Laura Daluna: “Si algunos pueden, ¿por qué no nosotros?”

Cuando alguien ama su trabajo, su entrega se realiza con ilusión y esfuerzo, y estos sólo son los ingredientes y las claves del éxito. Siempre he pensado que el ser humano es capaz de llegar y alcanzar las metas que se proponga, mientras persiga sus sueños y luche por hacerlos realidad, podrá conseguirlos. Las oportunidades no vienen solas, uno debe ir a por ellas.

Laura Alemany es una joven valenciana que nace el 14 de octubre de 1982, desde bien pequeña supo que la moda era una de las grandes pasiones de su vida. Con los años, fue dándole forma a los sueños y tras estudiar Patronaje Industrial en Valencia, Diseño de Moda en Alcoi y un curso de estilismo en Barcelona, en 2010 decide empezar el año con fuerza y lanza la primera colección de su conocida firma de ropa: Laura Daluna.

Laura es una persona llena de sueños e ilusión que desprende un amor incondicional hacia su trabajo. Derrocha alegría y siempre tiene una sonrisa dispuesta. Como bien se indica en su página web (www.lauradaluna.com), Daluna tiene un objetivo claro: “Vestir a la mujer con prendas sencillas, muy femeninas, elegantes y con un toque personal; prendas de calidad a precio asequible“.

He entrevistado a la joven y exitosa diseñadora y hoy te lo quería contar…

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Lo que te quería contar. En primer lugar, Laura, bienvenida a Lo Que te Quería Contar. Mil gracias por estar aquí.

Laura Daluna. Gracias a ti . Es un placer estar en tu blog.

LQTQC. Hablemos del inicio de tu historia… ¿Dónde y cuándo nace tu pasión por la moda?

LD. Desde muy pequeñita me ha gustado dibujar, tenía miles de bocetos guardados en una caja  y también les hacía vestiditos a mis Barbies. Con 12 años dije por primera vez que quería ser diseñadora, aunque por aquel entonces no tenía ni idea de lo que tenía que hacer para conseguirlo.

LQTQC. En enero de 2010, nace Daluna. ¿Qué te impulsa a decidirte crear tu firma y lanzarla al mercado?

LD. Después de estudiar diseño y un curso de estilismo, estudié patronaje industrial y al terminar me planteé trabajar de patronista en alguna empresa pero entonces ya empezaba la crisis y debido a la escasez de ofertas y a la demanda de experiencia… no encontré nada. Empecé a hacerles vestidos a amigas y familiares mientras seguía buscando y de repente descubrí una feria de jóvenes diseñadores en Valencia. Me inscribí, me aceptaron  y creé mi primera  mini colección. Así empezó DALUNA.

 LQTQC. ¿Cómo recuerdas aquel inicio?

LD. Estaba muy asustada pero a la vez tenía muchísima ilusión. Todo era nuevo, cada pasito era una alegría. Recuerdo que aún no era la fecha de la feria y yo empezaba a integrarme en Facebook, a darme un poco a conocer y de repente cumplí uno de mis sueños. Localicé al estilista del programa Se lo que hicisteis, le mostré las fotos de mi mini colección, le gustó y ahí empezó lo bueno (Risas).

LQTQC. ¿Qué pasó entonces? ¿Qué cambió a partir de ahí?

LDA partir de salir en Se lo que hicisteis, mi firma empezó a sonar en blogs y en redes sociales. Muchas tiendas empezaron a interesarse por mis vestidos para venderlos y además pude acceder a muchas actrices para ofrecerles mi firma para eventos . En cuanto a moda , el programa SLQH era lo mejor, su estilista creaba tendencia y me ayudó muchísimo en mis inicios.

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LQTQC. Tus diseños se basan en la sencillez, la originalidad, la elegancia y los pequeños detalles… ¿Crees que tienes un público objetivo definido, o cualquier mujer puede vestir con un Daluna?

LD. Visto a mujeres de todas las edades y de todos los estilos, pero si es verdad que todas tienen en común que les gusta la moda, las prendas bien hechas y los detalles diferentes.

LQTQC. ¿Qué diferencia a Daluna de otras firmas?

LD. ¡¡¡Que difícil!!! No lo sé, supongo que lo tendría que decir alguien ajeno a la firma. Yo sólo puedo decir que Daluna es una firma joven, muy artesanal y con muchos detalles hechos a mano.

LQTQC. Muchos lectores se estarán preguntando ahora mismo dónde pueden encontrar tus diseños. ¿Además de la web, qué otros puntos de venta tenemos disponibles?

LD. Sí. Vendo en tiendas multimarca de toda España. Valencia, Madrid, Murcia , A Coruña… lo mejor es contactar conmigo en daluna@inforsti.com y se les  informará del punto de venta mas cercano.

LQTQC. Hace muy poquito se celebró la entrega de los Premios Goya, un evento importante también para la moda. En tus redes sociales comentabas cuáles habían sido los vestidos que más te habían gustado y además, hacías hincapié en la importancia de la elección de las actrices que eligieron a diseñadores españoles para la ocasión. ¿Crees que hace falta más apoyo a la moda española?

LD. Sí, creo que hay muy poco apoyo a los diseñadores españoles y mucho menos a los jóvenes diseñadores. Siempre que hay eventos importantes , la gente famosa suele apostar por firmas internacionales y es una pena. Toda la gente que vivimos del arte nos tendríamos que apoyar siempre que fuese posible.

LQTQC. Como bien hemos mencionado antes, también hemos podido ver en muchas ocasiones a caras muy conocidas del panorama nacional luciendo algunos de tus diseños en distintos eventos. ¿Qué se siente cuándo una ve sus creaciones a través de los medios de comunicación?

LD. Una ilusión muy grande. Siempre he sido muy seguidora de nuestro cine, soy serie adicta y me vuelve loca la música, así que ver a la gente que admiro vestida de Daluna es un lujazo para mi.

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LQTQC. Hace muy poquito, nos has presentado tu nueva colección primavera-verano 2014, y para ello has contado con la imagen de una blogger muy conocida. ¿Cómo ha sido esta experiencia?

LD. Ha sido una experiencia maravillosa. El verano pasado , Natalia (Trendy Taste) lució un Daluna en su blog y fue tal el éxito que tuvo que al pensar en la modelo para mi nueva colección no pude pensar en otra que no fuese ella. Contacté con Natalia y todo ha sido facilísimo desde la primera llamada. Es una chica encantadora y muy profesional. Pasamos dos dias muy intensos de sesión y disfrutamos mucho. Estoy muy satisfecha con los resultados.

LQTQC. ¿Qué encontramos en la nueva colección Daluna?

LD. Mi prenda estrella es el vestidito de cóctel, por eso la colección está compuesta la mayor parte por vestidos. Pero también podéis encontrar faldas, un par de vestidos largos y tres camisetas de punto.

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LQTQC. Vamos a volver al inicio de todo, y vamos a plantarnos en enero de 2010. Si pudieses volver atrás, ¿darías exactamente los mismos pasos que te han hecho llegar hasta aquí o cambiarías algo? 

