Alma en Pena.

¡Por fin viernes! Sé que te gusta tanto, como me gusta a mí. En Madrid sigue haciendo este tiempo raro que nos confunde la primavera, el verano y el otoño todo mezclado en uno, casi entrando en junio y no sabéis las ganas que tengo de que llegue el buen tiempo de verdad para estrenar mis nuevas sandalias de Alma en Pena.

El martes por la tarde, en pleno corazón de Madrid y en uno de mis barrios favoritos asistí a la presentación de la colección primavera verano de la firma Alma en Pena, en la tienda Adela Gil de Chueca. Diferentes profesionales de varios medios de comunicación acudieron para no perder ni un detalle del evento. La agencia de comunicación Nboca, por la que siento debilidad por lo profesionales y cercanas que son sus directoras, organizó una tarde perfecta, llena de buen rollo, risas y chicas.

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La nueva colección, tal como define la marca, está inspirada en una mujer de hoy, actual y moderna, dinámica y atrevida, que busca ir perfecta cada día sin renunciar a la comodidad. Tal como me comentó Mónica, su diseñadora, a veces no nos apetece ir en tacones a una fiesta, queremos ir cómodas con un zapato plano pero estiloso, y aquí es donde la firma adquiere todo su valor.

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La marca nace en 2006, surge de una idea de tres amigos con ganas e ilusión, y el curioso nombre de la misma tiene una historia muy bonita que hoy te quería contar. Mónica y su marido, caminaban una noche por las preciosas calles de Florencia cuando se encontraban en pleno proceso de creación de la que sería su primera colección. Como si de un cuento o una película romántica se tratase, la lluvia empapaba la ciudad y la música de un violín llenaba la noche de magia, a lo lejos, un comercio posaba tranquilo bajo un nombre: Alma en pena. Les llamó la atención. Cuando se acercaron y descubrieron que el verdadero nombre de aquel establecimiento era AlmaPlena, supieron que aquella confusión y aquella primera lectura errónea daría nombre a sus colecciones, a sus zapatos, a sus sandalias, a todas esas pequeñas piezas de arte donde el cuidado y los cristales cobran protagonismo para vestir nuestros pies.

Con el tiempo, con esfuerzo y mucha ilusión la marca ha ido expandiéndose tanto a nivel nacional como internacional, la podemos encontrar en muchas tiendas multimarca de nuestro país, y también en el mercado de EEUU, Sudámerica o China. Además, pronto abrirán su tienda online y podréis disfrutar de todos sus modelos, de sus sandalias y tacones.

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Ya sabéis que a mí me gusta la gente que apuesta fuerte por sus sueños, porque creo que sólo así se consigue de verdad lo que uno realmente desea y porque creo que todos somos capaces de conseguir aquello que deseamos. Le pregunté a Mónica por la situación actual, cómo estaban viviendo, a nivel profesional, esta crisis que a todos nos está matando. “La situación que se vive en estos momentos duros de la economía dificulta todo, pero por eso nosotros estamos en un nicho de mercado medio, teniendo una combinación de calidad/precio perfecto, y en este sentido es como estamos creciendo, manteniendo precios medios asequibles a todos“, afirmó.

Muchas veces, no sabemos afrontar situaciones negativas que viven a nuestro alrededor, y muchas personas, por temor, son capaces de abandonar sus proyectos. “Tirar la toalla no está en nuestra mente jamás, de momento nos va bien y no podemos pensar en nada más que en crecer internacionalmente, y seguir creando unas colecciones tan chulas, las colecciones de nuestros sueños, las sandalias de pedrería espectaculares, nuestras joyitas especiales para ti”, dijo ella.

Al evento acudí con mis amigas y pasamos una tarde maravillosa entre calzado, colores y piedras bonitas.

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Y, por supuesto, a la cita no faltó la actriz y modelo Vanesa Romero, imagen de la firma. Preciosa y simpatiquísima.

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No quiero dejar de mencionar el maravilloso catering del que pudimos disfrutar. Sobejano nos sorprendió con texturas y sabores, con dulces y salados y unos maravillosos zumos naturales de fruta. No dejéis de visitar su web. 

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Lo que te quería contar tenía su regalito preparado y no puedo estar más encantada con mis nuevas sandalias. ¡Son preciosas!

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Me encanta la gente que que apuesta por lo que realmente quiere, que apuesta por sus sueños, que los convierte en una realidad sin saber si saldrá bien o saldrá mal. Me alegro por el éxito de la gente valiente. Sé que Alma En Pena empezó siendo un sueño para sus creadores, y ellos hoy pueden vivir de sus sueños.

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Con Mónica, diseñadora y creadora de la firma.

Mil gracias a Nboca Comunicación y Alma en Pena por un evento tan bonito. ¡Nos vemos en la próxima colección!

Feliz día y feliz fin de semana, amigos.

Lorena.

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Alex Martinez: “Tengo mucho camino por recorrer”.

¡Ya estamos en el ecuador de la semana y eso nos encanta a todos! Mañana jueves y sólo queda el último empujón, nos plantamos en el viernes casi sin darnos cuenta. A mí, a veces, me asusta que el tiempo pase tan rápido.

Hoy os traigo un nuevo post en forma de entrevista. Estuve con el actor Alex Martinez y hoy te lo quería contar….

Alex Martinez nace el 28 de septiembre de 1991 en Palma de Mallorca, es el segundo de cuatro hermanos, y desde muy joven ha tenido claro que quería darle vida a sus sueños y tenía clara cual era su pasión: la interpretación. Con sólo 15 años, aparece por primera vez en televisión, en un pequeño papel en la serie autonómica Laberint de Passions. Tras varios papeles pequeños y dando vida a varios personajes, su gran oportunidad llega cuando pasa a formar parte del reparto de una serie que seguro todos conocéis, Física o Química, que emitió Antena 3, que se estrenó en frebero de 2008 y duró hasta junio de 2011.

En busca de oportunidades y de dedicarse plenamente a esta profesión, Alex se instala en Madrid, donde no deja de estudiar interpretación. Tras haber trabajado en series de renombre como Bandolera o Isabel, sigue pensando que la formación es una base esencial y por ello, no deja de estudiar.

