Victor Elías: “Siempre arriesgo todo”

Tras unos días muy grises, por fin sale de nuevo el sol… El invierno acabó como primavera y la primavera ha llegado en forma de invierno. El frío vuelve a las calles de Madrid y hoy os traigo un nuevo post en forma de entrevista.

Os hablaba hace muy poco de Cosas de Tríos, la obra de teatro que está ahora mismo en la Sala Nada de Madrid, y no he querido perderme lo que piensa sobre ella y qué proyectos tiene uno de sus protagonistas. Hoy, te lo quería contar.

Victor Elías nace el 3 de marzo de 1991 en Madrid. Con sólo cuatro años empieza a trabajar en varias obras de teatro como La vida breve, El cerco de Numancia o Mariana Pineda, pero no es hasta el año 1999 cuando aparece por primera vez en televisión en Ellas son así. Sin ninguna duda, interpretar el papel de Guille, uno de los personajes de la conocida serie de Telecinco Los Serrano, marca un antes y un después en su vida y en su carrera profesional.

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Victor no ha dejado de trabajar, su escuela en la interpretación ha sido su trabajo y los papeles que ha desarrollado en su vida, pero más allá del teatro y la televisión hay algo que sin duda, hoy por hoy, protagoniza su vida: la música. Le conozco desde hace tiempo y creo que cada persona que ha coincidido con él estará de acuerdo en que su simpatía y su sonrisa siempre dispuesta le hacen especial. Victor lleva toda su vida trabajando en lo que más le gusta y sabéis que para mí, eso sólo puede dar felicidad. Los que no le conocéis, espero que os acerquéis un poco más a él a través de esta entrevista.

Nos encontramos en una terraza del centro de Madrid, y entre café y risas pasamos un rato lleno de anécdotas que Victor quiso compartir con nosotros y que tú no te puedes perder.

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LO QUE TE QUERÍA CONTAR: Buenos días Victor, bienvenido a Lo que te quería contar. Un placer tenerte aquí.

Víctor Elías: El placer es mío, muchas gracias a ti.

LQTQC: Vamos a empezar por el principio de todo. Con sólo cuatro años empiezas a trabajar en el mundo de la interpretación… ¿Qué recuerdas de todo aquello?

V.E: Recuerdo que me lo pasaba muy bien, para mi era como un juego. La primera vez que hice teatro era en vacaciones de verano, fue como “mi campamento de verano”.

LQTQC: ¿A esa edad un niño puede tener claro lo que quiere hacer, o podemos decir que se te impuso y resultó ser algo que te gustaba?

V.E: Es verdad que me llegó porque mi madre es actriz y fue algo que viví siempre de cerca. No llegó un día en el que dije “quiero ser actor”, pero evidentemente me gustaba y mis padres siempre han intentado que lo hiciese de una forma muy paulatina, respetando el colegio y mis estudios… Para mí era un juego y  me encantaba.

LQTQC: Sin ninguna duda, un momento crucial en tu vida personal y profesional fue ser uno de los protagonistas de Los Serrano. ¿Qué cambió a partir de ahí?

V.E: Pues no sé, muchas cosas… el salto a la fama, estar cinco años seguidos en un trabajo… Yo siempre digo que esa fue mi carrera, los cinco años de mi universidad, te cambia la percepción de las cosas y sobre todo aprendí mucho.

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LQTQC: En ningún momento has estudiado interpretación… Podemos decir que la práctica ha sido tu escuela.

V.E: Sin ninguna duda. En el trabajo es donde yo me he formado y he aprendido esta profesión.

LQTQC: Cine, teatro, televisión… Y más allá de la interpretación, tu vida está volcada a la música. ¿Cómo es tu vida como músico y qué proyectos tienes ahora mismo?

V.E: Si… Mi vida como músico es normal, toco el piano y ahora mismo estoy viviendo más de la música que de la interpretación. Soy un músico mercenario, es decir, me voy con quien me llame. No tengo ningun proyecto en concreto, podemos decir que tengo muchos.

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LQTQC: Si tuvieses que elegir… ¿Música o interpretación?

V.E: Siempre digo que no soy capaz de elegir, porque para mí las dos representan lo mismo: subir a un escenario y transmitir unos sentimientos. Es verdad que quizás la música tiene un punto en el que tienes más libertad, te permite jugar un poco más que el teatro y esa libertad me gusta, pero, sinceramente, no podría elegir.

LQTQC: ¿Qué es lo único que no arriesgarías jamás por tu profesión, bien sea la de músico o la de actor?

V.E: No sé… Creo que arriesgaría todo, siempre arriesgo todo.

LQTQC: Ahora mismo te podemos ver en el teatro con Cosas de tríos. ¿Contento con los resultados? ¿Qué nos puedes avanzar de la segunda parte?

V.E: La verdad que estoy muy contento… Tanto con mis compañeros como con el público. El público está respondiendo muy bien y a todo el mundo se le hace muy corto… Así que estoy muy feliz. Y de la segunda parte no puedo avanzarte mucho (risas) porque me acaba de llegar el guión. Puedo decirte que mi personaje en vez de estar con el personaje que interpreta Luisber, va a estar al lado del personaje de Alex.

LQTQC: ¿Por qué la gente tiene que ir a ver la obra?

V.E: Porque se lo van a pasar muy bien y se van a reír mucho… Creo que es una obra con un lenguaje muy televisivo y hace que el espectador esté muy a gusto. Es una obra cortita y muy divertida.

