Dolor en nuestra historia.

Si hay algo que me produce una ternura infinita es la gente mayor. Los ancianos son para mí la sabiduría de la vida, la nobleza, las arrugas del tiempo, de las historias, la experiencia de los momentos… Y si hay algo que siempre me oprime el corazón y me parte el alma es ver a un anciano llorar. El otro día vi en televisión a un matrimonio de ancianos llorar mucho, y con ellos, al otro lado de la pantalla, lloré yo. Soñé con ellos durante toda la noche, y pensé en escribir sobre esto.

Hoy te quería contar que una vez, hace años, me robaron mi cámara de fotos del bolso mientras lo llevaba puesto, una persona que se pegó a mí, una persona a la que miré sin maldad y le sonreí. Cuando me di cuenta, lloré mucho. Lloré de rabia y de impotencia, lloré porque en esa cámara había más de mil fotos mías, de mis amigos, de mi familia, fotos y recuerdos que me pertenecían. Esa cámara era mía, y alguien porque sí me la había robado. Lloré porque no entendí qué derecho se tomaba la gente para robar cosas que no le pertenecen, sin saber el daño que pueden causar. Yo lloré por una cámara de fotos… ¿Qué deben sentir unos padres cuando les roban a su hijo?

El otro día vi en televisión a un matrimonio de ancianos llorar mucho. Ellos, habían estado décadas llevando flores a la tumba de su hijo, que murió a las pocas horas de nacer. Cuando en el cementerio se iban a construir nuevos nichos, el matrimonio decide desenterrar los restos del bebé para cambiarle de sitio. El ataúd, tan pequeño y arañado por el tiempo y la tristeza, estaba vacío. Habían estado durante décadas llevando flores a una tumba dónde nadie había sido enterrado. Su hijo era un niño robado. Ahora, entre lágrimas y a través del programa de televisión, decían que no descansarían hasta poder encontrarle… Se me partió el alma y deseé que me robasen mil cámaras si hacía falta.

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Me he puesto a buscar por internet para saber un poco más sobre estos casos que forman parte de la realidad de España. Muchos de vosotros, los conocéis a través de los medios de comunicación, algunos, quizás, conozcáis algún caso de alguien que haya vivido esto. Para los que me leéis desde otros países y no conocéis la historia os diré que todos los ancianos del mundo me producen ternura menos una mujer, Sor María. Esta señora ha protagonizado portadas de periódicos y noticias de televisión en los últimos años. Ella fue la encargada, con la ayuda de muchos, de robar durante décadas a bebés recién nacidos y venderlos a familias acomodadas de nuestro país. Esta señora murió hace unos meses, a los 88 años de edad, y creo que a nadie nos dio ninguna pena. O quizás sí, porque quizás debería haber seguido viva para pagar todo el daño que ha hecho a tantas y tantas familias.

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Tras la Guerra Civil Española y durante la dictadura, el régimen militar quitaba los bebés recién nacidos a madres republicanas para entregarlos a familias cristianas, para que éstos fuesen educados en la religión Católica. Como se explica en la página web de SOS Bebés Robados (www.sosbebesrobados.com), la asociación dedicada a buscar justicia por todas estas barbaridades, el psiquiatra español Vallejo-Nájera, afirmaba que existe un “gen rojoun gen, que podría ser aplacado o curado si desde el principio se segrega a aquellos que ya no tienen cura de los que todavía están por formar. Es decir, la separación de los hijos de los ‘rojos’ de sus progenitores”. El mismo, define a la mujer roja como una menor de edad, próxima al animalismo e incapaz de criar a su descendencia y recomienda una educación sexual, para poder hacer una limpieza o purificación psíquica a fondo, recomendando la separación del RN de la madre. Me da mucho miedo pensar que hayan existido y existan personas capaces de pensar y hablar así.

A partir de los años 50, se establece el sistema “bebé muerto”, en el que se le comunica a la madre que el recién nacido ha fallecido y es entregado a familias que pagan una generosa cantidad de dinero, adoptando de forma ilegal a su “hijo”. Finalizada la dictadura, y en plena democracia, la salvajada política pasa a ser una salvajada económica, y se trafica con bebés por puro negocio.

