Por amor al arte… (Parte I)

Hace días que una historia me viene rondando la mente, una historia que tenía muchas ganas de plasmar y compartirla con vosotros. Una historia que mi mente, que siempre va más allá de la realidad, ha creado para convertirla en relato. Tendríais que verme… Estoy muerta. He llegado de trabajar y mi cuerpo me pedía a gritos que me tumbase en el sofá, que descansase y me pusiese a leer un rato, pero hoy tenía que escribir. Necesitaba hacerlo.

Voy a aventurarme a hacer algo que no sé si saldrá bien… Os traigo un relato para que lo leáis despacito, como a mí me gusta… Pero sólo os traigo la primera parte. Todavía no sé si lo publicaré en dos partes, o en tres, porque os tengo que confesar que aunque ya sé el final, no he tenido tiempo real para poder terminarlo. Quiero leeros, quiero que me digáis cómo creéis que va a acabar la historia, qué creéis qué va a pasar… Hace unas horas he publicado en Twitter lo mucho que me gusta observar a la gente en el metro, lo mucho que me gusta ver lo diferentes que nos creemos y lo parecidos que realmente somos. Con nuestras preocupaciones, nuestras alegrías, nuestros sueños y nuestras realidades… Quiero saber si al final de verdad no somos tan distintos, quiero saber qué pensáis al leer esta historia y qué imagináis que pasará o qué os gustaría que pasase…. No sé si saldrá bien, no sé  si habrá quien lea esto y no lo encuentre interesante y por ello no lea lo que vendrá más adelante…. Pero me apetecía jugar, y hoy te lo quería contar. 

Poneos cómodos, porque empezamos….

POR AMOR AL ARTE

Estaba nerviosa, claro que lo estaba. Era la primera vez que él iba a ir a su casa, y eso para una chica siempre es algo importante. Todo tenía que estar perfecto, el aroma de la casa tenía que saber a paraíso, la cena preparada, buena música de fondo, la mejor ropa interior, las copas relucientes, las ganas gritando, el alma bailando.
Claro que se había enamorado. De hecho, se había enamorado de tantos chicos que ya no sabía cuál había sido el primero, los había ido olvidando, tachando de una lista que guardaba su mente y que sabía que a él no le hacía gracia que conservara. Sin ninguna duda, él era su gran amor, él que había llegado por casualidad y le estaba regalando los mejores meses de su vida… Él que tanto la quería y tanto la protegía…

Fue puntual, la verdad es que siempre lo era. A las nueve y media, como un clavo, un mensaje en el móvil para que le abriese la puerta. Apareció con su mejor sonrisa y en su mano unos pasteles que anunciaban ser lo más light del postre… Él… tan guapo, tan cariñoso, tan carismático, tan atento, él que tan bien olía…

-Bonita casa… ¿Suelen viajar mucho tus padres?

-La verdad es que no… Tenemos una casa en el norte y es al único sitio al que van, se escapan al menos un fin de semana al mes y eso les hace olvidar toda la rutina. Allí desconectan del mundo y sienten paz…

Se puso a mirar las fotos del salón y sabía que la pregunta estaba al caer. Aquella foto en la que ella estaba sola, riendo en la playa, con el cabello flotando abrazándole la cara, su sonrisa siempre intacta, la luz de sus ojos verdes, la piel tostada… Era preciosa. Siempre lo fue.

-¿Quién es esta chica?

-Lucía… Mi hermana.

-¡Vaya! Nunca me habías dicho que tenías una hermana…

-Murió hace cinco años…- Y aún se le encogía el alma.

-Pequeña… lo siento. No sabía nada, ¿por qué no me lo habías contado nunca?

Nunca hablaba del tema, el dolor era tan fuerte que era imposible sacar el tema. Ellas, tan distintas y tan iguales… Lucía, su hermana mayor, su primera amiga, su mayor confidente, su alma gemela… Lucía que enamoró a todos con su simpatía, con su ternura, tan delicada, tan alocada, tan frágil, tan serena, tan dulce, tan risueña, tan divertida, tan inteligente, tan educada… Lucía era la hermana que todos quieren tener, la amiga que todo el mundo desea, la hija perfecta, la alumna ejemplar, la novia ideal, la chica hecha de sueños que vivía llena de ilusión…

-¿Cómo fue? Era preciosa…

-Se suicidó.