LQTQC: Vais a estar ahora de gira. Acabáis de estar hace una semana en Murcia… ¿Podemos anunciar ya más ciudades o todavía no está cerrado?

V.E: Nos han comentado un par de cosas… se baraja Gandia, Vigo… Estaremos en varias ciudades, pero la gira todavía no está cerrada.

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LQTQC: Eres una persona muy conocida en nuestro país, e incluso han habido momentos de tu vida en los que eras un personaje público muy reclamado por los medios de comunicación, como fue la época en la que rodabas la serie de la que hemos hablado antes… ¿Cómo afecta esto a nivel personal? ¿La fama asusta?

V.E: Hay momentos para todo. Hay momentos en los que la fama gusta mucho y se agradece, pero también hay momentos duros, como por ejemplo cuando sólo tenía 14 o 15 años y no podía ir con mis amigos a cualquier sitio, o no podía hacer algo tan simple como subir en metro… Pero todo lo que te aporta bueno supera siempre a todo lo malo, sin duda. El problema que tenemos en este país, para mí, es que la fama tiene un sentido como que “todo el mundo es famoso”. Me duele que la gente me diga “eres famoso”, porque no soy famoso, soy actor. Creo que es la única putada de este país y la presión mediática, porque esto no sucede en otros países.

LQTQC: ¿Cómo imaginas tu vida dentro de diez años?

V.E: Pues la verdad que siempre digo que quiero tener una casa en Miami, así que supongo y espero que dentro de diez años la tendré… Me gustaría vivir en Estados Unidos y espero seguir tanto en la música como en la interpretación.

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LQTQC: Cuando acabe Cosas de Tríos, ¿hay ya algún proyecto pendiente?

V.E: Hay varios proyectos, pero todavía nada cerrado. Así que de momento aún no puedo decir nada.

LQTQC: Para ir terminando, ¿Eres feliz, Victor?

V.E: Mucho, soy muy, muy feliz.

LQTQC: Muchísimas gracias por haber estado en Lo Que Te Quería Contar, por haber compartido con nosotros tus sueños, tu trabajo y tu tiempo. 

V.E: Mil gracias a ti.

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Fotografía de la entrevista: Miriam Agudo de Blas

Feliz miércoles, amigos!!!

Lorena.

 

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Cosas de Tríos.

Me gusta el teatro, la verdad es me gusta mucho. Me gusta poder disfrutar de la interpretación, así, tan de cerca, tan de verdad. Me gusta ver a los actores, acercándote a la historia hasta conseguir que te adentres en ella, me gusta escuchar las risas de los espectadores, me gusta ver los aplausos y las caras llenas de satisfacción de los protagonistas al recibirlos.

La Sala Nada es un espacio teatral alternativo que se sitúa en la calle Santa Ana, número 6, en pleno corazón de La Latina. Hace poco más de una semana, mis amigas de Valencia venían a pasar el fin de semana a Madrid, y aprovechando que unos amigos están haciendo una obra de teatro, no pude encontrar mejor plan para ofrecerles a ellas. La Sala Nada es un espacio más bien pequeño que casi podría pasar desapercibido en la calle, pero como las mejores cosas, el encanto está totalmente en el interior. Qué sitio tan bonito… Alternativo, moderno, diferente. No sabría decir si es un lugar muy propio de Madrid o si parece que lo hayan cogido de Barcelona para traerlo aquí, o si quizás es un poco de aquí y de allí y quizás por eso resulta tan especial. Cuando entramos, mis amigas y yo nos miramos, y con esa complicidad en las miradas que sólo tienes con tus amigas, sabíamos que todas pensábamos lo mismo: ¡Nos encantaba el lugar!

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Como venía siendo costumbre en la Grecia clásica, Cosas de tríos, se nos presenta en un formato de varias obras con el mismo hilo argumental. En este caso, el total de tres obras que se estrenarán en distintos espacios temporales (marzo, abril y mayo) será la historia final y completa.

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Jaime, (Alex Casademunt) es un joven actor que no asimila su fracaso profesional y está convencido de que el papel de su vida está al caer, es más, sigue alimentando su ilusión gracias a un trabajo que tuvo hace ya demasiados años. Mónica (Clara Climent), su chica, acaba de recibir una oferta de trabajo desde Chile y sabe que no puede dejar escapar esta oportunidad… Su ilusión, por su puesto, es que su novio la acompañe en esta nueva aventura. Él, por su lado, está preparando el casting para un nuevo trabajo y cree que no es el momento idóneo para marcharse tan lejos, tan lejos de su casa y sus oportunidades. La diferencia de opiniones, como siempre, acaba en tomar una decisión que cambiará la historia de esta pareja.

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Luismi (Luisber Santiago) y Tomás (Víctor Elías) son los mejores amigos de Jaime. Son unos personajes en toda regla, peculiares y con unas personalidades bastante curiosas. Su objetivo: ligar, y cuanto más mejor. Tomás no entiende porque Luismi tiene tanto éxito entre las mujeres y tiene un plan que hasta el momento no sabemos si es por venganza o cuál es su finalidad. Preocupados por la situación de su amigo con Mónica, deciden actuar e intentar ayudarles y, claro, la idea que ellos plantean os aseguro que no es la mejor solución. Lo que han planeado parece que cobra forma y sigue hacia adelante, pero lo que pasará no lo sabremos hasta que empiece la segunda parte de esta historia.

