tus mejores amigos y yo creo que me enamoré de ti aquella misma noche. Recuerdo los días que siguieron… Las tardes en la playa, los mensajes en el móvil, las tímidas sonrisas, los primeros besos, el primer te quiero, las primeras caricias, los primeros enfados, las primeras risas, las primeras promesas… Me acuerdo de todo. Fuiste la primera, fuiste la única. Me moría por ti, estaba loco por ti, estoy loco por ti, quise quererte, protegerte, cuidarte, amarte… Quiero hacerlo, querré hacerlo siempre.

Los dos sabíamos que éramos especiales, eras mi mejor amiga, mi niña pequeña, lo mejor de mí. Prometí cuidarte siempre, prometiste quedarte siempre a mi lado. Eras tú, sólo podías ser tú. Serías mi amor eterno, la mujer con la que me haría viejo, serías la madre de mis hijos, la abuela de mis nietos… Estábamos tan unidos, tan convencidos de que el mundo era nuestro…

Recuerdo perfectamente aquella tarde. El día de antes te habías enfadado. Íbamos a ir a la piscina y llegué tarde, nunca te gustaron los cambios de planes. Organizada, puntual, todo controlado, todo pensado, sabías cómo querías que pasasen las cosas y así hacías funcionar los días… Llegué tan tarde que no querías ni darme un beso. Siempre fuiste muy pequeña para eso, y aún sonrío cuando lo recuerdo. ¿Te acuerdas tu? Me aprietas fuerte la mano… Sé que eres capaz de recordarlo. De saber quien fuiste, quien eres, quienes fuimos y quienes somos.

No fuimos a la piscina y al final, entre risas, me dejaste dormir contigo. Aquel día sólo faltaba una semana para nuestro aniversario… Para prometernos mil años más como los tres que habíamos compartido. Dormí abrazado a ti, porque no había otra forma de dormir contigo, era inevitable. Aquel día, incluso enfadada, estabas preciosa. Decidí compensarte. Mi impuntualidad te había roto los planes y te dejé elegir… podías elegir el día que quisieras, porque tus deseos iban a ser órdenes. Elegiste tu casa de la playa, porque te encantaba que estuviésemos allí. Elegiste ir por la mañana, tostarnos al sol, comer en una bonita terraza, beber un buen vino, dormir una larga siesta, hacer el amor, darte una ducha fría, quedarnos a cenar en algún restaurante donde se pudiese sentir la brisa del mar y después volver a casa. Cogimos la moto e hicimos todo lo que quisiste. Te miraba en silencio y te veía sonreír. ¡Cómo te gustaba que todo saliese como tu querías! Era tu día perfecto, tu lo habías diseñado y yo quería acompañarte y observarte, verte reír y disfrutar. Nadie podía negarte nada. A ti no se te podía negar nada. Tu eras tan bonita, que merecías una vida hecha de deseos y sueños.

Recuerdo cuando saliste de la habitación, con ese vestido verde agua, con la piel recién tostada, con el pelo húmedo y los rizos cayendo sobre tu espalda, con las pecas en la cara y los labios de color fresa. Tuvimos que hacer el amor antes de salir a cenar. Aquella cena fue especial. Quizás no en aquel momento, quizás entonces fue una cena más, de risas y complicidad, de amistad, de confianza, de respeto, de cariño, de broche final para un día perfecto. Con el tiempo, aquella será la cena más bonita y triste que recuerde el resto de mi vida.

Sin esperarlo llovió. Llovió muchísimo y tu sonreías. Me preguntabas si no adoraba aquel olor, aquel olor que sólo tenían las tormentas de verano, y yo asentía… Me obligaste a cerrar los ojos para sentirlo del mismo modo que lo sentías tú y resonaban tus carcajadas cuando los abriste antes que yo. ¿Ves? Todavía te sale una sonrisa.

Nunca te importó subir a la moto con falda. Tú eras así, divertida, loca, todo te daba igual, y aquel día habías sido tan feliz que te agarraste a mi cintura fuerte… Muy fuerte. Sentía tu sonrisa en mi espalda, aún sin poder verte… Cogimos la carretera y volvíamos a casa. Veinte kilómetros eternos que nos destrozaron la vida. Recuerdo aquel coche, en dirección contraria, tambaleándose por la carretera, de lado a lado, vino directo, sin tiempo para reaccionar, su metal contra nuestros cuerpos, tu cuerpo arrancado de mi cintura, mi cuerpo flotando por el aire, tu choque contra el suelo, un pitido fuerte en mi oído, la vista nublada, las lágrimas corriendo, el dolor gritando, el miedo apuñalando, la rabia llorando, la ambulancia volando… No sabía dónde estabas.