Y claro… El silencio inundó su casa. Inundó su velada, su cena perfecta, su cita idealizada… Se deslizó hasta la cocina y él la siguió… La abrazó despacio, la acarició con ternura, sin decir nada la abrazaba a gritos, diciéndole que no pasaba nada, que él estaba ahí, para salvarla de todo…

Aquella noche fue perfecta. Tras la cena, pusieron música y se sirvieron unas copas… Decidieron hablar… Hablar durante horas, abrir sus almas y sus recuerdos, llegar a conocerse cómo no lo habían hecho nunca… Bebieron toda la noche, entre confesiones y lágrimas, entre risas y caricias, entre besos que acabaron en fuego en la cama… manos entre las piernas, fuerza en los cuerpos, locura… eso era su amor. Locura, locura que sentían el uno por el otro.

Le había conocido hacía cinco meses, casi por casualidad. María, su mejor amiga, llevaba días diciéndole que aquel chico no paraba de mirarla… Se conocieron en la biblioteca, entre apuntes y libros, en medio de una agotadora época de exámenes… Era verdad. Aunque no quisiera reconocerlo, ella también se había dado cuenta que aquel chico no dejaba de mirarla. Aquella tarde, María tuvo que llevar a su gata al veterinario y salió antes… Ya había anochecido y sabía que sus padres no soportaban que ella llegase tarde.

Lo que le pasó a su hermana les pilló a todos desprevenidos, nunca habrían imaginado que alguien como ella estuviese sufriendo por algo y que ninguno hubiese sido capaz de saberlo. Sentían la culpa de no poder haberla ayudado. Llevaba un tiempo rara, pero ella sabía que era porque estaba enamorada. Había conocido a un chico del cuál no hablaba. Nunca le había contado nada, a ella, que era su hermana pequeña, en quien siempre confiaba. Jamás le había dicho su nombre, nada. Pero le quería, le quería mucho. Desde que estaba con él estaba cambiada, más distante, más defensiva… Y mientras su madre se preocupaba, su padre siempre decía que la dejara, que era joven y eso eran cosas de la edad…. Aquella noche sonó el teléfono… Se había tirado por el puente… al río, sin decirles nada, sin dejar que le dijesen nada. Todavía recuerda el grito desgarrador que salió de la boca de su madre, recuerda como su padre se hizo pequeño en cuestión de segundos y como ella sintió que la vida se acababa. Jamás podrán superarlo, porque esas cosas no se superan, aunque escuchaba a sus padres decir que tenían que ser fuertes porque les quedaba ella, porque tenían que hacerlo por ella, pero ella sabía que sus padres habían muerto aquella noche, bajo aquel puente y las aguas de ese río… En ocasiones efímeras, llegó a odiar a su hermana, odiaba su egoísmo por haberles destrozado la vida, por haberles dejado sin ella, por haberse marchado cuando más felices eran, cuando todo estaba perfecto y no faltaba absolutamente nada… Luego, se arrepentía de esos pensamientosy lloraba durante días… Jamás podría culparla por aquello… Porque estaba segura que su mente le había jugado una mala pasada y si había sido capaz de hacerlo era porque había dejado de ser ella… La echaba mucho de menos. Su casa no volvería a ser la misma, su habitación, todavía intacta, parecía que seguía guardando su perfume y esa magia que la caracterizaba… Aquello era, sin duda, lo más doloroso que podía pasar en la vida.

Cerró los libros. Salió de la biblioteca antes de que fuese más tarde y mientras andaba, bajo el silencio de la noche y acompañada por la tristeza del frío del invierno, sintió como alguien caminaba justo detrás de su espalda… Paró en seco y sintió como una sonrisa, sin sentido, le iluminaba la cara. El chico de la biblioteca, tímido y con una media sonrisa dibujada en los labios, le preguntó por qué se reía… Y a ella le pareció tan divertido que le dijo que pensaba seguirle, pero ya que lo había hecho él, le parecía todo muy fácil.

-Historia del arte…- Dijo él mirando los libros que ella sostenía.

-Por amor al arte…- Dijo ella jugando a hacerse la interesante.

-¿Me dejarás invitarte a un café?

-Mañana a las cinco, en la puerta de la biblioteca.- Dijo tajante. Dio media vuelta y se fue andando tranquilamente mientras sentía como él, con esa tímida sonrisa, la perseguía con la mirada.