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Cosas de Tríos es una obra que dura 40 minutos y al espectador, sin duda, se le hacen cortos y eso es maravilloso. Desde el minuto cero las risas están aseguradas, es una historia fresca, divertida, cercana y con una interpretación maravillosa que a mí, personalmente, me sorprendió muy gratamente.

Cosas de Tríos os espera los viernes, los sábados y los domingos en la Sala Nada de Madrid, y yo os la recomiendo cien por cien. Es una obra hecha con ilusión y trabajo, y eso siempre se nota a la hora de ver los resultados. Cosas tan curiosas como las dos voces que es capaz de poner Luismi o que el politono de Jaime sea “Mi música es tu voz” (la que fue la BSO de la primera edición de Operación Triunfo, de la que él fue participante) os harán reír, sin dudarlo.

En Madrid hay muchos espacios teatrales, hay muchísima gente que se dedica a la interpretación y muchísimos jóvenes (y no tan jóvenes) que viven de su sueño y su esfuerzo por hacer que el teatro sea su forma de vida. Seguramente es por eso por lo que tanto me gustan las salas pequeñas, las obras como ésta. Los actores de Cosas de Tríos son personas conocidas en el mundo de la televisión, pero aún así las cosas no son fáciles para nadie. Vivimos en una situación donde no hace falta que os recuerde que la cultura se está convirtiendo en un lujo a los que muchas personas no pueden acceder, y esto no son caprichos. Todos deberíamos tener la oportunidad de disfrutar de ella, así como todos los que la ofrecen deberían poder hacer de ésta su forma de vida. Necesitamos consumir cultura, y os aseguro que el teatro es una de las cosas más mágicas y maravillosas de las que jamás uno se puede arrepentir de disfrutar. Las entradas para esta obra cuestan solamente diez euros (cinco si eres estudiante), así que si estáis en Madrid o tenéis pensado venir a pasar unos días, no olvidéis que más allá de Gran Vía, los grandes teatros y los musicales más conocidos, hay muchos rincones de esta ciudad que cuentan con un encanto y unos profesionales maravillosos. A los que estáis fuera no os preocupéis, porque Cosas de Tríos también se va de gira… Podéis seguir informados a través de sus cuentas personales en Twitter o siguiendo en esta misma red social y en Facebook a la Sala Nada.

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Victor, Luisber, Alex y Clara… ¡Enhorabuena y mucho éxito!

Feliz martes, amigos.

Lorena.

Hoy me cruje el alma…

Hoy el día comenzaba triste, el 11 de marzo será un día triste para siempre en la memoria de nuestro país. Como bien os contaba esta mañana en mi página de Facebook, hoy iba en el metro y observaba a las personas. Observar a las personas en silencio es curioso, en el metro todo el mundo viaja solo y de vez en cuando observo y me pregunto, me imagino cómo serán sus vidas, me pregunto si serán felices o no. Es asombroso poder ver en la cara de un extraño su estado de ánimo, o quizás sólo el estado que aparenta tener, porque al final resulta que las apariencias son eso, apariencias.

Por las mañanas la gente va en silencio, cabizbaja, tienen sueño y sabes que la mayoría han madrugado por obligación, van a trabajar, van a clase, o quizás al médico… Casi todos van pegados al móvil, algunos sujetan libros y los leen, otros duermen. Algunos sonríen, otros visten mala cara desde bien temprano. Hoy observaba a la gente en el metro, mientras leía lo que la gente escribía en Twitter… Todos amanecíamos haciendo mención al 11 de marzo, a aquel 11M del que ya han pasado diez años. He levantado la cabeza y he vuelto a observar,  por un segundo he querido imaginar aquella mañana, a aquellas personas que madrugaban para ir a estudiar o para ir a trabajar, me he observado dentro de ese metro y he sabido que yo podría haber estado allí, como podrías haber estado tu, como podríamos haber estado todos. Y es que al final, de un modo u otro, todos estuvimos.

Hace diez años, en Madrid se vivió el mayor atentado terrorista de la historia de España. 192 muertos, 1.858 heridos… 2.050 familias destrozadas, amigos sin consuelo… Un país entero con el corazón roto, y el alma gritando de rabia. Hace diez años la violencia estuvo por encima de los ciudadanos, de las personas, de los que allí estaban y los que no… La irracionalidad se cargó de fuerza y el dolor penetró en nuestras vidas. Diez años después todos seguimos levantando la voz, haciendo ruido sobre esa impotencia que aún sentimos, diez años después seguimos deseando que aquello no fuese real, queriendo que no hubiesen motivos para estar recordando, para que haya imágenes, canciones o frases de ánimo sobre una tragedia que nos dejó rotos, sin aliento y sin palabras.

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He observado a la gente y por un segundo he querido imaginar aquella mañana, pero no he sido capaz de imaginar el dolor de las víctimas, de sus padres, de sus hermanos, de sus hijos, de sus abuelos, de sus parejas, de sus primos, de sus tíos, de sus vecinos, de sus compañeros, de sus profesores, de sus amigos… Y he querido gritar de rabia. ¿Qué derecho creen tener aquellos que arrancan vidas?

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La mañana ha pasado con calma, Madrid está llena de sol y las calles, aún con frío, invitan a la primavera, la gente sonríe, a pesar de los recuerdos y la rabia, parecía un día bueno…

Cuando he salido de trabajar he visto varias notificaciones en Twitter y no daba crédito a lo que leía. Parece que el 11 de marzo está condenado al dolor y las malas noticias.