Tras varias semanas, intentando ponernos de acuerdo, me reuní con Alex hace unos días en una terraza del centro de Madrid. Alex Martinez es un joven lleno de humildad, con una sonrisa siempre dispuesta, constante y profesional, con las ideas muy claras y con una madurez que sorprende a su edad. Alex es un actor con muchísimos sueños y muchísimas ganas de trabajar, de aprender constantemente de esta profesión a la que ha decidido dedicarle gran parte de su vida. No os perdáis todo lo que me quiso contar, porque estoy segura que os va a encantar…

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LQTC. Alex, bienvenido a Lo Que Te Quería Contar y mil gracias por estar aquí. Es un placer.
ALEX MARTINEZ. El placer es mío guapa, ¡al fin nos ponemos de acuerdo para la entrevista!

LQTC. Hace ya unos años, decides dejar tu Mallorca natal para trasladarte a Madrid en busca de tus sueños, ¿qué supuso este cambio para ti?
A.M. Supuso una nueva etapa en mi vida, supuso dejar atrás familia y amigos. Fué un momento duro pero necesario. La verdad que miro al pasado con muchísima nostálgia, pero estoy contento de haber tomado esa decisión y estar aquí hoy en día porque me permite hacer lo que realmente quiero.

LQTC. Eres una persona que siempre ha dado mucha importancia a la formación. De hecho, sé que a día de hoy sigues formándote y dando clases de interpretación. ¿Por qué es tan importante para ti?
A.M. Porque creo que a parte del talento natural que pueda tener un actor, esta profesión es una contínua búsqueda de emociones, de sensaciones, de herramientas que consigan sacar lo más puro de ti, para poder plasmarlo en los personajes que interpretes, para darles verdad. Creo que nunca paras de formarte como actor, porque siempre encuentras algo nuevo.

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LQTC. Laberint de Passions, Yo soy Bea, Doctor Mateo, La pecera de Eva… Pero, sin duda, tu personaje de Salva en Fisica o Química marcó un antes y un después en tu carrera. ¿Cómo y en qué cambió tu vida a nivel personal y profesional a partir de ese momento?
A.M. Pues mucho, mucho, la verdad… Salva me dio fama y la oportunidad de tener un personaje fijo en televisión y posteriormente poder seguir trabajando. Recuerdo esa etapa con muchísimo cariño y nostalgia… a nivel personal me colocó en un lugar donde no había estado antes, inevitablemente moldea un poco a la gente que tienes a tu alrededor, pero, sin duda fui, muy feliz.

LQTC.Poco después llegó Bandolera y posteriormente Isabel. Es muy difícil en los tiempos que corren tener tanto trabajo, y supongo que te sientes muy afortunado por ello. Pero, ¿en algún momento has sentido que no era suficiente?
A.M. Si, ahora que no tengo trabajo siento que no es suficiente jaja. Esto va por etapas, hay veces que tienes mas o menos proyectos, hay temporadas largas sin nada y otras con mucho. En general si es verdad que me siento afortunado, pero también es verdad que soy bastante ambicioso y quiero más, creo que acabo de empezar en esto y tengo mucho camino por recorrer.

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LQTC. Hablamos de dos series de época que ahora están tan de moda, a nivel personal, ¿qué te ha aportado trabajar en una época tan distinta a la tuya?
A.M. Te permite descubrir lugares o hechos históricos que nunca hubieras pensado vivir, o recrear. Utilizar otro lenguaje… en fin, es una experiencia. Pero siendo sinceros, tengo ganas de hacer algo actual.

LQTC. Si no hubiese sido Salva, ni Jairo ni el rey Boabdil, ¿qué personakes te habría gustado ser en cada una de esas series?
A.M. Uf… complicado, porque una vez tienes adjudicado el personaje que te toca hacer no piensas en los otros y a Salva, Jairo y Boabdil les tengo mucho cariño, creo que nos los cambiaría por ninguno.

LQTC. Tu personaje en Isabel, aunque la serie continúa, acabó hace algún tiempo. ¿qué proyectos tiene ahora mismo Alex Martínez?
A.M. Pues en Marzo terminé de grabar Las ovejas no pierden el tren, de Alvaro Fernandez Armero, que se entrenará supongo que a finales de este año. Es un papel de reparto, mas que nada es el detonante de una de las historias principales, pero es mi primer papel en cine y la verdad que muy contento, una experiencia nueva. Y nada, ahora mismo esperando a ver que sale.

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LQTC. Y, ¿qué me dices del teatro?
A.M. He hecho teatro pero nunca a nivel profesional, siempre han sido muestras de clase. La verdad que si que me gustaría subirme a un escenario. Es verdad que da mucho respeto, pero tiene una magia especial.

LQTC. ¿Cómo es tu día a día en Madrid?
A.M. Pues basicamente voy a clase, quedo con mis amigos, salgo de fiesta, veo películas, hago ejercicio… Pues la vida de un chico joven, vaya… no tiene mucho misterio. Si que es verdad que cuando tengo trabajo tengo menos tiempo libre, por eso ahora que no tengo nada aprovecho.

LQTC. ¿Crees que en algún momento volverás a vivir en Mallorca?
A.M. Es algo que nunca se sabe, la vida da muchas vueltas, pero mi idea es seguir aquí todo el tiempo que pueda y seguir trabajando. Me gusta volver a Mallorca, pero de vacaciones.

LQTC. ¿Qué crees que le falta a tu vida?
A.M. ¡Una buena novia y más trabajo!

LQTC. ¿Eres feliz, Alex?
A.M. Cuando tenga lo anterior lo seré más (risas).

LQTC. Y para finalizar, cuéntame. ¿Con qué sueña Alex Martinez?
A.M. Pues con poder vivir de lo que me gusta, con ser feliz y hacer felices a los que me rodean.

LQTC. Mil gracias por haber compartido este rato y estas palabras con nosotros, Alex. Que vengan muchos más éxitos y que nos volvamos a ver pronto.

A.M. Muchas gracias a ti.

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Feliz miércoles, amigos.

Lorena.

Recuerdos.