LD.Creo que haría exactamente lo mismo. He cometido muchos errores por ser novata pero si cambiase eso quizás no hubiese aprendido todo lo  que “no debo hacer”. Lo que si cambiaría es la confianza depositada en algunas personas que luego se han portado mal conmigo.

LQTQC. ¿Un sueño por cumplir?

LD. Vivir toda mi vida de mi firma

LQTQC. Y para ir terminando, ¿qué consejo le darías a todos esos jóvenes diseñadores que, a pesar de las dificultades económicas que atraviesa el país, sueñan con ver sus creaciones convertidas en una realidad? 

LD. Yo me considero que estoy en ese proceso por lo que no me veo capacitada a dar consejos. Sólo puedo decir que hay que luchar y trabajar por cumplir nuestros sueños y que todo es posible. Si algunos pueden…porque no nosotros??

LQTQC. Mil gracias por tu tiempo, por compartir tu experiencia, tus sueños y tus proyectos con nosotros, que sigan los éxitos y espero que nos volvamos a encontrar muy pronto.

LD. Mil gracias a ti y  espero que os haya gustado saber un poquito más de mi firma.

 

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 ¡¡No os perdáis las últimas noticias de Daluna en cada una de sus redes sociales!!

TWITTER: @DALUNALAURA

FACEBOOK: DALUNA 

INSTAGRAM: LAURADALUNA

Y por supuesto, echad un vistazo a su página web y a los maravillosos modelos que la firma nos presenta para esta nueva temporada, su colección primavera-verano 2014 a mi me tiene locamente enamorada.

www.lauradaluna.com

Feliz fin de semana, amigos.

Lorena.

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De Boca en Boca.

Fue inevitable verla de nuevo en una redacción y no acordarme de aquella serie que tanto me enamoró de pequeña. Belén Rueda, a la que yo conocí por su trabajo la serie de Telecinco Periodistas vuelve a convertirse en redactora de un medio de comunicación.

Hace sólo dos días, Antena 3 y Telecinco lanzaban los estrenos de dos series que vienen pisando fuerte. Galerías Velvet y B&B fueron las protagonistas indiscutibles de la noche del lunes. Llevaban tiempo anunciándose y las dos prometían engancharte. Como muchos ya sabéis, estaba claro que me decantaría por B&B a pesar de lo apetecible que resulta Velvet. El lunes por la noche estuve en la premiere que Mediaset organizó en los cines Capitol de Madrid y hoy te lo quería contar…

Aunque desde casa, muchos estabais viendo la serie, en el corazón de Madrid más de 300 fans se dieron cita para dar calor a esa alfombra roja por la que vimos pasar a rostros conocidos como Raúl Mérida, María Castro, Elena Furiase, José Coronado, Hiba Abouk, Nerea Camacho, Antonio Pagudo o Javier Calvo, entre otros. Una premiere llena de focos, luces, elegancia y sonrisas, con un despliegue de medios increíble y conducida por Jesús Vázquez.

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Elegantísimos y radiantes ninguno de los protagonistas de la serie faltó a la cita.  Belén Rueda, Fran Perea, Sara Sálamo, Gonzalo de Castro, Dani Rovira, Macarena García, Paula Prendes, Luisa Martín, Neus Sanz, César Mateo, Puchi Lagarde, Carlos Iglesias, Jorge Usón, Adolfo Fernández, Cristina Brondo y Cristina Alarcón fueron las estrellas de la noche.

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Si hay una moda indiscutible en la televisión de nuestro país es apostar por las series de época. Parece que a todos nos encanta ver historias del pasado y viajar a una época que no nos pertenece, y aunque a mi me encantan, si os digo la verdad creo que nos hacía falta una serie actual, con los problemas actuales y las vidas en las que podemos sentirnos identificados. De Boca en Boca es una serie cuyos ingredientes principales son la frescura, las risas, las preocupaciones laborales y las historias de amor/odio que a todos nos encantan.

La revista de moda B&B es el escenario principal del desarrollo de la trama. Tras la caída de ventas en los últimos meses, el señor Bonay  (Adolfo Fernández) decide renovar la revista el primer paso que da para ello es  nombrar como director a Pablo (Gonzalo de Castro), un periodista de prestigio que llevaba años fuera de España. La llegada de éste dejará asombrada a toda la redacción, que esperaba que Candela (Belén Rueda) , subdirectora de la revista, ascendiese de un momento a otro, pero si a alguien descoloca por completo la llegada del nuevo director es a la propia Candela, que llevaba muchos años sin ver a Pablo, aquel novio que la dejó, desapareciendo sin dar ninguna explicación. Pablo, a su vez, está comprometido con otra de las trabajadoras de la revista, Clara (Cristina Alarcón), la hija mayor del señor Bonay. En este reencuentro entre Pablo y Candela, también juega un papel esencial Sonia (Macarena García), hija de la periodista que va a empezar sus prácticas en la revista.

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El humor contante viene de la mano de Juan (Dani Rovira) , un joven periodista en prácticas que sueña con quedarse fijo en la revista, y que forma una pareja increíble con su fiel amigo y compañero de piso Mario (Fran Perea), fotógrafo de B&B. El matrimonio de César (Carlos Iglesias) y Susana (Neus Sanz) nos hará reír muchísimo, haciendo que más de una pareja se sienta identificada. César, al que muchos recordamos con ternura y sonrisas por su papel de Benito en Manos a la Obra, enternecerá al espectador desde el minuto uno, con su emocionante reacción al recibir una llamada que le ofrece un puesto de trabajo en B&B, cuando él, periodista deportivo y padre de familia, llevaba dos años en el paro.

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Por otro lado, en la casa del señor Bonay se respiran lujos y caprichos constantes por parte de su hija pequeña, Cayetana (Sara Sálamo), que hará todo lo posible por hacer suyas todas y cada una de las cosas que se le antojen y no parará hasta volver loco a  Hugo (César Mateo), su chófer, sobrino de Carmen (Luisa Martín), la cocinera de la casa, una mujer trabajadora que se siente totalmente privilegiada y agradecida por tener un puesto de trabajo que lleva ocupando desde hace muchos años.

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Una trama bien enlazada en la que todos los personajes tienen algo en común. Una trama llena de humor, caprichos, lujos, infidelidades, secretos y amor que es imposible que no enganche al espectador. En el cine, la gente no dejó de reír, y el final del capitulo se fundió con los incansables aplausos de los que allí estábamos. Os aseguro que siempre he sido más de melodramas que de humor, siempre me han gustado más las series con peso sentimental que las que me hacen reír y estar atenta constantemente a cada detalle, pero también os aseguro que B&B me encantó y me sorprendió muy, muy gratamente.

El lunes se estrenaron dos grandes series en nuestra televisión, y Galerías Velvet se llevó indiscutiblemente el mayor índice de audiencia. No sabéis la pena que me da que los canales de televisión compitan de esta manera. Me da pena por el espectador, que inevitablemente tiene que elegir, pero sobre todo, me da pena por todas y cada una de las personas que trabajan en cada una de las series. No hablo sólo de los actores… Cámaras, técnicos, productores, maquillaje, peluquería, vestuario… Son muchas, muchas las personas que trabajan para que una serie acabe siendo lo que nosotros vemos a través de la pantalla, y tal y como están las cosas, me da mucha pena esta competencia tan fuerte, de la cual sólo espero que ambas series consigan mantenerse durante mucho tiempo.