Que la televisión apueste por la música siempre me va a parecer bien. Me gustan los programas dónde se valora la ilusión y el talento de las personas. La Voz ha sido uno de los programas de televisión de mayor éxito y audiencia de los últimos años, y su versión para niños era más que deseada. Desde que empezó La Voz Kids hace sólo unas semanas, he estado cada jueves pegada a la pantalla y mi Twitter es testigo de cómo me he emocionado en cada una de las galas… Los niños tienen esa inocencia que a los adultos nos falta, y algunos niños tienen ese arte que algunos adultos no tendremos nunca. En ese programa se ha visto un derroche de talento increíble, unas voces maravillosas y sobre todo se ha visto mucha ilusión, sonrisas sinceras y esfuerzos por demostrar que los sueños se pueden hacer realidad. Iraila nos enamoró con su incontrolable emoción cuando se puso a llorar al descubrir que los tres coaches (Rosario, Malú y David Bisbal) se habían dado la vuelta al escuchar su voz, deseando tenerla en su equipo y poder trabajar con ella. Iraila demostraba ternura y desparpajo, y emocionada y fuerte, llena de vida, nos deleitó con una voz enorme en un cuerpo pequeñito interpretando a la perfección el Diamonds de Rihanna.

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Iraila todavía no ha aparecido en las batallas de La Voz Kids, grabadas ya desde hace tiempo, y lamentablemente no podrá ver su actuación. El cáncer, con el que llevaba luchando desde hacía cuatro años, le ha vencido la batalla. Una batalla injusta, una batalla que no debería atreverse a luchar contra las personas y mucho menos contra los niños.

No se por qué, llevo todo el día pensando en Iraila, pensando lo injusta que es la vida, lo rápido que un día todo cambia, todo desaparece y todo acaba. He leído en varios artículos que sus padres han pedido que cualquier persona que quiera aportar flores o similar, lo hagan en forma de donativo a Aspanion, la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de la Comunidad Valenciana. Se me ha encogido el pecho al leer su comunicado y que desde su inconsolable dolor pidan que la gente ayude cuando quienes deben ayudar, amigos míos, son los que nos representan y gobiernan, pero por segundos se me había olvidado que son los mismos que nos han recortado la sanidad.

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Llevo todo el día pensando en Iraila y en niños enfermos de cáncer o cualquier otra enfermedad. LLevo todo el día pensando lo jodida e insoportable que se pone a veces la vida y la impotencia que me da. Llevo todo el día pensando el dolor de unas familias que no conozco y en un dolor que no soy capaz de imaginar. Iraila es la imagen de muchos niños que pierden esta injusta batalla, de muchos más que luchan contra una enfermedad que ha llegado sin preguntar, muchos niños que sólo saben luchar con su arma más poderosa: la sonrisa.

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Iraila, donde estés, canta bien fuerte, por todos los que hoy te echan de menos sin conocerte, y sobre todo canta por quienes te han querido y te han acompañado siempre…

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Hoy me cruje el alma, amigos míos. Buenas noches,

Lorena.

Agárrate que viene Curvos.

