Por amor al arte (Parte II)

Dia de Sant Jordi. Un llibre i una rosa per a tothom…

¿Cómo no me tiene que hacer feliz que haya un día del libro? Un día oficial en el que los libros son los verdaderos protagonistas…  Hoy y siempre. No debemos dejar de leer nunca, porque la ignorancia es lo único que nos podrá hacer débiles. Hoy, en mi pueblo, se celebra el día del libro y como anuncié ayer en mi Twitter y en mi página de Facebook, espero que todos los que estéis por allí paséis por la biblioteca de l’Olleria, donde se van a celebrar muchas actividades y vais a poder encontrar una sorpresa (micro)literaria de la cual, junto a otro autor, Angel Cano Mateu, he sido cómplice. Cuando pase el día, os cuento al resto de qué se trata.

Hoy en el día del libro yo no podía dejar de escribir… Y aquí traigo la segunda y última parte del relato que os dejé a medias hace unos días, Por amor al arte. Recibí comentarios, recibí respuestas y creo que aunque hubo quién tuvo sus sospechas y a quién el protagonista no le daba muy buena espina… Creo que nadie esperaba el final que aquí os espera. Leed despacito, con calma, que hoy el día es para ello…. Hoy te lo quería contar.

FELIZ DÍA DEL LIBRO. FELIÇ SANT JORDI.

Por amor al arte (Parte II)

 

-¿Una sorpresa?.- Dijo ella con una tímida sonrisa muriéndose de ganas por saber de qué se trataba.

-Te lo contaré en París.

-¿París?- Gritó entre risas, asombro y besos.

En dos semanas viajarían juntos a la ciudad del amor, pasearían por sus calles y podrían disfrutar de todo el arte que a ella le apasionaba, por amor al arte.

Recibió la llamada de Jorge el lunes a primera hora, no lo podía creer. ¡Su mejor amigo estaba aquí! Jorge se había ido el año anterior a Alemania con una beca erasmus y allí conoció a Ana, de la cual se había enamorado locamente y con quien había empezado una maravillosa historia de amor quedándose a vivir junto a ella en Berlín, pero Jorge había vuelto durante unos días y ella se moría por verle. Jorge era uno de esos amigos que la vida te regala para guardarlos y mimarlos, él había sido su mayor cómplice desde niña, junto a María, eran los tres inseparables. Él fue su gran apoyo cuando ocurrió el trágico accidente de la muerte de su hermana. Él, más que un amigo, era un hermano.

-¡Me ducho y nos vemos enseguida!

Aquel día quedaría con Ángel por la tarde, así que la mañana ya estaba adjudicada a su mejor amigo, a sus historias y a que se contasen absolutamente todas las novedades de sus vidas. No les hizo falta decir donde reunirían, los dos acudieron a la misma cafetería de siempre, al verse, se fundieron en un abrazo eterno y en miles “qué ganas tenía de verte…”. Pasaron juntos tres horas que parecieron tres minutos y se dieron cuenta que la amistad verdadera está basada en eso, en que cada encuentro, aunque estuviese separado por tiempo y distancia, pareciese pegado al anterior. Le preguntó por María y ella sintió pena, mucha pena… Hacía tiempo que no se veían y sabía que tenía que llamarla. ¡Qué feliz fue aquella mañana! ¡Qué bonito estaba siendo todo en su vida!

A Ángel no le gustó, no le gustó absolutamente nada.

-No entiendo qué te pasa… Es mi mejor amigo.

Le estaba faltando el respeto, la miraba a los ojos y le pedía explicaciones, que le jurase mientras la miraba que no había nada entre ese chico y ella, le hacía jurar que no se habían mirado, ni tocado, y le aseguraba que Jorge estaba enamorado de ella, no había otra explicación para que hubiese querido verla después de tanto tiempo… Ella lloraba, en silencio y a gritos, de rabia, de frustración. No entendía nada, no le reconocía, no sabía qué pasaba. Él se fue, enfadado, y ella se quedó sola. Se quedó llorando, llorando y llorando durante horas, llamándole por teléfono mientras él no contestaba. Quizás él tenía razón y debería haberle avisado de que iba a quedar con su mejor amigo.

Cuando consiguió hablar con él, le pidió perdón mil veces. Ella, que ya no sabía ni lo que hacía, le suplicaba que le perdonase aunque en el fondo de su alma se preguntase qué tendrían que perdonarle… ¿Cuál había sido el crimen? Ángel la perdonó, la volvió a llenar de besos y caricias, de amor, le explicó que la amaba tanto que la posibilidad de perderla o imaginarla con otro le volvía loco, y ella lo entendió. Asintió y le amó, sin reproches. Entregando su corazón, su alma y su personalidad a otro cuerpo y otro ser.