No dudo, en ningún momento, de lo maravillosa que debe ser Galerías Velvet, cuenta con un reparto de lujo y la promoción ya hacía que fuese más que apetecible, no descarto empezar a verla a través de internet. No tengo otra opción, porque yo los lunes me quedaré con B&B. Los que visteis la serie, estoy segura que pensaréis como yo, y que las risas y el humor de esa redacción os encantaron. Los que no, aún estáis a tiempo de verla online y a tiempo de no perderos el próximo capitulo. De momento, Telecinco ha firmado con Globomedia la grabación de tres capítulos más que se sumarán a los 13 ya grabados de la primera temporada. Espero que sea porque vienen apostando fuerte y no por cerrar tramas, como he leído a algunos espectadores en algunas redes sociales.

De todo esto, me quedo con un tweet que publicó Fran Perea en su Twitter oficial: “Muchas gracias a los 2,8 millones que disfrutaron de @Bybserie! Y enhorabuena a @VelvetOficial por su éxito! 7.7 millones vieron ficción española”.

Buenas tardes, amigos.

Lorena.

Los actores, ante todo, son personas.

¡Buenos días a todos! No sabéis la cantidad de veces que he apagado hoy el despertador, para no perder mi vieja costumbre de alargar al máximo mi estancia entre las sábanas… Pero bueno, por fin es miércoles, y los miércoles una se levanta de otro humor… Mañana ya es jueves, pasado viernes… ¡Madre mía! Si ya está ahí el fin de semana… Y así con la posterior queja de que el tiempo pasa demasiado deprisa, todos nos alegramos mucho de que la semana pase rápido y siempre nos alegramos de que sea miércoles. La mitad.

Como bien sabéis, el domingo por la noche se celebró la 28 edición de los Premios Goya, los premios más esperados y más prestigiosos de cine que se celebran en nuestro país. Desde muy pequeña me ha encantado ver esta gala… Desde siempre he sido una soñadora y creo que es innato que me emocione ver a la gente ser feliz y emocionarse, ser reconocida y poder hacer y trabajar en lo que realmente quiere. El otro día, viendo la gala, me sentía feliz. A pesar de las criticas a cómo se llevó la ceremonia, yo me quedo con lo esencial de ella, y es que se estaba premiando al cine de nuestro país. Se premiaba a todas esas personas que trabajan en el cine, a los que aparecen en la pantalla y a los que no, se premiaba la cultura, se premiaba el trabajo, y creo que no puede haber nada más bonito que el reconocimiento por un proyecto profesional. Yo quedé encantada con cada premio, con cada discurso, con cada una de las personas emocionadas. Sólo creo que faltó mucha gente, muchos actores que aunque no estuviesen nominados deberían haber sido invitados y haber estado sentados en esas butacas, apoyando su profesión y a sus compañeros… Porque , al fin y al cabo, la fiesta del cine también debe ser suya, ¿no?

Al día siguiente me encontré con varios comentarios en algunas redes sociales que me parecieron un poco chocantes y un poco fuera de lugar. No lo vi comentado por una sola persona, ni si quiera en una red social en concreto, y hoy te lo quería contar.

Las personas, a veces somos un poco más irracionales de lo que parecemos (sí, aún más) y tenemos esa mala costumbre de criticar a quienes no debemos y cuándo no debemos. De repente, me encontré con gente quejándose por los discursos de varios actores al recoger su premio… Gente que se quejaba de que unos actores, vestidos con trajes que valen miles de euros, estuviesen quejándose sobre el sistema político de nuestro país… Vamos a ver, ¿qué me he perdido yo aquí? ¿Por llevar un vestido caro no tienen derecho a quejarse sobre un gobierno que nos está recortando la vida a todos? Muchos de los que habéis puesto este tipo de comentarios, deberíais saber que, en la mayoría de los casos, son las propias firmas las que diseñan y ceden esos vestidos, exclusivamente para esa ceremonia, siendo conscientes de la repercusión mediática que tiene y siendo más que favorable la mención en los medios de comunicación para hacer la publicidad necesaria. No hay más. En el caso de quienes hayan pagado su vestido… Será porque su sueldo se lo ha permitido, y entonces, si tienen un sueldo elevado y pueden costearse un vestido caro, ¿dejan de ser ciudadanos como tu o como yo? Me parece que hay una confusión, y bastante grande.

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Deberíais saber que hace poco salió publicado un estudio en el que se anunciaba que tres de cada cuatro actores no pueden vivir de su profesión, el mismo estudio anunciaba que más de 7.900 actores españoles no pueden vivir de su profesión. Entonces, digo yo, los que tienen la suerte de poder hacerlo, ¿tendrán el derecho de quejarse y defender una profesión que se está viendo afectada por esta crisis al igual que todas las demás? Porque actores, amigos míos, no son sólo los que salen en la tele, como periodistas no son sólo las caras más conocidas de los telediarios. Hay miles de actores que han pasado años estudiando, que se pasan los días de casting en casting y buscando un trabajo como lo hace un albañil o un joven recién licenciado. Hay actores que han trabajado mucho y ahora llevan meses o incluso años sin encontrar trabajo. La interpretación es una profesión que llegada al punto de la televisión, o al nivel de todos los que forman las películas que estaban nominadas a los Goya, está muy bien pagada, pero no olvidéis, todos aquellos que habéis criticado, que es una profesión muy, muy inestable. Las películas no duran años, ni las series son eternas.

El problema radica, creo yo, en considerar rico a todo aquel que aparece al otro lado de la pantalla. Y aunque así sea, ricos y pobres, tontos y listos, siempre han habido en todos lados, tanto en la derecha como en la izquierda. Pero al final, los problemas sociales y económicos nos afectan a todos. Creo que es más que lógico y más que normal que emocionados al recoger sus premios, aprovechasen para lanzar mensajes de desacuerdo, de enfado, de rabia, contra unos políticos corruptos, contra un gobierno que recorta sanidad, educación y que ha subido el IVA al 21% haciendo que la cultura, indiscutiblemente necesaria, se convierta en un absoluto lujo. Se proyectan películas cada día en los cines de toda España, con las salas prácticamente vacías porque la gente no tiene dinero para pagar una entrada. ¿Aún creéis, de verdad, que no tenían derecho a quejarse? Los actores, señoras y señores, ante todo son ciudadanos, son personas como tu y como yo, a los que les preocupan las mismas cosas, a los que les preocupa tener un trabajo o no, y creéme que a muchos, en muchas ocasiones, también les preocupa cómo llegar a fin de mes. Hay actores que, por suerte, no paran de trabajar, y llegan a puntos inimaginables donde las campañas publicitarias luchan por tener sus caras, actores que  todo lo que tocan lo convierten en oro, pero amigos míos, eso sólo lo son unos pocos.