Juan Luis Aceytuno y Manuel Notario son dos jóvenes madrileños cargados de sueños, talento e ilusión y ya sabéis que a mí me gusta apostar por la gente que hace las cosas de este modo, me gusta apostar por los valientes que se atreven a hacer realidad sus sueños, sobre todo en una época en la que nos están recortando incluso la vida.
Amigos desde hace muchos años, han decidido embarcarse en un proyecto audiovisual que estoy segura será el inicio de un largo camino. Sin duda, tienen todos los ingredientes necesarios para que el trabajo sea recompensado. Ilusión, esfuerzo y ganas, muchas ganas.
Conocí a Juan Luis hace unos años por una de esas casualidades que a veces plantean las redes sociales. Cuando hace unas semanas supe de la existencia de este proyecto, no dudé que tenía que ponerme en contacto con ellos, que me contasen todo sobre este corto y hoy te lo quería contar.
Curvos es un cortometraje que no alcanza ni los cuatro minutos, pero estoy segura que os va a encantar. En tres minutos y poco eres capaz de recibir plenamente el mensaje que intentan transmitir, y lo que es más importante, pasados esos tres minutos y medio te quedarás otros cuantos preguntándote cómo estamos haciendo las cosas y por qué las estamos haciendo así.
Nochebuena de 1979, un mundo al revés. Dos padres (Alonso Posadas y Raúl Sáez), de ideología muy conservadora, están cenando con su hijo (Victor Palmero) mientras critican a todos esos jóvenes que tienen la poca vergüenza de decir que son heterosexuales. ¿Qué pasará cuándo su hijo les diga que se ha enamorado de una mujer?
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Curvos es uno de los trabajos presentados al Festival de Cortos en Internet Notodofilmfest.com. Guión y dirección originales, impecables y la interpretación de los actores inmejorable. Cuando vi el resultado era mucho mejor de lo que había imaginado.
Este cortometraje es una muestra de lo estúpidos que resultamos a veces los seres humanos, la libertad que nos tomamos a la hora de criticar y juzgar a los demás por ser diferentes a nosotros, lo poco que nos preocupamos sólo por ser felices nosotros mismos y la absurda necesidad que tenemos de meternos en las vidas de los demás.
Podéis ver CURVOS pinchando directamente aquí. Podéis seguirles también en Facebook (Facebook.com/somoscurvos) y  Twitter (@curvos).
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Nos reunimos en una terraza en el corazón del centro de Madrid y creo que no te puedes perder la entrevista que me concedieron los directores de este maravilloso cortometraje.
Ahora sí, Agárrate que viene Curvos…
Lo que te quería contar. Juan Luis y Manuel, bienvenidos a Lo Que te Quería Contar. Muchas gracias por estar aquí
Juan Luis, Manuel: Gracias a ti.
LQTQC. Vamos a empezar por el principio de todo. ¿Dónde y cuándo nace CURVOS?
Juan Luis: Curvos nace de una necesidad por parte de ambos de hacer cosas juntos, sobretodo trabajos audiovisuales, porque ambos estamos enamorados de esto y un día dijimos vamos a hacer algo. Le comenté la idea que tenía a Manuel. Juntos la empezamos a desarrollar. Era una idea que trataba de demostrar lo hipócritas que somos a veces los seres humanos, nos guíamos mucho por lo que dice el de al lado, por todo lo que nos han enseñado desde que somos pequeños, y es un poco burla. Lo empezamos a trabajar, primero era una versión de unos diez minutos. Finalmente la idea se nos queda en tres minutos y algo que es la duración ideal para poder participar en el festival.
LQTQC. ¿La idea se crea para participar en el festival, o CURVOS nace antes?
Manuel: La idea en general ya estaba. Si es verdad que el festival nos hizo ponernos las pilas para llevarla adelante.
Juan Luis: Lo importante es que teníamos una idea, y finalmente al quitarle todo ese tiempo que nos sobraba se quedó perfecta para poder participar en el festival. Primero fue el guión y luego el festival, sin duda. De hecho, creo que escribir algo para un festival ya te pone unos parámetros que ya te anulan un poco. Creo que lo mejor es escribir y ver qué ha salido o para qué te ha salido.
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LQTQC. Habéis hablado ya de las ganas que teníais ambos por trabajar juntos. ¿A la hora de elegir el tema y desarrollar la idea os ha sido fácil o quizás la confianza os ha hecho tener más diferencias?
Manuel: Ha sido muy fácil, porque somos amigos desde hace mucho tiempo y teníamos clara la forma de trabajar. Es el segundo proyecto que hacemos, el primero sigue en postproducción y siempre hemos tenido muy clara la forma de trabajar juntos.
Juan Luis: A mí me gusta mucho su forma de trabajar. Yo soy una persona que me agobio más facilmente y él pone mucha cabeza en esto. A raíz del primer proyecto nos dimos cuenta de qué no teníamos que hacer, qué no teníamos que repetir y esto es un proceso de aprendizaje. Y en este cortometraje la coordinación que hemos tenido entre nosotros ha sido perfecta.
LQTQC. Raúl Sáez, Alonso Posadas y Victor Palmero son los protagonistas de este cortometraje. ¿Cómo fue el proceso de selección de los actores?
Juan Luis: Gracioso. A Alonso Posadas ya lo conocíamos de antes porque estuvo en el anterior corto que hicimos y la verdad es que es encantador, muy sensible, es muy profesional. Viene con el texto aprendido y además él hace su propio esquema del personaje, aunque le demos el nuestro, él se trae cosas diferentes, un análisis psicológico del personaje increíble. A Victor Palmero le visualicé en el momento que escribí el guión, le conocíamos por la serie “Con el culo al aire” (Antena 3), pero personalmente no le conocíamos, así que contactamos con él, le enviamos el guión y le gustó. Es encantador.
Manuel: Hemos tenido mucha suerte, hemos encontrado a los actores que queríamos, a ellos les ha gustado el proyecto y ha sido todo muy fácil. A Raúl le conocimos a través de una actriz que estuvo con nosotros en el anterior trabajo que hicimos y teníamos muy buenas referencias, además encajaba perfectamente en el papel.
Juan Luis: Además, el papel de Raúl creo que es el más difícil. Él es el padre conservador, el padre franquista…Era difícil elegir al actor que encarnase este personaje, pero Raúl lo ha hecho perfectamente. Ahora creo que no se nos ocurriría nadie que lo hubiese hecho mejor que él.
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LQTQC. Curvos trata un tema tan debatido por algunos sectores como es la homosexualidad, pero en un mundo al revés. ¿Cuál es el mensaje que se intenta transmitir al público?
Juan Luis: El mensaje principal es ridiculizarnos. Reírnos de nosotros mismos, preguntarnos por qué somos así. Preguntarnos por qué todo es así. Todo surge de una serie de preguntas que un día me hice, ¿por qué las cosas son así y no son de otra manera? Y al final te das cuenta que si somos tal como somos ahora es porque la historia se ha dado así. Lo que plantea el corto es ¿qué hubiese pasado si las cosas hubiesen sido diferentes? Y lo que hubiese pasado sería lo mismo que pasa ahora, pero al contrario. Seríamos igual. En un mundo homosexual, el conservador sería conservador y defendería la homosexualidad. En ningún momento hemos querido criticar ni ridiculizar a la iglesia ni a sus creencias, sólo queríamos demostrar un mundo diferente.
LQTQC. Curvos se ambienta en Madrid de 1979. ¿Os ha sido difícil desarrollar la historia en este contexto?
Manuel: Ha sido curioso. Ha sido muy gracioso, la verdad.
