Las malas lenguas siempre mueren.

A veces, es mejor guardar silencio. Porque la mayoría de las veces el silencio no es una falta de respuesta, sino que el silencio se convierte en la respuesta más sincera. Hay una frase en una de mis películas favoritas, La Vida es Bella, que me encanta y dice: “El silencio es el grito más fuerte”.

A veces, uno necesita silencio para responderse a sí mismo, para echar un vistazo a su alrededor y sonreír por lo que gusta, e incluso lamentarse por lo que está mal. Nos encontramos en una sociedad llena de ruidos, de relaciones sociales, de tecnología y comunicación durante las veinticuatro horas del día. Yo, personalmente, debo reconocer que soy una adicta a las redes sociales, a internet y la comunicación en general. Donde incluyo, por supuesto, las relaciones personales y la comunicación no verbal.

Hoy te quería contar que he decidido regalarme unos minutos de silencio. Quizás es gracias a un libro que terminé de leer hace unos días. En las fechas señaladas la gente sabe con qué regalo acertar y eso pasó en mi cumpleaños. Muchos de mis amigos me regalaron libros, los cuales, por cierto, aún tengo por leer. Mi amigo Marc me regaló varios, uno de ellos es del que te vengo a hablar. 99 Maneras de ser feliz, de Gottfried Kerstin, una guía de pequeños placeres que te ayudan a iluminar la vida, a valorar las cosas, a verlo todo desde otro punto de vista.

Soy una persona muy positiva, con mucha energía y os prometo que la mayoría de los días me levanto con ganas de comerme el mundo. Intento siempre vestirme con una sonrisa y salir a la calle sin dejarla en casa. Siempre suelo ver el lado bueno de las cosas  y de las cosas malas aprendo, como todos. También me lamento y también me duelen, pero si es cierto que las olvido facilmente. Y no es por nada, pero se vive muy tranquila si te tomas la vida así.  Por eso, quizás, nunca he sido mucho de libros de autoayuda (no porque crea que no los necesito, sino porque muchas veces me olvido de ellos). Pero éste, edición bolsillo, pequeño y fácil de leer, me ha enseñado que la vida hay que gozarla, disfrutarla, hay que vivirla y hay que ser feliz. 

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Otra de mis frases favoritas se la leí una vez a Alejandro Sanz en una dedicatoria de uno de sus discos, y decía: “Si todo el mundo supiera que funciona eso de trabajar codo con codo, en vez de a codazos…” y hoy, al pensar en el libro, hacerle caso y regalarme unos minutos de silencio, la he recordado.

El silencio me ha hecho pensar en la competitividad que no es sana, en la envidia profesional y personal, en la gente que necesita preocuparse e intentar solucionar la vida de los demás. Cuando esto pasa, este intento nefasto de solución no es una ayuda, sino un intento de destrucción. De destrucción que hay veces que afecta, y otras que te hace fuerte. Pues yo soy más de la segunda parte, porque es más saludable y porque hace tiempo decidí echar a la gente mala de mi vida en el momento de detectarla. Decidí rodearme de gente buena, de corazones sanos, de quienes se alegran por los triunfos y no sonríen ante los fracasos. De los que dan la mano, de los que te aprietan fuerte, porque como siempre digo, por suerte, a nuestros amigos los elegimos. 

 

“La envidia es la religión de los mediocres. Los reconforta, responde a las inquietudes que los roen por dentro y, en último término, les pudre el alma y les permite justificar su mezquindad y su codicia hasta creer que son virtudes y que las puertas del cielo solo se abrirán para los infelices como ellos, que pasan por la vida sin dejar más huella que sus traperos intentos de hacer de menos a los demás y de excluir, y a ser posible destruir, a quienes, por el mero hecho de existir y de ser quienes son, ponen en evidencia su pobreza de espíritu. Mente y redaños. Bienaventurado aquel al que ladran los cretinos, porque su alma nunca les pertenecerá”.

Carlos Ruiz Zafón.

 

Hace poco me enteré del daño que las malas lenguas intentaban hacerle a una persona a la que quiero, a la que quiero mucho. Y hoy el silencio me ha llevado a pensar en ella, a querer protegerla y mimarla, a estar a su lado y sonreír mientras aprende, mientras se hace fuerte y no deja que le afecte. A todas esas personas que se preocupan tanto por las vidas ajenas, sin estar en ellas, les aconsejo, desde mi humilde conocimiento, que lean 99 Maneras de Ser Feliz. Quizás sonríen un poco más y quizás la vida no les resulta tan amarga. Porque al final, las malas lenguas siempre mueren.

 

Feliz jueves, amigos.

Lorena.

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3 pensamientos en “Las malas lenguas siempre mueren.

  1. Q bonic! Viva el positivisme, l’energia, la felicitat i sobre tot l’acctitu, molt important en la vida.
    Gràcies per regalar estes paraules i ensenyarme aprender.

  2. Mis últimos Twees han sido relativos al silencio “El silencio no significa que no haya respuesta” y “Compro silencio. Pero no el de la verdad, sino el acústico”. El silencio es un bien escaso, un tesoro. Magnífico inicio de post.
    Me alegra saber también que una de tus películas favoritas es La vida es bella. Gran film. El único junto a Tres-60 que he visto en la gran pantalla más de una vez. ;)))
    Saludos y sigue escribiendo.
    @franCoescribe

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