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No generalicemos, no seamos tan cobardes de criticar a personas que están reivindicando unos derechos que también nos pertenecen. No seamos tan cobardes de enfadarnos con quienes fueron la voz de miles de ciudadanos ante más de tres millones de espectadores. Porque a mí, sinceramente, me habría dolido mucho más que nadie se hubiese quejado, que todo se hubiese celebrado como si nada, como si en este país todo fuese maravilloso y como si el lujo y la alfombra roja fuesen lo que representa nuestra situación, eso es lo que me habría parecido lamentable, y por lo que yo hubiese sentido vergüenza. Gracias, mil gracias, a todos los actores que aprovecharon para quejarse, para demostrar que no somos tontos y que no estamos de acuerdo en cómo ni cuánto nos están manipulando. Gracias a todos aquellos que abuchearon al ministro Wert en los Premios Forqué, porque están jugando con nosotros, con nuestros trabajos, con nuestras familias y nuestras vidas. Y ya está bien, señores, ya está bien.

Cada premio me emocionó. Creo que nadie podrá olvidar a una emocionada Terele Pavez, premiada a sus 74 años y recibiendo los mayores aplausos de la noche. Javier Cámara, vencedor por fin tras seis nominaciones, Javier Pereira como actor relelación, Roberto Álamo o Natalia de Molina... Pero, sin duda, me quedo con dos discursos que me emocionaron mucho. Por un lado, el de Marian Alvárez, que emocionada y agradecida por el reconocimiento no se olvidó de hacer un guiño contra la nueva ley del aborto: “Quiero dedicarlo a todas las mujeres que pelean por nuestros derechos. No van a permitir que nada ni nadie decida por nosotras”. Por otro lado, David Trueba, gran triunfador de la noche por “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, hizo una mención muy emotiva a todos los periodistas que abren sus puertas para hacer entrevistas y mencionar cine, y no se olvidó de recordar a dos mujeres muy jóvenes y profesionales que nos han dejado hace poco, Concha García Campoy y Tatiana Sisquella. No se olvidó, tampoco, de mencionar la crisis y los problemas sociales que atravesamos.

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No podemos dejar de mencionar el maravilloso discurso que dio Enrique González Macho, presidente de la Academia del cine, quien para mí estuvo excelente.“La disminución de recaudación en cines debida a la pérdida de espectadores se estima en 102 millones de euros, lo que se traduce en que por cada euro que la Hacienda Pública ha recaudado a través del IVA, la Industria Cinematográfica ha perdido dos. A ver si así nos dejan en paz con lo de las subvenciones”, dijo.

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Los actores siempre me han caído bien. Ellos cuentan historias, como también las cuento yo, cada uno lo hacemos a nuestra manera, pero me gusta la gente que cuenta historias, me gusta mucho la gente que se dedica a algo relacionado con el arte y la cultura.

Tengo muchos amigos actores, amigos muy conocidos y otros que no lo son tanto, pero todos ellos son actores y aman su profesión por encima de todas las cosas. Una profesión que requiere sacrificio, entrega y mucha dedicación. Una profesión que no es fácil, un camino que no es sencillo, y una profesión que está siendo atacada como también lo está siendo la tuya. Una profesión poco segura, sin una estabilidad clara. Así que no  les critiquéis tanto por luchar por sus derechos, que no os importe tanto el hecho de que estaban enfundados en vestidos caros, la ocasión lo requería,  y tener en cuenta que ellos no son los que os roban a vosotros. No, no son ellos. Ellos son robados, como lo estás siendo tú. Así que por favor entender, de una vez, que los actores son ciudadanos como tú. Los actores, ante todo, son personas.

Feliz día, amigos.

Lorena.

Nuestros sueños, amigos, son sólo nuestros.

¡Por fin sábado! Hoy es uno de esos días que voy a coger con ganas…El té de frutos rojos deja su aroma por toda la habitación y yo me siento frente al ordenador para hablaros de unas historias que ni si quiera son mías, pero creo que es necesario que conozcáis.

Podríamos hablar, de nuevo, de la persecución de los sueños. Ultimamente, es una moda establecida que la gente mande mensajes positivos, que enmarque fotos con frases gritando que el día va a ser estupendo, o que puedes comerte el mundo, si quieres. Una vez más, nos damos cuenta que todos somos excesivamente parecidos. A todos nos encantan esos mensajes. Nos encanta dar consejos de felicidad y nos encanta creer que podemos ser realmente felices, porque como bien sabéis, la esperanza es lo último que se pierde.

Sí es cierto, que las cosas en este país parecen cada vez más feas. Sólo necesitamos echar un vistazo a un periódico, o ponernos a ver un día las noticias de la televisión. La información que nos rodea es realmente lamentable, y no lo son los informadores, lo es el contenido. El otro día escuchaba la noticia de un matrimonio de 80 años que en menos de un mes van a ser expropiados, les van a quitar su casa. ¿Cuándo vives en un país así, puedes sentir otra cosa que no sea vergüenza? ¿Si se atreven a destruir la vida de unos ancianos, que siempre han sido reyes merecedores de respeto, cómo no lo van a hacer con los jóvenes a los que muchas veces no han tomado en serio? Pensé en todos nosotros, en toda nuestra generación, pensé en todos los niños que van a crecer y convertirse en adultos y pensé en lo negro que se les presenta el panorama. A mí lo que más rabia me da en este país, en esta situación económica y social es que no todos estamos en las mismas condiciones. Ricos y pobres han existido siempre, ya no podemos hacer nada frente a eso. El problema es cuando unos cuantos se hacen ricos a causa de los pobres. Ahí, amigos míos, radica el problema y la irracionalidad de todo lo que estamos viviendo. Tenemos unos políticos llenos de corrupción, de sonrisas frías frente a las cámaras, de falsedad, de despreocupación a los que les encanta decir que las cosas se van a solucionar mientras nos roban, mientras siguen con sus vidas caras y dejan que miles de niños en nuestro país sean víctimas de la desnutrición. Vergüenza, rabia, impotencia. Sólo puedo decir eso.

Si ante las cosas vitales, básicas, a las que tenemos derecho, nos estamos quedando desnudos… ¿Cómo se van a ocupar de nuestros sueños? Pues de nuestros sueños, señores, nos ocuparemos nosotros, que para eso son nuestros. El poder de las redes sociales no encuentra fronteras, y cada vez son más los jóvenes que apuestan por buscar ahí una salida, y demostrar ahí sus capacidades, sus ilusiones y su arte.

Mi amiga Alba es una de esas personas que la vida ha querido regalarle al mundo, es la bondad pura en forma de ser humano. Alba es ternura, es dulzura, es delicadeza, es amor, es una dulce fragancia, es una sonrisa sincera y un abrazo puro… Y mientras escribo estas cosas, me doy cuenta lo afortunada que soy teniéndola en mi vida. Instagram es una de las redes sociales más populares actualmente. La gracia consiste en subir una foto, ponerle un título y esperar que tus seguidores le den me gusta o no. En Instagram nos hemos acostumbrado a ver la vida de las personas en fotos, qué comen, a dónde viajan, qué ropa han comprado o cuáles son sus cafeterías favoritas… Muchos artistas han escogido Instagram como escenario de sus trabajos. Miles son los fotógrafos que llegan a todo el mundo a través de esta aplicación de móvil, miles son las personas que muestran su trabajo en imágenes, y Alba es una de ellas. Lo curioso es que Alba no es fotográfa, pero utiliza la fotografía como portada de unos microcuentos que son, sinceramente, maravillosos. Hace unas semanas que decidió empezar con esta aventura y yo, observándola en silencio, entre “me gusta” y comentarios de la gente, sabía que tarde o temprano necesitaría hablar de ella y lo que crea con sus manos.