Viajaron a París. Esta vez, quería decírselo a sus padres.Cuando les dijo que viajaría con su novio, sus padres quisieron conocerle. Ellos, desde hacía años, vivían atemorizados por todo. De hecho, ella sabía aunque no se lo dijesen, que vivían con miedo cada vez que ella salía por la puerta de su casa. Les pareció encantador. Guapo, educado, alegre, simpático, cordial, respetuoso… Y la quería, en los ojos se le notaba que la quería mucho. Sin ninguna duda, dieron el visto bueno para que los enamorados viajasen a la ciudad del amor.

París, el viaje perfecto, la ciudad perfecta, el hotel perfecto, los museos perfectos, el chico perfecto… Nada tendría que haber fallado y falló. Desde aquella mañana en la que vio a Jorge, al que por supuesto, no había vuelto a ver antes de que volviese a Berlín, él había cambiado y ella se sentía culpable. Había perdido su confianza y por más que lo intentase no la recuperaba. Estaban bien sólo cuando él quería y poco a poco ella iba perdiendo la fuerza en demostrar que él era el único y gran amor de su vida. Entre altibajos, enfados y risas, besos y faltas de respeto, pasaron aquellos días en la capital francesa. Días de sueños mezclados con pesadillas que ella quería borrar y olvidar, siempre dispuesta a perdonar. Sin saber cómo ni por qué, estaba totalmente sujeta a él, a su estado de ánimo, a sus caricias y sus enfados. Había dejado de ser quien fue.

El tiempo pasaba sin más, pero ella era feliz, siempre se lo decía a sí misma. Los buenos momentos siempre superaban a los malos y ella prefería quedarse con eso. Estaría entregada a él en cuerpo y alma, no soportaría perderle. Una noche discutieron tanto que ya ni sabía cuál había sido el motivo inicial. Siempre había un motivo, si no era un mensaje que recibía en su móvil, era porque había sonreído cordialmente a algún conocido, o porque no le estaba queriendo cómo le quería antes, aunque ella en nada hubiese cambiado… Bajó del coche llorando mientras él aceleraba. No quería ir a casa, no sabía que hacer. Se acordó de su hermana y deseó con todas sus fuerzas poder abrazarla, poder hablar con ella, pedirle un consejo, un “dime que tengo que hacer…”. Llamó a María y le preguntó si podía dormir con ella. Pasó la noche en casa de su mejor amiga, llorando, escribiéndole mensajes que él no contestaba, preguntándose qué había hecho mal…

-Tienes que parar esto, por favor. No puedes permitir que te trate así. ¿Cuánto tiempo lleváis mal? ¿Cuánto tiempo llevas llorando? ¿Por qué nunca me has dicho nada? No puedo verte así…- María hablaba sin parar creando un monólogo que ella era incapaz de escuchar… Necesitaba verle y estar con él, como una maldita droga de la que no se podía desenganchar.

Quedaron por la tarde y el día se hizo eterno. Dieron un paseo y fueron a cenar. Ella intentaba quererle, pero había algo entre ellos que les separaba demasiado. ya no reconocía esa mirada, los besos no sabían igual y las caricias le daban miedo.

-Creo que deberíamos dejarlo… -Dijo mientras le quemaba la voz.

Él no contestó, sólo levantó la mirada del plato y la clavó sobre ella. No sabía quién era, esos ojos estaban llenos de odio, y sintió como un dolor espantoso le penetraba el pecho. Él pidió la cuenta y se levantó de la silla esperando que ella le siguiese, subieron al coche y aceleró. Aceleró mientras ella, llorando, le pedía que fuese más despacio y entonces el horror se fue reflejando en su cara… No podía creer lo que sus ojos veían.

-¿Qué es esto? ¿A qué estás jugando? ¿Qué tipo de broma es esta?- Ella lloraba y gritaba, estaba aterrorizada.

-Baja del coche. ¡Baja del coche he dicho!