Juan Luis: Ha sido complicado, porque además es la Navidad de 1979. Como anécdota te podemos contar que el espumillón que se pone en el árbol de navidad antes era fino, y ahora es grueso y eso ya te desvincula del año 79. La vajilla donde comen tenía que ser una vajilla color caramelo, tuvimos que irnos hasta un pueblo de la sierra de Madrid, rescatamos cosas de un familiar mío que murió en el año 70 y su casa sigue intacta. El vestuario también ha sido muy importante y para ello encontramos una tienda en Lavapiés (Pepita is dead), que son quienes alquilaban la ropa a las primeras temporadas de Cuéntame, y ahí pudimos alquilar la ropa para este corto nosotros también.
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LQTQC. ¿Por qué 1979 y no 2014?
Juan Luis: Pues por una sencilla razón. En la sociedad actual, el niño que le dice a su padre que es homosexual y el padre le dice que no le acepta, él se levanta de la mesa y se va. Duele, pero sigues con tu vida. En la España de 1979 se tenía muchísimo respeto a la figura paterna, y lo que tu padre decía, se hacía. Además, en el año 79 se estaba gestando un periodo de libertad, estaba a punto de estallar la movida madrileña y la gente empezaba a tener libertad de expresión.
LQTQC. Ya habéis hablado que es el segundo proyecto en el que os embarcáis juntos. ¿El anterior también estaba dirigido por vosotros?
Manuel: Sí, también fuimos los directores. Pero era un trabajo para la universidad, entonces estaba muy condicionado. Aunque tuviese unos parámetros muy generales, tenías que respetar ciertos puntos, como por ejemplo qué tipo de personajes debían aparecer.
Juan Luis: Trabajar con unas condiciones así, hace que todo sea distinto, porque cuando escribo algo, tiene que ser algo que nazca de mí. Fue complicado, pero bueno, aprendimos mucho de ese corto. Curvos es una idea muy personal, una critica que yo consideraba necesaria, una comedia que realmente te está hablando de un drama. Un chico que les dice a sus padres que es heterosexual y que sus padres no le acepten es un absoluto drama.  Sin duda, la libertad de crear la historia con total libertad ha sido lo mejor de esta experiencia.
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LQTQC. ¿Por qué la gente tiene que ver CURVOS?
Manuel: Es difícil esta pregunta (Risas). Curvos es un corto de tres minutos y medio, y la gente tiene que verlo para reírse, reflexionar y no quedarse indiferente.
Juan Luis: Porque la gente debe dejar de mirar al de al lado y hablar de lo que hace, tenemos que ser capaces de hacer criticas sobre nosotros mismos y preocuparnos por lo qué hacemos nosotros y nos hace felices a nosotros. Tienes que ver CURVOS porque tenemos que darnos cuenta que la vida está para reírse, disfrutarla y para hacer lo que nos dé la gana sin molestar al de al lado, porque a veces, cuando juzgas al de al lado, puede que ese de al lado esté sufriendo mucho… entonces, ya basta, no? Tenemos que ayudarnos entre nosotros y parece que nos matamos los unos a los otros. ¿Cómo vamos a querer cambiar las cosas si no nos unimos, si no somos sinceros entre nosotros y nos cuidamos?
LQTQC. El cortometraje ha sido en muchas ocasiones el inicio de grandes directores. ¿Os imagináis dirigiendo una película?
Manuel: Es nuestro sueño. Esto es el inicio, pero a mí, sin duda es lo que más me gustaría. Incluso teatro, me apetece mucho hacer teatro y nos gustaría mucho hacer una obra de microteatro.
Juan Luis: Un largometraje es un sueño, pero la verdad que en el cortometraje estamos muy a gusto. Que hagas un cortometraje no quiere decir que vayas a dirigir tarde o temprano una película, nuestro sueño lo es, sin duda, pero conozco a muchos directores que sólo hacen cortometrajes y son increíbles y no quieren hacer largometrajes.
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LQTQC. Nos encontramos en un momento social y económico muy complicado, dónde la cultura se está viendo muy afectada. Parece que no existen las oportunidades pero sin embargo hay quienes creen que es el momento de los emprendedores. ¿Creéis que es un buen momento para arriesgar y apostar por algo tan difícil como es el género cinematográfico?
Manuel: Sí, pero porque creo el arriesgar y perseguir lo que uno quiere debería pasar siempre. Están las cosas muy difíciles, pero hay que sacar ingenio y sacar las cosas como puedas pero nunca dejar de luchar por conseguirlo. Hay que apostar por lo que uno realmente quiere.
Juan Luis: A mí el concepto “emprendedores” no me gusta nada. Creo todos emprendemos cada día al levantarnos e irnos a trabajar, estamos emprendiendo una acción. Creo que se ha creado una burbuja de los emprendedores, relacionada en el mundo empresarial, he estado dentro de ella y no me ha gustado. Yo, por ejemplo, he tenido un cambio muy drástico en mi vida, he dejado mi carrera de químicas por esto. No tenía expectativas de futuro de trabajar de químico, estaba condenado a ser infeliz, he tomado una decisión muy difícil, pero es que hay que luchar por lo que a uno le gusta. Puede salir bien o salir mal, pero hay que arriesgar. Sería muy fácil trabajar de químico en una empresa privada, pero es que no quiero. Prefiero ganar lo justo para vivir haciendo lo que me gusta que ganar seis mil euros al mes haciendo algo que no me gusta. Es cuestión de felicidad.
LQTQC. ¿Se pueden cumplir sueños con poco dinero?
Juan Luis: Se pueden cumplir sueños con mucha ilusión, lógicamente hay una parte económica importante, pero se puede.
LQTQC. Si ganaseis el concurso, ¿en qué invertiríais el dinero?
Manuel: Lo invertiríamos en el próximo corto o en futuros proyectos, sin ninguna duda.
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LQTQC. ¿Creéis que el cortometraje es un formato suficientemente apoyado y reconocido en este país?
Juan Luis: Creo que no. No está reconocida, sobre todo, la gente que está detrás de un cortometraje, tanto equipo técnico, como directores… Está reconocido porque existe, claro. Por ejemplo, en los Goya de este año, entregaron los premios a corto de ficción, corto documental y corto de animación en tres minutos seguidos. Se acabó. No me meto con este hecho, me meto con el hecho de que se vea como algo tan pequeño. Un corto es un proyecto que lleva meses de preparación y creo que a veces no se reconoce el esfuerzo que hay que hacer para realizarlo. Hay muchos festivales de cortos, pero aún así creo que deberían subir un peldaño más en el escalón de la importancia.
Manuel: Hay cortos que están muy reconocidos, claro. Este año, por ejemplo, va un corto español a los Óscar.
LQTQC.¿Para cuándo el siguiente proyecto?
Manuel: Nos vamos a poner ya en la siguiente idea.
Juan Luis: De hecho, ya tenemos varios cortos escritos.
LQTQC. Ya hemos hablado de la importancia que tiene el que uno luche por lo que realmente quiere, pero ¿qué mensaje le mandaríais a toda esa gente que quiere pero no se atreve?
Juan Luis: Bueno, nosotros estamos empezando… pero sin duda, si quieren hacer algo, que lo hagan.
Manuel: No puedes estar el resto de tu vida sin hacer lo que te gusta, aunque sea difícil yo diría que todo el mundo luche por lo que realmente quiere.
LQTQC. Muchísimas gracias por haber compartido parte de vuestro tiempo y vuestras ilusiones conmigo. Ojalá nos volvamos a ver pronto, con nuevos proyectos y nuevas historias, ya sabéis que en Lo Que Te Quería Contar lo vamos a contar siempre.
Juan Luis, Manuel: Muchísimas gracias a ti. Nos veremos pronto.
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Fotografía: Miriam Agudo de Blas.
Feliz lunes, amigos.
Lorena.