Era muy guapo. Era tan guapo que casi no se lo podía creer. Llamó a María y le contó lo sucedido, le pidió, con ese tono de voz cómplice que sólo ponen las amigas de verdad, que no fuese con ella al día siguiente a la biblioteca. Quería estar con él, y quería conocerle… “Estás loca”, le decía a carcajadas.

A las cinco la esperaba en la puerta. Con su pelo despeinado, su abrigo marrón y sus gafas de sol… Era el chico más guapo que había visto jamás. Dicen que sólo se puede creer en el amor a primera vista en el momento en el que te sucede… Lo suyo, aunque tardó varios días de miradas en dar sus frutos, estaba claro que había sido un flechazo, una locura, una historia de amor que todo el mundo desearía tener… Ángel parecía un regalo que alguien le había querido enviar. Con él olvidaba los problemas, las tristezas, y sentía los revuelos en el estomago que la hacían estar viva, llena de sueños, llena de ilusión, de ganas, de fuerza, de risas…

Aquella noche, en su casa, él le había contado cosas que sólo ella conocería… Cosas que se quedarían enterradas en los besos, la comprensión, las penas, las lágrimas, el amor y el alcohol… Le habló de su soledad, de lo solo que se sentía… Sus padre, empresario de éxito, a penas se daba cuenta que tenía un hijo. Todos sus caprichos y gastos materiales estaban solucionados. Absolutamente todos y de todo tipo, pero estaba solo. Solo frente a un mundo que le atemorizaba y ahora que la había encontrado a ella era feliz… Muy feliz.

Al poco tiempo de conocerla, le regaló un viaje a Roma, a ella que estudiaba historia del arte, por amor al arte, su estancia tendría lugar en una suite maravillosa donde todos sus deseos se harían realidad, dónde sólo existirían ellos y el mundo a sus pies… Sus padres, siempre creyeron que estaba con María en casa de unas amigas cerca de la playa pasando el fin de semana. Le dolía en el alma tener que mentirles, pero si hubiesen sabido la verdad no la habrían dejado irse… Ángel no quería que hablase de él a sus padres, temía las relaciones familiares y creía que serían más felices así… Ella, también prefirió ahorrarse las presentaciones oficiales, en su casa se respiraba un ambiente demasiado gris, totalmente justificado, que contagiaba la tristeza y la clavaba a puñales en el alma.

Sin querer hacerlo, era cierto que hacía demasiado tiempo que no pasaba una tarde con María, pero no le gustaba que ella se lo reprochase. A veces pensaba que su amiga sentía celos de verla tan feliz… Sentía ser así, pero el poco tiempo que tenía después de las clases quería pasarlo con él, deseaba estar a su lado, abrazarle, besarle, verle sonreír…

El sol bañaba los pies de la cama y el olor a jazmín entraba por la ventana, en aquella habitación se respiraba paz…. Se respiraba amor. Cuando él se despertó la encontró mirándole, con aquella sonrisa dulce que tenía, con el pelo enlazado bajo una suave trenza, con los ojos llenos de sueños y la vida en los labios… La besó, se besaron. Hicieron el amor con ternura, con una suavidad que pronto estallaba como un volcán en erupción… Sus cuerpos hechos uno, sus piernas cruzadas, él dentro de ella, ella cabalgando sobre él… Ellos, sólo ellos, convertidos en un solo ser.

-Tengo una sorpresa para ti, pequeña…

ventana

Disfrutad mucho todos aquellos que os vayáis de vacaciones por Semana Santa…

Buenas noches, amigos!!!!

Lorena.

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2 pensamientos en “Por amor al arte… (Parte I)

  1. Me he quedado totalmente enganchada a la historia, es difícil comentar lo que siento, es algo así como un cúmulo de sentimientos muy comprensibles tanto la ira que se puede sentir tras lo ocurrido a la hermana como la búsqueda incesante de sentirse querida y evadirse del “punto negro” que es su casa.
    Hay algo que me produce una sensación encontrada que es la relación de pareja que mantienen, por una parte creo que ambos buscan no estar solos pero el que ella aleje todo lo que tenía antes de conocerlo no me termina de convencer, pueden ser sensaciones mías pero es como si algo estuviera ocultando
    Para terminar mi comentario más largo de lo común volver a reiterar que me encanta el relato y esperaré con muchas ganas y paciencia la segunda o tercera parte de lo que nos quieras seguir contando.
    Alejandra

  2. Pingback: Gracias Gabo… | Lo que te quería contar...

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