Hoy te quería contar unos microcuentos que no me pertenecen… Estoy segura que tras leerlos, vas a querer ir a Instagram y seguir su cuenta: @microarte_

Poneos cómodos y disfrutad… Aquí os dejo algunos de ellos.

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“Dónde está el límite, ¿qué se puede considerar ilícito? Todos los días apuntaba en un cuaderno las veces que se engañaba al día. Como si de un juego se tratase, ella sabía que esta vez la máxima puntuación era la que le hacía perdedora. Buscó en el diccionario y leyó en alto: “2.m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda lo contrario a lo que desea.” Sabía que le faltaba algo a esa definición… Una especie de moraleja, cuando recurrimos a esa definición lo más probable es que ya esté sucediendo lo contrario a lo que deseas o ya haya sucedido. Decidió cerrar los ojos, dejar de respirar y esperar. Siempre pensó que en último suspiro la mente se llenaría de imágenes reveladoras, respuestas ocultas y reacciones desconocidad. Algo le rozó la espalda y subió a su pierna. Inmediatamente supo qué tenía que hacer, a veces sólo hace falta que alguien apoye  su mano en tu espalda o, en este caso, su pata en la piel para ayudar a calmar escalofríos, para despejar laberintos sin salida.”

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“Tienen vida propia, saben qué piensas y cómo vas a reaccionar. Cuando estás dejando de creer en ellas aparecen y cuando aparecen, sentencian. O, ¿somos nosotros? ¿Necesitamos creer en algo aparentemente ajeno a nuestras decisiones para poder decidir? Ató desesperadamente su vida a ‘las señales del destino’ como fuerza mayor. Si se enamoraba de alguien, y una foto de esa persona se caía de la pared de su habitación, tenía que alejarse de ella. O, ¿quizás eso sólo la ayudaba a decidir sin sentirse desprotegida? Las señales se lo indicaban… No estaba sola en esta decisión. Ya. Cobardía o cierta fe. No ha tenido más miedo en su vida como el que tiene ahora. Porque ahora sigue viendo señales, pero no van en la dirección que ella quiere ir. ¿Quién nos asegura que la decisión que tomamos es la correcta? Nadie. Eso es lo bueno o malo de la vida. Nosotros, al final, somos los que elegimos, ¿no?”

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“No tengo palabras, de corazón, no las tengo…” Martina hundió sus ganas en el abrazo más largo que supo dar. Leticia le había enseñado un lienzo, hecho para ella, para su nuevo escondite de magia y religión sin Dios. Le quería robar toda la tristeza que tenía en las manos, quería romper esa oscuridad que no le dejaba amasar la vida a su gusto. Las lágrimas de Martina eran señales que anunciaban una calle cortada por Leticia. No sabía cómo salir de allí, y sobre todo, no sabía cómo sacarla… Llevaban años dibujándose, una a la otra, fantasías en el cielo, sin querer saber que la solución era crear realidad en la Tierra”.

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“Todos sabían qué ocurría, nadie quería empezar esa guerra. Una guerra llena de dolor. Con abrazos como curas y con recuerdos dolorosos como armas, tiros en el pecho y cortes en la piel. La guerra de las cicatrices abiertas. De la película con final infeliz e inevitable. Las imágenes se mezclaban en la cámara de su interior, en sus sueños. Hospitales, luces cegadoras, sonidos desagradables, palabras que se apagan, lágrimas que nacen y no morirán nunca. Una vida se apaga y nadie hace nada. Y no hay mayor explicación: nadie hace nada porque no hay nada que pueda hacer nadie. Ante el ladrón de sístoles y diástoles, nadie tiene la carta vencedora, nadie tiene un as en la manga ni otro juego al que recurrir. Bajó la mirada  mientras una lágrima recorría su cara, pidió un minuto de silencio completo. de ojos cerrados y lentos latidos. Un minuto de sol en blanco y negro. Un minuto de silencio como homenaje al silencio eterno que se creó en su cuerpo una vez el corazón de su madre dejó de latir.”

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Porque el arte puede estar en las cosas más pequeñas, porque podemos encontrar arte en aquello que nos emocione, que nos transporte, que nos haga soñar. Porque creo que Alba todavía no es consciente del talento que tiene en esa cabecita y en esas manos que traducen lo que su corazón dicta. Porque creo que todos deberíais seguir su cuenta, y deberíais leerla… Con cada historia, con cada emoción, con cada microcuento. Porque me siento afortunada de rodearme de personas como ella. Porque aunque haya quienes se creen con el poder de arrancarnos nuestros derechos y nuestras vidas… Que nunca crean que podrán arrancarnos nuestros sueños. Porque nuestros sueños, amigos, son sólo nuestros.

Feliz sábado,

Lorena.

Volveré a París, a abrazarla a ella.

Los días de lluvia siempre me han parecido perfectos para escribir. Si os dijese que esta tarde me he sentado con un café calentito y mi perro durmiendo sobre mis piernas a escribir este relato, podría parecer demasiado utópico, pero es real. Ojalá no hubiesen motivos para un día como hoy. Hoy, día mundial contra el cáncer, os dejo este relato, ya sabéis, para leer con calma, despacito, para saborear los rincones, las vidas, las ilusiones, los miedos y la cobardía que a veces nos destroza la vida. Para todos los luchadores que han hecho frente a esta enfermedad, para todos los vencedores, para todos los vencidos, para todas y cada una de esas familias que lo han sufrido… Por todos esos malditos recortes en medicina, en estudios que espero algún día encuentren el triunfo de la batalla, por todos los que lucharán… Por todos los que aman la vida, por los que la aprovechan y por los que no… Hoy, te lo quería contar.

Volveré a París, a abrazarla a ella.

Bajé del taxi temblando, el sudor frío me estaba congelando el alma mientras la lluvia empapaba mi rostro, mi ropa y mi cuerpo… El corazón latía con más fuerza que nunca, sin casi tener fuerzas, pero latía de miedo. Llegué a la entrada de la estación casi sin aliento, miles de personas volaban de arriba a abajo, sin ni si quiera mirar a su alrededor. Prisas, relojes, maletas… Algunos esperaban. Abrazos de felicidad, otros de despedidas y todas esas cosas que forman parte de una estación de tren. No fui capaz de ver ningún rostro, ni escuchar ningún sonido claro, corrí  como pude de arriba a abajo, esperando que no fuese tarde, pero cuando llegué al andén… El andén estaba vacío. Algunos encargados de ser oficialmente acompañantes hasta el punto de partida venían en dirección contraria a la mía, y a lo lejos, entre la lluvia y la oscuridad de aquella mañana de domingo podían verse las luces de un tren que desaparecía. Acababa de perder la batalla más importante de mi vida.