La arrastró hasta el puente, ella lloraba, lloraba como una niña perdida. Aquel puente, aquel lugar. Aquel río que se había llevado la felicidad de su familia, que se había llevado la mitad de su corazón, aquel puente que les había arrancado la alegría, que les había destrozado la vida…. La sujetaba frente a su cara, con el cuerpo apoyado en la piedra fría que desembocaba en el vació, a muchos metros del agua, la miraba con desprecio y con una mirada que jamás habría sido capaz de reconocer…

-Te di una oportunidad, te di muchas. Te puse el mundo a tus pies, te regalé viajes, te llevé a los mejores restaurantes, te compré toda la ropa que te gustaba, todos los malditos libros de arte que querías, te llené de amor… Y tú, ¿qué hiciste? fallarme, fallarme una vez más. Mirar a otros, no quererme, despreciarme… ¿Crees que eres mejor que yo? ¡Contéstame!.- Estaba fuera de sí. Las venas del cuello parecía que iban a estallar y en sus ojos el fuego del odio parecía que los iba a quemar.

Ella lloraba y suplicaba que él la llevase a casa… cuando escuchó una cruel y desgarradora carcajada.

Le dio la vuelta y la puso mirando al vacío, la sujetaba con fuerza y el temblor de su cuerpo ni si quiera se notaba entre la fuerza de sus brazos. Ya tenía medio cuerpo fuera. Ella sentía su aliento sobre su oído, ese aliento del que había estado locamente enamorada, al que le había entregado su vida, ahora le mordía, le quemaba el pelo y el alma.

-Eres igualita que la zorra de tu hermana… Aunque tu tengas amor al arte.- Y la empujó.

Una caída de segundos que se hicieron eternos, una caída al vacío que iba a llevarla a la muerte. Una caída que le regaló mil imágenes en su mente. Él, su amor, su odio, sus padres, Jorge, María… Lucía. Su hermana, su hermana. Él había sido el chico del que se había enamorado. Él la había asesinado. Boom. El golpe seco contra el agua le arrancó la vida y los suspiros.

Miró desde lo alto. Pobre familia. Otro suicidio. Arrancó el coche y se fue de allí. Los últimos caprichos le estaban saliendo demasiado caros.

Quizás fue la ira, fue el dolor, fue la rabia,fue la injusticia… A penas podía un brazo y el otro sin duda estaba roto. Las piernas pataleaban con toda su fuerza y a penas podían luchar contra el agua, y consiguió moverse, arrastrarse y llegar hasta una orilla fangosa, llena de matorrales, con el cuerpo lleno de heridas y el alma hecha jirones. Allí, en tierra sólida y húmeda dio los últimos suspiros, miró la noche, llena de estrellas y le pidió perdón. Sintió como su alma se desvanecía y como la vida se apagaba.

Pasaron minutos, horas y días… Años, incluso, le habían parecido a ella. Ocho horas le confirmaron después. Escuchó unos gritos… “¡Está aquí!” Decía la voz de una chica a la que no conocía. Sirenas, luces, lágrimas, alientos de felicidad… Acababa de volver a la vida.

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Feliz miércoles, amigos.

Lorena.

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2 pensamientos en “Por amor al arte (Parte II)

  1. No me equivoque lo supe desde el primer momento, no era normal la sensación que sintió cuando vio la foto de la hermana, por suerte ella pudo salir adelante. Esto demuestra lo que siempre decimos y que suena a tópico nadie se merece que sufras y si ves algo denuncia no te quedes parada.
    Genial Lorena en este día aparte de desearte lo mejor, compartir un deseo contigo que algún día recibas el reconocimiento que te mereces eres muy grande escribiendo

  2. ¿Esa sensación cuando estás viendo una película y los sentimientos de los personajes los sientes como tuyo propios? Justamente eso me pasa cuando leo algo que me encanta, soy capaz de abrazarme a las palabras, cerrar los ojos, y dejarme llevar.

    El chico de nombre precioso no era de mi agrado, lo sabes, y pensaba que era él de quién había estado enamorado Lucía, pero jamás se me había pasado por la mente pensar que él la hubiera matado. Como has dicho y ya dijiste, no se me pasaba este final por nada del mundo.

    Hoy más que nunca, GRACIAS por escribir y compartir esto que tanto te gusta hacer. Muchísimas gracias por permitirnos leerte.

    Que disfrutes este día tan especial para muchísimas personas, entres las que me incluyo y te incluyo, porque aunque sea a través del blog, y RRSS te conozco.

    Besos @Inma_06

    PD: esa parte de amistad con Jorge… suerte de poder tener amigos así =) y sé que es sentir eso que sintió ella. Al igual que os he imaginado a ti y a Diego “al verse, se fundieron en un abrazo eterno y en miles “qué ganas tenía de verte…”.”. Miles de besos.

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