¡Qué bien sientan los sábados! Hoy me he levantado tras apagar el despertador cada cinco minutos durante más de una hora (siempre lo hago), porque me resistía a despegarme de la almohada… Tras desayunar con mi mejor amiga y dejarla en el sofá viendo la tele, hoy estoy feliz porque me sé que me espera un día muy bonito.

Muchos sabéis lo importantes que son para mí los recuerdos, soy una persona muy sensible y me encanta tenerlos almacenados, ordenados y recurrir a ellos para viajar en el espacio y el tiempo. Supongo que os lo habré dicho alguna vez, pero una de mis cosas favoritas de la vida es la capacidad que tienen los olores para transportarte a un momento y a un lugar determinado. Sin esperarlo, de repente, sientes ese aroma que te hace viajar a tu infancia en un segundo y eres capaz de revivir a través de tus recuerdos exactamente lo que viviste mucho tiempo atrás. El otro día, hablaba con Miriam y Raquel, dos amigas, sobre los recuerdos de nuestra infancia y les contaba lo teatrera que era yo, lo mucho que me gustaba ser la protagonista de todo y a la vez, lo excesivamente sensible que resultaba ser para mi edad. Entonces les hablé de dos momentos que tengo grabados en la mente y el alma, dos momentos en los que recuerdo haber llorado de felicidad absoluta cuando no tenía más de siete años… Hoy te lo quería contar.

El primero que recuerdo fue en la noche de reyes. En mi pueblo, la cabalgata pasa sobre las seis o siete de la tarde y cuando acaba todos los niños corren a sus casas a abrir los regalos que Melchor, Gaspar y Baltasar les han dejado con cariño y cuidado. En Madrid, por ejemplo, los reyes magos llegan mientras duermes y los regalos se abren a la mañana siguiente. Aquella noche, tras la cabalgata mi hermano Miguel y yo llegamos a casa emocionados, nerviosos e ilusionados. Cuando entramos en el salón vimos que debajo del árbol sólo había carbón (del dulce, eso sí) y no quiero imaginarme la cara que pusimos… Lo que sé es que lloramos muchísimo, seguramente durante unos segundos que yo recuerdo eternos, hasta que mi abuela dijo que acababa de escuchar un ruido en la habitación y cuando fuimos, las dos camas que la protagonizaban estaban llenas de cajas y regalos, recuerdo miles de regalos, muchísimos, y lloramos de felicidad… No habíamos sido tan malos.

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Otro de los recuerdos que guardo, de emoción convertida en lágrimas de felicidad también se remonta a una Navidad. Cuando era pequeña, Televisión Española emitía una serie que se llama Celia, de la cual sólo se emitieron seis capítulos pero cuya serie protagonizó mi infancia y todavía la recuerdo con muchísimo cariño. Adaptada a la televisión por la escritora Carmen Martín Gaite y dirigida por José Luis Borau,  la serie fue estrenada en el año 1993 en la 1 de TVE y estaba basada en los libros de Elena Fortún, que se habían publicado sobre los años 30.

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Cristina Cruz Mínguez daba vida a Celia, una niña traviesa de rizos dorados perteneciente a una familia de la alta burguesía madrileña. Celia vivía en uno de los barrios más prestigiosos de Madrid y en sus historias podíamos ver un reflejo de la España de los años 30, los cambios y clases sociales del momento y los conflictos ideológicos de la época. Celia era una niña preciosa, traviesa, amante de los libros y los cuentos y con una cabeza llena de sueños y ganas de acabar con las desigualdades del mundo. Un padre bueno y sensible (Pedro Díez del Corral) y una madre estirada que la adoraba (interpretada por una joven y preciosa Ana Duato) prueban mil formas y varias niñeras para intentar controlar a la niña, pero tras sus intentos fallidos, deciden internarla en un colegio de monjas donde las travesuras de Celia no cesarán. En el capítulo seis, Hasta la vista, las niñas preparan la función de fin de curso y todas están felices por dejar atrás los pupitres y marcharse a la playa a pasar el verano con sus familias. Todas, menos Celia que se ha enterado que sus padres se van a trabajar a China y ella no irá. El capitulo acaba cuando la pequeña conoce a los dueños de un circo que dan la vuelta al mundo para presentar su espectáculo y decide escapar con ellos para ir a buscar a su familia… Un “continuará…” fue el punto final de una serie cuyos capítulos, a día de hoy, aún me sé de memoria.

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La serie fue cancelada por problemas económicos de TVE y en el año 2009 fue reestrenada en la página web de Radio Televisión Española, donde se pueden ver íntegros los seis capítulos que marcaron mi infancia. Antes de esto, muchos años antes, cuando yo todavía era una niña, decidieron lanzar los seis capítulos en VHS acompañados por los seis libros de Elena Fortún sobre Celia (aunque las historias no coincidían con los capítulos y por eso a mí esos libros no terminaron de convencerme) y si algo tenía claro, es que yo los quería.

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De pequeña leía absolutamente todo lo que se cruzase en mi camino, a veces, cuando ya no había qué leer, abría la agenda telefónica que mi abuela guardaba en el primer cajón del mueble donde posaba elegante el teléfono y leía los nombres de las personas que ahí permanecían apuntadas. Lo descubrí en la última página. “Celia, Televisión Española” y un número de teléfono. Habían llamado para comprarme los videos. No aguanté mi emoción y le dije a mi madre que la había descubierto, pero ella, con esas técnicas que a veces los adultos tienen para convencer a los niños, me hizo creer que habían llamado para regalárselo a la sobrina de mi tío, y que lamentablemente ese regalo no era para mí. Me lo creí, aún con toda mi rabia e incomprensión, me creí que los vídeos de Celia no estarían en mis manos.