Ya en el año 1982, la revista Interviú publicaba un artículo destapando este caso con imágenes verdaderamente aterradoras de cadáveres de bebés congelados, que se utilizaban para enseñarlos a las madres en el caso de que tras anunciarles la muerte, insistiesen mucho en querer ver a su hijo. Se utilizaba el mismo cadáver varias veces, y la madre podía besar por última vez el cuerpo frío del que creía que era su hijo.

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Se calcula que han habido en España unos 300.000 niños que han sido separados de sus madres, cifra verdaderamente escalofriante. Clínicas privadas, hospitales, médicos y monjas entremezclados en una historia que bien podría haberse sacado de una película de terror.

Yo, que no soy muy afín a la religión católica, no me sorprendo en demasía que haya corrupción en ella, pero si es verdad que creo y confío en que existen muchas monjas y curas buenos, que hacen labores humanitarias por pura fe y bondad. En este caso, ver a Sor María vestida de monja me causaba verdaderos escalofríos. La historia seguiría siendo igual de dura si esto lo hubiese hecho el panadero de debajo de mi casa, pero cuando la iglesia, que predica unos valores humanos, al final coge esos valores y los acuchilla, traiciona y asesina pues impacta más, si cabe.

Sor María fue la única imputada en este caso, aunque se conoce de sobra que hay muchísimas más personas implicadas. La Ley de Enjuiciamiento Criminal establece que si un imputado fallece y es el único acusado, se procede al archivo del caso.

Hace sólo un par de días, se emitía la primera parte de una TV MOVIE basada en el caso de niños robados, en Telecinco.Muchas veces, la realidad supera la ficción, pero quizás gracias a esta mini serie, muchos hemos sido realmente conscientes de la terrible situación que siguen viviendo, aún, miles de personas en nuestro país que buscan a un hijo, un hermano o unos padres de los que fueron separados.

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Dirigida por Salvador Cano, y cambiando nombres de médicos, monjas y víctimas, la serie ha conmovido a todo el país. Una espectacular Blanca Portillo interpretando a Sor Eulalia (Sor María) y un escalofriante Emilio Gutierrez que encarna el personaje que en la realidad correspondería al doctor Vela (Quién firmaba las defunciones de los bebés y negociaba también sus ilegales adopciones), dan vida a la parte más macabra de esta historia. Nadia de Santiago y Macarena García (espectaculares las dos) dan vida a Conchita y Violeta, dos jóvenes que en los años 70 pierden a sus bebés el mismo día que nacen en dos realidades distintas. La primera, es consciente de que su bebé está vivo y ha sido robado, mientras la segunda recibe la noticia de la muerte de su hijo. Adriana Ugarte ha sido para mí uno de los mejores papeles de la serie, desde la ternura y el sufrimiento, una joven de negocios, procedente de una adinerada familia madrileña empieza a sospechar que sus padres no son sus padres biológicos. No descansará hasta saber qué ocurrió cuando nació y hará todo lo posible por encontrar a su verdadera madre.

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Tras finalizar la serie cada noche (se ha emitido en dos partes), Telecinco  ha dedicado un programa especial dedicado a víctimas reales de estas historias. Algunos, felizmente, han visto sus tragedias terminar en un final feliz, mientras miles y miles de afectados siguen luchando por encontrar a las personas que están buscando. Todos ellos, con más o menos suerte, coincidían en dos cosas: en que sus vidas habían sido arruinadas y en que se hiciese justicia de una vez.

Muchas denuncias han sido archivadas y en la mayoría de los casos no hay amparo por parte de la justicia. Esto es España señores, una vez más.

El 11 de abril de 2011 se crea la asociación SOS Bebés Robados, de la que os he hablado anteriormente, y esta asociación ha convocado para mañana, sábado 19 de octubre, una manifestación que partirá de la Puerta del Sol, en Madrid, hasta la calle Gran Vía, nº 14, de 11.00 a 14.00 horas. Levantemos las voces, que nos escuchen, luchemos juntos para que se haga justicia sobre una realidad que forma parte de nuestra historia, una realidad que no es más que un fuerte dolor en nuestra historia.

Feliz viernes, amigos.

Lorena.

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Un pensamiento en “Dolor en nuestra historia.

  1. Puede que vayan vestidas de monjas pero deben pagar por el dolor causado a todas las personas que no han podido disfrutar de sus seres queridos. Es algo tan escabroso que no entiendo como pudieron tomar parte estas personas siervas de Dios.

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