Sólo tenía diecinueve años cuando conocí a Marco. Si todos los cuentos tuviesen que basarse en una historia de amor real, estoy segura que aquella hubiese sido digna de ser escrita. Nos conocimos en Inglaterra, en uno de esos veranos a los que estaba acostumbrada desde niña, conviviendo con otros jóvenes en una exquisita y refinada academia, aprendiendo el idioma y las costumbres. Siempre me pregunté si realmente mis padres estaban interesados en mejorar mi educación y enriquecer mi cultura o simplemente era mucho más cómodo no tenerme como responsabilidad durante dos meses que aprovechaban para ir de viajes con sus amigos. La cuestión es que, en el fondo, tampoco me importaba. Mi relación con ellos había sido más bien fría. Mi madre siempre había deseado tener una niña, para vestirla, peinarla y pasearla, no creo que para nada más. Me eduqué en uno de los colegios más prestigiosos de la ciudad y desde que mis recuerdos alcanzaban, las niñeras habían sido mis compañeras de juegos y deberes. Mi padre era un hombre de negocios que a penas pasaba por casa. No le importaba que mi madre se pasase los días exprimiendo su tarjeta de crédito, y a ella no le importaba saber que él estaba acostumbrado a verse con otras mujeres, mucho más jóvenes y guapas. Frente al mundo, eran el matrimonio perfecto y los padres perfectos. Como otros muchos, matrimonios de esos que pasan los años en la apariencia estando completamente vacíos.

Marco era un chico hecho de sueños. Atento, cariñoso, divertido, sorprendente… Le encantaba viajar, descubrir lugares y culturas, y casualmente vivía en la misma ciudad que yo. Tenía una fiel compañera que nunca le dejaba solo, una maravillosa cámara de fotos con la que inmortalizaba pequeños detalles insignificantes que cobraban vida cuando los veías después de haber pasado por ese objetivo. Su sueño era ser un fotógrafo reconocido mundialmente y exponer su arte en exposiciones casi inimaginables. Me gustaba su sonrisa y su risa, su vitalidad, sus ganas de comerse el mundo. La fotografía me llamaba mucho la atención, y lejos de la carrera de derecho que mi padre me obligó a estudiar, mi sueño habría sido estudiar publicidad, pero claro, eso era una carrera absurda para una familia como la mía.

Éramos unos niños y aún recuerdo con nostalgia y una sonrisa aquella inocencia y aquella pasión que se respiraba en nuestras miradas, en nuestras caricias involuntarias y en un país que no nos pertenecía, pero que estábamos dispuestos a hacer nuestro. Teníamos dos tardes libres a la semana, y aprovechábamos para conocernos y querernos. Me enamoré de él sin ni si quiera haberle dado un beso. Cuando le besé por primera vez, tras una tarde de paseo y helado de vainilla, supe que jamás querría besar otros labios. Una noche, se coló en mi habitación. Y en aquella academia inglesa, que creía tener controlados cada uno de nuestros pasos, le dije que me hiciese el amor como nunca antes se lo había hecho a nadie… Nuestra relación era maravillosa. Nuestras risas, nuestro sexo y nuestros besos. Era, sin duda, el hombre de mi vida.

Cuando volvimos de aquel verano del que sólo fuimos protagonistas, empezamos a convivir en nuestra vida real. Vivíamos en la misma ciudad, proveníamos de una vida con un poder adquisitivo demasiado parecido, sólo que a él, sus padres le apoyaban en sus sueños. A mi madre le encantó desde el primer momento… Marco le encantaba a todo el mundo. Y yo no podía ser más feliz.

Habían pasado casi cuatro años desde que nos conocimos, yo estaba a punto de terminar la carrera y él ya había conseguido algunas exposiciones en salas de renombre de Madrid y Barcelona, de las cuales había salido victorioso. Su fotografía no dejaba a nadie indiferente, y yo temía que algún día su talento nos separase. En el fondo, sabía que eso no podía pasar, nuestro amor era mucho más fuerte que cualquier proyecto, cualquier distancia y cualquier tiempo.

Levábamos un tiempo hablando sobre irnos a vivir juntos, pero yo prefería primero terminar mis estudios. Recuerdo perfectamente aquella noche de viernes en la que habíamos quedado para cenar. El clima era suave y las terrazas invitaban a quedarte horas en la calle.

-¡Va a ser maravilloso! Tú y yo, París, una vida nueva y una vida juntos.

Sonreí y asentí. Marco acababa de recibir una oferta de trabajo de una prestigiosa revista francesa, le ofrecían un sueldo de lujo y un trabajo fijo para, al menos, cinco años. No dudé seguir sus pasos, iría con él al fin del mundo. Un mes después estábamos instalados en un precioso apartamento en 5ème arrondissement-Paris, uno de los barrios más prestigiosos de la ciudad. Estábamos felices e ilusionados. Los primeros meses fueron difíciles, Marco pasaba mucho tiempo trabajando y yo tenía demasiado tiempo libre. Me sentía completamente sola. Echaba mucho de menos mi día a día, mis amigos, mis rutinas… Me dediqué a inspeccionar sola los rincones más extraordinarios de la ciudad. Intentaba visitar diferentes distritos y sobretodo aprender el idioma. Mis padres, en su más incuestionable perfección se habían olvidado de que además de inglés, no habría estado mal que hubiese aprendido algo de francés. Empecé a ver mis películas favoritas en francés, y a leer libros y revistas… Además, me apetecía y necesitaba encontrar un trabajo, porque el tiempo libre me estaba matando, incluso en una ciudad tan increíble como aquella.

Una mañana, paseando por el barrio de Ópera, encontré una pequeña librería con un encanto que llamaba a gritos mi atención. Entré a echar un vistazo, en el mostrador había una chica delgada y sonriente, con los ojos claros y el cabello oscuro, que ordenaba una serie de papeles mientras tarareaba una canción. Cuando me acerqué a pagar me dijo algo en francés que no conseguí entender.

-¿Eres española?- Y a mí se me iluminó la cara.

Empezamos a hablar. Se llamaba Laia y era catalana, hacía años había ido a París a estudiar una beca sobre historia del arte y se había quedado a vivir. Le conté mi situación y los motivos que me habían llevado hasta allí, y sin saber muy bien por qué, le expliqué la soledad que sentía y lo mucho que echaba de menos mi día a día. En poco tiempo, Laia se convirtió en mi mejor amiga. Marco estaba feliz, entusiasmado con su trabajo, y aunque intentaba estar pendiente de mí, le quedaba poco tiempo para ello, en la revista le tenían muy considerado y acababan de ofrecerle viajar por Europa una semana al mes para fotografiar ciudades y noticias.