No sé cuanto tiempo pasó hasta que el día de reyes se volvió a posar en el calendario. Quizás sólo unos días o quizás semanas, los niños tienen esa maravillosa capacidad de no ser conscientes de la magnitud ni la distancia del tiempo y es algo que echo mucho, mucho de menos. Abrí muchos regalos, entre los cuales recuerdo una pulsera de plata con un delfín, libros, muñecas… De pequeña tuve todo lo deseaba. Cuando parecía que los regalos ya habían finalizado, mi madre apareció con una caja grande en el salón de casa de mi tía y yo recuerdo que pesaba mucho… No entendía qué había ahí dentro, ni por qué eso era para mí. Cuando la abrí, me topé con la cara de Celia protagonizando cintas de video, me topé con aquellos libros de colores suaves propios de una niña y no pude ser más feliz… Recuerdo llorar totalmente emocionada, como si de la mayor pena se tratase, pero lloraba de felicidad, de felicidad absoluta y abrazaba fuerte a mi madre porque con sólo seis años descubrí quienes eran los encargados de comprar los regalos de los Reyes Magos y sabía que aquel tesoro que acababa de llegar a mis manos sólo era gracias a ella…

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Durante muchos años vi esos vídeos que aún guardo en casa de mis padres sobre una estantería como un pequeño trofeo, pero os reconozco que más de una vez me escapo a través de internet y Youtube para buscar a Celia, para verla en silencio y recordar lo feliz que fui con ella. Porque lo importante en la vida es saber encontrar de vez en cuando al niño que llevamos dentro, al niño que fuimos y seremos siempre, y sobre todo, lo más importante es saber viajar a través de los recuerdos, porque los recuerdos, amigos, son sólo nuestros.

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Feliz sábado y feliz fin de semana, amigos.

Lorena.

Barco a Venus…

Me gustan los domingos en los que no se tiene prisa… Mi intención era dormir hoy hasta que mi cuerpo aguantase, tenía la esperanza de pasarme toda la mañana entre las sábanas y abrir los ojos tras haber dormido muchas horas. En contra de mis expectativas, a las diez de la mañana mis ojos se han abierto como platos y entre eso y que mi perro me estaba diciendo que ya era la hora de salir, adiós a mis planes de dormir hasta las tantas… En fin, será la edad, que ya no perdona.

Hoy te quería contar una cosa que me pasa siempre… Es verdad, que cuando vivía en el pueblo era muy difícil ver a un vagabundo o a un “yonkie” en la calle, y en el momento que te trasladas a una ciudad grande, lamentablemente eso se ve a diario. Y el lamentablemente no es por mí, sino por ellos, por sus vidas y sus familias… A mí lo único que me produce es dolor en el corazón y siempre me preguntó que historia esconderán sus vidas, qué les habrá llevado hasta ese punto y ese extremo… Cuando veo a personas totalmente consumidas por las drogas, el alcohol o la mala vida, siempre me digo lo mismo “En algún momento de su vida fueron niños, fueron inocentes y fueron felices”, y siempre que voy con alguien, intento explicarle esa sensación y esos sentimientos. Aunque alguno de ellos haya tenido una vida tormentosa incluso desde la infancia, seguro que en algún momento, aunque sea efímero, han sido felices. Me doy cuenta la importancia que tiene andar siempre por un camino correcto, y no me olvido que incluso en los caminos correctos hay miles errores que debemos cometer, porque así debe ser la vida, y así somos los seres humanos. Nos equivocamos, rectificamos, nos volvemos a equivocar… El problema viene cuando los límites se sobrepasan y los caminos correctos o no correctos se convierten en una pesadilla, y a mí el tema de la drogodependencia siempre me ha causado terror.

El viernes viví una noche llena de emociones, de sentimientos, de lágrimas y risas en el musical de Hoy No Me Puedo Levantar.

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Aún recuerdo el día en el que mi amiga Andrea me dijo que se iba a presentar al casting para el papel de María, la protagonista. Fui de las primeras y pocas personas en saberlo, y aquellos días pasamos juntas muchos, muchos nervios. En las pruebas, en la espera de la respuesta, en la emoción, en la duda, en la felicidad que sentíamos… Lo viví tan intensamente que una noche hasta lo soñé. En aquel sueño aparecía el cartel  y entre los personajes yo veía a Andrea, algo me decía que ese papel iba a ser suyo, se lo merecía. Poco después, los sueños fueron una realidad y Andrea no sólo protagonizaba la entrada de uno de los teatros más importantes de Madrid, sino que su cara aparecía en grande en autobuses, paradas de metro y medios de comunicación, era María, protagonista del musical con las canciones de Mecano. Recuerdo entre risas las tardes en su casa, cuando ya había empezado los ensayos, con el calor del verano y la felicidad en la mirada, cantándome estrofas o enseñándome bailes… Estaba feliz, muy, muy feliz. Este viernes se despedía de María, de su papel en el musical, de todos estos meses, de sus compañeros, de sus emociones, de su escenario, de su público… Era su última función y creo que todos los que la queremos y estábamos allí lo vivimos de una forma muy intensa.

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Cuando la vi cantar, cuando la vi actuar, confirmé que ese papel era suyo. Era una María fantástica. Su dulce voz, su magia sobre el escenario, su sonrisa… Ese papel llevaba su nombre. Sé que vivió una noche muy emotiva, ahora lo sé porque lo he hablado con ella, pero incluso allí, desde lejos, entre el público sabía cuando ella estaba llorando de emoción, de verdad, más allá de las exigencias del guión. Me acompañaba Sergio y él ha trabajado mucho tiempo con Andrea y la quiere tanto como yo, y fue maravilloso poder compartir juntos la emoción que sentíamos al verla sobre el escenario. No sé si me emocionó más con su “Lía” o con “Hijo de la luna”… Estuvo brillante y creo que podría escribir muchas palabras y seguiría diciendo que no tengo las suficientes para describirlo.

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“La última función fue demasiado emocionante. Ver a todos mis compañeros pendientes de mí, cambiando textos y bailes para demostrarme su amor, me llenó de amor y tristeza a la vez. Me dio mucha pena pensar que nunca volveré a eso, a ese escenario, con esa gente que me quiere, con esas canciones y esos bailes…” Andrea Guasch.

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Entre los protagonistas, dos amigos más forman el elenco del musical. Pude disfrutar de Angy, en su papel de Patricia, que aunque ya sabía que era una artistaza de los pies a la cabeza, verla sobre ese escenario, me emocionó mucho. Angy es una de esas personas guerreras y sensibles a la par, con una sonrisa siempre dispuesta, divertida y con una voz que a nadie puede dejar indiferente. Yo me sigo preguntando dónde le caben ese vozarrón y ese corazón tan grandes que tiene… Divertida y maravillosa. “Hawaii Bombay” nunca me parecerá tan genial después de haberla escuchado en su voz. Ella es grande, muy, muy grande y desde aquí quería recordárselo, para que no lo olvide nunca.

