Él, que escribió la carta.

Hoy me he levantado un poco nostálgica, lo estoy cada vez que pienso en él. 

Te quería contar que cuando decidí empezar a escribir este blog sabía que tarde o temprano te hablaría de uno de los escritores que más ha marcado mi vida. Y también sabía que esto sucedería temprano, antes que tarde.

Soy una de esas personas a las que le encanta recordar, viajar por los recuerdos de mi memoria, que por suerte, tengo mucha…

Yo tenía 17 años y estudiaba segundo de bachiller. Por entonces, con los nervios que caracterizan el curso que desemboca en la selectividad, éramos muy pocos los que decidimos escoger como optativa la asignatura de literatura. Y fue una suerte. Nuestras clases de literatura se convirtieron en un pequeño mundo, dentro de un instituto. Durante esa hora, nos trasladábamos a cualquier café, a cualquier momento de la historia, a cualquier ciudad y gozábamos compartiendo historias, opiniones y sueños. Pensar en aquellos momentos siempre me arranca una sonrisa. Nostálgica, pero sonrisa.

 

Creo que José Luis Sampedro es uno de esos regalos que la historia ha querido regalarle al mundo. Uno de esos genios que nacen cada mucho tiempo, para llenar de luz este mundo de tinieblas que aparentemente está lleno de colores, para abrir los ojos de los que ven sin mirar, o despertar oídos de quienes oyen sin escuchar. Es uno de esos hombres que nacen simplemente para hacer la vida mucho mejor a los demás, para dejar su sabiduría impregnada en el espacio y el tiempo, uno de esos hombres que pasan por aquí y se quedan para siempre.

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En aquella clase de literatura, nos presentaron a Sampedro y a La Vieja Sirena. Una novela histórica que no es más que un canto a la vida, al amor y la tolerancia. Uno de esos libros que vayas donde vayas, siempre te acompañarán. La historia nos enamoró a todos, pero a una de mis compañeras la cautivó. Ella lo catalogó como el libro más increíble que había leído jamás, se enamoró y sé que durante mucho tiempo ocupaba parte de sus pensamientos. Sólo éramos unas niñas, pero ella decidió escribirle una carta al escritor, humanista y economista. Sabíamos que no iba a contestar, por aquel entonces, Sampedro tenía 88 años, y su vida estaba en Tenerife, donde pasó los años de un merecido descanso y paz.

Estoy segura que a Sampedro le cautivó la delicadeza, la ternura y la admiración que flotaban entre esa inocente carta que mi amiga Lourdes le escribió. Lo imagino sonriendo, con una vida llena de reconocimientos y halagos, recibiendo aquella carta a puño y letra de una estudiante adolescente, de un pueblo perdido de Valencia. Lo imagino y os prometo que se me llenan los ojos de lágrimas. Porque Sampedro contestó. Él, a sus casi 90 años de edad, contestó la carta.

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Un día cualquiera, en ese buzón entró una carta que nos llenó de esperanza a los siete u ocho estudiantes que amábamos la literatura, que asombró a nuestra querida y admirada profesora, y que llenó de vida la ilusión de mi amiga. Sampedro era miembro de la Real Academia Española desde 1990, y si no me equivoco la carta llegó poco antes de Navidad. Recuerdo perfectamente que era una postal, con una Ñ gigante en su portada y algún dibujo sobre el gran caballero de la Mancha, por entonces se celebraban los 400 años de la publicación de la novela de Cervantes.

 

Una postal, con la letras de Sampedro, su letra. Un tesoro. En ella agradecía la admiración, la inocencia y la sensibilidad, poco común, en una persona de esa edad, le pedía a mi compañera que nunca dejase de escribir y se sentía fascinado por la carta que había recibido.

 

Hace unos meses, me desperté con la noticia de la muerte de José Luis Sampedro. Me preparé un té rojo, y me senté en la cocina. Busqué mi ejemplar de La Vieja Sirena y lloré en silencio. Aquel día supe que una parte de la literatura se apagaba para siempre. Aquel día las letras lloraban y las palabras gritaban de dolor. Nos dejó una de las personas más grandes que han visitado el mundo en los últimos tiempos. Por suerte, nos dejó muchas cosas. Nos dejó su sabiduría en novelas, libros, conferencias y discursos que nunca morirán. Dicen que mientras nos recuerdan, siempre seguimos vivos. Él, por suerte, no será olvidado jamás. A veces pienso qué pasa cuando la vida se lleva a un ser humano así. Creo que se debe quedar un vacío grande en el mundo, que alguna parte de él se debe apagar para siempre…

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Se me llenan los ojos de lágrimas mientras escribo estas palabras, porque como bien le dedicó en su día Mecano a Dalí “los genios no deben morir”.

 

Feliz martes, amigos.

 

Lorena.

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6 pensamientos en “Él, que escribió la carta.

  1. Només puc dir-te…quina meravella, Lorena! M’has emocionat moltíssim. Com anavem a oblidar-nos d’ell, de les paraules i temps que ens va dedicar per uns moments de la seua vida? Encara recorde l’emoció quan vam llegir la carta com si forem uns xiquets el dia de Nadal! Puc assegurar-te que la carta està ben guardada, i presumisc sempre que puc d’ella! 🙂
    Felicitacions pel blog. Et llegisc sempre!!!

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