Laia y yo nos convertimos en inseparables, muchas noches en las que Marco estaba fuera se quedaba conmigo en casa. Las dos teníamos una conexión indescriptible. Sentía que nos conocíamos como si hubiésemos pasado juntas toda la vida, pronto aprendimos a reírnos con las mismas cosas, a entendernos con una mirada y a compartir los mismos sueños. Consiguió que un buen amigo suyo me contratase como camarera en una cafetería que había muy cerca de la librería dónde ella trabajaba, así mejoraría el idioma y me sentiría realizada. No me gustaba nada la idea de vivir de Marco,aunque su sueldo nos lo permitía. Obviamente, mis padres no se enteraron de aquel trabajo nunca.

Echo la vista atrás y visualizo cada uno de los momentos, cada detalle, cada instante, pero mirando desde lejos, creo que las cosas pasaron demasiado deprisa. No sabía muy bien por qué, ni si quiera me atrevía a mencionarlo en voz alta para no asimilar que era real, pero mi necesidad por ver a Laia se fue incrementando cada vez más. Mi amiga, mi confidente, mi consejera y compañera. No sólo  necesitaba verla para contarle mis secretos o preocupaciones, empezaba a tener la necesidad de abrazarla fuerte, de besarla, de acariciarle la piel, de desnudarla, de cuidarla, de quererla… ¿Qué me estaba pasando? ¿Qué locura era esa?

Una tarde de marzo, Laia me dijo que me iba a llevar a un sitio que me iba a encantar. Las dos teníamos la tarde libre, Marco estaba en Roma de viaje, y a las cinco nos encontramos en la puerta de su librería. Aquella tarde me llevó al salón de thé Fauchon, y me enamoré de aquella cafetería. Sin saber muy bien cómo, ni por qué, aquella tarde sentí que el mundo a nuestro alrededor se desvanecía, y que nosotras y nuestras sonrisas estábamos por encima de todo y todos. Le dije que se viniese aquella noche a casa, y creo que ambas sabíamos que aquella noche no sería como las demás. Preparé unas pizzas y nos sentamos en el sofá, preparé unos gintonics con frutos rojos y estuvimos riéndonos, bebiendo y fumando hasta casi el amanecer. Lo evitable ya era inevitable, y entre nosotras ya no existían miradas de comprensión, ahora lo que se reflejaba era pasión… y, ¿por qué no? También amor. Cuando nos tumbamos en la cama, todo me daba vueltas… Laia se me acercó y empezó a acariciar mi espalda, recuerdo perfectamente la suavidad de sus manos rozándome, de arriba a abajo, y las mil mariposas que volaban en mi estomago como, sin yo saberlo, no ocurría desde hacía años. Me besó en el cuello, y a pesar de los escalofríos y la felicidad que en esos momentos sentía, tenía miedo, mucho miedo. Me di la vuelta y la miré a los ojos, entonces entendí que nunca había sido tan feliz. Nos besamos como si el mundo no existiese, nos acariciamos, nos quisimos y nos amamos como estoy segura no habríamos sido capaz de hacer con nadie.

Todo lo demás pasa como diapositivas fugaces por mi mente…

Los miedos, las dudas, las lágrimas, el temor, el daño que le hice a Marco, la cobardía de no contarle nada a mis padres, mi ruptura, mi asimilación de los sentimientos nuevos, la pasión que sentía, la felicidad, la locura, el miedo a una sociedad que cree que está civilizada pero es incapaz de aceptar con normalidad a dos mujeres cogidas de la mano…

Dejamos París a los dos meses de estar juntas. Nos trasladamos a Barcelona, y tras un tiempo con un fuerte dolor en la cabeza, en uno de mis viajes a Madrid, fui al médico al que siempre me había llevado mi madre. Me hicieron pruebas durante días. Un tumor me estaba destrozando la vida. No había casi esperanzas, ni si quiera mucho tiempo. El mundo oscureció de repente, y sentí la rabia y la impotencia, el odio eterno contra la vida, que me estaba fallando en el momento que más la quería. Pensé en Laia, en su dulce voz, en su piel preciosa, y en su eterna sonrisa. Me quedé en casa de mis padres unos días, antes de tomar una decisión, antes de hacerle frente a la realidad… ¿Cómo yo, que tenía tantas ganas de vivir, iba a dejarla a ella sola? Quise contarle lo que pasaba cuando se me quebraba la voz al teléfono pero no tenía valor, no tenía valor para destrozarla. Una muerte nunca se supera, una ruptura acaba curándose con el tiempo. Nadie muere de amor, y eso todos lo sabemos. Nunca me habían gustado las mujeres, hasta que la conocí a ella. Todo había sido tan rápido, tan fugaz, tan bonito, tan nuestro… Un año a su lado me parecía una vida entera que me pertenecía, que nos pertenecía. Intenté hacerlo lo mejor que pude, y cuando volví a Barcelona y la vi, sólo pude echarme en sus brazos a llorar…

-¿Qué pasa? ¿Qué te pasa?.- Repetía una y otra vez mientras lloraba también, sin saber por qué.

Le dije que no podía ser, que mis sentimientos hacia ella habían cambiado, que era maravillosa, que era una de las cosas más bonitas que me habían pasado jamás, pero había estado confundida. Le mentí hasta dónde no se puede ni si quiera llegar a mentir, le dije que necesitaba que nos distanciásemos, que yo iba a volver a Madrid, que nuestros caminos se separaban, que me había dado cuenta que había confundido la amistad con el amor, y que todo había sido un error… Saqué fuerzas de dónde no las había y le pedí cien veces perdón. Se apartó de mis brazos, lloraba en silencio y me miraba. No me estaba creyendo, y me odió, me odió como sólo se puede odiar a alguien a quien en algún momento has amado, dejando atrás todo lo bueno. Me odió y sintió que le había destrozado la vida. En pocos días, sola en aquel piso, recogí todas mis cosas y me marché de allí.

Estuve meses sin saber nada de ella. Volví a casa de mis padres, que parecía que me querían más que nunca y que por primera vez necesitaban demostrarme que se preocupaban por todo lo me pasase. En los meses que siguieron mi vida estaba totalmente apagada, me pasaba el día llorando y quienes me rodeaban me pedían que fuese fuerte ante una enfermedad que me estaba arrancando la vida. Yo no lloraba por eso, yo lloraba porque la echaba mucho de menos y porque sólo necesitaba estar con ella. Mi cuerpo se iba debilitando y mi cara había perdido el color. Pedí que nadie se lo contase a Marco, ya había sufrido demasiado por mí.

Un sábado por la mañana recibí un mensaje de texto.

“Estoy en Madrid, te espero a las dos del mediodía en el metro de Velázquez. Mañana a las once de la mañana cojo un tren a Barcelona y de ahí cojo un avión.  Vuelvo a París.”