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Xavi Navarro… Sé que no podría haber un Mario mejor que él… La química que los dos protagonistas nos regalaron fue tanta que yo tuve la piel de gallina de forma constante. Xavi es bueno, dulce y carismático. Nunca le había visto actuar, ni cantar, y me sorprendió muy gratamente. Estuvo perfecto y su voz y su sonrisa hicieron que todo fuese muy, muy bonito. Y claro, Xavi con su versión de “Me cuesta tanto olvidarte” fue el culpable de hacer estallar al público entre llantos y silencios que gritaban. Exquisito, perfecto, gigante.

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Y fue en ese momento, en ese en el que nos contaba que entre el cielo y el suelo hay algo con tendencia a quedarse calvo cuando yo me ahogué en lágrimas y me acordé  de todas esas personas que muchas veces veo por la calle y me pregunto por qué han hecho eso con sus vidas y qué les ha llevado a destruirlas así, pensé en que ojalá todos los adolescentes de este país que empiezan a tener curiosidad por las drogas vean este musical, porque sin duda, el papel de Colate interpretado por Adrián Lastra me pareció brutal. Un joven lleno de sueños, de inocencia y felicidad, que deja su pueblo, su vida y su estabilidad por buscar aquello que realmente le hará feliz… Ser músico y poder triunfar. Entre triunfo y movida madrileña, el tonteo con las drogas acaba siendo un juego peligroso y serio y ver el deterioro de una persona, interpretado, repito, de una forma magistral, fue una de las cosas más emotivas e impactantes de toda la función. Porque a mí el tema de la drogodependencia siempre me ha causado terror.

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El musical estará hasta junio en el Arteria Coliseum, en la Gran Vía de Madrid. Creo que es el mejor musical que he visto jamás. Podéis encontrar toda la información aquí.

Un musical para bailar, reír, llorar, cantar y saber más que nunca que no has ido a Venus en un barco….

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“Este musical ha sido muy importante para mí. Ha significado, sobre todo, mucho crecimiento como persona y como actriz”. Andrea Guasch.

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Feliz domingo, amigos!

Lorena.

¡¡¡Ganamos las chicas!!!!

¡Qué pesados son los lunes y qué poco nos gustan! Yo suelo odiarlos, como estoy segura que los odias tú, pero la verdad que hoy he tenido un lunes muy bonito, lleno de reencuentros con amigos a las que no suelo ver y eso siempre trae mucha paz y felicidad. Además, hoy me he levantado llena de energía positiva y es quizás por todo lo que viví ayer y lo que hoy te quería contar.

Los que me conocen de hace tiempo, se sorprenden cuando saben que he empezado a interesarme por correr y hacer deporte… Pero la verdad es que cada vez me gusta más. Hace un mes me enteré que en Madrid se iba a celebrar la décima edición de la carrera de la mujer y siendo por la causa que era, no me lo quería perder. Más de treinta mil mujeres corriendo juntas por un solo motivo: la lucha contra el cáncer de mama. El centro de Madrid vestido de color rosa y las emociones a flor de piel (ya me conocéis…)

El deporte es capaz de unir muchos corazones y a muchas personas de distintas edades, culturas e ideas… Pero el deporte unido a una causa solidaria es capaz, y me di cuenta ayer, de mover montañas. A las ocho de la mañana los metros estaban abarrotados de chicas vestidas de rosa, a ninguna nos importaba el madrugón, estábamos felices e ilusionadas. Jamás imaginé que una carrera pudiese resultar ser algo tan emotivo…

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Me emocioné al ver a una chica hacerse una foto con una pancarta que decía: “Este año corro por ti, el año que viene correremos juntas” (todavía se me ponen los pelos de punta al recordarlo), me emocioné cuando vi a chicas en sillas de ruedas dispuestas a estar ahí apoyando la causa, me emocioné cuando vi a madres con sus hijas, cuando vi a niñas pequeñas, me emocioné cuando vi a señoras que podrían ser mi abuela, me emocioné cuando vi a gente sosteniendo carteles en los que pedían que no se recortase más en sanidad, me emocioné cuando vi a mujeres con esta maldita enfermedad y su pañuelo rosa sobre la cabeza, me emocioné cuando vi a gente con pancartas dando ánimos desde sus terrazas o desde cualquier punto del recorrido, me emocioné cuando vi a hombres con pelucas apoyando a sus mujeres y amigas, me emocioné cuando vi a mi amiga Pilar ahí a mi lado, embarazada, aunque sólo pudo llegar al quilómetro dos (pero sé que el año que viene correremos juntas empujando el carrito de Jorge), me emocioné de ver a tantas, tantas personas emocionadas, entregadas, unidas y solidarizadas por un tema tan delicado como éste…

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Me emocioné al pensar en todas esas mujeres que padecen ahora mismo esta enfermedad, me emocioné al pensar en todas las que a lo largo de la vida no han podido vencer la batalla, me emocioné al pensar que cualquiera de nosotras podríamos ser cualquiera de ellas… Me emocioné al pensar en las hijas, en las madres, en las amigas, en las tías o las sobrinas de las víctimas del cáncer y sonreí al pensar que ahí estábamos, todas unidas, luchando las unas por las otras.

Cada inscripción valía diez euros, y más de treinta mil personas se inscribieron y a mí eso me hace muy feliz. Somos solidarios y nadie debe hacernos cambiar eso, aunque nos recorten la vida y los sueños. Es realmente triste pensar que todos tenemos algún familiar, una amiga, una vecina o una simple conocida que haya sufrido esta enfermedad. Nos encontramos ante una lucha constante, ante una batalla que todos, hombres y mujeres queremos ganar, queremos unirnos, queremos gritar, queremos luchar con fuerza para vencer… Todos queremos luchar en esta guerra, luchar los unos por los otros, porque esta es la única guerra que debería existir y es la guerra en la que sólo se debería ganar.