El ser humano es un animal racional, o eso dicen.

Necesité desconectar y no sabéis lo bien que me ha venido… Tener unos días de vacaciones y tomarte los días totalmente para ti y los tuyos es un verdadero placer. Quienes me conocen saben que soy una persona que prácticamente no se separa del teléfono y os aseguro que en estas casi dos semanas que he estado fuera lo he mirado muy poco, y entonces me he dado cuenta que existe más tiempo en el día del que creo, o mejor dicho, el tiempo que hay se puede aprovechar mucho más y mucho mejor de lo que hago y seguramente hacemos. Es curioso, porque todos sabemos que nos hemos convertido en seres totalmente dependientes de la tecnología, y no sé hasta qué punto nos hemos vuelto un poco tontos (muy tontos) con todo esto.

Hace unos días, o quizás unas semanas (no lo sé), el servicio de whatsapp dejó de funcionar unas horas y la gente se volvió loca. ¿Dónde están nuestros límites? Parece que estamos con el móvil y no perdemos nada de nuestro tiempo, porque lo usamos cuando vamos en el metro, mientras andamos por la calle, cuando ya nos tumbamos en el sofá para relajarnos o incluso en la cama antes de dormir… Pero es que también lo usamos cuando estamos en una mesa, tomando algo con unos amigos, o cenando con gente a la que queremos… Y yo, que me considero una de esas personas que lleva a cabo todo esto, soy consciente de que es un verdadero horror.

No decidí mirar el móvil menos de lo habitual, simplemente surgió así… Estos días han sido dedicados para mí, para respirar paz, para reencontrarme con gente a la que no suelo ver, con gente a la que hacía demasiado tiempo que no veía, para conocer nuevas personas y para pasear tranquila por las calles que me han visto crecer… Sonriendo a los de siempre y siendo consciente de que muchos ya no nos reconocemos. Hace demasiados años que me fui de allí.

Cuando vives en un pueblo eres consciente de que a la gente le encanta alimentarse de la vida de los demás. Los que sois de pueblo sé que lo sabéis, y los que no lo sois, estoy segura que me entenderéis… A la gente le preocupa quien está saliendo con quién, qué le ha pasado a este y qué le está preocupando al otro… Lo lamentable, es que la mayoría de las veces, esta preocupación nace de la maldad, del simple “chismorreo”, de la simple necesidad de cotillear que a todos nos persigue… Y es muy triste. Cuando vives en una ciudad, crees que estas cosas no pasan, pero al final, pasan. Los seres humanos somos demasiado parecidos, los de aquí y los de allí, en una ciudad acabas creando un círculo cerrado, que bien podría compararse con un pueblo, y al final, acabas sabiendo sobre la vida de los demás, y la comentas, y te sorprendes, y juzgas. Es cierto que en una ciudad todo es distinto, la mente de las personas es mucho más abierta, y sí en un circulo están hablando de ti, no te preocupa demasiado, porque salir del circulo resulta sencillo… En un pueblo no.