Sí, apriétame la mano. Aprieta fuerte, mi vida…

Me desperté en el hospital y vi a mi madre llorando, tenía un brazo roto, me iban a operar de la rodilla y vi el pánico en sus ojos cuando pregunté por ti.

Tardaste tres días en despertar del coma, los tres días más largos de mi vida. Tu cuerpo estaba intacto, sólo arañazos y quemaduras del asfalto. Tu cabeza se había llevado la peor parte. Tenías la mirada perdida y a penas nos reconocías, tu sonrisa estaba completamente apagada y no eras capaz de mover manos, ni piernas. Durante mucho tiempo quise morirme, quise desaparecer del mundo porque nadie sabía qué decirme para poder aguantar el dolor. Nadie tiene cura para esto. Todos los días, cada segundo, odiaba a la vida, al destino, odiaba a la carretera y quería volver a matar a ese conductor borracho que murió en el acto.

Los médicos nos contaron que poco a poco te irías recuperando. Había muchas esperanzas, eras joven y saldrías de esta. Sobreviviste los momentos más duros, y pusiste toda tu fuerza y voluntad, lo mejor que supiste, en poder seguir adelante. Sonríes y esbozas sonidos que yo intento interpretar a la perfección, mientras te sonrío y te aprieto fuerte las manos, mientras te acaricio y tu aprietas fuerte las mías, mientras me dices con la mirada que me quieres y yo te lo susurro con mis labios, pegados a los tuyos… Cuando veo a periodistas en la tele, reporteras por las calles, siempre pienso lo bien que lo habrías hecho. Tenías claro que ese era tu sueño y estoy seguro que lo habrías alcanzado.

Llevo cuatro años viviendo por ti, ayudando a tu madre a darte la comida, llevándote en peso a la ducha y dándote masajes en los pies para que los vuelvas a mover. Sigues estando preciosa. Siempre serás la más bonita, mi niña pequeña. Te seguiré cuidando el resto de mi vida.

Ayúdame a contarte esto y que no me den ganas de tirarme por la ventana… Te noto en la mirada que sabes lo que pasa, y en tu mirada me das la comprensión que necesito, pero sabes que nado en un dolor infinito.

La conocí hace unos meses, empezó a trabajar conmigo en la oficina. No sé si la quiero, no sé si es lo correcto, no sé si alguien merece aguantar toda la pena que yo llevo dentro… Pero creo que debo intentarlo. Tu madre dice que debo seguir haciendo mi vida y yo me derrumbo cuando la oigo. No sonrías, yo quiero estar a tu lado. Quiero quedarme aquí, abrazado a ti como siempre, pero quiero que nos despertemos y te enfades porque te he robado la manta, quiero que te lances a darme un beso, quiero oírte reír a carcajadas, quiero que bailes y cantes en la ducha, que me digas que soy un pesado o que me pidas que te haga cosquillas en los brazos…

Quiero parar el tiempo, quiero volver atrás y quiero quedarme en esa cena en la playa, con los ojos cerrados y el olor a una tormenta de verano.

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Feliz sábado, amigos.

Lorena.

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7 pensamientos en “Tormenta de verano.

  1. Para no gustarte las historias de amor imposible pero ya son varios relatos en lo que el final tiene un sabor agridulce.

    Empezar el sábado leyendo tus relatos hace que me invada emociones indescriptibles y que esas emociones se hagan notar aguándome los ojos y erizándome la piel. Un relato precioso, que tiene esa felicidad de un amor auténtico y un sabor agridulce por las vueltas que tiene la vida y la capacidad de lucha y salir adelante de algunas personas.

    Deseando saber esas buenas noticias, contenta porque sin saberla se notas que estás feliz. Un besazo enorme.

  2. Lorena…despues de leer esto con lagrimas en los ojos y sufriendo por un desamor… me ayuda a seguir creyendo en el amor… quizás solo sea cuestión de tiempo… espero q esta no sea la persona a la q tenga q extrañar siempre. Gracias x escribir tan bonito

  3. Precioso lorena. Destilas amor y más amor. Invitas a que soñemos contigo… porque escribes tal y como se describen los sueños. Los sueños de verdad.

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