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Lamentablemente, el cáncer gana a veces, sin entender de edad, de sexo o emociones… Sin entender situaciones, ni vidas… Da igual, tu y yo, todos somos víctimas, todos podemos serlo. Ayer, hoy y mañana muchas personas lucharán contra el cáncer de mama, lucharán ellas, lucharán sus maridos, sus hijos, sus médicos… Pero sé que ayer, en esa carrera, me llené de emociones, de energía, de ganas de vivir, de ganas de superarme, de disfrutar, de exprimir lo bueno, me llené de sonrisas, de lágrimas, de compañerismo, de buena energía… Porque el maldito cáncer gana a veces, pero ayer el centro de Madrid se vistió de rosa y lo aceptó en silencio, orgulloso y con una sonrisa, lo aceptaron sus calles y su gente… Porque ayer, sin ninguna duda…. ¡¡¡GANAMOS LAS CHICAS!!!!

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Gracias a Sandra, Pilar, Carmen y Sara por hacer que viviésemos juntas esta aventura. Felicidades a todas las participantes, y a las que no han participado nunca os animo a que lo hagáis. Es una experiencia maravillosa y la carrera de la mujer se celebra en cualquier ciudad. Porque juntas debemos correr esta carrera cada día. Mucho ánimo y cariño a todas esas mujeres que luchan cada día, a sus familias y a sus amigos… Correremos por vosotras, correremos con vosotras y lucharemos juntas.

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Buenas tardes, amigos.

Lorena.

Gracias por mimarME.

¡Por fin sábado! Seguramente ya os lo haya contado alguna vez, pero cuando llega el sábado no puedo evitar estar feliz, es mi día favorito de la semana y no sé exactamente por qué. Quizás es porque hubo una época en la que el sábado era distinto a toda la semana, además era el día en el que todavía me gustaba más salir por la noche que por el día, y tal vez con el tiempo, esa sensación se ha quedado en mí, aunque diste bastante con la realidad.

Hoy te quería contar una conversación que tuve hace sólo un par de días con unos amigos y me hizo reflexionar y reafirmar unas ideas que ya tenía…

Muchas veces hablo de la importancia que tiene que cada uno se dedique a lo que realmente le gusta hacer, las cosas salen mejor, las personas son más felices y dedican todo sus esfuerzos y sus sonrisas a que el resultado del trabajo vaya a ser un éxito absoluto. Es verdad que, hoy por hoy, muchos no podemos trabajar en aquello que más nos gustaría, sin embargo, me gustan la gente que aún así, realiza su trabajo con ilusión y esfuerzo para que resulte lo mejor posible. Esto mismo hablaba con mis amigos, el cómo nos desvivimos por nuestros trabajos, y la ilusión y empeño que ponemos para que todo esté perfecto y entre risas agradecimos no ser médicos (a los que admiramos y valoramos muchísimo), simplemente por el hecho de no sufrir la presión que debe ser que en un trabajo tan delicado no se obtenga  un buen resultado. Creo que trabajar con la salud y la vida de las personas debe ser el trabajo más sacrificado, emocionalmente hablando, y más gratificante del mundo. Y no, no hablaré de la impotencia que me producen todos los recortes que los médicos y la sanidad están sufriendo.

Me gustan las personas trabajadoras, que se esfuerzan, que trabajan con ganas e ilusión para que cada paso profesional tenga un final satisfactorio.

Hace sólo dos noches, el Hotel Me Madrid, situado en la emblemática Plaza de Santa Ana, organizó una maravillosa fiesta en su terraza para presentar la apertura de Me Ibiza y Me Mallorca. La fiesta fue un éxito y hoy te lo quería contar.

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Si no conocéis este hotel y estáis por Madrid, creo que después de ver las fotos vais a querer pasar por allí a tomar algo, mientras observáis la ciudad entera desde las alturas, sus tejados, sus casas y su magia,  y si, además, podéis ir al atardecer, os aseguro que os enamoraréis completamente del lugar.

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Sobre las ocho de la tarde, los medios de comunicación posaban alrededor de un photocall que esperaba ansioso la llegada de las caras más conocidas. ¡Nadie quiso perderse la fiesta! Entre los invitados pudimos ver a la maravillosa  actriz Antonia San Juan, Bibiana Fernández, Rosi de Palma, la cantante Natalia, Laura Sánchez, María Castro, el Dj Carlos Jean, Fonsi Nieto, el actor Óscar Jaenada, bloggers de moda como Mario Ximénez, los míticos Pepino Marino y Crawford (que no se pierden una!) y muchos amigos del mundo de la comunicación.

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Música en directo, Dj’s, bebida y un excelente servicio de catering cuyos camareros estuvieron atentos y sin perder la sonrisa en ningún momento. La gente estaba feliz y es que… ¿A quién no le gusta una fiesta? El ambiente era maravilloso y nosotros lo pasamos muy, muy bien.

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Acudí al evento con mi amiga Carmen Barrios (directora de la agencia Nboca Comunicación), su novio Jeremy y mi amiga Rebeca (sí, ex componente de los míticos Bom Bom Chip, y eso a algunos invitados de la fiesta les pareció lo más vintage y maravilloso del mundo).

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Allí nos encontramos con  Sergio Barreda (director de BFace Magazine) y la periodista Carmen Santiago y ya no nos separamos en toda la noche. Las risas estuvieron aseguradas.

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Me gustan las personas trabajadoras, que se esfuerzan, que trabajan con ilusión para que cada paso profesional tenga un final satisfactorio, por eso hoy quiero felicitar a mi amigo Tomás Palacios, que tuvo un poder de convocatoria excelente y quien puede y debe estar muy orgulloso del maravilloso evento que consiguió organizar. Gracias por todo, gracias al Hotel Me Madrid por una fiesta tan divertida y bonita. Gracias por mimarME, y mimarnos.

Feliz fin de semana, amigos!

Lorena.

Pura casualidad.