Leí y releí mientras el corazón se me rompía en pedazos que dolían. Me dolía el pecho, la cabeza, el cuerpo y el alma. Miré cada segundo el reloj y pensé en acudir a la cita. Estaba al lado de mi casa. Ella estaba allí, había venido por mí, con la última esperanza, con una ilusión a punto de ser enterrada. Me estaba demostrando que no me odiaba tanto como yo pensaba, y me estaba pidiendo a gritos que volviese a su lado. Si me veía se daría cuenta que me quedaba poco tiempo, ya no tenía pelo, no tenía fuerzas, y estaba totalmente destrozada. Le iba a hacer mucho daño. Vi el reloj posarse en las dos, las tres, las cuatro y cada una de las horas de aquel sábado. Lloré cuando ya no me quedaban lágrimas, y me mantuve despierta cuando ya no tenía fuerzas ni para ello. Aquella noche volví a París, entré en aquella librería y la vi ahí, tarareando detrás de un mostrador, aquella noche vi luz, vi su sonrisa y vi sus ojos, aquella noche sentí su piel y el sabor de sus labios, sentí la felicidad abrazándome la espalda, y me vi a mi misma sonreír, bailar, divertirme. Me vi llena de amor, y también de vida. Me desperté con el sudor empapando mi cuerpo, seguramente tenía fiebre. No tenía casi fuerzas para vestirme, mis padres aún dormían, me vestí como pude y bajé a coger un taxi.

-A Atocha, por favor.

Bajé del taxi temblando, el sudor frío me estaba congelando el alma mientras la lluvia empapaba mi rostro, mi ropa y mi cuerpo… El corazón latía con más fuerza que nunca, sin casi tener fuerzas, pero latía de miedo. Llegué a la entrada de la estación casi sin aliento, miles de personas volaban de arriba a abajo, sin ni si quiera mirar a su alrededor. Prisas, relojes, maletas… Algunos esperaban. Abrazos de felicidad, otros de despedidas y todas esas cosas que forman parte de una estación de tren. No fui capaz de ver ningún rostro, ni escuchar ningún sonido claro, corrí  como pude de arriba a abajo, esperando que no fuese tarde, pero cuando llegué al andén… El andén estaba vacío. Algunos encargados de ser oficialmente acompañantes hasta el punto de partida venían en dirección contraria a la mía, y a lo lejos, entre la lluvia y la oscuridad de aquella mañana de domingo podían verse las luces de un tren que desaparecía. Acababa de perder la batalla más importante de mi vida. Sentí como me flaqueaban las piernas, como mi cabeza me estaba matando a martillazos y sentí el fuerte sonido de mi cuerpo al desplomarse contra el suelo.

Dos días después me desperté en el hospital, donde sigo, donde sé que ya no me queda tiempo. Quizás quedan un par de días, quizás unas horas, o quizás unos minutos. El cáncer me ha ganado la batalla, pero sólo me siento perdedora ante la cobardía. Sé que cerraré los ojos, y sólo volveré a París, a abrazarla a ella.

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Buenas noches, amigos.

Lorena

El Príncipe.

Buenos días, amigos!!! Por fin sábado, mi día favorito de la semana… Enero ya se nos ha ido, casi sin darnos cuenta, con esa rapidez a la que el tiempo nos va teniendo demasiado acostumbrados. Después de un largo café y un desayuno de esos que no conocen la prisa y acaban siendo un verdadero placer, por fin me pongo de nuevo con vosotros.

Hace un par de días, os anunciaba tanto en Twitter como en la página de Facebook que estaba disfrutando de la premiere que se celebró en los cines Callao de Madrid sobre la nueva serie de Telecinco, El Príncipe. Sólo puedo decir que me enamoré del primer capítulo, y hoy te lo quería contar…

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La plaza de Callao estaba abarrotada de gente, muchos rostros conocidos, y otros muchos no tanto que esperaron horas, a pesar del frío, para poder ver de cerca a muchos de los actores y actrices de nuestro país, y cómo no, a los grandes protagonistas de la noche. Telecinco dejó claro, una vez más, su poder de convocatoria, reuniendo a muchísimos  medios y a muchas personas que quisieron apoyar este proyecto. Lolita, Loles León, Antonio Velazquez, Octavi Pujades, Elena Furiase, Álvaro Cervantes, Lucía Ramos, Luisa Martín, Sara Sálamo… fueron algunos de los muchos actores que no quisieron perderse el estreno. El momento estelar fue la llegada de los cuatro protagonistas. Una radiante y espectacular Hiba Abouk acompañada por unos elegantes y trajeados José Coronado, Rubén Cortada y Alex Gonzalez, centraron en ellos todos los focos, todos los flashes y todas las miradas.

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Más de 400 invitados esperaban sentados en el interior del cine que empezase la producción. Los protagonistas subieron al escenario acompañados por un siempre divertidísimo Jesús Vázquez, que se encargó de presentar el evento y asegurarnos que esta serie nos iba a encantar. Tras unas emocionantes y emocionadas palabras de José Coronado, se apagaron todas las luces y se encendió la pantalla…

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El Príncipe, es una de esas series que nos va a enganchar desde el minuto cero. Su trama, intrigante y apasionada, hará que el telespectador se traslade a la vida de una familia árabe, a la vida de unos  policías  llenos de corrupción y juegos sucios y a la situación de un barrio extremadamente conflictivo de Ceuta cuyo nombre es el mismo que la serie. Conoceremos la convivencia o el intento de ella de los musulmanes y españoles, conoceremos los miedos, las tradiciones, las traiciones y la irracionalidad de personas que ponen la justicia en sus manos, y también en sus armas. La dulzura de Fátima (Hiba Abouk) nos va a enamorar a todos desde el principio, y la profesionalidad del nuevo inspector jefe de policía (Alex González) nos hará desear, desde el otro lado de la pantalla, una historia de amor que a medida que avanza el capítulo es más que evidente.

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El hermano pequeño de Fátima acaba de desaparecer, sólo tiene quince años, ha amanecido y no ha vuelto a casa. No contesta el teléfono. Pasan las semanas y los meses y siguen sin tener ni una sola pista, parece ser que la policía no sabe nada, o quizás sabe demasiado. El inspector Morey acaba de llegar de Madrid, infiltrado para destapar la sospechosa trama de corrupción que se respira en esa comisaría. Faruq (Rubén Cortada) es el hermano de Fátima y a su vez líder de una peligrosa banda de narcotraficantes que tienen atemorizados a Fran (José Coronado) y al resto de policías.

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El trabajo de todo el equipo creo que es excelente, todos y cada uno de los actores que forman el reparto hacen un trabajo exquisito, pero para mí, la interpretación de los niños siempre es un punto que merece ser destacado, y en esta serie, Carla Díaz (a la que también hemos visto en Tierra de Lobos) que da vida a la hermana pequeña de Fátima, está espectacular.

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Intriga, suspense, amor, cultura, corrupción, mentiras, desconfianza y dudas, son los ingredientes que forman esta producción. El próximo martes, a partir de las 22.30 horas, por primera vez, Mediaset hace un estreno simultáneo en seis de sus canales de televisión. La apuesta por la serie viene fuerte, y os aseguro que la respuesta va a ser la misma, porque estoy segura que os va a encantar. Yo ya estoy deseando ver el siguiente capítulo, y no tengo dudas que a medida que avance la trama de la cual Coronado ya aseguró que dará giros inesperados, la serie va a ser mucho mejor, si cabe.

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Os la recomiendo, cien por cien. Creo que va a ser una de las mejores series de los últimos años.

Feliz sábado, amigos.

Lorena.