Debo reconocer que desde que vivo fuera de mi pueblo, poco me importa lo que opinen los demás. Incluso, bien poco me importa lo que se hable sobre los demás. No sé si es cuestión de vivir en una ciudad, o simplemente es cuestión de personalidad. Quizás es la segunda. Como os he dicho alguna vez, soy una persona con un defecto (o virtud, según se mire) entre otros muchos, y es el de entregarme demasiado  a las personas. Esto me ha dado las mayores decepciones de mi vida, pero sin ninguna duda, también las mayores alegrías, porque cuando alguien se entrega de corazón a los demás, siempre acabarán pesando más las alegrías que los disgustos. Hace tiempo, sin ni si quiera planearlo, me planteé una forma de vida que estaba segura me haría feliz. Aprendí a echar fuera a los que hacen daño y aprendí a quedarme rodeada de quienes me quieren de verdad. Es increíblemente gratificante estar rodeada de las personas que quieres y te quieren, las personas de las cuales no temes si te fallarán, porque sabes que no lo harán,  las que sabes que te abrazarán en los fracasos y te aplaudirán en los éxitos, sin envidia, sin maldad. Y estos días, sin duda, sólo me he rodeado de ese tipo de personas.

Una de estas tardes, entre café y buen humor, tenía una conversación con alguien esencial en mi vida. Una conversación con alguien que sé que me quiere y con quién tras un debate entendí las cosas que nos hacen diferentes,  y lo maravilloso que es que nuestras diferencias no nos distancien. Intentaba explicarle a este alguien que no se puede vivir con rencor, yo al menos, no lo concibo. Creo que soy tan feliz, que no puedo tener rabia hacia otra persona, no puedo odiar a otros, aunque me hayan hecho daño, a esos sólo les tengo pena, y les deseo mucha suerte, porque a la gente mala le hace falta suerte, sólo eso. Con este alguien hablaba de lo rápido que pasa el tiempo, y de lo insano que es vivir a través de él llenos de pensamientos negativos y energías llenas de odio. Decidme, de verdad, ¿para qué sirve eso? En cada uno está la libre elección de perdonar o no, de seguir con su vida y dedicarse sólo a ella o pensar por qué le han hecho tanto daño y pensar que ojalá los culpables paguen ese mal (Todo dentro de unos límites. Si asesinasen a alguien a quien quiero, me pasaría toda mi vida deseándole lo peor a esa persona. Soy persona, no hay más).

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Seamos realistas y no nos equivoquemos, no somos dioses justicieros, dejad que pase el tiempo, que es más viejo y sabio y pondrá todo en su lugar.

Pero claro, el ser humano es así, estamos llenos de sentimientos buenos y malos. Sé que hay personas realmente nobles, pero también creo que el mundo está lleno de salvajes e irracionales y lo difícil es que aprendamos a convivir los unos con los otros. No olvidemos que el ser humano es un animal (racional, dicen algunos), y educados en sociedad, aparentemente podemos ser normales, pero hay cosas innatas que nadie ni nada puede cambiar. José Saramago escribió una frase que tengo que recordarme a menudo: “Aún está por nacer el primer ser humano desprovisto de esa segunda piel a la que llamamos egoísmo”

Este mismo escritor, genio eterno, publicó en 1995 un libro que llegó a mis manos casi una década después. Un libro que me emocionó, que me hizo sufrir, que me hizo llorar y me hizo comprender lo miserables que somos. Ensayo sobre la ceguera relata la historia de una extraña enfermedad que se expande en todo un país. Poco a poco, la gente se va contagiando y se va quedando completamente ciega. Al principio, deciden poner en cuarentena a los primeros enfermos, encerrándoles en un antiguo manicomio abandonado. Los soldados daban órdenes y actuaban de forma inhumana, y a mí siempre me pareció un guiño a la barbarie nazi y a los campos de concentración. Inevitablemente, la ceguera se expande y todo el mundo acaba contagiado. Todo el mundo es ciego y el instinto animal del ser humano por sobrevivir cometerá verdaderas locuras que no somos capaces de imaginar que haríamos. Hay una esperanza entre tanta locura, porque el ser humano, siempre tiene esperanza. Una mujer todavía ve. Ella es la única que puede ver todo lo que ocurre a su alrededor, y tal como en La libertad guiando al pueblo, de Delacroix, ella será la esperanza de los ciegos y los lectores.

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En el año 2008 se estrenó A ciegas, la película basada en la novela y dirigida por Fernando Meirelles. Recuerdo haberla visto y sé que en su momento no me defraudó, pero como siempre, me quedo con el libro.

El ser humano puede llegar a límites inimaginables, y en su vida cotidiana y dentro de la maldad aceptada, la gente no es consciente del daño que puede llegar a hacer, ni si quiera es consciente que de nada sirve hablar de los demás, así como preocuparse de las vidas ajenas, porque quien es realmente feliz no lo necesita.

Seguro que para algunos seré mala, ¿por qué no? Pero a mí lo que me importa es que la gente que me rodea crea que soy buena, que me quiera y se sienta orgullosa de tenerme en su vida. Sólo eso.

Porque como dijo Mecano una vez… “lo que opinen los demás está demás…”

Buenas noches de nuevo, amigos.

Lorena.