Qué bonitos están siendo estos días, a pesar de volver de puente, de que ayer fue lunes, del trabajo, de todo… Qué energía me da la primavera! Me encanta el calor, el olor a verano, la gente en las terrazas, las calles llenas, los colores en la ropa… Y hoy tenía muchas ganas de escribir. Por eso os traigo un nuevo post, en forma de relato, para leer despacito, ya sabéis, como siempre hacemos… 🙂

Pura casualidad

No le gustaban los gatos, ni el chocolate, ni el verano. Últimamente se había olvidado de lo qué le gustaba y sólo le daba por recordar lo que no.

Aquella mañana los niños corrían en la plaza, se escuchaban sus voces tras la pelota y sus risas y gritos llenos de inocencia y vida. Echo la vista atrás y la nostalgia se le pegó a la piel aferrándose con tanta fuerza que parecía que ya no iba a desaparecer. Echó de menos su casa, el olor de aquellas sábanas, la voz de su madre, los ronquidos de su padre y las discusiones con su hermana. Echaba de menos su vida.

Su historia era una entre otras muchas, entre muchos jóvenes que habían dejado atrás una vida entera para buscar nuevas oportunidades que se prometían en el aire en una ciudad encantada. Sin apenas planteárselo, se había instalado en esa ciudad para buscar las oportunidades que estaba seguro no podían llegar si se quedaba para siempre en su pequeño pueblo del alma, al que nunca había conseguido verle nada especial y al que ahora echaba de menos en exceso. Sus calles, su gente, sus paellas y su mar. Habían pasado mucho tiempo y aún recordaba con una tímida sonrisa el día que se sentó en el sofá a contarle por primera vez a su madre que se había enamorado. Ella, como siempre, le miraba con ternura, le regalaba comprensión en cada gesto y le abrazaba con firmeza para demostrarle lo orgullosa que se sentía y el amor incondicional que sólo pueden prometer las madres con la mirada.

Nunca le gustaron las personas atrevidas, era más bien de observar y callar, por eso se dedicaba a estar detrás de los focos, de las cámaras y los objetivos. Cuando sólo era un niño le regalaron su primera cámara, aquel aparatoso instrumento que le hizo crecerse y sentir que era grande frente a todo lo que allí quedaba inmortalizado. Las cámaras digitales ya le parecieron lo más maravilloso del mundo y se lamentaba que no hubiesen llegado mucho antes, cuando era joven y viajaba. Ahora, incluso, había dejado de viajar.

A veces, se preguntaba si el verdadero motivo de no estar en su casa había sido la necesidad de huir. Huir de los rumores, de los chismes y susurros que sonaban fuertes y hacían daño, a él y a su familia. La mayoría de las veces la gente habla y se toma el derecho de juzgar, de sentir y valorar sin saber el daño que pueden llegar a causar. Siempre pensó en lo aburridas que serían sus vidas para que tuviesen que hablar de las de los demás. Por supuesto, la infancia sólo fue bonita dentro de su casa, en su mundo, dónde nadie hablaba ni reía, dónde nadie se burlaba. Los niños tienen esa maldita inocencia de no controlar los límites y no ser conscientes del daño y los traumas que son capaces de generar y en la mayoría de los casos los padres son los culpables por no sentarse a explicar que todo entra dentro de la normalidad, y que el respeto hacia los demás es el valor que más debe predominar. La adolescencia siguió el mismo camino y realmente en la universidad, en aquella gran ciudad y en aquellas calles gigantes, entre cientos de desconocidos, fue donde realmente empezó a ser feliz. Quizás sí, quizás había huido más por buscar su felicidad personal que por conseguir su sueño profesional.

Estudió publicidad y antes de terminar su carrera, fue contratado como becario en una agencia de comunicación donde finalmente acabó siendo contratado, en aquella época en la que los becarios todavía conseguían un contrato después de sus esfuerzos. Habían pasado quince años desde aquello y en ocasiones parecía que la vida hubiese corrido tanto, que el tiempo le había sido robado.

Se había enamorado muchas veces, aunque nunca como esta vez. Como todo ser humano, se había enamorado en la adolescencia donde no había sido correspondido y donde había sufrido tanto por ese desamor que sentía que la vida no tenía sentido. Menos mal, que con el tiempo podía reírse de aquellos sentimientos primerizos de un aprendiz de la vida. Realmente aquella historia le marcó y le acompañó durante muchos años, pero eso siempre pasa con el primer amor, al que se le acaba tachando de platónico e imposible. Había tenido amores de verano, de hecho, de esos había tenido unos cuantos. Se había enamorado en la ciudad, de jóvenes y maduros, de guapos y listos, de estúpidos e increíbles, incluso una vez se enamoró de alguien a quien nunca llegó a contárselo y al que siempre prefirió tener como amigo.

Su vida profesional era estable y satisfactoria, su trabajo estaba bien valorado y adoraba a las personas con las que compartía trabajo, oficina y objetivos cada día. Lejos de aquella triste época de pocos amigos y soledad, el tiempo había sabido recompensarle y su vida social era maravillosa, contaba con un teléfono siempre sonando y planes sobre planes dispuestos a ser devorados cada día.

Le conoció casi por casualidad. Aquella mañana, Beatriz, su compañera, su mejor amiga y la mejor fotógrafa que él conocía, se encontraba con fiebre y una infección en las anginas que le impedían levantarse de la cama. Tuvo que cubrir una sesión de fotos para una firma de relojes que se vendían como churros, a pesar de sus precios desorbitados. El modelo, por supuesto, era el actor de moda del momento y la campaña sería lanzada en televisiones y revistas, así que él se encargaría de las fotos. Por temas de caché, las fotografías donde no se viese la conocida cara del actor las haría otro chico, que cobraba mucho menos por dejarse fotografiar las manos. Se notaba que era joven e inexperto, pero era quizás el hombre más guapo que había visto en su vida. Empezaron a hablar cordialmente, y al final, tras una larga jornada de trabajo, entre risas y bromas, decidieron ir a tomar unas cañas. A día de hoy se sigue preguntando cómo y por qué y sin encontrar explicación alguna, aquella noche acabaron en la misma cama, entre besos, caricias y una pasión que arañaba las paredes de la casa. Había sido maravilloso y le habría prometido amor eterno en aquel mismo instante. De hecho, cuando se despertó a su lado, deseó con todas sus fuerzas que aquella mañana durase para siempre. Podría haber sido una noche de locura más, aquel joven modelo podría haber salido de su casa y no haber vuelto a dar señales de vida. Podría haber sacado su teléfono de la base de datos de la agencia y podría haberle buscado, pero no hizo falta, porque el modelo se encargó del resto. Dos días habían pasado sin que se lo hubiese quitado de la cabeza cuando abrió el buzón para retirar toda la publicidad que se había ido almacenando durante semanas, y encontró un pequeño papel, una pequeña nota en la que se le indicaba hora y lugar para volverle a ver.

Le contó a sus amigas lo sucedido y lo excitante que le parecía haber encontrado aquella nota ahí, cuando unas horas antes había decidido no buscarle si no era él quien le quisiese ver. Aquella tarde, volvieron a terminar en la cama. A penas hablaban, sólo se besaban, se abrazaban y se deseaban. Se mordían con la mirada y se mataban con las caricias, se resucitaban con los besos, las lenguas entrelazadas y la saliva. Durante semanas dejaron que las cosas sucediesen así, con notas en un buzón que ahora era revisado cada instante, con encuentros apasionados y emociones encendidas. Empezaron a escribirse e-mails y a contarse poco a poco cómo eran sus vidas, sus ilusiones, sus trabajos, su pasado y su presente, sus preocupaciones y sus alegrías. Pasaban tardes en la cama, abrazados y en silencio. A veces se reía de la locura en la que se estaba convirtiendo su vida, ni si quiera tenía su número de teléfono, ni se había hecho junto a él una fotografía. Por su cumpleaños, en el buzón y como vieja costumbre, le regaló una escapada de fin de semana, sólo para ellos, alejados de la rutina, experimentando otra forma de encontrarse en sus vidas. Aquel fin de semana fue maravilloso. Extraño, pero maravilloso.

Intentó cogerle de la mano. Llevaban meses compartiendo sábanas casi todos los días y nunca había paseado de su mano, pero sintió como ésta se separó suavemente, en un desliz que le golpeó la seguridad que empezaba a tener en aquella historia y en aquel joven modelo al que había conocido en una sesión de fotos, por pura casualidad.

-Lo siento, es que hay algo que no te he contado…- Por el tono, entendió lo que pasaba y se acordó de la ternura que había sentido cuando su madre le escuchó aquella primera vez en la que le dijo que se había enamorado. Le dejó continuar.- Es la primera vez que estoy con un chico…

Lo entendió todo. Su timidez, su desenfreno y pasión como si el mundo se acabase, sus miedos, sus largas conversaciones a través de los e-mails, desde el otro lado de un ordenador, tras el cual poder esconderse y no encontrar miradas que le juzgasen… Le sonrió.

-No pasa nada, absolutamente nada.- Y le contó con la mirada que estaría a su lado, queriéndole y apoyándole en todo.

Aquel fin de semana fue maravilloso y cuando volvieron a la realidad supo que no quería separarse de su lado. Se había enamorado.

Sus encuentros siguieron siendo como siempre, en casa, en la cama. Había pasado un año y desde hacía semanas le decía que no era normal que no hiciesen vida más allá de aquellas cuatro paredes. Le notaba triste y distante. Se negaba a darle su número de teléfono, no quería agregarle en sus redes sociales y en él empezaba a aflorar una inquietud que les estaba matando.

Una mañana, tras haberse despertado a su lado, se marchó a la oficina. Aquella mañana hubo un cambio de planes en la jornada, acababa de llegar un correo, a primera hora, en el que se convocaba a los medios de comunicación esa misma tarde para cubrir la inauguración de una tienda de moda. Se negaba rotundamente, pero al final le tocó ir. Acabó  casi a las diez de la noche, estaba agotado y muy lejos de casa. Cargó con la cámara y decidió recorrer un par de calles para ahorrarse unos euros en el taxi. Como si de una extraña fuerza se tratase, su mirada se giró hacia la terraza de un restaurante que no había visto en su vida, y en la terraza cenaba, entre otros, una pareja de jóvenes que se besaban y abrazaban. Escuchó su risa y se le paró el corazón. Se quedó en silencio, mirándoles, viendo como se devoraban los labios y se acariciaban las piernas, y sintió como el corazón le estallaba en mil pedazos. No podía decir nada y el sonido de la cámara contra el suelo paralizó en seco al joven modelo de la rubia despampanante. Se encontraron sus miradas, perdidas, rabiosas, agonizantes, asesinas. La chica les miró extrañada y le dijo a su acompañante:

-¿Conoces a ese hombre?

Él negó con la cabeza y le miró con desprecio.

-Eh, tú, ¿Qué coño miras?

Le quemó el alma. Recogió su cámara, rota, como le hubiese gustado recoger el corazón, que estaba gritando de dolor, tirado en el suelo, pisoteado y moribundo. Se dio la vuelta y se marchó de allí. Aquella noche tuvo un ataque de ansiedad, aquella noche y todas las siguientes durante varias semanas. Recibía e-mails diciendo que todo tenía una explicación, notas y flores pidiendo perdón y comprensión. Aquella rubia era su esposa, con la que se había casado hacía sólo tres meses, pero a la que aseguraba no querer. El joven modelo juraba tener mucho miedo, no podía decir que era gay.

Desactivó aquella cuenta de correo electrónico y decidió no abrir, al menos durante un tiempo, el buzón. Se negó a ir a sesiones de fotos con modelos masculinos durante mucho tiempo.

Aquella mañana los niños corrían en la plaza, se escuchaban sus voces tras la pelota y sus risas y gritos llenos de inocencia y vida. Echo la vista atrás y la nostalgia se le pegó a la piel aferrándose con tanta fuerza que parecía que ya no iba a desaparecer. Echó de menos su casa, el olor de aquellas sábanas, la voz de su madre, los ronquidos de su padre y las discusiones con su hermana. Echaba de menos su vida.

Últimamente se había olvidado de lo qué le gustaba y sólo le daba por recordar lo que no. No le gustaban los gatos, ni el chocolate, ni el verano. Pero sin duda, lo que menos le gustaba era la gente que jugaba con los sentimientos de los demás.

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Buenas noches, amigos.

Lorena.